Las huellas del cuerpo: lo indicial, lo icónico y lo simbólico en clave evolutiva



Descargar 54.26 Kb.
Fecha de conversión24.03.2019
Tamaño54.26 Kb.
Vistas107
Descargas0

Las huellas del cuerpo: lo indicial, lo icónico y lo simbólico en clave evolutiva

TRABAJO EN PROCESO

Amparo Rocha Alonso

“El cuerpo es un signo. O si se quiere: el cuerpo es la más arcaica materia significante.” (Eliseo Verón)

El propósito del siguiente artículo es revisar una línea teórica que Eliseo Verón desplegó durante parte de su trayectoria como semiólogo, la de cuerpo significante, con todas las consecuencias que se derivan de ella, en especial lo atinente a las dimensiones de lo indicial, lo icónico y lo simbólico, reformulación de la 2º Tricotomía de Charles Sanders Peirce (1839-1914) en clave evolutiva.1 Para ello, repasaremos el alcance de tal conceptualización, tanto en relación con los objetos abordados como al tiempo en que funcionó eficazmente dentro de los límites de su producción teórica.

Nos parece que hay que profundizar en ese derrotero en que, a priori, las opciones son: a) la pérdida del concepto de cuerpo significante, b) su reescritura en clave novedosa.

Finalmente, nos detendremos en el concepto de mediatización, central en su articulación con el de cuerpo significante En este intento, iremos de La Semiosis Social (1987) a La Semiosis Social 2 (2013), tratando de precisar las resonancias que adquieren esas nociones a la luz de los nuevos desarrollos teóricos que atrajeron al Verón de los últimos años.

En “De lo indicial, lo icónico y lo simbólico en las manifestaciones del sentido” (2010) expusimos brevemente la propuesta de Verón, desarrollada en el capítulo “El cuerpo reencontrado” de La Semiosis Social. En aquella oportunidad, el objetivo de nuestro artículo era ejemplificar el funcionamiento de esos tres órdenes peirceanos en diversos objetos discursivos, tanto en la esfera de la interacción cara a cara como en la mediática. Partíamos de la aseveración de Verón de que “la cultura y el lazo social se definen por la transferencia de los tres órdenes del sentido a otras materias autónomas en relación con el cuerpo significante” (1993: 148). Vale decir, en la evolución, las tres capacidades semióticas2 humanas, al tiempo que permanecían en este cuerpo, se fueron transfiriendo progresivamente a otros soportes (objetos, el cuerpo mismo como lienzo que exhibe formas significativas, paredes de cuevas, muros, papiros, pergaminos, telas, discos, cintas, pantallas, entre otras) y desde aquel momento crearon cultura y sociedad. Ese proceso, que no es otro que el de la mediatización, implica la producción de lenguajes y el encuentro y la elaboración de herramientas y de superficies de inscripción del trabajo humano. Trabajo que consiste en dejar huellas e interpelar, imaginar y simbolizar.

Si los homínidos prehumanos fueron capaces de fabricar instrumentos de piedra previendo situaciones (lo cual implica un grado muy grande de sofisticación intelectual en relación con su punto de partida), se supone que el lenguaje verbal es privativo del humano moderno (Homo sapiens)3 y eso implica la dimensión simbólica, último estadio de la humanización.4

El cuerpo, después de “El cuerpo reencontrado”

Si el objetivo es advertir cómo funcionaron las categorías de Verón en análisis discursivos, tenemos un primer ejemplo ya en este capítulo de La Semiosis Social (LSS desde ahora), en el que se ejemplifica sucintamente el funcionamiento de estos tres niveles del sentido en la prensa gráfica. Asimismo, la noción de cuerpo significante reaparecerá para identificar la dimensión del contacto, indicial, como propia de los medios electrónicos –radio y TV- en un artículo dedicado al noticiero televisivo: “Está ahí, lo veo, me habla”. Allí se traza una primera historia de la mediatización a corto plazo, la del discurso informativo en los medios.5 La misma explicación es retomada en Espacios mentales. Efectos de agenda 2 (2001):

“Desde el punto de vista del desarrollo de cada individuo en sociedad, la secundidad del contacto indicial es genéticamente el primer nivel de estructuración de la semiosis comunicacional, seguida después por la estabilización de configuraciones icónicas de la primeridad, para culminar en el orden simbólico de la terceridad del lenguaje. (…) el proceso de mediatización de la modernidad siguió el camino inverso al del trayecto ontogenético: operó primero sobre la escritura en la prensa de masas, prosiguió con la mediatización de lo icónico y culminó al menos en la etapa que estamos considerando, con la mediatización del contacto en la llamada televisión “de masas”. (2001: 132)

Por su parte, en el libro dedicado al libro e ingeniosamente titulado Esto no es un libro (1999a), al mismo tiempo que reconoce la dimensión simbólica de la palabra escrita y la icónica de imágenes y gráficos, Verón dirá:

“El libro es ante todo un lugar, un espacio (en el sentido material del término, en el que se puede entrar y del cual se puede salir). Este espacio, naturalmente, no tiene nada de analógico puesto que un libro no se parece a nada. Se trata de un espacio de reenvíos y trayectos, de avances y de retrocesos, de altos y de bajos, un espacio que, como todos los espacios recorridos por el cuerpo significante (Verón, 1976), está hecho de un tejido de vectores indiciales.” (1999 a: 17)

Esa dimensión implicará, en el caso del objeto libro, no solo lo espacial, sino lo temporal, en tanto toda lectura activa lo subjetivo de la experiencia de la vida como relato, lo autobiográfico.

Sin embargo, en 1998, en su artículo “Mediatización de lo político” ya comienzan a cruzarse estas tres dimensiones del sentido con las categorías peirceanas de Primeridad, Segundidad y Terceridad: se habla de afectos, justamente para demostrar que la política televisada es incapaz de generar colectivos de esa índole, o sea, del orden de la Terceridad:

“Para decirlo una vez más utilizando la terminología de Peirce, éste sería un colectivo que, en virtud del contacto (secundidad definitoria de la televisión), engendra un sentimiento difuso de pertenencia (primeridad de los afectos). Pero en ningún caso sería una tercera terceridad , un colectivo asociado a un proyecto referente al largo plazo…” (1998: 232)

“No pueden construirse colectivos identitarios de largo plazo únicamente con imágenes ni únicamente con el orden indicial de la mirada característico de la televisión.” (1998:233)

Por de pronto, en su producción posterior a LSS, en especial en los libros Efectos de agenda (1999b) y Espacios mentales. Efectos de agenda 2 (2001), el uso de las categorías peirceanas con el fin de explicar efectos de sentido es ampliamente perceptible. Verón utilizará habitualmente los conceptos de espacios mentales y de estados mentales, y se referirá a operaciones primeras, segundas y terceras creando, a nuestro entender, no pocas ambigüedades.

“Para él (Peirce) había tres “lenguas”, tres registros del sentido, irreductibles entre sí (la primeridad, el orden icónico), la secundariedad, el orden indicial y la terceridad, el orden simbólico).” (1999 b) 6

“Los medios operan, de distintas maneras y con resultados diferentes según las circunstancias sobre las tres dimensiones básicas de la comunicación: la dimensión de las reglas (qué se debe hacer o no hacer: el componente ético), la dimensión de los hechos (cómo se describe un acontecimiento determinado, cómo se lo narra, cómo se lo contextualiza: el componente relativo a la veracidad de la información) y los sentimientos (qué sensaciones, impresiones y afectos, son asociados a tal o cuál hecho: el componente emocional de la información).” (1999 b)

“Para un ET (espécimen ) un punto de cualquier trayectoria se define de manera semióticamente completa, con sus tres componentes: ET puede experimentar sentimientos asociados a imágenes, alegría, enojo, tristeza, asombro, indignación, placer, son algunas de las denominaciones usadas {componente 1}; puede también recordar cosas, reconstruirlas en su memoria, relatarlas {componente 2}: ET puede en fin tomar en cuenta ciertas reglas y aplicarlas o enunciarlas para sí mismo o para otro espécimen {componente 3}. Es capaz de combinar los tres componentes, con lo cual manifiesta las nueve operaciones habituales en los sapiens. (…) A las operaciones relativas a (emociones, afectos, etc.) las llaman primeras; a las operaciones que implican procesos y relatos, las llaman segundas, y a las relativas a reglas, las llaman terceras.” (2001)

En estos libros misceláneos, con porciones de escritura autobiográfica que dispara alguna reflexión semiótica, el cuerpo y la primeridad de los afectos van a ser privilegiados por la mirada del autor. Los olores, la música, el sexo, la experiencia de la naturaleza, la nostalgia de las sensaciones vividas van a invadir la escritura y uno no puede sino pensar que el cuerpo alcanzó al autor de manera realmente vital años después de que fuera tratado como objeto teórico. O, para decirlo de otro modo, es solo cuando la teoría se encarnó en la experiencia efectivamente vivida en el cuerpo y reconocida sin pudores académicos, cuando el autor comienza a enfocar su atención en los espacios mentales, que se habilitan corporalmente. Es especialmente la categoría de Primeridad, la del feeling, la que concita su mayor atención, en principio por el carácter autobiográfico de los textos y quizá también porque las sensaciones, sentimientos y afectos han estado tradicionalmente proscriptos en ciencias sociales. Por poner un ejemplo, de los tantos que se podrían seleccionar:

“Pensó entonces, y lo sigue pensando muchos años después, que la emoción que sintió en ese momento estaba provocada por la inusitada belleza de lo que le estaba ocurriendo, belleza que resultaba de la naturalidad de una extraordinaria mezcla de cariño, sexo y ternura.” (1999b: 120)

También en Efectos de agenda podemos leer:

“Pasaje de bajos a agudos, de un fragmento de vocalización totalmente convencional (y por lo tanto público, en el sentido de carácter socializado del género) a un quejido ronco y primario, totalmente íntimo; y un uso de la respiración que introduce sistemáticamente la presencia del cuerpo” (1999b: 186)

Si este fragmento puede leerse perfectamente como una aplicación de la noción de cuerpo significante (el género como público, convencional, simbólico, versus lo íntimo, primario, indicial de la voz; la capa metonímica de producción de sentido manifestada en algo básico como la respiración), también es cierto que la referencia a la experiencia autobiográfica (una cantante que está escuchando) acentúa la dimensión afectiva:

“…la voz de Jewel nos cuenta, simplemente, que está haciendo el amor” (1999b: 186).

Finalmente, en La Semiosis Social 2 (LSS desde ahora)”el cuerpo será tratado como “operador del sentido” en dos capítulos dedicados a comentar trabajos de campo sobre visitantes a museos y usuarios de transporte público, mientras que la cuestión de lo indicial, lo icónico y lo simbólico parece diluirse frente a los tres estados de la semiosis:

Feeling, reaction y thinking. (…) Las tres categorías son descriptas como estados mentales (states of Mind). (…) son las tres dimensiones básicas de toda actividad cognitiva del Homo sapiens.” (2013: 31)

Evidentemente, el pasaje de categorías peirceanas (lógicas, pragmáticas) a un modelo psicoantropológico no se hace sin costos teóricos. Herman Parret afirma que las lecturas o reelaboraciones de una teoría lógica como la de Peirce a otra sociológica u otra son inviables7, pero aunque no acordemos con eso sí reconocemos que hay puntos ciegos que conciernen justamente a la relación conflictiva entre las categorías –las tres columnas en que se asienta todo el edificio teórico de Peirce y los signos de la segunda Tricotomía, que se derivan, como bien sabemos, de una combinación por doble partida de dichas categorías.



Categorías cenopitagóricas y 2º Tricotomía:

Esta coexistencia de dos conjuntos de elementos de estatus diferenciado: los niveles de sentido del cuerpo significante y las categorías de Primeridad, Segundidad, Terceridad, genera en la última producción de nuestro autor ciertos problemas que han quedado irresolutos. Si somos coherentes con la formulación presente en “El cuerpo reencontrado”, deberíamos tener en cuenta que cuando se hace referencia a los órdenes de lo indicial, lo icónico y lo simbólico se trata de una elaboración del nivel de la representación peirceano, vale decir, el de la relación entre el representamen y su objeto. En el modelo de Verón, desde el nacimiento hasta la adquisición del lenguaje, el cuerpo es trabajado por tres reglas (complementariedad, simetría, arbitrariedad) y, cumplido este proceso, es capaz de dejar huellas en otras materias, huellas que responden a las siguientes lógicas: 1) la del contacto, la metonimia, la contigüidad, la complementariedad; 2) la de la analogía, la semejanza, la equivalencia, la comparación, la correspondencia, el isomorfismo; 3) la de la convencionalidad. Esas materias, que desde otro punto de vista llamaríamos discurso, trabajadas a partir de esas lógicas que no se excluyen sino que funcionan por predominio relativo, generarán efectos en recepción. Como sucede con todo efecto, dependerá de condiciones de reconocimiento, pero también de la propia naturaleza del discurso, que ha sido configurado a partir de esos tres niveles del sentido: ¿Se trata de cuerpos en interacción, con todo el paquete multicanal que eso conlleva? ¿Se trata de imagen fija, manual, fotográfica? ¿Se trata de puro sonido articulado musicalmente? ¿De un discurso audiovisual cinematográfico? ¿De la palabra oral, escrita? ¿Se trata de una narración? ¿Se trata de un discurso interpelativo, que genera un estado de alerta? Muchas son las variables en juego, y en diversas capas.

Que haya un orden de aparición de estos niveles semióticos en la ontogénesis no puede ser menor a los fines de la recepción de los discursos, en tanto apelan al contacto más primario, a lo imaginario o a la dimensión intelectiva, simbólica, siempre, reiteramos, según grados de preeminencia.8

Así parece sugerirlo Verón al tratar el discurso político mediatizado en radio y TV: si allí no parece ver él la posibilidad de generación de colectivos es porque de la primeridad y segundidad que se derivan de la voz radial y del eje de los ojos en los ojos, más las imágenes de la televisión, no puede esperarse más que lo que Casetti y Odin han llamado “puesta en fase energética” (1984) y poca reflexión. Como en las tres tricotomías peirceanas, vamos de las meras cualidades del sentir al último nivel del razonamiento deductivo, pasando por diversos grados de sensación, hechos y reglas.

Esta conexión de categorías con signos es coherente, si bien nunca queda claro cómo se relacionan o se cruzan en cada fenómeno comunicacional. Uno podría preguntarse, por ejemplo, qué efecto provocará un discurso mayormente icónico (una secuencia cinematográfica, por ejemplo), en tanto desencadena reacciones propias de la distancia entre lo mirado y la mirada, la sugestión de la imagen fotográfica, la inmersión que provoca el relato.9

Para ello, deberemos retomar la senda de la formulación peirceana de la 2º Tricotomía, tratando de precisar el pasaje que efectúa Verón de una teoría lógica del sentido y del conocimiento (significancia y comunicabilidad según Parret), a una de orientación psicoantropológica. ¿Qué consecuencias teóricas arrastra la ubicación del orden indicial10 en el primer lugar del desarrollo humano, tanto filo como ontogenético? Las determinaciones propias de las categorías cenopitagóricas (Primeridad, Segundidad y Terceridad), que constituyen la clave de la clasificación peirceana: el ícono como signo primero en la relación de representación R-O y el índice como segundo en dicha relación: ¿cómo se reformulan a la luz del nuevo ordenamiento?

A nuestro entender, ciertas inconsistencias que creemos detectar se juegan en el orden de los dos primeros tipos de signos (Peirce) y su modificación por Verón. El nivel simbólico, por su parte, quedaría a salvo de cualquier interrogante, ya que es claro su alcance como nivel generador y ordenador de la cultura.

En Peirce, Primeridad, Segundidad y Terceridad aparecen nombradas como categorías faneroscópicas, cenopitagóricas11, como modos de ser de las ideas, como universos. Como todo en la teoría peirceana, son categorías lógicas, entendiendo lógico en un sentido amplio. De hecho, el propio Peirce dice que su texto podría llamarse “De la lógica como una semiótica”, habla de Faneroscopía (ciencia del fáneron o fenómeno) y de Fenomenología (ídem). Si estas categorías son, como aparecen en algunos textos, “estados de la mente”, lo suyo parece ser una fenomenología. ¿Son fenómenos de conciencia? El antipsicologismo de Peirce no parece habilitarlo, y sin embargo diversos textos a lo largo de los años hacen fluctuar los sentidos.12

La Primeridad es, a nuestro juicio, la categoría más problemática: ligada a la cualidad, “Es, simplemente, una posibilidad peculiar positiva.13 También, “la impresión total no analizada que produce cualquier multiplicidad no pensada como un hecho real, sino simplemente como una cualidad, como una simple posibilidad positiva de aparición”. En este sentido, es fácil entenderla como una potencia aristotélica: una cualidad puede aparecer encarnada, aunque eso no suceda necesariamente (el acto aristotélico). Una idea de Primeridad puede ser pensada, independientemente 1) de que se halle en un objeto y 2) de que pueda ser percibida como tal (el ejemplo del escarlata de las libreas en la corte inglesa). La Primeridad es vaga, y en eso se acerca más a la generalidad de la Terceridad que a la distinción de los singulares (objetos y eventos que se oponen entre sí) de la Segundidad

Pero qué decir de la Primeridad como sensación (“feeling”). Una sensación: ¿es algo que se siente? Y si ya no es una mera posibilidad, sino un estado de la mente: ¿qué la diferencia de una ocurrencia? Si una sensación se siente, ocurre en un momento y en un lugar y como respuesta a un estímulo y ¿no es así como define Peirce la Segundidad?

¿Qué decir del deslizamiento que efectúa Peirce cuando caracteriza al Interpretante Inmediato (de Primeridad, anterior al dinámico o efectivo y al final) como posibilidad (interpretabilidad, posibilidad que tiene un signo de ser interpretado, su potencialidad significante) pero también como “la primera impresión que el signo causa”.14 ¿Se trata de una posibilidad, algo anterior a la ocurrencia del sentido en alguna mente, o de un sentido primero efectivo, anterior a una discriminación clara? En el mismo texto se dicen las dos cosas con diferencia de unos párrafos: hemos pasado de la potencia al acto y de la lógica a la fenomenología.

Como sea que fuere -y es ambas cosas-, la Primeridad también resulta problemática cuando la relacionamos con el ícono, signo primero de la 2º Tricotomía, aquella que toma en cuenta las relaciones entre representamen y objeto. El ícono es un signo de forma:

“Un ícono es un signo que poseería el carácter que lo hace significante aun cuando su objeto no tuviese existencia; por ejemplo, un trazo de lápiz como representante de una línea geométrica.” (2.303) También es un signo de semejanza, de analogía. Íconos son imágenes, diagramas y metáforas.15

Ya en la teoría de Verón, en su formulación acerca del cuerpo significante, el funcionamiento icónico implica un primer grado de abstracción, ausente en el anterior momento, indicial: el que permite distinguir dos niveles, conductas y situaciones, “discurso y metadiscurso” al decir de Bateson (por supuesto, a nivel intuitivo). ¿Cómo se condice con la categoría de la sensación, la más simple, monádica (“lo que es tal como es, sin referencia a ninguna otra cosa”). Si bien el ícono es un signo que no necesita de la existencia de su objeto, signo de cualidad (concepción lógica), en la ontogénesis del humano, surge en segundo término, encaramado al funcionamiento indicial y en referencia al espacio estabilizado y a la distancia que impone la mirada. Luego del contacto (táctil, del gusto, auditivo, olfativo) se impone lo visual, sentido privilegiado en los primates superiores.

El propio Verón, en nota al pie da una posible respuesta en “Cuerpo significante”:

“Hay, sin embargo, una diferencia importante entre nuestro texto y la teoría de Peirce. Puesto que, para este autor, el ícono es firstness y el índice es secondness y la secundariedad presupone la primeridad, el índice presupone el ícono; dicho de otro modo, para Peirce hay siempre algo icónico en el índice. En este artículo intentamos mostrar, al contrario, que la producción de sentido basada en la regla de contigüidad es anterior a todo fenómeno de “analogía”. Pero esta diferencia se debe sobre todo al hecho de que, en este artículo, designo como “fenómeno de analogía, aquellos que corresponden al conjunto de reglas esquematizadas en el esquema como tipo II (Nota de la autora: se refiere a las reglas de sustitución/ continuidad/no arbitrariedad/similaridad), mientras que en Peirce, y en su sentido más general, la noción de ícono es prácticamente sinónimo de “cualidad sensible”.” (1976)

Y, en nota al pie, en su último libro:

“En algún momento convendrá discutir qué problemas plantea esta conclusión16 en relación con la teoría de Peirce, en particular con su principio de la jerarquía de las categorías.” (2013)



La perspectiva evolutiva

Si en LSS Verón arriesga de manera sutil su concepción psicoantropológica, filo y ontogenética17, en LSS2 desarrolla sin tapujos la perspectiva evolutiva, especialmente en la Segunda Parte, “Momentos”, en la que traza un itinerario puntuado con hitos en el camino de la mediatización del sapiens: la creación de las primeras herramientas de núcleo olduvayense, la invención de la escritura, el pasaje del rollo al códice, la invención de la imprenta, la fotografía y la fonografía, la televisión histórica e Internet, todos ellos momentos de alteración de escala entre Producción y Reconocimiento.

Para Verón, si bien en toda discursividad hay mediación, como en la interacción cara a cara -en que las ondas sonoras son la exteriorización de procesos mentales-, no toda puede llamarse fenómeno mediático. Para que algo sea caracterizado como tal debe poseer autonomía y persistencia. Por ello, por ejemplo, una piedra que es producida mediante un corte preciso y sirve para cortar carne o pieles ya lo es: es autónoma en relación con el propio cuerpo que la fabricó y permanece más allá de él.

En algunos pasajes de sus libros hay comentarios acerca del escozor que provoca aún ahora –aunque menos- cualquier referencia a las ciencias naturales en el campo de ciencias sociales. En LSS operaban con fuerza teorías dominantes en las décadas de los sesenta y setenta en el campo de las ciencias humanas: el marxismo, el psicoanálisis, la lingüística generativo-transformacional de Chomsky, la teoría de la enunciación, la teoría de los actos de habla (aunque más no fuera para polemizar con ella). Como dijimos, en este contexto, la introducción de una mirada evolutiva se da en un solo capítulo de su libro, central por su ubicación y al mismo tiempo excéntrico desde el punto de vista de su contenido.

Sin embargo, ya “Cuerpo significante”, texto anterior, fuertemente ligado al campo psicoanalítico18, comenzaba afirmando “Siendo animal el hombre…”. Es en la Escuela de Palo Alto y en Bateson en particular, en épocas en que eran muy significativas las teorías de la ideología, la concepción del hombre unidimensional y de la manipulación mediática, donde Verón encuentra auxilio para sus preocupaciones teóricas: comprender al ser humano como un animal –el “mamífero parlante”-, entender el sentido en la interacción y en la mediatización, dar cuenta del desfase constitutivo del sentido entre Producción y Recepción.

Liberado ya del influjo de esas teorías19, Verón se lanza a investigar distintos tipos de discursividad en los medios (el discurso político, el científico, el informativo, el ficcional), el caso del libro y finalmente, los espacios mentales (primero en sus dos libros de “agenda” y luego en su último libro, el ya citado La Semiosis Social 2). Es aquí donde va a desarrollar con mayor o menor coherencia su enfoque evolutivo, centrado en la mediatización más que en los medios y en el sentido más que en los discursos.20 En LSS2 aparecen recurrentemente los tres estados de la semiosis, los states of Mind peirceanos: sus categorías de Primeridad, Segundidad y Terceridad.

Se trata de un abordaje amplio, omnicomprensivo –por cuanto considera la totalidad de la producción humana- como si se enfrentara desde lo alto, como observador analista, a un proceso que va de la hominización hasta la actualidad. Algunas de las teorías que lo acompañan en esta aventura están al comienzo del libro, una suerte de homenaje y explicitación del marco teórico que va a organizar el resto del texto: Peirce, Bateson, Benveniste, Levi-Strauss, Metz, Culioli, Edelman y Schaeffer. Y si de cada uno de ellos rescata algunas categorías, actitudes, intuiciones, es sin duda Peirce el que le ofrece una conceptualización atractiva y abarcativa que le permite pensar la semiosis entera. La de los estados de la mente (2013: 23-47).

Es evidente aquí el abandono de varios paradigmas teóricos que había abrazado, como tantos, en su primera época (marxismo, psicoanálisis) en favor del cognitivismo, teorías de la complejidad y la sociología sistémica y antihumanista de Niklas Luhmann. En este nuevo enfoque, el sujeto para a ser un sistema: sistema socio-individual (psíquico en Luhmann), mientras que la mediatización será entendida como exteriorización (otro nombre de la transferencia) de operaciones mentales del sapiens. El cuerpo no desaparece, pero solo se alude a él como materialidad (“el organismo biológico del sapiens”); el cognitivismo se impone a la matriz psicológica (Piaget) y psicoanalítica (Freud, Lacan). Peirce y Bateson, por su parte, permanecen activos, aunque su funcionamiento se vea ligeramente desplazado, dadas las nuevas condiciones de la teorización. El enfoque evolutivo, que se esbozaba tímidamente en un solo capítulo de LSS planta bandera cientificista en la última etapa veroniana. La sociosemiótica, antes que una teoría de la discursividad social, como se propuso, es una epistemología de raíces biológicas. “Las Ciencias Sociales son Ciencias Naturales” es un postulado que Verón repitió a lo largo de los últimos años de su producción, un poco como desafío: el sapiens, un animalito más, crea cultura, como el castor construye diques, el hornero su nido y las ballenas se llaman entre sí. La posibilidad de apertura a la dimensión simbólica, tercera, es la que hace de esa naturaleza -la cultura- no una serie de repeticiones sino una red infinita, abierta. En el enfoque peirceano: la posibilidad de generar conocimiento nuevo, de incrementar ad infinitum las representaciones, interpretaciones y acciones sobre el mundo.

En el Verón de la última época (LSS2) hay un deslizamiento hacia una semiótica antropológica, lejos de la Teoría de los Discursos Sociales propuesta en LSS y aplicada infinidad de veces en diversos objetos. Aunque, podríamos decirlo diferente: es otro nivel de análisis, uno mucho más abarcador que no está prestando atención a fenómenos discursivos particulares, sino a la semiosis entera, especialmente desde el punto de vista de su desenvolvimiento en el largo tiempo de la evolución humana.

Lo indicial, lo icónico y lo simbólico en otras teorías

En el camino fijado por los textos sobre el cuerpo significante Verón no está solo y hay quienes lo antecedieron, como el semiólogo estadounidense Tomas Sebeok que, con una mirada aún más omnicomprensiva, que conecta biología y evolución y también a partir de la semiótica peirceana, propuso una semiótica de la comunicación biológica: en los cinco reinos21 y en todos sus niveles posibles (el cromosomático, el celular, etc.). En su libro Signos: una introducción a la semiótica (1996), trabaja a partir de la teoría del biólogo Jakob von Uexküll que propone el modelo de la Umwelt, el entorno en que cada especie vegetal y animal vive y con el que se relaciona subjetivamente a partir de su dotación biológica. Dando vuelta la clasificación de la Escuela de Tartu de la Lengua como sistema modelizador primario, Sebeok la considerará sistema modelizador secundario desde el punto de vista onto y filogenético, para llegar a la idea de la cultura (lengua, ideología, instituciones, etc.) como modelizadora terciaria, siguiendo el modelo de Popper de Mundos 1, 2 y 3 (universo de la materia inanimada, todo lo que comparte el hombre con los animales, mundo propiamente humano).

Desde una perspectiva cognitivista, el psicobiólogo Michael Tomasello señala a partir de experiencias con chimpancés y con infantes humanos el trayecto que probablemente hayan hecho los sistemas gestuales y la lengua en su surgimiento. Señalar, imitar, hablar parece ser la secuencia que llevó a la aparición de la lengua en la única especie que la posee. Según esta teoría, el lenguaje verbal habría aparecido, no como especialización de sonidos inarticulados (gritos, gruñidos, etc.), sino como el tercer escalón que sigue a la capacidad cooperativa22 de señalar e imitar mediante gestos.

También Paolo Fabbri encuentra la gestualidad anterior al lenguaje y en el origen de ambos la articulación, como primera operación de producción de sentido (2001).

En un campo del todo diverso, el del psicoanálisis lacaniano, también se ve replicada la trayectoria de estos tres órdenes. El filósofo Mladen Dolar, a partir de su abordaje de Lacan y de los muchos textos que éste dedicó a la mirada y de los pocos que dedicó a la voz, ubica a esta última en el primer lugar de la experiencia del niño en su camino a constituirse como sujeto. En la siguiente cita hallamos resonancias de la formulación de Verón acerca de la capa metonímica de producción de sentido, en tanto el contacto de la voz de la madre en el niño opera metonímicamente:

“Lacan aislaría luego la mirada y la voz como las dos encarnaciones primordiales del objeto α, pero su primera teoría le otorgó un privilegio incuestionable a la mirada como instancia paradigmática de lo imaginario, elevándola al rango de modelo. Sin embargo, puede considerarse que la voz en cierto sentido es aún más impactante y elemental: si la voz es la primera manifestación de vida, ¿no es acaso el oírse a sí mismo, y reconocer la propia voz, una experiencia que precede al reconocimiento de sí en el espejo? ¿y no es acaso la voz de la madre la primera conexión problemática con el otro, el lazo inmaterial que viene a reemplazar el cordón umbilical, dando forma a buena parte del destino de las primeras etapas de la vida?...” (Dolar, 2007: 53-54)

Entendemos que la formulación veroniana del cuerpo significante sigue siendo productiva y sintoniza con otros campos del saber. La inclinación a otro modelo explicativo, el de los estados mentales primeros, segundos y terceros no rectificó dicha conceptualización, pero tampoco se alineó coherentemente con ella, probablemente como resultado del juego entre dos niveles distintos de observación: el discursivo y el cognitivo. Si las huellas de operaciones de contacto, analogía o convencionalidad pueden leerse en producción y pueden despertar hipótesis acerca de la recepción (que luego habría que corroborar), allí puede hacerse un análisis discursivo. Las operaciones cognitivas se transforman en discursivas, pueden describirse y agrupar en una gramática.

Acerca de la noción de operaciones

Tomemos prestada de Gianfranco Bettetini una noción que nos ha sido sumamente útil a la hora del abordaje de textos cinematográficos, la de índice comentativo. Como su nombre lo dice, un índice indica. Como es comentativo, indica una operación enunciativa de comentario sobre un relato base. Como estamos en el mundo del cine, el relato será cinematográfico, pero podríamos pensar en un relato literario y en comentarios literarios, que serían de naturaleza verbal, o a lo sumo gráficos (si el texto juega con recursos de ese tipo: mayúsculas, negritas, cursivas, etc.).

Decíamos, estamos en el mundo del cine y por ende, nuestros índices serán de naturaleza cinematográfica, vale decir audiovisuales. Como señala el autor, estas marcas de comentario sobre un relato base corresponden al dispositivo técnico.23 Tipos de plano, movimientos de cámara, montaje, encuadres, uso expresivo del color, banda sonora, son algunos de los ejemplos que da Bettetini al respecto.

Nuestro objetivo es evidenciar el predominio de las tres lógicas del sentido de las que venimos hablando en diversas operaciones que pueden leerse en producción como índices de comentario, a saber:

Operaciones indiciales, consideradas en tal sentido por implicar deslizamiento, metonímia, complementariedad, interpelación:


  • movimientos de cámara; travelling, zoom, ciertos planos detalle, uso musical para indicar “lo que vendrá”, puntuaciones sonoras de escena que llamen la atención, todo aquel uso del color que interpele, el montaje como puesta en secuencia, la voz en off o voice over en los carteles, intertítulos, subtítulos y otros textos que interpelan al espectador, toda clase de metonimias. En definitiva: operaciones de énfasis (llamado de atención al espectador) y de puesta en contigüidad visual, sonora o audiovisual.

Operaciones icónicas, todas aquellas que comporten analogía, equivalencia, comparación, metáfora, uso de cualisignos:

  • Encuadres, planos generales, americanos, montaje paralelo, montaje metafórico (comentario atemporal), pantalla dividida (artificialmente o por medio del decorado, como en la escena de Marnie, de A. Hitchcock), uso expresivo del color, mickey mousing en la animación y en el cine en general. En definitiva: toda operación tendiente a encuadrar (a transformar una imagen en un cuadro), a establecer equivalencias o a metaforizar con la imagen, con el sonido, o con ambos.

Operaciones simbólicas: uso de la palabra en general, salvo cuando se impone el aspecto interpelativo (indicial) o analógico (icónico, como en un texto que acompañe punto por punto una secuencia); uso simbólico de la música y del sonido en general; titulación. En definitiva, toda forma de convencionalización, como en el uso de figuras retóricas y toda clase de simbolización. En este sentido, es fundamental el recurso al género y/o al estilo como conjunto de patrones que son un marco sobre el cual se trabaja, respetando, transgrediendo, parodiando, etc.

Operaciones primeras, segundas y terceras

“Los estados mentales (inclusive los propios) son por definición inaccesibles. Estamos condenados, pensó, a postular una homología fuerte (o perfecta) entre estados mentales y procesos discursivos. El sujeto solo puede pensar sus estados mentales, y como se sabe, el pensamiento es lenguaje. ¿Qué lenguaje? Este es todo el problema.” (1999b: 140)

Así discurría Verón en Efectos de agenda. Y si bien planteó dicha homología, no llegamos a tener acceso a ella. Sí a gran cantidad de ejemplos del funcionamiento de estos estados mentales. En Espacios mentales asimilará información a segundidad y conocimiento a terceridad (2001: 69); más adelante utilizará la analogía entre estados líquido, sólido y gaseoso y datos, estructuras estables de conocimiento y saber implícito, encarnado (2001: 70). En LSS2:

“Podemos identificar como perteneciendo a la dimensión de la primeridad todos los usos “de búsqueda”, es decir, la navegación de lo que sería, al límite, la totalidad de los contenidos de la cultura humana, que a su vez pueden ser predominantemente primeros (búsqueda de una experiencia estética musical, visual o literaria, por ejemplo), segundos (búsqueda de una información factual, de un “dato”) o terceros (búsqueda de principios normativos aplicables a comportamientos, como una receta de cocina o el itinerario urbano que necesito recorrer para llegar a determinado lugar). En los usos “relacionales”, que se configuran en las llamadas “redes sociales”, predomina la dimensión de la secundariedad, esto es, el contacto, la reacción, la contigüidad metonímica de las relaciones interpersonales. Y está, en fin, la terceridad de la aplicación de normas específicas destinadas a producir un cierto resultado (como por ejemplo, las múltiples operaciones bancarias que han sido todas virtualizadas, o las transacciones comerciales). (2013: 280

“Peirce se vuelve, entonces, indispensable para poder comprender las características de la semiosis musical y la complejidad de los efectos cognitivos (emocionales, evocativos, normativos) que la música puede inducir a los receptores.” (2013: 250)

“La música instrumental. Ya se trate de piezas para solista, de pequeños conjuntos de cámara o de grandes orquestas, es un masivo fenómeno de la primeridad: el flujo musical es el representamen de pasiones, emociones e impresiones subjetivas; su objeto, los factores indeterminados que las provocan y su interpretante, las hipotéticas reglas de la mente humana.” (2013: 255)

Si las operaciones fueran, como Verón lo propone un sus últimos libros, primeras, segundas y terceras, se trataría de operaciones cognitivas, que damos por sentado que existen. Si se trata de estados de la mente, los podríamos ver en Recepción tras algún tipo de análisis bien ajustado. Si las pensamos en Producción, ¿cómo damos cuenta de ellas? ¿Cómo damos cuenta de una emoción, o de un recuerdo en un discurso concreto?

Por ello insistimos en que, en el nivel discursivo y con un propósito descriptivo y explicativo, debemos trabajar con operaciones discursivas y no con operaciones cognitivas.

Nadie negaría que la música proviene de factores indeterminados que la provocan: pasiones, emociones e impresiones subjetivas. Pero, ¿por qué la música instrumental y no la cantada? ¿Toda la música instrumental proviene de pasiones y no del cálculo y el azar, como sucede con ciertas estéticas contemporáneas? Podríamos decir, sí, a propósito de la música, que proviene de una materialidad ligada al cuerpo significante y que efectivamente genera reacciones pasionales, corporales, de placer (o displacer) y eso depende del trabajo sobre el sonido (materia indicial) hecho a partir de un conjunto de reglas culturales genéricas y estilísticas y por lo tanto simbólicas. La cercanía con ellas y factores muy subjetivos y difíciles de mensurar harán de la recepción una descarga emocional, una escucha indiferente o un rechazo visceral.

Verón echa mano a los tres estados de la semiosis para dar cuenta de objetos centrales de la cultura, como las herramientas de núcleo y de cosas tan banales como las operaciones bancarias. La fundamentación de estos usos múltiples es el modelo fractal de la semiosis, por el cual, adonde vayamos encontraremos operaciones primeras, segundas y terceras, tanto a nivel micro como macro. Esto es indiscutible, y es volver al Peirce más genuino, pero lo mismo puede decirse de las dimensiones indicial, icónica y simbólica, con la ventaja de que podemos encontrarlas operativizadas discursivamente y prestas para el análisis.

El juego entre emoción, experiencia y regla está al principio y al fin de cada cadena del sentido, pero dar cuenta de semejante paquete cognitivo está por fuera de las posibilidades de la Teoría de los Discursos Sociales o Sociosemiótica.

Final:

Consideramos que Verón propone en LSS una conceptualización fuerte y consistente acerca del cuerpo como primera materia significante y motor de la mediatización. Durante un tiempo es coherente con esta formulación, que le sirve para dar cuenta de diversos tipos de discursividad en la televisión, el libro, la prensa, y otros. Progresivamente, a partir de sus Efectos de agenda (1 y 2) comienzan a aparecer referencias cada vez más habituales a las categorías peirceanas de Primeridad, Segundidad y Terceridad como estados mentales de la semiosis, que se van cargando de diversos contenidos con cada nuevo uso. Las correspondencias, posiblemente problemáticas entre categorías y tipos de signos, particularmente los de la 2º Tricotomía no parecen afectar su aplicación, que a veces se cruza y otras se inclina por unas u otros. Finalmente, en LSS2 se hace un uso muy variado y, por momentos, algo caprichoso de las categorías.

Por su parte, a la luz de nuevas condiciones de producción, se reelabora el concepto de mediatización, visto como “exteriorización de los procesos mentales del sapiens”. La secuencia que propone Verón, echando mano de la teoría de los sistemas autoorganizantes de Luhmann es sistemas psíquicos- mediatización- sistemas sociales. Los diversos fenómenos mediáticos que Verón refiere en su último libro, desde las herramientas de núcleo hasta la web, hacen a la interpenetración entre estos sistemas, que presentan isomorfismo, ya que han coevolucionado desde la Prehistoria hasta la actualidad. Si bien el cuerpo sigue apareciendo como operador en recepción, cobra mayor importancia lo mental y lo cerebral. Si en 1987 Verón afirmaba que “La más sofisticada de las tecnologías de comunicaciones debe adaptarse siempre, en reconocimiento, al equipamiento biológico de la especie, invariable desde el alba de la humanidad: el sujeto significante y sus cinco tipos de captores sensoriales”, ya en LSS2 se refiere al cuerpo como “organismo biológico del sapiens, en especial su desarrollo cerebral”.

Para volver sobre el interrogante inicial: ¿pérdida o reescritura del concepto de cuerpo significante?, nos parece, más bien, la segunda opción. Del cuerpo como soporte corporal de la semiosis se ha pasado al organismo biológico del sapiens y su desarrollo cerebral.

En lo que va de LSS a LSS2 el sujeto se transforma en un sistema psíquico o socio-individual y los órdenes de sentido que se transfieren a otras materias pasan a ser los procesos mentales del sapiens que se exteriorizan-materializan en la interacción cara a cara y en toda clase de fenómenos mediáticos. Hay un trayecto del psicoanálisis al cognitivismo con la compañía invariable de un Peirce “para todo uso”. El marco teórico ha cambiado, pero los intereses y problemas teóricos son los mismos: el hombre y su producción de sentido, la cuestión del observador, el estatus de las Ciencias Sociales y la posibilidad (o no) de conformación de colectivos políticos.

Vimos, entonces, las huellas del concepto de cuerpo significante en un corpus de textos veronianos. Por nuestra parte, proponemos como metodología el abordaje de las huellas de las operaciones discursivas indiciales, icónicas y lo simbólicas, siguiendo la formulación primera de LSS.

En definitiva, con Verón y contra él, elegimos un pasaje de su vida teórica y proponemos operativizarlo en el análisis de discursos.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

BETTETINI, Gianfranco (1984) “El tiempo del comentario”, En Tiempo de la expresión cinematográfica. México: FCE.

CASETTI, Francesco y ODIN, Roger (1990) “De la Paleo a la Neo televisión. Aproximación semiopragmática”, En Communications, Nº 51, Télévisions mutations, Editions du Seuil.

DOLAR, Mladen (2006) Una voz y nada más. Buenos Aires: Edicial, 2007.

JAKOBSON, ROMAN (1963) Ensayos de Lingüística General. Barcelona: Seix Barral, 1981.

PEIRCE, Charles Sanders (1987) Obra Lógica Semiótica. Madrid: Taurus.

PEIRCE, Charles Sanders (1974): “Cartas a Lady Welby”. En La ciencia de la semiótica. Selección de fragmentos. Buenos Aires: Nueva Visión.

ROCHA, Amparo (2010) De lo indicial, lo icónico y lo simbólico en las manifestaciones del sentido. Intersecciones en Comunicación, Año 4, Nº 4, 99-126, FACSO, UNICEN.

TATTERSALL, Ian (2008) El mundo desde sus inicios hasta 4000 aC. México: FCE, 2014.

TOMASELLO, Michael (2008) Los orígenes de la comunicación humana. Buenos Aires: Katz Editores, 2015.

VERÓN, Eliseo (1976) “Cuerpo significante”. En Rodríguez Illera, J. L. (comp.), Educación y Comunicación. Barcelona: Paidós, 1988.

(1983) “Está ahí, lo veo, me habla”, en Communications Nº 38, Enonciation et cinema, pp.98-120. Paris: Seuil. Traducción de María Rosa del Coto.

(1987) La Semiosis Social. Barcelona: Gedisa, 1993.

(1998) “Mediatización de lo político. Estrategias, actores y construcción de los colectivos”. En Comunicación y Política, Gauthier, Gosselin y Mouchon (comp.). Buenos Aires: Gedisa, págs. 220-235.

(1999a) Esto no es un libro. Buenos Aires: Gedisa.

(1999b) Efectos de agenda. Buenos Aires: Gedisa.

(2001) Espacios mentales. Efectos de agenda 2. Buenos Aires: Gedisa.



(2013) La Semiosis Social 2. Buenos Aires: Paidós.

1 Esa reformulación de una clasificación lógico-pragmática del filósofo presenta dos modificaciones sustanciales. En el nuevo enfoque, en primer lugar, los signos pasan a ser considerados niveles, órdenes o modalidades del funcionamiento del sentido; en segundo, estos niveles significantes aparecen en el siguiente orden: indicial, icónico y simbólico (y no icónico-indicial-simbólico, como debería ser si se sigue el modelo peirceano). En este último caso, Veròn tuvo en cuenta las hipótesis acerca de la conducta aportadas por las reconstrucciones filogenéticas de las especies Homo y la observación de la ontogénesis del individuo humano: en ambos casos las conductas indiciales, de “contacto”, anteceden a los procedimientos analógicos.

2 Capacidades semióticas es como preferimos llamar, por parecernos más claro, a los “órdenes” o “niveles del sentido” del texto de Verón.

3 A este humano moderno “Suele llamárselo Hombre de Cro Magnon. El cromañón es el nombre del primer Homo sapiens que ocupó Europa; el nombre proviene del sitio del suroeste de Francia, “refugio de Magnon”, donde se hallaron sus restos por primera vez.” (Tattersall, 2014). Todos los homínidos, también el sapiens, provienen de África, luego se extendieron a Asia y Europa, mientras que América fue el último continente en ser poblado.

4 Hace 40.000 años que el sapiens dejó huellas de conductas simbólicas. (Tattersall, 2014: 115)

5 Hablamos de mediatización “a corto plazo”, ya que, posteriormente, Verón extenderá los alcances del proceso a la elaboración de las primeras herramientas de piedra por los homínidos superiores antecesores del Homo sapiens hace aproximadamente 2.500.000 años (2013: 171. En el caso que nos ocupa, él considera a la prensa gráfica como primer fenómeno mediático, con lo que queda implícito que su referencia primera –aunque no exclusiva- es la información y los medios que se hacen cargo de ese tipo de discursividad.

6 Especialmente, cuando, como en este caso, identifica las categorías cenopitagóricas con los signos de la 2º Tricotomía. En esta cita se advierte la asimilación de las categorías con la de un tipo de signo (de la 2º Tricotomía, nivel de la representación), lo que, si bien está habilitado por algunos usos del propio Peirce, no es riguroso. Para decirlo de otro modo: una cosa es el modo en que se presentan los fenómenos, y otra es la diferencia entre un signo de Primeridad, uno de Segundidad y otro de Terceridad.

7 Parret, Herman (1983) Semiótica y Pragmática. Buenos Aires: Edicial, 1993.

8 En este sentido, es muy interesante el abordaje psicoanalítico que hace Mladen Dolar (2007) de la voz (como phoné), la mirada y la palabra (logos) en Lacan, asimilables a lo indicial, lo simbólico y lo icónico del cuerpo significante.

9 Marie Laure Ryan, a propósito de los diversos tipos de narraciones estudia la tensión entre inmersión e interactividad desde el punto de vista del usuario. Dentro de los discursos inmersivos considera todos aquellos que se hacen con imágenes o que, como los relatos literarios, las generan (el ejemplo de una secuencia narrativa en una carta de Peirce, el célebre pasaje sobre “Caín mató a Abel” funciona del mismo modo: al leer u oír las palabras nos imaginamos la escena –he ahí la dimensión icónica). Coherentemente, Ryan no incluye a la música entre los discursos inmersivos. Al ser su materia prima esencialmente indicial (Rocha, 2004), la cercanía que genera el sonido articulado musicalmente no es inmersión: es otra cosa.

10 El 3º término que, desde el punto de vista de Verón, viene a subsanar la rigidez de la dicotomía analógico versus digital propuesta por la Teoría de la Información.

11 “Ceno”, de koinós (gr.): común; “pitagórico”, por la célebre Escuela matemática presocrática.

12 Este texto que cita Verón es de 1984, anterior a las definiciones que están en las Cartas. (Verón, 2013: 30)

13 Carta a Lady Welby del 12 de octubre de 1903. (Peirce, 1987)

14 Carta a Lady Welby del 14 de marzo de 1909. (Peirce, 1987)

15 Parágrafo 2.277 (Peirce, 1987)

16 Nota de la autora: Verón entiende como primer fenómeno mediático la fabricación de herramientas de piedra o pebble culture y la caracteriza como “mediatización icónica de cadenas operatorias indiciales” (2013: 183)

17 Si bien Verón sí menciona la filo y ontogénesis no califica su perspectiva de psicoantropológica. Nosotros sí lo hacemos: por su recurrencia tanto a la psicología evolutiva de Piaget como al psicoanálisis y por considerar el derrotero de la especie humana sobre el planeta.

18 Se leyó por primera vez en 1976 en una conferencia sobre Sexualidad y Poder (nota del compilador en Rodríguez Illera, J. L. (1988).

19 A pesar de su queja acerca de las modas en ciencia, podría pensarse que Verón también sucumbió a ellas, o que en todo caso, las usó como herramientas que había a la mano para pensar y conceptualizar a partir de sus propios intereses.

20 Es en la tercera parte que reconocemos al Verón analista, en capítulos que recogen experiencias de campo con distintos tipos de discursividad.

21 Monera, Protoctisa, Animalia, Plantae y Fungi.

22 Tomasello (2013) insiste en que la cooperación es exclusivamente humana. La especie habría desarrollado sus habilidades intelectuales y el habla a partir de la gratificación que cada individuo encuentra en la conducta cooperativa y en la intencionalidad compartida.

23 En ese punto, discrepamos con el autor: ¿por qué un rostro o una locación no serían comentativos? Los cuerpos y los espacios también forman parte del repertorio de elementos a seleccionar con vistas a determinados efectos de sentido. Un physique du rol puede ser tan comentativo como un plano detalle. Por supuesto, partimos de la idea, ya expuesta con anterioridad (Rocha, 2010), de que las operaciones básicas de asignación de sentido son, siguiendo a Jakobson (1960) selección y combinación.



Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos