Las 7 leyes espirituales del éxito



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La incertidumbre, por otra parte, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desco­nocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la in­certidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos con­vertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy es el yo que ha quedado de ayer.

Renunciemos a nuestro apego a lo conocido y adentrémonos en lo desconocido, así entraremos en el campo de todas las posibilidades. La sabidu­ría de la incertidumbre jugará un importante pa­pel en nuestro deseo de entrar en lo desconocido. Esto significa que en cada momento de nuestra vida habrá emoción, aventura, misterio; que ex­perimentaremos la alegría de vivir: la magia, la celebración, el júbilo y el regocijo de nuestro pro­pio espíritu.

Cada día podemos buscar la emoción de lo que puede ocurrir en el campo de todas las posibilida­des. Si nos sentimos inseguros, estamos en el ca­mino correcto - no nos demos por vencidos. En realidad no necesitamos tener una idea rígida y completa de lo que haremos la semana próxima o el año próximo, porque si tenemos una idea clara de lo que ha de suceder y nos aferramos rígida­mente a ella, dejaremos por fuera un enorme aba­nico de posibilidades.

Una de las características del campo de todas las posibilidades es la correlación infinita. Este campo puede orquestar una infinidad de sucesos espacio-temporales con el fin de producir el re­sultado esperado. Pero cuando hay apego, la in­tención queda atrapada en una forma de pensar rígida y se pierden la fluidez, la creatividad y la espontaneidad inherentes al campo de todas las posibilidades. Cuando nos apegamos a algo, con­gelamos nuestro deseo, lo alejamos de esa fluidez y esa flexibilidad infinitas y lo encerramos dentro de un rígido marco que obstaculiza el proceso to­tal de la creación.

La ley del desapego no obstaculiza la ley de la intención y el deseo - la fijación de metas. Siem­pre tenemos la intención de avanzar en una de­terminada dirección, siempre tenemos una meta. Sin embargo, entre el punto A y el punto B hay un número infinito de posibilidades, y si la incer­tidumbre está presente, podremos cambiar de di­rección en cualquier momento si encontramos un ideal superior o algo más emocionante. Al mis­mo tiempo, será menos probable que forcemos las soluciones de los problemas, lo cual hará posible que nos mantengamos atentos a las oportunida­des.

La ley del desapego acelera el proceso total de la evolución. Cuando entendemos esta ley, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas. Cuando forzamos las soluciones, sola­mente creamos nuevos problemas. Pero si fijamos nuestra atención en la incertidumbre y la obser­vamos mientras esperamos ansiosamente a que la solución surja de entre el caos y la confusión, en­tonces surgirá algo fabuloso y emocionante.

Cuando este estado de vigilancia - nuestra preparación en el presente, en el campo de la incertidumbre - se suma a nuestra meta y a nues­tra intención, nos permite aprovechar la oportu­nidad. ¿Qué es la oportunidad? Es lo que está contenido en cada problema de la vida. Cada pro­blema que se nos presenta en la vida es la semilla de una oportunidad para algún gran beneficio. Una vez que tengamos esta percepción, nos abri­remos a toda una gama de posibilidades - lo cual mantendrá vivos el misterio, el asombro, la emo­ción y la aventura.

Podremos ver cada problema de la vida como la oportunidad de algún gran beneficio. Habiéndonos afianzado en la sabiduría de la incertidum­bre, podremos permanecer alerta a las oportunida­des. Y, cuando nuestro estado de preparación se encuentre con la oportunidad, la solución apare­cerá espontáneamente.

Lo que resulta de esto es lo que denominamos comúnmente "buena suerte". La buena suerte no es otra cosa que la unión del estado de prepara­ción con la oportunidad. Cuando los dos se mez­clan con una vigilancia atenta del caos, surge una solución que trae beneficio y evolución para no­sotros y para todos los que nos rodean. Ésta es la receta perfecta para el éxito, y se basa en la ley del desapego.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL DESAPEGO

Pondré a funcionar la ley del desapego com­prometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Hoy me comprometeré con el desapego. Me permitiré y les permitiré a los que me rodean la libertad de ser como somos. No impondré tercamente mi opinión de cómo deben ser las cosas. No forzaré las soluciones de los pro­blemas, y, por tanto, no crearé con eso otros nuevos. Participaré en todo con absoluto desprendimiento.

2) Hoy convertiré a la incertidumbre en un ele­mento esencial de mi experiencia. Y gracias a esa disponibilidad para aceptar la incerti­dumbre, las soluciones surgirán espontáneamente de los problemas, de la confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro me sentiré porque la incertidumbre es el camino hacia la libertad. Por medio de la sabiduría de la incertidumbre, encontraré mi seguridad.

3) Penetraré en el campo de todas las posibili­dades y esperaré la emoción que tiene lugar cuando me mantengo abierto a una infini­dad de alternativas. Cuando entre en el cam­po de todas las posibilidades, experimentaré todo el regocijo, la aventura, la magia y el misterio de la vida.

7. LA LEY DEL "DHARMA" O PROPÓSITO EN LA VIDA

Todo el mundo tiene un propósito en la vida... un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas.

Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música... ¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer una tela con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuese a vestirse con esa tela...(KHALIL GIBRAN, El profeta)

La séptima ley espiritual del éxito es la ley del dharma. "Dharma" es un vocablo sánscrito que significa "propósito en la vida". Esta ley dice que nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito. El campo de la potenciali­dad pura es la divinidad en su esencia, y la divini­dad adopta la forma humana para cumplir un propósito.

De acuerdo con esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Hay una cosa que cada individuo pue­de hacer mejor que cualquier otro en todo el mundo - y por cada talento único y por cada expre­sión única de dicho talento, también existen unas necesidades únicas. Cuando estas necesidades se unen con la expresión creativa de nuestro talen­to, se produce la chispa que crea la abundancia. El expresar nuestros talentos para satisfacer ne­cesidades, crea riqueza y abundancia sin límites.

Si pudiéramos enseñarles a los niños desde el principio esta manera de pensar, veríamos el efec­to que esto tendría en su vida. En realidad, yo lo hice con mis hijos. Les dije una y otra vez que había una razón para que ellos estuvieran aquí, y que ellos debían descubrir esa razón por sí mis­mos. Eso fue algo que oyeron desde los cuatro años. También les enseñé a meditar cuando tenían aproximadamente esa edad, y les dije: "No quie­ro que se preocupen, nunca, por ganarse la vida. Si cuando sean mayores no pueden ganarse la vida, yo les daré lo necesario, de manera que no se pre­ocupen por eso. No quiero que se concentren en ser los mejores de la escuela, en obtener las mejo­res notas o en ir a la mejor universidad. En lo que realmente quiero que se concentren es en preguntarse a sí mismos cómo pueden servir a la hu­manidad y cuáles son sus talentos únicos. Porque cada uno de ustedes tiene un talento único que nadie más tiene, y una manera especial de expresarlo, que tampoco tiene nadie más". Mis hijos acabaron estudiando en las mejores escue­las, obteniendo las mejores notas e incluso en la universidad son los únicos que son económica­mente autosuficientes, porque ellos tienen su atención puesta en el propósito por el cual están aquí. Ésta, entonces, es la ley del dharma.

La ley del dharma tiene tres componentes. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir su verdadero yo, para descubrir por su cuenta que el verdadero yo es espiritual y que somos en esencia seres espirituales que han adop­tado una forma física para manifestarse. No so­mos seres humanos que tienen experiencias espi­rituales ocasionales, sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias huma­nas ocasionales.

Cada uno de nosotros está aquí para descubrir su yo superior o su yo espiritual. Esa es la primera forma de cumplir la ley del dharma. Debemos des­cubrir por nuestra cuenta que dentro de nosotros hay un dios en embrión que desea nacer para que podamos expresar nuestra divinidad.

El segundo componente de la ley del dharma es la expresión de nuestro talento único. La ley del dharma dice que todo ser humano tiene un talento único. Cada uno de nosotros tiene un ta­lento tan único en su expresión que no existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de esa manera. Eso quiere decir que hay una cosa que podemos hacer, y una manera de hacerlo, que es mejor que la de cualquier otra persona, en este planeta. Cuando estamos desa­rrollando esa actividad, perdemos la noción del tiempo. La expresión de ese talento único - o más de uno, en muchos casos - nos introduce en un estado de conciencia atemporal.

El tercer componente de la ley del dharma es el servicio a la humanidad - servir a los demás se­res humanos y preguntarse: "¿Cómo puedo ayu­dar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?" Cuando combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a la humanidad, usamos plenamente la ley del dharma. Y cuando unimos esto al conoci­miento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tenga­mos acceso a la abundancia ilimitada, porque ésa es la verdadera manera de lograr la abundancia.

Y no se trata de una abundancia transitoria; ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra manera de expresarlo y de nues­tro servicio y dedicación a los demás seres huma­nos, que descubrimos preguntando: "¿Cómo pue­do ayudar?", en lugar de: "¿Qué gano yo con eso?"

La pregunta "¿Qué gano yo con eso?" es el diá­logo interno del ego. La pregunta "¿Cómo puedo ayudar?" es el diálogo interno del espíritu. El es­píritu es ese campo de la conciencia en donde experimentamos nuestra universalidad. Con sólo cambiar el diálogo interno y no preguntar "¿Qué gano yo con eso?" sino "¿Cómo puedo ayudar?", automáticamente vamos más allá del ego para en­trar en el campo del espíritu. Y aunque la medita­ción es la manera más fácil de entrar en el campo del espíritu, el simple hecho de cambiar nuestro diálogo interno de esta manera también nos brin­da acceso al espíritu, ese campo de la conciencia donde experimentamos nuestra universalidad.

Si deseamos utilizar al máximo la ley del dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer varias cosas:

Primer compromiso: Por medio de la práctica espiritual buscaremos nuestro yo superior, el cual está más allá de nuestro ego.

Segundo compromiso: Descubriremos nuestros talentos únicos, y después de descubrirlos disfru­taremos de la vida, porque el proceso del gozo tie­ne lugar cuando entramos en la conciencia atemporal. En ese momento, estaremos en un es­tado de dicha absoluta.

Tercer compromiso: Nos preguntaremos cuál es la mejor manera en que podemos servir a la huma­nidad. Responderemos esa pregunta, y luego pon­dremos la respuesta en práctica. Utilizaremos nuestros talentos únicos para atender a las nece­sidades de nuestros congéneres los seres huma­nos; combinaremos esas necesidades con nuestro deseo de ayudar y servir a los demás.

Hagamos una lista de nuestras respuestas a es­tas dos preguntas: ¿Qué haría yo si no tuviera que preocuparme por el dinero y si a la vez dispusiera de todo el tiempo y el dinero del mundo? Si de todas maneras quisiéramos seguir haciendo lo que hacemos ahora, es porque estamos en dharma, por­que sentimos pasión por lo que hacemos, porque estamos expresando nuestros talentos únicos. La segunda pregunta es: "¿Cuál es la mejor manera en que puedo servir a la humanidad?" Responda­mos esa pregunta y pongamos la respuesta en prác­tica.

Descubramos nuestra divinidad, encontremos nuestro talento único y sirvamos a la humanidad con él; de esa manera podremos generar toda la riqueza que deseamos. Cuando nuestras expresio­nes creativas concuerden con las necesidades del prójimo, la riqueza pasará espontáneamente de lo inmanifiesto a lo manifiesto, del reino del espíri­tu al mundo de la forma. Comenzaremos a expe­rimentar la vida como una expresión milagrosa de la divinidad - no ocasionalmente, sino a toda hora. Y conoceremos la alegría verdadera y el sig­nificado real del éxito - el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu.

CÓMO APLICAR LA LEY DEL "DHARMA" O PROPÓSITO EN LA VIDA

Pondré a funcionar la ley del dharma compro­metiéndome a hacer lo siguiente:

1) Hoy cultivaré con amor al dios en embrión que reside en el fondo de mi alma. Prestaré atención al espíritu interior que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Despertaré a esa quietud profunda del interior de mi cora­zón. Mantendré la conciencia del ser atemporal y eterno, en medio de la experien­cia limitada por el tiempo.

2) Haré una lista de mis talentos únicos. Des­pués haré una lista de las cosas que me en­canta hacer cuando estoy expresando mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo en servicio de la hu­manidad, pierdo la noción del tiempo y pro­duzco abundancia tanto en mi vida como en la vida de los demás.

3) Todos los días me preguntaré: "¿Cómo pue­do servir?" y "¿Cómo puedo ayudar?" Las res­puestas a estas preguntas me permitirán ayu­dar y servir con amor a los demás seres humanos.

RESUMEN Y CONCLUSIÓN

Quisiera conocer los pensamientos de Dios... lo demás son detalles.(ALBERT EINSTEIN)

La mente universal es la coreógrafa de todo lo que sucede en miles de millones de galaxias y hace su trabajo con una precisión exquisita y con una inteligencia inquebrantable. Su inteli­gencia es máxima y suprema e impregna cada fi­bra de la existencia: desde la más pequeña hasta la más grande, desde el átomo hasta el cosmos. Todo lo que vive es expresión de esta inteligen­cia. Y esta inteligencia actúa a través de las siete leyes espirituales.

Si miramos cualquiera de las células del cuerpo humano, a través de su funcionamiento vere­mos la expresión de estas leyes. Cada célula, sea del estómago, del corazón o del cerebro, se origi­na en la ley de la potencialidad pura. El ADN es el ejemplo perfecto de la potencialidad pura; en rea­lidad, es la expresión material de ella. El mismo ADN que hay en todas las células del cuerpo, se expresa de diferentes maneras para cumplir los requisitos particulares de cada una.

Cada célula opera además a través de la ley del dar. Una célula vive y permanece sana cuando está en estado de equilibrio. Este estado es de rea­lización y armonía, pero se mantiene a través de un constante dar y recibir. Cada célula da y apo­ya a las demás, y a cambio recibe alimento de ellas. La célula permanece en estado de flujo dinámi­co, el cual jamás se interrumpe. En realidad, el flujo es la esencia misma de la vida de la célula. Y solamente manteniendo este flujo de dar puede la célula recibir y, por tanto, continuar con su exis­tencia vibrante.

Las células ejecutan con suma perfección la ley del karma, porque incorporada en su inteligen­cia está la respuesta más apropiada, precisa y opor­tuna para cada situación que se presenta.

Las células también ejecutan con suma per­fección la ley del menor esfuerzo: cumplen su tra­bajo con tranquila eficiencia, en un estado de so­segada vigilancia.

Por medio de la ley de la intención y el deseo, cada intención de cada célula utiliza el infinito poder organizador de la inteligencia de la natura­leza. Hasta una intención simple como la de metabolizar una molécula de azúcar desencadena inmediatamente una sinfonía de sucesos en el cuerpo para secretar las cantidades exactas de hor­monas en el momento preciso, a fin de convertir la molécula de azúcar en pura energía creativa.

Desde luego, cada célula expresa la ley del de­sapego. No se aferra al resultado de sus intencio­nes. No duda ni tropieza porque su comportamien­to es función de una conciencia centrada en la vida y en el momento presente.

Cada célula también expresa la ley del dharma.

Debe descubrir su propia fuente, el yo superior; debe servir a sus congéneres y expresar su talento único. Las células del corazón, del estómago, del sistema inmune, todas se originan en el yo supe­rior, el campo de la potencialidad pura. Y como están directamente enlazadas con ese computa­dor cósmico, pueden expresar sus talentos únicos con toda facilidad y conciencia atemporal. Sólo expresando sus talentos únicos pueden mantener tanto su propia integridad como la de todo el cuer­po. El diálogo interno de cada una de las células del cuerpo humano es: "¿Cómo puedo ayudar?" Las células del corazón desean ayudar a las célu­las del sistema inmune, y éstas desean ayudar a las del estómago y a las de los pulmones, y las células del cerebro se dedican a escuchar y ayu­dar a todas las demás. Cada una de las células del cuerpo humano tiene solamente una función: ayudar a todas las demás.

Observando el comportamiento de las células de nuestro cuerpo, podemos ver la expresión más extraordinaria y eficiente de las siete leyes espiri­tuales. Ésa es la genialidad de la inteligencia de la naturaleza. Son los pensamientos de Dios; lo de­más son sólo detalles.

Las siete leyes espirituales del éxito son princi­pios poderosos que nos ayudarán a alcanzar el do­minio de nosotros mismos. Si prestamos atención a estas leyes y ponemos en práctica los ejercicios propuestos en este libro, veremos que podremos hacer realidad cualquier cosa que deseemos - toda la abundancia, todo el dinero y todo el éxito que deseemos. También veremos que nuestra vida se volverá más alegre y próspera en todo sentido, porque estas leyes también son las leyes espiritua­les de la vida, aquéllas que hacen que vivir valga la pena.

Existe una secuencia natural para aplicar es­tas leyes en la vida diaria, la cual puede ayudarnos a recordarlas. La ley de la potencialidad pura se experimenta por medio del silencio, de la medi­tación, del hábito de no juzgar, de la comunión con la naturaleza, pero es activada por la ley del dar. El principio consiste en aprender a dar lo que se busca. Así es como uno activa la ley de la potencialidad pura. Si buscamos abundancia, demos abundancia; si buscamos dinero, demos dinero; si buscamos amor, aprecio y afecto, aprendamos a dar amor, aprecio y afecto.

Por medio de nuestros actos en la ley del dar, activamos la ley del karma. Si creamos un buen karma, éste nos facilitará todo en la vida. Notaremos que no necesitamos mayor esfuerzo para satisfacer nuestros deseos, lo cual nos lleva automáticamente a comprender la ley del menor es­fuerzo. Cuando todo ocurra con facilidad y sin esfuerzo, y todos nuestros deseos se cumplan sin cesar, espontáneamente comenzaremos a com­prender la ley de la intención y el deseo. Cuando nuestros deseos se cumplan sin esfuerzo, nos será fácil practicar la ley del desapego.

Por último, cuando comencemos a compren­der todas estas leyes, comenzaremos a concentrarnos en nuestro verdadero propósito en la vida, lo cual lleva a la ley del dharma. A través del uso de esta ley, expresando nuestros talentos únicos y sa­tisfaciendo las necesidades de los otros seres hu­manos, empezaremos a crear lo que deseemos, cuando lo deseemos. Nos volveremos despreocu­pados y alegres, y nuestra vida se convertirá en la expresión de un amor sin límites.

Somos los viajeros de una travesía cósmica -­polvo de estrellas danzando y girando en las corrientes y los torbellinos del infinito. La vida es eterna, pero las expresiones de la vida son efíme­ras, momentáneas, transitorias. Siddharta Gautama, el Buda, fundador del budismo, dijo una vez:

Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nubes del otoño.Observar el nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de una danza. Una vida es como un relámpago en el cielo, que se desliza veloz como un torrente por la pendiente de una montaña.

Nos hemos detenido momentáneamente para encontrarnos unos a otros, para conocernos, amarnos y compartir. Este es un momento precioso, pero transitorio. Es un pequeño paréntesis en la eternidad. Si compartimos con cariño, alegría y amor, crearemos abundancia y alegría para todos. Y entonces este momento habrá valido la pena.
AGRADECIMIENTOS

Deseo expresarles mi amor y mi gratitud a las siguientes personas:

Janet Mills por cultivar con amor este libro desde su concepción hasta su terminación.

Rita Chopra, Mallika Chopra y Gautama Chopra por ser las expresiones vivientes de las siete leyes espirituales.

Ray Chambers, Gayle Rose, Adrianna Nie­now, David Simon, George Harrison, Olivia Harrison y Naomi Judd por su valentía y su com­promiso con una visión imponente, inspiradora, noble, elevada y transformadora.

Roger Gabriel, Brent Becvar, Rose Bueno­Murphy y todo mi personal del Centro Sharp para la Medicina de la Mente y el Cuerpo, por inspirar con su ejemplo a todos nuestros huéspedes y pa­cientes.

Deepak Singh, Geeta Singh, y todo mi perso­nal de Quantum Publications, por su vitalidad y su dedicación incesantes.

Muriel Nellis, por su firme intención de man­tener el más elevado nivel de integridad en todas nuestras empresas.

Richard Perl por ser un ejemplo maravilloso de la auto-referencia.

Linda Ford, por su fe inconmovible en el autoconocimiento, su compromiso y su contagioso entusiasmo por transformar la vida de muchas personas.

Y Bill Elkus, por su comprensión y su amistad.
GLOBAL NETWORK FOR SPIRITUAL SUCCESS

Post Office Box 1001

Del Mar, Califomia 92014
Estimado amigo/a:

En Las siete leyes espirituales del éxito he descri­to las virtudes y los principios que me han ayuda­do a mí, y a muchas otras personas, a alcanzar la satisfacción espiritual y el éxito material. Esta car­ta es una invitación para que usted se una - con­migo y potencialmente con millones de personas a lo largo del mundo - a la Asociación Mundial para el Éxito Espiritual, Global Network for Spiritual Success, que se basará en la práctica diaria de estos poderosos principios rectores.

La participación en la Asociación está abier­ta a todas las personas que decidan practicar las siete leyes espirituales. He descubierto que resulta particularmente enriquecedor el hábito de con­centrarse en una ley cada día de la semana, co­menzando el domingo con la ley de la potenciali­dad pura, y terminando el sábado con la ley del dharma. Concentrar su atención en una ley espiri­tual transformará completamente su vida, como ha transformado la mía, y si todos nos concentra­mos en la misma ley cada día, pronto podremos formar un enorme grupo de gente que haya al­canzado el éxito y que pueda transformar la vida en este planeta.

Algunos grupos de amigos, en diferentes partes del mundo, han comenzado ya a concentrarse en una ley cada día. Yo he hecho lo mismo con mis colaboradores y amigos, y le sugiero que también usted comience con un grupo de estudio - integrado por miembros de su familia, o amigos o compañeros de trabajo - que se reúna una vez por semana para discutir las experiencias de cada uno con las leyes espirituales. Si esas experiencias son extraordinarias, como lo serán en algunas ocasiones, lo invito a que me escriba contándomelas.

Para unirse al Global Network for Spiritual Success todo lo que usted necesita hacer es enviarme su nombre, su dirección y, si quiere, su número telefónico y/o su dirección de correo electrónico, a la dirección mencionada al comienzo, y yo le enviaré una tarjeta - que usted podrá conservar en su billetera - con las siete leyes impresas, y lo mantendré informado sobre las actividades de la Asociación.

El establecimiento de esta Asociación repre­senta la realización de uno de mis sueños más queridos. Uniéndose al Global Network y practi­cando las siete leyes espirituales, yo sé que usted logrará el éxito espiritual y la satisfacción de sus deseos. Me es imposible desearle una bendición mayor.

Con amor y mis mejores deseos,

DEEPAK CHOPRA


SOBRE EL AUTOR

Deepak Chopra es un líder de talla mundial en el campo de la medicina de la mente y el cuerpo y del potencial humano. Ha escrito once libros, varios de los cuales han sido éxitos de li­brería, entre ellos, Ageless Body, Timeless Mind; Quantum Healing; y Creating Af fluence. También ha producido un sinnúmero de programas de audio y vídeo para promover la salud y el bienestar. Sus libros se han traducido a más de veinticinco idio­mas, y ha dado conferencias en América del Nor­te, América del Sur, la India, Europa, el Japón y Australia. Actualmente es director ejecutivo del Instituto de Medicina de la Mente y el Cuerpo y del Potencial Humano, en Sharp HealthCare, San Diego, California.


NOTA DE CONTRATAPA:

Las siete leyes espirituales del éxito es un libro que usted atesorará durante toda su vida, porque en sus páginas está el secreto para convertir en realidad los sueños. En él, Deepak Chopra destila la esencia de sus enseñanzas en siete simples - aunque poderosos - principios, que pueden ser fácilmente puestos en práctica para alcanzar el éxito en todas las áreas de la vida.

Las siete leyes espirituales del éxito son principios poderosos que le ayudarán a alcanzar el dominio de sí mismo. Si usted presta atención a estas leyes y pone en práctica los ejercicios propuestos en este libro, verá que podrá hacer realidad cualquier cosa que quiera - incluida toda la abundancia, todo el dinero y todo el éxito que desee. También verá que su vida se volverá más alegre y próspera, porque estas leyes también son las leyes espirituales de la vida, aquéllas que hacen que vivir valga la pena.

Con base en las leyes naturales que gobiernan toda la creación, este libro destruye el mito según el cual el éxito sólo se logra a través del esfuerzo, la estrategia y la ambición.



Según Deepak Chopra, necesitamos acercarnos al éxito y a la riqueza de una manera más espiritual. El éxito tiene muchos aspectos, y la riqueza material – que no es otra cosa que el flujo abundante de todas las cosas buenas hacia nosotros – es sólo uno de sus componentes. La salud, la energía, el entusiasmo por la vida, la realización en las relaciones personales, la libertad creativa, la estabilidad emocional y psicológica, la paz y el bienestar también son parte del éxito.

Pero hay un elemento más que es indispensable para alcanzar el éxito: la comprensión de nuestra verdadera naturaleza. Somos una manifestación de la divinidad, y a menos que cultivemos la semilla de la divinidad que llevamos adentro, nunca podremos realizarnos. Por tanto, el éxito verdadero es el despliegue de la divinidad en cualquier lugar a donde vayamos y en cualquier cosa que veamos. Cuando comencemos a vivir la vida como la expresión milagrosa de la divinidad – no de vez en cuando sino en todo momento – comprenderemos el verdadero significado del éxito.


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