La visión del cuerpo de la mujer en el mundo clásico



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Mujer y Salud Cap. I. La visión del cuerpo de la mujer en el mundo clásico


CAP. I. LA VISIÓN DEL CUERPO DE LA MUJER EN EL MUNDO CLÁSICO
Men and women are essentially different creatures, not only in their biological equipment, but in their needs, capacities and functions. Men and women also differ in the way they were created and in the social function assigned to them by God. Men are “naturally” superior, stronger and more rational, therefore designed to be dominant…Women are “naturally” weaker, inferior in intellect and rational capacities, unstable emotionally and therefore incapable of political participation… Men, by their rational minds, explain and order the world. Women by their nurturant function sustain daily life and the continuity of the species. While both functions are essential, that of men is superior to that of women… Men have an inherent right to control the sexuality and the reproductive functions of women, while women have no such right over men. Men mediate between humans and God. Women reach God through the mediation of men.1
I. La construcción cultural de la diferenciación sexual
¿Existen realmente dos sexos? ¿En qué y cómo nos diferenciamos hombres y mujeres? Según lo que denominaríamos saber vulgar, la respuesta ante esta pregunta puede ser la de que es “obvio y objetivo que hay hombres y mujeres”. Pero, realmente, desde un conocimiento médico y científico, esto es todo menos obvio. Sí podemos observar en todo caso que la mayoría de seres humanos presentan caracteres sexuales primarios diferenciados en la edad adulta y que, la mayor parte de esta mayoría, presenta caracteres sexuales secundarios que permiten la diferenciación: mayor cantidad de vello en el hombre, mamas más desarrolladas en la mujer, etc., sobre todo durante los años que podemos considerar de capacidad reproductora. Podríamos asimismo afirmar que la diferencia radical es que la mujer posee útero y el hombre pene, que la mujer pare y el hombre no. Pero, como los profesionales de la medicina conocen por experiencia, en ocasiones se atribuye el sexo femenino a bebés que carecen de útero y ovarios, pero que no presentan tampoco órganos genitales masculinos, aunque su sexo cromosómico sea XY. Y hasta ahí llega lo que podemos considerar objetivo y obvio. También podemos afirmar que gran cantidad de seres humanos tienden a aparearse con otros seres humanos de distinto sexo, siendo, por tanto, heterosexuales, si bien el placer sexual puede ser conseguido de otras formas (masturbación, relación homosexual...), y un gran número de seres humanos viven una identificación sexual distinta de la que determinan sus órganos genitales y sus cromosomas.

¿Son la diferenciación cromosómica, así como la anatómica y fisiológica, suficientes para determinar la formación del concepto de hombre y mujer, en diferentes momentos de la historia? ¿Lo son para justificar la asignación de diferentes roles sociales en las distintas culturas? También es obvio que no. Según Raquel Osborne,

nadie niega que haya que conceptualizar de alguna forma las diferencias entre el macho y la hembra humanos, porque su anatomía y sus capacidades reproductoras difieren, al menos por ahora.2 Sin embargo, "resulta cuando menos pobre un análisis que limite la riqueza de lo real a tan sólo dos tipos absolutos, en este caso el femenino y el masculino. De esta forma, se reduce toda la posible variedad de actitudes y comportamientos del ser humano a esa pareja de variantes que, a fuerza de simplificación, resulta un vulgar estereotipo de realidades mucho más complejas y amplias. Un rasgo añadido de quienes utilizan las dicotomías en un sentido maniqueísta y no dialéctico consiste en que acaban proponiendo un sistema de segregación sexual, porque si el universo mundo no se divide más que en dos partes, y una de ellas es superior a la otra, no se puede abogar sino porque continúe separado lo que, a su juicio, ya lo está de hecho.3
La mente humana, para manejar y aprehender la realidad compleja e inaprensible, impone sobre ella esquemas mentales, tal como el principio de contradicción. La dicotomía hombre-mujer hay que entenderla, más que como una realidad dada por la biología, como una construcción mental elaborada a partir de datos fisiológicos, anatómicos, ideológicos, culturales, etc., que nos ayuda a clasificar la variada complejidad de los seres humanos. Tendríamos que imaginar la sexualidad humana más bien como un contínuum en que convergen variadísimos aspectos y matices situándose cada ser humano en un punto, o en distintos puntos del contínuum en diferentes momentos de su vida, y no como dos opuestos: hombre-mujer.

¿Cómo se construye el sexo y el género culturalmente? ¿Cómo se han construido a lo largo de la historia? ¿Cómo construye cada ser humano su identidad sexual a partir de diversos factores biológicos, psicológicos, culturales, sociales, etc.? Los conceptos de sexo y género son construcciones mentales que varían en cada época y en los que influyen de forma notable elementos ideológicos, religiosos, prejuicios culturales, etc. En general un individuo es adscrito a un sexo u otro desde el nacimiento ante la evidencia de los genitales externos. Existe una correlación obvia entre los genitales y el papel de un individuo en la propagación de la especie, pero ninguna cultura considera la diferencia en los genitales externos como suficiente por sí misma para justificar la completa separación entre los roles masculino y femenino en la sociedad. Más bien, las culturas justifican esta división basándose en otros rasgos menos aparentes, de orden físico, mental y emocional, que se suponen son diferenciadores de los sexos de forma natural. Los rasgos que en una cultura se atribuyen como naturales, propios de la forma de ser masculina o femenina, forman la construcción del sexo en esa sociedad, pudiendo variar ampliamente de una a otra cultura, y de una a otra época. Se trata de estereotipos a los que a menudo no se ajustan las personas concretas. Los roles sociales atribuidos a cada sexo vienen a constituir el género, y se justifican en nombre de los rasgos naturales propios de cada sexo. Como veremos a lo largo de la tesis, en distintas épocas, la filosofía y la ciencia vienen a proporcionar argumentos que justifican y consolidan los prejuicios impuestos desde la religión y la organización social, sin cuestionarlos.

¿Cómo se construye la visión de la mujer en la época victoriana, momento histórico en que vivieron las doctoras objeto de estudio en esta tesis? Dada la influencia que el pensamiento clásico tiene en la visión de la mujer y la sexualidad femenina a lo largo de la historia, y de forma importante en el siglo XIX, resulta fundamental realizar en este capítulo un breve análisis de la visión del cuerpo y la fisiología de la mujer en el mundo griego y latino. En el siguiente capítulo estudiaremos las corrientes ideológicas, filosóficas y científicas de siglos posteriores que contribuirán asimismo a la construcción de la visión del cuerpo y la psique de la mujer victoriana.

II. La construcción de sexo y género en el mundo griego

Es preciso tener en cuenta el fondo social e ideológico en que se gestan las concepciones científicas de los autores estudiados. Aunque en la Grecia antigua, la mujer parece haber gozado de mayor importancia, la mujer ateniense de la época clásica es un ser inferior, sin derecho a la ciudadanía, relegada al gineceo como esposa y madre de futuros ciudadanos, o concubina del señor del oikos; amante culta de lujo en el caso de las hetairas, o simple esclava o prostituta. Los pensadores y literatos griegos la suponen débil, inclinada a la bebida y al desenfreno sexual. La diferenciación sexual queda explicada en el mito griego de la creación de la primera mujer, Pandora, recogido por Hesíodo, quien presenta a la humanidad como formada originariamente por un solo sexo, el masculino.

En la tradición judeocristiana y en los mitos de creación de otras muchas culturas, el hombre también aparece antes que la mujer, y ésta procede posteriormente del cuerpo masculino, lo que significa que comparte el origen con el hombre, pero está subordinada a él. Zeus envía la mujer a los hombres como castigo por haberles sido entregado el fuego robado por Prometeo. Es modelada con agua y arcilla por Hefestos el Patizambo. Atenea la engalana y le enseña a tejer. Afrodita le infunde una irresistible sensualidad y Hermes le concede una mente cínica y un carácter voluble. La mujer, pues, “es un mal, un mal tanto más temible cuanto más apasionadamente lo buscan quienes lo padecen; un mal adornado con todo tipo de seducciones y capaz de toda clase de artimañas; un mal del que sin embargo el hombre no puede prescindir.4 Pandora es la primera novia, que será desposada por Epimeteo, para salvar éste a su hermano Prometeo de la furia de Zeus. Pandora es la portadora de la caja que encierra “todos los males que podían infestar a la humanidad, como la Vejez, la Fatiga, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión.5, y al abrirla, traerá todos los males, desgracias y catástrofes a la vida del hombre. Esta visión negativa y culpabilizadora de la mujer es fundamental para comprender muchas de las interpretaciones de procesos fisiológicos y psicológicos femeninos.

¿Por qué construye el hombre esta visión? Según Peter Walcott, “The Greeks believed women to be incapable of not exercising their sexual charms and that the results were catastrophic, irrespective of whether or not women set out to cause trouble deliberately or acted in a blissful ignorance, of what they were doing...”6 ¿Cuál puede ser la causa profunda de esta actitud? Según el mismo autor, “Greek attitudes towards women were conditioned by man's fear of woman’s sexuality”.7 Las interpretaciones científicas proporcionan la justificación racional para el mantenimiento del patriarcado y la relegación de la mujer. Podemos decir, siguiendo a Kate Millet, que la imposición del dominio masculino en el patriarcado, al igual que en otras formas de dominación, como el racismo o la esclavitud,

is justified on the grounds that the “enemy” is either an inferior species or not human at all. The patriarchal mentality has concocted a whole series of rationale about women which accomplish this purpose tolerably well. And these traditional beliefs still invade our consciousness and affect our thinking to an extent few of us would be willing to admit.”8




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