Licenciatura en trabajo social



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Universidad Nacional del Litoral

Rectorado




NOTA Nº:

EXPTE. Nº: 555.644



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LICENCIATURA EN TRABAJO SOCIAL

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES


FACULTAD DE

HUMANIDADES Y CIENCIAS


PLAN DE ESTUDIOS
CARRERA LICENCIATURA EN TRABAJO SOCIAL

FUNDAMENTACIÓN


La Escuela de Servicio Social de Santa Fe, fundada en 1943, ha sido una institución pionera en la formación de Trabajadores y Trabajadoras Sociales en Argentina, y en su desarrollo institucional ha tenido momentos de gran reconocimiento académico en el país y el Cono Sur.

Este proceso institucional ha estado permeado de modo permanente por su intento de ser incorporada como parte de la oferta académica de la Universidad Nacional del Litoral, en la búsqueda constante de jerarquización de la formación y de la producción académica1.

Por lo tanto, este Plan de Estudios se inscribe en una larga tradición de formación profesional en el campo del Trabajo Social, en una institución consolidada que asiste a su refundación en el contexto universitario. En esta historia se ancla la creación de la carrera Licenciatura en Trabajo Social.

La inscripción de la carrera en el ámbito universitario coloca a Trabajo Social en un lugar privilegiado de interlocución con otras disciplinas de las ciencias sociales. Esta pertenencia habilita la construcción de prácticas de investigación social ya que las mismas constituyen una de las funciones inherentes a la vida universitaria.

El panorama mundial marca una tendencia hacia el fortalecimiento disciplinar que tiene su correlato en intervenciones sociales innovadoras que se alimentan a su vez, de diversas investigaciones sociales llevadas a cabo por trabajadores sociales o por su participación en equipos interdisciplinarios.

Podemos mencionar que en el XXXIII Congreso Mundial de Escuelas de Trabajo Social realizado en Chile en 2006, la Asociación Mundial de Escuelas de Trabajo Social (IASSW) nuevamente vuelve a insistir sobre la necesidad de lograr mayor calidad educativa en la formación de trabajadores sociales.

Si durante las últimas décadas, el mundo no se muestra tan ordenado o simple como se había pensado y en el campo de las Ciencias Sociales se han desplegado cambios importantes en las cartografías disciplinares, esto incluye un esfuerzo de interpelación y búsqueda que se traza también en esta profesión.

El recrudecimiento de la cuestión social en sus múltiples manifestaciones exige una intervención profesional de los trabajadores sociales desde una sólida formación para interpretar, argumentar y diseñar líneas de acción tendientes a construir respuestas frente a la situación dada.

La complejidad de los nuevos problemas sociales ya no puede enfrentarse con viejos esquemas categoriales y formas tradicionales de intervenir en lo social. Al respecto expresa que en se recrean viejos problemas y se reconfiguran nuevos problemas que entrañan una transformación en el orden de los valores y las necesidades que deben ser atendidas por los profesionales (F.A.U.A.T.S., 2007). De este escenario resulta imperativo que la formación académica posibilite el egreso de un profesional posicionado éticamente, con una solidez teórico-epistemológica y dominio metodológico-instrumental.

Lo social requiere ser desentrañado y es urgente encontrar formas de nombrar e intervenir en este presente pleno de contradicciones, que se tornan especialmente significativas para Trabajo Social. Asimismo se requiere también de un profesional crítico capaz de aportar a la construcción de alternativas para la modificación, superación y/o transformación de situaciones problemáticas de personas, familias y grupos, en los niveles de prevención, asistencia y promoción, desde una perspectiva de reivindicación de los derechos humanos fundamentales.

Es así que el grado universitario de la formación de trabajadores sociales contribuye a la comprensión y articulación necesarias entre universidad y sociedad desde una particular perspectiva que jerarquiza los modos en que se analiza e interpreta el escenario social; además de aportar a la argumentación de los cuestiones sociales y el abordaje de las necesidades y urgencias de las realidades nacionales y regionales.

De la asistencia social al trabajo social.

Si los modos de nombrar no son inocentes- en tanto disputan y construyen aquello que pretende ser nombrado- la Asistencia Social, el Servicio Social y el Trabajo Social, no son homologables. Sus diferencias remiten a distintas configuraciones de sentido y lógicas de intervención respecto a las manifestaciones de la cuestión social en diversos momentos históricos.

“La formalización de una profesión se da con la sistematicidad de un estudio y la certificación habilitante para su ejercicio” (Cazzaniga; 2001), y en este caso, remite al origen de la Asistencia Social, que reconoce como protoformas a la caridad, la beneficencia y la filantropía.

En el proceso de configuración como nación (en el marco de un modelo agro exportador y con la inmigración a modo de vertiente sustancial) el llamado movimiento de médicos higienistas, reclama al Estado una mayor intervención frente a determinadas cuestiones sociales, fundamentalmente centradas en el cuidado de la salud y las condiciones habitacionales. La respuesta estatal cobra mayor sistematicidad en la década de 1930 en relación con la asistencia social pública, fecha que coincide con la creación de la primera institución de formación de asistentes sociales en el país: la Escuela del Museo Social Argentino. Este es el contexto de creación de la Escuela de Servicio Social de Santa Fe, en el año 1943.

En tanto agentes especializados, la denominación de “Asistentes Sociales” otorgó un status diferente a tareas tradicionalmente ejercidas en la beneficencia, instituyéndose el título académico entonces, como una herramienta de reconocimiento profesional.

Las tareas que conformaron ese mandato profesional, estaban centradas en “recalificar moralmente al pobre” (Rosanvallon: 1995; 205) desde una lógica que consolidaba la construcción de los problemas sociales como responsabilidad individual, desvío o conducta peligrosa (Cazzaniga: 2001) y que inscribió a este momento de la profesión, en una vertiente conservadora.

La institucionalización del Trabajo Social Argentino y su legitimación como profesión estuvo muy vinculada a los deberes, responsabilidades y características históricas del Estado. A partir de la fundación de las primeras escuelas, se produjo una difusión y expansión de la profesión, sosteniendo su ejercicio en la lógica de la asistencia social.

Con la consolidación del modelo desarrollista cobran importancia los programas sociales cifrados en el trabajo comunitario con los sectores en situación de pobreza y marginalidad, producto de las políticas de industrialización impulsadas en el momento. En franco correlato se desplegó a título profesional una intervención comunitaria, cuyo objetivo era desarrollar potencialidades individuales para generar cambios. Intervención comunitaria que estaba dirigida a un conjunto de necesidades abordadas en forma integral y con la participación de la población. Predominó aquí la planificación como herramienta superadora de las “disfunciones”, desde y en una perspectiva adaptativa en la realización del bien común, a partir de la prestación de servicios sociales, como ámbito principal del ejercicio profesional, habilitando y validando una nueva denominación de la carrera: Servicio Social.

El Servicio Social imprime un marcado carácter técnico y de “operador práctico” a la formación de los profesionales para poder llevar adelante los objetivos, relacionados con la promoción, concientización y motivación, acciones necesarias para alcanzar el cambio y la modernización social.

Hacia fines de la década de 1.960 se producen importantes rupturas en la trayectoria de la profesión, producto de cambios sustantivos en el escenario social, económico, político y cultural a nivel nacional e internacional. Este momento se conoce en la historia de la profesión como Proceso de Reconceptualización y estuvo fuertemente influenciado en América Latina por la Teoría de la Dependencia.

Es en este contexto que adquiere impulso el carácter de trabajador de los profesionales y los esfuerzos consecuentes de estos últimos para su sindicalización, hito materializado en un cambio de denominación: “Trabajador Social”.

El tránsito de una vertiente asistencial a otra sistemática y científica con fuerte protagonismo en los procesos de cambio, no modificó la concepción hegemónica sobre la profesión de Trabajo Social como tecnología. Concepción ésta de fuerte anclaje positivista y que constituyera durante décadas, el marco de referencia conceptual para gran parte de la fundamentación profesional.

Pero las nuevas configuraciones sociales se complejizan en términos de actores, relaciones y demandas sociales y los profesionales del Trabajo Social no pueden dejar de sentirse interpelados frente a la diversidad y multiplicidad de escenarios para la intervención específica: los cambios profundos en la noción de Estado como meta institución articuladora, adquieren perfiles inéditos en la definición de lo público y lo privado, en los procesos de exclusión/inclusión, en la constitución de los sujetos, en las características de los conflictos sociales y de lucha por la resolución de necesidades. Se asiste entonces a la generación de una nueva tendencia en el Trabajo Social, que se nutre de una matriz de pensamiento crítico y de donde devienen perspectivas interpretativas de las relaciones y situaciones sociales, tanto como empeños en la tarea de desentrañar las visiones complejas y diversas de lo social, entramadas en las configuraciones contemporáneas.

Finalmente, cabe destacar que el proyecto de creación de la Licenciatura en Trabajo Social se presenta como una carrera de desarrollo compartido entre las Facultades de Humanidades y Ciencias y de Ciencias Jurídicas y Sociales, con sede en esta última. El diseño de esta propuesta académica se constituye en un hecho significativo para el fortalecimiento y la concreción de políticas de integración académica que promueven el trabajo coordinado y cooperativo entre las distintas Facultades.

Asimismo, es importante mencionar que estas dos Facultades vienen desarrollando un trabajo de gestión conjunta a partir de la puesta en marcha de las Licenciaturas en Sociología y Ciencia Política como carreras compartidas, y que los acuerdos alcanzados (trayectos comunes entre familias de carreras, contenidos mínimos de asignaturas, carga horaria, entre otros aspectos) se plasman en el Plan de Estudios de esta nueva carrera que se presenta: Licenciatura en Trabajo Social.




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