La psicologia y sus multiples objetos de estudio armando navarro



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Actualmente la mayoría de los psicólogos están conscientes que el rango de la conducta humana es más amplio que el ilustrado por el condicionamiento o el reforzamiento; las experiencias que las personas adquieren son más operantes y respondientes; se aprenden esquemas, conceptos, actitudes, roles; se aprenden muchas cosas por observación, imitación, instrucción deliberada, inferencia, etc.

Otras críticas atacan al conductismo como ciencia y a sus funda­mentos epistemológicos y metodológicos. Rowan (1975), por ejem­plo, se esforzó por demostrar que el conductismo es incorrecto como



ideología, teoría, técnica, moral y concepción científica; y Bertalanfy (1976) lo describió como un escolasticismo estéril y pomposo con nociones supersticiosas y preconcebidas. Y Hernstein (1977), al analizar los enfoques de Hull y Skinner, considera que el conduc­tismo es vacío e inconsistente como teoría psicológica.

Andreski (1975) al referirse a la validez científica de la psico­logía conductista, sustenta que esa característica se cumple sólo en relación a aspectos formales tales como definiciones operacionales, control y medición de variables, cuantificación de resultados. No obstante, su valor experimental es presuntuoso.

Bajo esta misma óptica se alude al carácter insuficiente de las explicaciones conductistas y se le acusa de no captar los fenómenos profundos de la vida mental. Quienes apoyan este criterio insisten en que dichas debilidades se deben a la asimila­ción irracional de los métodos instaurados por las ciencias natu­rales, sin detenerse a considerar las diferencias existentes entre el fenómeno físico y el humano. La consecuencia es un enfoque reduccionista incapaz de comprender la realidad del psiquismo y la esencia del ser humano (Olerón, 1973). Marcuse (1968) consideró que su carácter netamente empírico y positivista te. obliga a ceñirse a los hechos v rechazar conceptos no ligados a operaciones, de allí que contribuye a desarrollar el pensamiento unidimensional.

Se ha cuestionado la naturaleza mecanicista del conductismo, al considerar al hombre como idéntico a su comportamiento; es decir, lo concibe como un mecanismo que se reduce a reaccio­

nes estímulo-respuesta, reduciendo la mente a una caja negra donde

carecen de validez constructor como los de Yo, personalidad, conciencia y sentimientos (Delcourt, 1974). Como afirman Dorna y Méndez (1979) el conductismo tiene una lógica dentro de la cual se niega al hombre toda autonomía, toda capacidad para generar sus propias conductas y toda posibilidad de asignarle sentido a sus acciones.

Estas críticas al mecanicismo reflejan posiciones ideológicas discrepantes con los postulados y supuestos conductistas. Desde el punto de vista dialéctico se considera que la psicología conduc­



tista es metafísica porque analiza al hombre separándolo de su contexto histórico-social (Yaroshevsky, 1979). Meyer (1975) alude a la imposibilidad de proporcionar una explicación adecuada de la conducta humana debido a las discrepancias existentes entre las condiciones artificiales donde se realizan los experimentos y las situaciones reales de la vida cotidiana concreta. Y, Mishler (1976) refiriéndose al enfoque skinneriano, lo acusa de promover un punto de vista materialista pero despojado del concepto de praxis, lo que aleja de una interpretación dialéctica del hombre y su conducta.

Otras críticas se dirigen hacia el énfasis en el ambiente y a la subestimación de la importancia de los factores heredados en la génesis de la conducta. En ese sentido el conductismo niega los trabajos realizados por los etólogos, los psícolingüistas y algunos neurofisiólogos. En el plano teórico se puede decir que el conduc­tismo se limita a almacenar hechos fragmentarios, sin ser capaz de estructurar un cuerpo teórico global y coherente de los fenómenos que estudia. Finalmente se plantea el problema de la generalidad de los resultados obtenidos en el laboratorio a partir de conductas simples y su uso para la comprensión de la conducta humana compleja. De acuerdo a Dorna y Méndez, ello implica negar las diferencias cualitativas entre las especies y destacar la artificialidad de los experimentos de laboratorio utilizando un escaso número de sujetos.



2.5. PSICOLOGIA DE LA GESTALT

Paralelamente al desarrollo del conductismo watsoniano, otro enfoque acerca de la psicología tomaba auge y se estructuraba como una teoría coherente de la conducta. Nos referimos a la psicología de la gestalt o psicología de la forma, cuyos antecedentes tienen múltiples raíces en la historia del pensamiento científico filosófico. De un lado está la filosofía racionalista kantiana, las ideas de Brentano concernientes a los actos mentales y a configuraciones dinámicas y las explicaciones de Ch. Ehrenfels (1859-1932) respecto

l a las cualidades de la experiencia consideradas como totalidades. Ehrenfels llamó a esas cualidades, gestalten cualitativas y equivalen a percepciones que contienen algo más que las sensaciones indivi­duales. Otra influencia proviene de la física a través de E. Mach (1836 - 1916) quien habló de sensaciones de forma-espacio y forma-tiempo, las cuales son independientes de sus elementos. De ran importancia para la psicología de la gestalt es el movimiento ilosófico alemán conocido con el nombre de fenomenología. Como herramienta metodológica la fenomenología se refiere a una descrip­ción libre y no contaminada de la experiencia inmediata tal y como ella ocurre. Es un tipo de observación a partir del cual una expe­riencia es analizada en sí misma v no como elementos abstraídos artificialmente. Incluye la experiencia común antes que la reportada por observadores entrenados en el laboratorio. Finalmente influye la física al introducir los conceptos de campo o regiones con nuevas propiedades estructurales y no como suma de defectos generados por partículas indivisibles. Así la ciencia física cambia su concep­ción elementalista y tiende a pensar en términos de campos y totalidades, hecho este que se refleja en algunos supuestos básicos de la psicología de la gestalt.

El punto de partida de la escuela son los estudios de M. Wertheimer (1880 - 1943) en relación al movimiento aparente, en cuyos experimentos sirvieron como sujetos Koffka y KShler. Estas tres personalidades cambian el énfasis de la psicología en lo que respecta al objeto, al método y a la concepción general del fenómeno psíquico. El enfoque elementalista, distintivo del conductismo y el estructuralismo, es sustituido por una visión holística y molar de la experiencia considerada como una totalidad. La introspección, como método, se lleva a cabo de manera espon­tánea y la fuente de datos está representada tanto por la conciencia como por la conducta.

Para los psicólogos de la gestalt el objeto de la psicología es la conducta, pero entendida ésta como fenómeno de masa, molar, que no puede ser reducido a elementos fisiológicos o a átomos de conciencia. Esta conducta masiva tiene lugar dentro de un ámbito o espacio conductual el cual no está constituido por los estímulos ambientales presentes en el mundo físico sino que se erige como un eslabón intermedio entre el ambiente geográfico y la conducta, entre el estímulo y la respuesta. " 1

Los estudios de Wertheimer cambian, el interés por el apren­dizaje y se concentran en el estudio de la percepción y a partir de ella se interpretan procesos como la memoria, el pensamiento

y la solución de problemas. El énfasis en la conducta molar desplaza a la acción apoyada en relaciones reflejas y se concentra

en el campo conductual, dotado de fuerzas, el cual equivale al campo físico dotado de representación ~sicológica. Ya el ambiente no está constituido por los estímulos físicos, sino por representa­ciones psicológicas que incluyen las intenciones implícitas en la conducta del sujeto.

Como proceso básico, los psicólogos de la gestalt explicaron la percepción dentro de un marco de referencia innatista, donde se asumen leyes o principios que rigen la organización percep­

tual. Estos principios de la percepción (pregnancia, cierre, buena forma, etc.), conjuntamente con las intenciones de la conducta, convierten a la percepción en una unidad organizada y significa­tiva. La percepción es una totalidad; los objetos se perciben como todos organizados, no como un agregado de sensaciones indivi­duales. La expresión "el todo es algo más que la suma de sus partes", es distintiva de la psicología de la gestalt. La percepción de totalidades organizadas y significativas es espontánea, no requiere de aprendizajes previos. Toda percepción ocurre dentro de un campo, de allí que la percepción de un objeto sea relativa a la de los otros objetos que están presentes en el campo. A su vez, el campo perceptual es heterogéneo, lo que permite la segregación de las formas y la distinción clara entre una figura y un fondo.



Partiendo de la percepción, los gestaltistas utilizaron principios equivalentes para explicar la memoria, el aprendizaje, el pensa­miento y la solución de problemas. Se considera que el aprendizaje no ocurre por ensayo y error; es un proceso de descubrimiento o insight donde el sujeto reorganiza la situación, cambia la percep­ción inicial que tenía de ella y genera una solución adecuada. La solución del problema también es concebida como una modalidad de aprendizaje explicable en términos de insight y la reorgani­zación del campo perceptual.

De gran importancia en la gestalt es su concepto de isomor­fismo, proveniente de la física, el cual implica una relación de identidad entre las características del campo físico y las del

campo fisiológico-cerebral y una equivalencia de uno a uno entre el campo fisiológico y la percepción.



A pesar de su productividad y éxito aparente en la compren­sión del fenómeno perceptual, la psicología de la gestalt no ha estado liberada de críticas. Un resumen de las mismas ha sido presentado en diversas oportunidades por Schultz (1969), Marx y Hillix (1976) y Wolman (1968). Se aduce que el esquema conceptual utilizado por esta escuela es nebuloso, puesto que no se proponen definiciones precisas en términos como estructura, organización, etc. Al respecto, Schultz (1969) afirma que muchos de sus conceptos y gran parte de los términos no se definen

con el rigor necesario como para ser científicamente significa­tivos. Esto indica que los criterios de formalización y operacio­nalidad introducidos por los conductistas pierden significado en el contexto de la psicología de la gestalt, Marx y Hillix (1976) se refieren a lo limitado de las evidencias empíricas utilizadas para sustentar las concepciones teóricas y a la falta de control y base estadística cuantitativa de los experimentos. Pareciera que la preferencia fue por la teorización y la crítica, de allí que como sostiene Schultz se ocupa demasiado de la teoría a expensas del control adecuado y del apoyo empírico de los datos. Así mismo se critica lo ambiguo de sus supuestos fisiológicos y su carácter reduccionista.

La influencia más significativa de la gestalt fue sobre el modelo teórico desarrollado por K. Lewin (1890 - 1947). El sistema de Lewin es constructivo, proponiéndose descubrir regularidades

para la predicción de la conducta individual en un contexto físico y social. Consideró que las leyes de la conducta no requerían basarse en promedios estadísticos, de donde surge su rechazo por el uso de grupos de sujetos. Influido por los conceptos de campo vigentes en la física de su época, Lewin propuso el concepto de campo psicológico o espacio vital, que integra los eventos correspondientes a los tres planos psicológicos. Tomó también en cuenta a la persona, definiendo a la conducta como una función de la interacción entre las características de la persona y las condiciones del espacio vital.



Lewin intentó utilizar un modelo matemático para representar el proceso psicológico, escogiendo para ello la llamada geometría topológica. El modelo topológico se refiere al orden de las rela­

ciones entre los elementos del espacio vital. En el espacio vital hay fuerzas que poseen valencias positivas y/o negativas, siendo la condición ideal un estado de equilibrio entre dichas fuerzas. Para representar la direccionalidad de las fuerzas utilizó la geometría hodológica, con vectores que indican los movimientos del individuo hacia una determinada meta. Lewin postuló un estado de equilibrio entre el individuo y su ambiente. Cuando ese equilibrio se interrumpe surge una tensión que lleva al individuo a ejecutar locomociones en su ambiente con el propósito de restaurar el equilibrio.

Como proyección, la psicología de la- gestalt es irrelevante en la actualidad. Sin embargo, tendencias recientes en psicoterapia han utilizado el enfoque gestáltico promoviendo una terapia basada

en la comprensión de la persona como totalidad. Otra influencia de la gestalt ha sido sobre la psicología cognoscitiva.

2.6. EL PSICQANALISIS FREUDIANO

Otro rumbo definitivo comienza a surgir entre 1910 y 1911 con el desarrollo sistemático del movimiento psicoanalítico, propul­sado por Sigmund Freud (1856 - 1939). El psicoanálisis es trascen­dente por múltiples razones. En el plano filosófico plantea grandes dudas acerca de la racionalidad del hombre y de su habilidad para resolver sus problemas, en particular los individuales, utilizando sólo la razón y la conciencia (Lee y Herbert, 1970). Busca crear una nueva teoría acerca del hombre y los mecanismos de su conduc­ta y, si se quiere, su gran resonancia social es el hecho de haber implicado una visión diferente del mismo (Yaroshevsky, 1979).

De la tradición filosófica Freud asimila el concepto de "mónadas" proveniente de Leibniz y de la psicología utiliza la noción de "limen" originada en Herbart y desarrollada sistemática­mente por Fechner. Otra influencia deriva de la psicopatología contra cuyo enfoque somático Freud reacciona y propone una causalidad psíquica para la enfermedad mental. El interés de Freud era la experiencia neurótica del paciente y el significado de los síntomas, no el funcionamiento de las células o nervios (Lee y Herbert, 1970).

También influye la idea de ciencia vigente cuando Freud inicia su trabajo, en especial los criterios de la física mecanicista y los principios de la teoría de la evolución (Bleger, 1937). Freud toma la idea del reduccionísmo físico y el propósito de comprender los fenómenos en términos de fuerza y energía va a estar presente, con diversas variantes, en toda su obra. Ya en 1895 en la intro­ducción a Una psicología para neurólogos, expresa:

La finalidad de este proyecto es la de estructurar una psicología que sea una ciencia natural; es decir, representar los procesos psíquicos como estados cuantitativamente deter­minados de partículas materiales especificables, dando así a estos procesos un carácter concreto e inequívoco. (Citado en Bleger, 1973, p. 69).



Darwin también incide en el esquema freudiano acerca del hombre, ya que su teoría evolucionista influyó sobre todo en lo concerniente a la adopción de un criterio histórico-genético y en la sustitución del concepto de inmutabilidad por los de cambio, desarrollo y proceso (Bleger, 1973).

En contraste con la psicología del siglo xtx, Freud afirma que el hombre es en esencia un ser irracional cuya conducta está regida por fuerzas motivacionales inconscientes. Como teoría psicológica, el psicoanálisis se comprende mejor como una teoría



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acerca de la estructura y dinámica de la personalidad, incluyendo lo referente a su desarrollo. En lo que concierne a la estructura, en sus trabajos iniciales Freud consideró que la personalidad estaba constituida por tres instancias fundamentales: el inconsciente, la conciencia y el preconsciente. La parte consciente es pequeña e insignificante, constituyendo la parte más superficial de la persona­lidad total. Su función principal es la de establecer el contacto entre el individuo y su medio ambiente a través de los mecanismos senso-perceptivos. El inconsciente, al contrario, es amplio y pode­roso, las fuerzas motivadoras que subyacen detrás de toda conducta humana. El preconsciente está constituido por aquel sector de la personalidad donde se encuentran materiales no conscientes pero que en un momento determinado son susceptibles de arribar a la conciencia. Posteriormente Freud revisó su consideración estruc­tural de la vida psíquica e introdujo los conceptos de ello, yo, y superyó (id, ego y superego). El ello se corresponde con la noción inicial de inconsciente y es la parte más primitiva y menos accesible de la personalidad; es la matriz a partir de la cual se desarrollan el yo y el superyó. Ello está constituido por contenidos psicológicos heredados, incluyendo los instintos. Es el reservorío de la energía psíquica y proporciona las fuerzas que permiten la acción de los otros dos sistemas. Está en conexión estrecha con los procesos corporales de donde toma su energía. De acuerdo a Freud el ello constituye la verdadera realidad psíquica porque representa al mundo de la experiencia subjetiva y no tiene conocimiento de la realidad objetiva. Cuando ocurre un incremento de la energía existente en ello, éste tiende a actuar con el propósito de reducir la tensión y recuperar el equilibrio. El principio que rige esta descarga de energía es el principio de placer, mediante el cual el ello trata de evitar el dolor y buscar el placer. El principio del placer actúa bien sea por acción refleja (reacciones innatas que ocasionan una reducción inmediata de la tensión) o por medio de los procesos primarios, los cuales implican procesos psicológicos más complicados e intentan descargar la tensión elaborando una imagen de un objeto que servirá para dicho fin. El yo surge porque las necesidades del organismo requieren transacciones apropiadas con el mundo real objetivo. El ego actúa de acuerdo al principio de la realidad y actúa debido a la intervención de procesos secundarios. Mediante los procesos secundarios el yo estructura- un plan para la satis­facción de una determinada necesidad, luego, usualmente mediante algún tipo de acción, prueba el plan elaborado para comprobar si funciona o no. Se dice que el yo constituye el aspecto ejecutivo de la personalidad porque controla las acciones, selecciona los

de la energía en un momento determinado. Conceptos como proce­sos primarios y secundarios, realización de deseos, catexias y contra­catexias son ilustrativos de este criterio. El criterio económico implica aceptar que la energía psicológica sigue la ley de la conser­vación y entropía y está sujeta a transformaciones que aumentan o disminuyen su cualidad entrópica.



El tercer criterio es el estructural, relativo con la división del aparato mental en tres instancias: el yo, el ello y el superyó. Estas configuraciones son estructuras relativamente estables, orde­nadas jerárquicamente. Los procesos mentales ocurren dentro, entre y mediante dichas estructuras (Hilgard, 1962).

Otro criterio es el genético, referido al curso evolutivo del individuo y al énfasis en la importancia de las primeras etapas de la vida en la estructuración de la personalidad. Lo importante

en el criterio genético es el hecho de destacar un origen y una evolución en todo proceso psicológico y considerar a dicho proceso como generándose en una dotación innata y madurando de acuerdo a un plan epigenético.



Finalmente, Hilgard describe el criterio adaptativo que incluye planteamientos como los relativos a la adaptación a estados internos, al ambiente físico y social y a las adaptaciones mutuas entre el hombre y su ambiente.

Sin entrar en detalles descriptivos se ha intentado delinear la actitud de Freud ante la psicología y el hecho psicológico. Su objeto de estudio pasa a ser el inconsciente y los mecanismos

dinámicos subyacentes. Su método de recolección de datos parte de las verbalizaciones y expresiones conductuales de pacientes con trastornos psicológicos. Freud no empleó el método experi­mental y a cambio de ello recurrió a la asociación libre, el análisis de sueños, el estudio de casos y el autoanálisis.

2.7. LAS REACCIONES AL PSICOANALISIS FREUDIANO



a. Adler y la psicología individual

Las reacciones contra la ortodoxia de Freud se inician pronto. Uno de los primeros desertores fue Alfred Adler"(1870-1937) cuya posición teórica se conoce con el nombre de psicología individual.

La subversión adleriana contra Freud emerge en forma de nega­ciones. La causa motora de la conducta no es la motivación incons­ciente, sino un sentimiento de inferioridad y la lucha permanente por superarlo mediante la búsqueda de poder; la conducta de las personas no es ciega e irracional, está regida por un plan de vida

un sistema de terapia breve donde se toma en cuenta la capacidad intuitiva del analista y su habilidad para producir en el paciente los cambios requeridos (Stekel) o la deliberación activa entre pacientes y analista, como sugiere F. Alexander. Otra divergencia radica en la génesis del conflicto neurótico que de acuerdo a Stekel parte de la bipolaridad que el presente ejerce sobre el individuo y para Rank es el trauma ocasionado por el nacimiento. Alexander, por su parte, enfatiza en la necesidad de dependencia excesiva manifestada en la búsqueda de seguridad, el miedo a la soledad y a la angustia existencial. En el plano de las modifica­ciones, Stekel introduce la hipótesis concerniente al instinto de muerte y S. Ferenczi (1873 - 1933) propone el concepto de intro­vección ji, utiliza un método que denomina ontogénesis de los símbolos.

d. Psicoanálisis de niños



Una cuarta variante de la teoría psicoanalítica busca aplicar el método y conceptos básicos al estudio de niños. En esta categoría se incluyen dos personalidades femeninas: Melaine Klein (1882 - 1960) y Anna Freud (1895). Klein emplea la técnica del juego y le asigna a esta actividad una función simbólica y proyectiva equivalente a la ejercida por los sueños en los adultos. Enfatiza el papel de las relaciones madre-hijo y considera que el yo se desarrolla por la acción conjunta de la proyección y la introyección, mecanismos estos que determinan la naturaleza de las relaciones objetales. En abierta oposición con M. Klein, Anna Freud recurre a los conceptos psicoanalíticos ortodoxos esforzándose por construir una especie de pedagogía psicoanalítica. Rehúsa el carácter autónomo del superyó y adopta el punto de vista genético delineado por su progenitor. Su modelo acerca de la personalidad se identifica con la psicología del yo, tendencia que al resaltar la unidad de la personalidad y su carácter de sistema encuentra promotores firmes en Erickson y Rappaport.

e. Neoculturalismo



Otra vertiente, el neoculturalismo, se desarrolla influida por la ideología marxista (aunque mal asimilada) y su interés básico es el estudio del papel ejercido por los factores sociales en la estructuración de la personalidad y el origen de la conducta neuró­tica. También es consecuencia de investigaciones llevadas a cabo en etnología, sociología y antropología. Entre sus representantes destacan Homey, Sullivan y Fromm. K. Homey (1885 - 1952)

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rechaza el énfasis freudiano en los determinantes biológicos y heredados, argumentando que la conducta neurótica está condi­cionada por el medio social y por las relaciones del individuo consigo mismo y con la vida en gene Afirma que existe una personalidad neurótica de nuestro tiempo, originada en características culturales como la competencia en relación a necesidades básicas lo que conduce a un narcisismo generalizado y a un sentimiento perma­nente de soledad, inseguridad y mala conciencia (Yaroshevsky, 1979). Erich Fromm (1900 - 1979) analizó profundamente las características de la sociedad contemporánea, concluyendo que sus rasgos distintivos son la despersonalización y la alienación, ambos consecuencias del consumismo creador de necesidades de vínculos o relaciones. H. S. Sullivan (1892 - 1949) destaca el papel de los procesos interpersonales en la conducta humana, procesos que se refieren a los intercambios psicológicos que se establecen entre las personas. De acuerdo a Sullivan, los trastornos no se dan en el vacío sino que involucran al yo de la persona trastornada. Con estas ideas se constituye en un antecesor del análisis transaccional, cuyos exponentes conciben a los conflictos como rupturas o distur­bios en las relaciones humanas.

f. Psicoanálisis y marxismo



Una asimilación mejor lograda entre psicoanálisis y marxismo está constituida por el encuentro deliberado que entre las dos corrientes establecen W. Reich y H. Marcuse. Reich, dotado de una personalidad impresionante y afectado profundamente por la locura, resalta el papel de los factores sociales en la génesis de la neurosis y la manifestación de las disfunciones libidinosas a través de los síntomas neuróticos. Cuando ocurre esta manifes­tación interviene la represión social encarnada en el conjunto de inhibiciones por las que las estructuras sociales bloquean la consumación y expresión de los impulsos genitales (Reich, 1925; citado por Fages, 1978). Al igual que Reich, Marcuse difunde temas psicoanalíticos y propicia encuentros y bifurcaciones entre psicoanálisis y marxismo. En su libro Esos y civilización (1955) critica a los culturalistas por ver a la sociedad en términos de un contexto externo al sujeto y por explicar las neurosis en base a conflictos intrasubjetivos, sin considerar las tensiones creadas entre el individuo y la sociedad. Esgrime críticas severas contra Freud, especialmente en lo que concierne a su visión pesimista y al hecho de resaltar sólo los aspectos negativos de la sociedad.

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g. Psicoanálisis existencial

Bajo la égida protectora de la fenomenología con su visión global del mundo y del hombre, germina y crece el psicoanálisis existencial uno de cuyos máximos representantes fue L. Binswanger (1881 - 1966). Centra su teoría en lo que denomina análisis de la presencia, en el método fenomenológico, y en su esfuerzo por comprender al hombre como un ser personal, como un ente pre­sente en el mundo. El objeto del psicoanálisis no es una cosa sino un existente, un sujeto presente confrontado ante el dilema de la presencia/ausencia y del lenguaje significativo/no signi­ficativo de la presencia (Binswanger, 1957; citado en Fages, 1978).

En la misma línea del psicoanálisis existencial se sitúan V. Frankl e I. Caruso, eximios exponentes de la conocida "Escuela Psicoanalítica de Viena". En su sistema de logoterapia, Frankl considera a la vida psíquica como una unidad existencíal, personal y moral. El conflicto entre esas dimensiones rompe la estructura generando el vacío existencial característico de la neurosis. En esta interpretación se añade la importancia concedida a los valores y al significado que una persona asigna a su vida. Frankl discrepa a Freud en cinco aspectos básicos: la naturaleza causal del análisis y el tratamiento; la reducción de las explicaciones al nivel psicoge­nético; la expresión de la sexualidad en términos del placer, y el postulado de homeóstasis.

Las críticas de I. Caruso son parecidas a las señaladas por Frankl, pero las complementa negando la supuesta neutralidad del analista y la naturaleza unidireccional de la terapia (Bruno, 1977). Introduce la interlocución como medio para hacer significativa la entrevista psicoanalítica y cree que la neurosis posee un sentido negativo -es una mentira existencial- y un sentido positivo como presentimiento de lo absoluto.

h. Psicoanálisis estructural

En 1936 Jacques Lacan publica un libro titulado El estadio del espejo, donde expresa las ideas fundamentales de una tenden­cia psicoanalítica que, quizás después de Freud ha sido una de las más debatidas, aceptadas y comentadas. Se trata, del denominado psicoanálisis estructuralista, movimiento de raigambre exclusiva­mente francesa. De acuerdo a Lacan, el desarrollo es una secuencia de rupturas y transiciones que van desde una identificación con lo concreto (la imagen que el otro considera como real) hasta el logro de la significación abstracta mediante los símbolos y lo imaginario. Estos estadios evolutivos se integran en dos fases: el estadio del espejo y el surgimiento del Edipo que constituye el momento del

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surgir del inconsciente. Este inconsciente presenta la estructura radical del lenguaje y se organiza de acuerdo a mecanismos de condensación (representados por la metáfora) y desplazamiento (representados por la metonimia). El inconsciente está tramado, tejido por metáforas y metonimias. La tarea del análisis consiste en descubrir esa trama para liberar al sujeto y ubicarlo en su posición exacta dentro del orden simbólico. Estas ideas comple­mentadas con la noción de demanda estructuran la relación terapéu­tica en una etapa de la palabra vacía, liberadora, que constituye el instante de la unidad donde el paciente, conjuntamente con el analista, nombra su posición exacta en el orden simbólico.

i. Críticas generales al psicoanálisis

De los enfoques psicológicos surgidos durante el siglo xx el psicoanálisis ha sido uno de los más criticados. Las críticas surgen de diversas fuentes y atañen a todos los aspectos de la teoría, incluyendo sus fundamentos idéológicos. Una primera crítica se refiere a la naturaleza y origen de sus conceptos. Se alude al tono misterioso que rodea a los conceptos psicoanalíticos, sin presentar relaciones precisas con eventos antecedentes y conse­cuentes. Bruno (1977) considera que esos conceptos son vistos sólo como agentes internos propuestos por la psicología profunda, identificándose en cierta forma con una demonología cuya explica­ción se basa en palabras mágicas mediante referencias a fuerzas maravillosas existentes en la personalidad de los seres humanos. Otros autores, como Farrell (1963), utilizan el mismo criterio para afirmar que el psicoanálisis, dado el tipo de conceptos que emplea, debe considerarse como una mitología antes que como una interpretación científica del hombre y su conducta.

Se. dice también que las hipótesis derivadas del psicoanálisis carecen de validez científica por no basarse en la experimenta­ción v el control sino en datos clínicos derivados de la relación terapéutica. En el psicoanálisis no hay control de variables ni selección adecuada de los sujetos. Se objeta también su matiz y la presencia de desviaciones introducidas por las percepciones del terapeuta (Hall y Lindzey, 1970).

En lo teórico se apunta a la falta de coherencia lógica reque­rida por una teoría científica y, en tal sentido, Hall y Lindzey afirman:



La teoría psicoanalítica resulta singularmente deficiente en lo que se refiere a proveer un conjunto de reglas relacio­nadas mediante las cuales sea posible alcanzar expectativas más o menos precisas respecto a lo que ocurrirá si -determi­nados acontecimientos tienen lugar (p. 71).

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Farrell (1963) también alude a la validez empírica del psicoanálisis por carecer de la adecuación empírica exigida por una teoría y por ausencia del requisito de operacionalización.

Como consecuencia se critican los aspectos sintácticos, semánticos y estructurales de la teoría.

Se cuestiona la concepción del hombre inherente en el psicoanálisis. Se rechaza su énfasis en las bases genéticas de la conducta con su consecuente interpretación en términos mecani­

cistas, deterministas y hedonistas (May, 1958; Needleman, 1963; Bonner, 1965). En la misma dirección, Bleger (1973) opone el psicoanálisis a una dialéctica materialista al no tomar en cuenta factores históricos y sociales.

No escapa a las críticas el dualismo contenido en la división de la personalidad en dimensiones diferentes, cuyos métodos de abordaje también difieren. Los humanistas, por otra parte, recha­



zan el énfasis en la psicología concebida como ciencia natural y la importancia asignada a la irracionalidad como motor funda­mental de la conducta humana. Objetan su énfasis en los instintos y la naturaleza animal del hombre (Giorgi, 1970; Bruno, 1977).

Los marxistas inspirados centralizan su oposición en el carácter limitante y exclusivista de la teoría en lo atinente a las variables que inciden sobre la conducta. De acuerdo a Fages

(1978), "Freud pareciera dirigirse sólo al sujeto singular, separado de su contexto histórico-social, y predicar la resignación ante la dura realidad social". Anteriormente, en 1939, Politzer había señalado: "Freud y sus discípulos nunca han llegado a una com­prensión clara de las relaciones entre el individuo y la sociedad, entre la ley psicológica individual y la ley histórica". Y Steve (1973) afirma que "el psicoanálisis freudiano ignora las bases materiales específicas de la sociedad y conduce inexorablemente a todo teórico a buscar un sustituto de esta materialidad histórico­social en la vida de una biologización radical de los hechos humanos en su conjunto" (citado en Fages, p. 289).

2.8. LA PSICOLOGIA COGNOSCITIVA

La psicología cognoscitiva comienza a desarrollarse, aproxi­madamente, desde 1960. Yen general existe acuerdo que a partir de esa década la psicología se orienta hacia una nueva búsqueda:

el estudio de las cogniciones y los procesos complejos y la crea­ción de modelos que sirvan para comparar la información pro­veniente del medio ambiente y estructurar la respuesta hacia ella. Decir que la psicología cognoscitiva surge a partir de los años

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tigarlos el método no se ciñe al uso de procedimientos introspec­tivos. De acuerdo a Paivio (1975) se recurre a procedimientos operacionales diseñados para romper la brecha entre eventos internos y externos, buscándose un isomorfismo exacto entre el patrón de reacciones a los estímulos y el patrón que se da a nivel psicológico al estar ausentes los acontecimientos externos. Además, se utilizan indicadores empíricos en términos de variables derivadas de los atributos de los materiales estímulos, de las manipulaciones experimentales realizadas y de las diferencias intersujetos.

A juicio de Paivio, la psicología cognoscitiva constituye un intento de integración entre la corriente conciencialista tradicional y los enfoques conductuales, debido a que se esfuerza por compren­der tanto la forma como la función de las ideas, imágenes, signifi­cados y todo aquello conceptualizado como información cognoscitiva y por estudiar las funciones de la mente en relación con sus mani­festaciones conductuales. En la psicología cognoscitiva hay múltiples enfoques. A título de información se mencionarán algunos de ellos.

a. Bruner y la teoría de la categorización

Bruner (1915) desarrolla una teoría en base al concepto de categorización y en referencia a ese constructo describe procesos como la percepción, el aprendizaje, la formación de conceptos y la toma de decisiones. Su explicación se apoya en un modelo de procesamiento de la información y se le ha criticado la falta de correspondencia entre algunos de sus constructos (como por ejemplo el de estrategias en información de conceptos) y los hechos reales.

b. Ausubel y el aprendizaje significativo

D. P. Ausubel propone una teoría de la inclusión o del apren­dizaje verbal significativo, en su libro Psicología educativa (1968). Su lenguaje parte del significado, las cogniciones y las estructuras cognoscitivas, considerados como representaciones simbólicas de los objetos. Las estructuras cognoscitivas son los conocimientos que en un momento determinado posee un individuo acerca del ambiente y están constituidos por conceptos, categorizaciones, prin­cipios y generalizaciones. El aprendizaje consiste en modificar estruc­turas cognoscitivas y añadir significados. Ausubel (1963, 1968) clasifica los diversos tipos de aprendizaje en referencia a dos dimensiones: la que alude al aprendizaje por recepción y la rela­cionada con el aprendizaje repetitivo y el significativo.

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c. El modelo jerárquico de Gagné

R. Gagné (1970, 1974) sistematiza un enfoque integrador donde se consideran aspectos de las teorías E-R y de los modelos de procesamiento de información. Desarrolla un modelo acumula­tivo del aprendizaje que incluye cinco categorías ordenadas jerár­quicamente de acuerdo a su complejidad y explica el proceso tomando en cuenta una serie de eventos externos o fases y un conjunto de procesos cognoscitivos internos. Partiendo de este modelo ha dado sentido pragmático a sus ideas a través del diseño y planificación de la instrucción.

d. Piaget y la epistemología genética

Dentro de la psicología cognoscitiva puede ubicarse la episte­mología genética, desarrollada en sus aspectos teóricos y empíricos por el ginebrino Jean Piaget. En esencia se trata de una indaga­ción vinculada con el problema del conocimiento, su génesis, evolución y funcionamiento. La epistemología genética se plantea como meta básica buscar las raíces de todo tipo de conocimiento desde sus formas más elementales y seguir su desarrollo en los niveles superiores incluyendo al pensamiento científico (Piaget, 1970). La génesis se entiende como un proceso reiterativo presente en todo acto de construcción, lo que niega la existencia de fases predominantes y comienzos absolutos. Se supone que el conocimiento no está dominado ni por estructuras internas ni por los caracteres preexistentes en el objeto. Todo conocimiento supone una elaboración nueva la cual, en el plano formal, se convierte en necesaria desde el mismo momento de su formación y en el plano concreto es lo que garantiza la objetividad. El pro­blema básico de la epistemología genética consiste en conciliar esta creación de novedades con lo formal y lo concreto (Piaget, 1970).

De acuerdo a Piaget el desarrollo psíquico es equivalente al desarrollo orgánico, ya que ambos consisten en una marcha hacia el equilibrio (Piaget, 1968). El desarrollo se concibe como una construcción continua donde existen estructuras invariantes que definen a las formas y estados sucesivos y estructuras variantes que definen el paso de uno a otro nivel. En el curso de la evolución hacia el equilibrio son básicos los mecanismos de asimilación y acomodación como medios para incorporar las cosas y personas a los esquemas del sujeto y para ajustar las estructuras ya formadas a los objetos externos: todo comportamiento tiende a asegurar un equilibrio entre los factores internos y externos o, más general­mente, entre asimilación y acomodación.

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e. Chomsky y la gramática generativa

En este aparte sobre psicología cognoscitiva cabe mencionar a Noam Chomsky, quien destaca sobre todo por sus críticas a las concepciones conductistas acerca del lenguaje. Los supuestos de Chomsky acerca del lenguaje se ubican en un contexto innatista y mentalista, de raigambre racionalista. Su teoría lingüística busca explicar los caracteres comunes a todas las lenguas (universales lingüísticos) y las características diferenciales de cada lengua en particular. Considera que el lenguaje humano es esencialmente creativo a partir de una gramática finita, de allí que no exista una relación exacta entre la competencia lingüística (conocimiento que se tiene acerca de un lenguaje) y la actuación (uso del len­guaje en situaciones concretas). La gramática como teoría consti­tuye un proceso de descubrimiento, un procedimiento de decisión y un procedimiento de evaluación, generando las oraciones de la misma forma que una máquina basándose en una entrada, una serie de reglas generativas y una salida representada por las oraciones producidas. Por otra parte, la gramática generativa tiene como tarea describir al lenguaje en sus planos fonológico, semántico y sintáctico.



f. Los modelos de procesamiento de la información

En el área de la psicología cognoscitiva destacan los modelos de procesamiento de la información, los cuales consideran que entre la entrada (inputs-estimulativos) y la salida (respuestas) existen procesos que actúan sobre la información y la modifican determinando las características de la conducta observable. Se asume la continuidad entre los diversos procesos cognoscitivos, restándoseles validez a la clásica división entre pensamiento, memoria y percepción; los tres procesos constituyen una unidad: la cognición (McKeachie, 1976; Haber y Friend, 1975).

Estos modelos surgieron como alternativas a los enfoques conductistas y se aplican al estudio de los denominados procesos cognoscitivos. Conciben al organismo, incluyendo al hombre, como una entidad que busca, organiza, codifica, almacena y recupera información. Objetan al conductismo , su dependencia en la filosofía empirista y el énfasis asignado a los estímulos y las respuestas. De acuerdo a los teóricos del procesamiento de la información, los seres humanos construyen un modelo o repre­sentación interna del ambiente y en base a ese modelo elaboran sus respuestas (Miller, Galanter y Pribram, 1967). Por otra parte, los modelos de procesamiento de información aceptan la pre­

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estructuración genética para ciertos tipos de aprendizaje y consi­deran que la interacción entre esas predisposiciones y el ambiente crea formas o características para percibir, organizar y responder (McKeachie, 1976; Sternberger, 1977).

Las críticas al conductismo también _se dirigen a la explica­ción en base al reflejo, viendo a este concepto como una sobre­simplificación que descarta la posibilidad del hombre como ser cognoscente. Observan que la función general del reflejo consiste en comparar las entradas sensoriales con algún criterio establecido en el organismo y responder, si la prueba es para demostrar una incongruencia,. y continuar respondiendo hasta que la incongruen­cia desaparezca, momento en el cual concluye el reflejo (Miller, Galanter y Pribram, 1960; Sexton, 1978; Sternberger, 1977). Aunque los modelos de procesamiento de información no consti­tuyen un paradigma en psicología se han utilizado para estudiar áreas como el reconocimiento de patrones, la atención, la percep­ción, la memoria y el pensamiento.

g. Críticas a la psicología cognoscitiva



Las críticas a la psicología cognoscitiva se inician con el rechazo abierto hacia su aceptación de la conciencia y los fenó­menos mentales. Ya en 1914 Watson se rebeló contra la subjeti­vidad del método introspectivo y consideró la falta de evidencias existentes para creer que los conceptos mentalistas desempeñan algún papel funcional en la conducta. Skinner (1953, 1955) denuncia la carencia del poder explicativo de los conceptos men­talistas, aduciendo que los mismos son simplemente productos colaterales que como tales necesitan ser explicados en sí mismos. De acuerdo a Skinner la terminología empleada por la psicología cognoscitiva alude simplemente a conductas que pueden descri­birse en términos de la contingencia de reforzamiento.

Johnson (1972) afirma que los psicólogos cognoscitivos a menudo no describen explícitamente las estructuras cognoscitivas y los procesos que supone y considera que los métodos utilizados para hacer inferencias acerca de esos constructor hipotéticos no son estandarizados.

Al referirse a los modelos de procesamiento de la informa­ción, Sternberger (1977) observa que no proporciona métodos sistemáticos para estudiar las diferencias individuales en la ejecu­ción, así como tampoco poseen un lenguaje común a todos los investigadores. A esto se añade el uso de un lenguaje incompren­sible en la mayor parte de los casos, tanto por los interesados en el área como por personas ajenas a ella. Añádase también la

pp 121


artificialidad de los modelos al tratar de hacer equivalente la conducta humana con la de una

máquina en tareas de almacena­miento, categorización, toma de decisiones y solución de

problemas.

2.9. PSICOLOGIA HUMANISTICA






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