La teoría del apego: un enfoque actual


Influencias iatrogénicas en supervisión



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Influencias iatrogénicas en supervisión
El modelo (iatrogénico) defendido por el supervisor contenía varios de los siguientes elementos: (1) una tendencia a no creer en el relato del paciente; (2) una tendencia a desconsiderar el intento por parte del analizado de investigar su historia de apego; (3) una tendencia a reducir la comprensión de la interacción a una visión estrecha del interjuego entre transferencia y contratransferencia (según la cual el aquí y ahora es todo lo que cuenta); y (4) una tendencia constante a interpretar la maldad del paciente (es decir, sus rasgos defensivos y estrategias disfuncionales) sin investigar el contexto en el que se han formado” (pág. 228).
Excelente capítulo, uno de los que más me han gustado del libro. Encuadra muy bien el problema y da sobrados motivos de reflexión. Cuando lo conocí, meses antes de que apareciera en libro, le sugerí al autor un texto que, desde una óptica complementaria, es también muy sensible al peligro involuntario de dañar o humillar a los pacientes: “La comunicación terapéutica”, de Paul Wachtel, Editorial Desclee De Brouwer. Un objetivo de este libro, entre otros, es el de encontrar modos de hablar con el paciente que produzcan menos resistencias y más respeto por su autoestima.
Capítulo 13: LA TEORÍA DEL APEGO Y EL DUELO
Capítulo escrito en colaboración por Luis Juri y Mario Marrone.
Comienzan recordando brevemente la teoría freudiana del duelo. Para Freud, el sujeto tiene que realizar un trabajo de desprendimiento del objeto perdido bajo la presión de la realidad. El duelo es visto en términos económicos: una cantidad de energía psíquica que estaba en un lugar (el objeto) tiene que encontrar otro destino. El énfasis de Freud está puesto en las condiciones intrapsíquicas que deciden el duelo. El trabajo del duelo es teorizado en términos de un aparato psíquico prácticamente aislado por lo que apenas se contempla las influencias benéficas o perturbadoras que pueden venir desde el entorno social del doliente.
Fases de duelo en el adulto

 Bowlby y Parkes propusieron que un adulto atraviesa cuatro fases en el trabajo del duelo:



  • Breve fase de embotamiento: puede durar de minutos a horas o algunos días. Es un intento de frenar las emociones que desencadena la pérdida. Puede aparecer una aparente calma o, incluso, momentos de euforia. Otras personas pueden sufrir ataques de pánico o estallidos de ira. Una forma de duelo patológico tiene que ver con la congelación en esta etapa. La anestesia afectiva puede durar meses, años o toda una vida.



  • Fase de anhelo y búsqueda de la persona querida: “Se interpretan indicios de retorno... como pueden ser los pasos en una habitación o los sonidos de una puerta que se abre. El muerto es buscado (consciente o inconscientemente) en aquellos lugares a los que habitualmente concurría. Es posible confundir a una persona en la calle con el muerto, o soñar que éste se encuentra vivo. Estos anhelos de reencuentro con el muerto no pertenecen a la esfera de lo patológico, forman parte de un normal intento de recuperación del vínculo perdido... La rabia y el odio se alternan frecuentemente en esta fase, ya sea como protesta ante la pérdida o por frustración del anhelo de reencuentro. Su presencia no debe considerarse anormal, ni necesariamente una señal de odio al muerto... en esta conceptualización no se desconoce la hostilidad inconsciente hacia el difunto, pero se juzga normal cierta reacción agresiva... La patología del duelo correspondiente a esta fase es el duelo crónico”(pág. 235).

  • Fase de desorganización y desesperanza: ocurre cuando la esperanza de recuperar al ser amado se desvanece. En esta fase, que puede durar meses, es común que aparezcan síntomas depresivos.

  • Fase de mayor o menor reorganización: “La reestructuración de los modelos representacionales lleva a enfrentar un doloroso cambio de identidades... Esta fase implica renunciar definitivamente a la esperanza de restablecer la situación previa... Si se atraviesa esta fase, pueden aparecer planes para el futuro” (pág. 236).

El curso del duelo
A diferencia de Freud, Bowlby no hace depender el desenlace normal o patológico del duelo de procesos exclusivamente endógenos (el itinerario intrapsíquico de la libido)... Hoy parece claro que el curso que ha de tomar un proceso de duelo depende de varios factores: (1) la intensidad, duración y calidad de la relación que el sujeto ha tenido con la persona que ha perdido; (2) la calidad y destino de las relaciones tempranas que el sujeto ha tenido en su vida temprana; (3) los mecanismos de defensa que el sujeto utilice normalmente ante situaciones de pérdida y privación; y (4) la existencia o no de apoyo por parte de la red social que rodea a la persona en duelo” (pág. 237).
El anhelo de recuperación
Una observación muy útil para la psicoterapia es que “el anhelo de reencuentro puede permanecer largo tiempo en forma silenciosa y encubierta, lo que puede engañar a un observador desatento. Como existe una inclinación a subestimar la importancia de las pérdidas, así como la duración de los duelos, el anhelo de reencuentro puede pasar desapercibido” (pág. 240).
El deudo, consciente o inadvertidamente, dirige la vista hacia los lugares que ocupaba la persona muerta, repasa fotografías, acaricia objetos compartidos, cree escuchar sus pasos o su voz, cree reconocerlo entre una muchedumbre, visita lugares familiares (la habitación, un paisaje, el lugar de veraneo, etc.). Otras formas en las que se manifiesta este anhelo son el pensar obsesivamente sobre él, el temor a olvidarlo, los sueños en los que aparece vivo, las visitas al cementerio, los museos familiares, etc. Incluso, en algunos casos, el pensamiento suicida o los intentos consumados de suicidio pueden escenificar este deseo de encuentro.
Permanencia del ser ausente
Para Bowlby, un final favorable del duelo no implica necesariamente desprenderse del objeto perdido. Considera compatible con el duelo normal la permanencia del lazo afectivo con la persona muerta. La presencia del ausente puede manifestarse como una compañía interior constante o estar localizada en algún lugar específico y adecuado (una tumba, una foto, etc.)” (pág. 242). Es decir, el deudo puede encontrar un lugar en su mente para la persona fallecida y convertirla en un interlocutor interior o en una presencia amigable que proporciona apoyo y consuelo. Esto es muy diferente de la teorización clásica.
Aportaciones recientes de la investigación
El duelo patológico tiene dos variantes: (1) ausencia de manifestaciones de duelo; (2) duelos intensos y prolongados o inacabables. Hay una correspondencia entre las anteriores modalidades de duelo patológico y la respuesta a la separación breve que se produce en el procedimiento de la “situación extraña”. Un grupo de niños parece no reaccionar ante la separación. Otro lo hace de forma dramática, angustiosa, con rabia intensa.
Ante una pérdida, los adultos que pueden ser clasificados con la Entrevista de Apego Adulto como evitativos son los que tienen propensión a hacer duelos silenciosos. Por el contrario, los adultos clasificados como ambivalentes o preocupados tienden a hacer duelos más prolongados y con manifestaciones emocionales más floridas e intensas” (pág. 249).
Los niños que tienden a suprimir sus sentimientos, frecuentemente, han sido criados en familias poco emotivas o en las que el niño fue humillado o castigado al mostrar emociones. En cambio: “Los individuos que tienden a hacer procesos de duelo intensos, dramáticos, floridos o prolongados pueden mostrar una historia de relaciones vinculares en la niñez en la cual la actitud de los padres fue inconstante, alternando periodos de disponibilidad empática con periodos de distanciamiento o rechazo” (pág. 249).
La terapia del duelo
Afirman los autores: para Bowlby, “un punto fundamental es que el paciente pueda ponerle palabras a la pena. Éste debe poder expresar sus sentimientos, dolores, anhelos ocultos, odios contra el muerto y hacia aquellos a los que responsabiliza (justa o injustamente) por lo sucedido” (pág. 250). Para lograr lo anterior es básico que el terapeuta pueda mantener una actitud empática con las ideas y sentimientos del paciente. “No proporciona ninguna ayuda, según Bowlby, el asumir el papel de representante de la realidad, señalando una ausencia que el paciente en parte conoce y que los familiares le recuerdan... Lo que el paciente necesita en las primeras etapas del duelo no es que le recuerden la pérdida, sino recuperar lo perdido... El paciente necesita sentirse comprendido en su alejamiento de la realidad y en sus comportamientos injustos” (pág. 250).
El paciente guardará para sí sus ideas “locas” (resurrección milagrosa, por ejemplo) o injustas (profesionales, familiares o amigos “culpables” de la pérdida) si el terapeuta no le brinda una base segura de empatía y legitima sus sentimientos como razonables y congruentes con la encrucijada vital que está sufriendo.
Esto me recuerda lo que, en un terreno diferente, propugnaba Kohut respecto a las necesidades exhibicionistas y grandiosas de los pacientes narcisistas: hay que aceptar inicialmente con sensibilidad y respeto las demandas de especularización, la idealización desaforada o el exhibicionismo más crudo sin que el terapeuta se convierta en representante de la juiciosa realidad porque, de otro modo, estas necesidades no emergerán de la represión o el paciente las guardará para sí como un secreto vergonzoso o loco. Excelente capítulo, lleno de ideas clínicamente útiles.

Capítulo 14: JUANITO: ¿EDIPO O APEGO?
Capítulo escrito por Luis Juri.
En este interesante capítulo el autor, partiendo de las ideas epistemológicas de Thomas Khun, realiza una reinterpretación del “Caso Juanito” contraponiendo el paradigma de Bowlby con el de Freud.
Según Juri: “Bowlby no interpreta el sueño (de Juanito) como una realización de deseos reprimidos, sino como una expresión del miedo inconsciente del niño a ser abandonado. Sería un temor y no un deseo, lo que mueve la producción onírica. Paralelamente, sería un temor, y no un deseo sexual, lo que impulsaría a Juanito al contacto con su madre. Sería posible expresarlo más ajustadamente diciendo que el miedo (al abandono) ha estimulado un deseo (de apego)” (pág. 262).
De forma similar, el autor se plantea si el padre de Juanito es un rival edípico o una figura de apego que se teme perder. La lógica del paradigma freudiano lleva a suponer que la angustia de separación de Juanito es por el deseo reprimido de que su padre se aleje ya que, en palabras de Freud, “sólo un deseo y ninguna otra cosa, es capaz de poner en movimiento el aparato psíquico”.
Luis Juri se apoya en las ideas de Hugo Bleichmar cuando sostiene que el psiquismo funciona tanto creyendo en la realización de deseos como en la realización de temores. Desde este punto de vista se puede suponer que Juanito no produce la fobia (o no únicamente) por una elaboración defensiva de sus deseos incestuosos sino por una elaboración defensiva de su temor a perder a sus figuras de apego.
Como nota curiosa, el autor, Luis Juri, califica el Enfoque Modular Transformacional como un “nuevo paradigma”. Que yo sepa, es la primera vez que se califica así, en una publicación, a los trabajos de Hugo Bleichmar.
Capítulo 15: EL APEGO Y LA SEXUALIDAD
Este capítulo está firmado por Mario Marrone y Nicola Diamond.
Sexualidad y capacidad de relacionarse
El apego saca la sexualidad, de una vez por todas, de una psicología unipersonal. Los individuos que hayan tenido una privación extrema en el vínculo de apego durante su infancia o adolescencia, o que hayan sufrido abuso sexual, físico o psíquico, tendrán también un severo empobrecimiento en la capacidad de relacionarse sexualmente, particularmente en la vida adulta” (pág. 278).

La sexualidad puede ser usada en las relaciones adultas de maneras diferentes. Por ejemplo, la erotización puede ser puesta al servicio de las defensas. La observación clínica muestra que la erotización puede ser una expresión de una dependencia ansiosa subyacente o un sustituto de un sentimiento de intimidad más sustancial. En otras palabras, la erotización puede ser un medio para tratar de manejar trastornos emocionales originados en fallos y dificultades vinculares tempranas. Estos fallos pueden dar como resultado la búsqueda desesperada de amor sexual o la necesidad de ser deseado sexualmente para compensar sentimientos profundos de inseguridad en las relaciones de apego” (pag. 280).


La actividad sexual también puede estar asociada con la evitación de la intimidad, como en el caso de que haya una separación entre el sexo y la relación emocional... La excitación sexual puede también ser una forma de volver a poner en escena el trauma infantil. Como sostiene Robert Stoller (1986), en ciertas circunstancias la hostilidad actúa como un detonante de la excitación sexual... El placer erótico se asocia al logro del control total, de estar en la posición de ser el dueño de lo que está ocurriendo” (pág. 281).
La elección del compañero sexual es otra área donde se pone de manifiesto la repetición de los patrones de apego perturbados. Por ejemplo, este puede ser el caso de una persona que ha tenido un padre (o una madre) cruel y que siempre elige un compañero cruel, repitiendo el mismo patrón” (páginas 281 y 282).
Las ideas de Bowlby respecto al complejo de Edipo son compatibles con el pensamiento de Kohut... Kohut diferenció un estadío edípico, correspondiente a un estado normal, en contraposición al complejo de Edipo, que sería la versión patológica, donde la ausencia de identificación empática de los padres con el pequeño hijo da lugar al cuadro de celos, cruda sexualidad y competitividad que pinta la metáfora del dramaturgo griego. Lo que pretende transmitir Kohut es que la dramática edípica no es una imposición fatalista de oscuro origen psicobiológico. Edipo es el prototipo del hijo destruido por la patología de los padres” (pág. 286).
Marrone señala como pesar de las grandes diferencias que los separan, Bowlby no es una excepción solitaria en el psicoanálisis británico. Tanto Bowlby como Klein, Winnicott o Fairbairn han colocado la sexualidad en un segundo plano.
Bowlby apenas se ocupó de la sexualidad en sus escritos, aunque no le quitaba su lugar en la supervisión clínica. Reconocía la importancia que tiene la sexualidad en la conducta y las necesidades humanas... Simplemente, estaba muy dedicado a su propia temática” (páginas 289 y 290).

Capítulo 16: TRAUMA Y DISOCIACIÓN
La experiencia indica que los efectos psicológicos son más severos si el trauma es generado por el ser humano, perpetrado por una figura de apego, con crueldad, repetido y en la infancia... Por otra parte, sabemos que la intensidad de los efectos depende de la vulnerabilidad de la víctima... En la infancia, los efectos psicológicos del trauma serán tanto más graves cuanto más insegura haya sido la relación del niño con sus figuras de apego con anterioridad al trauma, también si el niño no tiene a nadie a quien comunicar sus sentimientos e impresiones o si ha recibido comunicaciones que desconfirmen sus percepciones e invaliden sus sentimientos subjetivos” (pág. 294).
El trauma en psicoanálisis
La noción de trauma en psicoanálisis está históricamente ligada al estudio de la neurosis histérica, habiendo sido ésta originalmente atribuida a una etiología de naturaleza sexual y traumática... Pero más tarde, Freud consideró que sus pacientes le habían hecho perder la ruta de la verdad y que lo que ellas describían como traumas de su infancia eran, en realidad, fantasías... Desde entonces los conceptos de deseos incestuosos, complejo de Edipo y fuentes endógenas o internas de ansiedad quedaron ligados entre sí en el pensamiento psicoanalítico” (pág. 295).
Hay otra definición psicoanalítica del trauma que sigue siendo útil para Marrone y Diamond: “El trauma produce síntomas porque actúa como un cuerpo extraño que sobrecarga las capacidades de contención y procesamiento del individuo... Aún así, algunos psicoanalistas tienden a ver el trauma como un fenómeno fundamentalmente enraizado en procesos endopsíquicos... Tenemos amplia evidencia de que los factores traumáticos en la relación del hombre con su ambiente son fundamentales. Esta evidencia surge de estudios interdisciplinarios y es tan contundente que el psicoanálisis contemporáneo no puede ignorarla” (pág. 296).
Orígenes de los estados disociativos

Investigaciones realizadas en los últimos años indican que hay una relación estrecha entre trauma infantil y disociación... Pese a sus efectos colaterales negativos, el propósito de la disociación es adaptativo... La disociación implica un intento de negar el hecho de que una situación intolerable está sucediendo o que la persona está presente en esa situación... Si el padre o la madre no pueden proteger al niño ante una amenaza externa o si, lo que es mucho peor, es uno de ellos el agente que causa el trauma, la disociación es un recurso adaptativo para sobrevivir” (pág. 308).


Las investigaciones en el campo del apego indican que la tendencia a disociar se transmite de una generación a la siguiente. Por ejemplo, Lyons-Ruth y Jacobvitz (1999) muestran que hay una correlación significativa entre disociación en los padres y respuestas desorganizadas en la situación extraña. Entre los precursores de la disociación en los padres se describen duelos no elaborados e historia de violencia familiar. Main y Hesse (1990) observan que el susto o pánico es la emoción básica en los estados disociativos” (pág. 309).
Tratamiento
Hasta el momento no hay estudios empíricos detallados sobre métodos terapéuticos y su efectividad en el tratamiento de los procesos disociativos. La experiencia clínica acumulada en los últimos años en Londres... demuestra que un abordaje psicoanalítico orientado por la teoría del apego es muy útil si no imprescindible. Sin embargo, las circunstancias individuales y el diagnóstico preciso de cada paciente puede requerir modificaciones técnicas importantes. En algunos casos, un análisis individual es suficiente, en otros casos es necesario el trabajo en un equipo interdisciplinario. A veces hay complicaciones legales y policiales...” (pág. 312).
En la mayoría de los casos de trastorno disociativo de menor severidad, el proceso de integración que brinda el análisis, incluyendo la elaboración de los duelos no resueltos y la exploración de la historia vincular personal, es suficiente para resolver el problema clínico... La psicoterapia de grupo no es eficaz en el tratamiento de estos trastornos... Las técnicas que involucran contacto físico con el paciente están absolutamente contraindicadas” (pág. 312).
Capítulo 17: APEGO Y PROMOCIÓN DE LA SALUD MENTAL
Como dice Sroufe (1999), Bowlby nunca dijo –ni la teoría del apego afirma- que la inseguridad de apego siempre y necesariamente cause patología a lo largo del ciclo vital. Lo que postula es que la inseguridad de apego crea la vulnerabilidad para que esto ocurra” (pág. 315).
El concepto de elactancia
Se refiere a la capacidad que tiene un individuo de mantener sus capacidades adaptativas y utilizar sus recursos internos de manera competente ante (1) los problemas evolutivos de las distintas etapas del ciclo vital y (2) las adversidades de la vida. El desarrollo de la capacidad de elactancia depende fundamentalmente de la seguridad de apego en los años de infancia y adolescencia. En cada momento de la vida del sujeto, la capacidad de funcionar óptimamente a niveles psicológico, psicosomático y psicosocial depende de la interacción entre la capacidad de elactancia del individuo y los factores protectores o desestabilizantes del medio socio-ambiental actual... En este sentido, se podría decir que entre los objetivos últimos de la psicoterapia psicoanalítica se encuentra no solo la resolución de los síntomas y conflictos y el autoconocimiento sino también el incremento de la elactancia” (páginas 316 y 317).
Promoción de la salud mental
El comité de expertos del proyecto Promoción de la salud mental de niños hasta la edad de seis años (creado por la Comisión Europea), del que he sido miembro, definió la promoción de la salud mental como un esfuerzo interdisciplinario que (1) está dirigido a los contextos individual, familiar, grupal y comunitario, y (2) involucra a todas las fases del ciclo vital, desde el embarazo y el nacimiento hasta la tercera edad, pasando por la infancia, la adolescencia y la edad adulta” (pág. 317).
En esencia, la promoción de la salud mental tiende a reducir los factores que la dañan (como, por ejemplo, el abuso, el acoso en la escuela, la discriminación racial, la exclusión social, etc.) y fortalecer los factores que la facilitan, tales como el desarrollo de políticas que favorecen el bienestar, integridad y seguridad de la familia” (pág. 318).
Proyectos en curso
Nuestro comité examinó 195 programas de promoción de la salud mental infantil. El acceso a estos programas se logró a través de un rastreo realizado por agentes nombrados por el comité en 15 países miembros de la Unión Europea y Noruega... El objetivo fundamental de este comité era compilar una lista completa de programas en curso, destacando –entre todos- los que hubieran sido sometidos a una evaluación... De los 195 programas que nos llegaron, 20 cumplían los requisitos establecidos para la categoría de basados en la evidencia” (páginas 320, 321 y 322).
Los programas que cita Marrone tienen objetivos muy variados: detección y tratamiento de la depresión postnatal; actuación en casos de abuso físico, sexual y emocional; intervención temprana con niños de riesgo; niños y padres inmigrantes; hospitalizaciones prolongadas de niños; bebés prematuros; hijos de esquizofrénicos, etc.
Grupos de padres
Marrone lo considera un modelo de trabajo muy promisorio. El objetivo de estos grupos es el de aumentar la respuesta sensible y la función reflexiva de los padres. Se aplica tanto a padres en general como a padres de grupos de riesgo.
Mel Parr... ha desarrollado un método de trabajo en grupos que se conoce como método PIPPIN... Estos grupos se forman con padres y madres durante el embarazo, se reúnen de acuerdo a un programa de sesiones previamente establecido, hasta que el bebé haya cumplido los seis meses de edad... Este tipo de intervención fue diseñado originalmente para:

    • influenciar la capacidad de cada padre o madre para observar al recién nacido,
      - observar y analizar el significado que cada padre le atribuye a lo que observa,
      - tratar de mejorar la percepción que el padre tiene de su propia autoestima y sentido de competencia, como individuo y como padre,
      - incrementar la respuesta sensible a las señales y comunicaciones no verbales del bebé,
      - ayudar a la pareja de padres a mejorar su vínculo y organizar la vida de familia para aumentar los factores protectores de la relación parento-filial” (páginas 324 y 325).



Sumario y conclusiones
El status socioeconómico bajo es un factor de riesgo importante para la salud en general, incluso para la salud mental infantil y familiar. Estadísticamente, la pobreza se asocia con una baja calidad de la función parental” (pág. 326).
Hay bastante evidencia de que visitas domiciliarias, periódicas y regulares por profesionales competentes, reducen el riesgo de negligencia o abuso emocional o físico... Actividades grupales con niños, en las cuales se facilita el sentimiento de afiliación, la comunicación y el pensamiento reflexivo, promueven la elactancia... El proceso de facilitar una buena relación entre cuidadores y niños es el factor más importante en promoción de la salud mental infantil... El elemento fundamental para promover la seguridad de apego es romper la cadena intergeneracional de transmisión de patrones de apego inseguro” (páginas 326, 327 y 328).
Capítulo 18: LA TEORÍA DEL APEGO Y LA PSIQUIATRÍA GENERAL
Marrone argumenta que la Psiquiatría se dividió a raíz de las diferentes explicaciones etiológicas que se propusieron. Una de las ramas se centró en el uso de fármacos y la otra en el uso de intervenciones psicoterapeuticas y psico-sociales.
La teoría del apego nos da hoy la posibilidad de establecer un puente entre ambas psiquiatrías. Cambios recientes en psicoanálisis (con el surgimiento de corrientes de carácter básicamente interpersonal, incluyendo la teoría del apego) y desarrollos contemporáneos en neurociencias constituyen un área de convergencia potencial” (pág. 332).
A partir de esas áreas de convergencia entre las neurociencias y el psicoanálisis relacional, el autor propone repensar tanto las teorías etiológicas como las prácticas terapéuticas, abogando por abordajes integrados en los que las dos psiquiatrías se vayan encontrando.
Comentario personal
Este es uno de ese escaso puñado de libros por el que uno tiene ganas de dar las gracias en público a su autor, tanto para reconocer un trabajo bien hecho como, también, para intentar contagiar a otros con mi entusiasmo y animarles para que lo lean. Sencillamente, este libro me ha aclarado mucho. Poco de lo que aparece en él me resulta totalmente nuevo pero la trabazón de los materiales, la reorganización de las ideas en un conjunto original, me produce una sensación satisfactoria de que las piezas engranan bien, de un modo armónico y poderoso. Las partes (los capítulos), siendo importantes en sí mismas, son inferiores al todo. Hay una sensación de redondez que me resulta muy estimulante.
A Marrone se le entiende muy bien, es claro y directo en su forma de expresarse. Es didáctico. En otros contextos psicoanalíticos la imputación de didactismo es un insulto, aquí es un elogio. Comparto con el autor la antipatía por las jergas, los clichés expresivos y las ínfulas intelectualizantes de mucho de lo publicado en psicoanálisis. A Marrone le preocupa hacerse entender (incluso por un público amplio de no psicoanalistas) y para ello se sitúa en la piel del lector con el objetivo de ponérselo fácil. Es una posición humilde que no renuncia a la ambición de transmitir un conocimiento que se sabe valioso. Yo, como lector y como partidario de un nuevo lenguaje en psicoanálisis, se lo agradezco.
Marrone se dirige al lector buscando la complicidad de un interlocutor amigo, lo que no le impide marcar las diferencias contundentemente con los paradigmas freudiano y kleiniano cuando quiere dejar bien clara su posición. Nos da una presentación cálida en la que teoría y experiencia personal se entremezclan a través de un relato natural, salpicado de anécdotas. Sorprende la cantidad de citas recogidas de viva voz, fruto de sus contactos de primera mano con multitud de teóricos y profesionales actuales. Se adivina un orgullo sin aspavientos por haber tenido la suerte de conocer a una persona del talento de Bowlby.
Todos los capítulos del libro tienen una riqueza formidable (sólo hay que fijarse en la extensa bibliografía final para entender hasta que punto Marrone nos trae un pensamiento actualizado, muy difícil de conseguir para los que no dominamos el inglés) pero quiero destacar uno en especial que, a mi juicio, merece una atención específica: el dedicado a la iatrogenia.





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