La Sabiduría del Ser Gnosis



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La Auto Observación


Estimados lectores de nuestra revista, en esta ocasión nos corresponde tratar el tema sobre la auto observación psicológica del mí mismo. Es claro que la base de nuestro trabajo esotérico es precisamente el que nos estemos auto observando de instante en instante, de momento en momento, vivir en alerta novedad, en alerta percepción.

El sentido de la auto observación psicológica es una facultad de nuestra conciencia, nada tiene que ver con el ego, el ego jamás se puede auto observar a sí mismo; solo con la claridad conceptual que nos da la conciencia a través de la auto observación, es posible comprender nuestros distintos defectos psicológicos; esta práctica psicológica está más allá de nuestros pensamientos, más allá de nuestras emociones, más allá de nuestro intelecto; si queremos un avance real en nuestro despertar espiritual, es imprescindible intensificar esta facultad maravillosa de nuestra conciencia.

El Maestro Samael afirma que tenemos apenas el tres por ciento de conciencia despierta, libre del ego, es claro que de ese tres por ciento de conciencia libre, corresponde un uno por ciento a nuestro cerebro intelectual, otro uno por ciento a nuestro cerebro emocional, y el otro uno por ciento a nuestro cerebro motor instintivo sexual. Tenemos tres cerebros, tenemos tres por ciento de conciencia libre, este escaso porcentaje libre nos permite la auto observación psicológica de dichos cerebros; mismos que a su vez controlan los cinco cilindros de nuestra máquina humana.

Si nos auto observamos durante el día, facilitamos nuestro trabajo en la meditación, si queremos meditar correctamente, si queremos avanzar, debemos observar nuestra mente durante la práctica de la meditación, solo así descubriremos sus más íntimos mecanismos, si queremos ser serios en el trabajo, insisto, debemos observar cómo funciona nuestra mente durante la meditación, entonces tarde o temprano nos daremos cuenta que nuestra mente funciona en base a las reacciones por impresiones externas, al ego centrismo y al dualismo intelectual; que todo pensamiento tiene una polaridad positiva y negativa al mismo tiempo, que toda estructura mental se fundamenta en la dualidad, bueno, malo, blanco, negro, luz, tinieblas, ganancia, pérdida, éxito, fracaso, afirmación, negación, vida, muerte, etc.

Cuando la procesión de pensamientos deja de fluir, es porque nuestra mente se aquieta, entonces es cuando podemos llegar a experimentar distintos grados de iluminación interna, como por ejemplo, revisar algunas de nuestras vidas pasadas, entrar en contacto con maestros de la blanca hermandad, tener visiones a futuro, tener acceso a los registros akáshicos de la naturaleza, revisar el proceso de nuestro planeta y de sus razas humanas, lograr una comunicación con los seres del espacio a nivel de telepatía, etc.

Mas sin embargo, para conocer los mundos internos del universo, debemos comenzar por conocer nuestros propios mundos internos, esto es posible cuando intensificamos la auto observación de nuestra mente durante la meditación, antes de la práctica es conveniente realizar unos quince minutos de pranayamas, es decir, ejercicios de respiración para transmutar nuestras energías creadoras y otros quince minutos de mantrams para activar los chacras de las glándulas pineal y pituitaria, o bien una media hora de mantrams; estos ejercicios previos a la meditación ayudan mucho en combinación con la observación de nuestra mente a interiorizarnos profundamente, entonces llega a acontecer que podemos ir más allá del intelecto y sumergirnos sin perder el estado de auto observación al interior de nuestra propia mente, en forma consciente, entonces vamos a observar diversas formas de la misma, varias imágenes que ésta nos proyecta, en un principio no sabremos interpretar esas formas o imágenes, pero de cualquier manera ya estaremos en el primer escalón de la iniciación que es la imaginación, llegar a esta etapa implica que vamos a observar de manera consciente las distintas imágenes que nos proyecta nuestra mente, aunque de momento no las vamos a entender.

Posteriormente, después de meses de trabajo intenso, podremos observar la procesión de representaciones a plena conciencia, sumergidas dentro de nuestra propia mente pero en un estado de emoción superior misma que nos permitirá comprender el hondo significado de dichas imágenes, entonces, sabremos identificar plenamente qué es lo que estamos viendo, seremos capaces de observar en éxtasis alguna estructura mental fundamentada en la dualidad intelectual o bien, observar la íntima manifestación de un defecto psicológico y la manera cómo afecta nuestra vida en el mundo terrenal, la auto observación de sí mismos debe ser tan profunda que incluso, debemos ser capaces de observar nuestros defectos actuando psicológicamente en los distintos centros de nuestra máquina humana, antes y durante la meditación, recordemos que tenemos 49 niveles del sub consciente.

La comprensión de cualquier agregado psicológico a niveles muy profundos la podemos hacer en estos estados de iluminación interior durante nuestra auto reflexión intima del Ser y con orden; comenzando por la parte mental y luego la parte emocional; después los demás centros. Aquí ya no interviene el intelecto, es nuestra conciencia la que está procesando la comprensión de cualquier representación de nuestra mente, estructura psicológica o defecto en cuestión.

Esta es la segunda etapa de la iniciación que se llama inspiración. Con el conocimiento inspirado podemos comprender al ego en su más profundo significado. Y bueno, para más adelante ascender al tercer nivel de la iniciación, que es la intuición, esta tercera etapa implica que cuando estemos en nuestra meditación interna frente a algún defecto psicológico observándolo a plena conciencia y ya comprendido en su más hondo significado, es cuando debemos invocar a nuestra madre divina Kundalini, fuego eléctrico trascendental, pedirle que nos elimine ese defecto, entonces ella se encargará de quemar tal defecto psicológico previamente comprendido; en estado intuitivo observaremos cómo es desintegrado tal demonio interior con la fuerza de la espada flamígera, podremos apreciar en éxtasis místico trascendente la liberación de una fracción de conciencia mientras el defecto muere, así vivimos la tercera etapa de la iniciación conocida como intuición, cada etapa implica un mayor esfuerzo, una mayor capacidad de auto observación durante la meditación, la auto observación nos ayuda a optimizar nuestro trabajo en los tres factores de la revolución de la conciencia, la auto observación nos ayuda a cometer menos errores en el factor nacer, es decir, la transmutación de nuestras energías creadoras, y en el factor sacrificio por nuestros semejantes, al ser más conscientes de nosotros mismos, seremos más conscientes de la humanidad y de sus males.

Como podemos ver, la auto observación psicológica de sí mismos es fundamental, es la base de nuestro trabajo esotérico, podemos equilibrar nuestros tres cerebros, los cinco cilindros de nuestra maquinaria humana, hoy pensamos de un modo, sentimos de otro y hacemos algo diferente a lo que pensamos y sentimos, no hay orden dentro de nosotros, no hay equilibrio interior, con trabajo interno pensamos, sentimos y actuamos de la misma manera, con equilibrio interior podemos generar un nuevo tipo de fuerzas vitales, astrales, mentales volitivas, conscientivas y hasta espirituales que nos pueden ayudar a realizar plenamente todo lo que he expuesto líneas arriba, todo esto es posible partiendo de la correcta auto observación psicológica de nuestra mente.

Dicho está que el hombre es lo que piensa, necesitamos del despertar de nuestra conciencia a través de la muerte psicológica, solo así podremos conquistar diversos grados de la razón objetiva simbolizados por los cuernos de la escultura de Moisés cincelada por Miguel Ángel en Roma, Italia. ¡Amigos!, para avanzar en el trabajo interno es mejor meditar una hora por lo menos en la mañana y otra hora por la noche, los tiempos se acortan, el juicio a las naciones lo tenemos a la vista.

Bueno estimados lectores, hasta aquí mis reflexiones para todos ustedes, esperando que la luz del Cristo sea manifiesta en nuestros corazones.


Fraternalmente, Virgilio Cuautle Roldán. Instructor gnóstico de Nochistlán, Zacatecas.

Imagen: Conócete a ti mismo – Jóvenes entre el vicio y la virtud. Jacob Jordaens (1593-1678)



La meditación resulta fundamental cuando sinceramente queremos el cambio, en modo alguno deseamos la meditación intrascendente, superficial, vana.” “Quien no sabe meditar, el superficial, el intonso, jamás podrá disolver el ego, será siempre un leño impotente entre el furioso mar de la vida” (Samael Aun Weor).

El Ego o “Yo” Psicológico


La mayoría de la gente piensa que ellos son – literalmente – el cuerpo físico y no se les puede culpar. Desde su nacimiento se les bautizó con un nombre y desde ese día, relacionan ese nombre con dos cosas: las emociones que sienten y el reflejo de la imagen que observan en el espejo. Por consiguiente, cada vez que alguien pregunta “¿Quién tiene hambre?” o “¿Quién toca a la puerta?”, pues la contestación es siempre la misma: “¡Yo!” Y como el mismo concepto de “Yo” está tan íntimamente relacionado con lo que la persona siente, pues el cuerpo también le sirve a la psiquis como un punto de referencia para identificar el origen donde se manifiestan las emociones.

Si por ejemplo la persona se siente herida, dice “[Yo] estoy deprimido”, si está enamorada dice “[Yo] estoy enamorada”, si ha pasado por un mal momento dice “[Yo] tengo coraje”, si la alaban dice “[Yo] me lo merezco”, si está feliz dice “hoy es el mejor día de mi vida”, y así ad infinitum, para cualquier emoción. Siempre hay algo que relacionar con el “Yo” y el hecho de que la persona relacione el concepto de “Yo” con su cuerpo físico es tan impactante para la psiquis que hasta los ademanes de expresión buscan guiar la atención de todo el que le rodee, en su cuerpo, pues como dijimos, es el cuerpo lo que considera el “mí mismo”.

Cuando el jugador de balompié hace un gol, levanta las manos y se golpea el pecho como quien dice “¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!”; el penitente se da de golpes en el pecho como diciendo “Yo… Yo… Yo…” y hasta para consolar a otros, vemos que muchos ponen su mano sobre su pecho, para decir “[Yo] estoy contigo”. E interesante resulta que el concepto de “Yo” siempre se relacione con el corazón.

Siempre que hay una referencia al mí mismo nos apuntamos al corazón, símbolo universal de la caridad y de la fuerza del amor. ¿Cuándo hemos visto a alguien decir “¡Soy Yo!” mientras se apunta a un hombro? ¿O a una rodilla? ¡Pues nunca! Sin embargo, nadie dice “yo soy el corazón”, igual que nadie dice “yo soy el pie”.

Aunque intuitivamente reconozca que su centro está en el corazón, el “Yo” siempre se asocia a sí mismo con la totalidad de la máquina humana como una unidad integral y esto, ha creado un efecto negativo en la psiquis, pues el “Yo” yace convencido de ser siempre “uno”; pero esto es una falacia del “mí mismo”.

No toma mucho esfuerzo hacer varios momentos de auto-observación en un día para darse uno cuenta de que todos tenemos un “Yo conductor” que se encarga de conducir el automóvil, mientras el “Yo preocupado” piensa en los problemas de la casa para ser interrumpido indiscriminadamente por el “Yo juez” que siempre sabe a quién culpar.

Todos tenemos el “Yo compro” que deambula por el supermercado mientras el “Yo tecnológico” se encarga de estar pendiente al móvil mientras el cuerpo se desplaza de aquí para allá. Y ni se diga el “Yo hermoso” que se mira a diario en el espejo y que no sale de la casa hasta que el “Yo del deseo” certifica que nos vemos “deseables” lo suficientemente para salir de a la calle. Podríamos hablar de muchos más yoes, pero el propósito de este escrito no es el de enumerarlos, sino de comprender qué es este concepto que llamamos “Yo”.

Cada “Yo” en sí mismo es divisible y su naturaleza es la de separar y dividir creando emociones de cólera, lujuria, codicia, envidia, gula, pereza, y orgullo. Por consiguiente, el “Yo” por definición es un “diablo”, y esto lo decimos sin buscar escandalizar y sin fanatismos religiosos de ninguna clase. La raíz de diablo (diábolos) ha sido atestiguada en griego por lo menos en el s. V a.C., por lo que resulta ser mucho más antigua que el cristianismo y vale notar, que no fue hasta siete siglos más tarde que la iglesia del s. II d.C. comenzó a usar esa palabra para denominar al “espíritu del mal”. En el sentido más estricto de la palabra, un “diablo” es el “calumniador”, el que “tira mentiras” y el “tira una persona contra otra” y eso es exactamente lo que hace cada uno de nuestros defectos de tipo psicológico.

Así que esto es lo que nuestros Yoes son: agentes psicológicos que se multiplican, que causan desacuerdos, crean hostilidades, rompen matrimonios, injurian, atropellan, abusan, matan, roban, incitan, seducen, despilfarran, malgastan, critican, enjuician, desean, tienen miedos, etc. Nuestros Yoes simplemente son diablos hijos del abuso de nuestra propia fuerza creadora, existen en nuestra tierra psicológica y utilizan TODAS las funciones del cuerpo físico para expresarse.

Podríamos argumentar que de la misma forma también existen “Yoes buenos”; otros valores en sí mismos que buscan cooperar, ayudar, servir, y sacrificarse por los demás, pero estos yoes son también de cuidado, pues ¿cuántas veces nuestro “Yo caritativo” le sirve a otros, pero nos sentimos aludidos si no nos dan las gracias? ¿Cuántas veces el “Yo altruista” ayuda a otros, pero nos molestamos cuando no nos ayudan? ¿Cuántas veces el “Yo humanista” va y “hace el bien”, pero cuando los resultados se materializan decimos: “eso no fue lo que quise decir” o “no esperaba que eso sucediera” o “no esperaba que reaccionaras así”? Siempre encontramos una parte nuestra que busca del reconocimiento, del alabo y el elogio; por el eso es que el Maestro Samael dice: “tras el incienso de la oración, se esconde el delito.”



Nuestros Yoes son agregados psicológicos y son un conjunto de valores; algunos positivos y algunos negativos, y nuestra meta como estudiantes de Gnosis es la disolución total del Yo. Pero esto le choca a muchos y dicen “y si elimino todos mis Yoes, entonces ¿Qué queda? ¿Dónde quedo ‘Yo’?”. La contestación es simple: “Lo que queda es la plenitud”.

Lo que nos interesa es precisamente lo que existe dentro de cada “Yo”, pues atrapado en cada agregado psicológico existe un fragmento de nuestra consciencia. En la Gnosis se le llama la “esencia” y ésta es el material psíquico más puro y divino que existe en cada uno de nosotros, es el fundamento principal para cristalizar un alma de tipo solar (brillante y resplandeciente) y nuestro trabajo al vivir la vida como un “trabajo iniciático” es el de liberar cada uno de esos fragmentos eliminando cada aspecto al que podemos llamar “Yo”.

Cada vez que logramos vencer en la batalla interna uno de esos muchos Yoes diablos, su destrucción permite la liberación de cierto porcentaje de consciencia que éste ha tenido atrapada y, como resultado, a más defectos eliminamos, más esencia liberamos y más conciencia queda despierta. Y este esfuerzo vale la pena considerarlo: si hoy día la humanidad vive con escasamente un 3% de consciencia libre y somos capaces de llevar hombres al espacio, de crear naves con la capacidad de visitar planetas vecinos, y hasta desarrollar la tecnología que disfrutamos, ¿Cuánto más y mejor no haríamos todas estas cosas con un 50% de consciencia despierta?

El trabajo de la eliminación requiere primero del esfuerzo de la auto-observación para poder descubrir el defecto. Una vez tal o cual Yo diablo ha sido descubierto, tenemos que estudiarlo y analizarlo. Hay que comprender cómo nos afecta nuestra forma de pensar, cómo nos afecta las emociones, nuestros hábitos, y hasta cómo nos afecta cuando nos roba nuestra fuerza creadora.

Si por ejemplo andamos en el trabajo y sentimos “celos profesionales” porque el jefe ha promovido a otro en vez de a nosotros, hay que observar nuestros pensamientos y comprender que el proceso de pensar se ha tornado ilógico. ¿Por qué sentir la necesidad de atacarle, criticarle o enjuiciar la calidad de su trabajo si es nuestro amigo?

También hay que comprender que el flujo de nuestras emociones se ha tornado negativo: ¿Por qué sentir rabia o envidia, si es nuestro amigo? ¿Cuándo fue que decidimos afligirnos por los logros y los beneficios de los demás?

Por último, hay que comprender que nuestros hábitos se convierten en aquellos de un autómata: ¿Estamos experimentando cierta histeria nerviosa?, o acaso ¿Estamos caminando de un lado a otro, sin rumbo alguno consumiendo el centro motor? ¿Estamos rechinando los dientes? Todo esto vale la pena comprenderlo. Y si en adición a esto también hacemos un esfuerzo por refrenar todos estos impulsos según recibimos el impacto de la noticia, ¡internamente transformamos esta energía interna en energía que sirve de uso para el Espíritu! Cuando refrenamos le damos cierto tipo de shock a la consciencia y cuando nos hacemos preguntas como las anteriores, nos damos la oportunidad de comprender más a fondo el defecto del “Yo” de los celos.

Una vez hacemos este esfuerzo, lo natural es que otros Yoes aparezcan y busquen justificar y proteger nuestros errores. Es importante ser severos consigo mismos y descartar todas estas patrañas de la mente. La mente en sí misma no tiene poder alguno sobre estos Yoes diablos.

Según aplicamos este esfuerzo de forma consciente, nos damos la oportunidad de pequeñas victorias y lo correcto es entonces apelar a un poder superior a la mente, con capacidad de poder destruir el defecto que ya hemos comprendido. Muchos considerarán que la solución para la eliminación del “Yo” está en hacer afirmaciones o en hacer ejercicios de respiración, pero lamentablemente tales acciones solamente resultan en un “Yo” muy afirmativo y muy bien oxigenado. La solución real está en el poder de nuestra Divina Madre Kundalini que es parte de nuestro verdadero Ser. Solamente ella es capaz de destruir nuestros defectos; simplemente hay que pedir de forma sencilla y espontánea, con amor infinito y corazón de niño, que destruya tal o cual defecto que hemos comprendido y ella así lo hará.

La consistencia y la tenacidad en este trabajo poco a poco resultan en una transformación interna que tiene consecuencias en el interior y en el exterior del hombre. El cambio viene como resultado del despertar de la consciencia según se eliminan los muchos Yoes diablos que llevamos dentro y este despertar progresivo poco a poco nos lleva a Niveles de Ser de tipo superior, que en el exterior del hombre se manifiesta como nuevas oportunidades, condiciones más propicias para el trabajo, y sobre todo un aumento en la felicidad.



Enviado por: Ricardo Santana Laracuente, instructor gnóstico de Phoenix, Arizona, E.U.

Imagen 1: En el espejo. Auguste Toulmouche. 1890.

Imagen 2: Vanité à la chouette. Fines Siglo 17. Anónimo

"La Esencia embutida entre el "mí mismo" es el genio de la lámpara de Aladino, anhelando libertad...libre tal genio, puede realizar prodigios". Samael Aun Weor




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