La psicologia y sus multiples objetos de estudio armando navarro



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las ideas de Descartes, Spinoza y Leibniz, asumió que la razón constituye el principal medio de conocimiento a partir de verdades a priori, axiomáticas, de índole innata. En oposición el empirismo de Hobbes v Locke consideró que la experiencia sensorial es la fuente del conocimiento, rechazando, en mayor o menor grado, las ideas innatas y enfatizando en la observa­ción y la evidencia empírica. Esa diferencia entre raciona­lismo y empirismo es importante porque ha sido el punto de partida para la existencia de tendencias diferenciales en psicología. Los enfoques de raigambre racionalista han enfatizado la impor­tancia de lo innato, de los fenómenos de conciencia y los datos subjetivos, de las capacidades del hombre para auto-dirigirse y de las características molares de los procesos psicológicos. Las orientaciones de índole empirista, en cambio, resaltan el valor del aprendizaje, de los fenómenos conductuales y los datos objeti­vos, del determinismo de la conducta y del análisis molecular del hecho psicológico. Así, el racionalismo ha dado origen a tendencias psicológicas centradas en el sujeto, en lo subjetivo, como la psicología de la gestalt y la psicología humanística, iden­tificándose con los métodos fenomenológicos y comprensivos v aceptando principios de naturaleza innata como las leyes gestál­ticas de organización perceptual; por su parte, el empirismo ha originado tendencias psicológicas centradas en el objeto, en lo observable, con énfasis en la interacción del hombre con su medio ambiente y en su capacidad para ser modificado a través de esa experiencia. Los psicólogos actuales de orientación conductista ejemplifican la subsistencia del empirismo en psicología, aunque difieren en algunos supuestos respecto a su objeto. En ese sentido la psicología empirista del siglo xvii destaca la mente como objeto de estudio y el papel de la introspección como método. Su diferencia con la psicología anterior radicó, en parte, en la sustitución del alma por la mente y del análisis filosófico­racional por la auto-observación de los fenómenos conscientes. Sin embargo, la psicología del siglo xvti aún era subjetiva en cuanto a su objeto y método y la prédica empirista fue sólo teórica ya que no se realizaron experimentos planificados para verificar los enunciados propuestos acerca de la mente.

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7. EL SIGLO XVIII

A fines del siglo xvn y comienzos del xvni el auge alcanzado por la ciencia entró en una fase de debilitamiento en la mayor parte de los países europeos. Las causas de ese debilita­

miento radicaron en factores inherentes a la misma ciencia y en factores de orden económico, político y social. Entre estos últimos destacaron la sustitución de los comerciantes nobles por una generación más rica pero menos emprendedora y con poco espí­ritu de investigación. Por otra parte durante ese período los manufactureros que destacarían a esa aristocracia aún no eran conscientes de las posibilidades ni siquiera de la existencia de la ciencia. Como dice Bernal, refiriéndose a los manufactureros, "en la primera parte del siglo xvin se preocupaban de desarrollar y utilizar métodos técnicos mejorados, en su mayoría accionados a mano, para hacer frente a la creciente demanda de tejidos y artículos manufacturados" (p. 391).

Sin embargo, el reposo de la ciencia contrastó con progreso tecnológico acelerado, como el perfeccionamiento de los procedi­mientos agrícolas con su correlativo aumento en la producción

y un incremento en las ganancias derivadas del comercio. De gran importancia fue la expansión de la industria pesada, basada en la hulla, con métodos novedosos para la explotación del hierro y el acero. A ello se añadió la invención de la máquina de vapor y la sustitución de la hulla por el carbón vegetal en la producción y tratamiento del hierro. Estos avances marcaron el paso de una economía fundamentada en la tierra y la alimen­tación hacia un sistema económico centrado en los yacimientos de hulla y la energía. Por otra parte, en países como Escocia e Inglaterra, esos factores se constituyeron en los precursores inme­diatos de la Revolución Industrial. En otros países como en Francía se observó un crecimiento de la industria artesanal, mientras que la máquina de vapor sólo se empleó en las obras hidráulicas reales.

En los primeros sesenta años del siglo xvtii hubo una creciente difusión de la ciencia estableciéndose academias en

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países como Alemania, Austria, Suecia y Rusia acabando así con el monopolio que al respecto habían mantenido Francia, Holanda e Inglaterra. En Rusia, por ejemplo, el progreso de la ciencia durante este siglo alcanzó su máxima expresión en la figura de M. Lomonosov (1711 - 1765), poeta, técnico, físico y líder de una serie de grandes científicos rusos.



En este lapso cabe destacar el uso generalizado que se hizo de la mecánica newtoniana, combinada con los principios matemáticos de Leibniz, resolviéndose problemas de la física como los relativos con la electricidad v el calor. Particularmente avanzan la electricidad y la botánica. -En la electricidad ocurrió la espectacular invención del pararrayos por B. Franklyn y en la botánica, Linneo difundió esa disciplina liberándola de su carácter herbolario tradicional.

En los últimos cuarenta años del siglo xvrii ocurren intensos cambios sociales y científicos. En el orden social los aconteci­mientos más significativos fueron la Revolución Industrial en la Gran Bretaña y las revoluciones políticas de Norteamérica y Francia. Ambos movimientos produjeron cambios importantes en las formas de producción económica, en lo científico y en lo tecnológico. Estos diversos aspectos del cambio social no fueron azarosos. Como afirma J. Bernal. cuanto más estrechamente se examinan las relaciones entre la ciencia, la técnica y la economía, más claramente se ve que forman un proceso único de transfor­mación de la cultura. Fue entonces cuando se dio el cambio decisivo en el dominio del hombre sobre la naturaleza, en la doble sustitución de la mano del hombre por múltiples mecanismos y de las débiles fuerzas del hombre y del animal y las incons­tantes y localizadas fuerzas del viento y del agua por la máquina de vapor.

7. l. LA FILOSOFIA Y LA PSICOLOGIA

En el marco de la filosofía y la psicología, el siglo xvtii fue significativo porque implicó una prolongación del empirismo inglés complementándolo con el asociacionismo de Hume y llartley y el solipsismo de Berkeley. También se generó un movi­miento crítico contra los fundamentos del empirismo destacándose los planteamientos de T. Reid, las nociones de la psicología de las facultades y las ideas de Condillac y Cabanis, alcanzando su punto máximo de desarrollo en el trascendentalismo de E. Kant.

Jorge Berkeley (1685 - 1753) al igual que Locke consideró que la experiencia constituye el medio primario para el conoci­miento del mundo, pero a diferencia de su antecesor rechazó la

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existencia de las denominadas cualidades primarias, asignándoles carácter de realidad a las cualidades secundarias. En consecuencia, todo conocimiento es función de la persona o sujeto experienciante. Con esta afirmación, Berkeley sustentó un estricto idealismo de orden mentalista con énfasis en el fenómeno mental puro. También consideró que la percepción es la única realidad de la cual pode­mos tener certeza, de allí la imposibilidad de conocer con exactitud la naturaleza de los objetos físicos que se revelan al mundo expe­riencia(. Lo único que sabemos es cómo percibimos esos objetos y como la percepción es individual y subjetiva, ella no se consti­tuye en un espejo que refleja al mundo real. Partiendo de esas consideraciones, Berkeley consideró que un objeto físico no es más que un conjunto de sensaciones que hemos experienciado al mismo tiempo siendo el mundo experiencia) la suma de nuestras sensaciones. Esta posición de Berkeley, además de su naturaleza mentalísta ha sido conocida como el de solipsismo, teoría según la cual el mundo sólo existe en la mente de quien lo percibe. Por otra parte el solipsismo berkeliano negó enfáticamente la posi­bilidad de conocer al mundo físico objetivo:

No hay sustancias materiales de las cuales podamos estar seguros, porque si descartamos la percepción las cualidades desapar(-en; las cosas existen sólo en la medida en que son percibidas.

Estas ideas de Berkeley se encuentran expuestas en su obra Tratado acerca de los principios del conocimiento humano (1710).

David Hume ;1711 - 1776) en 1739 publica su obra de mayor influencia en la psicología: Tratado sobre la naturaleza humana. Reenfatizó el concepto de Locke según el cual las ideas complejas constituyen un compuesto de ideas simples, acentuando de esa forma el supuesto de la asociación, de la misma forma que coincidió con Berkeley en el punto de vista según el cual el mundo físico tiene existencia real sólo cuando es percibido. Sin embargo, rechazó la consideración de la mente como algo material concep­tualizándola como una categoría de naturaleza secundaria y, por lo tanto, observable sólo a través de la percepción. Para Hume, la mente no es algo más que un flujo de ideas, sensaciones, memorias, etc. De gran importancia para la psicología fue la distinción entre dos tipos de contenidos mentales: impresiones e ideas. Las impre­siones son los componentes básicos de la vida mental, equivaliendo a lo que en el lenguaje de la psicología contemporánea se deno­mina sensación y percepción. La idea es la experiencia mental que se tiene en ausencia de cualquier objeto físico que sirva como estímulo; en otras palabras, la idea es equivalente a la imagen.

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Pero lo más importante es que para Hume estos dos tipos de conte­nidos no difieran en cuanto a su naturaleza u origen sino en lo concerniente a su fuerza o vivacidad: las impresiones son fuertes y vividas, mientras que las ideas son relativamente débiles ya que son copias de las impresiones. Tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples o complejas pero, mientras las ideas simples se parecen a las impresiones del mismo orden, las ideas complejas incluyen una combinación de impresiones simples orga­nizadas en forma novedosa. Las ideas complejas se forman a partir de las ideas simples debido a los mecanismos de la asocia­ción, dentro de los que destacan las leyes de asociación por similitud y por contigüidad en el tiempo y/o en el espacio.



David Hartley (1705 - 1757) publicó en 1749 el libro que ha sido considerado el primer discurso sistemático acerca del asociacionismo: Observaciones acerca del hombre, su contexto, su deber y sus expectativas. Su importancia para la psicología no radica tanto en su originalidad sino en el orden y sistematización que hizo de los principios básicos del asociacionismo. Consideró a la contigüidad como la principal ley de la asociación y mediante ella explicó procesos como la memoria, el razonamiento, las emo­ciones y las acciones voluntarias e involuntarias. Sin embargo, sostuvo que la repetición también es básica como ley complemen­taria a la contigüidad. Concordó con Locke al sostener que todas las ideas y conocimientos se derivan de la experiencia senso­rial; no existen asociaciones en el momento del nacimiento. A medida que el niño crece y acumula una variedad de experiencias sensoriales, se forman cadenas de asociaciones cada vez más com­plejas. De esa forma los procesos mentales superiores pueden explicarse reduciéndolos a los elementos o átomos a partir de los cuales se han formado. Queda claro que la concepción de Hartley, además de asociacionista, comparte un estricto atomismo y elementalísmo

7.2. LA REACCION CONTRA EL EMPIRISMO

Durante el mismo siglo xvrir el pensamiento intelectual de Inglaterra y otras latitudes manifestó una serie de reacciones cuyo principal propósito consistía en analizpr críticamente los supuestos del empirismo y del asociacionismo. Tomás Reid (1710

Atomismo. Un punto de vista que considera que los procesos psico­lógicos o estados mentales pueden ser reducidos a sus componentes o elementos discretos. Usese en este contexto como sinónimo de elementalismo.

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1796, filósofo escocés, reaccionó en parte contra el escepticismo de Hume y enfatizó la existencia de la mente, de la capacidad para recibir objetos reales y de la aptitud para pensar y actuar racionalmente. Asumió también la existencia en el niño de una aptitud innata para el conocimiento del bien y del mal y la posibilidad de libre elección entre uno y otro. El propósito de Reid era doble: por una parte buscaba socavar los principios del asociacionismo y por otra se proponía crear un sistema basado en la confianza de las capacidades intelectuales y la observación cotidiana.

En Alemania la llamada psicología de las facultades com­partió una posición similar a la de Reid. El principal vocero de esta tendencia fue Ch. Wolff (1679 - 1754), cuya manera de conceptualizar los problemas filosóficos influyó posteriormente en pensadores de la talla de Kant. Wolff (citado en Zusne, 1975) escribió dos libros, Psicología empírica (1732) y Psicología racional (1734). De acuerdo a Wolff, la psicología racional proviene de la metafísica y de las experiencias del alma y se funda­menta más en la experiencia; la psicología empírica trata más de la relación entre el alma y el cuerpo del hombre, fundamentán­dose más en la experiencia que en la razón. Sostiene que la psicología racional es superior a la psicología empírica porque proporciona ideas claras y distintivas, en contraste con la vaguedad y oscuridad de los conceptos manejados por la psicología empírica (Zusne, 1975). El supuesto básico es que el alma está constituida por distintas facultades, cada una de las cuales es una capacidad que le permite ejecutar una actividad específica aunque el alma continúe comportándose como una unidad. La psicología de Wolff durante mucho tiempo influyó en las concepciones educativas que consideraban que el uso de ciertas materias y actividades estimulaban el desarrollo de determinadas facultades mentales. Así mismo, la testología, que se basa en la consideración de aptitudes diferenciales, se convierte en una proyección más reciente de la vieja psicología de las facultades.

En Francia, Condillac (1715 - 1780), filósofo empirista y sensacionalista, estableció la psicología empírica de Locke. Sus principales aportes están sintetizados en sus Ensayos acerca de

la conciencia humana (1746) y Tratado acerca de las sensaciones (1754). Partiendo de la idea lockeana según la cual la sensación constituye la fuente primaria del conocimiento, consideró a esas sensaciones como suficientes para explicar el funcionamiento de la vida mental sin necesidad de recurrir a los principios de asocia­ción. Es también suya la consideración de la mente como una unidad, aunque constituida por un conjunto de partes de interac-

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ción recíproca. Esa ínteracción recíproca entre las partes sirve para explicar todas las funciones mentales concebibles.

Por su parte, Cabanis (1757 - 1808), en su intento por resolver el problema de si las víctimas sentían dolor al ser ejecutadas con la guillotina, derivó una teoría sustentada en el concepto de niveles fisiológicos ordenados, jerárquicamente de acuerdo a su complejidad. El nivel más simple, constituido por la médula espinal, es el nivel de los actos reflejos en respuesta a estímulos; el segundo nivel corresponde a las funciones semi­inconscientes o semiintegradas y el nivel más complejo que implica la acción del cerebro controla funciones como el pensamiento y la volición. Después de postular esos niveles, Cabanis explicó las actividades cerebrales considerándolas análogas a las acti­vidades elementales en el sentido de estar regidas ambas por principios mecánicos. De esa forma intenta construir una psico­logía fisiológica 3 sistemática, complementada con un enfoque genético según el cual el aumento de la complejidad del sistema nervioso se correlaciona con un incremento en la complejidad de las funciones mentales. También concibió la idea de una psicología social basada en las leyes de la conducta individual y en la inter­acción social. En la psicología francesa de esa época destacó también F. Pinel (1755 - 1826) quien cambió la concepción metafísica o satánica de la locura por un punto de vista donde resaltan el concepto de enfermedad, la interacción entre trastornos cerebrales y trastornos mentales y el intento de elaborar una taxonomía de las enfermedades psíquicas.

En la psicología alemana de la época destacó la figura de Emmanuel Kant (1724 - 1804), uno de los grandes genios en la historia del pensamiento universal. De acuerdo a Kant, el mundo cognoscible es ordenado y ese orden aunque no proviene de la experiencia tiene existencia real. El orden proviene del espíritu, el cual impone -sus propias leyes a la naturaleza. A su vez, hay dos fuentes de experiencia: las cosas, como son en sí mismas, y el espíritu. El punto de partida de la experiencia es la acción de las cosas sobre los sentidos, pero al iniciarse esa acción entra en juego un mecanismo que impide que los objetos sean conocidos por sí mismos independientemente de nuestras formas de conoci­miento. En consecuencia, el contenido de la experiencia está determinado por la sensación pero su orden y estructura depende de la mente. Todo lo que ingresa a la experiencia es ordenado

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Psicología fisiológica. Rama de investigación en psicología cuyo propó­sito consiste en establecer las relaciones básicas existentes entre los procesos orgánicos-fisiológicos y los procesos de orden psicológico.



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por la mente según una serie de leyes que incluyen en primera instancia a la percepción e intuición inmediatas de carácter subje­tivo; luego está el orden lógico determinado por las categorías del entendimiento; y finalmente, la acción del yo que apercibe los contenidos de la experiencia. Ello implica que el orden y coherencia que se observan en la naturaleza son impuestos por el sujeto perceptor. De donde se deduce la imposibilidad de conocer las cosas en sí, tal y como son. El conocimiento que se tiene de las cosas depende de cómo ellas se revelen a la experiencia.

La naturaleza nunca puede ser descubierta; la realidad, tal como existe fuera de nuestra experiencia, está siempre más allá de nuestro alcance. Un conocimiento verdaderamente metafísico es imposible; sólo el conocimiento empírico es asequible. Nunca nos será dable conocer el mundo tal como es en sí mismo, como existe fuera de nuestros modos de conocer (Heidbreder, pp. 47 - 48).

La filosofía kantiana ha sido conocida, históricamente con el nombre de filosofía trascendental. Ello se debe, como afirma Murphy, a que sus principios explicativos quedan fuera del conte­nido de cualquier experiencia particular. "Lo que es trascendental es necesario y universalmente válido" (Murphy, p. 64). Lo más importante es que Kant se adscribe a una discusión crítica del empirismo considerando que la experiencia en sí misma era un caos a menos que se tomaran en cuenta las leyes trascendentales del espíritu. Es también importante la distinción que estableció Kant entre noumenos y fenómenos, connotando con el primero a los hechos tal y como existen en la realidad exterior, mientras que el fenómeno alude al reflejo de esos hechos en la conciencia del sujeto cognoscente. De esa forma, Kant concibió un racionalismo fenomenológico donde resaltan las formas a priori de conoci­miento y las representaciones que el sujeto cognoscente hace de los hechos objeto de su percepción.

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8. EL SIGLO XIX



El camino recorrido hasta aquí sugiere que la psicología ha evolucionado en forma paralela al desarrollo del pensamiento humano, especialmente en conexión con cambios ocurridos en la filosofía, la economía, la política, la ciencia, la tecnología y la cultura en general. A comienzos del siglo xix la psicología está profundamente influida por el empirismo inglés y el asociacio­nismo de los siglos xvri y XVIII, aunque en esencia era una disciplina de índole racionalista. Cabe afirmar que en sus supues­tos básicos el empirismo preconizaba la experiencia como medio de conocimiento, sin embargo la derivación de dicho conocimiento quedaba bajo el control casi exclusivo de la razón. La psicología, al iniciarse el siglo xix, era una psicología introspectiva v su método racional sustentaba la obtención de conocimientos válidos en la auto-observación o examen que un sujeto hace de su propia experiencia y/o con proposiciones previas consideradas ciertas. Los datos se referían al contenido de la conciencia individual, a lo que ocurre en la mente de una persona cuando percibe, razona, recuerda o soluciona un problema. Normalmente los esta­dos conscientes se conceptualizaban desde una óptica dualista, estando por una parte quienes creían que dichos estados se rela­cionaban con procesos físicos y por otra los que afirmaban su irreductibilidad a eventos de naturaleza física o química. Hay otras características que tipifican a esta psicología. Entre ellas cabe destacar su naturaleza sensualista. Al asumir que los procesos podían entenderse en términos de sensaciones e imágenes prove­nientes de dichas sensaciones. El énfasis en las sensaciones e imágenes suponía un enfoque atomista y analítico respecto a la descripción de la conciencia: "Analizar los elementos básicos de la mente consciente era la tarea primordial del psicólogo" (Thomsón, 1969). Este criterio analítico requería un principio de conexión entre los elementos, recurriéndose a las leyes de asocia­ción y delimitando una concepción asociacionista de la psicología. No obstante, en algunos casos se consideraba que la estructura y organización estaba determinada por principios inmanentes como

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los descritos por Kant con su idealismo trascendental. Finalmente, había una tendencia general hacia el intelectualismo, en el sentido de descartar el papel de la conciencia, de la racionalidad del hombre y de la introspección.

Sin embargo, hay que esperar el transcurrir del siglo xtx para que la psicología pierda su carácter de ciencia racional y se aproxime más a las exigencias de una ciencia empírica. Pero el

paso que permite ir a otro tipo de psicología no ocurre en el vacío. Además de la larga tradición ya descrita en el siglo xtx, antes de establecer la psicología experimental, hay diversas influen­cias que actúan como determinantes del cambio. En los próximos epígrafes se presentarán algunas de las más significativas.

8.1. LA INFLUENCIA DE LA FILOSOFIA

En las primeras décadas del siglo xix influyeron pensadores como T. Brown, J. Mill, J. S. Mill, A. Bain, J. F. Herbart y H. Lotze. Más avanzado el siglo, el surgimiento del positivismo comtiano y el desarrollo de la filosofía materialista, conjuntamente con la teoría de la evolución y la psicofísica fueron factores deci­sivos.

Tomás Brown (1778 - 1820), representó una especie de vínculo entre el asociacionismo mecanicista y analítico de Hume y Hartley y la escuela escocesa de T. Reid, autor este que enfati­zaba la unidad del alma y de las actividades de la mente humana. Pero más importante fue que Brown, intenta producir modifica­ciones sustantivas en el asociacionismo, pero manteniéndose aún dentro de sus límites. Sustituye la asociación por lo que él deno­mina principios de coexistencia, pero al mismo tiempo compartió la clasificación hecha por Locke entre ideas derivadas de los sentidos e ideas provenientes de la reflexión 4. Otras modifica­ciones del asociacionismo fue añadir a las leyes generales de asociación (contigüidad, semejanza y contraste) leyes secundarias como la duración, la frecuencia relativa, la viveza relativa, la proximidad temporal y el número de asociaciones alternas. Otras leyes secundarias aludieron a diferencias individuales en términos de constitución, emociones e intereses, equilibrio psicológico, costumbres y predisposiciones. Brown también considera al sentido muscular como fuente de sensaciones e incluye las sensaciones



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Principio de coexistencia. Principio según el cual un suceso moral sugiere a otro, bien sea por contraste o por semejanza, o sencillamente por proximidad temporal o de lugar.

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sinestésicas en su teoría acerca de la percepción del espacio s. Las ideas básicas de Brown están expresadas en sus Lecturas sobre la filosofía de la mente humana (1820), publicadas el mismo año de su muerte.

James Mill (1775 - 1836) en sus supuestos fundamentales se adscribió a la tradición creada por Hume y Hartley. Al igual que ellos consideró a la conciencia como constituida por dos

tipos de elementos: sensaciones e ideas, afirmando que todo proceso, psíquico es el resultado de elaborar los elementos mediante los mecanismos de asociación, los cuales ocurren en la mente debido a la contigüidad y a las formas de reacción. El prin­cipio de contigüidad en el sistema de J. Mill fue la clave para explicar la asociación. Como afirma Thomson, refiriéndose a Mill, "el único principio que afecta la asociación es el de la contigüidad: el hecho de que A y B coincidan temporal o espacial­mente es la única base de la asociación" (p. 25).

J. S. Mill (1806 - 1873), aunque aceptaba en gran parte el asociacionismo sustentado por su padre, reaccionó contra su enfoque mecanicista y elementalista. Para J. S. Mill, en el proceso asociativo de adquisición de conocimientos la mente desempeña un papel activo. Tampoco las ideas complejas son un simple resultado de la suma o combinación de las ideas elementales, porque las ideas complejas contienen una cualidad nueva que no está presente en los elementos originales. Es decir, existe una síntesis creativa en la que los elementos mentales siempre producen algo nuevo (Schultz, 1969). De igual forma, la asocia­ción es una especie de "química mental", donde lo asociado no equivale a la suma de sus partes; la asociación puede generar productos novedosos, con propiedades emergentes, de la misma forma que dos sustancias químicas se combinan y producen una nueva con características propias.

En 1855, Alexander Bain (1818 - 1903) publica un libro titulado Los sentidos y el intelecto y posteriormente publica Las emociones y el deseo (1859), obras estas contentivas de una psicología que en su esencia tendía a alejarse de la tradición asocia­cionista. Destacó, en Bain, un interés por fundamentar la psicolo­gía en el cerebro y el sistema nervioso, afirmando que la mente en su totalidad depende de condiciones corporales. El énfasis en los mecanismos fisiológicos subyacentes al comportamiento lo llevó -a preocuparse por el movimiento y la actividad. Concibió al organismo como fundamentalmente activo y diná­

Sensaciones sinestésicas. Sensaciones derivadas de la actividad de músculos y glándulas.

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mico cuya actividad depende de factores direccionales como los estímulos, y de factores organizacionales como los hábitos y las emociones. Fue quien primero introdujo al aprendizaje y los hábitos como tema central de la psicología. Su idea, según la cual el aprendizaje comienza con actividades azarosas que pueden repetirse o abandonarse según ocasionen éxito o frustración, fue un antecedente inmediato de la "Ley del efecto", desarrollada posteriormente por Thorndike 6.

Mientras tanto, en Alemania, otros esfuerzos estimularon el surgimiento de la psicologla científica. J. F. Herbart '(1776 - 1841) proclamó que la psicología es una ciencia que debía basarse en la experiencia, la matemática y la metafísica, y al mismo tiempo debía independizarse de la filosofía y la fisiología. Aunque negó la posibilidad de la psicología como ciencia experimental, la con­cibió desde una perspectiva científica al asumir que los procesos mentales podían describirse en términos matemáticos. No obstante su basamento metafísico, Herbart conceptualizó a la psicología en términos mecanicístas, considerando 'a los estados mentales como la resultante de una interación entre las ideas. Las ideas son fuerzas que no se combinan en forma pasiva; su combinación con­lleva un dinamismo y una complejidad no considerados por el asociacionismo tradicional. Consideró que las ideas poseían una fuerza a la que denominó masa aperceptiva. La masa aperceptiva se refiere a dos procesos, según el elemento percibido se derive del interior o del exterior. En ambos casos, el proceso tiene el mismo carácter: un nuevo elemento relativamente inestable es admitido dentro de un conjunto existente de presentaciones y se incorpora así el cuerpo permanente de presentaciones. Cuando el nuevo elemento llega desde afuera, el proceso comienza con una afección sensorial que al principio constituye solamente un hecho en la conciencia; la apercepción la convierte en una parte de la conciencia porque la afección sensorial suscita la actividad del yo como complejo de presentaciones, complejo con el cual el nuevo elemento debe fusionarse para no extinguirse (Brett, 1972). Las ideas en la mente pueden inhibirse unas a otras y ello ocurre cuando la fuerza de la apercepción cambia lo cual hace que la intensidad de la idea no sea lo suficientemente relevante como

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6 Ley del efecto. De acuerdo a Thorndike (1874-1949), la ley del efecto se refiere al fortalecimiento o debibtamiento de una conexión entre un estímulo y una respuesta, en virtud de sus consecuencias. Cuando se establece una conexión modificable y va acompañada o seguida de un estado de cosas satisfactorio, la fuerza de la conexión aumenta; si se establece la conexión y va seguida de un estado de cosas molesto, la fuerza disminuye.



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­­para ascender a la conciencia. Así Herbart introduce la noción de umbral, concepto que se constituye en el constructo básico de las tendencias psicofísicas 7. La idea del umbral de conciencia también implicaba la noción correlativa de procesos mentales inconscientes. Otro autor alemán que influyó en la psicología de su época fue H. Lotze (1817 - 1881), con su teoría de los signos locales para explicar la percepción del espacio. Aunque orientado dentro de un enfoque nativista, Lotze consideró a la mente como genera­dora de experiencia espacial a partir de información no espacial.

8.2. AUGUSTO COMTE Y EL POSITIVISMO

El positivismo, creado por Augusto Comte (1798 - 1857), fue el movimiento filosófico intelectual predominante en la segunda mitad del siglo xix y sus antecedentes históricos se remontan a Descartes, Bacon, Kant y el iluminismo francés. Como posición epistemológica y gnoseológica dos rasgos caracterizaron al positivismo: rechazo por la metafísica y la exigencia según la cual toda investigación debe atenerse a los hechos, a la realidad. Ambos rasgos se funden en un principio positivista general de orden gnoseológico:

No hay más saber, en el recto y estricto sentido de la palabra, que el científico (el de la ciencia natural), cualquier presunto género de conocimiento que no responde al tipo de norma­tividad metodológica o no reproduzca el modelo lógico estructural de aquél es pura logomaquia sin contenido real (Rodríguez Huéscar, 1972).

El principio positivista general repercutió en la concepción de Comte hacia la filosofía, la cual quedaría anulada si se le seguía considerando en la forma tradicional. Para el positivismo no debieron existir diferencias entre ciencia y filosofía, siempre y cuando se diera a la filosofía un nuevo sentido equivalente al de ciencia. Esta actitud que implicaba el sometimiento de la filosofía a los cánones del conocimiento científico se conoce con el nombre de cientificismo (scientismo) y constituye una constante en la mayor parte de las grandes corrientes de pensamiento des­arrolladas a partir del siglo xviir, entre las que destacaron el idealismo trascendental de Kant, la fenomenología de Husserl y

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7 Umbral. En el lenguaje de la psicofísica contemporánea alude a la intensidad mínima que debe poseer un estímulo para poder producir rana respuesta en el organismo o para ser percibido.

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el neopositivismo del siglo XX. En todos estos casos se esti­muló la filosofía como una reflexión acerca de la ciencia o como coordinación y sistematización de los resultados de las ciencias particulares cuyo conjunto orgánico sería la ciencia univer­sal. Se establecería así una diferencia entre ciencia y filosofía de la ciencia, donde la ciencia se ocuparía de proporcionar conoci­miento fáctico respecto a objetos naturales utilizando métodos empíricos, mientras que la filosofía de la ciencia, como disciplina formal, se ocuparía del análisis de la validez del conocimiento científico tanto en sus aspectos sintácticos como semánticos. Los objetos de la. filosofía serían símbolos de los eventos concretos, su método sería demostrativo antes que empírico y se expresaría mediante proposiciones analíticas antes que mediante propo­siciones sintéticas.

Como postura epistemológica el positivismo comtiano esta­bleció un conjunto de requisitos cuyo cumplimiento era indispen­sable para que un conocimiento sea considerado como científico. El primer principio, que a su vez constituye el postulado positivista fundamental, sostuvo que el conocimiento filosófico debe ceñirse a lo que es accesible a la inteligencia; es decir, a lo que puede ser conocido. Para Comte lo accesible a la inteligencia son los hechos. Y los hechos son los acontecimientos que pueden ser observados, los objetos o fenómenos que se dan a la experiencia. Este principio puede conceptualizarse como el supuesto de la "exigencia de la realidad", el cual exige que toda proposición para ser significativa debe ser un simple enunciado acerca de un hecho particular o general. En otras palabras, los enunciados científicos deben ser empíricos. Sin embargo, de acuerdo a Comte, el carácter empírico de la ciencia no significa limitar la misma a una simple acumulación de proposiciones incoherentes acerca de los hechos; también se requiere deducir algunos hechos de otros, lo que supone un componente racional en el conocimiento positivo. Por otra parte, se asumió que el modelo para el conoci­miento positivo es el que suministran las ciencias naturales, cono­cimiento que se orienta hacia el descubrimiento de las leyes o regularidades que existen entre los fenómenos observados. El conocimiento positivo y la exigencia de la realidad implica de esa forma un determinismo causal y un materialismo.

Una segunda característica general del conocimiento positivo es su utilidad, lo que en el lenguaje de Comte significaba que el verdadero conocimiento no tiene un fin en sí mismo sino que propende hacia el mejoramiento continuo del hombre en su doble condición de ser individual y social. El naturalismo y el

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realismo se complementan con un humanismo donde el fin último de la investigación lo constituye el hombre:

Al comienzo y al término del conocimiento se encuentra, pues, siempre la acción y la exigencia de nuestras verdaderas necesidades. El conocimiento no puede ser, por tanto, arbitrario devaneo intelectual o frívola curiosidad, sino que tiene la gravedad de aquello en que va jugado el destino del hombre (Rodríguez Huéscar, p. l9).

Otros dos supuestos del positivismo son la historicidad del hombre y la relatividad del conocimiento, ambos vinculados con la idea de progreso. El saber acerca de los fenómenos no es abso­luto sino relativo a nuestra individualidad y a nuestra organi­zación, pero los fenómenos humanos son también de orden social y el conocimiento está subordinado al conjunto del progreso social. Según Comte (citado por Rodríguez Huéscar, 1972):

El espíritu positivo, en virtud de su naturaleza eminentemente relativa, puede, únicamente, representar todas las grandes épocas históricas como otras tantas fases determinadas de una misma evolución fundamental, en que cada una resulta de la precedente y prepara la siguiente según leyes invariables, que fijan su participación especial en el común adelanto... (p. 21).

A partir de la idea de progreso y el carácter histórico relativo del conocimiento positivo, un aporte considerable de Comte fue su concepción monista-naturalista de la ciencia, según la cual todas

las ciencias constituyen una unidad a partir de una jerarquía en cuya base están la física y la química, luego las ciencias bioló­gicas y en la cúspide las ciencias sociales y la psicología, aunque conviene recordar respecto a esta última que Comte no la consi­deró meritoria de ser ciencia dada la naturaleza metafísica de su objeto de estudio. Esa jerarquía tiene como base la complejidad de la materia pertinente a cada ciencia; así, la física y la química estudian las manifestaciones más elementales de la materia, mien­tras que los fenómenos de interés para las ciencias sociales son tan complejos que incluyen lo biológico y lo fisicoquímico. El ideal en cuanto a conocimiento sería que las ciencias más com­plejas pudieran explicarse y expresarse en función de las más simples. Este supuesto es el origen del reducciónismo y el fisica­lismo sobre el cual se apoyaron más tarde los representantes del positivismo lógico.

El conocimiento positivo representa el estado más avanzado del conocimiento y está precedido, tanto a nivel del individuo como de la especie, por dos estados más: el teológico y el meta-

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físico. En el estado teológico predomina la predilección por problemas insolubles y por tópicos inaccesibles a una investiga­ción decisiva y rigurosa. Esta fase teológica se corresponde con los albores de la inteligencia humana y a pesar de comprender varias fases, todas ellas presentan una característica común: la búsqueda de las causas últimas o universales subyacentes en todos los fenómenos. En una primera fase el principio absoluto se reduce a un ente material (tierra, agua o fuego) como es el caso de los antiguos cosmólogos griegos. Posteriormente el punto de vista teológico se revela en el fetichismo, donde se atribuye a los objetos externos una vida análoga a la del hombre pero casi siempre más enérgica y poderosa en cuanto a acciones. Según Comte, la adoración a los astros es ilustrativa de esa forma de pensamiento. Luego el pensamiento teológico se revela mediante el politeísmo y el monoteísmo. En el politeísmo el alma atribuida a los objetos exteriores se traslada a diversos seres ficticios, habitualmente invisibles, cuya actividad y continua interacción pasa a ser la fuente directa de todos los fenómenos exteriores, e incluso, luego, de los fenómenos humanos. El monoteísmo reduce el papel de la razón y transfiere la explicación de los fenómenos naturales y la existencia de leyes abstractas, invariables.

El estado metafísico constituye un puente de transición entre el estado teológico y el positivo. En ese estado metafísico la especulación continúa dirigida hacia la búsqueda de absolutos, hacia la explicación de la naturaleza íntima de los seres, el origen y destino de las cosas; se busca el modo esencial de producción de todos los fenómenos, pero los agentes sobrenaturales son despla­zados por entidades o abstracciones personificadas como el espíritu o la mente (Comte, Discurso del método positivo).

El positivismo influye en el desarrollo de la psicología como ciencia de diversas maneras. Su énfasis en los hechos observables plantea la necesidad de sustituir la psicología fundada en la mente por una fundamentada inicialmente en la conciencia y posteriormente en la conducta; su carácter empirista, plantea la necesidad de un método empírico, el experimental, para el abordaje del fenómeno psicológico; y la toma de la ciencia natural como modelo de conocimiento, determina en la psicología una lucha perpetua por adquirir estatus de ciencia válida situada en el mismo rango de la química, la física o la biología.

8.3. INFLUENCIA DE LA FILOSOFIA MATERIALISTA

Aunque desde sus inicios el pensamiento filosófico se ha caracterizado por la lucha intrínseca entre dos tendencias funda-

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mentales, materialismo e idealismo, el siglo xtx constituye un paso importante en el desarrollo de la filosofía materialista, espe­cialmente del denominado materialismo dialéctico. La filosofía materialista, en contraste con el idealismo, suscribe que todas las cosas pueden entenderse en términos físicos y comprenderse a la luz de las propiedades de la materia y la energía, por lo tanto, la explicación del universo debe partir de la realidad y no de entelequias abstractas como la mente, la idea, el espíritu y la conciencia. Asume también, la prioridad de la materia sobre lo abstracto, considerando que todo lo existente tiene su punto de partida en la materia y que ésta es el estado inicial y final de todas las cosas. En consecuencia, el mundo no ha sido creado, ha existido siempre, no tiene principio ni fin, aunque sí ha sufrido continuas evoluciones desde un nivel inferior hasta un estado superior, una de cuyas manifestaciones es la conciencia humana. Desde ese punto de vista, la conciencia, la mente o la idea son representativas de un estado superior de la materia o un reflejo de la acción del mundo sobre los sentidos como una consecuencia de la actividad práctica. Pero antes del siglo xix, a excepción del intento tímido de Heráclito, la explicación materialista del universo era de orden mecanicista. A partir de los años cuarenta del siglo xrx, comenzó a desarrollarse la filosofía marxista, y continuó desarrollándose durante varios decenios en las obras de Marx (1818 - 1883), Engels (1818 - 1895) y sus correligio­narios. La etapa contemporánea del desenvolvimiento de la filo­sofía marxista, está ligada con el nombre de V. I. Lenin (1870 - 1924), El mérito histórico de Lenin como filósofo pensador con­siste en que enriqueció la filosofía marxista mediante el análisis y la síntesis dialéctico-materialista de los procesos fundamentales que tuvieron lugar en las ciencias naturales y en las ciencias sociales, así como dentro de la formación social capitalista de fines del siglo xix y principios del siglo xx.

Una serie de rasgos diferencian al materialismo dialéctico del materialismo mecanicista que le antecedió. Uno de ellos alude a la consideración del universo como una unidad donde todo está concatenado. Una de las características de este universo unitario es el hecho de estar constituido por materia en movi­miento; todo lo que ha existido, existe y existirá es materia en movimiento; las diversas propiedades y manifestaciones del mundo circundante son materia en movimiento.,. Pero a diferencia del materialismo mecanicista, para el materialismo dialéctico el movi­miento no ocurre esencialmente en el espacio; el movimiento es dialéctico, e implica la existencia de un mundo donde destacan el progreso y el cambio. En ese sentido, el movimiento es una

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propiedad interna inalienable de la materia, su modo de existencia, e incluye los cambios operados y las interacciones entre la natura­leza, la sociedad y el conocimiento. Al definir al movimiento como modo de existencia de la materia, el materialismo dialéctico hace hincapié en la actividad interna de la misma. El movimiento de la materia es automovimiento: el mundo material no necesita de ningún impulso divino exterior que lo ponga en movimiento.

El movimiento interno de la materia determina que ella se encuentre en un perpetuo estado de desarrollo; es decir, el movi­miento ocurre en una determinada dirección: de lo simple a lo más complejo, de lo inferior a lo superior; sin embargo, también puede existir el movimiento inverso: de lo complejo a lo simple, de lo superior a lo inferior, hablándose en esos casos de movi­miento regresivo donde se registra una repetición mecánica, simple, de cierto proceso. Los movimientos se distinguen por su direc­ción y por su forma. Las formas de la materia peculiarizan deter­minado tipo de movimiento e interacción de los objetos mate­riales, su supeditación a leyes concretas cualitativamente distin­tas. La clasificación de las formas de movimiento de la materia toma en consideración la especificidad de los objetos portadores de la forma de movimiento dada y la especificidad de las leyes fundamentales de la misma. Otro principio importante del mate­rialismo dialéctico incluye la unidad y lucha de los contrarios, la cual descubre la fuente interna del desarrollo de todos los objetos y fenómenos de la realidad. La contradicción dialéctica constituye la expresión más general, abstracta, de la estructura interna de todas las cosas.

8.4. INFLUENCIA DE LA FISIOLOGIA

Durante la ~cimera mitad del siglo xix se abrió la posibi­lidad de desarrollo de la psicología experimental dentro de la fisiología, la cual ya había hecho avances significativos durante

el siglo xviti. En 1880, cuando la psicología comienza a adquirir consistencia de ciencia empírica, se contaba con conocimientos fisiológicos relevantes acerca del funcionamiento del cerebro, el sistema nervioso y los procesos sensoriales. Por otra parte, los métodos experimentales y el instrumental utilizado para estudiar los sentidos podían adaptarse con facilidad a la nueva ciencia de la psicología. La conjunción entre la filosofía empirista asociacionista v la fisiología, durante la primera mitad del siglo xrx, aportó una base sólida para el futuro desarrollo de la psicología, proporcio­nando por una parte un objeto de estudio (la mente o la con­ciencia) y por otra un método (la experimentación de laboratorio).

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Entre los hallazgos más significativos de la fisiología resaltó la distinción hecha por Ch. Bell (1774 - 1842) entre nervios sensitivos y motores con sus correspondientes diferencias anató­micas y funcionales. En su interés por el funcionamiento del sistema nervioso, Bell sustentó la unidireccionalidad de la conduc­ción y propuso la doctrina de la energía específica de los nervios, de gran trascendencia para la psicología. Esta doctrina supone que la experiencia perceptual no depende de los estímulos físicos sino de los nervios activados por dichos estímulos: es decir, la energía nerviosa es la que determina la percepción. Como coro­lario, Bell asumió que el tipo de sensación producida por un estímulo depende del nervio activado; así mismo, estímulos dife­ferentes actuando sobre el mismo producen una sensación equiva­lente. La hipótesis de las energías específicas fue desarrollada siste­máticamente por J. Müller (1801 - 1858) para quien los objetos inmediatos de las percepciones de nuestros sentidos son sencilla­mente estados especiales inducidos en los nervios (y experimen­tados como sensaciones), sea por los propios nervios o por el sensorio (véase Thomson, p. 40). Una consecuencia de la ley de las energías específicas fue la hipótesis acerca del cerebro como asiento de las actividades mentales. Müller fue quien primero describió las funciones básicas del sistema sensomotor y des­cubrió que la actividad medular era de naturaleza refleja. Sin embargo, la función refleja de la médula había sido descrita con anterioridad por M. Hall (1790 - 1859), quien después de realizar un experimento con una serpiente a la cual le había seccionado la médula espinal, afirmó que los reflejos funcionaban con inde­pendencia del cerebro y que controlaban la conducta automática e involuntaria ajena al control consciente.

Otros aportes significativos derivaron de Flourens (1794 - 1867) quien utilizando técnicas quirúrgicas precisas centró su interés en el funcionamiento de partes específicas del cerebro, descubriendo que la extirpación de los lóbulos cerebrales cance­laba las funciones voluntarias y perceptuales, mientras que la extirpación del cerebelo interrumpía la ejecución de movimientos controlados y eficaces. También encontró que la médula fundo­naba como centro integrador de las sensaciones antes que dichas sensaciones entraran a formar parte del campo~perceptual. Flourens destaca también el papel de los tubérculos cuadrigéminos en la visión. Estas ideas acerca de la especificidad de funciones fueron reforzadas por P. Broca quien descubrió que el centro del habla se encuentra en la base de la circunvolución frontal del hemis­ferio cerebral izquierdo. A estos avances de la fisiología cabe

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añadir los realizados en el área de la sensación y la percepción, particularmente en lo que concierne a la visión, la audición y el tacto.

De interés para la psicología fue la demostración hecha por Helmholtz (1850) acerca del tiempo de reacción. Es decir, el lapso transcurrido entre la presentación de un estímulo y

el inicio de una respuesta. El problema se originó en 1796, cuando el director del Observatorio de Greenwich despidió a uno de sus ayudantes porque encontró que las observaciones que hacía del movimiento de las estrellas discrepaban de las de él mismo. Posteriormente a este hecho anecdótico, en 1813, Besel hipotetizó que las diferencias en las apreciaciones podían estar determinadas por diferencias personales heredadas en cuanto a la capacidad de diferenciación, diferencias que consideró como una "ecuación personal". La necesidad de medir la ecuación personal condujo a la evaluación del tiempo de reacción. Helmholtz demostró que el impulso nervioso tarda en transmitirse, logrando medir la velocidad de transmisión en los animales y en el hombre. Con Helmholtz, el experimento sobre el tiempo de reacción pasó a formar parte del equipo de los psicofisiólogos (Thomson, p. 53).

8.5. TEORIA DE LA EVOLUCION

De gran influencia para el desarrollo de la psicología fue el surgimiento de la denominada teoría de la evolución, cuya sistema­tización fue hecha por Ch. Darwin (1809 - 1882). Para la psico­

logía, las obras de Darwin El origen de las especies (1859), El origen del hombre (1871) y La expresión de las emociones en el hombre y los animales (1872), son de significatividad especial. Los principales supuestos de la teoría evolucionista para la psicología se encuentran expresados en el libro Origen de las especies, y pueden sintetizarse en la siguiente forma:

a) Variabilidad: Darwin consideró que existe variabilidad entre los miembros de una misma especie, variabilidad que es heredada y transmitida de generación en generación. Los miembros

de una especie varían entre sí. Las variaciones sobreviven sola­mente si están adaptadas a su ambiente. Quiere ello decir que el ambiente influye sobre las variaciones, o sobre una parte de ellas, produciendo cambios radicales (Thomson, 1969, p. 98).

b) Lucha por la supervivencia: en la naturaleza hay una selección natural que resulta en la supervivencia de los individuos mejor dotados para adaptarse a su ambiente y en la muerte de

aquellos que no logran dicha adaptación. En, la naturaleza hay

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una lucha continua por la supervivencia y los organismos que sobreviven son los que han hecho adaptaciones exitosas a las dificultades ambientales a las cuales han sido expuestos; quienes no tienen éxito en la adaptación, no sobreviven. La lucha es una consecuencia de que las plantas y los animales tienen más progenie de la que puede posiblemente sobrevivir. Ello trae como corAe­cuencia una lucha entre miembros de una misma especie o erare especies diferentes, cuya finalidad última es la subsistencia.

c) Selección natural: los organismos que sobreviven y alcanzan madurez tienden a trasmitir a sus descendientes las del­trezas particulares o mentales que les permitieron sobrevivir; sin embargo, como la variación es una ley general de la herencia, los descendientes mostrarán variaciones entre ellos, exhibiendo algunos las cualidades ventajosas desarrolladas a nivel superior por sus padres. A su vez, esas cualidades tienden a persistir y en el curso de muchas generaciones pueden ocurrir cambios tan grandes que determinan diferencias entre las especies. Como dice Darwin:

Puesto que posiblemente nacen muchos más individuos de cada especie de los que puedan sobrevivir, y como de resultas de ello sobreviene frecuentemente la repetición de la lucha por la existencia, se sigue que cualquier ser, si varía, por ligera­mente que sea, en forma que sea beneficiosa para él... tendrá mayores probabilidades de sobrevivir, con lo que quedará seleccionado de manera natural. (Citado por Thomson, p. 98).

d) Continuidad de las especies: en El origen del hombre; Darwin propuso otra idea de interés para la psicología: la evolu­ción del hombre a partir de formas inferiores de vida y el énfasis en la similitud entre los procesos mentales del hombre y los animales. Para Darwin el hombre descíende de un antepasado simiesco; el hombre desciende por evolución de una larga serie de formas animales, de allí que las diferencias entre éstos y los seres humanos sean sólo de grado.

Otra idea importante en Darwin fue la consideración de las expresiones emocionales, conceptualizándolas como remanentes de movimientos que en un determinado momento de la evolución cumplían funciones prácticas.



La influencia de Darwin sobre la psicología del último cuarto del siglo xix cubre tres aspectos básicos. En primer lugar, el supuesto de la continuidad entre el hombre y los animales abre la posibilidad de estudiar la mente humana a partir de investiga­ciones hechas con animales. Surge así la psicología animal compa­rada y con ella un nuevo campo de investigación en los labora­torios psicológicos.

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El impulso inicial de la psicología animal comparada parte de- lngiaterra y está representado por científicos como Spalding, Romanes, Morgan y Hobhouse. Estos investigadores, intrigados

r por el planteamiento darwiniano acerca de la continuidad entre las especies, se propusieron, respecto a los animales, responder preguntas tales como: ¿Cuáles son los mecanismos de adaptación de los animales a su ambiente?, ¿es automática la conducta de los animales o tienen capacidad para aprender y recordar cosas útiles para ellos?, ¿poseen los animales conducta inteligente? A partir de estas interrogantes, se obtuvieron conclusiones intere­santes y significativas. Spalding (1840 - 1877), trabajando con polluelos, demostró que éstos tenían capacidad instintiva para percibir y calcular la distancia, así como reacciones defensivas innatas y reacciones de seguimiento generalmente en pos de la gallina madre. Identificó el fenómeno de la improntación o modelamiento, que es un tipo de conducta en los animales infe­riores determinada en parte por la herencia y en parte por la maduración. Romanes (1848 - 1899), consideraba que la adapta­ción al medio depende de la capacidad para discriminar entre los estímulos que afectan a los sentidos. La mayor parte de los seres vivientes son capaces de reaccionar diferencialmente ante estímulos conocidos. Introduce el concepto de recepto, definido como una asociación espontánea, formada sin intencionalidad, que puede ser considerada como una abstracción inconsciente. Sostuvo también que los animales no poseen inteligencia por carecer del instrumento básico de ésta: el lenguaje. Morgan (1852 - 1936) enunció su famosa regla acerca de la investigación del comportamiento de los animales, la cual ha sido traducida al lenguaje científico como ley de la parsimonia:

En ningún caso debemos interpretar un acto como resultado de una facultad superior si puede interpretarse como resultado del ejercicio de otra inferior en la escala psicológica. (Citado por Thomson, p. 126).

Morgan se interesó por distinguir entre comportamiento instintivo y aprendido, definiendo al instinto como acciones comu­nes a todos los individuos de una misma especie, que se presentan en forma uniforme y repetida, se ejecutan como reacción a un estímulo determinado y están vinculados con la estructura anató­mica y el funcionamiento fisiológico del animal. Describió también el aprendizaje por ensayo y error en los animales, argumentando que éstos no tienen inteligencia y que su aprendizaje no requiere la percepción de relaciones. Hobhouse (1864 - 1928), sustentó que los animales inferiores se adaptaban en base a principios



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reguladores u homeostáticos. De acuerdo a esto cuando los orga­mismos se sienten estimulados pueden reaccionar como si existiera una tendencia a restablecer alguna clase de equilibrio. También afirmó que algunos animales poseen capacidad para aprendizaje perceptual y evaluativo y aun para el aprendizaje imitativo. Así mismo, describió el aprendizaje comprensivo o por insight y la capacidad de algunos animales para generalizar lo aprendido. Fue Hobhouse quien demostró que un chimpancé era capaz de utilizar un palo corto para llegar a otro más largo y empujar con el segundo un plátano hasta meterlo en su jaula, experimento repli­cado posteriormente por Kohler.

Una segunda consecuencia de la teoría darwiniana incide sobre los propósitos de la psicología planteados por algunos sistemas psicológicos y se relaciona con la importancia asignada a la adaptación al medio ambiente. Ello repercute en la psicología funcionalista con su énfasis en las funciones de los procesos psicológicos y no en su estructura. Finalmente, el principio de variación conduce al estudio de las diferentes individualidades y al desarrollo de la psicología diferencial. Conviene también recordar que la teoría de la evolución determina el surgimiento de la psicología que se sustenta en un modelo biológico del organismo humano. (63)

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­9.- ANTECEDENTES INMEDIATOS DE LA PSICOLOGIA EXPERIMENTAL



Es lugar común considerar que la psicología experimental se establece cuando Wundt, en 1879, crea el primer laboratorio para la investigación del fenómeno psicológico. Sin embargo, existieron valiosos intentos previos de experimentación como los realizados por Weber (1795 - 1878) y Fechner (1801 - 1887). H. E. Weber, fisiólogo alemán, amplia el trabajo sobre los órganos sensoriales, mediante el estudio de las sensaciones muscu­lares y cutáneas. Destacó por su aplicación brillante de los métodos de la fisiología al estudio de problemas de naturaleza psicológica, vinculando de esa forma a la psicología con las ciencias naturales y ayudando a buscar la forma para el uso de la investigación experimental en el estudio de la mente. Hace dos aportes de significatividad especial para la psicología. Uno de ellos fue la determinación experimental de la exactitud de los dos puntos de discriminación de la piel, lo que introduce el estudio sistemático del umbral diferencial, el cual se define como el cambio mínimo que debe producirse en un estímulo variable para que el sujeto lo perciba como diferente a un estímulo estándar. Weber denominó a este cambio diferencia apenas perceptible. Encontró que la magnitud del umbral variaba de acuerdo al área de la piel que fuese estimulada, y para explicar este hecho propuso la hipótesis de los círculos sensoriales: para que la estimulación de dos puntos de la piel se perciba como puntos separados, las fibras nerviosas correspondientes deben estar separadas por lo menos por una fibra que no esté siendo estimulada. La otra contribución significativa de Weber fue el establecimiento de la primera ley psicológica expresada en forma cuantitativa, derivada a partir de la diferencia apenas perceptible que podría ser discriminada utili­zando pesos como estímulos. Proporcionaba al sujeto un peso estándar y uno de comparación, dicho sujeto debía decidir si uno de los pesos era más pesado que el otro. Encontró que entre pesos la diferencia apenas perceptible era una razón constante del estímulo estándar, equivalente a 1:40. A partir de esos

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derivó la fórmula matemática conocida como fracción de Weber, la cual se expresa en los siguientes términos:



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