La Terapia Racional Emotiva Conductual nace a partir de los trabajos pioneros del psicólogo norteamericano Albert Ellis, quien, descontento con los escasos resultados obtenidos con la técnica psicoanalítica decide dar un giro a la Terapia que



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Lo que no es conveniente en ningún caso es llevar más lejos la tristeza o sentimientos de dolor ante las pérdidas, hasta la depresión, situación que puede representar una grave afectación psíquica, que llega a ser incapacitante para todo tipo de actividades y que en ocasiones puede requerir internamiento psiquiátrico. En este sentido también tiene que ver el llamado “duelo patológico” en situaciones de pérdida de seres queridos cercanos. No es conveniente alargar la tristeza más allá de lo necesario, estaremos alerta ante situaciones que se nos escapan de las manos, cuando nos vamos viendo envueltos de forma perversa en emociones que nos abaten y nos hacen incapaces de enfrentarnos a la vida. No podemos detener el tiempo para regodearnos en nuestras emociones negativas, hay que estar atentos cuando llegan a invadirnos de forma morbosa.

El estudio de la depresión ha sido un tema muy controvertido. Parece por lo que hemos dicho anteriormente que depende casi exclusivamente de nuestra voluntad, de que nosotros mismos nos la auto inflingimos. Para los psiquiatras, la depresión tiene normalmente un origen o bien externo, debido a diversas situaciones sociales que la provocan o bien internos, pero sobre todo de origen biológico, por descompensaciones en la química del cerebro: los neurotransmisores o los fluidos endocrinos. Para los psicólogos, véase A. Beck sobre todo, la depresión, si bien, es una enfermedad que tiene múltiples causas, tanto externas como internas, tiene, un fuerte componente en las creencias o la visión que tiene la persona respecto a esos problemas externos con los que se encuentra o promueve la persona. En este autor concretamente tiene una influencia determinante la llamada triada cognitiva: la visión que se tiene sobre uno mismo, el mundo que nos rodea y la visión de futuro de la persona.

De aquí que según la visión respecto a la depresión de unos y otros se propongan distintas terapias o posibles tratamiento. Básicamente para los psiquiatras (no para todos, sería una exageración) la solución se encuentra en administrar fármacos adecuados para compensar los desequilibrios químicos del cerebro del enfermo, mientras que para los psicólogos la terapia debe ir encaminada a cambiar la particular visión que tiene el paciente respecto a los aspectos que antes hemos considerado; con ello se logrará que el paciente salga del estado emocional de la depresión y conseguirá también una mejor adaptación social y un mejor equilibrio químico en su cerebro, ya que, salvo en casos excepcionales, se considera que el desequilibrio biológico se produce a raíz de entrar en el proceso depresivo más que éste sea debido a aquél.

3.- DISGUSTO  Versus  IRA.

Se siente disgusto cuando otra persona se comporta sin tener en cuenta una norma de vida que para otra es muy importante. A la persona que le disgusta no le agrada lo que el otro ha hecho, pero no le condena por ello. Esta persona piensa: "No me gusta lo que él o ella ha hecho, y desearía que no hubiera ocurrido, pero no quiere decir que él o ella no pueda romper mis normas". Sin embargo, en la ira, la persona cree que el otro no debe de ninguna manera romper sus normas y además le condena enérgicamente si lo hace.





A la emoción negativa de la ira no se le ha dado suficiente importancia, normalmente, en el campo de la patología psicológica, debido a que no parece, en principio, que sea una emoción incapacitante para la persona que lo sufre; aparentemente, no se pierde el contacto con la realidad, suele ser pasajera y no requiere ningún tipo de medida como internamiento o, simplemente, la ingesta de algún medicamento para prevenirla. Además, parece que la padece de manera más o menos intensa una gran mayoría de la población. Sin embargo, la ira, además de las consecuencias negativas individuales que analizaremos más adelante, puede desembocar en graves consecuencias para otras personas y en definitiva para la sociedad. En la raíz de un fuerte ataque de ira se entienden conductas de lesiones graves, homicidios y asesinatos, así como todo lo relacionado con la violencia de género. En el terreno subjetivo individual, la persona que sufre de problemas crónicos de ira, acaba con bloqueos de personalidad que literalmente le “ciega” para responder a una situación de forma razonable. La ira, además consume una gran energía a la persona que la sufre y, debido a los fluidos endocrinos que libera en el organismo, se llega a convertir en una auténtica droga que crea su propia adicción y como tal, “encadena” a la persona que lo sufre, le hace entrar en un círculo vicioso del que es cada vez más difícil salir si no se adopta un cambio de mentalidad y de actitud ante las alarmas que se disparan antes de provocar una ataque de ira.



La ira es una emoción, igualmente, no superflua. Se creó en el ser humano a través de la evolución con un fin claramente adaptativo, preparando al cuerpo para la lucha, el enfrentamiento, ante situaciones en las que podía estar en peligro la integridad personal. En la actualidad, gracias a que disponemos de otras “armas” más eficaces (apenas tenemos predadores naturales) relacionadas con la capacidad mental elevada y que no tenemos que enfrentarnos, normalmente, a enemigos naturales, la ira manifestada en su más alta intensidad no tiene apenas sentido. Si nos puede servir para darnos energía ante situaciones que consideramos injustas o ante situaciones inesperadas y, de alguna manera, desesperadas. Una manifestación moderada de la ira y bien encauzada hacia objetivos apoyados por el raciocinio y la inteligencia nos puede ayudar para superar muchos problemas sociales injustos con los que nos encontramos. No esta justificada, hoy día en ningún caso para agredir a los demás salvo que estemos en una situación en la que esta en peligro nuestra vida o la de los demás. En el entorno normal de nuestra sociedad, a veces no podemos hacer nada para evitar las injusticias o para evitar que las personas se comporten de manera distinta a como nosotros consideramos que deben comportarse, por lo que, para no hacernos daño a nosotros mismos ni a los demás, es mejor rebajar el nivel de ira hasta llevarlo a un simple disgusto ante lo que consideramos que contraviene las normas. Hay que tener en cuenta además, que todas las normas sociales tienen su relatividad y se crean o modifican de acuerdo a como se plasman en la práctica, sobre todo las normas y leyes escritas. Tanto o más se puede decir de las normas morales o las que alguien las llama normas “naturales”; todas estas tienen una gran relatividad y nadie puede decir, a ciencia cierta, que son más válidas las que yo tengo que las que pueda tener otras personas. Sobre la base de esta relatividad, hemos de considerar que no tenemos autoridad suficiente para exigir a nadie que su comportamiento se adapte a nuestras normas morales o a lo que nosotros consideramos justo. Pero no todo es relatividad absoluta, hay situaciones que juzgadas con raciocinio consideramos que son negativas o contraproducentes para la vida social o que perjudican a determinas personas y benefician a otras de forma arbitraria, por lo que la injusticia social, por así decirlo, existe y, en muchos casos, es difícil solucionar. Es en esto casos en los que tenemos que evitar que la ira nos controle a nosotros en vez de controlarla nosotros a ella, y, en todo caso, evitar que nos haga más daño del estrictamente imprescindible.



CIRCULOS VICIOSOS: IRA

C: Consecuencias

Fisiológica



  • Tensión muscular

  • Aumento de presión sanguínea

  • Descarga excesiva de adrenalina

  • Temblores, nerviosismo

  • Verborrea manifiesta o subvocal

Psicológica



  • Activación mental de pensamiento descontrolada

  • Desconfianza

  • Baja capacidad de raciocinio

  • Percepciones muy selectivas

Emociones



  • Irritabilidad excesiva

  • Desprecio hacia los demás

  • Sensación de desasosiego

  • Sentimiento de daño, sentirse herido

Conducta


  • Agresividad hacia los demás

  • Conducta descontrolada, hiperactividad

  • Golpear, gruñir, gritar…

Círculos viciosos



Confirmación de creencias distorsionadas retroalimentación principal por la excesiva activación fisiológica que dispara nuevas Bs distorsionadas ante As parecidas o falsamente percibidas.


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