Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan


VIII. Paradojas del Superyó



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VIII. Paradojas del Superyó

El concepto nuevo producido por el desarrollo de la sexualidad en la mujer es la equivalencia simbólica: chico = falo. El concepto nuevo introducido y producido por el desarrollo de la sexualidad en el hombre es el superyó.

Freud dice que una vez producido el superyó se abandonan las catexias edipicas porque condicionan la castración, y el hombre conserva su pene, pone a salvo su pene. De ahí que superyó y narcisismo sean conceptos complementarios y correlativos, porque preservan al sujeto de la castración. El superyó es algo así como un vigilante al servicio del narcisismo del sujeto. Esto es lo que hay que tener siempre en cuenta, es lo que hace del superyó la defensa fundamental. El superyó es defensa contra la castración y resguardo narcisista. Por ejemplo, si tal señor, en sus modales de mesa, no puede limpiarse la boca con la mano, sino que tiene que hacerlo con una servilleta, es porque percibe que limpiarse la boca con la mano pone en juego su propia castración.

Freud dice que todas las ideas o todas las tendencias que hay que referir a la conciencia moral, se originan, en la mujer, en relación con la madre. Es decir que hay un superyó maternal: conciencia moral es la primera manera en que Freud lo nombra.

Y ¿Qué es este superyó maternal arcaico, esta imagen de la madre primitiva que se torna prohibidora? Este superyó es la llamada de la madre, la llamada del amor indio: “Quédate conmigo. Si te quedas conmigo evitaras la experiencia de la relación con el hombre: podrás resguardarte de la experiencia de la diferencia de los sexos”. La madre es el único lugar de referencia que resguarda a la mujer de la diferencia fundamental, la diferencia de los sexos, que es la estructura que trata de evitar.

Puede decirse que también en el hombre existe una llamada del objeto primario, pero la estructura ulterior es distinta; porque lo que resguarda al hombre es internalizar al padre más que mantener la relación con la madre. En cambio, la mujer va a asegurar mas y a internalizar la primera relación con la madre. Mientras que la relación con el padre supone la diferencia de los sexos, porque ella es mujer. Una es la llamada del castigador: el padre. En el caso de la mujer, seria la llamada de la gratificadora: la madre. La madre dice: “Ven conmigo, te gratifico”. En el hombre, sin embargo, lo que se tiene que internalizar es: “Aquí está el castigador”; para evitar el castigo, hay que aceptar su llamada y poner un castigador adentro.

La mujer es “como si naciera” homosexual, lo cual tiene sus consecuencias: le es más fácil. El objeto homosexual en la mujer es lo mismo. El objeto homosexual en el hombre es lo otro. En él, la homosexualidad es un progreso; en la mujer, un regreso. En el hombre, la homosexualidad, para decirlo de una manera prohomosexual, es la calle. Para la mujer, la homosexualidad es la casa.

El termino fantasía no significa una imagen, no es una ensoñación diurna. Es otra cosa. Lo que Freud entiende por fantasía puede incluso no ser algo imaginado. Tiene que ver también, añadirá, con el concepto de “construcción” en el análisis. Pero si alguien pregunta que entiende Freud por “teorías sexuales” podemos responder con una afirmación univoca: teoría sexual es aquella con la cual responde el niño a un enigma (sexual), y lo hace en el contexto de una experiencia.

Un enigma sexual seria por ejemplo la pregunta: “¿De donde nacen los chicos?” Y la respuesta del niño: “Los chicos nacen por el ano”. Pero la respuesta del niño tiene que ver con algo que el experimento como goce corporal, es decir, la expulsión de los excrementos. Por eso dice Freud que si bien las teorías sexuales infantiles, cuyo estatuto es el de fantasías, son completamente erróneas, sin embargo tienen una porción de verdad, descubren una condición de verdad. El chico encontró una conexión entre el goce y el nacimiento de los niños. Estas respuestas están ancladas en una experiencia de goce; este es su valor de verdad.

Esto es lo que de ahora en adelante habría que meterse en la cabeza, para no olvidarlo nunca, porque es el fundamento del concepto de “etapa de desarrollo de la libido”. Las etapas del desarrollo de la libido son conexiones halladas entre conflictos enigmáticos y experiencias hechas con el cuerpo.



IX. Respuestas del sujeto

Hemos hablado de las fantasmagorías del sujeto. Para la teoría psicoanalítica no son tan fantasmagóricas. Es decir, las fantasmagorías del sujeto son la manera en que el sujeto responde inconscientemente a los mismos objetos teóricos de los que se ocupa la teoría. Dentro de ese gran campo de las fantasmagorías del sujeto podemos citar las fantasías, las teorías sexuales y la novela familiar.

Freud enumera cuatro teorías sexuales infantiles:


  1. La premisa universal del pene, formulada en 1908, atribuyéndole ya estatuto de teoría.

  2. Teoría anal (llamada también cloacal), según la cual los niños nacen por el ano.

  3. La couvade: representada en ese rito que encontramos en algunos pueblos, en el que, mientras la mujer está en el momento del parto, el hombre mira con gesto de dolor: participa en el parto. Por extensión, figura que el hombre también puede parir. La teoría infantil es que los hombres también pueden tener hijos.

  4. Escena primaria. La concepción aterrorizada del coito parental, una escena rechazada como terrorífica.

Una teoría sexual es la respuesta dada a un enigma sexual en la perspectiva de una experiencia de goce corporal. El enigma sexual es en un caso el nacimiento de los chicos, pero también lo es la diferencia de los sexos. Diferencia de los sexos y premisa universal del pene -falo- son conceptos casi tautológicos. Pero cuando el chico dice “todo el mundo tiene pene”, no resuelve ningún enigma, sino que resuelve la condición de la aparición del enigma, que es: “¿Cómo puede haber diferencia de los sexos?” y no quiere saber nada; dice: “Esto me asusta”. Entonces, la premisa universal del pene, no es una teoría, porque en verdad constituye el enigma mismo. La primera no es una verdadera teoría sexual. Tiene que ser colocada en otro nivel que, en principio, habíamos llamado de derecho y que establece la base misma a partir de la cual puede haber enigmas o conflictos.

En la segunda teoría, el enigma aparente es el nacimiento de los chicos, pero oculta otro, la diferencia anatómica de los sexos.

La tercera teoría no es más que un derivado de la anterior, es una consecuencia lógica de que los niños nazcan por el ano; pero también aquí se niega la diferencia de los sexos.

La cuarta podría tener el rango de teoría, a pesar de que en otro nivel Freud la va a enumerar más tarde entre las fantasías primarias, puesto que al rechazo del coito parental –porque si el coito parental existe, entonces hay que reconocer la diferencia de los sexos- se le agrega la teoría de que ese coito es por si mismo desagradable, sangriento, que algo malo pasa entre el adre y la madre. En este sentido no sería una teoría. No explica lo que se está viendo, pero por lo menos agrega algunos datos a la reflexión sobre lo que está pasando.

La teoría por antonomasia es la anal.

La novela familiar es una suerte de cuento inventado, gestado por el chico, para responder también a algo que se le torna, si se quiere, enigmático. Pero la estructura es distinta de la teoría. En primer lugar, el enigma en este caso no es sexual, no tiene que ver, al menos directamente, con el sexo; aunque las respuestas sí. Y en segundo lugar, lo novelado va a introducir como personajes de la novela fundamentalmente a los padres. El enigma aquí no es sexual, sino que es un problema de identidad. La pregunta fundamental de la novela es: ¿Quién soy yo? Es decir: ¿Quién soy yo en relación con mis padres? Puesto que de quienes sean mis padres depende quien soy yo. Y lo interesante de esto es lo siguiente: que el resultado de esta novela, que asigna una historia a los padres, es que los padres aparecen desdoblados, son dobles. La novela introduce una estructura con padres dobles.

El modelo de la novela seria el mito del nacimiento del héroe. El argumento es siempre parecido: hay algún oráculo que vaticina al padre que el hijo que va a nacer será peligroso para el reino y para su propio bien, de modo que el padre trata de defenderse del hijo. Entonces lo pierde, o el rio se lo lleva, o lo olvida. Cuando el chico es grande, llega un momento en que se entera de que estos padres campesinos no son sus verdaderos padres, sino que son reyes. Los dobles están por todos lados en la estructura.

En el nivel del sujeto, dos sujetos –él y su propio doble-. En el nivel del padre, dos padres –el padre real y el padre idealizado, sobrevalorizado-. En el nivel de la madre, dos madres –la madre sobrevalorizada y la madre degradada. En verdad son seis lugares y no tres.

El melancólico pone la libido sobre un objeto, pero sobre un objeto que no está, que está muerto. Entonces en este caso (el de la joven homosexual), si el objeto de la ocupación libidinal es conflictual porque, igual que en el melancólico, el objeto falta, (en este caso: el padre no está sostenido en la estructura por el deseo de la madre) ¿Qué hará la niña? Reemplaza la elección de objeto por una identificación; esa identificación (masculina) es la base de la estructura homosexual. Y, entonces, podríamos decir, la niña regresa al objeto primordial, a la madre, en lo cual Freud ve el modelo de sus objetos ulteriores, porque la joven parecía exigir para enamorarse de una mujer que esta fuera un poco coquetona y mayor –sobre el modelo de la madre-.

De acá lo interesante es que la determinación de la sexualidad no se produce en la relación primera con la madre sino en la frustración de estructura (nadie frustro a nadie), lo no realizado, de ese padre a quien no han puesto en su lugar. Ella iba hacia allá y entonces se produjo una frustración de estructura porque el padre no estaba ahí para ser elegido, puesto que la madre no lo había deseado.

En la homosexualidad masculina el padre no puede ser lugar de identificaciones, primero, porque la madre retiene al niño en relación, negando la diferencia de los sexos. Por otra parte la madre tampoco desea al padre, entonces hace aparecer un padre sin el pene. El fundamento del homosexual es que se pone frente al otro preguntándole: “¿Es cierto que lo tienes? Es la pregunta homosexual, la pregunta que le hace al padre: “Si lo tienes, muéstramelo”. En verdad, el homosexual masculino lo que quiere hacer es restituir a un padre con pene. Buscando un compañero con pene, a quien busca es al padre, pero un padre cuyo pene no era introducido por el deseo de la madre. Eso es lo que se pide al compañero: “Muéstramelo”. Es la exigencia de que el otro lo tenga. Pero siempre el factor estructurante fundamental es el deseo de la madre por el padre; es lo que determina la estructura.

Lo que hace la homosexual femenina es mostrarle al padre –que lo tiene- que se puede amar a otra por lo que no tiene (el modelo del amor y el desinterés: si tú amas a alguien, estarás propenso a permitirle incluso que no tenga hasta la cosas que más necesitas, si lo amas. No hay objetos en juego). La homosexual femenina reacciona contra el padre, por el cual se vio frustrada. El padre lo tiene, en verdad lo tiene. En los casos de homosexualidad reaccional, como este, se ve mucho más. Pero toda la homosexualidad femenina seria, en verdad, reaccional, posfrustratoria. No frustración por no haber conseguido lo que se tenía, sino porque el objeto no estaba introducido por el deseo de la madre. Pero entonces, al no poder conseguir ese objeto, reacciona en su contra. Lo fundamental no es que yo no tenga, sino que la otra no debe tenerlo: tiene que faltar. Es la condición de que el otro tenga o no tenga pene lo que determina, desde el punto de vista descriptivo, la estructura homosexual femenina o masculina. La homosexual femenina es como una romántica que quiere mostrar algo. Esta hablándole en diagonal al padre, diciéndole: ¿Ves? No te puedo alcanzar, a ti que tienes, pero se puede amar a alguien que no tenga”. Es lo que esta demostrándole.

El caso del hombre se plantea sobre la vertiente del deseo, en relación con el objeto de goce, el pene. Es el objeto peniano como modelo el que está ahí y la actitud seria de desafió con respecto al hombre: “Muéstramelo”.

X. Deseo y Goce

Cuando el objeto falta porque no está indicado por el deseo del Otro es fundamental. La necesidad del Otro para que haya objeto de deseo.

Los objetos de la sexualidad aparecen generalmente como condicionados. A saber, que presentan lo que Freud llama condiciones eróticas.

Sentir deseo por una mujer elegida por el deseo de otro se explica, según Freud, por el Edipo reducido por el perjuicio del tercero. Se desea a la mujer elegida por otro para fastidiarlo, para perjudicarlo. Ya que la explicación es edipica, el perjudicado es el padre. Pero hay más que eso ya que si no está el otro hombre de por medio, la mujer no sería deseada. El deseo del tercero es aquí el que introduce el objeto y lo torna objeto del deseo (recuerda la labilidad de la pulsión respecto al objeto). Podríamos decir que este deseo del tercero es una defensa contra la labilidad de objeto de la pulsión. Si la pulsión no da el objeto, entonces, ante la posibilidad de una nada de objeto, me defiendo mirando a donde mira el otro. Y allí encuentro al objeto.



Esto nos introduce a un universo donde los objetos aparecen inducidos por deseos de otros. Pero hay algo más interesante aun; decir que se desea el objeto introducido por el deseo de un tercero, es decir que uno se identifica con el tercero. En la triangulación edipica, me enamoro de mi madre y me identifico con mi padre, que en verdad es quien desea a mi madre. O utilizo el deseo de mi padre por mi madre, para darme a mi madre como objeto sexual. Pero entonces, el polo de la identificación es el que en verdad dirige: porque su deseo hace aparecer el objeto del deseo. El objeto de la identificación coincide con el objeto de la agresión. Esto es perjuicio del tercero. El objeto del deseo no surge de la pulsión sino del deseo del Otro.

Condición erótica quiere decir las propiedades exigidas al objeto para que el objeto se torne apto para el goce. Lo importante de las condicione eróticas es el carácter compulsivo y de todo o nada de la condición. La condición determina lo que se torna apto para disparar el deseo y el goce del sujeto con respecto al objeto. Si esa condición no se da, el sujeto esta como trabado.

Displacer se interpreta por su contrario, y así el disgusto hay que interpretarlo como resultado de las barreras que el sujeto se pone para acceder a sus propios objetos de goce. Tanto disgusto como displacer son formaciones reactivas. Indican el afecto contrario al de la conducta. Las formaciones reactivas son apariciones masivas de lo reprimido a traves de su contrario. El disgusto supone placer, significa que el goce que proporcionaría la relación con el objeto esta obturado, hay una represión. Por ejemplo, el rechazo, el disgusto, la vergüenza, son afectos negativos, son deseos en forma negativa y actitudes pasivas frente al objeto. Pero la verdad del disgusto es el placer; la verdad de la vergüenza es el exhibicionismo, que es activo.

El goce aparece en relación con las condiciones eróticas, porque las condiciones eróticas son las que determinan las propiedades del objeto para que el objeto se torne apto para el goce, no para el deseo. El goce es el usufructo real del objeto. Si el deseo pertenece al subjuntivo, el goce pertenece al indicativo.

El placer hay que oírlo como un principio conservador, relacionado con la homeóstasis en la relación, con el intercambio equilibrado de presiones. El placer seria que la exigencia del objeto o la tensión frente al objeto no fuera ni demasiado alta, ni demasiado baja. Podemos pensarlo como un principio conservador aristotélico, puesto que la ética de Aristóteles es una ética del término medio.

XI. Freud contra Jung

Jung construyo un sistema simbolista idealista, que trataba de describir los acontecimientos reales de la sexualidad del niño como construcciones ulteriores de la vida del adulto. Como si el adulto a posteriori inventara la sexualidad infantil, que no habría existido en realidad. El niño de Jung es un niño inocente, mientras que el niño de Freud no lo es.

En la interpretación junguiana se asciende hacia los arquetipos y la relación sexual se disuelve. En Freud, la interpretación apunta hacia la relación primitiva sexual en la triangulación edipica. La sexualidad infantil, profundamente edipica, para Freud tiene que ser real. Para Jung, son solo construcciones de los adultos.

Si veo ciertas formas y las entiendo como manifestaciones de una verdad preexistente, esto es la base de todo sistema idealista. Se trata de lo que se debería llamar el discurso del amo. El teórico detenta el saber, está cerrado, porque solo hay manifestaciones de formas ya constituidas. Se obtura la historia y la constitución de esos objetos marcados por las condiciones eróticas, los objetos del goce. No puede hacerse su historia porque no hay sexualidad infantil.

La articulación fundamental en el hombre es lo simbólico, no las formas, no los arquetipos en el sentido junguiano, sino lo simbólico como lugar donde se articula la estructura significante y nos remite a esta sexualidad articulada en relación con el falo donde lo que hay son faltas de objeto. El analista es el lugar donde el paciente deposita el saber.

XII. Consecuencias de la castración

Freud hablaba de otra peculiaridad en la elección de objeto, que es la de ciertos tipos que se enamoran de prostitutas, en una preferencia por el objeto degradado moralmente; degradado en tanto apto para el goce, igual degradación que sufre el objeto cuando solo se toma una parte de él, parcialización del objeto, en el sentido de que es solo una parte del objeto lo apto para el goce.

La condición que se repite está basada en el siguiente juicio: “Si es capaz de hacerlo con un hombre, lo hace con todos. Ella no es mi madre, es una puta”. El niño se niega a aceptar que los mayores tienen relaciones sexuales. Cuando llega a aceptarlo, aun sigue sosteniendo que la madre no y, cuando acepta que la madre también, todavía es mayor la herida narcisista, porque hay otro objeto del deseo de la madre, un objeto que no es el mismo. Entonces hace ese razonamiento. Pero como la madre es modelo de toda elección ulterior de objeto, esto es determinante. Esta aparición de la madre puta cumple la condición de defender narcisisticamente al sujeto porque niega la identidad de la madre y preserva la ilusión fálica. El objeto de goce es una consecuencia de una defensa narcisista exitosa. Esta operación constituye casi por sí misma la definición del objeto fetiche; un objeto que cumple cierta condición como modelo de elección erótica y que es además, ciertamente, un objeto en el sentido fuerte del término.

El pasaje del momento biológico al momento de la constitución libidinal del objeto, se produce por medio del apoyo o apuntalamiento de la pulsión sobre las funciones de autoconservacion. La tendencia cariñosa, apuntalada sobre el modelo del objeto de la primera dependencia, sobrevaloriza el objeto; mientras que la tendencia sexual degrada el objeto por una operación de estructura y por las propiedades de la tendencia pulsional, el objeto del deseo aparece en cierto modo como degradado. Las dos tendencias no se concilian. El objeto del deseo no se concilia con el objeto del amor. Lo que debe hacer un psicoanalista no es promover objetos de amor, sino dejar expresar los objetos del deseo. Porque los objetos del amor pueden en verdad aplastar los objetos del deseo, y es causalmente por eso que el sujeto enferma.

La pulsión es siempre parcial -está siempre referida a objetos parciales-, en el sentido de que cuando aparece lo hace sobre el fondo de una caída de la función biológica, considerada como una totalidad. Las zonas erógenas son zonas de auto-contacto, que no sirven desde el punto de vista de la función biológica. Esa imagen de Freud de los labios besándose a sí mismos (chupeteo) –en el nenito, como origen de la zona erógena, como bordes que se tocan- muestra como se origina la sexualidad a partir del apoyo. Como necesariamente el objeto de la pulsión es un objeto de nada, esta pulsión que no lleva a ningún lado y que se sostiene mal, se apoya en los lugares donde nostálgicamente el cuerpo “recuerda” que hubo un objeto.

XIII. La vida erótica de los sexos

El amor es oblativo, sacrificial. El amor no está interesado por los objetos que el otro pueda dar. El amor se abastece de nada. Entonces ciertos pacientes nos enseñan que hay una escisión entre la tendencia amorosa y la tendencia del deseo. Los analistas han de tener en cuenta que el amor, en tanto oblativo, sacrificial, está preparado para todos los sacrificios. Incluso para aquellos sacrificios que constituyeron el fondo de la neurosis misma del sujeto, es decir, los objetos del deseo que tuvieron que ser dejados atrás por la represión. Por eso no debe promoverse esta estructura, ya que aplastaría a la otra, la del deseo.

No es que el deseo se abastezca de objetos, sino que el deseo no es sacrificial. En el fondo del deseo lo que está planteado es el problema del goce con respecto al objeto.

En cuanto a la impotencia Freud dice que se puede explicar por la escisión de las dos tendencias. Después del periodo de latencia en que el sujeto abandono las verdaderas relaciones de objeto, debe poder darse otros objetos, ahora libidinales. Pero la prohibición del incesto es vivida en la pubertad como norma social. Y los objetos que el sujeto podrá darse, se los dará sobre el modelo de la madre. Mas la ley del incesto lo prohíbe y las dos corrientes terminan por escindir el objeto madre. La madre quedo como modelo del objeto sexual sobrevalorado, el correspondiente a la tendencia del cariño. Así, para acceder a los objetos del deseo, el sujeto deberá trasgredir la ley de prohibición del incesto, es decir, juntar las dos tendencias. Y lo que ocurre es que, en la medida que encuentre en los objetos sexuales algún estigma o recuerdo del objeto sobrevalorizado, por la prohibición del incesto no puede tener acceso a ellos. Así, todo hombre en algún momento ha sido impotente, ha tenido el problema de que se junten las dos tendencias. esto sería lo que podemos llamar una especie de insight de la estructura, que ideológicamente estaría bien. Esto sin embargo no da cuenta de la impotencia en general.

Es muy difícil cuando hay una pérdida de objeto (separación, abandono), al sufrir una decepción narcisista, es muy difícil volver a darse objetos sexuales. Porque en verdad es la posición narcisista la que alimenta la libido de objeto.

Cuando hablamos de un sujeto desvalorizado, en verdad, se trata del fundamento del narcisismo, en la medida en que la madre amada es aquella que lo fundo a uno como objeto absoluto de su deseo. Entonces cuando uno pierde un objeto, lo que pierde es la relación con la madre amada que asegura su narcisismo. Es necesario que se produzca alguna operación que vuelva a cargar el narcisismo.

En la perdida de las cargas narcisistas concurren fundamentalmente las dos tendencias: una generada en relación con el objeto sobrevalorizado, como fundamento del narcisismo del sujeto, y la otra proviene del desprendimiento de un objeto mediante la negación de la identidad de la madre.

El trabajo del duelo es precisamente una operación de negación de la identidad del otro. Aquel que era lo único para mi, ya no lo es. Solo entonces recupero la libido. En el caso del melancólico el objeto no era un verdadero objeto, sino una pesada elección narcisista de objeto. Lo que no puede soportar el melancólico es que el objeto perdido era el mismo. Lo único que puede hacer es identificarse con el objeto y apropiarse globalmente, masivamente, de él. La cualidad de los objetos, profundamente narcisistas, seria otro punto para explicar una melancolía.

Si puede hacerse un duelo, eso quiere decir que en verdad la libido objetal era objetal. Si no puede hacer, es que la libido objetal era pesadamente narcisista. El melancólico introyecta el objeto basado en una identificación. Lo pone en el lugar de su yo: el yo del sujeto es ocupado por el yo del otro, mientras que el ocupa el lugar del superyó. Cuando se examinan los autorreproches y el contenido de ellos se descubre que en realidad a quien van dirigidos no es a él, sino al objeto que se fue. Se reprocha a si mismo lo que antes le reprochaba al otro. Los temas del melancólico surgen de los reproches dirigidos a sus objetos narcisistas. Esto es importante para estudiarse a uno mismo a veces, porque antiguos objetos perdidos donde uno había puesto catexias narcisistas están en la base de cosas que uno ahora se reprocha a sí mismo. Se trata de cosas que no tienen nada que ver con uno y que en verdad manifiestan la antigua ligazón a esos objetos narcisistas.

Volvamos ahora a los dos ejemplos que hemos dado acerca de las tendencias en la vida erótica: uno, el de esos hombre que se casan con mujeres que sobrevaloran pero desean a otras; y el otro caso sería la impotencia. Tendríamos así un primer acercamiento a los objetos degradados, objetos que surgen, que de alguna manera tiene que ver con la negación de la diferencia de los sexos y, de pronto se tornan aptos para el goce. Son objetos degradados y no sobrevalorados, se trata de objetos menores, de partes y no de totalidades. El modelo de este objeto es el objeto fetiche. El fetichismo, dice Freud, es en el hombre una defensa contra la homosexualidad. Es el objeto que viene en lugar del pene que le falta a la madre. El trapo simboliza el pene de la madre, que no está, pero si esta el trapo. Al encontrar el objeto que reemplaza al pene materno, el sujeto hace de la mujer algo soportable y elude así la homosexualidad. El fetichista encuentra en el objeto lo que la mujer no tiene, que es lo que en verdad le perturba de ella. Pero en la mujer, en tanto mujer, no necesita de esto, porque si encuentra el pene en el hombre. Por tanto tendrá menos necesidad de esta operación de encontrar el pene como objeto factico parcial, porque lo halla en el hombre.





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