La psicología redescubre la noción de perdón José Eduardo Moreno



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La psicología redescubre la noción de perdón
José Eduardo Moreno. Doctor en Psicología.

Profesor Titular Ordinario, Universidad Católica Argentina.

Investigador Independiente, Vicedirector CIIPME – CONICET.

Correo electrónico: jemoreno1@yahoo.com

Lucas Marcelo Rodriguez. Licenciado en Psicología.

Profesor asistente, Universidad Católica Argentina, sede Paraná.

Becario doctoral CIIPME – CONICET, grupo vinculado.

  • Área temática: La persona humana: genealogía, biología, biografía.


RESUMEN

El objetivo de este trabajo es presentar el descubrimiento de la noción de perdón en la psicología científica contemporánea, que ya no la considera como una noción restringida a los estudios filosóficos o teológicos. Además se presenta el Cuestionario de Actitudes ante Situaciones de Agravio (CASA) que evalúa el perdón en diversos contextos y en relación con otras actitudes hacia el ofensor. Finalmente, se presentan algunos resultados en una muestra de estudiantes universitarios y secundarios de una investigación realizada con el CASA acerca de la religiosidad y el perdón.Se observó que los estudiantes con alta práctica religiosa tienen mayores puntajes en las actitudes prosociales (Reclamo de explicación ante el agravio y Perdón) y menoren las actitudes agresivas (Hostilidad, Rencor y Venganza). Respecto de las actitudes pasivas no se observan diferencias según el grado de religiosidad.

Introducción

Un tema central en la vida del cristiano es el perdón. Es más, podemos decir que es un signo de la presencia de Dios. Donde vemos una actitud de perdón sincera, podemos pensar que en ese gesto hay algo de Dios. Por el contrario, cuando vemos la persistencia en el odio y la incapacidad de caminar hacia el perdón y la reconciliación, nos alejamos del camino de Dios, tal como lo hemos conocido en Jesucristo. El perdón nos habla tanto del pecado como de la dignidad del hombre.

Monseñor José María Arancedo1

Lo ideal para el que odia es destruir al objeto odiado sin que a él le pase nada. Aún así, odiar tiene su precio. Constituye el paradigma del sentimiento al que conviene muy claramente el calificativo de sentimiento patológico. No consigue lo que se propone: desvincularnos del objeto que odiamos. (...) Si con odiar se pretendía hacer desaparecer al objeto de nuestro mundo, no sólo no lo hemos conseguido sino que, más aún, se ha introducido en nosotros mismos definitivamente.”

Carlos Castilla del Pino2

La noción de perdón está estrechamente ligada al cristianismo. Los paganos en sus divinidades exaltaban primordialmente el poder, la dicha, la inmortalidad. Pero lo que especifica sobre todo al Dios que nos revela el Evangelio es su inmensa bondad. Dios es amor, Dios está presente siempre con su misericordia3.

La noción de perdón fue incorporada muy recientemente al léxico de la psicología científica. En los últimos años diversos autores incluyeron y definieron esta noción, realizando múltiples investigaciones acerca de la ofensa, la agresión y el perdón.

Brandsma4 considera al perdón como la capacidad de autosacrificio con el fin de preservar la buena relación interpersonal y el principio del amor.

Según Enright5 la noción del perdón se caracteriza por:

1) ser una cualidad interpersonal. No se da nunca entre personas y objetos del mundo físico.

2) la injuria u ofensa puede ser física, psicológica y/o moral. Es necesario que dicha injuria u ofensa haya sido dirigida directamente al otro.

3) es un prerrequisito para perdonar, el poseer un sentido de la justicia. No es posible que una persona se sienta profundamente enojada si no alcanzó una noción de justicia y no vivenció un sentido de injusticia. La ofensa le cuestiona su visión del mundo, lo hace tomar conciencia de que no vive en un mundo necesariamente justo.

4) la reacción inicial de la persona que fue ofendida es el enojo e incluso el odio, o a veces confusión por este cuestionamiento a su visión del mundo.

5) en la medida que pasa el tiempo, la parte ofendida, procura una restauración como respuesta a lo padecido.

6) la parte ofensora no procura el perdón del ofendido.

7) la dificultad para que una persona perdone, fluctúa de acuerdo con variables externas como: la severidad de la ofensa o la calidad del vínculo interpersonal anterior. Es necesario también que la parte ofendida posea cualidades psicológicas para comprender y elegir el perdón como una estrategia de solución de problemas, superior a la justicia.

De este modo, Enright define el perdón como la capacidad que un individuo posee para sobrellevar una injusticia y restablecer una relación de amor con los otros.

Fitzgibbons6 considera que el perdón opera directamente sobre la emoción del enojo y sobre la hostilidad, el rencor y el odio, disminuyendo su intensidad.

Para Coleman7 el acto de perdonar supone una disposición a confiar, a dejar abierta la relación y no cerrarla por el agravio cometido. Supone confiar en el otro y en la posibilidad de reconstruir un vínculo deteriorado.

De este modo, estos autores nos señalan que existe una interacción entre variables como la confianza interpersonal, la empatía, la hostilidad y la agresividad, y el perdón como factor inhibidor de la agresión.


Evaluación de las actitudes ante situaciones de agravio

La ofensa puede conducir a un punto crítico el vínculo interpersonal. Cuando eso ocurre estalla el conflicto y aparece la desavenencia. Suele instalarse una disputa, acompañada con expresiones de enojo y conductas que quiebran o rompen la relación. En un primer momento, dominan los sentimientos de malestar y las conductas desajustadas. Por lo general, existe un antes de la crisis, cuando se va procesando el antagonismo y los componentes disfuncionales de la relación. En nuestros estudios consideramos las conductas que manifiestan los sujetos despuésde la situación de agravio.Posteriormenteal altercado, la discordia se instala y se abre un espacio de distanciamiento que suele contener importantes montos emocionales y diferentes reacciones. La separación suele ir acompañada de rencor, resentimiento, revanchismo, sentimientos de reivindicación o de culpa, temores, pena, ansiedad y otras emociones. Entonces los sujetos se evitan mutuamente. Miran para otro lado. No quieren verse. La situación suele complicarse con la participación de los allegados que pueden adoptar conductas de solidaridad, alimentar la animadversión hacia el otro o favorecer el reencuentro. De esta manera, la problemática interpersonal tiende a generalizarse y extenderse al contexto social.

En nuestro trabajo con el Cuestionario de Actitudes ante Situaciones de Agravio (CASA)8 no abordamos la repercusión social de las situaciones de agravio, sino que nos centramos en las respuestas concretas ante las mismas.

El Cuestionario de Actitudes ante Situaciones de Agravio (CASA) es una prueba de evaluación de actitudes ante las ofensas que consiste en diez relatos de situaciones ofensivas pertenecientes a cinco ámbitos diferentes, a saber: Trabajo, Pareja, Padres, Amistad y Dios. Cada relato contiene siete ítemes referidos a cada una de las siguientes escalas: Negación, Sometimiento, Venganza,Hostilidad, Rencor, Perdón y Pedido deExplicación.Estas escalas se pueden agrupar en tres factores:Respuestas Agresivas, Pasivas y Prosociales. El sujeto debe identificarse con la víctima del relato y responder cada una de las alternativas, graduadas en cuatro opciones que son: Siempre, Frecuentemente, Casi nunca, Nunca.

Es decir que postulamos la presencia de tres grupos fundamentales de respuestas que configuran siete modalidades específicas, a saber: a) respuestas pasivas: sometimiento y negación; b) respuestas agresivas: reacción hostil, resentimiento y venganza; c) conductas prosociales: reclamo de explicación y perdón.

I- Respuestas pasivas

Ante las situaciones de conflicto interpersonal, encontramos que cierto grupo de sujetos asumen conductas pasivas o inhibidas, compatible con una actitud conformista o de aceptación del agravio. Desde esta óptica, prevalecería en los sujetos la necesidad de conservar la estabilidad interior y el control de sus emociones e impulsos, más que el interés en la cualidad de la ofensa y del ofensor. El énfasis estaría puesto sobre la regulación de las propias tendencias agresivas como recurso para superar, sobrellevar o intentar anular la situación agraviante. Sería una suerte de hipercontrol tendiente a mantener el equilibrio anterior amenazado por la irrupción del altercado que comporta una sobreadaptación social, de tipo pasivo y conformista.

En esta dimensión, distinguimos dos modalidades. El sometimiento, donde prevalece el control emocional, quedando por lo tanto el sujeto inhibido y sin las fuerzas necesarias para una respuesta activa. En la otra modalidad, la negación, prevalece el control perceptivo, distorsionando la representación de la realidad, de modo tal, que ignora la situación perturbadora.

I.1. Sometimiento. Las actitudes sumisas hacia el entorno se caracterizan por la aceptación pasiva y la tendencia a evitar el conflicto. La escasa confianza en sí mismo, lleva a estas personas a intentar lograr una sensación de seguridad mediante la simple aceptación de las normas impuestas por personalidades más fuertes o autoritarias. El sumiso o sometido, suele gozar de buena reputación en las figuras de autoridad, dado que lo aprecian por su docilidad y aceptación acrítica de normas u órdenes.Las figuras paternas muy agresivas, promueven actitudes de sometimiento en los hijos. Otras veces, los sentimientos excesivos de culpa, la sobreexigencia y la inculcación de un fuerte sentido del deber, son los factores de la sumisión9.

En síntesis, al sometimiento podemos definirlo a los fines de nuestro estudio como la conducta de subordinación del juicio, la decisión o los afectos propios a la actitud del ofensor, por lo general, mediante justificaciones humillantes o autodescalificadoras, probablemente motivada en la represión de los impulsos agresivos.



I.2. Negación. Consiste en una falta de reconocimiento o rechazo de la realidad, aun cuando ésta sea evidente. La negación cierra la mente a todo aquello que se presenta como amenazante. Los procesos de negación se activan cuando no hay una alternativa constructiva frente al daño o la amenaza. Tienen por finalidad aliviar el grado de trastorno producido por la situación, sin alterar el funcionamiento del individuo ni producir daño adicional. La negación puede resultar útil como una etapa previa en el proceso de afrontamiento, por ejemplo, en una controversia violenta o situación traumática. Generaría un espacio de reflexión para la búsqueda de una respuesta más adecuada, como suele ocurrir en en las pérdidas graves inesperadas en las que el sujeto entra en un estado de shock que ignora la realidad perturbadora. Con el tiempo, a medida que se logra asimilar el impacto, toma conciencia de la real y plena dimensión de lo acontecido. Resumiendo, podemos definir la negacióncomo la exclusión de la conciencia del hecho y los sentimientos concomitantes relacionados con el acto ofensivo.

II. Respuestas agresivas

II.1. La reacción hostil. La hostilidad es un término que suele asociarse a una multitud de fenómenos emocionales, por ejemplo, irritabilidad, enfado, rabia, enojo, ira, cólera, disgusto, cinismo, entre otros.A pesar de que la hostilidad usualmente incluye sentimientos de cólera, este concepto alude a un conjunto de actitudes complejas, las cuales motivan conductas agresivas dirigidas hacia la destrucción de objetos o de daño físico o psíquico hacia otras personas.

En el CASAdefinimos la reacción hostil como la conducta impulsiva, inmediata y reactiva. Se trata de la disposición a reaccionar inmediatamente acometiendo o dañando al ofensor o agresor.



II.2. El resentimiento. El resentimiento "se define como el amargo y enraizado recuerdo de una injuria particular, de la cual desea uno satisfacerse. Su sinónimo es rencor, proviene del latín, rancor (queja, querella, demanda). En un estudio clásico sobre el tema, Scheler10 describió al resentimiento como "una intoxicación psíquica", una especie de "veneno, extraordinariamente contagioso" o un estado de "envenenamiento" y de "venenosidad interna". El resentido, manifiesta una "susceptibilidad particularmente grande" hacia todo aquello que pueda herir su propio valer u honor y, cuando eso ocurre, exige una inmediata satisfacción por el daño sufrido; en caso de que no suceda, experimenta una fuerte "sed de venganza" que jamás llega a concretar.

El núcleo primordial del resentimiento consiste en sentirse dolido y no olvidar. Es una pasión que carcome por dentro. El mensaje agresivo que no llega a concretarse pone preso al individuo en el recuerdo de lo sucedido, quedando fijado al pasado. El odio subyace en el resentimiento, atando a quien odia con lo odiado. El objeto no puede ser abandonado hasta no haberse consumado el sufrimiento esperado, pero como éste nunca se realiza, tiende a perdurar en el tiempo. Se ha dicho11 que, el resentimiento nace del odio inhibido en su fin. El resentimiento es un odio atenuado e inhibido que se constituye en un escollo en las relaciones interpersonales, impidiendo el despliegue de los vínculos amorosos y creativos. A su vez, estos sentimientos de agravio necesitan trasmitirse a otras personas que puedan escuchar al agraviado, reconocerlo o apoyarlo, gestando de este modo un espacio social de aliados y enemigos que amplifican el malestar. Por este motivo, estos sentimientos menoscaban las redes de solidaridad y de una sana convivencia.

Así pues, para su evaluación definimos al rencor o resentimiento como el guardar interiormente sentimientos de enojo y odio que predisponen a la enemistad o el ensañamiento con el ofensor.

II.3. La venganza. En la denominada violencia vengativa, el daño ya ha sido hecho y, por lo tanto, la violencia no tiene función defensiva, sino que tiene la función irracional de anular mágicamente lo que realmente se hizo; sería como un intento que tiene el hombre, que se siente impotente e inválido, para restablecer la estima de sí mismo, que fue quebrantada por una agravio o daño.Esto se corresponde con la conocida ley del Talión:ojo por ojo y diente por diente.

Es importante destacar que la venganza posee un componente cognitivo nuclear que consiste en planificar fría y deliberadamente una respuesta dañina al ofensor. A diferencia de la reacción hostil, que es primaria e inmediata, supone un control de la agresividad y una búsqueda de una satisfacción en el momento adecuado, con el propósito de causar el mayor perjuicio posible. También se diferencia del resentimiento en que la venganza alcanza su objetivo, disimulando su malestar hasta la consumación del daño.

En resumen, la venganza es una conducta premeditada de búsqueda intencional del desquite por medio de un castigo similar o mayor al padecido.

III. Respuestas prosociales

III.1. Solicitud de explicación. Aconseja el Evangelio: “Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano” (Mat.18:15). Esta actitud que lleva a clarificar la discordia afrontando la cuestión, centrándose en el problema en lugar de la emoción, focalizada en el vínculo en lugar de la represión (v.gr., negación o sometimiento) o de la agresión (hostilidad, resentimiento o venganza) se conoce en la literatura psicológica como comportamiento prosocial asertivo12.

La asertividad consiste en la capacidad de expresar, de un modo socialmente aceptable, tantos los derechos y sentimientos positivos como los negativos u hostiles.

El reclamo está movido fundamentalmente por la reivindicación, esto es, la exigencia de recuperar el honor o los derechos atacados, de limpiar la ofensa, de obtener un acto de desagravio. El interés por conservar el vínculo es secundario, dependerá de la satisfacción que pueda dar la respuesta del ofensor. Por el contrario, la actitud reconciliadora está basada en el perdón, privilegiando el vínculo y la persona del otro por sobre el incidente y sus explicaciones.

En síntesis, en el CASA, el reclamo o solicitud de explicación es definido como la actitud de demandar al ofensor justificaciones y motivos que den cuenta de su proceder, exigiendo recuperar o reparar, total o parcialmente, el daño ocasionado.



III.2. El Perdón. La palabra perdón proviene de los vocablos latinos per (preposición que conlleva la idea de reforzar el significado de la palabra a la que va unida) y donare (verbo que significa dar). Por lo tanto perdonar es una expresión máxima de amor, de caridad. Es dar en abundancia sin hacerlo notar.

El prefijo "per" encierra los sentidos de "por" (a través de) y de plenitud, de grado máximo. Así el perdón aparece como un acto de donación superlativa.

En el ámbito de las relaciones interpersonales se ha reconocido la importancia que tiene el perdón y la reconciliación para su mantenimiento y perfeccionamiento. En teología y ética el perdón y la reconciliación han sido objeto de múltiples estudios, no ocurriendo de igual manera en la psicología. Sin embargo, en los últimos años, ha comenzado a revertirse esta situación. Un ejemplo de ello son los trabajos de Enright13 sobre los estadios evolutivos de la noción de perdón y los realizados por Fitzgibbons14, Berguin15 , Pingleton16, Freedman17 y Benson18, acerca de la importancia del perdón en los procesos psicoterapéuticos. Algunos de estos estudios han cuestionado la focalización en la justicia, que caracterizaron a la mayoría de las investigaciones sobre el desarrollo moral, en particular a Jean Piaget19y Lawrence Kohlberg20.

Enright considera a la capacidad de perdonar como el indicador de haber alcanzado el estadio más desarrollado de la evolución moral de la persona. Se trata de un acto que suscita y promueve sentimientos de amor, cerrando las puertas a las acciones de venganza y permitiendo la posibilidad de la reconciliación. Son personas que asumen la responsabilidad del cuidado del otro, donde el acto dañino no altera la consistencia del vínculo. En este nivel de comprensión, la reconciliación no depende de una búsqueda de restitución o compensación, ni de las prescripciones normativas, ni tampoco del contexto social, sino de una relación de compromiso existencial sostenida por el amor como principio de vida. Suele decirse que el amor es el alma de toda virtud, esto es cierto, especialmente con el perdón y la reconciliación, ya que sólo puede entenderse en relación a ellos, debido a que ambos son expresión del amor a quienes nos han injuriado o dañado, esto es, amor al enemigo.

El perdón suele ser la condición para alcanzar la reconciliación, ya que ayuda a eliminar los obstáculos para hacerla posible. Eso es así porque el perdón implica la toma de conciencia de los errores y la acción decidida por repararlos. Busca sobreponerse a la tentación de postergar indefinidamente el encuentro, lleva a enfrentar el miedo, la humillación y asumir la responsabilidad en aras de restaurar la relación dañada. Asimismo, en el caso de la víctima, el perdón la libera de quedarse fijada en la rumiación del episodio ofensivo recargándose constantemente de hostilidad o en la revisión interminable de inculpaciones o de conductas defensivas de justificación propia. El perdón promueve la indulgencia y la tolerancia, la benevolencia y la abnegación, la actitud de grandeza de pedir o conceder la disculpa. Implica un fuerte compromiso de cambio. Todo esto suele ser, la mayor parte de las veces, condición indispensable para hacer posible la reconciliación, lo que convierte al perdón en el camino de acceso privilegiado para reanudar la comunicación y el intercambio satisfactorio.

El perdón surge como una necesidad imperiosa para liberar a los protagonistas de la situación de agravio, restaurar la armonía del vínculo interpersonal y permitir la reconciliación.

El perdón se fundamenta en el amor y dignidad que toda persona merece por el sólo hecho de ser hombre. Este amor obliga a deponer todo odio, enemistad y deseo de venganza.

El perdón permite atenuar o suspender el castigo merecido en espera del arrepentimiento y la corrección de las actitudes y conducta del otro. Supone ser tolerante con el otro para posibilitarle que cambie.

En resumen, el perdón en el CASA es definida como la actitud de cuidar genuinamente el vínculo de afecto o amor hacia el otro, motorizando conductas prosociales orientadas al diálogo y la superación de la discordia. Cuando se rompe la relación, el perdón mantiene abierta la posibilidad de la reconciliación, cerrando las puertas a las acciones de venganza y favoreciendo la restauración del vínculo dañado.
Algunos resultados de investigaciones psicológicas sobre el perdón

Presentamos algunos resultados obtenidos con el CASA, en primer lugar acerca de la práctica religiosa y las actitudes ante situaciones de agravio.

La muestra de 580 sujetos comprendió a 121 varones (20,9%) y 459 mujeres (79,1%). La composición respecto del nivel de estudios y carreras es la siguiente: de Psicología de Paraná (Entre Ríos) 146 alumnos (25,2%), de un profesorado de Bellas Artes 10 alumnos (1,7%), de abogacía de Paraná (Entre Ríos) 152 alumnos (26,2%), de las carreras de Psicopedagogía de 2 universidades privadas de la ciudad de Buenos Aires 119 alumnos (20,5%), de Terapia Ocupacional de una universidad estatal de la Provincia de Buenos Aires 88 alumnos (15,2%) y finalmente 65 alumnos de una escuela secundaria de Capital Federal de 4º y 5º año. Esta muestra de carácter intencional intentó abarcar a sujetos de diversas posturas éticas, sistema de valores y grado de religiosidad.Respecto de las edades de los sujetos de la muestra, la composición es la siguiente: de 16 a 18 años 211 alumnos (36,3%), de 19 a 21 años 259 alumnos (44,7%) y de 22 a 25 años 110 alumnos (19%).

Se agrupó a los 297 sujetos (51,3%) que se consideraron no practicantes o practicantes ocasionales en la categoría Baja religiosidad; y a los 283 alumnos (48,7%) que dijeron ser practicantes o muy practicantes en la categoría Alta religiosidad.

Los resultados del análisis multivariado de varianza (MANOVA) de las escalas del Cuestionario de Actitudes ante Situaciones de Agravio (CASA), según la alta o baja religiosidad manifiestan que existe una diferencia significativa entre ambas muestras (F Hotelling (7, 572) = 4,98 p = .0001). Analizando los F univariados de las escalas observamos que esta diferencia se basaen las diferencias en: Venganza (F(1, 578) = 26,75 p = .0001), Rencor (F(1, 578) = 12,17 p = .001)y Hostilidad (F(1, 578) = 13,32 p = .0001), en las que se observa mayores promedios en los alumnos con baja religiosidad; y de Búsqueda de Explicación (F(1, 578)= 4,74 p = .03) y de Perdón (F(1, 578)= 21,79 p = .0001) en las que se observan promedios mayores en los sujetos con alta religiosidad.
Tabla 1. Medias, desviaciones típicas de las escalas y factores del CASA según grado de práctica religiosa

CASA

Escalas


Alta

Religiosidad



Baja

Religiosidad



F(1, 578)

p=

Media

Desvío

Media

Desvío

Sometimiento

23,93(3)

3,79

23,56(4)

3,58

1,51

.22

Negación

21,35(5)

3,84

21,33(6)

3,79

0,005

.94

Venganza

14,47(7)

4,22

16,54(7)

5,31

26,75

.0001**

Rencor

20,71(6)

4,95

22,19(5)

5,24

12,17

.001**

Hostilidad

22,08(4)

5,07

23,58(3)

4,86

13,32

.0001**

Explicación

31,56(2)

3,98

30,79(1)

4,44

4,74

.03*

Perdón

32,32(1)

3,89

30,67(2)

4,56

21,79

.0001**

Factores



















Actitudes Pasivas

22,64(2)

3,32

22,45(2)

3,17

0,55

.46

Actitudes Agresivas

19,09(3)

4,20

20,77(3)

4,46

21,81

.0001**

Actitudes Prosociales

31,94(1)

3,30

30,74(1)

3,89

16,08

.0001**

N=

283




297










Entre paréntesis al lado de las medias se puso el rango.

Los resultados del análisis multivariado de varianza (MANOVA) de los tres factores del Cuestionario de Actitudes ante Situaciones de Agravio (CASA) según la alta o baja religiosidad, manifiestan una diferencia general significativa (F Hotelling (3, 576) = 10,59 p = .0001). Analizando los F univariados de los factores observamos que son significativas las diferencias de: Actitudes Agresivas (F (1, 578) = 21,81 p= .0001) que tiene un mayor promedio en los alumnos de baja religiosidad; y Actitudes Prosociales (F(1, 578) = 16,08 p = .0001) que son mayores en los sujetos de alta religiosidad. Es decir que, la alta religiosidad influye en forma directa y significativa sobre las actitudes prosociales y en forma inversa sobre las agresivas. Respecto de las actitudes pasivas no se observan diferencias según el grado de religiosidad.



A continuación, en la tabla 2, se pueden observar en una muestra mayor (n= 801) de estudiantes, que comprende a los anteriormente analizados, las medias y desvíos obtenidos en las dimensiones estudiadas por el CASA. Entre paréntesis al lado de las medias se puso el rango.
Tabla 2. Medias y Desvíos de las escalas del CASA

Escalas del CASA

Media

Desvío

Sometimiento

24,26(3)

4,11

Negación

22,74(4)

4,60

Venganza

14,69(7)

4,29

Rencor

19,46(6)

5,18

Hostilidad

20,24(5)

5,36

Solicitud de Explicación

30,21(2)

4,42

Perdón

32,17(1)

4,22

N= 801
Las escalas prosociales de Perdón y Solicitud de Explicación son las que ocupan los dos primeros rangos en la muestra total. Les siguen las pasivas de Sometimiento y Negación. Finalmente, las agresivas, siendo la escala de Venganza la de menor promedio. Llama la atención que el Sometimiento ocupe el tercer lugar y que como vimos en el cuadro anterior no sea significativa la diferencia entre practicantes y poco o no practicantes.

1Actitud de Jesús frente al pecador. Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (22 de junio de 2013).

2Carlos Castilla del Pino (2000). Teoría de los sentimientos. Barcelona: Tusquets editores, p. 296.

3López Melús, F. M. (1976). Las Bienaventuranzas, Ley del Reino. Madrid: Propaganda Popular Católica.

4Brandsma, J. M. (1982) Forgiveness. A dynamic theological and therapeutic analysis, Pastoral Psychology, 31, 40-50.

5Enright, R. D., Santos, M. J. D. and Al-Mabuk, R. (1989).The adolescent as forgiver, Journal of Adolescence, 12, 95-110.Robert Enright es un psicólogo que fundó el Instituto Internacional del Perdón en 1994 con el fin de aplicar su labor de investigación en la práctica del perdón. Es coautor de «Helping Clients Forgive: An Empirical Guide for Resolving Anger and Restoring Hope» (Ayudar a los clientes a perdonar: Guía empírica para Resolver el Odio y Restaurar la Esperanza”), publicado por American Psychological Association Books, 2000.


6Fitzgibbons, R. P. (1986). The cognitive and emotive use of forgiveness in the treatment of anger, Psychotherapy, 23, 629-633.

7Coleman, P. W. (1998). The process of Forgiveness in Marriage and the Family.In: Enright, R. D. & North, J. Exploring Forgiveness. Madison, Wisconsin: The University of Wisconsin Press.

8Moreno, J. E. y Pereyra, M. (2000). Cuestionario de Actitudes ante Situaciones de Agravio (CASA). Manual. Fundamentación teórica, validación y administración. Libertador San Martín, Entre Ríos: Universidad Adventista del Plata.

9Richaud de Minzi, M. C. (2003). Estilos parentales y afrontamiento en niños. Simposio: Estilos parentales y su relación con el afrontamiento, el comportamiento social y las emociones en niños y adolescentes. Actas del XXIX Congreso Interamericano de Psicología, Lima, Perú, julio de 2003.

10Scheler M. (1963). El resentimiento en la moral. En: Julián Marías. La filosofía en sus textos, Barcelona: Labor.

11Vidal, G. & Lolas, F. (1995). Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría. Bs. As.: Panamericana.

12Lazarus, R. S. y Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Martínez Roca.

13Enright, R. D. y Zell, R. L. (1989). Problems encountered when We Forgive One Another. Journal of Psychology and Christianity, 8 (1), 52‑60.Enright, R. D., & the Human Development Study Group (1994). Piaget on the moral development of forgiveness: Identity or reciprocity. Human Development, 37, 63-80.


14 Fitzgibbons, Richard P. (1986). The cognitive and emotive uses of forgiveness in the treatment of anger.Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, Vol 23(4), 629-633.Fitzgibbons, Richard P. (1998). Anger and the Healing Power of Forgiveness: A Psychiarist's View. In Exploring Forgiveness, edited by Robert Enright and J. North.University of Wisconsin Press.


15Bergin, A. E. (1988). Three contributions of spiritual perspective to counseling, psychotherapy and behavioral change, Counseling and Values, 33, 21-31.

16Pingleton, J. (1989). The Role and Function of Forgiveness in the Psychotherapeutic Process.Journal of Psychology and Theology, 17 (1), 27‑35.

17Freedman, S., Gassin, E., Golden, S., Hollander, G. Sarinopoulos, I., Olson, L., Wu Ch., Lambert, P., Enright, R. &Subkoviak, M. (1991).Five Points on the Construct of Forgiveness within Psychotherapy.Psychotherapy, 28 (3), 493‑496.

18Benson, C. (1992). Forgiveness and the psychotherapeutic process, Journal of Psychology and Christianity, 11(1), 76-81.

19Piaget, J. (1965). The moral judgment of the child. New York: Free Press.

20Kohlberg, L. (1975). Collected papers on moral development and moral education. Cambridge, Mass: Harvard Unirversity.




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