Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan



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Masotta, O.: “Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan” 1ª ed. 7ª reimp. –Buenos Aires: Paidos, 2010.

El significante:

El significante es la palabra, en tanto la palabra es capaz de remitir a más de un significado. Un ejemplo. El chiste. Para que haya chiste tiene que haber un fenómeno de palabra. Además, el chiste necesita ser contado. Con el chiste nos encontramos siempre ante lo mismo, es decir, una palabra que remite a más de un significado. Esa capacidad que tiene la palabra de remitir a más de un significado es lo que produce el efecto de chiste.

“Denotación” es el objeto referente indicado por la palabra, en tanto la palabra significa, y “connotación” seria la atmosfera de sentido que esta por detrás de la palabra, mas retirada, que le da jugo a la palabra. Así, la connotación, como atmosfera de sentido detrás del referente cigarrillo (lo denotado), si estamos en un hospital es la muerte, si estoy entre chicos, el cigarrillo implica transgresión. Pero entonces para que haya chiste, ese fondo de sentido –o sea, lo connotado por la palabra- tiene que ser compartido. Si no, no se produce el efecto. Bergson decía que para reírse de un chiste hay que ser de la parroquia.

Freud ve en el chiste nada menos que una suerte de modelo del inconsciente en funcionamiento. O sea que para Freud un lapsus, un sueno, un síntoma o un chiste están estructurados de la misma manera. El chiste es modelo, es decir, principio de homología entre todas las manifestaciones del inconsciente. Tienen la misma mecánica de elaboración y esta mecánica de elaboración es el significante.

Encontramos así un principio que Freud nunca abandona y que por otra parte parece lo bastante importante, ya que es el modelo de toda manifestación del inconsciente. Sería entonces un principio general de interpretación, puesto que en el campo psicoanalítico uno debiera estar siempre atento para interpretar según este mecanismo, y esto sería lo peculiar del psicoanálisis. Atender a los momentos en que la manifestación da pie a una interpretación cuyo mecanismo debe ser el del chiste.

Un ejemplo: “Papa, me siento mal”. La actitud no analítica seria tratar de comprender que le sucede para ayudarle. Lo analítico seria decir: “Siéntate bien”. La interpretación tiene que ver con el trasero, con el erotismo anal. En este punto se ve el desvió por el doble significado de la palabra. Aquí, un campo psicoanalítico se constituye.



Edipo. Falo y castración:

Dentro del Edipo reducido podríamos ubicar la definición clásica del complejo de Edipo: la ligazón libidinal amorosa con el padre del sexo opuesto y, simultáneamente, la reacción hostil para con el padre del mismo sexo. Al mismo tiempo, también podríamos poner dentro del Edipo reducido lo que se llama el Edipo invertido o negativo. El que acabamos de describir era un Edipo heterosexual, mientras que la ligazón libidinal amorosa que une al hijo con el padre del mismo sexo, junto con la ligazón hostil con el padre del sexo opuesto, sería un Edipo homosexual. Luego podríamos ubicar aquí lo que se llama el Edipo completo, o sea el Edipo bisexual. Para Freud, en todo complejo de Edipo hay un Edipo completo, es decir, la suma de las dos formas.

Se le dice reducido porque solo se tienen en cuenta las relaciones entre tres personajes o tres roles, por ello dentro del Edipo ampliado tenemos que buscar otras cosas, que haya más de tres personajes o más de tres cosas: 1. el padre del padre: el abuelo. El superyó de los padres. 2. El hijo del hijo o el hijo de la hija.

Lo que funda el movimiento del complejo de Edipo: el Falo. La base, el fundamento del complejo de Edipo. Fundamento del fundamento de la neurosis.

En 1923 se habla de “fase fálica”. ¿Qué quiere decir hay una fase fálica? Que al esquema del desarrollo que Freud había caracterizado por fases –que tenían para él un rigor, una necesidad, como si fuese bilógica- tales como la fase oral, anal y genital, se añade ahora una nueva fase: la fase fálica. Las fases quedan así: oral, anal, fálica, genital. El falo es elevado a estatuto de fase.

¿Qué es el falo? En primer lugar, el falo no es el pene. El falo es la premisa universal del pene. Esto se refiere a la creencia infantil de que todo el mundo tiene pene, de que solo hay seres con pene. Y esto llevado al extremo, seres en el sentido más general, es lo que induce a Juanito en la primera etapa de su existencia a decir que todos los animales tienen pene, e incluso que hasta los objetos lo tienen.

El falo es una premisa que se da como de antemano y cuyo origen es desconocido. La cuestión es que el niño se pone en posición de no querer conocer la evidencia de los hechos. Y surge, a partir de la experiencia que demuestra la diferencia de los sexos, el intento de explicar porque en un sexo falta el pene. Y partiendo de las fantasías primarias, según las cuales todo el mundo lo tiene, entonces las niñas, que descubren que no lo tienen, querrán tenerlo, y los niños, que lo poseen descubriendo a su vez que hay seres a quienes les falta, temerán perderlo. Surge así la envidia del pene y la amenaza de castración que son el complejo de castración en un caso y el otro.

III. Una maqueta del Complejo de Edipo:

Saussure llamo La lengua al sistema codificado de diferencias que permite que cada individuo particular hable. Distinguió entre lengua y habla. Porque El Habla es el acto concreto de hablar y La Lengua es el código del sistema. El significante por sí mismo no remite al significado, sino que en realidad remite a otros significantes y al sistema de las relaciones entre ellos. Por ejemplo, - (comió) no tiene nada que se parezca al pasado; salvo cuando nos ubicamos en el español y lo diferenciamos de –ía y –eré. Es un acuerdo, una convención de la lengua. Lo importante es que no hay nada en el significante que remita inmediatamente al significado. Solo hay relaciones de diferencia.

Lingüísticamente hablando, lo opuesto a la arbitrariedad seria la relación imposible, vertical, de “caballo” a caballo; pero no hay necesidad, sino una relación arbitraria. Lo contrario a la arbitrariedad, en lingüística, se llama motivación; esto significaría que puedo hallar un significante motivado por el concepto que nombra y que no podría ser ningún otro.

Lo que aparece entonces como primera idea de Lacan es que el significante está separado de su significado y con capacidad para significar a condición de estar en el sistema de los significantes. No puede pasarse directamente del significante al significado, hay una barra. Si prescindo de la barra, comprendo, en cambio si pongo la barra iré a buscar que se asocia con el significante, desconecto, para hacer aparecer otra cosa. Esto, aplicado a la sesión analítica, implica que cuando el paciente dice lo que dice, yo no entienda lo que dice; sino que estoy pensando con que otras cosas se asocia lo que ha dicho.

El esquema L (esquema en forma de Z) permite situar la relación de determinación inconsciente (La estructura determina, inconscientemente, el efecto). A la estructura –que representamos con la secuencia de las dos escenas, maqueta del complejo de Edipo- podríamos sustituirla, por medio de una convención, por A mayúscula. “A” es el famoso Autre (Otro) de Lacan. Cada vez que en su obra nos encontremos con el Otro (Autre), Lacan está hablando de tres cosas y de ninguna mas: ellas son: 1ª. Algo que tiene que ver con el padre, 2ª Algo que tiene que ver con la madre y 3ª Algo que tiene que ver con el complejo de Edipo en su conjunto. El punto 3 es el que representábamos con la maquetita (sobre el cuento de Poe), la secuencia de las dos escenas (E = A). Así, si la estructura determina el efecto, decimos que el Otro determina el efecto, entendiendo por Otro la maqueta del Edipo.

Al efecto vamos a llamarlo Sujeto. Así, si decíamos que el Otro (A) determinaba el efecto, ahora podemos decir que el Otro (A) determina al Sujeto (S). Sujeto quiere decir lo que esta sujetado, sujeto, determinado por el significante. El es el hecho de un efecto que soporta, que él no maneja. Es sujeto de ese saber que él no sabe, de ese efecto del que nada sabe.

En el esquema L de Lacan queda reflejada la relación de determinación entre la estructura y el efecto, o el Otro y el Sujeto. Y esta relación es inconsciente. Se encuentra en el nivel de lo Simbólico. En el nivel de lo imaginario se encuentra el “a” que es la imagen especular y el “ a’ ” que es el Yo identificado a esa imagen (un Yo [ moi ]).

Esa relación inconsciente en el nivel de lo simbólico que va de A a S, evoca ya una formula lacaniana como: “el inconsciente es el discurso del Otro”. Esta fórmula quiere decir que el Sujeto que habla está en una relación de determinación con algo que tiene que ver con el padre; con algo que tiene que ver con la madre y con algo que tiene que ver con el complejo de Edipo en su totalidad.



IV. El destino de la omnipotencia:

Si uno tiene vergüenza, en realidad lo que desea es lo contrario: exhibir. Y cuando se trata de exhibir, en psicoanálisis, lo que está en juego es el pene. Y la exhibición del pene, ¿Qué pone en juego? Supongamos que un hombre efectivamente dotado por la naturaleza posee un pene y lo exhibe: ¿Qué es lo que está en juego en esa exhibición? Precisamente el temor a perderlo, la amenaza de castración y toda la organización fálica. Vergüenza – Formación reactiva – Exhibicionismo = Exhibicionismo de pene. Si se exhibe el pene es porque no se está seguro de que está ahí, o si se va a caer.

Lo que está en posición de objeto “a” será condición del mantenimiento de la estructura narcisista del sujeto, así como el Prefecto (tonto) es condición del mantenimiento de la omnipotencia del Ministro. Y además es interesante que –recuérdenlo, porque esto será la misma estructura del fetichismo- ese objeto, que es condición del mantenimiento de la estructura narcisista del sujeto, es introducido por la madre, en nuestra analogía la Reina.

Hay en la relación de la Reina y el Ministro algo complicado: es la relación de alguien que se mira en el espejo y alguien que mira al que se mira en el espejo, lo mira mirarse en el espejo. El que se mira en el espejo es el hijo, el Ministro: “Soy osado”. La Reina lo mira mirarse en el espejo, y le ratifica: “Si, eres osado”. Pongo el ejemplo de un hijo, un “narciso”, que se mira en el espejo y dice: “Soy hermoso”. Y la madre le dice: “si, eres hermoso”. Así hemos desentrañado las contradicciones entre los tres primeros personajes. Hemos hecho una teoría del relato, porque el relato no es más que la espera de la resolución de las contradicciones que una narración de los tres primeros personajes ha mostrado. El relato consiste en ver a donde va a parar la omnipotencia del Ministro, sostenida por la mirada ratificante de la Reina. Esta es, realmente, la estructura del cuento, lo que realmente nos apasiona: ¿A dónde irá a parar este tipo tan “desamparado”, cuyo único amparo es una mirada que lo ratifica en la imagen que él se hace de si mismo? Este es, en verdad, el cuento de Poe.



V. Identificaciones:

En el estadio del espejo el sujeto se defiende de la atomización, de la indefensión, reprime los datos propioceptivos para alienarse en su unidad imaginaria. Se identifica a la unidad imaginaria guestáltica especular. Para Lacan esta es una matriz en la que se constituye el yo. El yo en su constitución sería el resultado de esa alienación que es defensa contra el cuerpo despedazado. Esta matriz está constituida por una primera oposición: adelanto mental / inmadurez biológica. Aparece la oposición entre la unidad constitutiva narcisista de la imagen omnipotente y la verdad de esa imagen, que es el cuerpo despedazado.

Solo el humano puede desdoblar el espacio en imaginario y real. El concepto de identificación, en primer lugar, tiene como sema (lo que significa) el concepto de identificación policial, identificar como se hace en un careo: tal persona es esta, distinta de otras. Identificar es, en primer lugar, distinguir, diferenciar perceptos. Cuando uno habla de identificación en psicoanálisis dice dos cosas al mismo tiempo: que el sujeto distingue perceptos, uno de otro (esta caja no es un libro, este libro no es un hombre) y es capaz de distinguir una imagen, que es la suya (este hombre soy yo). Puede identificarse.

La siguiente etapa se llama Identificación con el semejante. Un nenito es para otro nenito como la propia imagen del espejo, que salió del espejo y se puso en el campo real. Esto complica todo en verdad, porque en un primer momento teníamos solamente el fundamento del desdoblamiento entre imaginario y real, pero ahora tenemos algo más. Se produce la aparición en el campo real de dos “unos”, porque el otro nenito soy yo miso. ¿Quién es ese que está en ese campo? Yo mismo. Y en relación con esta etapa de identificación al semejante nos llaman la atención ciertas observaciones de los psicólogos infantiles que muestran que en esta relación de identificación hay una enorme carga de transitivismo.

Transitivismo es un grado de identificación muy alto: significa que las formas transitan. Como sucede en algunas conductas infantiles, cuando un nenito le pega a otro y le dice al padre que el otro le pego a él. O bien el otro se cae y el llora. No es que mientan, sino que toman la conducta del otro por la propia. Yo soy el otro, textualmente. El niño no solo no puede decir “yo soy yo” sino que además frente al otro está perdido, porque no puede determinarse, no puede fijarse como distinto del otro. Es la época en que necesita al otro para determinarse a sí mismo, pero en tanto se identifique con él. La identificación estaría en sus momentos fundantes, y seria en tal grado que no se podría distinguir entre el yo y el otro.

En esta nueva etapa, las cosas están un poco complicadas: lo imaginario sigue perteneciendo al espejo, con su unidad, pero lo real ahora esta como duplicado. Tenemos al sujeto, que propioceptivamente sigue sintiéndose atomizado, pero identificándose con otro que esta unificado. Hay un real uno y un real dos. Y de este desdoblamiento del campo de lo real por la aparición de semejante lo que tendrá que surgir es el tercer campo, sin el cual no hay reflexión en cualquier nivel teórico: el campo de lo simbólico.

Pero lo importante ahora es esto: la atomización especular era reprimida en el primer momento y el sujeto se alienaba de su imagen especular. Mas ahora aparece en el campo otro que tiene las propiedades de la imagen, es decir, la unidad de la imagen. Pero esta unidad no pertenece al campo imaginario, sino que está en el campo de lo real y es contenida por el otro. El otro está unificado. Tiene propiedades que Lacan en el estadio del espejo asigna a la imagen y que llama estatutarias.

Ahora la referencia a la unificación es un otro real, otro nenito exterior a mí. La ventaja de mi imagen en el espejo es que la veo totalmente desde afuera. Cuando miramos no vemos nuestra propia cara, lo sostenemos con lo que vemos del otro. Al mirar la cara del otro como externa, no necesito mirar la mía como interna.

Los datos propioceptivos los envió al otro, lo que constituye el origen de la agresividad. El sujeto agrede porque hay una relación de identificación a un otro que es igual que él y no porque el otro no le dio lo que necesitaba, porque lo frustro de alguna necesidad. Hay agresión porque se necesita expulsar los datos atomizados de la alienación yoica. La solución consiste en alimentarse de la imagen del otro para constituir la propia unidad, así como antes el niño se alimentaba de la imagen del espejo para constituirse como unitario. Cuanto más radicalice el sujeto su posición narcisista, fundada en la identificación al otro, mas necesitara expulsar su atomización, habrá más agresividad. La agresividad, entonces, es función de la identificación narcisista con el semejante. Por lo tanto hay agresión cuando uno se equipara al otro, cuando ve en el otro a un semejante.

VI. El Falo: fundamento del fundamento

Las tres protofantasias (seducción, escena primaria y castración) constituyen ese campo de intrincadas relaciones del complejo de Edipo. De ello sacamos en conclusión que debíamos ir a la teoría a buscar el complejo de Edipo. Del complejo de Edipo destacábamos el eje de su dinámica: el Falo. Todo lo que es analizable en psicoanálisis tiene que ver con la castración y por lo mismo con el falo. El referente fundamental de toda la interpretación es la cosa fálica, fundante del complejo de Edipo.

El falo no es el pene, es la premisa universal del pene. El falo es irrepresentable porque no es el pene real sino algo que tiene que ver con el orden de la legalidad –y una ley no se puede dibujar. Entonces al concepto mayor de la teoría, el complejo de Edipo, lo consideraremos una confrontación entre la premisa universal y la experiencia de la diferencia de los sexos.

Complejo de castración ya indica con la palabra complejo la complejidad de relaciones que lo constituyen, en cambio amenaza de castración es el nombre del complejo en el hombre, que teniendo pene teme perderlo.



En el artículo de Freud “La organización genital infantil” se encuentra la base de la teoría fálica y por consiguiente del complejo de castración. Los seis puntos fundamentales son:

  1. La definición de Falo: Freud dice que la sexualidad del niño se define entre los 2 y los 5 años. Al final de esta fase ya tiene decidida su elección de objeto (heterosexual u homosexual). Y en este sentido no hay diferencia entre el niño y el púber, o entre el niño y el adulto. Sin embargo, dice, el adulto esta genitalizado, lo que significa que ha realizado la síntesis de las pulsiones parciales en la genitalidad. No obstante el niño también esta genitalizado, aunque en forma sui generis: para él en esta etapa existe solo un órgano que atrae su interés, el masculino.

  2. La elevación del falo a estatuto de fase: fase implica obligatoriedad en el tiempo, mas emergencia de una estructura nueva; periodo de latencia quiere decir que hay un tiempo de aparición en la secuencia e implica obligatoriedad, pero no hay surgimiento de una estructura nueva. Esta es la mejor manera de entender el periodo de latencia: hay un silenciamiento, no aparece ninguna estructura nueva. No hay que entender en sentido literal este término, como cese de la actividad genital del nenito, ya que no hay tal cese.

Lo específico de esta fase es que introduce una relación de objeto allí donde no hay objeto. La relación ahora, y esto es lo que obliga a introducir la fase fálica, es la falta de objeto (la castración en tanto que falta de objeto), lo que supone el dominio de la fantasía. La fantasía de castración no es más que esto. El nenito cuando ve a una nenita piensa: si ella no lo tiene, como debería tenerlo de acuerdo con la premisa, es que ha hecho algo malo y se lo han cortado. Esto es la fantasía de castración. Un pequeño mito con el que se trata de explicar algo verdaderamente molesto y que no tiene explicación: es la deducción de que la diferencia anotómica es resultado de un acto. Si no tiene, es que le fue cortado. Por este motivo aparece contra el fondo alguien que se lo cortó, la figura del castigador, el padre.

  1. Una advertencia fundamental: tratándose del complejo de castración, lo que está en juego es la pérdida del pene (perdida fantaseada) y ningún otro tipo de perdida, como el destete o la perdida de los excrementos o el trauma del nacimiento postulado por Rank. Estas otras perdidas no definen al complejo de castración. La diferencia es que no hay ninguna experiencia real de la castración, es una mera fantasía, en las otras pérdidas anteriores, si hubo experiencia. Por eso las primeras experiencias, en tanto referidas a objetos reales, no podían nunca fundar una estructura de la fantasía, donde lo que está en juego ahora es una falta imaginaria.

  2. Otra advertencia: el aspecto terrorífico que producen los genitales castrados de la mujer. Hace referencia a un artículo de Ferenczi sobre la cabeza de medusa. Pero Freud agrega que ese temor no es temor ante cualquier mujer, sino que es el terror ante la castración de la madre, la falta de pene en la madre.

  3. La descripción de las oposiciones que caracterizan a las fases del desarrollo. Freud dice que en la fase oral la oposición fundamental es sujeto – objeto; en la fase anal la oposición es activo – pasivo; en la fase fálica la oposición es genital masculino –castración y solo al final del desarrollo, en la fase genital, se dará la oposición masculino – femenino. Fíjense que la oposición masculino – femenino no aparece de entrada, son conclusiones del desarrollo. No se nace ni hombre ni mujer.

  4. Las dos respuestas a la pregunta sobre la motivación. O sea, porque el pene es elegido para elevarlo a nivel de fase, porque no la premisa universal de la vagina. Las dos respuestas que da Freud son: la primera por la estética y la segunda por la clínica.

Razón estética: por ser un órgano del cuerpo con propiedades visuales especiales, como apéndice saliente, dotado de la propiedad de cambiar de tamaño, por su erectibilidad. La vagina en cambio no se ve.

Razón clínica: Juanito le atribuye un pene a todas las coas y no quiere reconocer hasta muy tardíamente que la madre no lo posee.

La pobreza de estas respuestas tiene que ver con el nivel de análisis y no con la pobreza inherente a la teoría: es decir que, en verdad, son puntos de partida y, por tanto, no pueden estar muy fundados empíricamente ya que son los fundamentos de la teoría en su conjunto.

¿Qué es lo que busca la mujer? Proyectar sobre la imagen del hombre la posibilidad de que le dé un hijo. Lo que busca es el hijo del hombre. Para la mujer el hijo es lo único que la puede colmar de su falta de pene. Con el hijo consigue el pene que no tuvo. Al final de su desarrollo, la mujer produce la equivalencia: chico = falo.

El desarrollo de la mujer queda entonces así: en la etapa preedipica, fuerte ligazón a la madre sobre el fondo de la ilusión fálica. Después, decepción por la experiencia de la diferencia de los sexos y abandono de la madre. Entrada en el complejo de Edipo. En consecuencia busca al padre, no por el pene, sino para proyectar en él la posibilidad de un hijo. Finalmente, realización de la equivalencia: hijo = pene. En algún punto de este camino, como tiene que introducir al hombre de alguna manera en la estructura, tuvo que pasar del objeto primero, la madre, al padre, y a su vez tuvo que erogenizar la vagina, que de entrada no lo estaba –la vagina es al principio silenciosa-.

Dada la complicación que presenta el desarrollo en la mujer, Freud le ve tres posibles salidas. Una de ellas sería el rechazo, ante la dificultad del desarrollo, de toda sexualidad, es decir, la frigidez. Otro camino seria la creencia imaginaria de que de alguna manera tiene pene o de que va a conseguirlo, lo que la llevaría a una elección homosexual de objeto. Y la tercera vía, que llevaría a la “normalidad”, que supone la ecuación chico = falo.

VII. La aporía fundamental del complejo de Edipo:

Con respecto al desarrollo de la fase en la mujer, decíamos que tenia doble consecuencia. Por una parte, las recomendaciones fundamentales de cualquier análisis psicoanalítico correcto de la sexualidad de la mujer, que vendría a seguir esta secuencia: preedipico, ilusión fálica, fuerte ligazón a la madre, decepción fálica, abandono de la madre, entrada en el complejo de Edipo, búsqueda del padre, pero no para buscar ni al hombre o al pene, sino al hijo; producción, al final del desarrollo, de la secuencia de la equivalencia del chico al pene. De ahí que, según Freud, el desarrollo sea difícil para la mujer en particular por el doble cambio: de objeto –de la madre al padre- y de zona erógena –del clítoris a la vagina-.

En un primer momento la relación del sujeto respecto al deseo del Otro, que es la madre, es de puro colmamiento, de ser el objeto absoluto del deseo de la madre, que originalmente había sido deseo de falo. Por eso decíamos que la función de sujeto y narcisismo tienen que ver con el momento en que el niño recibe, con su impacto masivo, ese deseo ilusorio de la madre de colmar con el hijo la falta de falo. En esta relación ilusoria, relación entre dos deseos, se origina todo el campo subjetivo. Por eso la madre de la primera relación es madre fálica, en tanto el chico se origina en posición de objeto que cumple el deseo de la madre.

Narcisismo, para nosotros, es lo mismo que decir madre fálica; quien excluye de la estructura su deseo por el hombre. No hay deseo de otra cosa, en la madre, que ese deseo de hijo. No habría diferencia de los sexos.

Madre fálica no quiere decir madre masculina. Puede ser muy femenina y ser fálica. La condición para que sea fálica es que, por alguna operación de la estructura, en su comportamiento mantiene al padre excluido de la relación. En este espacio se crea todo, todas las perversiones, todas las neurosis, todas las psicosis.

En el caso de la nenita, por la tendencia edipica, en tanto tiende a abandonar a la madre, va a ir en busca del padre. Pero, ¿Qué ocurre entonces? Que si el padre no está puesto en la estructura por el deseo de la madre, no encuentra a nadie. Y cuando uno no encuentra a nadie, ¿Qué hace? Se vuelve. Y entonces hace el camino de regreso y constituye la posición homosexual, que dijimos que en la mujer era regresiva. Esto es lo importante, ya que para que haya homosexualidad en la mujer tiene que haber ida y vuelta.

En el caso del nenito ya está planteado de entrada el complejo de Edipo. Sean cualquiera que fueran las decisiones internas del sujeto con respecto a la elección de objeto en la estructura edipica –a saber, de tipo heterosexual (positiva) u homosexual (negativa)-, ambos caminos conducen irremediablemente a la castración. Ambos llevan a una aporía insoluble. En el caso positivo aparece el padre castigador que amenaza con castrar; y en el caso del Edipo invertido o negativo, el sujeto tendría el deseo de ser satisfecho por el padre, entonces debería identificarse con la madre, ubicarse en su posición, que por definición esta castrada. ¿Qué hace el sujeto? Abandonar el Edipo. Como resultado aparece una nueva estructura, una nueva instancia: el superyó.



El superyó es el resultado del abandono del complejo de Edipo. Los objetos parentales son abandonados. Pero ante la necesidad del abandono de los objetos, reemplaza esos objetos por una identificación con ellos –una identificación al padre- y luego introyecta esta identificación. El resultado de la internalización de la identificación con el padre, como defensa contra el peligro al cual conducía la relación libidinal con el objeto, es el superyó.

Este superyó que prohíbe es, en verdad, la internalización de la imagen castradora del padre. El sujeto abandona el complejo de Edipo pero tiene que pagar una consecuencia fundamental: que la figura castradora de la cual huye, ahora la tiene adentro.

Podemos llamar “Identificación Regresiva” a la primera ley de la identificación. Vamos a enunciar esta identificación regresiva del siguiente modo: ahí donde hubo una relación libidinal de objeto, hay ahora una identificación: la identificación al objeto vino a suplir, o a reemplazar, la relación libidinal con el mismo objeto. Por otra parte, la identificación revela así una vocación defensiva –recordemos que, en la formación del superyó, la identificación con el padre es defensa contra la castración-.

Freud llama a esta identificación “regresiva” porque considera que la identificación es el primer lazo afectivo de objeto, la primera relación que tuvo el sujeto con los objetos en términos afectivos. Esto quiere decir que, en verdad, antes de poder vincularse con un objeto en una relación de amor –localizar un objeto como externo para poder amarlo como otro-, antes de esto el sujeto estaba confundido con los objetos. O sea, primero se identificaba, después, al evolucionar, pudo plantear una relación libidinal con el objeto. De ahí que cuando la relación libidinal con el objeto es abandonada y reemplazada por una identificación al objeto, en realidad, se vuelve así a la primitiva relación afectiva de objeto.

En el espacio triangular edipico la identificación y el objeto libidinal ocupan lugares opuestos, polares. Esto quiere decir que, en la triangulación edipica, el sujeto ama a la madre y se identifica con el padre- Edipo heterosexual-, y si ama al padre, se identifica con la madre –Edipo homosexual-. El objeto de la catexia –el objeto libidinal- y el objeto de la identificación se excluyen recíprocamente. Cuando el objeto está ocupado por libido hacia él, por amor, está desocupado de una identificación al objeto. Antes lo amaba, ahora me identifico con él; si ahora me identifico, no lo amo; cuando lo amaba, no me identificaba.

¿De donde sale el superyó de la mujer? La respuesta es que el superyó de la mujer tiene un origen maternal arcaico, es un superyó maternal arcaico.




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