Lic. Wendy Carola Cortez Rojas gestióN: II – 2012 Índice págs



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PRÁCTICA:

¿Qué es el Sistema Preventivo?”




UNIDAD III

FUNDAMENTO Y ELEMENTO BÁSICO DEL SISTEMA PREVENTIVO

Los fundamento y elemento básico del Sistema Preventivo es caracterizada por: la voluntad de estar con los jóvenes, la acogida incondicional en el diálogo, el criterio preventivo, la centralidad de la razón, religión y bondad, y un ambiente positivo de relaciones interpersonales, vivificado por la presencia animadora y activa de los educadores y el protagonismo de los jóvenes.

Temas a profundizar en esta unidad son:


  • Opciones fundamentales

  • Elementos metodológicos

  • Elementos de actualidad en el sistema preventivo de don bosco

  • Atención pedagógica y psicológica

  • Santidad y salvación

  • El conocido trinomio

  • Educador padre, hermano y amigo

1. OPCIONES FUNDAMENTALES

El MJS, a través de cuatro opciones, sitúa en el centro a la persona del joven:

• La opción educativo-evangelizadora, que da más importancia al crecimiento integral de las personas, sobre todo los más pobres y alejados, que a las estructuras y formas de asociación. Al servicio de los jóvenes se articulan las diversas actividades e iniciativas; con la voluntad de acompañarlos hasta la plenitud de la vida cristiana, la santidad.

Una propuesta pastoral de evangelización juvenil. El Sistema Preventivo, como expresión de la caridad pastoral, es una propuesta original de evangelización que se inicia con el encuentro con el joven, lo valora positivamente, ofrece un ambiente educativo, se hace camino educativo y promueve una forma peculiar de vida cristiana y de santidad juvenil.

Una metodología pedagógica, caracterizada por: la voluntad de estar con los jóvenes, la acogida incondicional en el diálogo, el criterio preventivo, la centralidad de la razón, religión y bondad, y un ambiente positivo de relaciones interpersonales, vivificado por la presencia animadora y activa de los educadores y el protagonismo de los jóvenes.


  • La opción asociativa-eclesial, que abre la experiencia de grupo a una realidad más amplia de comunicación, participación y colaboración, hasta transformarla en una experiencia de Iglesia.

  • La opción apostólica, que nos compromete a formarnos en el servicio gratuito en favor de los otros. Servicio del que se participa en grupo, y en grupo se profundiza y celebra.

  • La opción por la inserción socio-política, para que los jóvenes estemos presentes con eficacia en la sociedad y en las instancias donde se deciden las políticas juveniles.

2. ELEMENTOS METODOLÓGICOS

Fieles al estilo de Don Bosco y Madre Mazzarello, los grupos del MJS salimos al encuentro de todos los jóvenes y les ofrecemos un proceso de promoción humana y cristiana, con nuestro talante educativo: el Sistema Preventivo de Don Bosco.

Esto se hace realidad:

2.1. En un ambiente educativo que se caracteriza por:



  • El espíritu de familia y unas relaciones de sencillez, serenidad y bondad.

  • Un clima de alegría, sentido de fiesta y optimismo, fruto de una concepción cristiana de la vida y de una valoración positiva del joven.

  • La invitación a la creatividad y a la expresión espontánea.

  • La racionalidad y la flexibilidad de propuestas y actividades, adecuadas siempre a la situación y las necesidades de los jóvenes.

2.2. Con un método educativo, que:

  • Parte de la vida y de la acción de los jóvenes: experiencia, necesidades, expectativas...

  • Hace un análisis detenido de la realidad y de las situaciones que vivimos: sus causas, sus valores.

  • Promueve una lectura de la vida y de la realidad según el Evangelio y los valores de la Espiritualidad Juvenil Salesiana.

  • Invita a la celebración gozosa en clima de fiesta.

  • Educa para el compromiso en el propio ambiente y en la realidad social y eclesial más amplia.

San Juan Bosco (1815-1888) trabajó en contacto directo con jóvenes campesinos que llegaban a la ciudad de Turín, en Italia, en busca de mejores condiciones de vida, sin embargo en la gran ciudad eran golpeados fuertemente por la desocupación o por el abuso de su mano de obra, además de todo el entorno social que aquello atraía: delincuencia, abandono, hambre y pérdida de fe.

Don Bosco trabajó con una población a la que inculcó valores profundos de espiritualidad, trabajo y unidad. También en Felices los Niños trabajamos con una población pobre y desamparada, que crece marginalmente. Sin oportunidades y fuera de todo sistema de contención social.



Para educar en positivo es necesario reunir en una misma experiencia de vida a los educadores y a los niños y jóvenes destinatarios de nuestro esfuerzo. Acompañándolos en su desarrollo, con responsabilidad y convicciones sólidas. Dentro de un clima de familia, de confianza y de diálogo.

Pilares del Sistema Preventivo de Don Bosco:

El trabajo y la educación para desarrollar las potencialidades siguiendo las motivaciones, valorando los conocimientos y estimulando la responsabilidad.

La necesidad de vivir en un clima de familia en el que puedan sentirse protegidos, importantes, amados, gozando de su tiempo y de una oportunidad de juego y diversión. Es la cercanía amable que produce familiaridad, el afecto demostrado por medio de gestos comprensibles que estimulan la confianza y crean la relación afectiva.

El encuentro con Dios, para descubrir su propia dignidad de Hijos de Dios y el sentido mismo de su vida.


El Sistema Preventivo se orienta a dar consistencia a la vida abriéndola a los valores que le dan sentido. Es la combinación en la formación de “Honestos Ciudadanos” y de “Buenos Cristianos”. Promoción humana y salvación cristiana. Ciudadanos responsables y cristianos comprometidos.

El origen de la "preventividad" de San Juan Bosco parace ser que se remonta a sus años de niño, en los que su madre le inculcó valores profundos de espiritualidad, trabajo y unidad. Cuando Don Bosco fue sacerdote se animó salir a la ciudad de Turín para acercarse a los jóvenes y conocer sus condiciones de vida , pero aquello era un reto muy grande ya que dicha ciudad estaba invadida de emigrantes del campo que por razones económicas llegaban a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida, mas sin embargo eran golpeados fuertemente por la desocupación o por el abuso de su mano de obra, además de todo el entorno social que aquello atraía: delincuencia, abandono, hambre y pérdida de fe.

El proyecto educativo nace con la idea de superar todo este problema social, para Don Bosco dicho proyecto puede resumirse en tres puntos importantes:


  1. Necesidad de escuela y trabajo para desarrollar sus potencialidades.

  2. Necesidad de ser jóvenes, es decir de gozar de un clima de familia en el que puedan sentirse acogidos, importantes, protegidos, amados, gozar de su tiempo y de una oportunidad de juego y diversión.

  3. Necesidad de encontrarse con Dios, para descubrir su propia dignidad de Hijos de Dios y el sentido mismo de su vida.

El concepto base del Sistema Educativo de Don Bosco radica en lo Preventivo, entendido como el "arte de educar en positivo" proponiendo el bien en vivencias adecuadas y envolventes, capaces de atraer por su nobleza y hermosura el arte de "hacer que los jóvenes crezcan desde dentro", apoyándose en su libertad interior, venciendo condicionamientos y formalismos exteriores; el "arte de ganar el corazón de los jóvenes" de modo que caminen con alegría y satisfacción hacia el bien, corrigiendo desviaciones y preparando el mañana por medio de una sólida formación de su caracter.

Prevenir es sembrar gérmenes de vida, estar en la cotidianidad creciendo en la niñez y en la adolescencia por el camino correcto. "Individuando algunas prioridades en el ámbito de la pedagogía preventiva exigidas por la cultura actual, se podría enfocar la atención hacia tres pistas: la ética consistente en la orientación de los valores; la familiar, el énfasis en lo "positivo". Prevenir también es partir de la familia, volver al núcleo familiar es decir no son los sistemas educativos los primeros protagonistas de los educando sino la familia y su unidad como primer componente.

Otra instancia del sistema preventivo de Don Bosco es la de fundamentar su trabajo en los jóvenes a través de la transmisión del bien y de las experiencias positivas, sobre la belleza, la verdad, la bondad, la honestidad, y sobre experiencias pedagógicas positivas. Un educador salesiano por tanto está convencido de que cualquier joven por marginado que sea, tiene energías de bien, que si se las cultiva lo ha de llevar a la fe y honradez. El Sistema Preventivo apoya su eficacia educativa en dos pilares fundamentales:


  1. La importancia de la Educación

  2. La necesidad de Fe

El santo fundador de los Salesianos cree en los jóvenes, los respeta como personas, le proporciona un ambiente adecuado rico en valores humanos, se apoya en sus aptitudes interiores, en su capacidad de pensar, en el amor, en su raciocinio, y lo prepara para el trabajo y la sociedad. Para Don Bosco la educación es una realidad, los jóvenes son alojados, vestidos, alimentados y orientados en algún oficio para que a su tiempo puedan ganarse la vida honestamente. Así de este modo se comprende la pedagogía de Don Bosco que le hace atento a todo lo que es positivo en una persona y que puede servir para su liberación según el concepto de Dios. Una de las cosas que mas llama la atención del Sistema Preventivo es su calidad humana, todo el método respira un clima de armonía, sin excesos emotivos alejado de posiciones extremas, conscientes de sanear la sociedad partiendo de la educación. El sistema se basa también en la formación de "Buenos Cristianos" y de "Honestos Ciudadanos", todo ello conlleva a la mentalidad del formando plasmarse en valores como solidaridad, y colaboración con los demás. El proyecto de humanismo - pedagógico - cristiano de Don Bosco y su Sistema Preventivo tienen entre sí interacción, la finalidad que persigue este proyecto es el de hacer pasar a Dios al corazón de los jóvenes, no solo por la iglesia sino por la puerta de la escuela, los talleres, las aulas y la oficina. La educación salesiana se caracteriza entonces por una fusión entre lo que es el desarrollo humano y el anuncio evangélico cristiano, por lo tanto la ideología de la educación salesiana está inmersa en el Sistema Preventivo que es pedagogía, pastoral y espiritualidad.

3. ELEMENTOS DE ACTUALIDAD EN EL SISTEMA PREVENTIVO DE DON BOSCO

Las modalidades innovadoras previstas por los organizadores de estas jornadas me eximen de exponeros una reflexión articulada sobre el tema que se me ha pedido (con abundante aparato bibliográfico), como es costumbre en los encuentros en los que un argumento es analizado bajo diversos puntos de vista por los diversos ponentes. Así sucedió, por ejemplo, en la semana XVIII de espiritualidad de la Familia Salesiana (1995), que estudió expresamente El sistema preventivo hacia el tercer milenio.

En este caso, en cambio, se me ha pedido simplemente presentar algunos “Elementos de actualidad en el Sistema Preventivo” (=SP), con el fin de ofrecer a los oyentes la posibilidad de un diálogo-confronto entre ellos y el contexto juvenil actual en que vivimos, entre ellos y las “propuestas-provocaciones” presentadas en esta misma sede.

Con la adopción de este método de trabajo podríamos también decir que estamos en sintonía con Don Bosco (=DB) desde el momento en que su “sistema” educativo, fundado sobre algunos principios generales, ha sido puesto en práctica, evaluado y perfeccionado en lo que ha sido definido el “laboratorio pedagógico” de Turín-Valdocco.

En el espacio de tiempo que se me ha concedido me limitaré a enunciar de forma rapsódica –es decir, sin una evidente y estrecha conexión lógico-lineal entre los diversos puntos – algunos “principios” pedagógicos, expresos e intencionales, del SP. De ellos indicaré, ante todo, la dimensión histórica y luego las posibilidades y las condiciones de actualización de los mismos, con el fin de indicar un camino de superación de las modalidades de actuación donbosquianas ya no de acuerdo con los tiempos.

Es evidente que, en el vasto panorama de Sistemas Preventivos antiguos y modernos –el Diccionario de ciencias de la educación presenta hasta 42 voces bajo la palabra “educación”- nos referiremos sólo al SP de DB, es decir, el pensado, practicado y propuesto por nuestro padre y fundador.



Premisa: SP actual porque está actualizado

Pero antes de seguir es necesario hacer alguna precisación más. Si es verdad que la historia –la ciencia que ayuda a comprender el pasado- no da recetas para el futuro (la historia no es proyecto), es igualmente verdad que la actualización –en cuanto comprensión del pasado en función de una puesta en práctica en el presente y de una proyección en el futuro- no puede cambiarse por invención, es decir, sin una conexión con la historia (la actualización no es creación ex novo).

Ahora bien, como es sabido, el SP de DB está definitivamente “fechado”, en cuanto que está adecuado y conforme a un mundo que ya no existe; pero es siempre actual y vital, no porque así se afirma con frecuencia o se escribe en todas partes, sino únicamente porque está actualizado seriamente (renovado, “traducido”, decodificado, inculturado, profundizado, repensado, integrado, actualizado...) a la luz de las problemáticas educativas modernas, obviamente desconocidas por Don Bosco.

Esto podrá suceder si se cumplen cuatro condiciones, dos positivas y dos negativas:



  1. si el SP es acogido en su significado “histórico” en relación a sus tiempos e indefinidamente “historizado”, teniendo presente que el significado que nosotros, hijos del siglo XX, damos al léxico donbosquiano del 800 no es con casi plena certeza el que daban y percibían DB, sus jóvenes y sus contemporáneos;

  2. si se tienen en cuenta los progresos de las ciencias que están relacionadas con él y, sobre todo, tantas revoluciones que han cambiado el mundo y, con él, a los jóvenes;

  3. si no será ideologizado, o sea, traducido a esquemas que absoluticen un aspecto como si fuese el todo: el SP es espiritualidad, pastoral, catequética, asistencia social, actividad lúdica, pedagogía, asistencia educativa y muchas otras cosas;

  4. si no habrá demasiados “actualizadores” que lo “inventan” según su propio uso y consumo, acaso sobre la base de lecturas biográficas y bibliográficas ya superadísimas, o también de la cansada repetición de simples fórmulas y frases, acaso mal entendidas.

En síntesis, anticipando cuanto iré diciendo, se tratará, por parte de los educadores en acción y de los estudiosos, de desarrollar las grandes virtualidades del SP, de modernizar los principios, los conceptos, las orientaciones primigenias, de reinterpretar en el plano teórico y práctico, tanto las grandes ideas de fondo del SP que todos conocemos (la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas; la fe viva, la esperanza firme, la caridad teológico-pastoral; el buen cristiano y el honrado ciudadano; la alegría, el estudio y la piedad; las tres S; la piedad, moralidad, cultura, educación; la evangelización y civilización...), como las grandes orientaciones de método (hacerse amar antes de –si quieres, mejor que- hacerse temer; razón, religión, cariño; padre, hermano, amigo; familiaridad sobre todo en el recreo; ganarse el corazón; el educador consagrado al bien de sus alumnos; amplia librtad de saltar, correr, gritar a gusto...). Y todo esto para jóvenes “nuevos”, llamados a vivir en una vastísima e inédita escala de situaciones y problemas, en tiempos completamente cambiados en los que las mismas ciencias humanas están en fase de reflexión crítica.

1. Educación preventiva en versión doble

Para las tres primeras ideas-fuerza partimos de cuanto escribe Don Bosco en una carta inédita de 1846 al alcalde y a las autoridades municipales de Turín:

“En estos tres lugares (de Turín) por medio de instrucciones, escuelas y recreos se inculcan constantemente las buenas costumbres, el amor al trabajo, el respeto a las autoridades y a las leyes según los principios de Nuestra Santa Religión Católica: hay escuelas dominicales sobre los principios de la lengua italiana, aritmética y sistema métrico (...). Se ha tenido que abrir un Internado para acoger de 25 a 30 jóvenes de los más abandonados y necesitados. Hasta ahora, todo se ha venido haciendo gracias a las ayudas de algunas personas Eclesiásticas y Seglares solícitas y caritativas (...), tendiendo dicha obra únicamente a impedir que la juventud quede apresada por el ocio, el desorden y la irreligión” (“Ricerche Storiche Salesiane”, 43, 2003, n. 2 pp. 343-344).

El ser y el obrar de DB desde el principio manifiestan características asistenciales, sociales y pedagógicas. Para DB el presupuesto para un trabajo educativo verdadero y propio es la solicitud para satisfacer las necesidades fundamentales de los jóvenes: comida, vestido, alojamiento, seguridad, trabajo, desarrollo físico y psíquico, inserción social, un mínimo de valores, etc. Viene luego –pero los dos momentos no son cronológicamente separables- la educación verdadera y propia del joven, orientada a la promoción y a la expansión de la dimensión congnoscitiva, afectiva y ética: competencia decisional, capacidad de responsabilidad moral y civil, indispensable cultura de base y profesional, consciente y coherente compromiso religioso, etc.

Así, pues, el SP se articula en dos operaciones distintas: una asistencia que provee a las necesidades humanas primarias en el tentativo de prevenir los posibles peligros de malestar y toda forma de marginación humana cultural y social; y una prevención propiamente educativa (o también reeducativa) para una maduración social, moral y religiosa del joven.

Semejante discurso parece hoy todavía actual, considerando cómo, en consecuencia de las profundas transformaciones sucedidas en la sociedad, está en acto una decidida recuperación de los valores asistenciales y sociales del SP, como también de los valores propios de la esfera afectiva, emotiva, narural y sobrenatural.

Respecto a DB, han cambiado lógicamente las condiciones de su práctica y las versiones en que el SP se ha realizado. La intención pedagógica de DB se ha traducido en una variedad de iniciativas diversas de las actuales (o, de todos modos, concebidas de modo diverso de hoy) y en aplicaciones que han requerido metodologías adecuadas a la diversidad de las mismas; pero siempre dentro de una sociedad fundamentalmente homogénea o tenida por tal, por lo que resulta demasiado arduo el transplantar el mismo sistema a mundos heterogéneos.

Hoy el compromiso educativo se extiende cada vez más y los deberes del educador son cada vez más difíciles de cumplir y verificar. Si en otros tiempos había casi sólo el patio, la iglesia, el taller y la escuela, hoy estamos en presencia de diversos tipos de escuelas, de institutos educativos y terapéuticos, de comunidades de acogida para muchachos y jóvenes en dificultad, de centros de prevención contra la tóxicodependencia, de consultores, de intervenciones humanitarias para los jóvenes que viven en la calle, de campos para prófugos con gran número de muchachos y jóvenes, de centros de acogida para inmigrantes... Y todo esto dentro de una sociedad compleja y cosmopolita.



2. El espacio cada vez más “abierto” para una educación preventiva

DB llevó a la práctica su proyecto por medio de la cooperación de vastos círculos de personas. En la utopía de un movimiento vasto como el mundo soñó con la colaboración y la complementariedad de todos los católicos militantes y de todos los hombres de buena voluntad interesados por el futuro de la humanidad. Pero concretamente su experiencia se vivió en su mayor parte en un instituto: un sistema “institucional” cerrado, separado, apolítico, autónomo, donde todo se realizaba dentro de un preciso espacio educativo autosuficiente, donde los maestros oficialmente reconocidos eran DB y sus “hijos” y donde estaba vigente una única y simple cultura: la católica de la clase popular, cuya única aspiración era proveerse de medios suficientes de vida terrena, en espera del premio celestial para dicha vida.

Hoy, para poder practicar el SP, parece, en cambio, necesario la máxima implicación, con relativa responsabilidad moral, de todos los “agentes” de educación, deseando que fueran todos los adultos que, por diversos títulos, inciden en la educación de los jóvenes y sobre su capacidad de hacer opciones existenciales: padres, profesores, educadores, asistentes y agentes sociosanitarios, políticos, economistas, administradores de todos los niveles, agencias educativas, organizadores escolásticos, gestores de medios de comunicación de masa, asociaciones culturales, deportivas, de tiempo libre, religiones, Iglesias.

Para la valorización de la función educativa de tal galasia de adultos se requiere necesariamente un proyecto educativo, que contemple orientaciones éticas, instrumentos jurídicos, subsidios económicos, estructuras capaces de coordinar, poniéndolas sinérgicamente en red, todas las fuerzas activas disponibles para dar su aportación al crecimiento humano de la juventud. Formar alianzas compartiendo estrategias, tiempos, modalidades, comporta lógicamente no pequeñas dificultades, teniendo en cuenta la falta de homogeneidad y las divergencias de las fuerzas en cuestión. Pero se trata de una conditio sine qua non para recoger los frutos de nuestro compromiso educativo.



3. Un nuevo fundamento antropológico y teológico del “honrado ciudadano y buen cristiano”

El SP de DB se funda en una visión del hombre, del ciudadano y del cristiano tradicional, simple, propia de una época histórica que ya no es la nuestra y que hoy revela todos sus límites.

El honrado ciudadano del tercer milenio no es el que entendía DB, hijo de un tiempo en el que no se concebía una “política activa” sino como obra de una minoría rica privilegiada, de la que difícilmente habrían formado parte los preadolescentes pobres o de la clase media acogidos en sus casas. Ni siquiera es el que, en el análisis y en la valoración de las problemáticas y del malestar social, tiende, como DB, a buscar las causas únicamente en las responsabilidades morales y religiosas de cada uno y no en los condicionamientos y determinismos de índole económica, política, social, jurídica, etc. Y ni siquiera es sólo aquel más bien pasivo que obedece a las leyes, no da problemas a la justicia, piensa únicamente en “sus cosas”. El paso del absolutismo monárquico al parlamentarismo liberal antes y a la democracia después, el surgir de la “cuestión social” con el socialismo, el marxismo, el sindicalismo, la doctrina social de la Iglesia, la demanda universal de ciudadanía activa y democrática, etc., han dejado pesadamente su huella. Así como la dejan hoy el imparable avance del pluralismo, de la globalización, de las modernas tecnologías informáticas y telemáticas, de la pluricultura tan difundida.

En la misma perspectiva es evidente también que el buen cristiano de hoy ya no es el que concebía DB y tantos como él: un mínimo de formación religiosa, recepción consuetudinaria de los sacramentos, devociones a los santos como modelos e ideales de vida cristiana, lectura exclusiva de “buenos” libros, obediencia absoluta a las legítimas autoridades eclesiásticas dentro de la única arca de salvación (la Iglesia católica), una vida de progreso en las virtudes que luego se habría felizmente concluido con una muerte virtuosa. Un siglo de reflexión teológica y un Concilio Vaticano II habrían pasado en vano y la multirreligiosidad y multiconfesionalidad del mundo de hoy no indicarían nada.

Es preciso, pues, tener en cuenta que la bien conocida fórmula de “honrados ciudadanos y buenos cristianos” hay que refundarla hoy en el plano antropológico y en el teológico; hay que reinterpretarla histórica y políticamente.

Una renovada antropología debería individuar, entre los valores de la tradición, cuáles hay que subrayar en la sociedad postmoderna y cuáles otros nuevos, en cambio, hay que proponer; una renovada reflexión teológica debería precisar las relaciones entre fe y política, entre diversas fes; un renovado análisis histórico-político debería vincular educación y política, educación y compromiso social, política y sociedad civil. En otros términos deberían responder a las siguientes preguntas:



  1. ¿qué significa ser “hombre”, “mujer”, “joven”, “cristiano”, “miembro de la Iglesia” en esta aurora del tercer milenio?

  2. ¿qué significa hoy el concepto bisecular de “deber de ciudadano”? ¿Se corresponde –y en qué modo- con el moderno de “responsabilidad” moral y social a nivel supranacional?

  3. ¿son aceptables todavía hoy, en un contexto secularizado, pluralista, pluriétnico y plurirreligioso, la subordinación del fin temporal al transcendente, la preeminencia de los valores individuales respecto de los sociales, de los factores religiosos respecto de los terrenos, de los elementos católicos respecto de los simplemente cristianos o ni siquiera cristianos, de los”valores” europeos respecto de los propios de otras áreas geográficas?

  4. ¿cómo superar la casi total carencia en la experiencia donbosquiana –que con la intención de formar buenos ciudadanos tendía a “separar” a los educandos del contacto cotidiano con la realidad externa a la obra salesiana- de una educación verdadera y propia en lo “social” y en lo “político”?

  5. ¿cómo llenar modernamente las enormes lagunas del SP de DB en tema de educación juvenil para la afectividad, la sexualidad, el amor humano, desde el momento que éste, practicado en un ambiente no mixto según la costumbre de los tiempos, estuvo siempre al reparo reticente, únicamente orientado al simple control y al “silencio”, aunque hiciera del “cariño” uno de sus puntos fundamentales?

4. ATENCIÓN PEDAGÓGICA Y PSICOLÓGICA

Escribía DB en 1862, haciendo el balance de 20 años de trabajo entre los jóvenes:

“Para conocer los resultados obtenidos de estas escuelas, de los Oratorios y de la casa llamada Oratorio de San Francisco de Sales, es preciso dividir en tres clases a los alumnos: díscolos, disipados y buenos. Los buenos se conservan y progresan en el bien de forma maravillosa. Los disipados, es decir, aquellos ya acostumbrados a vagabundear, poco a trabajar, se reducen también a buenos resultados con el arte, con la asistencia, con la instrucción y con la ocupación. Los díscolos dan mucho que hacer; si se puede lograr que adquieran un poco de gusto por el trabajo, generalmente se les gana. Con los medios indicados se pudieron obtener algunos resultados que se pueden expresar así: 1º. que no se hacen peores; 2º. muchos se reducen a asentar el juicio, por tanto, a ganarse el pan honradamente; 3º. aquellos que bajo la vigilancia parecían insensibles, con el tiempo se hacen, si no en todo al menos en parte, más dóciles. Se deja al tiempo que haga provechosos los buenos principios que pudieron conocer cómo debían ser practicados” (P. Braido, Don Bosco per i giovani: l’”Oratorio”, una Congregazione degli Oratori. Documenti in Piccola Biblioteca dell’ISS, n. 9, pp. 74-75).

En la descripción de la tipología juvenil, DB recurre normalmente a fórmulas breves como la ya citada, fruto casi únicamente de su directa experiencia. No pudiendo apoyarse en las ciencias psico-pedagógicas entonces en sus inicios, no teniendo estudios personales específicos al respecto, su cuadro de referencia para el análisis social en el que se movía carecía de criterios aptos para actuar en el plano estructural. Por eso se “consagró” a la educación de cada joven, ordinariamente acogido en su instituto y, por tanto, “protegido” en el plano físico, psíquico, intelectual y espiritual.

Hoy todas las fuerzas que pretenden rehacerse al SP tienen necesidad de apelar a un cuadro teórico de referencia amplio y articulado, modulado sobre las exigencias de nuestros días. Piénsese sólo en los mundos evocados por términos como mutación antropológica, ‘desconstrucción del pensamiento’, código ético universal, tolerancia, globalización, interdependencia, interculturalidad, plurietnicidad, nuevas pedagogías...

Hoy sobre las reales condiciones juveniles –siempre cambiantes y diversificadas por situaciones y problemas- se pueden tener informaciones sistemáticas gracias a instrumentos refinados de investigación y de análisis sociológico y psicológico. Y estas informaciones nos dicen que la edad juvenil se ha ampliado enormemente y que en las actuales condiciones juveniles y en el contexto de conflicto en que crecen serían considerados “abandonados”, “peligrosos y en peligro (=en dificultad)” para decirlo con DB, casi todos los jóvenes del mundo. Lo mismo se puede afirmar acerca de las efectivas “potencialidades” del niño, muchacho, adolescente, joven-adulto, para los que se pone en práctica el proceso educativo.

Se sigue de ello la posibilidad de una mayor personalización del joven en relación con la “libertad” efectiva del educando, con sus demandas de autonomía para escoger objetivos y medios para alcanzarlos, con las “energías” de que es portador (vitalidad, idealismo, deseos, y también inquietudes, contradicciones, razones, pasiones) que deben ser respetadas y ayudadas a desarrollarse con recursos y modalidades diferenciadas en las diversas estaciones de la vida. Es deseable un aprecio más positivo y una más explícita utilización de las energías interiores del joven, con el recurso acrecentado a las autonomías personales y de grupo en la cooperación educativa. Se seguirá de ello también una mayor atención al pluralismo educativo en el que los jóvenes crecen.

5. SANTIDAD Y SALVACIÓN

En la teleología pedagógica donbosquiana la salvación del alma es el motivo inspirador que da vida a su dinamismo y a su método educativo, en plena sintonía con la pastoral del 800, que del ansia por la salvación hacía un imperativo categórico del propio obrar.

El fin último de la educación preventiva de DB –que hoy definiríamos una existencia humana individual, social y religiosa lograda- está históricamente expresado en la clásica fórmula de “salvación del alma”. Ésta es el punto de llegada de un largo camino iniciado en esta tierra a través de una vida de gracia de la que es

garante la Iglesia, que puede crecer hasta formas heroicas de amor de Dios y del prójimo. En tal caso estamos frente a la santidad de altar, a la santidad canonizada.

Pero santidad igualmente verdadera y propia, la más difundida –la “ferial” para permanecer en el tema de estas jornadas- es también la de quien vive en estado de gracia habitual porque ha logrado, con su esfuerzo personal y con la ayuda del Espíritu, evitar el pecado en las formas más comunes de los jóvenes: malos compañeros, malas conversaciones, impureza, escándalo, robo, intemperancia, soberbia, respeto humano, faltar a los deberes religiosos...

La capacidad de conseguir tal “salvación-santidad” está condicionada por las diversas disposiciones o disponibilidades de las indicadas categorías de jóvenes “díscolos, disipados, buenos”. Por tanto, es sabia pedagogía la del SP de DB, que, en relación con las diversas capacidades de comprender, asimilar y vivir, actúa con gradualidad, diferenciación jerarquización de fines, de contenidos y de propuestas.

Pero también la “santidad” tout court no es un objetivo propuesto a cualquier muchacho “bueno”, a cualquier élite aristocrática, sino a todos los jóvenes de Valdocco, estudiantes y artesanos indiferentemente: “es voluntad de Dios que todos seamos santos; es fácil conseguirlo; a los santos les está preparado un gran premio en el cielo”. Sólo que los mejores tomaron al pie de la letra tal vocación; uno por todos, Domingo Savio, que había vivido en el “pequeño seminario de Valdocco” (“yo siento la necesidad de hacerme santo, y si no me hago santo, nada hago. Dios quiere que sea santo y yo he de hacerme tal”); otros lo realizaron de forma apreciable (Francisco Besucco, Miguel Magone), otros como podían. Y será luego DB quien indicará a cada uno el itinerario adecuado, desde las formas más altas de constante contacto con el Señor a otras, más sencillas, de cumplimiento del propio deber cotidiano.

6. EL CONOCIDO TRINOMIO


  1. El educador en sintonía con DB cree que la razón es don de Dios y gracias a ella se pueden descubrir los valores del bien, fijar los objetivos que conseguir y encontrar los medios y los modos para conseguirlos. A la razón y a la racionabilidad (que se hace fácilmente sentido común, sano realismo, auténtico respeto de las personas) se une la capacidad del educador de adaptarse a los diversos ambientes y situaciones en que está trabajando, de prestar una atención diversa a cada uno de los jóvenes. En el SP la razón aparece como un medio educativo fundamental en cuanto que ella debe dominar siempre sobre el planteamiento violento, sobre la aceptación indiscutida del mandato. Una razón que debe ser también educada por medio del estudio, la escuela, la instrucción, respetuosa de los valores humanos y cristianos. En la introducción de uno de sus primeros libros, la Historia Sagrada, DB escribió: “En cada pagina tuve siempre fijo el principio: iluminar la mente para hacer bueno el corazón”.

Pero también la razón, como las otras dos palabras del trinomio, deben ser releídas a la luz de evidentes revoluciones de conceptos y de mantalidades. En la época de DB y en gran parte del siglo sucesivo, la “cultura” salesiana se ha manifestado muy tradicional, conservadora, y ordinariamente sólo funcional en orden a una profesión estudiantil o artesana; también la modalidad de transmisión de tal “cultura” ha sido prevalentemente autoritaria, cerrada a lecturas libres, a la búsqueda personal, al confronto y al debate.

Hoy, frente a la racionalidad tecnológica, de la evasión en lo emocional inmediato, de la llegada del “pensamiento débil” y juntamente con la demanda de “pensamiento crítico” dentro de una “sociedad líquida”, la razón está invitada a recuperar la plenitud de su significado y de sus funciones: observar, reflexionar, comprender, probar, verificar, cambiar, adaptarse, decidir, desarrollar, asimilar prontamente, y de modo flexible, todas las propuestas y las sugerencias provenientes del “campo de trabajo educativo” y de la reflexión académica.

Y es precisamente con la “razón” con la que se construye la antropología actualizada e integral de la que hemos hablado, con la que el educador lee atentamente los signos de los tiempos y deduce sus valores emergentes que atraen hoy a los jóvenes: la paz, la libertad, la justicia, la solidaridad, la participación, la promoción de la mujer, las urgencias ecológicas...


  1. La forma más alta de la razón-racionabilidad humana es la aceptación del misterio de Dios. Para DB la religión constituye el objetivo máximo, el elemento unificador de todo su sistema de educación. La religión, entendida sea como religiosidad o como religión positiva, se pone en la cumbre del proceso educativo, pero al mismo tiempo es instrumento de educación, funcional para una vida cristiana orientada a la comunicación con Dios creador y Jesús redentor. DB está convencido de que no es posible una verdadera educación sin una apertura a lo transcendente.

No se trata de una religión especulativa y abstracta, sino de una fe viva, arraigada en la realidad, hecha de presencia y de comunión, de escucha y de docilidad a la gracia. No por nada “las columnas” del edificio educativo son la Eucaristía, la Penitencia, la devoción a la Virgen, el amor a la Iglesia y a sus pastores. La educación es entonces un “itinerario” de oración, de liturgia, de vida sacramental, de dirección espiritual: para algunos, respuesta a la vocación de especial consagración; para todos, la perspectiva y el logro de la santidad.

Lo que fue la preocupación de DB frente a los fenómenos del indiferentismo, del anticlericalismo, de la irreligiosidad, del proselitismo protestante, del paganismo, no debería ser muy diversa de la de los educadores de hoy, a los cuales se pide una confrontación mucho más sólida y profunda entre cultura y fe, aunque no fuera más que por el hecho de que entre ellos y Don Bosco se coloca, como ya se ha dicho, el siglo que ha visto el modernismo, el movimiento litúrgico, la fundación y el reforzamiento de la moral y de la espiritualidad, la vuelta a las fuentes del mensaje cristiano anunciado en la Escritura, el Concilio Vaticano II, el ecumenismo, el redescubrimiento del papel de los seglares en la Iglesia...; y también, contemporáneamente, guerras y revoluciones políticas y sociales de dimensiones planetarias, difusión de una mentalidad relativista en los campos tanto del saber como del vivir, fundamentalismos y cortocircuitos entre religión, estado, política, crisis del derecho internacional...



  1. El término cariño (“amorevolezza”) es omnipresente en la literatura salesiana, aunque entendido con modalidades diversas. Está constituido por una verdadera disponibilidad hacia los jóvenes, simpatía profunda por ellos, capacidad de diálogo, bondad, cordialidad, comprensión. Propio del educador preventivo, se traduce en el compromiso de ser una persona “consagrada” al bien de los educandos, siempre presente en medio de ellos, dispuesta a afrontar sacrificios y trabajos en el cumplimiento de la propia misión.

Hemos llegado así a otro término “mítico”: la asistencia, muchas veces únicamente entendida como fastidiante y omnipresencia física en condiciones de defender a un menor y proteger a un débil indefenso, sin poner suficiente atención al peligro de bloquear el natural y legítimo proceso de autonomía en maduración.

En la perspectiva del cariño quedan privilegiadas las relaciones personales. El cuadro de las finalidades que se quieren alcanzar, el programa y las orientaciones metodológicas que seguir, adquieren sentido concreto y eficacia, si están marcados con genuino espíritu de familia, es decir, vividos en ambientes serenos, alegres, estimulantes. A este propósito hay que recordar al menos el amplio espacio y la dignidad dados por DB al momento de la recreación, al deporte, a la música, al teatro y al patio. Es en la espontaneidad y la alegría de las relaciones donde el educador sagaz encuentra modos de intervención, tan sencillos en las expresiones como eficaces en los resultados para la continuidad y para el clima de amistad en que se realizan.

Hoy el cariño tradicional debería ser repensado tanto acerca de sus fundamentos como en sus contenidos y en sus manifestaciones. Lo exigen la inédita relación entre adultos y jóvenes y la autoconciencia de éstos, cada vez más atentos a dejarse “capturar” afectiva y peligrosamente por los adultos (pedofilia), la crítica situación de sus familias, caracterizada por la falta de relaciones fraternas (hijos únicos), de constante presencia de la madre (inserta en el mercado del trabajo), de relaciones duraderas entre los padres (divorcios, separaciones).

Se hace así mucho más necesario “inventar una concreta y articulada ‘pedagogía preventiva familiar’, que vuelva a aplicar, con especial preocupación crítica, en situaciones ya cambiadas, los conceptos claves del ‘sistema’, en especial el problemático ‘cariño’, oscilante entre creatividad afectiva, sentido tranquilizador de pertenencia, captatividad ansiosa, violencia” (P. Braido, Prevenir, no reprimir, CCS, Madrid, 2001, p. 444).

Y como el mismo “espíritu de familia”, revivido y actualizado, debería superar las formas de paternalismo y de familiarismo propias del pasado para llegar a actuar relaciones “libres” y liberadoras, auténticamente personalizantes, también “la asistencia”, entendida como “cerrazón de puertas y ventanas” del ambiente juvenil y presencia constante del educador al lado del joven, debería contar con jóvenes que autónomamente navegan en Internet, se comunican con móviles, se relacionan con centenares de canales televisivos, se encuentran donde y como quieren.

Así también para responder a las legítimas, explícitas y cada vez más frecuentes demandas de formas de activismo, de autogobierno, de autogestión, el SP debería provechosamente y en los límites de lo posible conjugarse con ellas, valorándolas con atención y satisfaciéndolas en las formas más idóneas.



7. EDUCADOR PADRE, HERMANO Y AMIGO

La eficacia del SP está en la capacidad del educador: programar, actuar, controlar los contenidos de la propia intervención; en otros términos: saber exactamente qué quiere, qué hay que hacer y buscar.

En cierto modo se podría decir que el SP es el educador. La expresión podría parecer exagerada si no fuese porque en la mente de Don Bosco el educador es el detentor incontestado de todo el sistema.

El primer deber del educador es, pues, el de estar allí y no estar fuera del campo donde está en juego la educación. Si es verdad que en el educando se dan todas las disposiciones para realizar su vida plena, es igualmente verdad que, dejado a sí mismo, podría correr el peligro de no actuar todas o completamente sus posibilidades de crecimiento.

El educador seguro y asegurador, consciente del propio deber y responsable, con autoridad, aunque no autoritario, trata de instaurar un auténtico diálogo y una constructiva confrontación con un joven. Vitalmente implicado en la relación educativa, su personalidad, su pasado, sus miedos, sus ansias inciden en la formación del educando. Es su obra la que educa.

Hoy, lo acabamos de decir, las relaciones jóvenes-adulto se han transformado profundamente respecto de lo que eran en los tiempos de DB, lo cual comporta también en esta perspectiva un modo radicalmente nuevo de interpretar y experimentar la idea y el papel mismo de educador “padre”, “hermano” y “amigo”. Ante todo, es necesario que, no considerándose ya posesor e intérprete único del sistema, y así imponer o proponer certezas preconfeccionadas, él se sienta capaz de interpretar las necesidades juveniles difícilmente expresables por ellos mismos, de acompañarlos en su no fácil búsqueda de las respuestas a las preguntas fundamentales de la vida, de respetarlos en su derecho de ser y sentirse protagonistas, de reducir la propia función predominante para educarse mientras educa, sea en el terreno fácil de la confrontación, sea en el más difícil, pero igualmente útil, del inevitable choque.

En el educador el joven no busca ya tanto al padre que piensa en todo en su lugar, al amigo que le organiza el tiempo libre, al hermano que se interesa por su crecimiento, al adulto que imparte órdenes, o al vigilante que amenaza castigos, sino al hombre capaz de ponerse a su lado, más atento a su persona que a las exigencias genéricas de la educación, más disponible para ofrecerle una aportación positiva para el desarrollo de sus potencialidades no manifestadas, que atento a neutralizar únicamente los elementos negativos y contraproducentes.
LECTURA COMPLEMENTARIA:


  • El sistema preventivo en la educación de la juventud

Práctica y teoría educativa de Don Bosco.




PRÁCTICA:

¿Por qué Preventivo?”



Fundamento o elemento básico del Sistema Preventivo”





UNIDAD IV

ELEMENTOS METODOLÓGICOS LA PRESENCIA DEL EDUCADOR PRESENCIA ASISTENCIA, ANIMADORA Y AUTENTICA

El desarrollo de un moderno sistema pedagógico para la formación de niños y jóvenes denominado Sistema Preventivo tiene sus inicios cuando su fundador Juan Melchor Bosco Ochienna, más conocido como Don Bosco comienza un oratorio, espacio donde los jóvenes podían aprender un oficio útil, asistir a los sacramentos y tener un patio para jugar sanamente con los amigos.

Don Bosco, sacerdote católico, educador y escritor italiano del siglo XIX, posteriormente fundó la Congregación Salesiana, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos cooperadores, también la de Ex alumnos Salesianos, entre otras obras. Promovió la construcción de centros educativos al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa y América latina. Escribió numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica. Como Don Bosco busca formar al hombre completo, impregnado de fe en lo humano y encarnado en su realidad, a través de un itinerario educativo capaz de llevar a los jóvenes a la santidad.

En el sistema Preventivo, el maestro hace conocer las obligaciones y trata de ganar el corazón de sus alumnos para evitar las infracciones y no tener necesidad de castigarlos. Este sistema – escribe Don Bosco – se apoya enteramente en la razón, la religión y el cariño; excluye todo castigo violento y hasta los castigos más ligeros.

Temas a profundizar en esta unidad son:


  • El educador según el Sistema Preventivo

  • Estilo de formación

  • Estilo de enseñanza

  • Estilo de convivencia

  • Estructura de participación

1. EL EDUCADOR SEGUN EL SISTEMA PREVENTIVO

El término “preventivo” se refiere particularmente a la intencionalidad que preside dicha tarea: construir, desde el presente, el futuro del joven y, como consecuencia, el porvenir de una sociedad mejor. Henz, en su “Tratado de pedagogía sistemática” lanzó una definición de sistema preventivo, la cual se ha tratado de representar en el esquema que se muestra a continuación.



Pero, ¿Cómo interpretar esto? ¿Qué sentido tiene para la labor educativa que desempeño en mi hoy ? Don Bosco escribió cierta vez en una pequeña autobiografía solicitada por el papa Pío IX unas palabras que pueden iluminarnos un poco el camino. «En nuestras casas se emplea un sistema disciplinario muy especial, que nosotros llamamos “preventivo”, con el cual jamás se han empleado los castigos ni las amenazas. Los modales benévolos, la razón, la amabilidad y una vigilancia enteramente particular son los únicos medios empleados para mantener la Identifica las palabras en disciplina y moralidad entre nuestros alumnos»

Para Don Bosco el sistema es su persona, su inteligencia y su corazón puestos al servicio de los jóvenes y de su salvación. Y con él, el equipo de colaboradores que supo formar y aglutinar a su alrededor. Por eso, el Sistema Preventivo es fundamental­mente un educador o mejor, una comunidad educativa, que sabe encarnar sus valores y hacer camino con los jóvenes, y mediante su testimonio, su cercanía y diálogo, sus vivencias, interpelaciones y propuestas, es para ellos punto de referencia y modelo de iden­tificación.

El educador cristiano y salesiano es un testigo del Evangelio en el mundo de la cultura y de la educación; un hombre que hace pasar el mensaje cristiano por su inteligencia, su corazón y sus obras, lo hace sentir a los otros como un valor e invita a acep­tarlo en la propia vida como un horizonte más amplio de sentido.

Esto exige a los educadores: ser personas maduras, unificadas, serenas y equilibradas; optimistas y alegres; capaces de relación y diálogo; que amen la vida y crean en los demás con realismo y esperanza; competentes y preparados en el campo pedagógico, cultural y evangelizador; con iniciativa y creatividad; cristianos convencidos y coherentes que. traduzcan su fe en actitudes, op­ciones y estilo de vida realmente evangélicos.

Sin educadores que tiendan a realizar en sí mismos este ideal, difícilmente se podrá realizar el proyecto de Don Bosco.

Para ayudar a caminar hacia ese ideal presentamos los rasgos de un educador-tipo según el corazón de Don Bosco, contrastán­dolos con los de un educador que ha perdido el sentido de su vocación y se ha estancado.

El cuadro, inspirado en P. Schilligo, puede ayudarnos a analizar nuestro propio proceso de renovación.



 EDUCADOR ESTANDARIZADO

EDUCADOR SEGUN DON BOSCO

—  Miedo a conocerse y a ser co­nocido.

—  Sentimiento de inutilidad e in­competencia.

—  Busca la aprobación y depende de ella.

—  A la defensiva en las relacio­nes personajes de tú a tú.

—  Miedo al cambio y al riesgo.

—  Angustia ante los límites y di­ficultades.

—  Se atrinchera detrás de normas y leyes.

 

 



—  Fuerte identidad personal con una clara idea de sí mismo, de sus valores y defectos.

—  Confianza en sí mismo y senti­do de competencia ante las si­tuaciones.

—  Capaz de abrirse a los otros sin autodefenderse.

—  Capaz de riesgo.

—  Capaz de escuchar y aprender de los jóvenes.

—  Asume los límites propios y de los demás con paciencia y per­severancia.

—  Comunica a los demás confian­za y entusiasmo.


 

—  Crea barreras, poniéndose a la defensiva ante lo nuevo, dife­rente o desconocido; tiende a grupos cerrados u homogéneos.

—  Tiende al dogmatismo-autorita­rismo, o por el contrario a de­jarlo pasar todo acríticamente (permisivismo).

—  Usa la autoridad como refugio de su inseguridad; por eso es dura, lejana, extremista (o todo o nada).



 

—  Capaz de crear comunión y su­perar distancias.

—  Capaz de integrar progresiva­mente a los alejados.

—  Sabe entrar en un auténtico diá­logo que reconoce las diferencias, pero se abre al inter­cambio.

—  Su autoridad consiste en su ca­pacidad de convencer, de arrastrar, de comunicar su riqueza interior. Es, pues, cercana, casi no se nota.


 

—  Capta las situaciones superfi­cialmente: cae en fáciles clasi­ficaciones echando las culpas a los demás.

—  Ante las dificultades cree que no se puede hacer nada.

—  Activista, sin un proyecto con­creto y exigente.

—  Le cuesta mucho trabajar en equipo.

—  Ni cambia él ni es capaz de conducir al otro a un cambio en profundidad.

 


 

—  Tiene un fino sentido de obser­vación que le hace captar las situaciones con gran realismo, y, a la vez, descubrir caminos positivos de intervención.

—  Tiene un compromiso real, con­creto, duradero, sin irse por las ramas.

—  Con una acción planificada, com­partida, reflexionada.

—  Suscita colaboradores.

—  Conduce al joven a un cambio en profundidad, a un descubri­miento más profundo de sí mis­mo y a una entrega más radi­cal a su vocación.



La presencia del educador según Don Bosco:



  • Enteramente consagrado al bien de sus alumnos;

  • Debe estar pronto a soportar cualquier contratiempo o fatiga, con tal de conseguir el fin que se propone: la educación moral, científica y ciudadana de sus alumnos.

  • Se forma continuamente sobre el terreno;

  • La habilidad del asistente es directamente proporcional a la cualidad de su presencia, de su ser, de su amor, e inversamente proporcional a la cantidad de los castigos. La obra educativa sólo puede realizarse con un contacto continuo que exige mucho amor y mucho sacrificio.

  • Debe encontrar el equilibrio justo entre autoridad y libertad, entre responsabilidad y corresponsabilidad a fin de que madure el educando; corregir las formas que tienden a llevarle a una dialéctica de poder sofocante y opresivo; ordenar las iniciativas con vistas al crecimiento hacia algún ideal y la toma de conciencia de la identidad personal

  • ... Creo que todo profesor debe vigilar a los más atrasados de la clase; preguntarles más a menudo que a los demás, para dedicarles más explicaciones, repetir y repetir hasta que hayan comprendido, y adaptar las lecciones y las tareas a su capacidad.





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