Libro electrónico "25 AÑos en la historia de nuestro pueblo"



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Por todo ello, en la reunión de la Junta Promotora Nacional, de fecha 22 de mayo de 1972, se resolvió adoptar el nombre de PARTIDO INTRANSIGENTE, y declarar que era el legítimo sucesor de la UNIÓN CIVICA RADICAL INTRANSIGENTE, sin solución de continuidad. Estaban presentes Alende, Saloj, Pittaluga, Pérez Gallart (Susana), Parra Pérez, Varela Dalla Lasta y Torres Brizuela (César).

En verdad se trató, formalmente, de la refundación de la antigua UCRI, sin voluntad de constituir una nueva fuerza, tratándose - en la práctica - de un cambio de nombre, impuesto por el Estatuto del régimen militar y el criterio interpretativo de sus jueces. Lo confirman los nombres de los miembros del primer Comité Nacional, constituido el 24 de junio de 1972, y también de la Convención Nacional, llevada a cabo el mismo día. Las palabras del Presidente de la Convención, Ataúlfo Pérez Aznar, son bien elocuentes : "Afirmamos también en este acto la continuidad histórica, doctrinaria y jurídica de la UCR. Somos y seguiremos siendo Radicales Intransigentes y debemos declarar que el robo de una sigla no puede significar el escamoteo de una bandera revolucionaria. No puedo engañarme acerca del clima espiritual que vivimos esta noche que me recuerda aquellas otras, hechas por jóvenes y radicales muchas veces desconocidos, que cuando las banderas claudicaban en manos vacilantes, supieron hacer la presencia activa de una nueva generación en el reencuentro de un viejo pensamiento para galvanizar en una nueva etapa histórica la acción de la UCR en defensa de los grandes principios revolucionarios."

Sin embargo, a poco andar, la situación del país, la conciencia y la voluntad popular, la irrupción de las nuevas generaciones en la escena política y la exigencia popular de luchar por la Liberación Nacional, llevarían al Partido a un cambio sustancial en lo ideológico, en sus programas y en el estilo de la acción política. ERA UN NUEVO PARTIDO. Pero hubo conflictos generacionales, dura confrontación de métodos, incompatibilidades entre la formación conceptual de la dirigencia de un partido propio de la democracia liberal y las oleadas de jóvenes que optaban por actuar en lo institucional pero con pensamiento de alto contenido revolucionario.

Lo inminente del comicio convocado para marzo de 1973 impidió, o mejor dicho postergó, un debate amplio, prolongado, que diera como resultado una estructura fuerte con cuadros capacitados, aptos para insertarse en la sociedad y consolidar en ella lazos sólidos con los sectores afines. Surgieron dificultades insalvables : en algunos sitios, sobre todo en el interior del país, un respeto casi reverencial al viejo nombre, impidió la permanencia de hombres probados en la época de la UCRI, sobre todo en provincias donde sus gobiernos habían sido excelentes. Por aquellos años en las campañas de afiliación o en los actos de difusión de la doctrina intransigente, surgía la traba del nombre nuevo como impedimento para sumarse a nuestra fuerza. Sobre todo en Buenos Aires, Santa Fé, Entre Ríos, Córdoba, Tucumán, por ejemplo. Algunos episodios son anecdóticos : en las cercanías de Cañada de Gomez, en pleno campo, un paisano, chacarero, que había colaborado con la UCRI de Sylvestre Begnis nos echó de su rancho a Lisandro Viale y a mí, cuando no pudimos darle una ficha que dijera "Unión Civica Radical Intransigente". En la zona de Victoria, Nogoyá, Diamante, encontramos frialdad y no hubo apoyo alguno: todos querían seguir con la UCRI de Raúl Uranga. También en nuestra provincia se produjeron apartamientos de hombres y núcleos por no aceptar el nuevo nombre. Y prueba de ello también se dió en distritos como Juarez, donde el Partido siguió triunfando electoralmente y obtuvo el gobierno de la intendencia pero los dirigentes, los afiliados y los locales partidarios continuaban publicamente identificados como pertenecientes a la UCRI.

 

Simultáneamente el Partido debió tomar posiciones en el plano político nacional. El protagonismo correspondía a Perón y su proscripción determinada por una claúsula fijada por Lanusse. Transcurrió toda una etapa de envío de emisarios del Gobierno a Madrid, designación de delegados personales de Perón, negociaciones, promesas e intrigas, que trascendían en los comentarios del periodismo "especializado". El Partido Intransigente había proclamado su vocación frentista, con la participación de sectores políticos, económicos y sociales coincidentes en un programa de LIBERACIÓN NACIONAL. Participábamos del llamado FRECILINA (Frente Cívico de Liberación Nacional) y proyectamos junto con dirigentes del Partido Popular Cristiano el esbozo de un "Programa para la Declaración de Coincidencia Nacional" en agosto de 1972, copia del cual hicimos llegar a los dirigentes del peronismo para recabar el juicio del General. En la Asamblea de partidos que participaron del FRECILINA, el 12 de septiembre de 1972, el peronismo por boca de sus dirigentes mas representativos sostuvo la "inconveniencia" de confeccionar un programa. Esta posición era coincidente con la afirmada por Perón cuando llegó al país el 17 de Noviembre de ese año y en Ezeiza recibió a los representantes de los partidos políticos del FRECILINA. A raiz de una delicada dolencia que sufría Alende, estuvimos presentes por el PI Tomás Arana y yo, y le escuchamos decir a Perón : "Hemos preparado con el Dr. Frondizi una declaración que sintetice nuestras intenciones. Hemos tratado de no profundizar en las demandas al régimen militar y a sus aliados económicos, pues el enemigo nuestro es muy poderoso y debemos evitar que se agrupen frente a expresiones muy críticas. Lo prioritario es que se comprometan a asegurar la vuelta al régimen constitucional, den elecciones y entreguen el poder. Después habrá tiempo para avanzar en las definiciones..."



La táctica del peronismo era muy ambigua frente a la cláusula que proscribía a Perón. Sus dirigentes decían que el candidato del Frente era Perón pero, legalmente, se convertía en una frase de circunstancias. Las reuniones se sucedían pero no se aprobaba programa alguno ni se anticipaba cuál sería la fórmula. Por eso y ante el peligro de que las fuerzas frentistas quedaran al margen del comicio, la Convención del Partido Intransigente proclamó la candidatura presidencial de Oscar Alende para integrar una fórmula, abierta a las propuestas de los sectores aliados en el programa liberador.

En reuniones contínuas en el domicilio de don Benito Llambí, en la Avenida del Libertador en la Capital Federal, se jugaba la suerte del programa nacional y popular. Nosotros (los delegados eramos Saloj, Arana y yo) agotamos estérilmente nuestro planteo: un programa definido previamente por los signatarios del FRENTE y una fórmula elegida en las instancias naturales y representativas. Sólo escuchamos evasivas y planteos dilatorios que - en realidad - encubrían una decisión de pocos convenida reservadamente : el 5 de diciembre de 1972 se anunció la constitución del FREJULI (Frente Justicialista de Liberación) sin programa alguno, con la candidatura de Perón (sin vice). No se precisaba respuesta alguna frente a la vigencia de la cláusula proscriptiva del general. Arana y yo no firmamos el acta fundacional del FREJULI y retiramos al PI del nucleamiento. Análoga actitud tomaron los dirigentes del Partido Revolucionario Cristiano y de UDELPA, allí presentes.

Al día siguiente, en la presentación de uno de los libros de Alende en un hotel céntrico, Llambí me preguntó si éste aprobaba el retiro del PI de la conjunción frentista y mi respuesta fue afirmativa. Esa misma noche, Llambí le anticipó por teléfono a Alende que deseaba entrevistarlo al día siguiente. Lo conversado lo ha revelado Alende en sus escritos : le fue ofrecido integrar la fórmula con Perón y su respuesta fué categórica : "Llambí, yo creo que Perón no puede ni quiere ser Presidente en esta instancia" y después le ratificó la posición del PI : programa previo y candidatos elegidos en las instancias naturales del Frente. Los hechos corroboraron esa predicción. La fórmula a los pocos días fue anunciada : CÁMPORA - SOLANO LIMA. Y la plataforma electoral del FREJULI fue muy débil respecto de la defensa del interés nacional. Habían impuesto la conducción táctica y la doctrina las derechas y el desarrollismo.

Así apremiados por los plazos electorales, pudimos fundar la ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA, en base a la Declaración para la Coincidencia Nacional firmada por el Partido Intransigente, los Revolucionarios Cristianos, el ala izquierda de UDELPA y el Partido Laborista. Planteamos la Revolución Nacional como el único camino del pueblo para la liberación de toda dependencia y de toda opresión económica, política y cultural, al mismo tiempo que señalamos que era "la unica vía hacia la socialización del sistema económico" . "Propiciaba, mediante el ejercicio del poder por el pueblo, la instauración de una sociedad igualitaria y libre, que posibilite el pleno desarrollo de la persona humana, liberada de los condicionamientos degradantes de la pobreza y la ignorancia y de la dominación de oligarquías apátriadas, corrompidas y corruptoras." Y se proclamó un programa de signo nacional, pacífico, revolucionario de las estructuras que habían consolidado la dependencia. Se proclamó la fórmula OSCAR ALENDE-HORACIO SUELDO y aceleradamente se afrontó la campaña electoral, dando cabida en las listas de candidatos a las expresiones personales identificadas notoriamente con las ideas de fuerza de la ALIANZA. Llegó entonces el apoyo tangencial de la dirigencia, cuadros y militantes del Partido Comunista, privado de personería política por prohibición del regimen militar. Pudimos conmocionar el ambiente político, suscitando el apoyo de sectores progresistas, militantes del Movimiento por los Derechos Humanos, trabajadores de la cultura, obreros y empleados, pequeños y medianos empresarios, estudiantes y núcleos juveniles que, luego de haber esperado el regreso de Perón y la propuesta de un movimiento nacinal y popular, ante las indefiniciones de sus candidatos (Cámpora-Solano Lima) se volcaban a rodear cálidamente, con numerosa presencia y entusiasmo, las reuniones, actos y concentraciones públicas de la Alianza. Sin duda, allí se atrajo a la lucha revolucionaria, dentro de lo institucional, no subversiva, a sectores que luego pasarían a nutrir las filas de ese Partido Intransigente, constituido sobre la estructura formal de la vieja UCRI, dándole nuevo contenido ideológico y formas de acción innovadoras del estilo liberal clásico.

 

 

El 11 de marzo de 1973 triunfó Cámpora y su llegada al poder provó fervor y esperanza en quienes habían votado el slogan "Cámpora al gobierno, Perón al poder". El General, desde España, hizo llegar sus propósitos de regresar a la Argentina y desde aquí apoyar la consolidación del gobierno, propiciando encuentros frecuentes con sus antiguos adversarios políticos para "vigilar, todos juntos y al estilo de un Consejo de Ancianos la acción en pos de la recuperación nacional y el bienestar del pueblo". En tanto, él se reservaba el rol de emisario ante los gobiernos latinoamericanos para un esfuerzo común por la independencia de sus pueblos". Estas palabras fueron dichas a Alende por José B. Gelbard, ministro de Economía de Cámpora, como mensaje enviado por Perón. Fuí testigo de la conversación pues había acompañado al Presidente del PI al domicilio de Gelbard, en el barrio de Belgrano.



Es posible que esas expresiones fueran la real intención de Perón. Pero a los pocos meses de asumir Cámpora, el ala derecha del peronismo, fuerzas económicas y aliados políticos preocupados por algunas medidas y varias presencias en el gabinete nacional que revelaban el inicio de un movimiento liberador y hacia el socialismo, comenzaron a ejecutar un plan reaccionario, conservador y represor. Acudieron entonces a su tabla de salvación : elevar a Perón a la presidencia de la Nación y copar el poder, rodeándolo y condicionándolo. Forzaron la renuncia de Cámpora y de Solano Lima y el 13 de julio de 1973 asumió el poder interinamente Raúl Lastiri (yerno de José López Rega, de triste recuerdo como inspirador de la represión popular y protagonista del aislamiento a que fue llevado el jefe del peronismo).

Perón había regresado el 20 de junio de ese año. En las cercanías del aeropuerto de Ezeiza hubo un feroz enfrentamiento armado entre sectores de la derecha y la izquierda peronista, políticos y gremialistas, grupos parapoliciales y terroristas. La violencia pasó a dominar la vida diaria del país. En ese clima, se llamó a elecciones para el 23 de septiembre de ese año.

Sobre la integración de la fórmula JUAN PERÓN - ISABEL MARTINEZ DE PERÓN presencié dos entrevistas del Dr. Alende, a quién acompañé en mi condición de Presidente del Bloque de Dipu tados Nacionales. En la primera de ellas el general Perón señaló que la fórmula que él encabezaría debía contar con un Vice con poder y prestigio político, sustentado por una fuerza política organizada y con trayectoria que el peronismo respetara cuando ocurriera su muerte. Informó en esa reunión que su salud era muy precaria y había que esperar cualquier complicación, por eso había pensado en Ricardo Balbín como garantía para sucederlo y evitar el caos. Pero ya conocía que el radicalismo no daba su conformidad. Continuó Perón el análisis : el Vice no podía ser un hombre del Movimiento pues la lucha interna sería cruel y generalizada. Tampoco había posibilidad de que lo acompañara un jefe militar, dado que las fuerzas armadas eran profundamente antiperonistas y atacarían tal solución, llevando las cosas al borde de quebrantar el órden constitucional. Y abordó el entonces rumoreado proyecto de que lo acompañara su esposa como Vice. "No creo que ella esté en condiciones de suplir mi ausencia ni esté en condiciones de gobernar, pero algunos presionan para designarla candidata..." . Perón estaba muy preocupado por el tema, inseguro y sin salida. La presión del círculo aúlico lo venció y en el Congreso del Partido Justicialista, sin su presencia, nominaron a Isabel Perón.

Pocos días después con motivo de una ronda de consultas a partidos políticos y a los bloques de legisladores nacionales, concurrimos con Alende al despacho del Comandante en Jefe del Ejército, Teniente General Carcagno. Nos expuso la gravedad del problema en términos muy parecidos a los dichos por Perón, pero agregó : "Perón tiene muy pocos meses de vida...No hay tiempo para intentar algo que permita una sucesión ordenada y pacífica" . Nos interrogó sobre la previsible actitud del PI frente al comicio ya convocado para el 23 de septiembre de 1973 y Alende respondió : 1º) Seríamos prescindentes en la integración de la fórmula presidencial. 2º) No difilcutaríamos que la elección consagrara, formalmente, a quien era el verdadero candidato votado en Marzo. 3º)Ante la eventualidad de una crisis política, al fallecer Perón, era necesario prevenir el conflicto con el juego pleno de las instituciones, el respeto de todos los habitantes y la vigencia de sus garantías.

Así las cosas, la fórmula fue PERON-PERON y resultó consagrada en el comicio del 23 de septiembre de 1973, asumiendo los cargos el 12 de octubre siguiente.

En los últimos meses de ese año el Presidente Perón concurrió a entrevistar a los legisladores, fuera de todo protocolo, y por ende fuera del recinto de sesiones. La Presidencia de la Cámara nos avisó a quienes estábamos en el edificio. Asistí al Salón de Pasos Perdidos y le escuché reiterar sus propósitos de intercambiar opiniones y puntos de vista, en forma directa, para elaborar planes de acción, definir el perfil de un "Modelo Nacional" que se sujetaría a la decisión legislativa y recibir él directamente las críticas a la gestión de su gobierno.

Perón mostró un trato sereno, cálido, sin asumir papeles o actitudes de preponderancia personal o de mentor del grupo. Quedó sellada la promesa de mantener el diálogo al comenzar las sesiones de 1974. A pesar de todo eso, nuestro bloque parlamentario continuó la tarea afirmando la identidad política en la acción y en la orientación ideológica de sus proyectos, con la participación en todos los debates y dictámenes de comisión.

 

Los Diputados Nacionales (Arana, Lorences, Marino, Musacchio y Portero), con la ayuda valiosa del Secretario Legislativo del Bloque, Nicéforo Castellano y la dedicada y prolija labor del secretario Administrativo, Juan Carlos Busnelli, asumimos la tarea de apoyar al Partido con dedicación absoluta. Actuábamos como organizadores en distritos aún sin pesonería jurídica, o a veces como Interventores en los ya reconocidos, en mesas redondas, actos públicos, giras, entrevistas periódisticas, en contacto permanente con los más diversos sectores, a lo largo de todo el territorio nacional. Y utilizamos la resonancia que se logra, desde el medio parlamentario para presentar la figura y las opiniones del Presidente del Partido. Además en conjunto con los legisladores provinciales de Buenos Aires, hicimos un aporte mensual (descontado por la Tesorería de cada Cámara) para constituir un fondo de financiación de las giras y formas de difusión de las actividades y pensamiento de Alende, equivalente al importe de la dieta y gastos de representación de un Diputado Nacional. Para costear las giras partidarias dispuse de la totalidad de la partida para Gastos Reservados que me asignó la Cámara como Presidente de Bloque. A esos ingresos la Tesorería también sumaba los fondos retenidos sobre nuestras remuneraciones en el porcentaje establecido por las Cartas Orgánicas Nacional y Provincial. Los Senadores provinciales eran : Josefina M. de Herrera, Becerra y Prado, los Diputados: Legarreta, Bakirdjián, Vega, Introna, David Sago y Mileo.



Con tan escasos medios materiales y reducido núcleo de actores pudimos mantener vigente al PI en la opinión pública y sostener la acción de dirigentes y militantes, en una complementación armónica y disciplinada. Fue muy importante la labor de los colaboradores, casi todos honorarios, desde el rol de asesores hasta los encargados de la correspondencia partidaria. Recuerdo a Susana Pérez Gallart, dedicada a las relaciones con otras fuerzas políticas afines y delegada ante la Asamblea Permanente de Defensa de los Derechos Humanos, a Diego May Zubiría, Jaime Yankelevich Patin, Nélida Cortés, Lisandro Viale, Delfor Caressi, Carlos Cilleros, Luis Másperi, Claudio Saloj, Fayiz Sago, Mario Vega, Josefina Herrera, Martha Mercader, Carlos Chagallj, Roberto Policastro, Carlos Díaz, Darío Díaz, Felix Cayuso, Marcelo Arabolaza, Orestes Introna, Roberto Bakirdjián, Juan Carlo Manes, José Jaritonsky, José Lépori, Enrique Goya, Bernardo Galkin, Aquiles Guastavino, Alfredo Galetti, Roberto Poggi, Miguel Angel Giasona, Mónica y Yani Jaritonsky, Alfredo Villar, Carlos Guitler y Jorge Martínez.

El Partido profundizó su doctrina. Recibió las ideas de quienes procuraban definir las vías hacia el socialismo, convencidos de que el esquema económico liberal ahondaba la dependencia de los paises de centro y marginaba del poder político a las mayorías populares. Se despojó de reservas formales y marcó una apertura a las jóvenes generaciones. En un documento titulado "APORTES PARA EL PROYECTO NACIONAL", la Convención Nacional aprobó el 13 de diciembre de 1975 un punto de partida metodológico para construir una sociedad mas justa en un país independiente. Planteó así la convocatoria haciendo posible que el PI adoptara las definiciones y la fisonomía de un partido nuevo, fiel a sus raices, pero apto para responder a la temática contemporánea.

Perón había muerto el 1º de julio de 1974. El gobierno de Isabel Perón mostró un signo reaccionario al servicio de la concepción antipopular y conservadora, con personajes gravitantes como Lopez Rega y una notoria influencia interna y externa de intereses económicos y culturales antinacionales. Se persiguió a militantes políticos, gremialistas, universitarios, pensadores y periodistas identificados con la Revolución Nacional y Social. Fueron frecuentes los asesinatos y desapariciones con aquella motivación.

El ciclo se cerró el 24 de marzo de 1976 con un golpe militar ejecutado por los comandantes de las fuerzas armadas que había nombrado la Presidente, ahora destituida y encarcelada. Se entronizó sin máscara alguna una política económica liberal personificada por José Alfredo Martinez de Hoz y sustentada por el poder militar. Se prohibieron las actividades políticas y la represión fue brutal.

Contemporáneamente la guerrilla subversiva recrudeció en sus atentados.

 

 



En esos años de horror la conducción intransigente se mantuvo resistiendo en la ilegalidad. Se acudió a reuniones periódicas con el viejo pretexto de estudios, conferencias, celebraciones diversas y creación de fundaciones y centros de investigación. A veces se imprimieron boletines, repartidos de mano en mano, con información y orientación sumaria para esclarecer a los principales dirigentes y cuadros del Partido, como la titulada "Carta a mis compatriotas" firmada por Alende.

Durante todo el llamado "Proceso de Reorganización Nacional" los militares de turno implantaron una dictadura que atacó al campo popular. Sus métodos y responsabilidad criminal quedaron, años después, probados en el informe de la CONADEP, titulado "NUNCA MÁS". Pero en aquel lapso (1976 - 1983) fue necesaria la acción intensa, concertada, de muchos sectores sociales y en primer término los políticos, a pesar de la prohibición de sus actividades y la clausura de los locales partidarios.

Alende, incansable, tenía encuentros diarios, giras al interior, intervención en mesas redondas convocadas con el pretexto de temas económicos, internacionales y hasta científicos. Todo era buen pretexto para encubrir la resistencia cívica que buscaba condicionar al régimen militar y obligarlo a la salida institucional. Era el difícil camino, alejado igualmente del terrorismo y la subversión, recorrido con la predica personal y, alunas veces, con la edición de algun folleto.

En otro plano habíamos regularizado los contactos con dirigentes de otras fuerzas para acopiar información y concretar actividades. Semanalmente nos reuníamos en la casa del Dr. Alfonsín, en plena Avenida Sta. Fe, de la Capital, dueño de casa, Germán López, Conrado Storani, el Comodoro (R)Vaccay y Jorge Roulet, del radicalismo; Enrique de Vedia, Salvador Busacca, Carlos Auyero y Jorge Gualco, de la Democracia Cristiana; el Coronel (R) Juan Jaime Cesio, Tomás Arana, Vicente Musacchio, Nicéforo Castellano y Héctor Portero del Partido Intransigente y, en forma aislada, casi fugaz, algunos dirigentes peronistas. Allí llegaban muchas denuncias sobre detenciones ilegales, secuestros y torturas, que procurábamos plantear en la justicia o recabar información, con el consiguiente reclamo, en el Ministerio del Interior y la Policía Federal. Asumíamos un riesgo cierto, sometidos a permanente vigilancia, teléfonos "pinchados" y continuas amenazas. En aquellos encuentros se decantaban las coincidencias mínimas que permitirían presentar un reclamo uniforme y conjunto desde campo político, y los asistentes nos comprometíamos a su análisis ante las máximas dirigencias de la respectiva fuerza.

El mismo grupo, sin proponérselo inicialmente, propició un acercamiento a la editorial "El Cid Editor", de Eduardo Varela Cid, que hizo posible la publicación de libros tales como "El Ocaso del Proceso", con trabajos de Alende, Conrado Storani y Nestor Vicente; "Juicio de Residencia a Martinez de Hoz" con la autoría de Alende, Carlos Emérito Gonzalez, Aldo Ferrer, Antonio Cafiero y Adolfo Silenzi de Stagni; "La Reconstrucción de la Democracia" con opiniones de Carlos Zaffore, Francisco Cerro, Federico Robledo, Oscar Albrieu, Antonio Tróccoli, Pablo Gonzalez Bergés, Salvador Busacca y Hector Portero, con nuestra categórica oposición a cualquier tipo de salida "acordada" con el régimen militar. Se editaron también fascículos sobre "Constitucíon Nacional", con comentarios de Italo Luder y Jorge Vanossi; "Los Golpes de Estado", "El Parlamento", "Los Imperialismos", "El Establishment", "Norte - Sur" y "La Propuesta Intransigente".

Capítulo aparte merece el protagonismo de Rafael Marino en la investigación de las atrocidades cometidas por la Junta Militar, sus fuerzas, y funcionarios del gobierno, en materia de Derechos Humanos. Dió protección, ayuda económica y patrocinio letrado gratuito a las víctimas y sus familiares. Su estudio jurídico, en la Avenida Córdoba de la Capital, estuvo siempre abierto a quienes buscaban defender sus derechos esenciales sin preguntarles ideología o militancia, jamás abandonó a nadie a su suerte. En esa abnegada tarea arriesgó su vida y su libertad muchas veces. Además encontró tiempo para recorrer el país fortaleciendo la organización y prédica del Partido Intransigente, en íntima colaboración con los grupos juveniles más avanzados.




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