La psicologia y sus multiples objetos de estudio armando navarro


Discriminación. Capacidad aprendida del organismo que le permite responder diferencialmente ante diversos estímulos ambientales



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Discriminación. Capacidad aprendida del organismo que le permite responder diferencialmente ante diversos estímulos ambientales.

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conducta descrita en términos de estímulos y respuestas y la unidad de análisis es de orden molecular, referida no a átomos de conciencia pero sí a átomos de conducta. La ruptura de Watson con el enfoque tradicional en psicología se patentiza en las prohibiciones especificadas en su programa de trabajo: rechazar la mente, no hablar más de conciencia, abandonar el introspeccionismo, eliminar los conceptos mentalistas, detener las especulaciones acerca de lo que ocurre en el cerebro y eliminar los problemas filosóficos del marco de referencia de la psicología (Sexton, 1978).

El predominio del conductismo watsoniano se prolonga en psicología hasta los años veinte. Al suscribirse a los preceptos fundamentales del conductismo, los primeros seguidores de Watson no sólo sintieron que emancipaban a la psicología de la filosofía sino que la situaban firmemente dentro de las ciencias naturales (Sexton, 1978).

2.4. EL NEOCONDUCTISMO

Sin embargo, a partir de 1930 surgieron nuevas posiciones conductistas e intentos por construir teorías psicológicas empíricas tomando como modelo a las ciencias físicas. En todos los casos los psicólogos neoconductistas presentaron orientaciones que si bien conservaron algunos de los supuestos básicos de Watson, en principio produjeron modificaciones sustantivas al conductismo original. En parte, el surgimiento del neoconductismo estuvo determinado por el movimiento filosófico del positivismo lógico, representado por un grupo de científicos y filósofos de la ciencia abocados a la tarea de examinar y revisar crítícamente los funda­mentos de las ciencias empíricas.

El positivismo lógico surgió alrededor de 1920 cuando un grupo de filósofos, hombres de ciencia y matemáticos confor­maron el denominado "Círculo de Viena", con el propósito de

revisar los instrumentos conceptuales de la ciencia. Entre los miembros integrantes del grupo destacaron Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Otto Neurath, Ludwig Wittgenstein v Tadeus Kotaro­binski. Ese movimiento tuvo su punto de partida en el Tractatus lógico filosófico de Wittgenstem y sus antecedentes históricos se remontan a Kant, Hume y Marcel.

Los positivistas lógicos se plantearon la meta de sustituir la filosofía por la investigación sistemática de la lógica de la ciencia lo cual, para Carnap, no era otra cosa que la sintaxis lógica de lenguaje de la ciencia: "La filosofía será sustituida por

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la lógica de la ciencia, es decir por el análisis lógico de los conceptos y frases de las ciencias, pues la lógica de la ciencia no es más que la sintaxis lógica del lenguaje de la ciencia" (Carnap, 1932, citado en Wolman, 1979).

Según los positívistas lógicos todos los enunciados verbales corresponden a uno de dos tipos de proposiciones: formales o analíticas y empíricas o sintéticas. Las proposiciones formales conciernen a la sintaxis, no tienen referentes empíricos y espe­cifican las reglas y procedimientos válidos para combinar pala­bras o símbolos. Las proposiciones empíricas son afirmaciones acerca de hechos pertenecientes al mundo observable y su verdad o falsedad pueden comprobarse mediante procedimientos opera­cionales (Stevens, 1939). Como las proposiciones metafísicas por lo general carecen de sentido, la filosofía debe descartarlas y abocarse a la tarea de analizar el lenguaje utilizado en la formulación de enunciados científicos. La meta de esta empresa filosófica sería proveer una base sólida para las ciencias. La construcción de ese edificio supone una división de tareas entre el científico y el filósofo. Al científico le correspondería investigar las relaciones entre las variables con las cuales trabaja y representar dichas relaciones mediante alguna forma del lenguaje simbólico. El filósofo comple­mentaría al científico probando la naturaleza y las reglas del lenguaje simbólico que emplea.

En consecuencia, el positivismo lógico buscaba clarificar el lenguaje de las ciencias y establecer las condiciones bajo las cuales las proposiciones empíricas son significativas. Esta última exigencia vincula a los positivistas lógicos con el operacionismo, según el cual el significado de los conceptos científicos no debe expresarse mediante definiciones descriptivas 8 sino por medio de definiciones operacionales. La noción de definiciones opera­cionales proviene de Bridgman (1927; citado en Hempel, 1976) e implica que todo término científico debe ser especificable indicando una operación definida de contrastación 9 que pro­porcione un criterio para su aplicación. "En general, un concepto cualquiera no significa otra cosa que un conjunto de operaciones; el concepto es sinónimo del correspondiente conjunto de opera­

Definiciones descriptivas. Definiciones mediante' las cuales los con­ceptos se definen utilizando otros conceptos. En contraste, las defi­niciones operacionales especifican el conjunto de operaciones o actividades que el investigador debe realizar para medir o manipular una variable.

Contrastación. Conjuntos de reglas y procedimientos para demostrar la verdad o falsedad de un enunciado respecto a sus referentes empíricos.

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ciones ... un término científico tiene significado sólo dentro del ámbito de aquellas situaciones empíricas en las que se puede ejecutar el procedimiento operacional que lo define (Brigdman, 1927; en Hempel, 1976, p. 135).

El carácter empirista del positivismo lógico llevó a afirmar que toda proposición científica se deriva de la experiencia. Por lo tanto, la ciencia trabaja con definiciones protocolares, referidas a los elementos más simples de la experiencia. Este concepto equivale al punto de vista operacionista según el cual las propo­siciones complejas son significativas cuando pueden reducirse a proposiciones - simples demostrables mediante un conjunto de operaciones. El principio derivado es el fisicalismo, principio que expresa que los enunciados y conceptos científicos deben expre­sarse en términos de elementos físicos simples, discriminables. Como los elementos más simples son los manejados por la física debe existir la posibilidad de expresar los enunciados de cualquier ciencia en base á los términos utilizados por dicha disciplina física. Este principio conlleva a un reduccionismo teórico que implica la explicación de cualquier conjunto de eventos tomando como base a la ciencia física. Existe también un reduccionismo metodológico según el cual todas las ciencias deben emplear los métodos de las ciencias naturales. A la vez, el fisicalismo y el operacionismo dejan abierta la posibilidad de establecer una unidad en las ciencias mediante el uso de un lenguaje universal.

Asimilando los principios básicos del positivismo lógico, el neoconductismo se abocó a la tarea de sustituir el bebaviorismo metaf isico de Watson, fundamentado en la negación de la conciencia y lo mental, por un bebaviorismo metodológico con insis­tencia en la definición operacional de variables y constructor en términos de eventos públicos o de acuerdos intrasubjetivos (Sexton, 1978). Su esquema teórico se basó en el lenguaje asociacionista de estímulos y respuestas, lenguaje este que constituye el referente para el análisis del hecho -psicológico. Exige una metodología fisicalista, operacional y experimental (Kendler, 1965). Es un lenguaje aplicable a eventos empíricos y construcciones hipotéti­cas to siendo útil en la recolección de datos y la construcción de teorías. La psicología neoconductista incluyó posiciones con­troversiales, en ocasiones irreconciliables, aunque existen entre

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Construcciones hipotéticas. Tipo de conceptos o constructor cuyos referentes no son los eventos empíricos observables, sino aconteci­mientos que el investigador supone que existen y cuya realidad se infiere a partir de las variables empíricas manipuladas y medidas. Son invenciones científicas.



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ellas algunas características paradigmátícas comunes. Entre ellas destaca el supuesto según el cual la psicología es una ciencia natural cuyo objeto de estudio es la conducta y su método la experimentación. A excepción del conductismo social, entre cuyos representantes destacan Bandura y Staats, la mayor parte de los neoconductistas restantes comparten una concepción determinista­mecanicista acerca del hombre, enfatizan en la investigación de la conducta animal en el laboratorio y resaltan la importancia de los procesos de aprendizaje. En el plano de las diferencias los neoconductistas no coinciden en lo referente al nivel de explica­ción de la conducta. Algunos trabajan en un estricto nivel empírico, como es el caso Skinner, limitándose a establecer las relaciones funcionales entre los estímulos y las respuestas observables. Otros recurren a un nivel de explicación en términos de variables intes­vinientes que actúan entre los estímulos y las respuestas y que determinan la conducta observable. La conceptualización de estas variables intervinientes varían de un autor a otro, teniendo para algunos un carácter exclusivamente funcional, como en los casos de Tolman y Hull, mientras que para otros esas variables inter­vinientes se relacionan con eventos físicos de naturaleza fisiológica como ocurre en los modelos teóricos de Hebb y Osgood. En ambos casos, bien sea que las variables intervinientes se conceptualicen en términos funcionales o fisiológicos, la conducta deja de ser explicada por el esquema simple de estímulo-respuesta y pasa a comprenderse de acuerdo a un esquema más complicado que incluye al organismo: Estímulo-Organismo-Respuesta (E-O-R). Cabe advertir que los psicólogos que recurren a construcciones de orden fisiológico delimitan una psicología de naturaleza seduccionista. La unidad de análisis también varía de un neoconductista a otro. Así, Skinner y Hull se mantienen dentro de un enfoque cuya unidad de análisis es molecular, mientras que en Tolman la unidad de análisis es de tipo molar. También los neoconductistas verían respecto a su interpretación del proceso de aprendizaje, a los tipos de apren­dizaje que proponen y a la función del refuerzo en dicho proceso.

Dada las limitaciones de este trabajo es imposible presentar una visión completa de la psicología neoconductista y en virtud de ello sólo se presentarán algunas ideas importantes respecto a los autores más significativos. ' '



a. Conductismo sistemático de Hull

C. Hull (1884 - 1952) propuso un sistema psicológico inte­grado por numerosos principios y elementos metodológicos sustan­tivos, en un intento por verter la psicología conductista en un

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esquema hipotético-deductivo organizado mediante leyes precisas con gran poder de generalización (Guttman, 1977). Su propósito era crear una psicología con leyes presentadas en forma de postu­lados explícitos, conectados lógicamente en un sistema deductivo donde todos sus enunciados generaran predicciones cuantitativas exentas de ambigüedades y relacionadas con hallazgos experi­mentales mensurables. El producto final fue una teoría de la conducta estructurada en cuatro niveles predictivos interdepen­dientes. El primer nivel estaba representado por las variables independientes manipuladas (privación de alimento, estimulación dolorosa, magnitud de la recompensa y número de ensayos refor­zados) las cuales daban origen a un segundo nivel constituido por variables intervinientes como la fuerza del hábito, el impulso y la magnitud de la recompensa; a su vez estas variables inter­vinientes generaban un tercer nivel compuesto por la variable interviniente denominada potencial de reacción. El cuarto nivel lo constituían las variables dependientes medidas como la amplitud y velocidad de la respuesta y la resistencia a la extinción.

De acuerdo a Hull, el teórico empieza con postulados que pueden o no ser verdaderos. Luego prueba lógicamente que si los postulados son ciertos, determinados teoremas también deben serlo. Después determina por vía experimental si cada teorema es, en rigor, verdadero. Finalmente utiliza la verdad o falsedad de los teoremas para examinar directamente la falsedad de los postulados. En el fondo se buscaba dar coherencia a un caos introduciendo un sistema formal con conceptos cuyos referentes fuesen propiedades mensurables del ambiente y del organismo. Hull asimiló el operacionísmo filosófico como instrumento funda­mental de la psicología y consideró a las variables intervinientes como nexos entre los factores manipulados y los medidos. De acuerdo a Spencer (1944) al proponer las variables intervinientes se pretendía formular leyes generales para la conducta adaptativa, expresadas en términos cuantitativos.

b.- El Conductismo Propositivo de Tolman



Con énfasis en las variables intervinientes destacó el conductismo positivo de E. Ch. Tolman (1886-1950). En su libro La conducta popositiva en animales y Hombres (1932) presentó un enfoque que integró al conductismo con la psicología de la gestalt y algunas nociones del vitalismo de McDougall , No obstante manejó conceptos mentalistas como expectativas y cogniciones. Tolman afirmó que su enfoque era conductista en lo que respecta al objeto y al método, pero se trató de un conductismo particular

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que evitó el reduccionismo fisiológico y consideró la conducta en términos de sus propiedades emergentes: propositiva, cognos­citiva, enseñable y modificable. Consecuentemente, la conducta es molar. Y esta conducta molar se orienta hacia metas (es propo­sitiva) y no puede ser explicada en términos de mecanismos fisioló­gicos elementales sino en base a sus propiedades emergentes. Por otra parte, la conducta molar depende de variables intervinientes, de naturaleza cognoscitiva, entre las que destacan los propósitos, las cogniciones, las expectativas de medios-fines y las expectativas de signo-gestalt (Tolman, 1932).

En el sistema de Tolman el organismo fue concebido como un todo: la conducta siempre es la manifestación del organismo como un todo y no de segmentos sensoriales o motores; la con­ducta es una especie de comercio o transacción entre el organismo y su ambiente y sólo puede darse en un organismo total (Tolman, 1932). Entre los factores observados también hay procesos internos que son los determinantes reales de la conducta. Con Tolman, al igual que con Hull, el paradigma E-R se transforma en un modelo E-0-R.

' En su época Tolman ejerció una influencia relevante en psico­logía. Se considera que introdujo el uso de las variables inter­vinientes, así como las nociones de aprendizaje latente y aprendizaje de lugar. Actualmente su influencia ha decaído hasta el punto de considerársele mínima o inexistente. Se ha criticado su fracaso en desarrollar un sistema teórico bien integrado y el hecho de no establecer relaciones precisas entre la conducta y eventos encu­biertos tales como los estados cognoscitivos. También se critica su lenguaje, dados los matices del mentalismo y subjetivismo implícitos en el mismo (Schultz, 1969).

c. Skinner y el condicionamiento operante

b. El conductismo propositivo de Tolman

Con énfasis en las variables intervinientes destacó el conduc­tismo positivo de E. Ch. Tolman (1886 - 1950). En su libro La conducta propositiva en animales y hombres (1932) presentó un enfoque que integró al conductismo con la psicología de la gestalt y algunas nociones del vitalismo de McDougall. No obstante manejó conceptos mentalistas como expectativas y cogniciones. Tolman afirmó que su enfoque era conductista en lo que respecta al objeto y al método, pero se trató de un conductismo particular Si Hull y Tolman se desviaron hacia posiciones que destacaron el papel de las variables intervinientes, Skinner emergió con un enfoque radical, basado en lo observable, donde se considera que los eventos internos son innecesarios para explicar la conducta. Así, en 1974, afirma: "El conductismo no es' la ciencia del comportamiento humano. Es la filosofía de esa ciencia". Para esa fecha ya han transcurrido treinta y seis áños del planteamiento inicial de su enfoque: sin embargo, se mantienen constantes sus supuestos básicos. Tales planteamientos surgieron como críticas a la psicología predominante y de ellos sólo puede hacerse una síntesis muy apretujada aquí.

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El enfoque skinneriano acerca de la conducta ha sido deno­minado condicionamiento operante, en oposición al condiciona­miento respondiente desarrollado por Pavlov. Como se recordará, para Pavlov la conducta de los organismos consistía en respuestas automáticas a estímulos ambientales, respuestas que podían ser innatas (reflejos incondicionados) o aprendidas (reflejos condicio­nados). Skinner, partiendo del concepto de reflejo en Pavlov, consideró que además de las conductas respondientes existen en los organismos conductas operantes, fundamentadas en las acciones del organismo y las consecuencias que ocasionan en su medio ambiente. Como es sabido el concepto de conducta operante es crucial en su enfoque.

La distinción entre operante y respondiente conduce a una nueva conceptualizaciónder proceso de aprendizaje. Ya no se trata de un proceso donde un estímulo se conecta con una respuesta o un estímulo se asocia con otro estímulo. Lo importante son las consecuencias que la conducta produce en su medio. Ahora el principio básico es el reforzamiento, utilizado para explicar el aprendizaje en términos de los cambios en la probabilidad de ocurrencia de una conducta. Al introducir el reforzamiento, Skinner apoya la ley de efecto de Thorndike aunque dentro de una nueva concepción: el efecto no alude a un estado interno (placer o displacer) sino a eventos ambientales reforzantes para el organismo. Es decir, la ley del efecto se libera de'ripios mentalistas y subjetivos.

Otro aspecto interesante de Skinner va contra los intentos de explicar la conducta partiendo de lo que ocurre entre los estí­mulos y las respuestas. Influido por la rigurosidad de los principios del positivismo lógico y por el deseo de establecer una ciencia intere­sada en el control y predicción de la conducta, Skinner insurge con un enfoque de tinte descriptivo y ateórico cuyo único marco de referencia lo conforman las variables independientes manipuladas por el investigador (como las horas de privación, el programa de reforzamiento, la magnitud del refuerzo) y las variables medidas (como la tasa de respuesta y la probabilidad de ocurrencia). Se asume que la función de la psicología consiste en investigar las relaciones funcionales existentes entre variables observables, todo ello dentro de los límites de una ciencia natural y dirigido hacia el logro de un análisis causal donde las variables independientes se describan en términos físicos y en consonancia con un operacio­nalismo estricto. De ello se deriva un rechazo hacia las teorías ya sean éstas mentalistas, neurofísiológicas o conceptuales porque en todos los casos sus métodos y términos utilizados para explicar los hechos difieren de los hechos mismos que son explicados (Skinner, 1950).


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El enfoque skinneriano acerca de la conducta ha sido deno­minado condicionamiento operante, en oposición al condiciona­miento respondiente desarrollado por Pavlov. Como se recordará, para Pavlov la conducta de los organismos consistía en respuestas automáticas a estímulos ambientales, respuestas que podían ser innatas (reflejos incondicionados) o aprendidas (reflejos condicio­nados). Skinner, partiendo del concepto de reflejo en Pavlov, consideró que además de las conductas respondientes existen en los organismos conductas operantes, fundamentadas en las acciones del organismo y las consecuencias que ocasionan en su medio ambiente. Como es sabido el concepto de conducta operante es crucial en su enfoque.

La distinción entre operante y respondiente conduce a una nueva conceptualizaciónder proceso de aprendizaje. Ya no se trata de un proceso donde un estímulo se conecta con una respuesta



o un estímulo se asocia con otro estímulo. Lo importante son las consecuencias que la conducta produce en su medio. Ahora el principio básico es el reforzamiento, utilizado para explicar el aprendizaje en términos de los cambios en la probabilidad de ocurrencia de una conducta. Al introducir el reforzamiento, Skinner apoya la ley de efecto de Thorndike aunque dentro de una nueva concepción: el efecto no alude a un estado interno (placer o displacer) sino a eventos ambientales reforzantes para el organismo. Es decir, la ley del efecto se libera de'ripios mentalistas y subjetivos.

Otro aspecto interesante de Skinner va contra los intentos de explicar la conducta partiendo de lo que ocurre entre los estí­mulos y las respuestas. Influido por la rigurosidad de los principios

del positivismo lógico y por el deseo de establecer una ciencia intere­sada en el control y predicción de la conducta, Skinner insurge con un enfoque de tinte descriptivo y ateórico cuyo único marco de referencia lo conforman las variables independientes manipuladas por el investigador (como las horas de privación, el programa de reforzamiento, la magnitud del refuerzo) y las variables medidas (como la tasa de respuesta y la probabilidad de ocurrencia). Se asume que la función de la psicología consiste en investigar las relaciones funcionales existentes entre variables observables, todo ello dentro de los límites de una ciencia natural y dirigido hacia el logro de un análisis causal donde las variables independientes se describan en términos físicos y en consonancia con un operacio­nalismo estricto. De ello se deriva un rechazo hacia las teorías ya sean éstas mentalistas, neurofísiológicas o conceptuales porque en todos los casos sus métodos y términos utilizados para explicar los hechos difieren de los hechos mismos que son explicados (Skinner, 1950).

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La actitud desconfiada ante las teorías supone, además, una óptica diferente en cuanto al camino a seguir para descubrir regu­laridades y a los procedimientos utilizados para analizar los datos.



Según Skinner, el dato básico de la psicología es la probabilidad de respuesta y la misión de una ciencia de la conducta "consiste en evaluar esta probabilidad y explorar las condiciones que la determinan" (Skinner, 1950). Pero las condiciones determinantes no se encuentran dentro del organismo sino en el ambiente y en la historia individual de reforzamiento. En consecuencia, las variables a ser controladas deben permitir descubrir las relaciones referidas al organismo individual y no a grupos de individuos. De allí que los estudios cuantitativos basados en promedios sean inadecuados para predecir y controlar la conducta de un sujeto. La ciencia es inductiva; se inicia con la observación y descripción de hechos y se organiza en base a numerosas observaciones y descripciones.

d. El conductismo y la fisiología: Hebb y Osgood

En su desarrollo histórico la psicología muestra su-habilidad para ser influida. Si Skinner deja entrever sus vínculos con la física, Hebb y Osgood tienden a identificarse más con la fisio­logía. Lo importante en ellos es su intento por explicar la conducta apoyándose en los substratos fisiológicos que supuestamente la determinan.



En 1949 D.O. Hebb publicó una de sus obras más impor­tantes: La organización de la conducta y en 1966, al asumir la presidencia de la APA, pronuncia un discurso impreso posterior­mente con el título La revolución norteamericana. En ambos trabajos existe una idea básica: continuar el estudio de la conducta basado en una concepción behaviorista pero asumiendo la posi­bilidad de investigar los procesos mentales superiores, como el pensamiento, descartados por el conductismo radical. Este señala­miento es importante porque constituye el pedestal básico de su teoría e investigaciones empíricas.

Hebb considera que existe un vínculo entre la psicología y las ciencias biológicas, entre la conducta y las funciones neura­les, y una especie de superposición entre los problemas de ambas disciplinas. En consecuencia, se requiere de una teoría conductual que busque las bases comunes a ambas ciencias ya que la mente sólo es comprensible si se le concibe como una actividad del cerebro; a su vez, el sistema nervioso se hace inteligible en la medida en que se comprenda tal característica de la conducta. Entonces, el problema básico requiere plantearse en dos direc-

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ciones: desde la perspectiva de la psicología está la interrogante relativa al pensamiento (como proceso no dependiente de la estimulación ambiental); desde el punto de vista de la fisiología, el problema es la transmisión de excitación sensorial desde el cortex sensitivo al cortex motor (Hebb, 1949).



De acuerdo a Hebb tanto la psicología como la fisiología han fracasado en el planteamiento de estos problemas, lo que se refleja en la existencia de teorías psicológicas inconsistentes e incapaces de tratar con eficacia numerosos datos conductuales relacionados con la percepción, el aprendizaje, el hambre, el sueño y la neurosis. -A fin de subsanar las deficiencias, Hebb asume una teoría que haga comprensible al pensamiento y otros procesos mentales superiores tomando a la fisiología como punto de partida para la explicación. De lo anterior se infieren dos aspectos básicos en la teoría de Hebb: el reduccionismo fisiológico y la posibilidad de estudiar el pensamiento desde un punto de vista conductista. En el fondo, se plantea el rescate de los procesos mentales supe­riores y reintroducir términos como mente, conciencia, sensación, percepción, sentimiento y emoción, considerados como variables intervinientes que forman parte de una psicología conductista. En el lenguaje de la teoría son procesos mediadores cuyos prototipos se encuentran en las asambleas celulares y las secuencias de fase. Tales procesos mediadores ejercen control en conductas no domi­nadas totalmente por los sentidos, como el pensamiento.

En base a esos supuestos, Hebb considera que su teoría es una forma de conexionismo no del tipo E-R, porque las conexiones se conciben como medios para establecer actividades centrales autó­nomas que-constituyen las bases del aprendizaje. No obstante, el propósito no es convertir al psicólogo en neurofisiólogo ya que es imposible sustituir concepciones psicológicas por concepciones neurofisiológicas, pero sí se puede establecer una traducibilidad de términos entre los dos niveles del discurso (Hebb, 1960).



Por su parte, Osgood (1953, 1957) genera una teoría comple­mentaria en muchos de sus aspectos a la de Hebb. Es una teoría que intenta explicar los procesos psicológicos en términos conduc­tistas y con supuestos alusivos al sistema nervioso central. La teoría comprende dos estadios: codificación y decodifi­cación, relacionado el primero con la recepción de información ambiental, mientras que el segundo alude a la elaboración de la respuesta. Estos dos estadios se completan con tres (proyección, interro,;ac órr y representación) que difieren en su grado de com­plejidad, desde un nivel muy simple que transmite información directa de los receptores al cortex y de éste a los efectores, hasta un nivel muy complejo constituido por un mecanismo mediacional

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(`m.-m) equivalente al significado. El nivel intermedio explica el aprendizaje en términos del condícionamiento clásico. La identi­ficación del significado con el mecanismo mediacional sugiere que las representaciones mentales son significativas y están organi­zadas en forma de jerarquías. Esta concepción del significado, complementada con un modelo de procesamiento de información, se ha utilizado para explicar la conducta verbal simbólica y es el fundamento de la técnica conocida como diferencial semántico, usada para medir el significado connotativo de las palabras.

e. El conductismo social

Otro enfoque conductista, elusivo del enfoque tradicional, está representado, entre otros por Bandura y Staats, autores estos que hacen énfasis en la interacción social y en las variables cognoscitivas que influyen sobre la conducta explícita. Se proponen construir una teoría comprensiva de la conducta sustentada en evidencias empíricas consistentes.



A. Bandura (1963, 1965, 1969, 1974) objeta las explicaciones acerca de la conducta que se centran en causas internas (como las teorías dinámicas) o en las causas externas (como el conduc­tismo tradicional). La conducta no depende exclusivamente de fuerzas internas ni de factores ambientales controlantes; tampoco el organismo reacciona automáticamente ante su medio ambiente. Existe una interacción recíproca entre la conducta, los factores ambientales controlantes y los procesos cognoscitivos reguladores. La teoría destaca el papel de los procesos cognoscitivos y de autorregulación y de la capacidad del hombre para representarse simbólicamente sus acciones y anticipar las consecuencias probables.

La concepción acerca de la conducta redunda en una explica­ción diferente respecto al proceso de aprendizaje y sus determi­nantes. La fuente básica de adquisición de conducta es la observación de las acciones de un modelo el cual es reforzado o castigado. El aprendizaje no se basa en experiencias directas sino en procesos vicarios complementados con funciones cognos­citivas como atención, retención, codificación y representación. Son relevantes las funciones intrínsecas del refuerzo, con su carácter de incentivo, el autorreforzamiento y la producción de hipótesis cognoscitivas para ser rechazadas o confirmadas. Consecuentemente, la conducta puede estar bajo el control de'los estímulos externos o del refuerzo pero también es regulada por sus consecuencias y las capacidades cognoscitivas del ser humano.

Es evidente que aunque Bandura acepta los fundamentos de la psicología como una ciencia natural, sus supuestos básicos lo


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alejan tanto del psicoanálisis como del conductismo tradicional. Se trata, más bien, de una posición integradora que toma en considera­ción eventos externos e internos en la determinación del comporta­miento. Por otra parte, Bandura destaca el carácter del aprendizaje y la importancia de la interacción entre observadores y modelos. La teoría ha encontrado aplicación en áreas como la psicoterapia, la conducta agresiva, la facilitación de conductas como el altruismo, la adquisición de estructuras gramaticales, y, más recientemente, en el estudio de la autoeficacia (Bandura, 1978).

Staats (1975) establece una línea conductista cuyo propósito es comprender la conducta recurriendo a principios del condicio­namiento clásico y a la forma como dichos principios actúan con­juntamente con las respuestas del organismo individual cuando los seres humanos interactúan en un contexto social.

La teoría se estructura alrededor del concepto de persona­lidad, considerada ésta como producto de la interacción entre el organismo y su ambiente. Los conceptos básicos aluden a los repertorios conductuales y a repertorios básicos adquiridos, los cuales se organizan jerárquicamente para asignar a la personalidad características y funciones de sistemas. Entre esos repertorios des­tacan la motivación, la emoción, el lenguaje, las actitudes, que se integran en el denominado sistema A-D-R (Activación - Drive - Respuesta).



Para Staats una teoría de la conducta humana debe propor­cionar los principios básicos para construir un modelo uniforme que permita explicar la forma como las personas se afectan mutuamente en el proceso de interacción social. El establecimiento de dichos principios conduciría a hipótesis empíricas sujetas a prueba y exigiría la extensión de la teoría conducual hacia las diversas áreas que han interesado a los investigadores en psicología social y ciencias sociales en general (Staats, 1975). Una de las áreas de aplicación de la teoría ha sido el estudio de las actitudes, basándose en evidencias empíricas relativas al condicionamiento verbal y en la relación existente entre actitudes y emociones, consideradas ambas como aprendidas por condicionamiento clásico y/o instrumental.

f) Algunas críticas al conductismo

Durante mucho tiempo el conductismo dominó la escena de la psicología contemporánea y la investigación predominante en el área se orientó, en gran parte, por los preceptos y cánones conduc­

tistas. No obstante, en los últimos años la psicología conductista ha sido objeto de críticas severas provenientes de tendencias que

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alejan tanto del psicoanálisis como del conductismo tradicional. Se trata, más bien, de una posición integradora que toma en considera­ción eventos externos e internos en la determinación del comporta­miento. Por otra parte, Bandura destaca el carácter del aprendizaje y la importancia de la interacción entre observadores y modelos. La teoría ha encontrado aplicación en áreas como la psicoterapia, la conducta agresiva, la facilitación de conductas como el altruismo, la adquisición de estructuras gramaticales, y, más recientemente, en el estudio de la autoeficacia (Bandura, 1978).

Staats (1975) establece una línea conductista cuyo propósito es comprender la conducta recurriendo a principios del condicio­namiento clásico y a la forma como dichos principios actúan con­juntamente con las respuestas del organismo individual cuando los seres humanos interactúan en un contexto social.

La teoría se estructura alrededor del concepto de persona­lidad, considerada ésta como producto de la interacción entre el organismo y su ambiente. Los conceptos básicos aluden a los repertorios conductuales y a repertorios básicos adquiridos, los cuales se organizan jerárquicamente para asignar a la personalidad características y funciones de sistemas. Entre esos repertorios des­tacan la motivación, la emoción, el lenguaje, las actitudes, que se integran en el denominado sistema A-D-R (Activación - Drive - Respuesta).



Para Staats una teoría de la conducta humana debe propor­cionar los principios básicos para construir un modelo uniforme que permita explicar la forma como las personas se afectan mutuamente en el proceso de interacción social. El establecimiento de dichos principios conduciría a hipótesis empíricas sujetas a prueba y exigiría la extensión de la teoría conducual hacia las diversas áreas que han interesado a los investigadores en psicología social y ciencias sociales en general (Staats, 1975). Una de las áreas de aplicación de la teoría ha sido el estudio de las actitudes, basándose en evidencias empíricas relativas al condicionamiento verbal y en la relación existente entre actitudes y emociones, consideradas ambas como aprendidas por condicionamiento clásico y/o instrumental.

f) Algunas críticas al conductismo

Durante mucho tiempo el conductismo dominó la escena de la psicología contemporánea y la investigación predominante en el área se orientó, en gran parte, por los preceptos y cánones conduc­

tistas. No obstante, en los últimos años la psicología conductista ha sido objeto de críticas severas provenientes de tendencias que

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se basan en las limitaciones del conductismo al considerar al hombre desde una perspectiva mecanicista, descartando la importancia de las variables internas en la determinación de la conducta. También se han cuestionado sus fundamentos teóricos y metodológicos.

Guttman (1977) se refiere a la generalidad de los principios conductistas y a lo limitado de su validez para explicar o describir el alcance de los fenómenos que abarca. El autor afirma:



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