Las tres de el carmen



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LAS TRES DE EL CARMEN
Biblioteca Pública Municipal
JESÚS ANTONIO ARANGO GALLO
El Carmen de Viboral

La casona da la impresión de haber sido un claustro cerrado al que entraban en fila los muchachos y salían exhaustos después de extensas jornadas escolares. Hoy las puertas permanecen abiertas en la casa de la cultura Sixto Arango Gallo. No hay uniformes pero si muchachos. Las lozas de cuadros recuerdan un estilo republicano del que, mala fortuna, se olvidaron quienes construyeron la nueva iglesia de El Carmen de Viboral. Ubicado a dos horas de Medellín en el oriente de Antioquia, esta población famosa en sus mejores tiempos por las cerámicas cocidas y pintadas a mano, hoy es un pueblo más urbano en donde el trabajo artesanal ha sido reemplazado por los cultivos de flores. Allí donde estaban los talleres –apenas quedan unos cuantos– de los artesanos se alzan algunos bares de una zona ‘rosa’ incipiente. Su plaza está enmarcada por el ladrillo de una iglesia ‘moderna’, sin carácter, que reemplazó a la antigua.

La biblioteca Jesús Antonio Arango está en el segundo piso de la casa de la cultura a dos cuadras de esa plaza. Un balcón largo rodea la casa y desde sus pisos en madera se contempla un bello jardín sobre el que ojalá algún día se acuesten lectores y visitantes. “Ese es el proyecto” dice Dolly Alzate, una mujer joven que desde hace casi diez años está al frente de la biblioteca. Nos dirigimos al espacio ‘provisional’, como llama lo ella, y emocionada habla de ese futuro en el cual la biblioteca abrirá sus puertas hacia el jardín y los libros se verán desde el prado.

Luego, cuenta: “Mi nombre es Dolly Alzate. Nací acá en el Carmen de Viboral y desde pequeña he ido a las bibliotecas. Esta biblioteca en donde estamos sentados tiene 29 años de fundada. Se llama Jesús Antonio Arango Gallo porque se acordó con el municipio reconocer la labor educativa de este señor, un gran generador de cultura acá en El Carmen. El es familiar de José Manuel Arango, el poeta que falleció hace poco. Le gustaba mucho leer y por su labor desinteresada durante años se decidió ponerle ese nombre.



“ Yo no hago parte de la historia que le voy a contar. O mejor dicho, hago parte desde hace casi diez años. Pero antes hubo otra gente. La primera bibliotecaria del pueblo fue Nohemy Zuluaga Duque. Ella me contaba que don Jesús se fue metiendo acá porque como este pueblo era tan pobre en libros él los regalaba para hacerla crecer. Así fue creciendo esto, el nombre no fue por colocárselo porque sí, sino por reconocerle su tarea. Yo no lo conocí, sólo en fotos que he visto por ahí y aunque no recuerdo su cara, su tarea para todos sigue siendo muy importante.

“Nohemy trabajó desde que se fundó la biblioteca hace 29 años. La biblioteca primero funcionaba en la alcaldía, en el parque. Era una oficina así como las de ahora, bien pequeñas. Eran poquitos libros. Un saloncito al que iban los niños a hacer sus deberes. Así fue pasando el tiempo hasta que viendo las necesidades del pueblo la trasladaron para otra dependencia más amplia. Cuando Jesús Antonio comenzó a ir se dieron cuenta de la falta de espacio. Así fue como la trasladaron para un colegio que se llama Monseñor Ramón Arcila. A esa sí fui yo en mi época de estudiante, pero como le digo, esa historia la hicieron ellos dos. En ese lugar funcionó mucho tiempo. Nosotros, como estudiantes íbamos a consultar allá y, si me lo pregunta, yo jamás me imaginé que iba a terminar de bibliotecaria.



“Con el paso de los años le dieron el nombre de Casa de la Juventud, como en 1978. Nohemy me dice que eran tiempos más difíciles. Ella es una mujer muy comprometida que hacía lo que podía con lo que tenía. Le tocaba hacer de todo: atender el público, contestar el teléfono e inclusive hacer lo que ahora hace Javier, que es muy dinámico y se mueve mucho. Javier Naranjo es el actual director de la casa de la cultura. Una persona muy clara que nos ha ayudado mucho a abrir la mente pues tiene la filosofía de delegar, de dejarnos hacer. Ella hacía mucho taller de lectura, pero también de artesanías, de cerámica; cuando venían los campesinos se les daba talleres de modistería, de culinaria, de muchas cosas. Por eso esto se volvió importante. Inclusive ella tiene fotos de esa época cuando comenzó a hacer ‘La hora del cuento’ con los niños y ahora los ve uno y ya son gente casada. Y Nohemy disfrazada, jovencita. Ahora debe tener cincuenta años. Fue la que le dio dinamismo a esto.

“Toda la vida Nohemy trabajó sola. Cuando tenía más movimiento, sola. Todo el tiempo. Ella me contaba que era muy difícil conseguir adquisiciones entonces se inventó campañas: la marcha del libro por ejemplo que era ir de casa en casa pidiendo libros para la biblioteca. Debido a ese ánimo la gente comenzó a corresponderle. Además ella fue la primera en meterse con extensión cultural y los talleres de la Red de Bibliotecas Públicas de Antioquia. Eso fue muy bueno porque ella se capacitó. Iba a todo. Dos décadas estuvo allá en el colegio. Desde hace doce años la trasladaron a este edificio cuando se creó la casa de la cultura. Esto era un colegio antes de que el municipio lo comprara para hacer la casa de la cultura.”



Yo salté de la dicha
“La biblioteca era en el primer piso, antes que la pasaran acá. Yo entré en 1994 porque un día me dijeron que estaban buscando una auxiliar para la biblioteca y a mí como me encanta tanto leer, por la compañía que siempre me han hecho los libros, inclusive cuando uno está deprimido ese es un amigo incondicional, pensé en presentarme. A mi me gusta leer de todo porque me sube mucho la moral. Yo iba mucho, desde pequeñita, a una biblioteca que quedaba en el colegio Fray Julio. Me encantaba pasar horas allí. Siempre estaba pendiente de leer porque me gustaba ganarme los concursos de ortografía y por eso le cogí amor a los libros. Me volví correctora de los cuadernos de mis compañeros. Los cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo, me encantaban. ¡Eh qué cosa tan bella!

En esa época estaba estudiando sistemas en Rionegro pero tuve dificultades económicas y no pude seguir. Cuando me contaron lo de la asistente me presenté a la convocatoria e hice los papeles en la alcaldía. Eso era tanto el gentío que me desanimó mucho. Luego me llamaron para hacernos una prueba de mecanografía. Nos hicieron pruebas de redacción (y mire que para todo se necesita ortografía), esa fue la primera prueba de que leer me iba a servir para algo en la vida. A los dos días me llamaron para hacerme una nueva prueba de cultura general. Yo sufrí mucho. Fue muy complicado pero rico, era la primera vez que tenía la posibilidad de trabajar. Ahí me hicieron una entrevista con el alcalde y un psicólogo. A mí me dio mucho temor pero pasé la entrevista. Como a los cinco días de no saber nada yo dije: ‘no, no fue para mí’. Me dio mucha tristeza porque además de la ansiedad por trabajar, esta era la oportunidad de hacer algo rico en la vida. Al final, como a la semana y media me llamaron para decirme que el puesto era mío. Yo salté de la dicha.

“El primer día de biblioteca fue muy asustador. Nohemy todavía era la directora de la biblioteca. Me recibió muy querida ella; siempre, desde el primer día, se encargó de enseñarme, ella fue mi guía. La biblioteca estaba en parte procesada. Nohemy había logrado clasificar la mitad con la ayuda de alfabetizadores de los últimos cursos de los colegios. Cuando comenzamos a trabajar juntas ella me decía: ‘Dolly yo no soy capaz de mandar, de delegar. Tengo que aprender. Yo me acostumbré a trabajar sola’. Ella me cogió cariño, quizás porque le supe llegar a pesar de su temperamento fuerte.

“Nohemy comenzó a tener problemas de salud y me tuve que hacer cargo de esto sola. Aprendí a defenderme sola, a saber dónde estaban los libros. Esto necesita mucho tiempo y dedicación. Acá son muy importantes el bibliotecario y la biblioteca. No sólo para los estudiantes, sino para todos los carmelitanos; nosotros somos gente a la que le interesa leer y seguir con sus estudios de universidad.

“Cuando comencé la gente venía sobre todo a hacer tareas. Ahora la gente viene más a leer. Esto se ha convertido en el centro de El Carmen. De todas partes vienen. Ahora además con la ayuda de Pilar y Adriana nos podemos mover más. De todos modos fueron casi cinco años con la compañía de Nohemy que me sirvieron para entender que una biblioteca no funciona sólo adentro, en este espacio, sino que debe vivir hacia fuera. Por eso, ahora, con la compañía de Adriana y Mónica, quien está apoyándonos desde el Sistema de Información Ambiental de Cornare, SIAM, hemos podido hacer que la biblioteca salga de estas paredes. Para eso tenemos además de la hora del cuento, programas como La Carreta de Leer o el Trueque de Libros, o vamos hasta las veredas y con una caja llena de libros invitamos a la gente a que visite este espacio.”

Promoción de la biblioteca
“A nosotros se nos ocurrió promocionar la biblioteca a través de los niños. Cuando vienen las mamás a traerlos a ‘La hora del cuento’ o al ‘Semillero de lectoescritura de inglés’, les decimos a ellas que no se queden ahí sentadas. Y cuando ellas descubren que hay libros de costura, culinaria y temas que les interesan, terminan viniendo a leer de todo después.

“Los días de mercado baja mucho campesino y los niños pasan bastante a la biblioteca. A las mamás cuando no saben leer les doy álbumes infantiles y usted viera lo que les gusta. La gente del campo es feliz mirando libros, con o sin alfabetización.


“Los viernes de seis y media a nueve y media tenemos un ‘Semillero de lectoescritura en inglés’. Fomentamos la lectura pero se les enseña lo escrito y el inglés que es muy importante. Lo hacemos en los dos idiomas. Viene una profesora de idiomas y nos ha funcionado bien. Eso es cantidad de gente. Es que acá más o menos vienen 250 personas al día, eso ya es un logro para nosotras. Por esa cantidad de gente pensamos en comenzar a sacar los libros, en que la gente los pudiera ver en la calle, tocarlos, sentarse en la plaza a leerlos. La Carreta de Leer es los domingos para la gente de las veredas, los minusválidos que no pueden subir las escalas de la biblioteca o, en general, para cualquiera que esté en el parque. Llevamos una carreta con cien libros aproximadamente, ponemos un pasacalle en el cual se anuncia el programa y nos encargamos de atender como si estuviéramos en la biblioteca. Eso tiene tanto éxito como el Trueque de Libros.

“El Trueque de Libros es promovido por el IDEA (Instituto para el Desarrollo de Antioquia) de Medellín y lo hacemos cada año en enero o febrero. Se hace en esta fecha con el fin de que los estudiantes y sus padres puedan intercambiar libros en buen estado, sin necesidad de gastar más dinero. Va mucha gente. En la casa de la cultura hacemos el programa mensualmente, pero ya no con textos escolares solamente sino con libros. Luego lo abrimos hacia ropa, música, y juguetes, pero no dio resultado; a le gente le gusta cambiar es sobre todo libros.”

Sentadas a su lado Adriana, y Pilar van dándole puntadas al discurso de Dolly. Son dos mujeres jóvenes, emocionadas por lo que hacen, como si estuvieran cotidianamente asistiendo al milagro germinal de nuevos lectores. Dice Adriana estar allí porque le gusta la gente. “Yo fui secretaria en Cerámicas Continental tres años y me metía mucho con el trabajador, a mí me encanta estar hablando con todo el mundo. Me gustan mucho los niños también por eso cuando me propusieron venir a la biblioteca no lo pensé. Eso fue cuando se acabó la fábrica. Yo no leía mucho antes. Por ahí los libritos de mi casa. Ahora sí leo. Lo que pasa es que a mí se me murió mi esposo y empecé a coger los libros como compañía. En esa soledad tan grande lo que hacía era comprar libros y lea y lea cosas sobre la muerte. Ahora uno aquí aprende mucho. Acá llega un niño preguntando por cualquier cosa y antes del libro, me acuerdo del colegio y del momento en que aprendí eso.”

En la otra esquina, como en un cuadrilátero solidario, Pilar, una opita emigrada en los años ochenta a Medellín, también repasa su historia con la biblioteca, con un gesto de querer quedarse, de permanecer allí, detenida no por el tiempo pero sí por el trabajo. “Llevo trece años viviendo en Medellín. Me he amañado mucho acá porque no tengo que coger bus para ir a la casa. Les cuento que mi mamá llegó ayer y esta muy amañada por aquí. Es que uno se amaña mucho acá. Yo desde que me vine para Medellín fui feliz. Esto es muy rico por acá, con los paisas se vive muy rico. Yo primero creí que me iba para El Retiro, para La Ceja pero no: El Carmen. Mi objetivo era trabajar en algún SIAM, pues trabajo con Cornare. Me vine sin conocer, pero desde agosto que estoy acá me he amañado mucho.”



Cuando terminan, salen hacia los otros salones de la casa de la cultura. El Consejo Municipal asumió parte de la sala infantil, por ello esa urgencia de ocupar el primer piso. En los salones hay niños que corren y al fondo, tras una puerta que da a lo que algún tiempo debió ser un salón de materiales, se encuentran con el luthier, un hombre que fabrica instrumentos con cerámica, desde digeridús australianos hasta flautas colombianas. Van mostrando todo con la misma energía con la que hablan de su proyecto. De su biblioteca, pues aunque no les pertenezca a título personal ellas ya la hicieron suya.


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