Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan


XIV. Juanito: Una llamada al Padre



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XIV. Juanito: Una llamada al Padre

El objeto fóbico no es uno, son muchos. Tiende, mediante una especie de difusión, a pluralizarse siguiendo, podríamos decir, la líneas de una inducción significante, también podríamos decir simbólica, ya que entendemos lo simbólico en función del significante. En general parece que la fobia tiende a extenderse, como se ve, a los transportes en general, incluyendo los trenes y un viaje con el padre en tren. No cualquier objeto puede ser fóbico, tiene que estar en el campo de las vivencias reales del sujeto. Por eso podríamos decir que si uno vive en Barcelona no tendrá fobia a las ballenas, puesto que la fobia, en primer lugar, es una defensa contra un peligro. Lo que sucede, cuando el objeto fóbico se determina, es que el peligro se sitúa, de modo que el sujeto esta bien en cualquier parte, menos en una. Así no podría llegar a haber un objeto fóbico que no estuviera en el campo de las vivencias del sujeto.

Sobredeterminado quiere decir que responde en su constitución a líneas causales distintas, a diferentes causas.

El objeto fóbico viene a recubrir, simbolizándolo por medio de una analogía de sus propiedades, al padre, cuyo lugar viene a ocupar como una defensa contra la posibilidad de que no haya objeto. Es preferible un objeto temido a que no haya objeto alguno. Si el sujeto fuese devorado por la posición de la madre, no habría ningún objeto. El objeto fóbico seria la defensa contra esa devoración, defensa que consiste en ocupar el lugar de la falta de objeto.

Si ustedes quieren, podemos conectar esto con nuestra definición de pulsión, cuya falta de objeto estructural se vería redoblada por la devoración que resulta de la posición narcisista frente a la madre fálica. Todo eso el objeto fóbico simboliza. El objeto ocupa el lugar de un objeto que falta. Podríamos decir que el objeto que falta es el pene de la madre, el objeto fóbico se produce frente a la falta de pene en la madre y eso se acerca al objeto fetiche. La diferencia será que en el objeto fetiche el afecto es positivo (el objeto se erige como apto para el goce), mientras que en el objeto fóbico el afecto es negativo.

El objeto fetiche pertenece a la clase de los trapos, está dentro del circuito más estrecho de los usos del cuerpo. El modo de defensa constitutivo es la operación de repudio, la Verleugnung. El fetiche es sustituto de lo que no existe. La operación defensiva comprendería dos etapas simultaneas. La primera etapa seria la percepción de la falta -y aquí esta la ontica negativa-, porque percibir una falta implica la suposición de que tiene que estar el falo. La segunda etapa seria la negación de esa percepción. Aquí el sentido privilegiado es la vista, se trata de la mirada, hay miradas y escenas (positivización de un campo perceptivo visual). Diremos entonces que si la Verleugnung es el resultado del reconocimiento de la falta de pene, y el rechazo de ese reconocimiento, el resultado de esa operación, el trapo, contiene en si mismo esa doble operación. El objeto fetiche se constituye en una relación de antes a después en el tiempo y, de contigüidad en el espacio. El objeto que cae como objeto fetichista es lo que se vio antes de ver lo que ahí faltaba. El trapo elegido seria el ultimo antes de que se revele la carencia de pene. Es decir lo último que permite seguir manteniendo la creencia de que hay pene. Por ejemplo: la bombacha.

El objeto fóbico viene como respuesta a un enigma que no encuentra solución; lo que se llama relación incestuosa con la madre es, en verdad, el peligro de la devoración.

XV. Leonardo: La madre fálica

El doble es la castración, porque es la principal manera en que podría verse perturbada mi exigencia de unicidad de lo uno. Los dos modos principales de la castración serian la multiplicación del cuerpo despedazado y el otro igual a mí.

La madre fálica es el otro que sostiene la posición narcisista del sujeto. Es la madre en ausencia del padre.

XVI. El narcisismo y la pulsión

El concepto de narcisismo se analiza en la teoría psicoanalítica en relación con otros dos conceptos básicos. Uno, el concepto de falo; otro, el de agresividad. Cada uno de esos conceptos se podría decir que abre vertientes conceptuales o campos teóricos.

Una primera vertiente es la relación entre el narcisismo y el falo. Por este lado, el narcisismo se ubicara entonces en el campo de todas las "imaginerías" con las cuales el sujeto constituirá la idea que tiene de sí mismo. Entonces, hay que decir que el narcisismo es una identificación, algo que nos introducirá en un campo de imágenes. Y, hablando desde un punto de vista lacaniano, el narcisismo determina el nivel de lo imaginario; es el campo teórico de los objetos ilusorios. El narcisismo tiende a reificar la falta, por eso tiene que ver con la determinación de lo imaginario. Narcisismo, identificación y alienación son términos que pertenecen al mismo campo teórico y constituyen, a su vez, el campo de las defensas.

El concepto de pulsión de destrucción remite a lo que ocurre cuando el sujeto debe expulsar, en tanto quiere unificarse, la atomización originaria que sería el resultado de la pulsión de muerte. Por eso, la definición general de pulsión de muerte es la tendencia a la desunión de las partes. Entonces, habría como una tendencia fundamental a la desunión: el masoquismo primario como tendencia primaria a la destrucción. En la medida en que el sujeto se libidiniza, la expulsa.

Que la pulsión no sea el instinto quiere decir que cuando se trata de pulsión no hay relación de determinación con respecto al objeto. Mientras que cuando se trata de instinto, cualquiera que fuera la definición que diéramos de este término, es algo que tiene que ver con el desencadenamiento de mecanismos que pertenecen a la especie, que pueden ser estudiados en los individuos, en los grupos animales y también en conductas de grupo: algo que, una vez desencadenado, conduce al individuo, en el interior de la especie, hacia un objeto.

El objeto de la pulsión es lábil, el objeto es un objeto perdido; en todo caso debe ser reencontrado, pero nunca esta efectivamente ahí. O si se presenta, lo hace bajo formas raras como en el fetichismo o en las fobias.

La pulsión por definición es parcial. Las únicas pulsiones que Freud estudia son las pulsiones sexuales. El concepto de pulsión remite siempre a la sexualidad, y la pulsión parcial supone una teoría sobre la erogenizacion de ciertas zonas del cuerpo, así como, por otra parte, una teoría sobre lo que en psicoanálisis se llamo "la relación de objeto", vinculada con la teoría de las etapas del desarrollo de la libido.

Recordar que hay que distinguir entre las etapas del desarrollo del yo -autoerotismo, narcisismo, elección de objeto- de las etapas del desarrollo de la libido -oral, anal, fálica, periodo de latencia, genitalidad-. Hay un desfasaje, el sujeto está más adelantado en el nivel del narcisismo, es decir, en el nivel de la síntesis yoica, que en el de la síntesis que alcanza en el plano genital. Entonces responde a sus exigencias sintéticas con lo que puede. Responde de forma anal. Y como el culo es el lugar del sadismo para Freud, entonces el hombre es desde el origen malo. (En Lacan se leía la oposición entre: anticipación mental - inmadurez biológica, propia del estadio del espejo)

El yo está constituido pero el sujeto no esta genitalizado. El sujeto se enfrentara al objeto siempre con los elementos de que dispone. Sucede entonces que sintetiza atacando. (la otra cara del narcisismo: la agresividad)

El primer modelo del aparato psíquico que Freud tiene es el siguiente: el aparato psíquico es algo que está sometido a una exigencia de trabajo. Una pulsión es una exigencia de trabajo constante, de la cual no se puede huir. Lo que Freud llamo "principios" eran reguladores del aparato contra la exigencia de trabajo. En el segundo modelo, el principio regulador mismo se va confundir con una pulsión. Y, entonces, para decirlo simplemente, en lugar del regulador, del principio del placer, el sujeto, en verdad, tiende a suprimir toda excitación.

Al principio, el modelo de aparato psíquico que desarrolla Freud es el de un sistema que trata de regular las fuerzas, según un principio de homeóstasis, como esas válvulas que hay en las calderas que avisan cuando la presión sube mas allá de cierto limite, de modo que el aparato quede a salvo. Esto es el principio del placer en Freud.

En el último modelo pulsional, ocurre una cosa distinta. Tenéis las pulsiones de vida dotadas de energía que tienden a producir cosas. Y el regulador ahora es la pulsión de muerte. Pero la pulsión de muerte pretende reducir la tensión a cero. Por otra parte, Freud insiste en el texto en que la pulsión de muerte es el modelo de toda pulsión y que originariamente toda pulsión es la tendencia a cero.

Entonces, en el primer modelo lo difícil era justificar la existencia de lo desagradable. En el ultimo, lo raro, lo misterioso es que todavía haya energía, es decir, que todavía haya libido. Se termina el modelo de la homeostasis y el elemento regulador tiene ahora estatuto de pulsión. En el primer modelo había pulsiones y principio regulador; en el último modelo hay pulsiones y pulsiones.

La historia de las pulsiones tiene tres partes:

1. Pulsiones de auto-conservación y Pulsiones Sexuales. El texto es el de Tres ensayos. Pero este modelo no sirve para explicar el conflicto psíquico. Lo que preocupa a Freud es la explicación teórica del conflicto psíquico, donde lo que se juega es la determinación misma del concepto de sexualidad y la relación del goce con el saber. Pero no el conflicto en sentido general, sino pensado en función del objeto fundamental de la teoría: la relación del sujeto con el goce y la participación del saber en esa relación, a saber, la temática fálica.

El modelo del conflicto queda planteado en esta primera época entre los siguientes términos: "Yo" vs. "Sexualidad"; como si el aparato psíquico estuviera escindido en dos partes que no funcionaban bien conjuntamente. Por una parte, encontramos la descripción de estas dos tendencias generales -que el llamo pulsiones- de la vida psíquica, sexualidad y conservación. Y, por otro lado, la idea básica del yo defendiéndose de la sexualidad. El enemigo en el conflicto es la sexualidad. Pero no buscamos un saber sobre la sexualidad, sino la relación del saber con la sexualidad.



XVII. Las dificultades del narcisismo

Freud no va a introducir el concepto de narcisismo, sino que va a pensar con todos los medios que tiene a su alcance, para dar cuenta del concepto. Es una reflexión sobre el concepto y no una introducción al termino.

En las neurosis lo que se ve es la dificultad del sujeto con la libido objetal. Y es solamente cuando se descubre el campo abierto por las psicosis que se pone de manifiesto la retracción de la libido al yo.

Introversión significa para Freud el pasaje de la libido de los objetos reales a los objetos de la fantasía. No es la perdida de los objetos, sino la conservación de los objetos en la fantasía. Pertenece al cuadro de las neurosis.

En primer lugar habla ahora de una libido del yo. Pero, entonces, si el yo ahora esta libidinizado, quiere decir que el primer modelo pulsional se le viene a pique. Se le viene a pique porque en el primer modelo pulsional el yo era el centro de la pulsión de conservación. Ahora el yo mismo esta libidinizado. ¿Qué pasa? que la libido esta en todos lados. No se sostiene el dualismo pulsional: conservación vs. sexualidad.

Cuando se trata del gran dualismo pulsional, Freud es dualista, mientras que, cuando se trata de la genitalidad, niega que haya una pulsión genital y se torna extrañamente monista: solo hay un tipo de libido que es esencialmente masculina, también para la mujer. (Un mundo de mujeres masculinas)

Podríamos decir que el campo teórico tiene tres niveles, tres pisos ideológicamente importantísimos: 1. exigencia del dualismo para otorgar a lo sexual especificidad en tanto tal. 2. indagar sobre la articulación entre el saber y el goce. 3. solo hay una libido para los dos sexos.

En relación al modelo narcisista de elección de objeto, Freud enumera cuatro posibilidades: (Chico = Falo)

1. Elegir al objeto sobre el modelo de uno mismo, según el "yo ideal". 2. Elegir al objeto sobre el modelo de lo que uno fue para el Otro. Uno fue el falo faltante de la madre, es decir, el objeto absoluto del deseo de la madre. 3. Elegir al objeto sobre el modelo de lo que uno quisiera ser, según el "Ideal del Yo". 4. Elegir al objeto sobre el modelo de lo que fue una parte de sí mismo, lo que se perdió.

Hay dos direcciones. Desde el chico, lo que uno fue, es decir, el objeto absoluto del deseo de la madre. Desde la madre, una parte de uno mismo, es decir el hijo como a través de la equivalencia simbólica. No se está hablando de un sujeto, sino tratando de determinar un concepto que tiene más de un sujeto y comprende distintas direcciones.

La hipocondría para Freud es el máximo nivel de retracción de la libido al yo -muy grave porque el nivel de simbolización es el menor posible-. El sujeto no puede simbolizar sino el mínimo posible. En el mismo texto la compara con la megalomanía -el delirio de grandeza- como un intento de simbolizar, aun cuando toda la libido este puesta en el yo. Claro, en un caso, la libido vuelve al yo, pero queda capturada en el organismo; en el otro caso, al menos se simboliza algo. Esta es la idea más interesante. Para Freud la hipocondría seria la ultima retracción de la libido al yo, sin capacidad de simbolización.



XVIII. Valores Estéticos - Valores Éticos

Sobre la génesis del Superyó Freud dice que se constata en la observación de la vida del adulto la perdida de la megalomanía y la omnipotencia infantil, ¿Que sucedió con aquel narcisismo? ¿Qué será de esa libido yoica? ¿Habrá ido a parar al objeto? Pero la observación clínica nos demuestra lo contrario, porque el neurótico es neurótico precisamente porque no puede poner mucha libido en los objetos. Así pues, ¿Cuál ha sido el destino de esa libido narcisista? Bien, la libido constituyó lo que Freud llama el "ideal" del sujeto: el sujeto se idealiza a sí mismo. Pero cuando se constituye esa función del ideal, el sujeto se desdobla, dice Freud, porque al mismo tiempo sigue siendo un yo real. Se produce una idealización, pero el mismo sigue siendo ese individuo real de todos los días, de modo que se divide entre su ideal y su realidad. El sujeto observa su realidad y la compara con la imagen idealizada de sí mismo. Entonces podríamos decir lo siguiente: función del ideal, yo real, mas la instancia que los compara, todo ello constituye el superyó.

La función fundamental es la de resguardar la posición narcisista del sujeto. Si la función del ideal significa la permanencia en el adulto de la omnipotencia narcisista infantil, entonces la instancia comparadora que trabaja para la idealización, trabaja por el narcisismo.

El yo ideal, podríamos decir, representa el narcisismo, como en su estado bruto; tiene que ver con el doble, con la función del doble, con la relación con el otro en la medida en que está dotado de las mismas propiedades que reconozco en mi. El yo ideal es el otro que soy yo mismo; es el lugar donde la elaboración de la identificación deja al descubierto la mayor cantidad de agresión, por el problema del doble, pero también la seducción que el otro ejerce sobre mí. Es el estadio del espejo. El yo ideal tiene que ver con lo que yo era, en la mediad en que yo era el objeto deseado por mi madre. El objeto deseado por mi madre quiere decir, en verdad, que sus propiedades estaban determinadas por un discurso parental.

El ideal del yo tiene que ver con las identificaciones del sujeto en tanto que se apropia de emblemas, simplificaciones de valores sociales. Se identifica con lo que él se apropia esos emblemas sociales. Tiene una dimensión estética, me invisto con esos valores para "vestirme" con ellos. La función es apoyar las identificaciones secundarias, las del complejo de Edipo. El superyó es la apropiación de un valor, pero un valor que rige la acción, como una recomendación respecto a la acción (dimensión ética en juego). La identificación al ideal del yo es defensiva. Por ejemplo, en el caso de Leonardo, siendo homosexual, se identificaba en su ideal del yo a ciertos valores del padre. Pero esa identificación no es la sexual edipica, sino de otro tipo.

En el análisis se analizan esos emblemas como significantes y se descubre una trama de otro tipo. En primer lugar, para disolver la identificación nada mejor que analizar por el significante.



El superyó, cual defensa narcisista, sería una especie de regla kantiana: "actúa de tal manera que lo que hagas tenga que ver con que no haya perdida narcisista".




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