Libro electrónico "25 AÑos en la historia de nuestro pueblo"



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Otra figura alcanzó especial relevancia : la del Coronel (R)Juan Jaime Cesio, militar de prestigio intelectual y profesional. Pasó a retiro al negarle la derecha peronista la propuesta reglamentaria de ascenso. Se acercó entonces al PI y solicitó su afiliación en la sede de la calle Riobamba. Allí lo conocí, de presencia cortés y sencilla e ideas bien afines con las nuestras. Al poco tiempo fue habitual su concurrencia a reuniones, asambleas, concentraciones, y movilizaciones por los derechos humanos y la vigencia de las instituciones. Denunció los crímenes y otros delitos ocurridos y la responsabilidad directa de la Junta Militar y los jefes subordinados a ella. Esto le valió sufrir un arresto prolongado en la prisión militar de Magdalena. Luego por el mismo hecho y su participación en política, se dispuso la formación de un Consejo de Guerra, del que desistió el Comandante en Jefe al enterarse de que Cesio basaría su defensa (a cargo del General Jorge Leal) en la prueba de los hechos imputados a la Junta. Tiempo después, en el informe de la CONADEP y el llamado "Juicio a las Juntas", quedaron acreditados, pero previamente a dejar el poder el Comandante en Jefe Nicolaides aprobó el fallo de un Tribunal de Honor que dispuso la pérdida de grado y condición militar de Cesio, con prohibición de uso de uniforme y de asistir a dependencias castrenses. Por una misma causa había sido llevado a proceso tres veces y en dos de ellas condenado, en desconocimiento de un precepto constitucional que prohibe el doble juzgamiento por un mismo hecho.

Mas grave todavía es que los condenados por la justicia, luego quedaron indultados o exentos de responsabilidad por las leyes de "punto final" y "obediencia debida" en tanto quien denuciara los delitos aún sigue sancionado, por defender la dignidad nacional, los derechos humanos y el propio honor de las instituciones militares. De nada valió la apelación de Cesio ante la Corte Suprema ni el intento de gestionar una declaración legislativa de nulidad.

En el plano general habíamos participado de la MULTIPARTIDARIA y elaborado, en conjunto con los otros sectores, las bases de un llamamiento al país.

El documento se tituló "ANTES DE QUE SEA TARDE" y sólo contenía coincidencias básicas. Los intransigentes no pudimos lograr que aceptaran un programa mas avanzado como lo exigía la grave situación económicosocial, pero la definición fundamental marcó la necesidad de que el régimen militar dejara el poder sin negociar. Fueron signatarios el Partido Intransigente, el Partido Justicialista, el Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento de Integración y Desarrollo y la Unión Cívica Radical, el 16 de diciembre de 1981.

El desastre en la guerra desatada en las Islas Malvinas, las dificultades económicas y la presión popular llevaron al gobierno a buscar la retirada, pero intentaron cubrirse con un acuerdo que los protegiera en el futuro. Trascendió además que las elecciones serían a fines de 1983.

 

MARIANO LORENCES



De profesión odontólogo. Su actuación política comienza en la U.C.R. donde se desempeño como Secretario General del Comité de la Juventud e integró el Comité de la Provincia de Buenos Aires.En la U.C.R.I. fue miembro del Comité de la provincia de Buenos Aires y Convencional Provincial

En el P.I. ocupa cargos de relevancia como: Secretario del Comité de la Provincia de Buenos Aires, Convencional Nacional, Secretario del Comité Nacional y Presidente del mismo, así como Presidente de la Convención Nacional.

En su actuación legislativa fue Senador provincial por la U.C.R.I. ( 1963 a 1966) y Diputado Nacional por el P.I. ( 1973 a 1976). Ejerció la función de Secretario de Gobierno en la Municipalidad de Lanús y fue candidato a Gobernador de la provincia de Buenos Aires en dos oportunidades.

¿Qué significa, qué es la idea de intransigencia? A nosotros nos pasó al principio, la gente nos preguntaba: ¿qué quiere decir Partido Intransigente? Me acuerdo que nos invitaron, cuando la Multipartidaria y en los tramos finales de la dictadura del '76 a un Congreso Latinoamericano de la Democracia Cristiana y alguien me dijo: "Qué lindo nombre el de su Partido, pero qué quiere decir? Yo traté de explicarle a través de la historia del Partido pero la cara del hombre me mostró que me había equivocado. Hice la historia pero no llegué a lo que significaba la Intransigencia, porque -cuidado- la Intransigencia en el radicalismo, ya tuvo un sentido muy claro, aún dentro de la U.C.R. No crean que eso del Movimiento de Intransigencia y Renovación era sólo un nombre -porque alguno había que ponerle-. El radicalismo se encuentra en el ´45 manejado por el sector más conservador y debe situarse frente a un fenómeno nuevo, incluso impensable dos años antes, a la gente le hablan de peronismo y la gente cree que Perón era un tipo popular desde la época de Sarmiento y no es así. En el año '43, cuando el golpe, nadie sabía que había un militar que se llamaba Perón. La Intransigencia significaba frente al fenómeno peronista una visión distinta del peronismo pues creyó que había que salir de la visión de rechazo que había en el otro sector del radicalismo y aparece la intransigencia con sus grandes figuras, un Lebenshon, un Larralde. No importa donde se hayan ubicado después de la división. En las divisiones siempre quedan de un lado y del otro los tipos que no debían haber quedado. Los había que deberían haber estado de este lado y quedaron algunos que mejor hubiera sido que quedaran del otro.

Lo cierto es que la intransigencia significaba la nueva visión del peronismo, aceptar que el peronismo tenía raiz popular y que no era cuestión de criticar todo, aún lo que hacía bien, había que criricar lo que hacía mal y allí aparece el programa de Avellaneda que revoluciona. Al tiempo de votarlo, la intransigencia gana la conducción nacional.

Aquí, charlando con ustedes no puedo dejar de pensar en el chiquilín que yo era, cuando me sumé a la intransigencia, no había cumplido todavía los dieciocho años. Yo conocí a la conducción y a esta casa fue la sede del primer Comité Nacional Intransigente del Partido.

Todos ustedes saben cómo surgió el nombre de Partido Intransigente, pero se los cuento otra vez. Esto nace así. Cuando nos enteramos del fallo en nuestra contra promovido por Mor Roig estábamos comiendo en la esquina donde ahora hay una confitería muy linda, antes era un bodegón entre Riobamba y Corrientes. El tema era que nos habían fijado un plazo -creo que era el 30 de junio- esto es en el año '72. Los plazos judiciales son como una carrera de caballos, el que llega primero ganó y se acabó. En junio del '73 teníamos que tener inscripto -creo que eran por lo menos cinco distritos-. La Provincia de Buenos Aires nacesitaba unos diecisiete mil afiliados para ser inscripta.

Los radicales que tenían una estructura mejor consiguen rápidamente las afiliaciones e inscriben el partido. Habían metido una cláusula en el estatuto de los Partidos Políticos que decía que los nombres de los partidos no podían prestarse a confusión. Ellos se inscriben como Unión Cívica Radical Intransigente que a nosotros nos hacía falta para conseguir la cantidad de afiliados necesarios porque el nombre UCRI pesaba mucho todavía en el "viejo tronco radical". Entonces sentimos que estábamos perdidos. Se nos ocurre con Portero y otros amigos no cambiar la sigla y la única manera de conservarla era Unión Cívica Revolucionaria Intransigente, nos presentamos y nos volvieron a bochar, con un argumento realmente ridículo. Es allí donde nos dicen: "che, déjense de joder con el nombre y mañana tienen la personería". Es así que queda Partido Intransigente.

Les digo que jurídicamente teníamos razón pero políticamente, ideológicamente estuvo bien, porque al fin y al cabo, nosotros veníamos revolucionando de tal modo en el programa y en la doctrina que llegamos a proponer la socialización del poder, la cultura y la riqueza, cosa que jamás se planteo el partido como partido radical. Entonces estuvo bien que fuera así, estuvo bien políticamente, ideológica y socialmente. Pero el trabajo que nos dio conseguir las afiliaciones necesarias para el reconocimiento legal, ustedes no se lo imaginan, aquí en la casa de Riobamba, en el primer piso estaban las fichas, las contábamos de a una y no llegábamos nunca, tanto es así que en la Capital no las tuvimos.

Así llegamos a la Alianza Popular y Revolucionaria. Obtenemos en la elección catorce diputados pero nosotros no tenemos la mayoría por el problema de la Capital. Eramos cinco diputados intransigentes y los dos comunistas actuaron con una solidaridad realmente encomiable con respecto a nosotros, de manera que en los hechos éramos siete. Pero se conviene en hacer que cada partido de la Alianza conformaran un sub-bloque y tuvieran su propio presidente. Los cinco intransigentes éramos Portero, Arana, Marino y yo.

Les puedo decir que cuando hay hombres que hablan y los partidos mayoritarios los respetan y no interrumpen ni una sola vez, es por algo. Yo les puedo asegurar que el Bloque nuestro fue el más respetado de esa Cámara de Diputados. Presentamos infinidad de proyectos, algunos de la envergadura de la Ley Universitaria, por ejemplo.

Cuando se fueron los Diputados de la Juventud, el que ingresó como suplente fue Ortega Peña del Peronismo de base. Con Ortega Peña tuvimos una relación muy estrecha y nos hicimos muy amigos porque juntos íbamos a sacar presos políticos por todos lados. Con él nos quedamos afuera del recinto cuando se le hizo un homenaje al asesinado Mor Roig por unas cuantas cosas que no vienen al caso que les cuente.

Ortega tenía una personalidad avasallante. Tenía un poder de síntesis realmente increíble, era capaz de decir en diez frases para lo que cualquiera de nosotros hubieran significado diez páginas. Como ya estaba peleado con el peronismo oficial ni oficina tenía, entonces nosotros -nos habían dado un salón grande que dividimos en oficinas- teníamos una salida muy linda en un costado y se la dimos a Ortega así que prácticamente trabajábamos juntos. A mi me gustan los temas históricos y él sabía mucho. Me gustaba hacerlo engranar y un día empezamos a hablar de Felipe Varela sobre el que Ortega Peña había escrito. En tren de enojarlo le dije que por relatos familiares -aunque no nací en Orán- supe que Varela anduvo "jodiendo" por ahí y produciendo saqueos. Se enojó el hombre y me dijo: "vos estás completamente equivocado, yo te voy a dar un libro que te va a convencer". Me quedé después de la sesión en la Cámara atendiendo gente en mi oficinita y escuché el taconear -muy clásico de Ortega- porque él entraba como diciendo: Yo estoy acá. Entró y me dejó sobre el escritorio el libro "El Manifiesto de Felipe Varela" y me volvió a recomendar que lo lea. Lo guardé en el portafolio y me fui a mi casa. Cuando llegué, entré y prendí el televisor. Estaban dando el Reporter ESSO y escuché algo sobre la muerte del Diputado Ortega Peña al que acababan de matar. Tomé el libro al que había guardado, allí estaba la dedicatoria dirigida a mi persona y la fecha. En el momento que me traía el libro, escribió la dedicatoria y cuando salió de ahí, tomó el taxi que lo llevó hasta Carlos Pellegrini y Juncal que es donde lo balearon.

Figueroa le advirtió que tuviera cuidado, que aflojara. Fue una advertencia sin duda. Después, estuvimos condenados a muerte por la triple A, Marino, Portero y yo. También Comínguez, Mira, Sueldo, el petizo Amaya, Solari Irigoyen y una cosa insólita: Angeloz por marxista. Te mandaban una carta en su reunión -del día tal- se resolvió condenarlo a muerte y será ejecutado en el lugar que se encuentre...bla, bla, bla.

Nosotros resolvimos ignorar el episodio en una reunión de la Cámara, a los pocos días, un peronista allegado a la Triple A lo provoca al diputado de la APR... vinculándolo con la organización Montoneros y otras cosas.

Portero, que era buen orador, dijo que los comentarios de ese Diputado eran una prueba más de la violencia desatada por López Rega y hace públicas las condenas a muerte que recibieron tales y cuales diputados de la Nación.

Al día siguiente recibí, la visita de un comisario de la policía federal, en el Bloque. Me informó que el jefe de la policía que era Villar nos invitaba a Portero y a mí a hablar sobre el tema de las amenazas. Portero estaba en Chubut, al consultarlo me aconseja ir a la cita en nombre de los dos. Villar me recibió en un despacho enorme y me convidó un café. Recuerdo muy bien que en ese momento le acercaron una carpeta con los datos del atentado a un Decano de la Facultad de Derecho -del cual no recuerdo el nombre- al que le pusieron una bomba en su casa, al tratar de salir con su hijo -un pequeñito de unos dos años- se le cae de los brazos al hueco del ascensor y muere. Al rato le avisan que le habían sacado la custodia a un Juez. Trató de convencerme que el no tenía nada que ver, que las órdenes venían directamente del Ministerio de Bienestar Social, me lo dijo con todas las letras. Delante de mí se preguntó "y ahora que pasa si me lo matan al Juez" y ordenó, reponerle la custodia. Aunque yo sabía que el era un hijo de puta y probablemente él pensara lo mismo de mí, presté atención a todo lo que me dijo sobre los mecanismos que usaban para pasarle por encima. Como Jefe de la Policía en un momento dado ofreció custodia policial para Portero y para mí. Le dije: -mire jefe, prque en vez de darnos la custodia, no le dice a los muchachos que no tiren, no es eso más fácil?. -Ah, no- me dijo -eso no-. Yo le puedo asegurar que no manejo ningún grupo parapolicial, si usted me dice que hay grupos paramilitares, yo no le voy a decir que no. Así nomás me dijo.

El golpe del '76 era una cosa anunciada. Cuando todavía Isabelita y también Lorenzo Miguel esperaban poder parar el golpe, éste ya estaba en la calle. A Alende le dieron espacio en la televisión un día antes. Estábamos en el despacho del director de canal 9, Carlos Cores -que no sé que cargo tenía- Alende, el hijo de Alende, Carlitos y yo. Alende era muy cabeza dura, yo le había recomendado que se llevara un ayuda memoria pero no quiso saber nada y llegó un momento de la grabación en la que se quedó trabado y comenzó a irse por las ramas. Era tan extraño en él, que algunos pensaron que lo habían narcotizado, pero no creo que haya sido eso. El mensaje a la población, se regrabó y fue emitido a eso de las 21 horas, allí Alende fue profético y dijo: "Las dictaduras no resuelven ningún problema y agraban todos los existentes".

Dos días antes del golpe, en la Cámara, algunos diputados sacaron toda documentación y había por lo menos treinta diputados en el Bloque Justicialista que eran golpistas. Cristina Guzmán había presentado un proyecto de juicio político a la presidente, sobraban motivos y razones -debe haber sido uno de los peores gobiernos de la historia-. Pero sucedía que el juicio político significaba permitir que el golpe tuviera un sustento, un proyecto legal. Algunos peronistas estaban dispuestos a que se acabara el gobierno de Isabel, pero aparecer como traidores no les venía bien. Si aceptaban el juicio político -López Rega ya no estaba en el gobierno- podía suceder que Isabelita se atrincherase en la casa de Gobierno, el Congreso puede destituir al presidente de la República pero no tiene fuerza ni siquiera policial para sacarla de la Casa de Gobierno, entonces iba a producirse un conflicto de poderes con los presidentes y esto legalizaba el golpe que ya estaba decidido. Los militares la querían echar a Isabelita y como siempre sucede, no faltan los imbéciles como Calabró que los apoyó, porque estaba convencido que los golpistas lo iban a nombrar gobernador de la provincia de Buenos Aires. Después del golpe del '76, en esta casa de Riobamba, quedó Salaberri que era un secretario administrativo, un viejo militante de la UCRI y un gran tipo. Las primeras reuniones fueron en la casa de Cesio, en la calle Santa Fe, en la de Marino y en la de May Zubiría para sacar la revista Primera Línea. El tema era que nos reuniéramos acá, en Riobamba, había que mantener la casa abierta mientras no la clausuraran. Algunos plantearon -y con cierta razón- que eso era muy peligroso pero de todas maneras lo hacíamos. De todas formas muchos no éramos. Se formó una suerte de Comisión de Acción Política, nos reuníamos una o dos veces por semana y sacábamos documentos.

Los sectores politizados teníamos absoluta conciencia de lo que pasaba, pero la gente de la calle, no. Cuando decíamos que habían torturados y los que decían que habían muerto en enfrentamientos -como aparecía en el diario La Nación- fueron en realidad fusilados, no nos creían. Frente al paredón del Club Lomas, cerca de mi casa, yo escuché las ráfagas de ametralladoras y los tiros de gracia.

En el '78, en Córdoba entraron pateando la puerta cuando habíamos terminado una reunión del Comité Nacional. Estábamos Alende, Manes, Rabanaque, Vitar,

Zubiría, yo y otros más.

Cuando entraron, empezaron a revisar y se llevaron como prueba un libro de Alende "Punto de partida" que tenía como diez años de viejo. Nos revisaron, encontraron una nota a Diego, que fue el que peor la pasó porque tenía algo escrito en el que se menciona a Firmenich pero desde un aspecto crítico. Nos llevaron y nos metieron en un calabozo, habremos estado unas 24 horas y después nos largaron.

Esa noche caminé todo el tiempo adentro del calabozo. Me dije, si me tiro en el suelo -porque no había nada más que el suelo- "cagué", me congelo y encima yo soy más que friolento. Alende estaba en la celda nuestra y el sí se tiró en el piso. Había un vigilante que lo había hecho nombrar Illia, le pedí que nos comprara unos diarios porque yo lo veía a Alende ahí tirado y pensé que la iba a dar una pulmonía. Alende tendría unos 69 años. El policía nos preguntó que diarios quería, el que tenga más páginas le contesté, -que carajo íbamos a leer si no había luz en la celda. Nos trajo los diarios y se los dí a Alende para que se acostara encima, se tapó con un sobretodo marrón que tenía y así se quedó. Yo me pasé caminando de una puerta a la otra. Me contó después Alende que me veía pasar, me había tomado el tiempo de cada pasada y así calculaba cuanto llevábamos allí adentro. A veces me arrimaba a mirarlo porque no sabía si Alende estaba durmiendo o si se había muerto.

No quiero olvidarme de comentarles algo sobre los Aportes de 1975. Ya había sido revolucionando el pensamiento del Partido, cuando nosotros hicimos la APR, hay un programa del Partido que no se ha difundido nunca, que son dos páginas que es casi como un catecismo. Para hacer la Alianza hubo que bajar bastante el tono de las cosas. No obstante el programa de la APR fue muy bueno a tal punto que el partido justicialista que tenía asegurado el triunfo había dado a conocer un documento bastante "frigerista" y yo creo que Frigerio tuvo mucho que ver en ese documento que firmó Perón. Como la propuesta de la APR había superado en mucho en un sentido progresista, la base del justicialismo presionaron y el justicialismo, pocos días antes de las elecciones sacó otras propuestas. Es así que yo sostengo que los aportes del 75 tenían sus antecedentes y estaban de acuerdo al pensamiento de la mayoría de los intransigentes.

Los recuerdos ya se me asoman a borbotones, muchachos... Recuerdo muy bien una cena que tuvimos en Cuba con Fidel Castro, Gabriel García Marquez, Liber Seregni, Rodomiro Tomie, Raúl Castro, dos venezolanos y yo... se imaginan, no?

Que puedo decirles de Alende yo que ustedes no sepan? Eso sí, les puedo asegurar que tuve discusiones bravísimas con él, a los gritos y con puteadas incluídas, más de una vez nos tuvo que separar Elena. Portero y yo éramos gente de consulta de Alende pero lo escuchaba más a Portero... tengo que reconocerlo.

Me parece que por hoy fue suficiente, no? Si sigo hablando este libro va a tener que ser de varios tomos... pero no faltará oportunidad, nos llamamos si? Nos encontramos la semana que viene en mi casa, les parece bien.

 

HUMBERTO J. BARRIOS



Abogado, nacido en Corrientes el 29 de marzo de 1939. Militante de la UCRI. Fundador del Partido Intransigente en 1972 en carácter de miembro de la Junta Promotora nacional y provincial y Vicepresidente de la primera Honorable Convención Nacional del P.I.

A partir de 1982 se desempeñó como: Presidente del Comité Central de Corrientes, Convencional provincial, Vicepresidente de la Convención Nacional, Miembro del Comité Nacional del P.I., Presidente del Comité Nacional, Candidato a Diputado Nacional por el Frepaso, Candidato a Gobernador en la provincia de Corrientes por el P.I. y a vicegobernador por la Alianza Frepaso-UCR. Actualmente es miembro del Comité Nacional.

 

Muchos acontecimientos históricos, ocurridos en el Partido Intransigente, en los últimos años, tienen su explicación en hechos y circunstancias acaecidas muchos años antes.



Para quienes militamos en el Partido Intransigente como continuación de la Unión Cívica Radical Intransigente, que en 1972, se vió obligada abdicar su nombre histórico, que venía de los años de Leandro Alem, a raiz del Estatuto de los Partidos Políticos, sancionado a instancia del Ministro del Interior del General Lanusse, Dr. Arturo Mor Roig, a la sazón militante de la Unión Cívica Radical del Pueblo -fracción balbinista- que prohibió que dos fuerzas pudiesen llevar el mismo nombre, aún con aditamentos, que nos dejó trasnformados en Partido Intransigente, por pérdida del resto del nombre.

Virtualmente ello equivalía a la fundación de un nuevo partido, que se nutría de las viejas raíces, pero que recibía la impronta de su jefe indiscutido, don OSCAR ALENDE, que a partir de entonces marcaría un rumbo indeleble en la política argentina.

La Alianza Popular Revolucionaria que se formará en 1973, entre el partido Intransigente y el Partido Revolucionario Cristiano, que sostuvo la fórmula Oscar Alende- Horacio Sueldo y obtuvo más de un millón de votos presagiaba que la tercera fuerza, representante del centro- izquierda del País, estaba en marcha.

El golpe de estado de 1976 truncaba todo el proceso y abría una etapa dolorosa para el país. Virtualmente todos los partidos políticos se llamaron a silencio, pero el Partido Intransigente, con enormes sacrificios, tenía la osadía de reunirse en Riobamba 482, desde donde nos desalojó la policía, obligándonos a marchar a un domicilio de la ciudad de Lanús, en la provincia de Buenos Aires. Mientras tanto, don Oscar Alende recorría el País en automóvil, con dos o tres amigos de gran confianza.

Aún recordamos su visita a Corrientes, donde lo recibimos un grupo de amigos en mi casa, saboreamos un asado, debimos aguantar que un automóvil policial diera vuelta a la manzana durante todo el tiempo que llevó la reunión pero nadie se animó a prohibirnos, ni molestarnos.

Viejos amigos, muchos que ya no están estuvieron entonces, haciendo causa común con el gran caudillo intransigente como Arnaldo Ahumada, Ricardo Miño, Secundino Castro Pruyas -fallecidos- y Oscar H. Predroso y Jorge Leonnardi.

Don Oscar tenía una predilección especial por los correntinos, entre otras cosas, creo que se sentía cómodo con nosotros, porque no solamente nos preocupaba la política, también le demostrábamos una estima personal que duró siempre.

En una oportunidad se nos pidió desde Buenos Aires que fuéramos a Formosa para acompañar a Don Oscar Alende que venía hasta allí en trámite de reformación del Partido Intransigente. Concurrimos con Ricardo Miño y después de un acto callejero, aproximadamente a las dos de la mañana, salimos los tres a buscar una heladería para combatir el calor norteño. Después de una pequeña caminata encontramos un lugar y felizmente el propietario conoció a don Oscar y nos dio un sitio apartado, muy cómodo, donde pudimos saborear un rico helado y conversar libremente con el caudillo, que se explayó sobre sus ideas y esperanzas para el país.

Si públicamente era admirable, en la tertulia amistosa, lo era mucho más, porque transmitía esa llama sagrada de los grandes hombre y también las preocupaciones menores, pero que en política siempre son de importancia decisiva.

El buen humor también era parte de ese bagaje. En una oportunidad estábamos en el aeropuerto de Corrientes para despedirlo después de una de sus visitas, se acerca una señora muy bien vestida y le manifiesta que era su admiradora y lo saluda; con cortesía entabló una breve conversación, pero cuando se aleja, se arrima a mi oído y me dice; "mire si todos los que me dicen que me admiran, me hubieran votado, hace rato que hubiera sido presidente".




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