“la regla de abstinencia como nombre freudiano del deseo del analista”



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LA REGLA DE ABSTINENCIA COMO NOMBRE FREUDIANO DEL DESEO DEL ANALISTA

Susana Epsztein (susiepsztein@fibertel.com.ar)

Silvia Pino (silviapino@ciudad.com.ar)
Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires

Investigación UBACyT P820: La adquisición de la aptitud de analista en el marco de la segunda tópica freudiana. Director Osvaldo Delgado.

Área temática: Psicoanálisis
Freud formula la regla de abstinencia en los escritos técnicos de 1912. En ese momento no contaba aún con el soporte conceptual que diera cuenta de la relación de ésta con la fijación pulsional; aunque ya se había hecho evidente para él la presencia de lo pulsional en el centro mismo de la tranferencia.

En 1920 lo novedoso es la articulación entre la fijación y la pulsión de muerte. La regla de abstinencia queda articulada a la compulsión a la repetición, articulada al ello como reservorio libidinal. Es el resto indócil a la interpretación, que se presenta como obstáculo en la transferencia, el que luego se conceptualizará en la segunda tópica como ello o inconciente no reprimido.


¿Qué es la regla de abstinencia?

Es la respuesta freudiana al encuentro en la clínica con la presencia del analista como cierre del inconciente, indicando que la transferencia excede a la repetición de los representantes psíquicos. Puesta en acto de la dimensión pulsional de la transferencia en la que el analista en calidad de objeto queda situado en su centro.

Su antecedente se encuentra en la indicación freudiana de no ceder a los encantos de las histéricas. Indicación que da cuenta que Freud incluye, desde el inicio de su clínica la problemática de la satisfacción en el lazo analista analizante.

Ya en 1912, su preocupación se orienta decididamente a la problemática de la satisfacción en la transferencia.

“[…] la técnica analítica impone al medico el mandamiento de denegar a la paciente menesterosa de amor la satisfacción apetecida. La cura tiene que ser realizada en la abstinencia; solo que con ello no me refiero a la privación corporal […] hay que dejar subsistir necesidad y añoranza como fuerzas pulsionantes del trabajo y la alteración y guardarse de apaciguarlas mediante subrogados.”1
La regla de abstinencia es un operador que permite abordar en la experiencia la secuencia transferencia pulsión.

La intervención del analista en abstinencia posibilita en la cura la puesta en juego de la dimensión pulsional, en tanto resistencia del ello y del superyó. La satisfacción pulsional y la fijación de los circuitos libidinales son planteadas por Freud como las problemáticas que acompañan la cura hasta su final.

La posición del analista en la relación transferencial, el modo en que se opera respecto de la demanda pulsional, nos dará las coordenadas éticas del tratamiento psicoanalítico. Tal como planteamos en nuestra hipótesis de investigación, esa posición para Freud no es natural sino que implica una recomposición de las alteraciones del yo, a partir de afectar la dimensión económica; una mutación pulsional específica.

En una carta a Fliess de 1900 respecto de la finalización de un tratamiento de un analizante devenido analista Freud dice:

“E. finalmente ha concluido su carrera de paciente con una invitación para la tertulia en mi casa. Su enigma está resuelto casi completamente, su estado es excelente, su ser enteramente cambiado, de los síntomas queda por ahora un resto. Empiezo a comprender que el carácter en apariencia interminable de la cura es algo sujeto a ley y depende de la transferencia”.2
Encuentro de Freud con lo incurable y su preocupación por la articulación de este resto en la transferencia.

En El Seminario 11 (1964), Jacques Lacan sitúa el fundamento del psicoanálisis en los cuatro conceptos freudianos: transferencia, pulsión, inconciente y repetición, a partir de los cuales desprende el concepto deseo del analista.

Proponemos desplazar la pregunta ¿qué es la regla de abstinencia? por la pregunta lacaniana ¿qué es el deseo del analista?3

El deseo del analista es una formulación de Lacan que se inscribe en el nivel de la pragmática. Es el instrumento del psicoanálisis para operar.

Lacan lo define como una función; no es un deseo como el deseo de las neurosis, sostenido en el fantasma. Es el deseo de despertar del sueño del deseo del Otro.

Nos preguntamos si no radica aquí una diferencia entre Freud y Lacan, que haría que las estas dos nociones no sean sinónimos.

Retomamos los cuatro conceptos que a nuestro entender anudan en el deseo del analista.

El inconciente y la transferencia nos permiten ubicar los fenómenos del sujeto, las formaciones del inconciente.

La repetición y la pulsión los fenómenos del objeto, presencia del analista.

Si articulamos inconciente y repetición podemos situar el retorno de los significantes. Lugar donde comienza a aparecer lo que falla, el resto indócil freudiano; esa parte del ello que no puede ser significantizada toda, que no puede ser conquistada por el yo. En términos de Lacan, lo que no puede ser reabsorbido por estructura en el campo del saber, pone en juego en el quehacer del analista una operación que va más allá de la operación de simbolización.



Repetición y transferencia es para Lacan la puesta en juego de la realidad sexual del inconciente. Tal como trabaja Jacques-Alain Miller, la realidad sexual del inconciente no es lo real del inconciente. Sabemos que la realidad está sostenida en el fantasma. Distinguir lo real de la realidad es la operación posibilitada por la regla de abstinencia, operación contingente de la función deseo del analista.

“En primer lugar, la tyche, tomada como les dije la vez pasada del vocabulario de Aristóteles en su investigación de la causa. La hemos traducido por el encuentro con lo real. Lo real esta más allá del automatón, del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio del placer. Lo real es eso que yace siempre tras el automatón, y toda la investigación de Freud evidencia que su preocupación es esa”.4


La relación con lo real y con la realidad, que se da en la transferencia, la expresa Freud en los términos siguientes: “nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie”.5

La función de la tyche, de lo real como encuentro-fallido se presentó en Freud bajo la forma del trauma, de lo inasimilable y contingente. En tanto la transferencia excede a la repetición de los representantes psíquicos como puesta en acto de la dimensión pulsional se trata entonces de hacer la distinción entre repetición y transferencia.

Escuchamos los ecos freudianos de los escritos técnicos en la formulación de Lacan: “[…] es a nivel del objeto donde debemos apoyarnos si de verdad queremos considerar lo que corresponde a nuestra función técnica […]”.6 En este seminario algebriza el objeto a, lo designa con una letra y lo hace operar como función; además de ubicarlo en el litoral entre lo real y lo simbólico.7 El mismo lugar que le da a la pulsión y al S1. Lacan ubica su objeto en la dialéctica del sujeto y el Otro, es a partir de la cual se extrae y al mismo tiempo a la que le pone tope. No es por fuera del lazo transferencial; es más, es la singularidad del lazo, lo que le da su marca singular. La invención de este lazo tranferencial, inédito en la cultura hasta el momento, es el acto freudiano que Lacan formaliza.

La transferencia es un fenómeno que incluye al sujeto y al analista. Hay en juego dos deseos que tienen estatuto diferente.

El discurso del analizante, lo que Lacan llama histerización del discurso tiene la particularidad de hacer coincidir la causa con la verdad por debajo de la barra de la represión. En este discurso el saber hay que producirlo todo el tiempo ya que corre detrás del goce; da cuenta de la imposibilidad lógica de que el objetoa” quede reabsorbido por él. No encuentra por si mismo su tope, necesita de la operación del analista.

El analista se ubica en la cura como objeto de una demanda de satisfacción pulsional. Al hacerlo y al mantenerla en abstinencia -como respuesta- pasa de ser el representante del Otro a ser la encarnación de un goce que no se puede simbolizar. Pivote entre el Otro y el objeto “a”. Es el verdadero tope, el objeto “a” separador de saber y goce. Es interesante como Lacan lo plantea en “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”: “Es aquí donde Freud vuelve a abrir, a la movilidad de donde salen las revoluciones, la juntura entre verdad y saber”.8

El deseo del analista se sostiene en el discurso del analista donde los S1 son productos del inconciente (litoral-producen corte en la significación) y no formaciones del inconciente.

En la lógica de la cura situamos una primera operación; la asunción por parte del analista del lugar de supuesto saber, a quien se dirige la demanda de significación del padecimiento, que no es otra cosa que demanda de amor. Respecto de esta demanda el analista va en contra del sentido (abstinencia de sentido) desarticulando así su lugar de Otro como garante. Es una primera operación sobre la creencia. En Freud la atención parejamente flotante y en Lacan en oír al paciente lo que ha dicho, completamente al revés. El analista debe saber que aquello que se le pide en la transferencia, el no lo tiene y además no existe; efecto del análisis del analista.

La segunda operación lógica es respecto de la afectación de la pulsión como resto indócil a la significación; allí donde Freud nos dice en “Recordar, repetir y reelaborar” que es la transformación económica: “es la pieza de trabajo que produce el máximo efecto alterador sobre el paciente y que distingue al tratamiento analítico de todo influjo sugestivo”.9

El deseo del analista es la paradoja de la transferencia, separa el Ideal del objeto como causa de deseo y causa de goce en las cinco formas recortadas en el Seminario de La Angustia (oral / anal / mirada / voz / goce fálico).

Esta separación pone tope al circuito de la demanda reenviándola a la pulsión. Es la operación inversa a la hipnosis que confunde el ideal con el objeto pulsional.

“Si la transferencia es aquello que de la pulsión aparta la demanda, el deseo del analista es aquello que la vuelve a llevar a la pulsión. Y por esta vía aísla el objeto “a”, lo sitúa a la mayor distancia posible del Ideal que el analista es llamado por el sujeto a encarnar”.10


Lo que se revela es que en la demanda esta lo no reconocido del fantasma, la satisfacción de la pulsión.

Para concluir la operación del analista como aquello que aparece en el nudo mismo del lazo entre analista y analizante, nombrado por las dos reglas técnicas. Asociación libre y regla de abstinencia, cobran valor fundamental en tanto se articulan a la dimensión pulsional en la cura. Ambas reglas nombran el lugar propio del psicoanalista. Es en este punto donde la técnica soporta la contingencia de una práctica que desde Freud no puede definirse de otro modo que como una experiencia. La puesta en función del deseo del analista en una cura implica cada vez una operación al respecto de aquel que soporta ese lugar. Operación que Lacan define como vaciamiento de goce (separación del S1 del a). No es una posición asegurada, no es un lugar habitable, es contingente. Se trata de la aptitud-en su estatuto pulsional11 -para que acontezca el acto analítico-.

Regla de abstinencia y deseo del analista, se garantizan solo a partir de la operación de vaciamiento de goce. Conmoción de los puntos de fijación pulsional, conmoción de la defensa en tanto estereotipia libidinal.
NOTAS

Freud, S., “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” (1915 [1914]), en: Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu editores, p.168.



2 Freud, S., “Cartas 148-281”, en: Cartas a Wilhelm Fliess, Carta 242, 16-4, 1900, Buenos Aires, Amorrortu editores, pp.447-8.

3 Lacan, J., El Seminario, libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Buenos Aires, Paidós, p.17.

4 Ibidem, p.62.

5 Freud, S., “Sobre la dinámica de la transferencia” (1912), en: Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu editores, p.105.

6 Lacan, J., El Seminario, libro 10. La angustia (1962-1963), Buenos Aires, Paidós, p.356.

7 Ibidem, p.98.

8 Lacan, J., “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconciente freudiano”, en: Escritos 2, Buenos Aires, Siglo veintiuno, p.782.

9 Freud, S., “Recordar, repetir y reelaborar” (1914), en: Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu editores, p.105.

10 Lacan, J., El Seminario, libro 11…, op. cit., p.281.

11 Delgado, O.; Kiel, L.; Mizrahi, S.; Kicillof, C.; Bermúdez, S.; Zerbino, M.; Pino, S., “Un estudio preliminar del fundamento pulsional de la ‘aptitud de analista’”, en: XIV Anuario de Investigaciones de la Facultad de Psicología. Nacional.
BIBLIOGRAFÍA

DELGADO, O., “Algunas notas sobre el concepto de ‘presencia del analista’”, en: La subversión freudiana y sus consecuencias, Buenos Aires, JVE ediciones.

FREUD, S., Cartas a Wilhelm Fliess, Buenos Aires, Amorrortu editores.

FREUD, S., Trabajos sobre técnica psicoanalítica, (1911-1915 [1914]), en: Obras completas, tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu editores.

FREUD, S., “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915), en: Obras completas, tomo XIV, Buenos Aires, Amorrortu editores.

FREUD, S., “Pulsiones y destinos de pulsión” (1921), en: Obras completas, tomo XVIII, Buenos Aires, Amorrortu editores.

FREUD, S., “Más allá del principio de placer” (1920), en: Obras completas, tomo XVIII, Buenos Aires, Amorrortu editores.

FREUD, S., “Análisis terminable e interminable” (1937), en: Obras completas, tomo XXIII, Buenos Aires, Amorrortu editores.

LACAN, J., El Seminario, libro 10. La angustia (1962-1963), Buenos Aires, Paidós.

LACAN, J., El Seminario, libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Buenos Aires, Paidós.

LACAN, J., “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconciente freudiano”, en: Escritos 2, Buenos Aires, Siglo veintiuno.

LACAN, J., “L’insu que sait de l’une-bevue s’aile à mourre”, inédito.



MILLER, J.-A., La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós.





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