La teoría del apego: un enfoque actual



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LA TEORÍA DEL APEGO: UN ENFOQUE ACTUAL

  • Libro: La Teoría del Apego. Un enfoque actual. (2001) Mario Marrone. Madrid: Editorial Psimática. 401 páginas.

  • Autor de la reseña: Esteban Ortiz Chinchilla

Nota de los editores: Dada la estructura de la reseña que incluye párrafos seleccionados como resumen del texto, hemos modificado el tamaño de la letra en los comentarios del autor en los capítulos individuales para diferenciarlo del texto de Marrone. Las citas textuales aparecen entrecomilladas y en cursiva.

Capítulo 1: JOHN BOWLBY: APUNTE BIOGRÁFICO
Marrone nos cuenta su encuentro con Bowlby en 1980 y la relación profesional que mantuvieron a lo largo de diez años, hasta la muerte de Bowlby en 1990. El autor nos ofrece una semblanza de esta figura de la creación intelectual en la que nos muestra a un Bowlby que emerge de una infancia no demasiado feliz y que logra organizar su vida de un modo que suena envidiablemente coherente con su teoría del apego: una comunidad de amigos, intelectuales de izquierda, muchos de ellos figuras prestigiosas de su época, agrupados en una “tribu” (así la llamaba la mujer de Bowlby) que comparten vivienda y vivencias durante muchos años.
Capítulo 2: LA TEORÍA DEL APEGO
 Marrone cita a Bowlby (1973) cuando éste sostiene: “Lo que por motivos de conveniencia denomino teoría del apego es una forma de conceptualizar la tendencia de los seres humanos a crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas en particular y un intento de explicar la amplia variedad de formas de dolor emocional y trastornos de personalidad, tales como la ansiedad, la ira, la depresión y el alejamiento emocional, que se producen como consecuencia de la separación indeseada y de la pérdida afectiva” (pág. 31).
Un paradigma psicoanalítico
Lo esencial del paradigma propuesto por Bowlby es que supone que los dolores, alegrías y el significado del apego no pueden ser reducidos a una pulsión secundaria... Su intención era postular un nuevo concepto de conducta pulsional dentro de la cual la necesidad de formar y mantener relaciones de apego es primaria y diferenciada de la necesidad de alimentación y de la necesidad sexual” (páginas 33 y 34).
 “El modelo de Bowlby difiere del modelo de Freud en tres aspectos:
- En el modelo de Freud, el apego es secundario con respecto a las gratificaciones oral y libidinal. En el modelo de Bowlby, el apego es primario y tiene un estatus propio.

- En el modelo de Freud, el niño se halla en un estado de narcisismo primario, cerrado con respecto a los estímulos del mundo externo... En el modelo de Bowlby, el individuo está activamente comprometido desde el principio en un contexto intersubjetivo...

- En el modelo de Freud, la conducta pulsional es activada por una carga de energía que, una vez incrementada hasta cierto nivel, necesita descargarse. En el modelo de Bowlby, la conducta pulsional es activada tanto por condiciones internas como externas cuando la función que cumple es requerida” (pág. 36).
Sistemas conductuales y motivación
Bowlby llamó sistemas conductuales a un conjunto funcional y motivacional encargado de la satisfacción y regulación de las necesidades básicas. Se pueden observar los siguientes:


    • El sistema de apego.

    • El sistema de afiliación (a grupos).

    • El sistema de alimentación.

    • El sistema sexual.

    • El sistema exploratorio.



Cada sistema puede ser activado en un determinado momento en respuesta a ciertos estímulos internos o externos. Algunos sistemas pueden ser activados al mismo tiempo y de manera sinérgica: un ejemplo sería la activación conjunta de los sistemas de apego y sexual en la relación de pareja. Los sistemas de apego y exploratorio, en cambio, son mutuamente excluyentes” (pág.37).
Un modelo evolutivo
Bowlby usó el término vías evolutivas... Dentro de este marco de referencia, la personalidad humana es concebida como una estructura que se desarrolla incesantemente a lo largo de una u otra vía, entre una serie de distintas vías posibles. Se cree que todas las vías comienzan juntas, de manera que, al ser concebido, un individuo tiene acceso a un amplio abanico de vías potenciales y puede transitar a lo largo de cualquiera de ellas. A partir de ahí, la elección del camino estará determinada por la interacción entre el individuo y el ambiente. Esta concepción del desarrollo está basada en un modelo interactivo... La psicopatología se ve, no como el resultado de fijaciones o regresiones, sino como resultado de que el individuo haya tomado una vía por debajo del desarrollo optimo, justo al comienzo o en algún punto durante el transcurso de la niñez o la adolescencia (como consecuencia de privación, maltrato, trauma o de pérdida)” (pág. 42).
Bowlby se dio cuenta de que era necesario un nuevo modelo evolutivo para sustituir al freudiano (fases de la libido) y al kleiniano (posiciones esquizo-paranoide y depresiva).
La respuesta sensible como organizador psíquico
 “Mary Ainsworth,... infirió de su trabajo de investigación que lo que más importa para determinar una vía de desarrollo es la respuesta sensible del cuidador... Durante la infancia, la respuesta sensible de los padres incluye notar las señales del bebé, interpretarlas adecuadamente y responder apropiada y rápidamente. La falta de sensibilidad, por el contrario, puede o no estar acompañada de una conducta hostil o desagradable por parte del cuidador. Existe cuando el cuidador fracasa en leer los estados mentales del bebé o sus deseos o cuando fracasa en apoyar al bebé en el logro de sus estados positivos o deseos” (pág. 43).
Una teoría de la internalización y de la representación
 “La teoría del apego reconoce el hecho de que el modelo de interacción entre el niño y sus padres (que tiene lugar en un contexto social) tiende a convertirse en una estructura interna, o sea, en un sistema representacional” (pág. 44). Los modelos representacionales se construyen en la experiencia de estar con los cuidadores en edades tempranas y a lo largo de la niñez y adolescencia. Tienden a fijarse en estructuras cognitivas estables.
Bowlby (1988) dijo que existe una fuerte evidencia de que la forma que adquieren estos modelos operativos internos está basada en las experiencias reales de la vida del niño, es decir, de las interacciones día a día con sus padres” (pág. 44). Este es un tema fascinante y, por lo que yo sé, todavía no suficientemente aclarado. ¿Qué grado de correspondencia hay entre la “realidad histórica” y la “realidad narrativa”? La memoria procedimental ¿estará más cerca de la “verdad histórica” que la memoria episódica y semántica? En todo caso, es de notar que Bowlby se sitúa del lado de los analistas que, con todos los recaudos, tienden a creer en sus pacientes. Es una posición que contrasta mucho con la que sostiene que al paciente no se le puede creer, que siempre deforma, que es imposible saber a ciencia cierta cómo fueron sus padres y allegados en la infancia.
Una teoría de la angustia
Bowlby considera la angustia como una reacción a las amenazas de pérdida y a la inseguridad en las relaciones de apego. Esto ocurre frecuentemente cuando el sujeto es llevado implícita o explícitamente a creer que no es nada ante los ojos del otro significativo” (pág. 47).
Capítulo 3: ENTRE LA CLÍNICA Y LA INVESTIGACIÓN
Mary Ainsworth aportó sus observaciones directas de la relación madre-bebé realizadas primero en Uganda y más tarde replicadas en Baltimore y, también, el procedimiento estandarizado de laboratorio para observar y clasificar la relación de apego entre la madre y su hijo de entre doce y dieciocho meses: la situación extraña.

En el procedimiento de la situación extraña la madre entra y sale varias veces de una habitación, dejando a su hijo unas veces solo y otras en compañía de un desconocido. Las separaciones son muy breves. El equipo investigador graba lo que ocurre en vídeo y después lo analiza. Lo que se observa, principalmente, es la conducta del niño cuando se producen las separaciones y, sobre todo, lo que pasa en el reencuentro. El reencuentro es el indicador más claro del estado de una relación.


Un niño con apego seguro juega con los juguetes, se aflige cuando la madre abandona la habitación, interrumpe el juego y, de algún modo, demanda el reencuentro. Cuando la madre vuelve, se consuela con facilidad, se queda tranquilo y vuelve a jugar” (pág. 55).
Los inseguros evitativos “evitaban tener proximidad cercana con la madre y no lloraban ni mostraban signos abiertos de disgusto cuando ella abandonaba la habitación. Cuando la madre volvía, estos niños evitaban de forma activa el contacto con ella... parecían estar más atentos a los objetos inanimados que a los sucesos interpersonales” (pág. 55).
Un tercer grupo... reaccionaba fuertemente a la separación. Cuando la madre regresa, estos niños buscan el reencuentro y el consuelo pero pueden también mostrar rabia o pasividad: no se calman con facilidad, tienden a llorar de una manera desconsolada y no retoman la actividad de exploración. Estos niños se clasifican como inseguros ambivalentes o ambivalentes preocupados” (pág. 55).
Cada patrón de conducta tiene precursores definidos en la interacción diaria madre – hijo. Esto había sido observado en los hogares familiares de un modo regular durante periodos prolongados de tiempo... La respuesta sensible que la madre ofrece de un modo continuo durante el primer año de vida del niño es el mejor predictor de la seguridad del apego del niño... La actitud distante y el rechazo corporal del cuidador predicen un patrón de conducta evitativo... Parece existir evidencia clara de que los niños ambivalentes tienen madres inconstantes que también tienden a desalentar la autonomía y la independencia” (páginas 55 y 56).
Posteriormente, Main y otros describieron el patrón desorganizado-desorientado. Estos niños reaccionan ante el encuentro con sus madres de una forma confusa y desorganizada. Se encontraron indicios de que los padres de estos niños asustaban a sus hijos mediante abusos u otras formas de maltrato.

Otros estudios aportaron nuevas temáticas y nuevos datos a la teoría: seguimientos longitudinales, como el de Minnesota, muestran cómo los niños con apego seguro evolucionan mejor que los niños con apego inseguro cuando son evaluados años después; se estudió la transmisión intergeneracional de los patrones de apego; se realizaron trabajos de seguimiento que observaban la relación entre tipos de apego y patología posterior de los niños o la influencia de la patología de los padres en la calidad del apego de los niños, etc.


Capítulo 4: SOBRE LOS MODELOS REPRESENTACIONALES
 El concepto de modelos operativos (MO) o modelos operativos internos es central en la teoría del apego. “Los MO son mapas cognitivos, representaciones, esquemas o guiones que un individuo tiene de sí mismo y de su entorno... Los MO hacen posible la organización de la experiencia subjetiva y de la experiencia cognitiva, además de la conducta adaptativa... Una función de estos modelos es posibilitar el filtrado de información acerca de uno mismo o acerca del mundo exterior... Pueden coexistir varios MO de la misma cosa (particularmente de uno mismo y de otras personas). Pueden mantenerse apartados unos de otros o unirse a través de procesos integradores o sintéticos” (pág. 73).
Las cualidades definitorias del MO están basadas al menos en dos criterios: (1) si se representa la figura de apego como una persona que en general responderá a las solicitudes de apoyo y protección; y (2) si el niño se juzga a sí mismo como una persona a quien cualquiera, en especial la figura de apego, le ofrecerá su apoyo” (pág. 74).
El autor aclara que los conceptos de MO y los términos más familiares para los psicoanalistas de representación del self y del objeto son prácticamente sinónimos. El uso de MO es similar al de objeto interno. Comienzan a formarse en los primeros meses de vida y son enriquecidos, reinterpretados y remodelados a lo largo de todo el ciclo vital. Los MO son estructuras con tendencia a la estabilidad y la autoperpetuación pero con posibilidades de cambiar.
Aplicando las ideas de Piaget sobre la acomodación y la asimilación, Bowlby propuso un mecanismo general para explicar cómo los MO pueden cambiar. Las percepciones actuales pueden no encajar con el MO que se construyó en el pasado. El psiquismo resuelve la discordancia acomodándose a la nueva información (modificando el MO) o, si la información actual es asimilada dentro de los viejos moldes, los MO permanecen intactos al precio de una distorsión de la percepción y los cursos de acción, afectándose la adaptación al entorno.
Marrone dice: “Una vez formados, los MO adquieren una existencia fuera de la conciencia” (pág. 76). Me parece que esta frase no es afortunada pues parece implicar que los MO son primariamente conscientes y sólo en un segundo tiempo se vuelven inconscientes. Por el sentido general del libro y, específicamente, por el capítulo en el que Marrone se refiere a la memoria procedimental, podría pensarse que para el autor hay procesos y contenidos diferentes en el psiquismo, muchos de los cuales nunca fueron conscientes. En todo caso, esta es una petición de precisión que traslado al autor.
El conflicto psíquico, para Bowlby, tiene que ver con las discordancias que existen entre varios modelos operativos de sí mismo y de las figuras de apego, creadas en distintas etapas del desarrollo y con distintos niveles de sofisticación.
Un descubrimiento importante de los investigadores del apego es que los MO proporcionan reglas para organizar la atención, la memoria, el pensamiento y el lenguaje. El grado de claridad y coherencia con la que una persona narra la historia de sus relaciones de apego es un indicador del grado de desarrollo de su función reflexiva; es decir, de la sofisticación de su organización representacional.
Los orígenes del sentimiento de seguridad
Un niño puede ser seguro con ambos padres, seguro con uno e inseguro con el otro, o inseguro con ambos. Puede ocurrir también que el niño sea inseguro con ambos padres pero seguro con alguna figura secundaria de apego.
El modelo es todavía más complejo pues admite la posibilidad de que un niño haya formado múltiples MO del mismo padre en distintos momentos de su historia relacional porque los padres hayan cambiado las líneas básicas de su interacción. La seguridad o inseguridad en el apego no es una propiedad del niño sino de la relación niño-cuidador que, posteriormente, se internaliza.
Capítulo 5: LAS DISFUNCIONES DE LA PARENTALIDAD
Marrone describe un conjunto de categorías de comunicación de los padres que tienen como denominador común la falta de apoyo y la ausencia de calidez o sensibilidad. “Se puede dar por sentado que la repetición constante de esos estilos de comunicación contribuye de manera sustancial al desarrollo de inseguridad” (pág. 88).

  • Invalidación de la petición infantil de apoyo y comprensión: Un padre, a un niño asustado: “¡Pareces idiota! ¡No ves que no pasa nada!

  • Negación de la percepción del niño: “No éramos nosotros los que discutíamos, eran los vecinos”.

  • Comunicaciones culpógenas: “Si sigues actuando así, tu madre acabará enfermando”.

  • Invalidación de la experiencia subjetiva del niño: los padres que no permiten que sus hijos expresen dolor, soledad o angustia y a los que se presiona para que aparezcan siempre contentos y bien dispuestos.

  • Amenazas: incluyen los temas de abandono, castigos severos o amenazas de suicidio.

  • Críticas improductivas.

  • Comunicaciones inductoras de vergüenza.

  • Intrusividad y lectura de la mente: “Lo que a ti te pasa, en realidad, es...”

  • Doble vínculo: “Sé independiente pero si lo eres me deprimo y me suicido”

  • Comentarios paradójicos: “Sí, estoy contento contigo” (dicho con voz irritada).

  • Comparaciones desfavorables: “Tu hermana si, tú no”.

  • Comentarios desalentadores: “No montes en bicicleta, te cansarás mucho”.

  • Comentarios que cuestionan las buenas intenciones: “Me pregunto qué quieres obtener de mí con esto”.

  • Negar el derecho de los niños a tener opiniones.

  • Comentarios auto referidos: el padre se apropia del comentario del niño: un niño se queja de que le duele la rodilla y la madre pasa a hablarle al niño de sus incontables dolores de huesos.

  • Respuestas que denotan desinterés.

  • Reacciones exageradas: cuando las reacciones de los padres son más grandes que las del niño (“A mi hijo no le dice eso ningún profesor, lo mato”). El niño aprende a inhibir sus peticiones de ayuda para protegerse a sí mismo o proteger a sus padres de sus reacciones descontroladas.

  • Comunicaciones de padres en conflicto: un padre intenta aliarse con su hijo en contra del otro padre.

  • El terror sin nombre. Bion usó esta expresión para describir un estado de ansiedad sin un sentido claro como resultado de la incapacidad de la madre de proveer de contención. En la teoría del apego, la principal fuente de ansiedad es la inseguridad en el apego. Esta ansiedad es menos susceptible de ser procesada cuando no es posible entenderla o reflexionar sobre ella.

Además del listado anterior de comunicaciones disfuncionales, Marrone describe distintos estilos o actitudes familiares:

  • Falta de habilidad para respetar la iniciativa del niño.

  • Rechazo y/o descuido.

  • Falta de habilidad para jugar juntos.

  • Presión para el éxito.

  • Inversión de roles: cuando el niño se siente responsable del bienestar físico y psíquico de los padres. El hijo cuida a los padres.

  • Delegación de roles: a un hijo se le delega un rol parental y, por tanto, se le presiona para que sea un adulto prematuro.

  • Inconstancia: ciclos de alejamiento y proximidad en función del estado de ánimo de los padres.

  • Enfermedad psiquiátrica o trauma en los padres.

  • Los padres demasiado buenos: los que no ponen límites a sus hijos.

En esta extensa lista de factores patogénicos que nos propone Marrone siempre es posible encontrar una ausencia. Uno de los huecos que yo noto es cuando a los niños se les impide tomar a los padres como imago parental idealizada (Kohut) ya sea porque el progenitor no soporta la idealización (por ejemplo, por vergüenza o culpa: “No me digas eso, no soy tan listo, ni tan bueno, etc.”), porque se descalifica a sí mismo (“Soy un fracasado, un parado, un enfermo”), porque su comportamiento imposibilita toda idealización (agresivo, desvitalizado, derrotado, etc.) o porque es descalificado como figura ideal por el otro padre (“Tu padre es un fracasado, un mal padre, un sinvergüenza”).
Capítulo 6: INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN DEL MUNDO REPRESENTACIONAL DEL ADULTO
La entrevista de apego para adultos: AAI
Es la entrevista semiestructurada para investigar sistemas representacionales más conocida. Fue creada en la Universidad de Berkeley a principios de los años 80 por George, Kaplan y Main. Es un instrumento de investigación que ha demostrado un considerable grado de fiabilidad y validez.
Mary Main y su equipo encontraron que lo importante no es tanto lo que cuenta el sujeto sino cómo lo cuenta. La entrevista pone de manifiesto el mundo representacional del sujeto, sus modelos operativos internos, pero también lo metacognitivo; es decir, la capacidad para pensar sobre las propias representaciones y su significado. La narrativa, la manera en que el sujeto habla de su vida, refleja la función metacognitiva.
 La entrevista evalúa:
1.- El grado en que el sujeto experimentó a su padre o madre como afectuosos.
2.- El grado en que, de niño, se sintió rechazado o empujado a una independencia prematura.

3.- El grado en que pudo sufrir una inversión de roles en la infancia.


4.- Las posibles experiencias traumáticas.
La entrevista intenta evaluar la manera en que una persona organiza su coherencia narrativa. La coherencia es la habilidad del sujeto para comunicar sus ideas y experiencias de una manera comprensible y que sea aceptada como plausible por el oyente. Uno de los descubrimientos importantes de Main y colaboradores es que el grado de coherencia con el que habla una persona está relacionado con la seguridad-inseguridad de sus relaciones de apego. La entrevista proporciona cinco categorías:

  • Tipo seguro o autónomo: Recuerda el pasado con relativa facilidad y puede explorarlo a través de un diálogo cooperativo y reflexivo. Se siente bastante cómodo al describir episodios de su pasado. Los recuerdos tienden a ser positivos.

Un descubrimiento importante que se realizó es que personas que refieren experiencias negativas o penosas de su niñez pueden ser clasificadas como seguras si lo hacen de un modo reflexivo y relativamente desprovisto de distorsiones defensivas como la idealización, la denigración o la escisión.



  • El tipo evitativo: Dan poca información sobre su historia personal o cuentan situaciones difíciles con poca emocionalidad y sin atribuirle importancia. Parecen minimizar el significado de las relaciones íntimas y hablan de éstas en términos intelectualizados. Al referirse a sus figuras de apego pueden mostrar idealización, desprecio o devaluación. El discurso puede estar teñido por banalidades o datos triviales.

  • El tipo preocupado: Parecen confusos, incoherentes e incapaces de aplicar criterios objetivos a la comprensión de las relaciones interpersonales. La entrevista puede ser prolongada, trabajosa y difícil de seguir. La persona puede omitir información esencial y cargar de detalles aspectos secundarios. Los recuerdos impresionan como confusos o fragmentarios.
    A menudo parecen preocupados intensamente con relaciones del pasado, con la autoestima o la apariencia física o con duelos no resueltos. En algunos casos, dan la impresión de seguir luchando conflictivamente con las relaciones no resueltas de su familia de origen.

  • El tipo irresuelto/desorganizado: Proporcionan una narrativa con grandes contradicciones y rupturas en la manera de razonar cuando se refieren al manejo de los duelos o a la descripción de episodios traumáticos. Al referirse a estas situaciones pueden perder el curso del pensamiento hasta el punto de no poder recordar lo que estaban diciendo o pueden introducir una perspectiva incoherente con la que empezaron la narración. Al hablar de sucesos traumáticos puede haber cambios bruscos e intensos en el tono emocional. Se supone que estas personas han pasado por episodios traumáticos severos en su infancia: muertes, abuso sexual o físico, violencia familiar, etc.

  • La función reflexiva: Concepto desarrollado por Fonagy y el matrimonio Steele en 1997 al estudiar las respuestas a la AAI desde la teoría de la mente. La teoría de la mente es una indagación sobre la teoría particular que cada individuo se forma sobre lo que ocurre en la mente de otra persona. Fonagy sostiene que el reconocimiento de los estados mentales del otro (así como su valoración e interpretación) son cruciales para el desarrollo de la capacidad de reflexionar sobre situaciones intersubjetivas. Esta habilidad le permitirá al sujeto predecir mejor las consecuencias de los eventos interpersonales.
    El grado más sofisticado de función reflexiva es un logro evolutivo que, en general, sólo surge en el marco de relaciones de apego seguras. Los padres con una alta capacidad reflexiva son más capaces de proveer un apego seguro al niño por tres razones:

- Al comprender sus estados emocionales, estos padres son más capaces de regular sus propias reacciones y las relaciones con sus hijos.
- Pueden promover un diálogo reflexivo con los hijos y con todo el grupo familiar.
- Sus comunicaciones no tienen distorsiones serias.

Me parece un modelo sencillo, económico y brillante para conectar entre sí el funcionamiento afectivo, el cognitivo, el relacional y la sintomatología. Tengo la impresión de que al psicoanálisis le ha costado mucho tiempo encontrar la forma de articular el funcionamiento cognitivo con el pulsional y relacional de una forma efectiva y convincente. El modelo creado por la teoría del apego da la impresión de ser una propuesta que funciona teórica y clínicamente y, sobre todo, proporciona una visión más holística que la que ofrecía el psicoanálisis más tradicional (aquel centrado en el inconsciente y que desatendía el funcionamiento de la conciencia). En la teoría del apego la separación entre consciente e inconsciente es menos marcada que en otras líneas psicoanalíticas; la mente se toma como un todo que sufre, globalmente, los avatares del desarrollo.




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