La sombra de la mano del capitán Frans Banning Cocq



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Antonio Bustamante……. La sombra de la desnuda mano izquierda del capitán Frans Banning Cocq…………….Pág




La sombra

de la desnuda mano izquierda

del capitán Frans Banning Cocq



La luz y la sombra en Rembrandt


Rembrandt no juega con el claroscuro, como Zurbarán o Caravaggio, sino con las sombras: esto es un lugar común, pero es cierto. Muchos de sus personajes salen de las sombras: éstas tienen argumento: las sombras de Rembrandt, siendo inmateriales, tienen sustancia.

En un cuadro del año 1635 que se conserva en la Gemäldegalerie de Berlín, este maestro pinta a Sansón saliendo de las sombras enfurecido, amenazando a su suegro. Tras Sansón, entre las sombras, se adivina algún servidor de oscura piel. El sirviente casi se confunde con las sombras hasta tal punto que en la mayoría de las reproducciones de esta obra no se logra distinguirlo.

Sansón era el hijo tardío del judío Manué. Éste no vio con buenos ojos que su vástago se enamorara de la hija de un filisteo, habiendo judías en su propio pueblo que podían casarse con él y darle satisfacción. Sansón no dio su brazo a torcer y Manué se vio obligado a arreglarse con el filisteo para que casara a su hija con el forzudo judío que había de ser terror de incircuncisos. Las bodas se vieron enturbiadas por la apuesta que el novio propuso a treinta filisteos que le acompañaban ritualmente en la ceremonia: se apostaron treinta mudas de ropa a encontrar –antes de los siete días que duraba el festejo- la solución de un enigma que les planteó Sansón

La adivinanza, que no tenía pies ni cabeza, carecía de sentido para los treinta filisteos. Para no tener que pagar las mudas, al no encontrar la respuesta, convencieron a la novia para que se la sonsacara a Sansón. Éste, ya cansado de no poder gozar de su luna de miel porque la novia se mostraba más preocupada por la solución del acertijo que por satisfacer a su reciente esposo, acabó dándole la clave de la inverosímil adivinanza. Cuando los treinta le dieron la respuesta –improbable, pero correcta- Sansón no dudó de que la habían obtenido de su mujer; se enfadó mucho y, para pagar la apuesta mató a otros treinta filisteos y con lo que llevaban puesto los treinta cadáveres pagó su deuda de treinta mudas y volvió a su casa de soltero.



”Después de algún tiempo, en la siega del trigo”, Sansón deseó de nuevo a la filistea, se dirigió al pueblo donde ésta habitaba y, llegado a la puerta de la casa de su suegro, llamó y le dijo “me llegaré a mi mujer en su aposento”. El suegro no le abrió la puerta: lo despidió diciéndole que ya había casado a su hija con otro. A cambio le ofreció a otra de sus hijas, que –según el filisteo- era más bella que la que le había quitado. Ahí es donde Sansón se enfurece y donde Rembrandt lo pinta amenazando a quien lo está echando, con un puño crispado cuya sombra se proyecta sobre la pared de la casa del filisteo, ex -suegro y enemigo del futuro juez de Israel. Éste es un ejemplo de sombra impalpable, pero con enjundia: esa sombra materializa la amenaza de la mano que la proyecta: la mano no toca al filisteo, pero la sombra amenazante sobre su casa simboliza el atropello que ha de hacer Sansón a los filisteos cuando, más tarde, se vengue atando a trescientas zorras por la cola con una tea encendida cada dos colas y soltando tan apocalíptica jauría en los campos de cultivo y olivares de los paisanos de su ex –suegro.


Sansón amenazando a su suegro. 1635

Para Rembrandt, pues, una sombra no es pura oscuridad: la mano de Sansón y su sombra son dos imágenes que se refuerzan mutuamente: la sombra ilustra lo que la mano no puede hacer. Las sombras que envuelven al oscuro sirviente que sigue a Sansón representan el espacio que hay detrás con mayor fuerza que si una luz suficiente iluminara el trozo de calle que, a espaldas del protagonista, aparece en el cuadro.





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