Las actitudes (2da parte) los prejuicios y la discriminacióN



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LAS ACTITUDES (2da parte)

LOS PREJUICIOS Y LA DISCRIMINACIÓN

El estudio de las actitudes, como se adquieren y se modifican, es de gran importancia para la psicología social. El abordaje de las relaciones sociales requiere comprender las cogniciones que subyacen en las conductas de las personas en el marco de la sociedad. En ocasiones, las relaciones entre personas se encuentran dominadas por las actitudes que determinan formas rígidas de percibir a los otros, de actuar frente a los otros, de pensar acerca de los otros. La categorización y la caracterización misma de “los otros”, está en el origen de tales procesos de percepción interpersonal. En ese sentido, se plantea la necesidad de estudiar los prejuicios que guían una gran cantidad de formas de relación social y que subyacen en diversas manifestaciones de conflictos en la sociedad.

El prejuicio se define como una actitud externa y rígida hacia un objeto específico. Como toda actitud, es aprendida en el seno de las relaciones sociales. Consta de los t res componentes ya analizados respecto de las actitudes: afectivo, cognitivo y conativo.

La discriminación es el componente conativo o conductual del prejuicio. No siempre este componente actitudinal se manifiesta en formas concretas de conducta. Cuando si lo hace, hablamos de discriminación o conducta discriminatoria.

El psicólogo estadounidense Gordon Allport distingue cinco niveles en el análisis del comportamiento hostil:

Antilocución: hostilidad verbal, chistes xenófobos, adjetivos denigratorios, referentes al grupo rechazado.

Evitación: distanciamiento, mantenerse lejos del otro sin provocarle daños.

Discriminación: aislamiento del otro, exclusión de los sistemas jurídicos, sanitarios, educativos, laborales, desconocimiento de derechos civiles. Etc.

Agresión física: violencia contra personas y posesiones de las personas.

Exterminio: plan sistemático de violencia en todos sus grados contra un grupo colectivo entero de personas (genocidio)

EL RACISMO Y OTROS PREJUICIOS

Los prejuicios pueden abarcar gran cantidad de aspectos de las personas o los grupos humanos.

Se llama racismo al prejuicio basado en diferencias raciales. Por ejemplo, hasta hace algunos años, en Sudáfrica, la política británica del apartheid establecía que los derechos de los grupos de raza blanca eran superiores a los de los grupos de raza negra.

Bajo el nombre de sexismo, se hace referencia a los prejuicios y la discriminación por las diferencias sexuales, especialmente en contra de las mujeres. Estos prejuicios están basados en la creencia de la inferioridad esencial de las mujeres frente a los hombres. Por ejemplo, bajo el régimen talibán, en Afganistán, las mujeres no tenían derecho a caminar solas por las calles a la asistencia médica ni a la educación.

Los prejuicios acerca de la edad, como la gerontofobia, en los cuales se juzga incapaces a las personas mayores, son muy comunes aún en sociedades consideradas muy avanzadas.

Los prejuicios contra las personas de origen judío reciben el nombre de antisemitismo. La persecución religiosa lleva ya muchos siglos en la historia de la humanidad. Si bien la libertad de culto es un derecho contemplado desde 1948 por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, muchas personas son perseguidas aún en la actualidad a causa de sus creencias religiosas.

Todos los prejuicios son una base para la discriminación, la intolerancia y la hostilidad. Al estar basados en estereotipos construidos a lo largo de la historia de los pueblos, muchos de ellos forman parte de la identidad cultural de los grupos que los sostienen y son altamente resistentes al cambio. Generaciones enteras han crecido en el aprendizaje del rechazo hacia determinadas razas, credos o nacionalidades, por lo cual la modificación de tales esquemas y estereotipo es una tarea que plantea serias dificultades. La tarea educadora de la familia, la escuela y otras instituciones se hace necesaria para crear condiciones de convivencia basadas en valores humanos de tolerancia, solidaridad y respeto mutuo.

CONDUCTA ANTISOCIAL

La conducta antisocial es aquella que tiene el efecto de dañar a otra persona. A lo largo de la historia, se puede observar la existencia sostenida de acciones de violencia entre los seres humanos. Pero también la historia muestra la persistencia de acciones solidarias y desinteresadas. ¿Son los seres humanos naturalmente egoístas y altruistas? ¿Por qué los seres humanos son capaces de causar daño a miembros de su misma especie? Estos interrogantes cuentan con una larga tradición en las ciencias sociales. La psicología también se ha preguntado acerca de los orígenes de la agresión humana, y las distintas corrientes reflejan posturas disímiles en relación a qué es lo que determina la violencia.

El determinismo psíquico: Para el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, la agresión constituye una fuerza impulsora inherente a la constitución psíquica humana. Llama a esta energía pulsión de muerte (tánatos), opuesta a la pulsión de vida (eros). Ambas están presentes en el conflictivo mundo interno del sujeto freudiano. Para Freud, la pulsión de muerte no puede ser extinguida, pero pondera la intervención del proceso de civilización que, bajo la forma de la educación, puede canalizar esta fuerza hacia metas menos destructivas.

El determinismo ambiental. Para el psicólogo conductista B. Skinner, es el ambiente el que moldea las conductas humanas. Si el medio social proporciona refuerzos a las conductas agresivas, las personas realizan un aprendizaje acorde con tales condicionamientos. Desde su perspectiva, se pueden modificar las conductas antisociales o agresivas cambiando las contingencias ambientales que las refuerzan. También la educación es un medio privilegiado para el aprendizaje de conductas prosociales.

El determinismo recíproco. Para Albert Bandura, autor de la teoría del aprendizaje social, para analizar los determinantes de la conducta deben tomarse en cuenta tres factores: los personales, el ambiente y la propia conducta, que se influyen recíprocamente. Bandura hace hincapié en los proceso de autodirección. Su concepción no es la de un sujeto controlado por sus impulsos ni controlado por el ambiente. Es decir, destaca los motivos conscientes que dirigen las acciones humanas, subrayando la posibilidad de la persona de controlar sus propias acciones.

CONDUCTA PROSOCIAL

Las conductas que benefician a otras personas y cuyo autor las efectúa de manera voluntaria se denominan conductas prosociales: ayudar a una persona ciega que cruza la calle, ceder el asiento del colectivo a una mujer embarazada, llamar a una ambulancia si presenciamos un accidente, donar sangre anónimamente a un hospital, socorrer a una persona perdida son algunos ejemplos de conductas prosociales.

La conducta altruista es un tipo de conducta prosocial que tiene la particularidad de realizarse voluntariamente para beneficiar a otras personas, pero sin obtener provecho personal, sin anticipar ni esperar recompensa externa alguna por la acción. Más allá de las recompensas internas que se obtienen por dicha conducta (la sensación de haber obrado bien, el sentido personal de ser alguien bueno, el aumento de la propia autoestima, etc.), se entiende que la persona la lleva a cabo sin intención de recibir gratificación.

Los factores determinantes de la conducta altruista pueden agruparse en torno a tres categorías.



  • FACTORES COGNITIVO-AFECTIVO

  1. Factores cognitivos: la conducta altruista también es motivada por el juicio moral y las normas morales. Las personas comparten normas, aprendidas en el seno de la sociedad, que promueven las conductas prosociales. Actuar con los demás de la misa forma que nos gusta que actúen con nosotros, ser justos en nuestro trato con los otros, responsabilizarnos de nuestras acciones (tanto de lo que hacemos como de lo que evitamos hacer) son normas morales ligadas a la conducta altruista.

  2. Factores afectivos: La empatía (“sentir con el otro”) es uno de los motivadores fundamentales de la conducta de ayuda. Percibir el sufrimiento de otro ser humano activa la respuesta empática. Se considera propia del ser humano la tendencia a empatizar con los estados emocionales de los otros seres humanos. También la anticipación del sentimiento de culpa si no se ayuda puede influir en la conducta a seguir.

  • VARIABLES PERSONALES

Las características personales, la historia afectiva, los modelos adultos que se aprende a imitar, las pautas de la educación que se reciben son factores que influyen en el desarrollo de la conducta prosocial.

Son factores circunstanciales y menos estables que también motivan aquella conducta. Por ejemplo, la presencia o ausencia de observadores, el grado de ambigüedad de la situación de necesidad, las características del posible beneficiario de la ayuda (si es un niño, un anciano, si se trata de un hombre o una mujer, etc.)


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