La Terapia Racional Emotiva Conductual nace a partir de los trabajos pioneros del psicólogo norteamericano Albert Ellis, quien, descontento con los escasos resultados obtenidos con la técnica psicoanalítica decide dar un giro a la Terapia que


- La idea de que es una necesidad extrema



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1.- La idea de que es una necesidad extrema para el ser humano adulto el ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de su comunidad.

2.- La idea de que para considerarse a uno mismo valioso se debe ser competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles.

3.- La idea de que cierta clase de gente es vil, malvada e infame y que deben ser seriamente culpabilizados y castigados por su maldad.

4.- La idea de que la historia pasada de uno es un determinante decisivo de la conducta actual, y que algo que ocurrió alguna vez y le conmocionó debe seguir afectándole indefinidamente.

5.- La idea de que se debe depender de los demás y que se necesita a alguien más fuerte en quien confiar.

6.- La idea de que es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen.

7.- La idea de que si algo es o puede ser peligroso o temible se debería sentir terriblemente inquieto por ello, deberá pensar constantemente en la posibilidad de que esto ocurra.

8.- La idea de que la desgracia humana se origina por causas externas y que la gente tiene poca capacidad, o ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones.

9.- La idea de que es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida, y alcanzar la felicidad mediante la inercia y la inacción.

10.- La idea de que uno deberá sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás.

11.- La idea de que invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y que si esta solución perfecta no se encuentra sobreviene la catástrofe.
Breve explicación sobre…

Creencias irracionales de nuestro tiempo:


A  B  C

Acontecimientos  Creencias  Consecuencias


Visión general…
Las creencias irracionales, como ya se ha dicho, suelen ser excesivamente exigentes o demandantes, inflexibles, dogmáticas o poco acordes con la realidad y la experiencia y nos suele acarrear, a la larga, grandes inconvenientes, provocándonos perturbaciones emocionales y consecuencias indeseables como: hostilidad, culpabilidad, depresión, baja tolerancia a la frustración, tendencias adictivas o conductas agresivas.

De cada una de ellas vamos a ir dando unas pequeñas explicaciones y por qué pensamos que nos pueden perjudicar más que beneficiar, a largo plazo.

Puede que no todas las personas estén de acuerdo con estas apreciaciones, no importa, quizá sea suficiente con que seamos capaces de reflexionar respecto a las mismas y ver las cosas de una forma diferente a la habitual.
Hay dos cuestiones básicas sobre las creencias irracionales:
1.- Entre un acontecimiento activador (A, evento) y una consecuencia (C, emoción y/o conducta) media una Creencia (B) que es la responsable en gran medida a cómo reaccionamos.
2.- Las perturbaciones emocionales y desajustes conductuales están provocados mayormente por creencias de tipo irracional.
Esta es la creencia irracional número uno:
1.- Es una necesidad básica el ser querido y aceptado por las personas significativas de nuestra comunidad.

La clave de irracionalidad de esta creencia es la palabra “necesidad”. Es algo deseable por todos el ser queridos y apreciados por los demás. Sin embargo, hacer de ello una exigencia o demanda excesiva es algo que no se sostiene racionalmente. Considerarlo como una necesidad, nos lleva a depender de los demás en cuanto que:



  • nos pueden dar o retirar el amor, los demás, sin depender de nuestra voluntad y

  • buscar el amor y la aprobación de los demás nos lleva a comportarnos de acuerdo a los intereses ajenos, no a los propios.

Hemos de considerar que si bien, es preferible contar con el apoyo de los demás, no tenemos una necesidad absoluta de nadie en concreto. No estamos “pegados” a los demás. Necesitamos de los demás y ellos de nosotros en cuanto vivimos en sociedad, pero no podemos exigir que nos concedan su amor de forma incondicional.

Del mismo modo hemos de considerar que no podemos caer bien a todo el mundo ni viceversa, pero hemos de seguir adelante con confianza en nosotros mismos. Si no buscamos obsesivamente el amor y la aprobación de los demás es posible que, paradójicamente, lo encontremos más a menudo, mostrándonos de forma abierta y sincera.

Tres consecuencias podemos sacar de esta primera creencia irracional:

1.- Buscar el aprecio y la aceptación incondicional de los demás crea lo que llamamos dependencia afectiva.

2.- El error de esta creencia irracional es considerar el “ser querido” como una necesidad básica.

3.- Si consideramos el ser querido más como una preferencia que como una necesidad estaremos menos predispuestos a sufrir perturbaciones emocionales.

Creencia irracional número dos…

2.- La idea de que, para considerarse importante, uno debe ser competente en, al menos, alguna faceta de la vida.

Todos deseamos ser competentes, no en una, sino en muchas facetas de la vida. Es normal, a todos nos llama la atención las personas que sobresalen por su talento y capacidad. La tendencia a la superación es consustancial al hombre; de hecho, es por esta tendencia por la que somos la especie más evolucionada de la Tierra. Pero cuando supeditamos a ser muy competentes o capaces en algún aspecto de la vida el considerarnos valiosos o importantes, estamos auto-exigiéndonos demasiado. Debemos saber que tenemos nuestras limitaciones y que hay personas que nacen con unas capacidades superiores a otros, que en gran medida dependen de la herencia biológica: la inteligencia, las destrezas manuales, capacidades para el arte, altura, resistencia a las enfermedades, etc.

El hecho de valorarnos por estas características u otras aprendidas nos puede llevar a fuertes frustraciones y problemas emocionales como ansiedad, depresión, culpa…, cuando no alcanzamos el nivel que, subjetivamente, nos exigimos.

Todo ello no es óbice para que, continuamente y dentro de nuestras posibilidades, intentemos superarnos en todos aquellos aspectos de nuestro interés o que consideremos importantes para nosotros mismos y los que nos rodean, sin venirnos abajo ante los fracasos o el no conseguir las metas que nos proponemos.

Consecuencias sobre esta creencia irracional:

1.- Hemos de juzgar nuestro comportamiento y desempeño en las tareas, más que los éxitos alcanzados

2.- Hay cosas que hacemos bien y cosas que hacemos mal, lo importantes es que estamos aquí y procuramos hacer bien las cosas y disfrutar.

3.- Los que alcanzan la fama y la consideración de los demás, no necesariamente son los que pueden sentirse bien consigo mismas.

Una consecuencia importante que podemos inferir de esta creencia irracional es el hecho de que, lo importante, no es tanto el juzgarnos por los resultados que alcancemos, sino nuestro desempeño y actuación para corregir errores y tratar de superarnos. Es una actitud que nos puede favorecer el desarrollo personal. No es una actitud derrotista, de aceptar nuestras incapacidades y resignarnos a ello, sino una actitud de autoaceptación incondicional, a pesar de no conseguir la competencia en alguna tarea, considerada tanto por criterios internos (autoexigencias personales) como externos (fama, riqueza, consideración, etc.)

El desear ser competentes y capaces en algún aspecto de la vida, no nos convierte automáticamente en competentes y capaces; esto solo se logra mediante el ejercicio y el trabajo continuado. Aún así, el establecer altas metas con alto nivel de exigencia nos bloquea y nos inmoviliza más, por lo general. Por el contrario, la ambición sana, moderada, por pequeños pasos, nos hace avanzar más deprisa. La base es nuestra Autoaceptación Incondicional.

Esta es la creencia irracional número tres…

3.- Existen personas viles y malvadas que merecen ser fuertemente condenadas y castigadas.

Cuando las cosas nos salen mal o tenemos algún problema, tendemos, de forma casi inconsciente a buscar un culpable de la “situación”. De aquí a considerar, mediante distorsiones cognitivas (tendencia a ver las cosas sin suficiente base real, o exagerando), que los culpables lo hacen por ser malas personas o que tienen malas intenciones, hay solamente un paso. Tanto es así que, mucha gente, tiende a hacer una división entre personas buenas y personas malas (distorsión cognitiva llamada “dicotomía”, ver las cosas en términos blanco o negro, todo o nada, sin términos medios). La catalogación de mala persona puede incluir: delincuentes, drogadictos, negros, explotadores, etc., todas las etiquetas (otra distorsión cognitiva “etiquetaje”) que queramos, que dan lugar a mantener prejuicios hacia esas personas.

De aquí, lógicamente, seguimos que esas personas “malas” merecen ser condenadas y castigadas duramente, para que escarmienten o aprendan; con ciertos componentes de venganza. El merecimiento es una consecuencia lógica al considerar a las personas en términos de malo-bueno y con actuaciones a voluntad negativa por parte de ellos.

Existen varios errores en esta creencia:

1º por lo general, las personas no son buenas o malas, como no son listas o tontas o cualquier otra categorización. Las personas, a veces, actúan mal o tienen comportamientos que perjudican a otros;

2º por el hecho de que actúen bien o mal no se sigue necesariamente un merecimiento, aunque si se les puede responsabilizar por sus actos, con el fin de que, en el futuro, se comporte de otra manera y

3º La condena y el castigo excesivos no hace a las personas mejores. Si hemos de exigir responsabilidades, pero en todo caso, en una labor educativa, intentar que las personas cambien sus conductas para que no perjudiquen a otros o a sí mismos.

Tres consecuencias, al menos, podemos sacar sobre esta creencia irracional:

1.- Ver las cosas en términos dicotómicos es una distorsión cognitiva no concordante con la realidad

2.- La condena y el castigo excesivo no hacen necesariamente a las personas mejores

3.- Para cambiar a las personas que se comportan mal es conveniente utilizar una labor educativa.

Esta es la creencia irracional número cuatro…



4.- El pasado ejerce sobre nosotros una influencia tal, que nos limita y condiciona para toda la vida.

Una parte importante de la psicología se ha dedicado a hacernos ver la importancia que ha tenido nuestro pasado sobre lo que somos en la actualidad. De aquí han surgido las teorías sobre traumas infantiles. No se duda de que el pasado sea sobre lo que está construido el presente, en gran medida, pero considerar el pasado como algo determinante no nos ayuda para nada en el presente. De hecho, el pasado influye en nosotros en la medida en que nosotros queramos que influya. Es decir, si mantenemos la idea de que el pasado ejerce una fuerte influencia, sin duda la ejercerá, porque así lo queremos nosotros.

El pasado nos sirve para desarrollarnos y aprender, principalmente. Lo hemos de utilizar para que nos sirva en el presente y de cara al futuro. Es posible que mucha gente haya tenido experiencias traumáticas o poco gratas en el pasado. En el presente, tenemos la capacidad de superar esas experiencias adoptando una actitud de no autocomplacencia, conmiseración o de darnos lástima a nosotros mismos. El pasado ya no existe. Solo existe en la medida en que nosotros queramos que exista rememorándolo y regodeándonos en él. Todo ello salvo que la experiencia vivida haya sido desastrosa, como en un accidente con secuelas físicas graves. Pero, aún así, en el plano psicológico siempre podemos hacernos el propósito de ver la vida desde el presente y, en todo caso, con proyectos de futuro.

En el pasado nos hemos creado unas actitudes y unas creencias, algunas de las cuales de tipo irracional, como las que estamos viendo, por la educación, la cultura, los medios de comunicación, etc. En el presente tenemos la opción de debatir dichas creencias y actitudes que adoptamos y cambiarlas si consideramos que no nos favorecen para nuestra adaptación o para conseguir nuestros intereses.

Tres consecuencias podemos sacar sobre esta creencia:

1.- El pasado no tiene porqué ejercer sobre nosotros una influencia de tal manera que nos limite y condiciones para toda la vida

2.- A pesar de haber tenido un pasado traumático, tenemos ocasión de cambiar las creencias y actitudes en el presente, y

3.- El pasado ejerce sobre nosotros influencia en la medida en que nosotros queramos que influya.

Esta es la creencia irracional número cinco…

5.- Es necesario confiar en alguien más fuerte e importante que nosotros.

Cuando no entiende su existencia y los acontecimientos externos, el hombre se siente desamparado. Es una experiencia común en la infancia cuando estamos tan indefensos y a merced de las personas mayores que se encargan de nuestra supervivencia y de nuestra educación. Quizá el origen de muchas religiones esté en este sentimiento de incapacidad y de desamparo para creer en seres superiores que nos protejan o de los que dependemos. Pero, aunque sea cierto que de niños necesitamos de nuestros padres y de las personas mayores para nuestro desarrollo, mantener esa actitud cuando ya nos valemos plenamente por nosotros mismos, puede resultar contraproducente.

La actitud infantil de depender de alguien más fuerte y que nos proteja de los “males” y las desgracias de este mundo, nos puede ofrecer, en un primer momento, la seguridad que tanto ansiamos. Pero, no nos engañemos, es una ilusión pretender siempre que lo necesitemos, tener a alguien detrás más fuerte y poderoso que nosotros para que nos “salve” de todos los problemas, catástrofes e injusticias. La tendencia del hombre es el desarrollarse, madurar, valerse por sí mismo y no dependen excesivamente de los demás.

Lo peligroso de creer en esa idea irracional es, además de su falsedad, ya que no siempre tenemos a alguien por encima de nosotros que nos dé seguridad, que cuando nos encontremos solos ante un problema grave o bien no sepamos solucionarlo, dependamos excesivamente de otros o suframos consecuencias emocionales desagradables como depresión, bloqueo emocional y angustia. La dependencia excesiva de los demás nos empequeñece, la tendencia natural del hombre es el valerse por sí mismo hasta donde pueda.

Consecuencias que podemos sacar sobre esta creencia irracional:

1.- Es una actitud infantil, y poco realista pensar que siempre tendremos a alguien que nos proteja y nos ampare

2.- Demandar que alguien más fuerte e importante esté sobre nosotros crea dependencia afectiva

3.- Es una ilusión pretender que alguien superior nos salve de todos los problemas e injusticias.

Esta es la creencia irracional número seis…

6.- Las cosas deberían ser como nosotros quisiéramos que fueran y en ningún caso sufrir incomodidades o frustraciones.

Las cosas “deberían” ser como nosotros quisiéramos que fueran, Sobre todo cuando vemos que las cosas son justo de manera contraria a como queremos o no de acuerdo con nuestros intereses y preferencias. Es una distorsión cognitiva también el demandar en exceso, exigir o considerar las cosas bajo el prisma del “debería”, “tendría que”, etc. No existe ninguna norma, ley o disposición general que nos diga cómo deberían ser las cosas, por lo que no podemos esperar que las cosas sean como queramos que sean.

Por otro lado, esta creencia irracional incluye otra exigencia absoluta: el no padecer incomodidades o sufrimientos ni estar sujetos a frustraciones. Esto se resume en un concepto psicológico: la “baja tolerancia a la frustración (BTF)”. Las frustraciones, tarde o temprano, en este mundo inseguro y cambiante, aparecerán. De hecho las frustraciones y tolerarlas o superarlas, constituyen el proceso mismo de maduración personal. Es una acomodación constante a las condiciones limitativas de la realidad. Lo que tampoco quiere decir que la vida sea solo un “valle de lágrimas” como tampoco un “camino de rosas”. Es bueno perseguir objetivos propios y disfrutar al conseguirlos. Lo que no podemos perder de vista es que también existen incomodidades y frustraciones en la vida que, a veces, se pueden compensar o superar y, a veces, solamente podremos soportar de la mejor manera posible.

La baja tolerancia a la frustración nos lleva a una peor disposición para superarnos y a sentimientos y emociones perturbadoras: ansiedad, depresión, ira, hostilidad… que en algunos casos pueden degenerar en problemas psicológicos incapacitantes. La alta tolerancia a la frustración es sobre todo una disposición o una actitud no autoderrotista ante los problemas y los inconvenientes de la vida.

Podemos obtener, al menos, estas tres consecuencias, respecto a la creencia irracional número seis:

1.- Pretender no sufrir incomodidades o dolor alguno nos crea baja tolerancia a la frustración

2.- Aprender a tolerar y superar las frustraciones constituye, en sí mismo, el proceso de maduración personal

3.- Los “deberías” constituyen también una distorsión cognitiva.

Esta es la creencia irracional número siete…

7.- Debemos preocuparnos de las cosas desagradables o catastróficas que nos pudieran suceder para estar preparados cuando ocurran.

Cierta prevención o preocupación por las cosas que pudieran suceder en el futuro es algo normal. Hemos de estar precavidos ante las dificultades que nos podamos encontrar. Lo que resulta irracional es el estar excesivamente preocupados y en todo momento por las cosas desagradables y catástrofes que pudieran ocurrir. Seguramente, sobre las catástrofes, poco o nada podemos hacer para evitarlas. Algo más se puede hacer una vez que han sucedido. Pero estar de antemano preocupados, solo nos lleva a temores sin suficiente base real y a un sentimiento poco aconsejable: la angustia y, en casos extremos, el pánico.

En un mundo, hasta cierto punto imprevisible, como en el que vivimos, estamos expuestos a que nos sucedan accidentes y hechos desagradables. La precaución es un valor estimable, la preocupación excesiva es una carga innecesaria y desestabilizadora de nuestro equilibrio emocional. Esperar continuamente que nos suceda lo peor o grandes desgracias limita nuestra calidad de vida y el desarrollo de nuestro potencial vital. Lo único que conseguimos a la larga es amargar nuestro carácter y desconfiar de todo y de todos. Una vida llena de temores es una vida de sufrimiento innecesario.

El miedo ante una amenaza real, la ligera preocupación ante hechos negativos que puedan ocurrir, la inquietud ante sucesos amenazadores, etc., son emociones apropiadas y sanas, aunque sean negativas. La angustia, el pánico, la ansiedad excesiva, la preocupación excesiva por cosas que puedan ocurrir o ante amenazas probables, son todas ellas emociones que nos atenazan y nos bloquean tanto emocional como conductualmente, por lo que estaremos en peor disposición para afrontar los peligros cuando realmente se presenten, cuando no directamente favorecemos que ocurran los mismos.

Conclusiones que podemos sacar de esta creencia irracional:

1.- Los sentimientos de pánico o ansiedad excesiva pueden venir provocados por el exceso de preocupación por las catástrofes o cosas negativas que pudieran ocurrir

2.- Cierta inquietud o preocupación ante lo que pueda ocurrir constituye una actitud positiva y sana

3.- La angustia y la preocupación excesiva nos crea una disposición más negativa cuando realmente ocurran sucesos desagradables.

Esta es la creencia irracional número ocho…

8.- Las desgracias humanas se producen por causas externas y poco o nada podemos hacer para superarlas.

Ocurren tantas desgracias de las que poco o nada podemos hacer que para muchos se convierte en una regla general de vida el considerar que todas las desdichas vienen del exterior y que estamos a merced de las fuerzas de la naturaleza, cuando no de fuerzas sobrenaturales y que son las que determinan nuestro futuro y nuestro destino. Para la gente que llega a pensar así y creérselo de forma extrema, los acontecimientos se presentan sin que podamos cambiarlos. La persona es una marioneta en manos de fuerzas externas y más poderosas que uno mismo.

La consecuencia de todo ello es que nos abandonamos y no hacemos lo posible por cambiar aquello que podemos cambiar, nos consideramos indefensos, miserables víctimas que nada pueden hacer ni cambiar, no solo los acontecimientos externos sino, lo que es más grave aún, a nosotros mismos y cómo vemos el mundo. Se crea lo que los psicólogos llamamos el “lugar de control” o atribución de causalidad de tipo externo. Es decir, confiar muy poco en nuestras posibilidades y en nuestras capacidades. En definitiva nos hace más “dependientes” y menos propensos a la superación.

Es cierto que muchas cosas no las podemos cambiar, pero otras muchas sí. Para ello hacemos buena la oración a la serenidad que han considerados anteriormente algunos sabios: “Concédasenos la capacidad para afrontar lo que se pueda cambiar, la serenidad para soportar lo que no se pueda cambiar y la sabiduría para distinguir entre las dos”.

Al menos, sacamos estas dos consecuencias de esta creencia irracional:

1.- Pensar que nada podemos hacer para cambiar o que estamos sujetos a fuerzas externas nos hace ser más dependientes.

2.- Considerando que no podemos hacer nada para superar las desgracias humanas nos lleva a adquirir una actitud de víctimas indefensas.

Esta es la creencia irracional número nueve…



9.- La felicidad humana se consigue mejor evitando responsabilidades y dificultades de la vida o mediante la inercia o la inacción.

Es muy tentador evitar las responsabilidades y los problemas. Así parece como si pudiéramos tener una mayor felicidad, ya que evitamos las preocupaciones y la odiosa tarea de ponernos “manos a la obra”. Las imágenes que falsamente nos ofrece alguna propaganda va en el mismo sentido; parecen muy felices las personas que no tienen nada que hacer, nada más que estar tumbados al sol y disfrutando del tiempo, el paisaje y quizá alguna bebida tropical. Seguramente todos necesitamos tiempo de relajación y ocio, sobre todo después de haber estado trabajando duramente, durante algún tiempo. Conseguimos sacudirnos la tensión y las preocupaciones cotidianas del trabajo.

Pero de ahí, a pensar que en eso consiste la felicidad, es un error: es una sobregeneralización (distorsión cognitiva). Pronto nos podríamos cansar de no tener ninguna ocupación y no tener nada a qué dedicarnos. Sobre todo, acabaríamos sin la estimulación necesaria para continuar viviendo y buscando nuevas experiencias y emociones. A largo plazo, asumir las responsabilidades nos ayuda a adquirir más capacidad para enfrentarnos a los problemas y dificultades y a madurar en el terreno personal.

La inercia y la inacción llevan al hastío y a una vida muy restrictiva, carente de motivación y de interés. Ni que decir tiene que, el hecho de posponer la solución de los problemas y asumir responsabilidades, nos lleva a tener que enfrentarnos posteriormente con problemas, quizá, mayores en el futuro. Hay situaciones y problemas de los que tenemos que hacernos cargo, ya que si no, posiblemente nadie lo hará, y además, a su debido tiempo, antes de que se conviertan en más complicados o irresolubles. Una vida con responsabilidades, a la larga, nos provee de una mayor felicidad, con nosotros mismos y con los demás.

Sacamos las siguientes consecuencias sobre esta creencia irracional:

1.- La ausencia de responsabilidades nos puede conducir a una falta de interés suficiente para seguir viviendo

2.- Posponer la resolución de los problemas nos puede suponer mayores problemas en el futuro

3.- La inercia y la inacción nos ocasiona una vida muy restrictiva y carente de interés

Esta es la creencia irracional número diez…

10.- Para considerarse humano hay que sentirse fuertemente preocupado por los problemas y dificultades que tengan los demás.

Esta creencia puede considerarse auténticamente humana. Nadie dudaría de que tener sensibilidad y afecto hacia los demás cuando se encuentran en dificultades es una capacidad netamente humana. Hasta los animales inferiores tienden a ayudarse mutuamente cuando se encuentran en peligro, sobre todo en aquellas especies que viven en sociedad. La cuestión es cuando nos preocupamos en exceso por los problemas de los demás. El espíritu de sacrificio hacia los demás tiene que tener un límite. Hay personas que viven entregadas totalmente a los demás con la idea de que algún día pueden ser recompensadas, bien por quienes se benefician de esa dedicación o por recompensas divinas.

Cuando la entrega es de obra, quizá sirva en buena medida para aliviar las situaciones comprometidas de los demás, aunque corramos el riesgo de olvidarnos de nuestros propios asuntos. Cuando es mera preocupación y manifestación de ese sentimiento, realmente no sirve de gran cosa, excepto el regodearnos con una emoción inútil y a la larga perturbadora. Respecto a la ayuda real que se pueda ofrecer, cada uno tenemos una parcela en la vida, dentro de nuestras profesiones o trabajos en los que podamos dedicarnos a los demás, aunque sea de forma indirecta.

Pero no podemos exigirnos más de lo que se puede considerar ayuda humanitaria mínima, salvo que nos encontremos en una situación de extrema solvencia y no tengamos otras dedicaciones. En el día a día, con las personas cercanas, el espíritu muy abnegado suele pagarse injustamente con la indiferencia y el aprovechamiento por parte de los demás. Si esperamos de los demás que cumplan en la misma medida entregada que nosotros con ellos, fácilmente podemos sentirnos defraudados e incomprendidos. Quizá sea más apropiado, aunque no de manera rígida, basar las relaciones con los demás en una ayuda mutua sincera y menos en una entrega ciega.

La irracionalidad de esta creencia, sobre todo, viene referida al “exceso de preocupación” por los problemas de los demás, que sería de la misma manera que si fueran por los problemas nuestros. Con una mayor preocupación por los problemas, no necesariamente se solucionan mejor los mismos, a veces al contrario, se vuelven más irresolubles.

Se pueden sacar, al menos, las siguientes consecuencias, respecto a esta creencia irracional:

1.- El sentimiento de preocupación excesiva por los problemas de los demás se convierte a la larga en una emoción perturbadora, si no va acompañada de obras.

2.- El espíritu abnegado y de excesiva entrega suele pagarse con la indiferencia injusta por parte de los demás.

Esta es la creencia irracional número once…

11.- Existe una solución precisa y correcta para cada problema que se nos presenta y debemos encontrarla necesariamente.

Ciertamente la vida esta llena de problemas, complicaciones y retos. Los vemos, normalmente, como un impedimento, pero en realidad constituyen en sí la esencia de la vida. Constantemente tenemos que luchar y superar dificultades para continuar avanzando y desarrollándonos. De hecho, el hombre ha ido evolucionando en base a superar problemas y dificultades que se encontraba en su camino, desde el descubrimiento del fuego hasta los grandes desarrollos científicos actuales.

De aquí que, para muchas personas, y sobre todo en el terreno social, se considere que todos los problemas tienen una solución válida. Es posible que sigamos encontrando soluciones a los problemas que se nos presenten, pero no será conveniente adoptar una actitud de excesivo poder egocéntrico humano. Existieron y siguen existiendo problemas a los que no podemos dar una solución correcta, a lo sumo mitigar sus efectos: el problema de ciertas enfermedades, de la concordia social y entre las comunidades, el problema de la muerte, por citar algunos de los más importantes.

Es bueno reconocer que el hombre tiene sus limitaciones y que no existen soluciones mágicas para todos los problemas y que si se consiguen esas soluciones es a base de esfuerzo y trabajo, y en esa actitud será en la que hay que ahondar. Las soluciones no están ahí fuera esperando a que alguien las encuentre. El mundo hay que irlo construyendo y, en gran medida, depende de esa actitud de humildad por nuestra parte y de una disposición activa, el que sigamos avanzando y construyendo una sociedad mejor para todos. Para ello, a veces, hay que asumir ciertos riesgos, no altamente costosos, sin tener la seguridad de dar con la solución correcta.

Destacamos, sobre esta creencia, las siguientes consecuencias:

1.- A veces para encontrar soluciones a los problemas hay que asumir ciertos riesgos sin tener la certeza de encontrar la solución correcta.

2.- No existen soluciones mágicas a todos los problemas, normalmente se requiere mucho esfuerzo o trabajo encontrar una válida.

3.- Los problemas y la búsqueda de soluciones hace que sigamos evolucionando y creciendo en nuestro desarrollo.

Hasta aquí, las once creencias irracionales que hemos considerado como básicas. Indudablemente podemos considerar otras muchas y algunas pueden resultar algo redundantes. No son pues un “númerus clausus”, va en contra de nuestra visión flexible y abierta del mundo y de la problemática humana. Es posible también que haya personas que no consideren a alguna de ellas con la misma importancia o con el desarrollo respecto a las mismas que hemos considerado. Al menos nos servirá para realizar un ejercicio crítico sobre los “supuestos” básicos en creencias y actitudes sobre las que normalmente nos desenvolvemos y por las que actuamos en la práctica. Otros autores, a parte de A. Ellis, han considerado otras creencias que, a su juicio también influyen en nuestra manera de comportarnos y de perturbarnos.

EMOCIONES NEGATIVAS APROPIADAS E INAPROPIADAS 

Una de las primeras aportaciones de A. Ellis fue distinguir entre emociones negativas apropiadas y las inapropiadas. A continuación se comentan una serie de emociones negativas apropiadas emparejadas a las inapropiadas, consideradas así, éstas últimas, por las problemáticas que generan en las personas que las padecen.



1.- INQUIETUD  Versus  ANSIEDAD.

La inquietud es una emoción asociada con la Creencia: "espero que esto no suceda, y sería mala suerte el que sucediera". Mientras que la ansiedad aparece cuando la persona cree: "esto no debe ocurrir y sería horrible que ocurriera."

Según, prácticamente, todos los psicólogos, también avalado por experimentos prácticos, un cierto nivel de ansiedad o de tensión nerviosa es necesaria para un buen rendimiento, tanto en aspectos puramente intelectuales: estudios, concentración mental, atención etc.; como en otros aspectos prácticos y creativos: desempeño de actividades, trabajos, creación artística etc. Los experimentos realizados sobre este aspecto revelan que la gráfica rendimiento-tensión describe una U invertida, es decir, con laxitud o excesiva tensión, el rendimiento decae a las cotas más bajas y se obtienen los mejores rendimientos con un nivel óptimo de tensión.

Este asunto trasladado a los problemas sociales, equiparando tensión con ansiedad, avala la conveniencia de mantener cierta inquietud ante los problemas que se nos presentan, lo que no es conveniente es traspasar esa línea (imaginaria, no real) en la que podemos definir las manifestaciones de ansiedad, una emoción perturbadora que no nos beneficia, tanto para nuestro equilibrio emocional como para afrontar con garantías los problemas sociales con los que nos enfrentamos o tenemos necesidad de superar.








CIRCULOS VICIOSOS: ANSIEDAD:

C: Consecuencias

Fisiológicas



  • Tensión muscular

  • Palpitaciones

  • Sudoración

  • Debilitación de la voz

  • Temblores, tics…




Psicológicas



  • Confusión mental, desorientación

  • Bloqueo mental

  • Interferencia de distorsiones de razonamiento emocional debido a la activación fisiológica

Emociones



  • Miedo intenso, angustia y/o pánico

  • Sensación de vergüenza

  • Sensación de inutilidad

  • Irritabilidad

  • Culpabilización

Conducta


  • Escape, evitación

  • Comportamiento confuso, anómalo y/o repetitivo: indecisión

  • Conductas adictivas, compulsiones para inducir relajación: drogas, alcohol, etc.

Círculos viciosos



Confirmación de creencias distorsionadas, que se disparan ante nuevas As externas e incluso se generalizan a otras situaciones parecidas y que impliquen o se perciben con cierto riesgo o peligro para la integridad personal, física y/o psicológica.


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