Les chants



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Kortesía de vuestro Aethyr Sergio^_^ visita y dime algo akí: http://www.zonalibre.org/blog/dedosdisparados/
LES CHANTS

Du

MALDOROR

PAR

LE COMTE DE LAUTRÉAMONT


(CHANTS 1, II III, IV, V, VI)

PARIS ET BRUXELLES

EN \TENTE CHEZ TOUS LES LIBRAIRES

1874


CRONOLOGIA
1846 Nace en Montevideo, el 4 de abril, Isidore Ducas­se, hijo del diplomático francés Francois Ducasse, destinado en el Consulado de Francia en la capital de Uruguay.

1859/62 Isidore Ducasse cursa estudios en el Liceo Impe­rial de Tarbes (Francia).

1863/65 Continúa sus estudios en el Liceo Imperial de Pau.

1867 Fija su residencia en Paris.

1868 Aparece en agosto, publicado a cuenta del autor-pero anónimamente- el Canto primero de su gran poema en prosa Cantos de Maldoror.

1869 Ducasse edita la versión completa de sus Cantos de Maldoror, firmada bajo el pseudónimo de Con­de de Lautréamont, que se convertirá en su verda­dero nombre literario. una novela de Eugenio Sué llevaba por título Lautréamont, y había sido pu­blicada en 1838.) Sin embargo el volumen no se dis­tribuye en librerías.

1870 Edita bajo su verdadero nombre los dos fascículos titulados Poesías, con los que se propone iniciar un camino plenamente diferenciado y aparentemen­te contradictorio con su obra anterior. El primero de ellos fue presentado a censura en el Ministerio del Interior en el mes de abril y el segundo en ju­nio de este año, pero no fueron distribuidos. Tras la contienda Franco-Alemana los prusianos entran en París -tras su rendición- el 19 de septiembre. El 24 de noviembre muere Ducasse/Lautréamont en Montmartre, París.

1874 Reaparece en Bruselas la edición -no distribuida hasta entonces, posiblemente por razones de cen­sura- de 1869.

1919 Aparece la primera edición íntegra de Poesías en la revista francesa Littérature, a cargo de André Breton; su publicación en libro se producirá con un prefacio de otro fundador del surrealismo -Philippe Soupault- el siguiente año.

PRÓLOGO


NOTAS PARA UNA VIDA DE ISIDORO DUCHASE Y DE SUS ESCRITOS


Al señor Pascal Pia
El objeto de estas notas es separar la vida de Isidore Ducasse de las fábulas que la deforman e inclinan en diversos sentidos la lectura de sus obras. En cabeza de estas notas -porque resumen sus descubrimientos o se confunden con ellas- es preciso rendir homenaje a un pequeño número de estudiosos que, desde hace casi cien años, han contribuido a la identificación de Isidore Ducasse y a la salvaguarda de sus escritos.

El primero de ellos es Auguste Poulet-Malassis. Re­fugiado en Bruselas desde 1864 y dedicado al comer­cio de libros clandestinos, el compañero de Baudelaire ha mantenido para su clientela, principalmente pari­siense, un «Boletín trimestral de las publicaciones pro­hibidas en Francia, impresas en el extranjero». En su boletín n0 7, del 23 de octubre de 1869, anuncia la pu­blicación de los Cantos de Maldoror, por el conde de Lautréamont (Cantos 1, II, III, IV, Y; VI), impresos en Bruselas por Lacroix y Verboeckhoven. Nuestra edi­ción reproduce, a manera de prefacio, esa noticia que revela el nombre del autor de los Cantos y coloca su obra al lado de las de Madame Bovary y Las flores del Mal, a quienes no le ha faltado «el sacramento de la sexta cámara».

Al final del mismo boletín, Poulet-Malassis señala que «el impresor se ha negado, en el momento de po­nerlos en venta, a entregarle los Cantos de Maldoror». Puede creerse que no descuida las gestiones para que Lacroix y Verboeokhoven reconsideren su negativa, pues obtiene del último citado las tres cartas por las cuales Isidore Ducasse se informa de la aparición del libro. Esas cartas a Verboeckhoven, del 23 y del 27 de octubre de 1869 y del 21 de febrero de 1870, fueron insertadas en el ejemplar de los Cantos que estaba en la biblioteca de Poulet-Malassis (el ex-libris: «¡lo ten­go! A. P. M.» no deja ninguna duda a este respecto) y que se halla conservado en la biblioteca literaria Jac­ques Doucet.

Unos veinte años más tarde, en 1890, un joven edi­tor originario de Bélgica, Léon Oenonceaux, reimpri­me en París los Cantos de Maldoror. La introducción, firmada con sus iniciales y dedicada «a mi amigo Al­bert Lacroix» (el primer impresor del libro), rechaza la leyenda de la locura del poeta puesta en circulación por el artículo de Léon Bloy El Calabozo de Prome­teo, donde hace un esbozo de la vida de Isidore Du­casse. Desde entonces se conoce el lugar y la fecha de su muerte, descubierto por Léon Oenonceaux en la par­tida de defunción, y su obra se ve acrecentada por las dos cartas dirigidas al banquero Darasse: una, del 22 de mayo de 1869, citada en la introducción, y otra, del 12 de marzo de 1870, reproducida fuera de texto.

Después de esta publicación, Remy de Gourmont, entonces bibliotecario de la Biblioteca Nacional, hace aparecer en el número del Mercure de France de febrero de 1891, bajo el título de «La literatura Maldoror» el resultado de sus investigaciones sobre la obra de Isi­dore Ducasse. A él se le deben estas apreciadas indica­ciones bibliográficas:
1. LOS CANTOS DE MALDOROR. Canto pri­mero. Por... -París, imp. de Balitout, Questroy et Cje, 7, rue Bailhf Agosto de 1868. - En 8. a algo grande de 32 páginas con cubierta verde claro (precio: 30 céntimos).

2. POESÍAS (par) Isidore Ducasse. 1-II -París, diarios políticos y literarios. Librería Gabrie, 25 pasa­je Verdeau. 1870. Imp. de Balitout, Questroy et Cie, 7, rue Baill¡f - Dos fascículos de 16 páginas, en 8.0 algo grande con cubierta salmón muy claro.

Remy de Gourmont descubre por otra parte las prin­cipales variantes que existen entre el texto del Canto Primero de Maldoror, publicado en París, sin nom­bre de autor, en agosto de 1868, y el texto de la obra completa, impreso el año siguiente en Bruselas. Por úl­timo, en el mismo número de la revista, da una doce­na de fragmentos de las Poesías 1 y IL

Tras citar Remy de Gourmont en su artículo la fe­cha de nacimiento de Isidore Ducasse (1850) indicada por Léon Genonceaux, el Mercure de France recibe, de un tío del poeta, un extracto de la partida de naci­miento, que aparece en el número de noviembre de 1891: se sabe desde entonces que el autor de los Can-tos nació en Montevideo el 4 de abril de 1846.

Durante los treinta años que siguieron, y a pesar de estar de moda Maldoror entre los jóvenes inmediatos de la generación simbolista (Alfred Jarry, Léon-Paul Fargue, Valery Larbaud, etc.), el estado de las investi­gaciones sobre la vida de Isidore Ducasse permanece estacionaria, y sus Poesías -cuyo único ejemplar co­nocido se halla en la Biblioteca Nacional- no son de nuevo impresas. Sin embargo, Bertrand Guégan deci­de citar numerosos párrafos de ellas en el Armoire de citronier, almanaque para el año 1919, acabado de im­primir «el primer día del año 1 de la Sociedad de Na­ciones». Algunos meses más tarde el texto íntegro de los dos fascículos se reproduce en los números 2 y 3 (abril y mayo de 1919) de la revista Littérature, prece­dido por una nota de André Breton.

Encomiada por los dadaístas y por los surrealistas, la obra de Isidore Ducasse se pone al alcance de los lectores gracias a las numerosas ediciones de los Cantos y de las Poesías que, a manera de prefacio, repro­ducen o comentan los artículos de Léon Genonceaux y de Remy de Gourmont.

A continuación de una edición nueva de las Poesías, presentado por Philippe Soupault, aparece, en las edi­ciones de Hautes Pyrénées de la Dépéche de Toulosse del 5 de marzo de 1923, un «Carnet del Curioso», fir­mado por el «Aficionado de las Medallas» (se trataba de Fracois Alicot, corresponsal en Tarbes de ese dia­rio), el cual publica por primera vez el certificado de defunción de Isidore Ducasse, y descubre la presencia de éste en el liceo de Tarbes entre 1859 y 1862. Este descubrimiento rectifica la biografía del poeta que, se­gún Léon Genonceaux, no había llegado a Francia has­ta 1867.

Bajo el título de «Cartas del conde de Lautréamont», las tres cartas de Isidore Ducasse a Verboeckhoven, in­sertan por Poulet-Malassis en su ejemplar de los Can-tos (entonces recientemente entregado al modista bi­bliófilo Jacques Doucet por el librero Camille Bloch), aparecen en el número 10 de Littérature, nueva serie, el 1.0 de mayo de 1923. Una breve nota de Paul Eluard les acompaña, aunque el nombre del destinatario es omitido y nada denuncia de donde provienen.

En 1925, los uruguayos Gervasio y Alvaro Guillot Muñoz publican un pequeño libro que reúne dos estu­dios, Lautréamont y Laforgue, en la «Colección France-Amérique» de Montevideo. La parte positiva del artículo sobre Lautréamont es el texto, traducido del español, de la partida de bautismo de Isidore Du­casse, y un cuadro de la vida montevideana hacia la mitad del siglo pasado. Del poeta hay muy pocas co­sas más, aunque sí diversas anécdotas de su padre, Francois Ducasse, canciller en el Consulado General de Francia en Montevideo, recogidas por los herma­nos Guillot Muñoz de boca de algunos amigos super­vivientes. Según ellos, Francois Ducasse era un hom­bre conocido en la sociedad montevideana y ameniza­ba la crónica social representando el papel de dandy, y gastaba mucho dinero en sus placeres y en el tren de vida de la casa. «Coleccionista de muchachas de tea­tro», había tenido, entre otras queridas, a la actriz bra­sileña Rosario de Toledo, a la que abandonó al cabo de menos de un año, tras habérsela quitado a un ena­morado inglés, que murió poco después en estado de alienación mental.

Al margen de estas extravagancias, Francois Ducas­se tenía una reputación de hombre de talento, muy ins­truido. Al término de un largo viaje de estudios por «las regiones vecinas del trópico de Capricornio», es­cribió un libro sobre «las civilizaciones precolombinas de las tribus guaraníes», pero el amigo a quien había confiado el manuscrito fue asesinado por los contra­bandistas brasileños, que lo quemaron. Hacia el final de su vida, Francois Ducasse se arruinó al fundar una escuela de lengua francesa en donde él explicaba un cur­so de filosofía basado en el positivismo de Augusto Comte y en las ideas morales de Edgar Quinet. Según los mismos testimonios, Francois Ducasse murió en 1887, en «la más completa indigencia».

El hecho de que estos episodios de la vida de Fran­cois Ducasse hayan sido a menudo reproducidos y co­mentados por los biógrafos del poeta, se debe a que ilustran la «extravagancia» que Isidore Ducasse le re­procha a su padre en una de las cartas al banquero Da rasse. Sin embargo, poco después de aparecer la obra de los hermanos Guillot Muñoz, el escritor argentino Eduardo Montagne dio a conocer inverosímilmente al­gunos de esos episodios al publicar en la revista Él Ho­garde Buenos Aires una interesante carta de su tío Pru­dencio Montagne, que salió de Francia y fue a parar a Montevideo, en donde mantuvo amistad con Fran­cois Ducasse, al que conoció y frecuentó desde su ju­ventud. Destaca en esta carta que los escritos del can­ciller sobre las civilizaciones precolombinas son por lo menos hipotéticos (precursor del incaismo, Prudencio Montagne se extraña con toda razón de no haber sabi­do nunca nada) y gratuita la hipótesis de su final mise­rable: Francois Ducasse murió no en la indigencia, si­no en un hotel de primera clase, con una sólida cuenta en el banco y rodeado de todos los cuidados. En cam­bio, este testigo confirma la existencia de la biblioteca del canciller, en donde figuraban los principales clási­cos de la literatura francesa.

Con la ayuda de los recuerdos de Prudencio Mon­tagne, y continuando las pacientes investigaciones, cu­yos primeros resultados habían aparecido en la Dépé­che de Toulouse, Francois Alicot publica en el Mercu­re de France del 1.0 de enero de 1928 un nuevo artícu­lo, «A propósito de los Cantos de Maldoror. El ver­dadero rostro de Lautréamont», que da la cifra de la fortuna de Francois Ducasse, según su testamento oló­grafo, y no deja ya dudas sobre el buen estado de los asuntos del canciller. Pero esto no es más que un as­pecto de este notable artículo, que aporta estos dos pun­tos capitales:
1. La familia de Isidore Ducasse.-Francois Ah­cot ha encontrado las fechas y lugares de nacimiento de Francois Ducasse y de su esposa Jacquette Célesti­ne Davezac, uno y otra de la región de Tarbes, y con una parentela numerosa en ella, lo que explica la estan­cia del poeta en el liceo de esta ciudad de 1895 a 1862.

2. La presencia de Isidore Ducasse, entre 1862 y 1864 en el liceo de Pau -Francois Alicot ha consulta­do la lista de alumnos premiados del liceo de Pau, de la misma manera que consultó, años más tarde, la del liceo de Tarbes. Por otra parte, ha encontrado e inte­rrogado a Paul Lespes, condiscípulo de Isidore Ducasse en Pau, y objeto de una de las dedicatorias de las Poe­sías. Testimonio capital, pues es el único que emana de una persona que ha visto a diario, durante dos años de su breve existencia, al autor de los Cantos de Maldoror.

Después de las de Francois Alicot, la más importan­te contribución al conocimiento de Isidore Ducasse es la publicación por Kurt Muller, en el número 12-13 de la revista Minotaure (mayo de 1939), de «Documen­tos inéditos sobre el conde de Lautréamont y su obra». Emprendidas a partir de las dedicatorias citadas al co­mienzo de Poesías 1 y de las obras y periódicos anun­ciados en segundo plano de la cubierta de Poesías 1, las investigaciones de Kurt Muller ponen al día nume­rosos datos bibliográficos y críticos, que sitúan a Isi­dore Ducasse en la vida literaria de su época. Resalta de esos documentos que el poeta había tenido relacio­nes y tal vez amistades no solamente en París, sino en Burdeos: en 1869, un cierto Evaristo Carrance publi­caba en esta ciudad, bajo el título de Perfumes del al­ma, un cuaderno de textos poéticos que comprendían el Canto Primero de Maldoror. Este hallazgo y algu­nos otros, menos probables pero muy excitantes, así como la reproducción de la noticia de Poulet-Malassis sobre la edición completa de los Cantos, hacen lamen­tar vivamente que Kurt Muller no haya hecho apare­cer la continuación o el total de sus notables investigaciones.

En Montevideo, las búsquedas de los hermanos Gui­llot Muñoz y de Eduardo Montagne, han sido prose­guidas por Pichon-Riviére, médico psiquiatra de Bue­nos Aires. Pichon-Riviére ha publicado en la Revista de Psicoanálisis, número 4, 1947, un estudio en el cual -según Marcel Jean y Arpad Mezei, que citan extrac­tos de él en Genése de la Pensée Moderne (París, Co­rrea, 1950)- «insiste sobre la atmósfera siniestra que rodea, no solamente la obra, sino la vida misma de Du­casse y hasta el destino de aquellos que se le acercaron más o menos directamente». Parece ser que Pichon­Riviére ha encontrado en Montevideo la fecha del ma­trimonio de los padres de Isidore Ducasse y de la muerte de su madre. Pero lo que se deduce, con toda evidencia, concierne menos a la vida del poeta que a su leyenda: cuatro casos de alienación mental, dos sui­cidios y un asesinato, tal es, después de este artículo, el balance de la especie de maldición que pesa sobre las gentes que se han aproximado al cantor de Maído­ror o han querido penetrar el misterio de su existencia. La inconsecuencia y la dureza del padre, que han si­do generalmente incriminadas por los biógrafos, se co­nocen gracias a Claude Pichois por haber tomado de la correspondencia política, en el ministerio de Asun­tos Extranjeros, todo lo que se relaciona con Francois Ducasse, empleado y luego canciller en el Consulado General de Francia en Montevideo. Ingeniosamente amalgamada a la de la República Oriental de Uruguay entre 1845 y 1870, la historia de esta carrera modelo apareció en el número de abril-junio de 1957 de la Re­vista di letterature moderne e comparate, publicada en Florencia, bajo el título «Garibaldi et Lautréamont». A través de los documentos expuestos en este estudio, Francois Ducasse aparece como un honesto funciona­rio, no desprovisto de inteligencia y de audacia, y muy absorbido por su empleo: un hombre valeroso, sin nin­guna duda, tan alejado de Maldoror como de la enga­ñosa literatura que, a veces, se superpone a la de su retoño.

Discúlpeseme la sequedad de estas referencias a los trabajos de los que provienen la mayor parte de los da-tos utilizados en las notas siguientes, que no son más que un primer esbozo de biografía crítica. Ante la mo­destia del resultado, se ruega no perder de vista que únicamente han sido registrados los hechos verificados -en el caso de testigos desaparecidos y de documen­tos fuera de alcance- o señalados por los investiga­dores más dignos de crédito. Igualmente se ha regis­trado un pequeño número de hipótesis plausibles o lle­nas de sentido. Ellas serán invalidadas, confirmadas o rectificadas por los descubrimientos futuros que, es de desear, no faltarán para llenar las numerosas lagu­nas, y hacer que caduque esta breve recapitulación de lo que se sabe de la vida de Isidore Ducasse y de sus escritos.
I
Los padres de Isidore Ducasse son ambos origina­rios del cantón de Tarbes-Nord. Su padre, Francois Ducasse, nació en Bazet el 12 de marzo de 1809, hijo de Louis Ducasse, llamado Met­tre, agricultor propietario, y de Marthe Damaré, su es­posa. Era el cuarto hijo de la familia, que se compo­nía de ocho, dos de los cuales por lo menos tuvieron relación con Isidore Ducasse: Marc, el primogénito, que acogería a su sobrino durante las vacaciones escolares, después de su estancia en los liceos de Tarbes y Pau, y Bernard Lucien, el séptimo, cuyo nombre figura en calidad de padrino en el acta de bautismo de Isidore Lucien Ducasse, en Montevideo.

La comuna de Bazet se halla a unos 5 km. de Tar­ bes. La casa natal de Francois Ducasse estaba situada en la cabeza del partido, en la calle Marquedessus o Meridional. Sobre el emplazamiento de esta casa se construyó la que habita hoy el señor Marcel Guinle, secretario del ayuntamiento de Bazet y primo nieto de Isidore Ducasse (su tía abuela materná, Jeanne Ducas­se, era la propia hermana del canciller).

Francois Ducasse hizo estudios primarios superiores e. ingresó en la enseñanza pública. En 1837, 1838 y 1839 fue profesor en Sarniguet, comuna situada en el extre­mo del cantón Tarbes-Nord, donde es al mismo tiem­po secretario del ayuntamiento. Este dato proviene de Francois Alicot, que ha visto las actas del estado civil «debajo de las cuales ha puesto lentamente su com­plicada firma».

Es allí donde Francois Ducasse conoce a su futura esposa, Jacquette Célestine Davezac, nacida en Sarni­guet el 19 de mayo de 1821 (sólo figura el nombre de Jacquette en el registro del estado civil), hija de Domi­nique Davezac, agricultor propietario, y de Marie Bé­douret, llamada Sanset, su esposa.

Se ha buscado en vano en los registros del estado ci­vil de Bazet y de Sarniguet el acta de matrimonio de Francois Ducasse y Jacquette Davezac. Según Pichon­Riviere, «sólo llevaban casados dos meses cuando na­ció Isidore», lo que sitúa su unión en enero o febrero de 1846. En el intervalo, como muchos otros de sus compatriotas, el matrimonio Ducasse llega a Monte­video. (En el siglo pasado, muchos habitantes de Bi­gorre y de Béarn llevaron a cabo una fuerte emigra­ción hacia la América latina, principalmente hacia Uruguay.)

No se sabe en qué fecha Francois Ducasse deja la enseñanza para ingresar como empleado en el Consu­lado General de Francia en Montevideo. Sin embar­go, cuando las tropas del dictador argentino Manuel Rosas sitian la ciudad y el barón Théodore Pichon, cón­sul de Francia, juzga prudente replegarse, la gerencia del Consulado queda asegurada por el canciller Mar­celin Demoix, que delega en Francois Ducasse para que le reemplace en su puesto. En su carta del 16 de junio de 1846 dirigida al ministro de Asuntos Exteriores, Marcelin Demoix justifica su iniciativa en estos térmi­nos: «El señor Ducasse, que trabaja desde hace algu­nos años en la cancillería como empleado, es un hom­bre de carácter dócil, uno de los que mejor conocen nuestra población, y tengo gran confianza en él; es fran­cés y reúne las condiciones necesarias». Se puede, por lo tanto, situar hacia 1840 la llegada de Francois Du­casse a Montevideo.

En cuanto a Jacquette Davezac, doce años menor que él, parece ser que se expatria para unirse o acom­pañar a algún pariente próximo establecido en esa ciu­dad. A este propósito, los hermanos Ouillot Muñoz, que han consultado en los archivos del Estado Mayor del ejército uruguayo la lista de los voluntarios fran­ceses que combatieron en 1847 al lado de los naciona­les, escriben esto: «La legión francesa (...) reunió en sus filas: Jean Davezac, tío de Lautréamont, Louis Laco­lley, abuelo de Jules Laforgue, y el suboficial Munyo, abuelo de Jules Supervielle». Aunque se ignora en qué se funda el aserto «tío de Lautréamont», no hay duda de que un Jean Davezac reside en Montevideo en la época en que Francois Ducasse se casa con Jacquette Davezac.

En lo que concierne a este matrimonio, y hasta un más amplio informe, hay que conformarse con la va­ga indicación, dada por Pichon-Riviére, de que los pa­dres de Isidore Ducasse. sólo llevaban casados dos me­ses cuando él nació. He aquí la copia del acta de naci­miento del poeta, realizada en el registro del estado ci­vil del Consulado General de Francia en Montevideo:


En el año mil ochocientos cuarenta y seis, y el cua­tro de abril a las doce horas, ante nosotros, Gerente del Consulado General de Francia en Montevideo, ha comparecido el señor Francois Ducasse, Canciller de­legado de este Consulado, de treinta y seis años de edad, el cual nos ha declarado el nacimiento de i'n hlio que nos ha presentado y que nosotros hemos reconocido ser de sexo masculino, nacido en Montevideo, hoy, a las nueve horas de la mañana, de él, declarante, y de la señora Célestine Jacquette Davezac, su esposa de veinticuatro años de edad, hijo del que ha declarado querer darles los nombres de Isidore Lucien. Las de­claraciones y presentaciones nos han sido hechas por él en presencia de los señores Eug~e Baudry, de treinta y dos años de edad, y Pierre Lafarge, de cuarenta y un años de edad, comercian tes franceses ambos, resi­dentes en Montevideo, que han firmado con el com­pareciente y nosotros, después de hecha la lectura.

Eugéne Baudry Pierre Lafarge Francois Ducasse

El Gerente del Consulado General de Francia

Marcelin Denoix

Es curioso que el bautismo de Isidore Ducasse se ce­lebrara diecinueve meses después de su nacimiento. Este retraso no habitual se explica de diversas formas: pre­caria salud del niño, indiferencia de los padres, o -esta hipótesis es la más verosímil- impedimentos a causa de la guerra y el estado de sitio. En funciones de canciller, Francois Ducasse estuvo llamado a resol­ver toda clase de problemas que el bloqueo argentino causó a las jurisdicciones francesas. Por otra parte, conservó el título y el empleo de canciller delegado has­ta la incorporación enjulio de 1847 del nuevo Cónsul General, Davaize, que lo restituye a su antiguo puesto.

El bautismo de Isidore Ducasse tiene lugar en la iglesia metropolitana de Montevideo, basilica menor de la Inmaculada Concepción y de los Santos Apóstoles San Felipe y Santiago -así lo atestigua, en el folio treinta y ocho del libro veintiséis de Bautismos de esa parro­quia, el acta siguiente:


En dieciséis de noviembre de mil ochocientos cua­renta y siete, yo, el infrascrito, Cura Vicario del Cor­dón y Coadjutor del Vicario Cura de esta Catedral, doctor José B. Lamas, bautizo solemnemente a Isido­ro Luciano, que nació el cuatro de abril del año pasa­do, hijo legítimo de Francisco Ducasse y de Celestina Jacquette Davezac, nacidos en Francia. Abuelos pa­ternos, Luis Bernardo y Marta Damaré, abuelos ma­ternos, Domingo y María Bédouret. Han sido padri­nos, Bernardo Luciano Ducasse, representado por Eugenio Baudry, y Eulalia Agregné de Baudry, a quie­nes instruyo. En fe de ello firmo *:

Santiago Estrezuelas y Falson


No se sabe nada de la infancia de Isidore Ducasse en Montevideo, es decir, de los trece primeros años de su vida. La leyenda del canciller Francois Ducasse, al­ternativamente fastuosa y siniestra, no deja a este res­pecto ninguna indicación que merezca la pena reseñar. Parece ser que Isidore se queda huérfano muy pronto. Su madre «murió -escribe Pichon-Riviére- un año y ocho meses después del nacimiento de su hijo. Fue enterrada sólo con el nombre de pila en una fosa co­mún. Gracias a diversas pesquisas he llegado a tener la certeza de que ella se suicidó». (La certeza del autor carece de pruebas y sólo se cita a título ilustrativo de un estado de espíritu).

Por el contrario, no faltan datos sobre los servicios de Francois Ducasse en el Consulado de Montevideo, que son de lo más honorables: cada vez que un primer canciller se retira por razones de salud, se confía a él la gerencia de la cancillería. Francois Ducasse sustitu­ye a Marcelin Denoix en dos ocasiones (junio de 1845 y septiembre de 1848) y a su sucesor Ladislas Cochet (julio de 1856), al cual reemplaza oficialmente el 28 de junio de 1856, fecha en que es nombrado canciller de primera clase.

A propósito de esta denominación, Claude Pichon cita un documento que da la más alta idea de Francois Ducasse, empleado entonces de la cancillería. Se trata de la carta que dirige el Cónsul General Martin Mai­llefer al conde Waleski, ministro de Asuntos Exterio­res, para presentar «los solícitos sentimientos que el nombramiento ha dictado al nuevo titular», y decirle de qué manera le parece meritoria su promoción: «Esos sentimientos de satisfacción y de gratitud, puedo afir­marlo, señor conde, han sido compartidos, no solamen­te por la población francesa, sino por todos los hábi­tantes de Montevideo que han tenido alguna relación con esta Cancillería. No comenzaré un elogio corona­do por un éxito tan halagador para mí mismo. No es ya a mi recomendado, es al emperador y a su digno ministro a quien seria preciso ahora elogiar, aunque el respeto imponga un freno a la expresión misma de reconocimientos. Añadiré solamente que la mía igua­la a la del señor Ducasse».

Ocho años después, cuando una delegación de la co­lonia francesa de Montevideo llega a expresarle el agra­decimiento de sus compatriotas por los servicios que les ha prestado, el mismo Martin Maillefer, en su res­puesta, no dejará de decir que ha sido ayudado «por el infatigable celo del señor Ducasse, canciller de este Consulado General».

Ese elogio constante de la docilidad, del ánimo, del celo infatigable de Francois Ducasse informa al mis­mo tiempo sobre la cualidad del hombre y sobre la im­portancia de su papel en Montevideo. Es poco proba­ble que se haya ocupado personalmente de la educa­ción de su hijo -existen grandes posibilidades de que fuera internado en un colegio o confiado a una fami­lia amiga-, pues Francois Ducasse, empleado o can­ciller, parece ser que estuvo siempre absorbido por su trabajo.

Trabajo de lo más pesado, si se juzga por el número de jurisdicciones del Consulado: en 1846, año del na­cimiento del poeta, el canciller Marcelin Denoix eva­lúa en 6.000 ó 7.000 la cifra de franceses, la mayor parte artesanos y comerciantes, establecidos en Montevideo. Trabajo peligroso y accidentado, por el hecho de que Uruguay es víctima de la guerra o de sus secuelas (sa­queos, hambres, epidemias) durante la mayor parte de la carrera de Francois Ducasse y -no se sabría insistir demasiado en este punto- durante toda la infancia de Isidore Ducasse en Montevideo.

Conviene recordar aquí las vicisitudes de su ciudad natal. Entre 1843 y 1851, Montevideo, «nueva Troya», tiene que sufrir el asedio de las tropas del dictador Ro­sas. La guerra con la Argentina cesa en 1852, pero la paz que sigue es muy relativa, pues en lo que se refiere a los años de la infancia del poeta, ha aquí los princi­pales acontecimientos que marcan la historia del Uru­guay y, ante todo, de su desdichada capital: pronun­ciamiento del general Pacheco en 1853, que obliga al presidente de la república a refugiarse en el Consula­do de Francia; insurrección en noviembre de 1855; su­blevación en febrero de 1856; y, en la primavera de 1857, epidemia de peste, de la cual escapa Francois Du­casse, al parecer, por muy poco (en una carta, del 5 de mayo, al ministro de Asuntos Extranjeros, Martin Maillefer tiene «el consuelo de poder anunciar que el se­ñor Ducasse, después de dos meses de ausencia está de regreso en el Consulado»). Por último, durante mu­chos años el país fue saqueado por las bandas armadas de los famosos «gauchos matreros».

Todo eso, e incluso la figura del canciller -ese «an­ciano» cuyo recuerdo se recomienda por sus obras-, se transparenta en la especie de curriculum vitae con que termina el Canto primero de Maldoror, y que cons­tituye, en verdad, el mejor testimonio sobre la infan­cia de Isidore Ducasse en Montevideo:


El final del siglo diecinueve verá a su poeta (...); na­ció en las costas americanas, en la desembocadura del Plata, allí donde dos pueblos, antaño rivales, se esfuer­zan actualmente en superarse por medio del progreso material y moral. Buenos Aires, la reina del sur, y Mon­tevideo, la coqueta, se tienden una mano amiga a tra­vés de las aguas plateadas del gran estuario. Pero la guerra eterna ha situado su imperio destructor sobre los campos y cosecha numerosas victimas. Adiós, an­ciano, y piensa en m4 si me has leído. Tu, muchacho, no te desesperes, pues tienes un amigo en el vampiro, aunque pienses lo contrario. Y contando con el acaro sarcoptes que produce la sarna, tendrás dos amigos.
II
Se sabe hoy que Isidore Ducasse viene por primera vez a Francia en 1859. Este descubrimiento ha sido he­cho por Francois Alicot, y el comentario que lo acom­paña merece ser citado: «Francois Ducasse, el «canci­ller», había vivido la vida de los emigrantes franceses, pero con esa obsesión sobre el país natal que hace que todos aquellos a quienes le ha sonreido la fortuna envíen a sus hijos, después de la primera comunión, a que hagan sus estudios en Francia».



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