Libro sobre carl rogers para editoral lea



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CARL ROGERS

Andrés Sánchez Bodas

Lucrecia Sánchez Berneman
Palabras preliminares
Cuando la Editorial Lea, me solicitó escribir este libro sobre el “Conocer a

Carl Rogers” y su obra, me encantó la idea y la acepté.

Al comenzar la tarea, y entrar en contacto con lo escrito por y sobre el autor, me invadieron dos intensas sensaciones, la primera vinculada a una gran responsabilidad, la segunda la emoción de tener que volver a leer textos que hace varios años no leía.

La responsabilidad estaba vinculada a que hay pocas obras en castellano dedicadas a sintetizar lo producido por Rogers, y por otro lado saber que tenía que escribir claramente, en pocas líneas un pensamiento, si bien no complejo en su expresión, muy profundo en su concepción.

La responsabilidad porque se me considera un experto en el tema, y hay que hacer honor a esa consideración.

La emoción por la relectura, no solo continuó en el transcurrir de la tarea, sino que persiste aún hoy, y me permitió des- cubrir (de sacar la cubierto) nuevas facetas del impactante pensar “rogeriano”.

Es sabido que cuando uno relee o vuelve a estudiar, autores o textos que fueron parte de una formación, a varios años de haberlo hecho, se los lee o estudia desde un nuevo lugar, así aconteció.

Este trabajo me encuentra a treinta y dos años de haberme recibido de Psicólogo, y a dieciocho años de haber introducido, creado la carrera y profesión de Counseling Humanístico en nuestro país.

Por otra parte habiendo escrito y compilado varios libros de la especialidad, y ser Director de Holos San Isidro, la primera escuela de counseling de Argentina, dar seminarios, coordinar talleres, y dar clases especiales sobre el tema, aumentó la exigencia.

Por ello lo de la responsabilidad, ante mi mismo, mis lectores, mis alumnos, y mis colegas del Enfoque Centrado en la Persona.

Volver al un libro de Rogers que leí, y encontrar un billete de 10 pesos ley 14 mil no se cuanto, habla un poco de mi descuido de entonces, y por el otro del tiempo transcurrido.

El tiempo y la relectura, volver a las fuentes, recomenzar desde otro lugar de experiencia, me nutrió tanto, que aunque aún no se si este libro será bien recibido por los lectores, ha sido para mi un acto revelador, y con eso me basta.

De hecho, ante la necesidad de presentar un trabajo escrito en un Encuentro Argentino del ECP (Noviembre de 2005), decidí hacerlo desde este retorno, y lo titulé: “ Rogers antes de Rogers”, en el mismo expresé los orígenes de su pensamiento, que también leerán expuestos en este libro.

Desde otro aspecto, la recolección de información me llevó a pedir ayuda a mi hija Lucrecia, que es estudiante de Psicología en la Universidad de Belgrano.

Necesito aclarar aquí algo, ella deseaba o quería estudiar Counseling, pero sinceramente mi mujer (que es Abogada y Counselor) y yo, pensamos que era muy difícil para ella hacerlo en tanto su padre es quien es en esta profesión, por ello lo de la Psicología, luego verá.

En la tarea, Lucrecia no solo recolectó datos, sino que los informatizó y organizó de una manera que facilitó muchísimo la tarea, por ello decidí, no simplemente agradecerlo en la presentación del texto (como hacen muchos autores), sino incluirla como coautora en la producción de este material.


En los agradecimientos, van primero a Pedro Ferrantelli, director y dueño de la Editorial, a su mujer Marité Martínez, brillante counselor y profesora en varias materias de esta disciplina, y al personal de Lea tomando a Adrián Rimondino como la persona que espero represente a todo el equipo.
Dedicamos este libro a Claudia Berneman, mamá y esposa, como pocas tan buenas hay, obviamente para Lucre y para mí.
Lucrecia y Andrés
Introducción
Escribir un libro que pueda dar cuenta en forma sintética los aportes de Carl Rogers a la Psicología en particular, y a las ciencias y/o disciplinas humanas en general es como mencioné en las palabras preliminares una tarea muy difícil. Nos encontramos con un autor muy prolífico, no solo en cuanto a sus publicaciones (libros y escritos), sino y por sobre todo, a los múltiples ámbitos en que fue desplegando su tarea.
Por otra parte, hablar o escribir sobre y de él, no solo implica conocer y entender sus teorías acerca del funcionamiento humano, sino que es fundamental poder comprender vivencialmente su legado.
Solo de esa manera se puede transmitir quién fue como persona, que nos dejó como profesional de las relaciones de ayuda (Psicoterapia y Counseling),

y como ideólogo de un modo de estar y ser para con el otro, aplicable en cualquier tipo de vínculo humano, que pretenda el crecimiento personal.


Desde sus inicios como Psicoterapeuta, siendo uno de los principales creadores del Movimiento Humanístico en la Psicología (denominado como la tercera fuerza de la psicología contemporánea), amplió su campo de acción, tanto profesional como teórica, hacia ámbitos sociológicos, laborales organizacionales, pastorales, educacionales y político culturales.
Esta trayectoria puede sintetizarse como un pasaje de la Psicoterapia No Directiva, con estadios intermedios, al Enfoque Centrado en la Persona, siendo este último un planteo global que apunta a un modo de ser en el mundo, con cualidades específicas.
Es desde esta última perspectiva, y que luego de más de treinta años de dedicarse a asistir a consultantes de terapia, además de dictar clases en varios centros Universitarios de EEUU, Europa y Sudamérica, dedicó el último tercio de su vida a ayudar en conflictos sociales.

Para ello viajó por varios países, entre ellos Sudáfrica, Irlanda y Rusia.

En su largo recorrido, escribió cerca de veinte libros, que han sido traducidos

a la mayoría de los principales idiomas del mundo, y más de doscientos cincuenta artículos, además de realizarse cerca de doce filmes sobre su trabajo y varios videos, donde se lo observa en sesiones reales, individuales y grupales, completando una importante contribución al mundo científico humanístico.

En una consulta realizada en 1982 a una importante cantidad de profesionales del mundo ¨Psi¨ de EEUU, sobre los diez terapeutas más influyentes del siglo veinte, Carl Rogers aparece en el tope de la lista.

Cuando se ha indagado los porque de esta inclusión predominante, la conclusión es que no solamente la Psicoterapia Centrada en la Persona o el Enfoque son uno de los modelos de la ayuda más utilizados en el mundo, sino que muchos de los conceptos de nuestro autor han sido incorporados como verdades terapéuticas por otras líneas. Así como también son valorados sus aportes en los campos educativos y organizacionales.


La formulación de Carl Rogers, el ECP, trascendió las fronteras de su país, tanto en el campo de la Psicoterapia, como el Counseling y los Grupos de Encuentro.

Su teoría y práctica está ampliamente difundida en Europa, Asia, Australia, Norte y Sudamérica, en donde existen Universidades, Centros e Institutos de Enseñanza y Asociaciones profesionales de este enfoque.


En lo que respecta a nuestro continente esta ampliamente difundido en Brasil, Argentina, Venezuela, Chile y Uruguay, existiendo en los demás países una incipiente apertura al modelo ECP.
Este texto se ha planificado siguiendo un orden particular, que pueda facilitar por un lado el conocimiento de la persona de Carl Rogers, por otro una descripción de los fundamentos y orígenes de sus teorías, así como sus principales aportes. Posteriormente la ampliación de su modelo a las distintas disciplinas humanas, las derivaciones actuales de su Enfoque, y un cierre personalizado por nosotros, dando cuenta de vivencias a modo epílogo.
Estamos ante Carl Rogers, el primer Counselor y Psicólogo creador de una línea, de una manera de comprender lo humano que trascendió el estrecho

(aunque importante), marco de la ayuda interpersonal, legándonos una modalidad de relacionarnos que puede, si se extiende facilitar que nuestro mundo sea mejor, más “vivible”.

Esperamos que esta pequeña obra, no empañe ni distorsione los ejes conceptuales de Carl Rogers y su Enfoque Centrado en la Persona.

Que no caigamos en lo de que el que traduce traiciona, dado que si bien no es una traducción en el sentido literal, lo es en tanto un resumen, un extracto, que inevitablemente posee la subjetividad del que recorta.

Deseamos que leer este texto lleve al lector a una revelación, y que esta lo impulse a acercarse al pensar y sentir “rogeriano”.

Capítulo 1
SU PERSONA- BIOGRAFIA
Todos los autores escriben desde si mismos, desde su propia percepción de la realidad que abordan, y estas, la percepción y la realidad, son también productos epocales.

Así como no es casual que Sigmund Freud insistiera tanto en la represión y la sexualidad en la época victoriana, que Alfred Adler siendo marxista fuera el primer Psicoanalista que se dedicó a lo grupal, que Iacov Moreno además de ser Psiquiatra, fuera amante del teatro y creara el Psicodrama, que Carl Gustav Jung interesado en el orientalismo y los fenómenos religiosos se ocupara tanto de los mitos, sueños y arquetipos, la historia personal de Carl Rogers, es totalmente coherente con las hipótesis teóricas que fundó.


Veamos:
Carl Rogers se auto describía como un psicólogo, un counselor, de clínica, de asistencia, de Orientación Humanística. Profundamente interesado en comprender como ayudar a que las personas (consultantes) cambien positivamente. Por otra parte se ubicaba como un científico, un educador y un filósofo incipiente.

Desde su auto percepción como individuo se sintió (y sabemos que lo fue), una persona tímida, pero socialmente bien conectada, con buenos amigos, de los cuales pudo disfrutar. Era una persona que no le gustaba confrontar, sino hacer y hacer, y desde ese hacer, buscar que los demás comprendan sus intenciones.

Nació en Estados Unidos de Norteamérica, el 8 de Enero de 1902, más precisamente en Oak Park, Illinois, un suburbio de Chicago.

Falleció en Febrero de 1987, en California, y según sabemos, en sus 85 años, estaba plenamente lúcido, escribiendo, cuidando sus plantas, e incluso buceando en las aguas del Pacifico. Una caída en la bañadera provocó pocos días después, su fallecimiento.

Una manera, como veremos, bien humana de vivir, y bien corriente de fallecer cuando se es mayor y se producen fracturas con astillamiento de huesos frágiles, que llegan al corazón y producen un paro.

Fue una persona simple que vivió simplemente y desarrolló un trabajo genial.



VIDA FAMILIAR- SUS PRIMEROS AÑOS- (1902-1919)

De familia con fuertes convicciones religiosas (protestantes pietistas), sus padres generaron un hogar caracterizado por estrechos lazos familiares, en una atmósfera ética muy estricta e intransigente. Fue el cuarto en nacer, en una familia de seis hijos. Sus padres controlaban estrictamente su conducta de muchas maneras sutiles y afectuosas. En coherencia con las ideas religiosas, no permitían tomar bebidas alcohólicas, ni concurrir a bailes, y espectáculos públicos, obviamente no permitían fumar, ni jugar ningún juego social tal como las cartas. Desarrollaban muy poca vida social y sus días se centraban en el trabajo. Esto hizo de Carl un niño bastante solitario, que leía sin detenerse, y que al terminar los estudios secundarios, solo había salido con chicas en dos oportunidades.

Cuando cumplió sus doce años, sus padres compraron un campo (granja y hacienda) y se mudaron insta­lando allí su hogar.

Había varias razones para tomar esa decisión, por un lado su padre estaba bien económicamente y quiso alejar a sus hijos de la vida de ciudad o suburbana, que consideraba peligrosa y mal ejemplo para el futuro de sus hijos.

Cambia varias veces de colegio lo cual le dificultó establecer amistades duraderas, eso más las restricciones familiares, lo aisló y convirtió en un gran lector., tanto que le facilitó adelantarse de curso y pasarse a uno superior a su edad.

Las relaciones con los hermanos fueron diversas, hacia uno de ellos sentía celos, hasta el punto de sentirse como un hijo adoptado, por otra parte admira a su hermano mayor y siente gran cariño hacia los dos menores.

Estuvo, quizás influido por las circunstancias familiares, muy “metido para adentro”, lo cual lo convirtió en un niño distraído, tanto que sus compañeros lo llamaban “profesor luna”.

Esto preocupó a sus padres, y consiguieron que en la escuela le otorguen permiso para faltar y viajar con su padre (viaje de negocios), por unas dos o tres semanas, allí visitó Nueva Orleáns, la Virginia y New York City.



Su vida en el campo despertó intereses “científicos”, y es altamente probable que esto fijara un rumbo orientado a su futuro de investigador.

Observó atentamente la vida animal, desde los insectos hasta los animales de hacienda. Sin embargo el tiempo lo interesó fuertemente por las gigantescas mari­posas nocturnas (estaban en boga los libros de Gene Stratton-Porter) y se convirtió en una autoridad sobre las exuberantes Luna, Polyphemus, Cecropia y otras mariposas que habitaban los alrededores boscosos de su hogar. Además de estudiar sobre cría de ganado, se dedicó a “cultivar” las mariposas en cautiverio, desde orugas, capullos (que durante los largos meses de invierno), y se conectó los avatares de los científicos. Se comenta que todo esto fue muy sostenido y apreciado por su padre, dado que este estaba decidido a administrar su nueva granja con un cri­terio científico. Por ello estimuló a sus hijos a emprender operaciones independientes y prove­chosas por cuenta propia. Carl y sus hermanos criaron ovejas, pollos, cerdos y terneros, y con ese objeto compró muchos libros sobre agricultura.

En esa época circulaba un libro “Feeds and Feeding” escrito por un científico llamado Morison. Se suponía que no era un libro para alguien de catorce años, sin embargo leyó sus páginas, aprendiendo a planificar experimentos, a com­parar grupos de control de ensayo y error, realizar procedimientos de selección al azar, para poder determinar la influencia de un determinado alimento sobre la producción de leche o carne. Es así que se convirtió en un estudioso de la agricultura científica, y

pudo darse cuenta de lo difícil es verificar una hipótesis y aprendió a conocer y respetar los métodos científicos en un campo de esfuerzos prácticos. Este aprendizaje, es según nuestro entender una base sólida que pudo poner en práctica cuando en Chicago comenzó las primeras investigaciones sobre Psicoterapia y Counseling.

Solo en años re­cientes a su muerte comprendió que aquello lo ayudó a adquirir una idea básica sobre la ciencia, visto de “afuera”, hoy es obvio, para nosotros, posiblemente lo “internalizó”, tanto que le fluyó de una manera”familiar”, simplemente como fluyen las cosas cuando son incorporadas naturalmente como un modo de ser. Tal como el dice en su libro “El Poder de la Persona” de Editorial El Manual Moderno, en su introducción: “Yo camino suavemente por la vida”, ese fue su estilo.


SU FORMACION PRELIMINAR – DE AGRICULTOR A PASTOR

(1919-1924)
Siguiendo el camino de su padre y sus hermanos mayores, inició sus estudios en la Universidad de Wisconsin, en el collegue de Agricultura. Esta situación le abrió un nuevo mundo de relaciones, más intimas y comprometidas emocionalmente Siempre recordó a un profesor de agronomía que se refería al aprendizaje y al empleo de los datos empíricos: destacaba la inutilidad de los conocimientos enci­clopédicos en sí mismos y finalizaba con una admonición: "No seas un vagón de municiones; se un rifle". Esta frase también impregnó su futuro profesional.

La ocasión de concurrir a unas conferencias religiosas cuyo lema era: “Evangelizar el mundo de nuestra generación”, este slogan lo conmovió de tal manera, que empezó a pensar en cambiar el rumbo profesional, más concretamente cambiar de carrera., para hacerse pastor religioso.



Perdió el interés por la agricultura científica y entonces se decidió por el ministerio sacerdotal; dejó la agricultura y comenzó a estudiar historia, por considerarla una preparación mas adecuada.

En el tercer año en la universidad fue elegido entre una docena de estudiantes, como delegado, para participar en una conferencia internacional de la Federación Cristiana Estudiantil Mundial que se realizaría en China.



La confe­rencia se llevó a cabo en 1922, cuatro años después del fin de la Primera Guerra Mundial. Pudo observar lo mal y el odio entre fran­ceses y alemanes, a pesar de que como individuos parecían muy agra­dables, obviamente se preguntó como era posible esto, y tuvo que ampliar su pensamiento y admitir que personas muy sinceras y honestas pueden creer en ideas políticas, dogmas y/o doctrinas religiosas muy di­ferentes. Esto fue clave, pensemos que procedía de un ambiente muy cerrado, aislado y seguro en tanto protección paterna. Curiosamente provocó en Carl un proceso de liberación y emancipación en ciertos aspectos fundamentales del pensamien­to religioso familiar, y comprendió que ya no podía estar de acuerdo con ellos.

Esta independencia de pensamiento causó gran dolor y ti­rantez en sus relaciones, pero al considerar esa situación desde un punto de vista retrospectivo pensó que en ese momento, más que en ningún otro, se convirtió en una persona independiente.

Es probable que hubiera un importante elemento de rebelión juvenil en su actitud du­rante ese periodo; pero la ruptura fundamental se produjo durante los seis meses de ausencia por el viaje a Oriente, y, en consecuencia, fue elaborada lejos de la influencia del hogar. Además allí, en China, encontró y se enamoró de una joven, que conocía de su pueblo natal, y no bien terminó la universidad obtuvo el consentimiento paterno (no fue fácil) y se casa­ron inmediatamente, de modo que pudieron asistir juntos a la escuela de graduados. El casamiento aconteció el 28 de agosto de 1924.
Por otra parte decidió prepararse para el trabajo religioso asistiendo al Unión Theological Seminary, (UTS) el más abierto del país en esa época (1924). En los dos años que allí pasó, pudo entrar en contacto con grandes eruditos y maestros, en particular con el doctor A. C. McGiffert, quien sostenía la importancia de vivir la libertad de pensamiento y acción, para esforzarse por hallar la verdad, aunque esta nos conduzca por caminos inesperados.

En el UTS un grupo de estudiantes, entre ellos Rogers, sentía que las ideas les llegaban elaboradas, cuando en realidad ellos querían transitar sus propias dudas e incertidumbres, para descubrir hacia donde los llevarían. Es así que pidieron permiso para dirigir su seminario y solicitaron que este tuviera puntaje académico: sería un seminario sin instructor, y el plan de estudios estaría integrado por sus propios interrogantes. Las autoridades se manifestaron confundidas y perplejas ante esa solicitud, pero les concedieron el permiso. La única imposición fue que, por ra­zones reglamentarias, un auxiliar docente joven estaría presente en el seminario, pero no participaría en las discusiones a menos que lo solicitaran los alumnos. Algo así como una celadora que controlaba en parte un funcionamiento adecuado según la Institución. Al mismo tiempo formó parte de una “confraternidad” (muy típico en EEUU), denominada “Alpha Kappa Lamda”, donde también es muy influido por historiadores de renombre. Allí aprendió a realizar investigación en historia, y presentó trabajos sobre Lutero, Benjamín Franklin y John Wyclif.

El seminario abierto y coordinado por los propios alumnos, lo impulsó durante un buen trecho del camino que habría de recorrer hasta desarrollar su propia filosofía de la vida. La mayoría de aquel grupo, al buscar las respuestas a sus propias preguntas, las encontraron fuera del ámbito religioso, que finalmente abandonaron. Rogers fue uno de ellos. Sentía que quizás siempre le interesarían las preguntas relacionadas con el sentido de la vida y también la posibilidad de lograr un mejoramiento de índole constructiva de la vida individual, pero no podía trabajar en un campo en el que me veía obligado a creer en una doctrina reli­giosa determinada. Sus creencias se habían modificado radicalmente y podían seguir cambiando. Le parecía complejo y contradictorio tener que profesar una serie de rígidos valores y creencias para poder ejercer una profesión. Quería en­contrar un ámbito en el cual pudiera tener confianza de que nada impediría su libertad de pensamiento.

Las tensiones vividas, tanto familiares, como personales, alteraron su organismo y agravaron una úlcera de duodeno que tenía desde los quince años, por lo cual tuvo que seguir un riguroso tratamiento médico durante seis meses. Su viaje a China de también seis meses lo hizo perder un año de escolaridad, por ello se gradúa en Historia en 1924. Pero por otra parte, el estar convaleciente, le permitió hacer un curso por correspondencia de Introducción a la Psicología, que dictaba la misma Universidad de Wisconsin. Tuvo que leer al prestigioso filósofo William James (que influyó mucho en sus teorías futuras), y este fue su primer contacto profundo con la Psicología, disciplina que luego decidió estudiar.



NEW YORK - DE PASTOR A COUNSELOR Y PSICOLOGO (1924-1928)

Radicarse a vivir en New York, ya casado, su paso por la UTS, la confraternidad, y el curso de W. James, lo orientaron definitivamente hacia un proyecto profesional propio.

Estar en esa ciudad tan liberal, necesitar trabajar, y estar en contacto con variados ambientes, no solo le facilitó una adecuada, aunque dolorosa ruptura con la ideología de sus padres, sino un encuentro con su mismidad de persona.


En la UTS se había sentido atraído por los cursos y conferencias sobre psicología y psiquiatría, que en esa época comenzaban a desarrollarse. Muchas personas contribuyeron a despertar su interés, entre ellas Goodwin Watson, Harrison Elliott y Marian Kenworthy. Se inscribió y comenzó a asistir a más cursos en el Teachers' College, de la Universidad de Columbia, que estaba situado frente al Unión Seminary. Inicio un curso sobre filosofía de la educación dictado por William H. Kilpatrick, quien resulto un gran maestro, y que además le hizo conocer el pensamiento de John Dewey.

Hacia el segundo año de estar en UTS se cambia al Teacher Collegue, que “casualmente” su edificio estaba en frente, es así que cruzo la calle (en un sentido literal y en otro simbólico) y bajo la dirección y supervisión de Leta Hollingworth, una especialista en psicología clínica de niños, inició su formación psicológica.

Comenzó a estudiar y dedicarse al Counseling in­fantil de manera tal que, gradualmente y con muy pocos esfuerzos, se estableció en ese campo y empezó a pensar en sí mismo como futuro psicólogo clínico.

Pensemos que tampoco fue fácil esta decisión, porque cuando la toma estaba designado como Director de Educación Religiosa, trabajo que tuvo que abandonar.


Mientras estaba en el Teachers' College solicitó en la bolsa de estudios una beca o internado en el entonces flamante Institute for Child Guidance (Ins­tituto de Orientación Infantil), patrocinada por el Commonwealth Fund, que le fue concedida.

Muchas veces agradeció el hecho de haber estado allí durante el primer año de la instalación del lugar, en tanto que al haber tanto caos organizacional favorecía que cada uno de los alumnos pudiera hacer lo que quisiera. Por otra parte pudo conocer los enfoques freudianos dinámicos de los profesores, entre los que estaban David Levy y Lawson Lowrey y des­cubrir que entraban en conflicto con el punto de vista estadístico riguroso, científico, estático y fríamente objetivo entonces prevalente en el Teachers' Co­llege.

En 1927 se recibe como “ Master of Arts”, y comienza su doctorado, y completa su tesis sobre la maduración de la personalidad, basada en su contacto con niños difíciles, y que publica en 1931.



En esas épocas se vio en la necesidad de obtener un empleo para mantener a su creciente familia, aunque todavía no hu­biera concluido el doctorado. Los puestos no abundaban. Pero encontró uno como psi­cólogo en el Child Study Department (Departamento de Estudios Infan­tiles) de la Society for the Prevention of Cruelty to Children (Sociedad para la Protección de la Infancia Contra la Crueldad), en Rochester, Nueva York.

Aunque el sueldo anual no era muy alto lo aceptó en tanto le brindó una seguridad familiar económica, pensemos tenía alrededor de 26 años, un hijo de dos años y otro en camino.


ROCHESTER- SUS PRIMEROS AÑOS DE VIDA PROFESIONAL (1928-1940)
Rochester, en ese entonces, era un pueblo o ciudad relativamente pequeña, en el Estado de New York. Allí trabajó durante doce años que fueron muy valiosos, quizás por la índole de los casos difíciles que tuvo que enfrentar, y por el alejamiento de centros educativos influyentes, pudo desarrollar una propia modalidad.

Durante los primeros ocho años, estuvo completamente dedicado a la asistencia de servicios de consultoría psicológica (counseling) y psicoterapia, con niños desheredados, delincuentes y desvalidos que les en­viaban los tribunales y diversas entidades del cuidado de estos jóvenes. Fue un periodo de relativo aislamiento profesional, durante el cual su única preocupación fue tratar de ser más eficaz con sus clientes. Tenían que seguir viviendo con sus fracasos así como con sus triunfos, de modo que se vieron forzados a apren­der. Había un único criterio para evaluar cualquier método que em­plearan para tratar a estas criaturas y a sus padres; el criterio era “¿Funciona? ¿Es eficaz?" Pronto descubrió que estaba comenzando a formular sus propios puntos de vista y porque no un modelo diferente al que le habían enseñado.

Desde su espíritu científico se interesó mucho en los trabajos del doctor William Healy, que indicaban que la delincuencia a menudo se basa en conflictos sexuales, y que si se logra hacer aflorar estos últimos, la conducta delictiva puede desaparecer. Durante su primero o segundo año en Rochester realizó un trabajo muy arduo con un joven piromaniaco que manifestaba un impulso incendiario incontenible. Entrevistándolo día tras día en su lugar de reclusión, descubrió gradualmente que tras su deseo se ocultaba un impulso sexual relacionado con la masturbación. El caso estaba resuelto. No obstante, al ser puesto en libertad condicional el joven reincidió.



Rogers sufrió un gran impacto, el Dr. Healy podía estar equivocado. Quizás él estaba aprendiendo algo que Healy ignoraba. De alguna manera, este incidente le sugirió la posibilidad de que existieran errores en las enseñanzas de las autoridades y le hizo pensar que aún quedaban cono­cimientos por descubrir. Otro descubrimiento, aconteció poco tiempo después de su llegada a Rochester, comenzó a coordinar un grupo de análisis e investigación sobre entrevistas. Descubrió una publicación que contenía una entrevista con un progenitor, transcripta casi palabra por palabra, en la cual el entrevistador se mostraba hábil, perspicaz e inteligente, y rápidamente llevaba la conversación al núcleo del problema. Se alegró de poder usarla como ejemplo de una buena técnica.

Varios años después, ante un caso semejante, recordó aquel excelente material. Cuando lo halló y volvió a leerlo se sintió espantado. Le pa­reció un astuto interrogatorio judicial, en el cual el entrevistador culpaba al progenitor por sus motivaciones inconscientes, hasta obtener de él la confesión de su delito. Su experiencia ya le había enseñado que no era posible esperar beneficios duraderos para el padre ni para el hijo de entrevistas de este tipo. Entonces comprendió que lo estaba alejando de cualquier enfoque coercitivo o agresivo en las relaciones clínicas; no por motivos filosóficos, sino porque tales enfoques nunca pasan de ser solo superficialmente eficaces, es decir duran poco sus resultados, por lo tanto no eran eficaces. Años después, aprendió a ser más sutil y perseverante al interpretar la conducta de un paciente, y a poder acompañar la aparición de cuestiones importantes de sus consultantes, con la idea de no inspirar rechazo. Es entonces que trabajando con una madre muy inteligente, cuyo hijo era un chico muy conflictivo en sus conductas, él como counselor pudo ver que el problema de consulta se relacionaba claramente con el re­chazo que ella había sentido por su hijo cuando era niño, sin embargo no encontró la forma de ayudarla a comprender esto. Indagó sus antecedentes, y con toda delicadeza reunió los elementos de juicio surgidos; trató de presentárselos de manera que ella lograra comprender la situación, pero no pudieron avanzar. Por último se declaró vencido. Le comunicó su opinión de que si bien ambos habían realizado los mayores esfuerzos, habían fracasado, de modo que lo más conveniente sería suspender la relación. Ella se manifestó de acuerdo. Concluyeron la entrevista, se estrecharon la mano, y la paciente se dirigió hacia la puerta del consultorio. Una vez allí, se volvió y pregunto: "¿Se ocupa usted de asesorar a adultos?" Cuando le respondió afirmativamente, dijo: "Bien, entonces quisiera solicitar su ayuda." Regresó al sillón que acababa de abandonar y comenzó ha relatar los sinsabores en su relación ma­trimonial, los problemas que experimentaba en la relación con su esposo, su sentimiento de fracaso y confusión; en síntesis, un material muy diferente de la inocua o estéril "historia clínica" que hasta ese momento había presentado. Sólo entonces comenzó la verdadera terapia, que, por otra parte, resultó muy exitosa.

Así comenzó Carl Rogers a descubrir su modo de trabajar con adultos, y comprender que de nada valen tantos conocimientos académicos, o técnicos, sino son puestos a disposición del que consulta, de una manera, en donde el poder de la “cura” lo tenga el propio consultante. Tiempo después comprendió, de que es el consultante quien sabe qué es lo que le afecta, hacia donde dirigirse, cuáles son sus problemas fundamentales y cuáles sus experiencias olvidadas. Comprendió que, a menos que él necesitara demostrar su propia inteligencia y sus conocimientos, lo mejor sería confiar en la dirección que el cliente mismo imprime al proceso.

Así nació el germen del futuro Enfoque Centrado en la Persona, de una experiencia, no desde un modelo previamente establecido.

En 1930 (tenía 28 años) fue nombrado Director del Departamento de estudios de la niñez.

En 1937 se funda el “ Rochester Guidance Center”, y nuestro autor es también nombrado Director de dicho centro, esa decisión generó problemas, porque él era Psicólogo y no Psiquiatra, y hubo muchas voces que se quejaron, aludiendo que centros similares eran dirigidos por médicos psiquiatras.

En todos lados se “cuecen habas” y la competencia asusta, por suerte la institución resistió el embate médico y Rogers fue confirmado en el cargo.

La familia, su mujer y dos hijos, sostuvieron un vínculo tan afectivo que permitió que Carl, se sintiera seguro, tanto en sus propios descubrimientos, como en el rechazo de colegas ante su posición novedosa.

De todas maneras comenzó a dudar de si en realidad el trabajaba de Psicólogo, o de otra cosa que no podía definir bien.

En ese tiempo el famoso psicoanalista Otto Rank visitó por tres días el centro que dirigía. Quedo impactado por la visión “rankiana” de la ayuda, y como veremos en el texto (cuando expongamos su teoría), este autor tuvo muchísima influencia, sobre todo porque confirmó que debía alejarse de los modelos Conductista y psicoanalíticos ortodoxos.

Cuando fue contratado como docente en la Universidad de Rochester comprendió que el trabajo que estaba llevando a cabo no era psicología y que en el Departamento de Psicología nadie se interesaba por sus enseñanzas.

Otro tanto le aconteció cuando dictó clases en el Collegue de Columbia, incluso aquí, tuvo que modificar el modo de enseñar tradicional, la clase magistral ante más de 200 alumnos, por una división en grupos más pequeños, en donde lo interpersonal fuera el eje de su relación docente alumno.



Cuando concurrió a las reuniones de la American Psychological Association (Asociación Norteame­ricana de Psicología) comprobó que en ellas se exponían trabajos sobre los procesos de aprendizaje de los ratones, y experimentos de laboratorio que, al parecer, no guardaban relación alguna con lo que él estaba haciendo.

Eso lo hizo dudar aún más, no era un Psicólogo como los otros.

Sin embargo, los asistentes sociales psiquiátricos parecían hablar su lenguaje, de manera que emprendió actividades en ese campo y se relacionó con los organismos locales y nacionales correspondientes.

Sólo cuando se creó la American Association for Applied Psychology (Asociación Norte­americana de Psicología Aplicada), empezó a desempeñarse activamente como psicólogo.

Comenzó también a trabajar en el Departamento de Sociología de la Univer­sidad, en el que dictó cursos cuyo tema era cómo comprender y tratar a los niños con problemas. Pronto el Departamento de Educación pretendió incluir sus cursos en la categoría de cursos sobre educación. Antes de que abandonara Rochester, el Departamento de Psicología también solicitó el permiso para incorporar sus cursos, aceptándolo así como psicólogo.

Estas peripecias ilustran su estilo, tranquilo pero profundo y contundente.

Poco tiempo antes de irse de Rochester funda un “Guidance Center” privado,

Por otra parte como fruto de sus años allí, escribe su primer libro, que tituló:



Clinical Treatment of the Problem Child (“El tratamiento clínico del problema del niño”), esto fue en 1939.
SUS AÑOS EN OHIO (1940-1945)

El texto mencionado anteriormente le abrió las puertas de la Universidad de Ohio.

En 1940 (en sus 38 años) le ofrecieron una cátedra como profesor con dedica­ción exclusiva. Si bien fue impactante y algo traumático dejar su cargo de Director en Rochester, por el que tanto trabajó (¿quien no se encariña con un puesto que tanto esfuerzo le cuesta lograr?), aceptar ese puesto era una gran ocasión de instalarse en ámbitos universitarios, y por ello lo hizo.

Al intentar enseñar a los graduados de la Universidad de Ohio lo que había aprendido acerca del tratamiento y asesoramiento, comenzó a advertir que quizás él había desarrollado su propio punto de vista, a partir de su experiencia. Cuando trató de formular algunas de estas ideas y exponerlas en una conferencia en la Universidad de Minnesota, que dictó en diciembre de 1940, experimentó reacciones adversas. Este fue el primer adelanto de sus propias tesis “rogerianas”, y que aprovechó para incorporar como segundo capítulo del libro pronto a publicar. Allí empezó a comprender que sus ideas podían representar una seria amenaza para sus colegas. Al convertirse en el centro de la crítica y recibir opiniones en favor y en contra, se sintió desconcertado y asaltado por dudas y planteos. Sin embargo, sabía que tenía elementos que aportar y redactó el manuscrito de Counseling and Psychotherapy, en el que expuso lo que, a su juicio, era una orientación más eficaz de la terapia. El texto incluyó la primera transcripción de una sesión registrada en un grabador. Fue revolucionario. Sin embargo un editor lo consideró interesante y original, pero se preguntó en que cursos se usaría. Rogers le dijo que solo conocía dos: uno de ellos a su cargo, y el otro, en otra universidad. Como toda editorial, pensando en el negocio de venta de ejemplares, dudaron acerca de la posibilidad de vender dos mil ejemplares, cantidad mínima necesaria para cubrir los gastos. Cuando Rogers, muy determinado a publicarlo les anunció que lo propondría a otra editorial, estos aceptaron.

La obra fue un gran éxito, y se vendie­ron setenta mil ejemplares, las ventas continúan actualmente, traducido a muchos idiomas.

Comenzó su tarea docente y también fue un éxito, cada vez más alumnos concurrían a sus cursos de formación de psicoterapeutas y counselors.

El modo práctico que implementó fue decisivo, siendo el primero en trabajar con “casos” grabados y juego de roles.

En 1944 es nombrado Presidente de la Asociación Norteamericana de Psicología Aplicada.

Un año después es invitado por la Universidad de Chicago a enseñar “su psicología”.


CHICAGO - WISCONSIN Y SU CONSOLIDACION (1945-1963)
En esta Universidad forma un Centro de Counseling, emprende un camino de doce años, desde el cual, según el mismo, se constituyó en el período de su vida que más aprendió.

Allí realizó un sinnúmero de investigaciones, y pudo escribir uno de sus textos más famosos: “Psicoterapia Centrada en el Cliente” (1951), y con su staff el principal texto de difusión de las investigaciones: “Psicoterapia y cambio de la personalidad” (1954).

En este ámbito es donde además explora un modo de educación centrada en el alumno, en donde se trabaja para la auto dirección de un aprendizaje significativo.

Por otra parte consolida su Enfoque Centrado en el Cliente (consultante).

Es nombrado Presidente de Asociación Norteamericana de Psicología (1946).

Investiga la aplicación de su modelo con pacientes esquizofrénicos.

Es invitado a dar cursos en la UCLA, en Harvard, en Berkeley.

Años muy prolíficos y en los cuales se consolida como uno de los Counselors y Psicólogos más importantes de EEUU y del mundo.

En 1957 es nombrado profesor permanente en la Universidad de Wisconsin, y como estaba muy cómodo en Chicago pone que cree no aceptarán, por ejemplo poder formar psiquiatras, practicar su modelo, investigar sobre esquizofrenia, hacer estudios comparativos con personas normales etc.

Para su sorpresa le aceptan todo, y en el verano de 1957 se traslada a la Universidad.

Allí trabaja seis años y sigue produciendo textos, el más, importante se tituló:

“On Becoming a Person” (El proceso de convertirse en persona), editado en 1961.

En 1956 lo nombran Presidente de la Academia Norteamericana de Psicoterapeutas, otra presidencia más.

Recibe premios diversos por su labor.

Lo nombran miembro de la Academia de Artes y Ciencias.

Viaja a Japón (1961) e introduce sus ideas en ese país.

Se conecta con el físico Michel Polanyi, y el historiador Lancelot Whyte, y desde esas influencias perfecciona su modelo científico.

Dicta un seminario que fue muy famoso en EEUU, y al cual concurrían cientos de estudiantes, a pesar de que no daba ningún puntaje o crédito universitario, el tema fue “La filosofía de las ciencias del comportamiento”.

Nuestro autor ya era sumamente prestigioso en su país y en el mundo.


LA JOLLA – CALIFORNIA- LA APERTURA DEL MODELO (1964-1987)
Consolidado en sus ideas, decide alejarse de los ámbitos universitarios, que considera muy buenos para investigar, pero trabados en sus burocracias y sistemas de exámenes, títulos oficiales, reglamentos, con muchas presiones que dificultan un pensamiento libre.

Se traslada a La Jolla, una pequeña ciudad, en el Estado de California, frente al mar Pacifico, y allí se integra a la recién formada institución de estudios de la conducta (“Western Behavioral Sciences Institute”).

Termina sus estudios de la esquizofrenia y se dedica a los “normales”.

Desarrolla sus concepciones del trabajo grupal y las aplica en grupos pequeños y grandes grupos, con el nombre de Grupos de Encuentro.

Viaja por el mundo, dicta conferencias, da clases en diversas universidades y escribe varios libros de gran éxito entre los profesionales de la ayuda: “Persona a Persona”, Libertad para aprender”, “El poder de la Persona”, “El Camino del Ser”, entre otros.

Por otra parte funda su propia institución “Centro para el Estudio de la Persona”, que dirige hasta sus últimos días.


De la agricultura a las ciencias de la conducta.

De querer ser pastor protestante a ser Counselor y Psicólogo.

De la rigidez de su educación a proponer ideas “libertarias”.

De lo personal transitar hacia lo grupal, y luego hacia lo transpersonal.

De un pequeño pueblo al mundo.

Premios y presidencias de las más importantes instituciones psicológicas de su país.

Un creador de un modelo de la ayuda, el Enfoque Centrado en la Persona.
Un revolucionario, que de un trabajo interpersonal inicial, culmina planteando una sociología y una filosofía hacia un mejor vivir.
Una persona que pudo desplegar sus potencialidades, y que pretendió trasmitir su experiencia profesional y de vida, para facilitar que, sea desde el Counseling o la Psicoterapia, se ayude a las personas para resolver sus problemas, y alcanzar el máximo de sus posibilidades existenciales.

Como cierre de este capítulo seleccionamos una serie de frases extraídas del libro “El Proceso de Convertirse en Persona – Editorial Paidos- 1984 de Carl Rogers, del capítulo “Este soy yo” (páginas 26 a 35), y que pueden dar cuenta de un sistema de pensamiento, que desarrollaremos en los siguientes capítulos de esta obra.

He aprendido a vivir manteniendo relaciones terapéuticas cada vez más profundas con un creciente número de clientes. Esto puede ser extremadamente gratificante y, en efecto, lo ha sido. Pero en ciertas ocasiones puede constituir una fuente de inquietud, cuando una persona con una alteración grave parece pretender más de lo que puede darle el terapeuta, para satisfacer sus necesidades”
La terapia es una expe­riencia en la que puedo abandonarme a mi propia subjetividad, la inves­tigación, en cambio, exige mantenerse a distancia y tratar de enfocar la experiencia subjetiva con objetividad y aplicar los métodos cien­tíficos para determinar si no se ha engañado”

En mi relación con las personas he aprendido que, en definitiva, no me resulta beneficioso comportarme como si yo fuera distinto de lo que soy”.
Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y ser yo mismo”.
Cuando me acepto como soy, puedo modificarme. Creo que he aprendido esto de mis pacientes, así como de mi propia experiencia: no podemos cambiar, no podemos dejar de ser lo que somos, en tanto no nos aceptemos tal como somos. Una vez que nos aceptamos, el cambio parece llegar casi sin que se lo advierta.”
Otro resultado que parece surgir del hecho de aceptarse tal como uno es consiste en que solo entonces las relaciones se tornan reales. Las rela­ciones reales son atractivas por ser vitales y significativas. Si puedo aceptar el hecho de que este cliente o estudiante me hace sentir molesto o me provoca aburrimiento, podré aceptar con mayor facilidad los senti­mientos con que me ha de corresponder. También puedo aceptar la expe­riencia y la modificación de los sentimientos que surgirán en ambos como consecuencia. Las relaciones reales no permanecen estáticas, sino que tienden a ser cambiantes.”

He descu­bierto el enorme valor de permitirme comprender a otra persona”.



He descubierto que abrir canales por medio de los cuales los demás puedan comunicar sus sentimientos, su mundo perceptual privado, me enriquece”.

Me ha gratificado en gran medida el hecho de poder aceptar a otra persona”.
He descubierto que aceptar realmente a otra persona, con sus propios sentimientos, no es tarea fácil, tal como tampoco lo es comprenderla. Puedo permitir a otra persona sentir hostilidad hacia mí?

Cada persona es una isla en si misma, en un sentido muy real, y solo puede construir puentes hacia otras islas si efectivamente desea ser el mismo y esta dispuesto a permitírselo. Por esa razón, pienso que cuando puedo aceptar a un individuo, lo cual significa aceptar los sentimientos, actitudes y creencias que mani­fiesta como una parte real y vital de si mismo, lo estoy ayudando a convertirse en una persona, y a mi juicio esto es muy valioso.”
Cuanto mas me abro hacia las realidades mías y de la otra persona, menos deseo arreglar las cosas". Cuando trato de per­cibirme a mi mismo y observar la Experimento mayor satisfacción al ser yo mismo y permitir que el otro sea el mismo. Se muy bien que esto puede parecer un punto de vista bastante extraño, casi "oriental"”

Puedo confiar en mi experiencia.”

La evaluación de los demás no es una guía para mi”



Mi experiencia es mi máxima autoridad”

Ni la Biblia ni los profetas, ni Freud ni la investigación, ni las reve­laciones de Dios o del hombre, nada tiene prioridad sobre mi propia experiencia directa.”
Para decirlo en términos de los semánticos, mi experiencia es mas confiable cuanto mas primaria se torna”
Mi experiencia no es confiable porque sea infalible. Su autoridad surge de qué siempre puede ser controlada mediante nuevos recursos primarios. De este modo, sus frecuentes errores pueden ser siempre corregidos.”

Gozo al encontrar armonía en la experiencia”.

La investigación es el esfuerzo persistente y disciplinado que tiende a descubrir el sentido y el orden existentes en los fenómenos de la experiencia subjetiva. Se justifica por la satisfacción que depara percibir un mundo ordenado, y porque toda vez que comprendemos las relaciones armoniosas que regulan la naturaleza obtenemos resultados gratificantes”.
De este modo he llegado a admitir que la razón por la que me dedico a investigar y teorizar reside en mi deseo de satisfacer mi búsqueda de orden y significado, que constituye una necesidad subjetiva.
Los hechos no son hostiles”
Aquello que es mas personal es lo que resulta mas general”.
La experiencia me ha enseñado que las personas se orientan en una dirección básica­mente positiva”.
Cuando puedo comprender empáticamente los sentimientos que expresan y soy capaz de aceptarlos como personas que ejercen su derecho a ser diferentes, descubro que tienden a moverse en ciertas direcciones. ¿Cuales son estas direcciones? Las palabras que, a mi juicio, las describen de manera más adecuada son: positivo, constructivo, movimiento hacia la auto realización, maduración, desarrollo de su socialización. He llegado a sentir que cuanto mas comprendido y aceptado se siente un individuo, mas fácil le resulta abandonar los mecanismos de defensa con que ha encarado la vida hasta ese momento y comenzar a avanzar hacia su propia maduración.”

La vida, en su optima expresión, es un proceso dinámico y cambiante, en el que nada está con­gelado.
Si la verdad existe, la convergencia hacia ella estará determinada, a mi juicio, por este proceso de búsqueda libre e individual; en un sentido limitado, esto también forma parte de mi experiencia”

Hemos presentado al Dr. Carl Rogers.

Una persona que dedicó su vida a facilitar el desarrollo de las personas de una manera no directiva.

Veamos ahora sus aportes a las ciencias humanas, comenzando por describir sintéticamente , las influencias teóricas iniciales que recibió, luego las principales ideas de su Enfoque Centrado en la Persona, los aportes a las ciencias humanas, el aquí y ahora de este modelo, así como el futuro del mismo, su ¿después que?.

Capítulo 2
INFLUENCIAS INICIALES

no trates de seguir los pasos de los sabios del pasado;





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