La Psicología del Placer en el Filebo de Platón



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Universidad Central de Venezuela

Facultad de Humanidades y Educación

Escuela de Filosofía



La Psicología del Placer en el Filebo de Platón

Tesis presentada para optar al Título de Licenciada en Filosofía


Autor: Gabriela Silva Carrillo

Tutor: José Luis Ventura

Caracas, Noviembre de 2007



A mi mamá, mi tía, mi abuela, mi abuelo y mi hermano: los únicos que siempre han estado, están y estarán. Los amo.

A Mario y Guillermo: fieles pruebas de que no es necesario que compartamos la misma sangre para que pueda sentirlos parte de mi familia.

A Javier y María Virginia: dos amigos y compañeros que me ha regalado la universidad, que me han ofrecido su cariño y con quienes he compartido mis sueños y logros.

Mis infinitas gracias al Prof. José Luis Ventura, por toda su confianza, atención, ayuda y apoyo.

Universidad Central de Venezuela

Facultad de Humanidades y Educación

Escuela de Filosofía



LA PSICOLOGÍA DEL PLACER EN EL FILEBO DE PLATÓN

Autor: Gabriela Silva Carrillo

Tutor: José Luis Ventura

Fecha: Noviembre de 2007



RESUMEN

Nuestro propósito es analizar la doctrina psicológica del placer expuesta por Platón en el Filebo, y sus implicaciones en la teoría ética acerca de la constitución de la vida buena y en la posible fundamentación de una psicología de la acción. Entre los principales objetivos propuestos, encontramos: determinar cómo el alma se constituye en condición de posibilidad del placer; identificar los criterios que están a la base de la clasificación de los placeres, y, explicar cómo la relación entre la división del alma y la división de los placeres se constituye en factor determinante del carácter, la elección de la acción y la escogencia del modo de vida del individuo. La metodología empleada es de carácter analítico y comparativo, estableciendo relaciones entre el Filebo y otros diálogos platónicos con apoyo en las tesis propuestas por algunos autores contemporáneos especializados en la doctrina del placer en Platón. Entre las principales conclusiones tenemos: el establecimiento del lugar de origen del deseo de placer en el alma, la identificación de la vida mezclada de inteligencia y placer con el Bien supremo, y, la determinación de las tres principales clases de hombre y de varios modelos de gobernante a partir de la relación alma – placer.



Descriptores: Platón, Placer, Alma, Deseo, Inteligencia, Acción.

ÍNDICE

Pág.


INTRODUCCIÓN……………………………………………………………….. 1

CAPÍTULO


I. DE LA NATURALEZA Y PSICOLOGÍA DE ……………….. 6

I.1. Repleción y Depleción…………………………………………... 6

I.2. El Ser del Placer………………………………………………….. 16

I.3. como Principio Apetitivo………………………………….. 25

I.4. De la División del Alma a la División de los Placeres………… 35

II. LA DIVISIÓN DE LOS PLACERES…………………………………. 45

II.1. Placeres Anticipatorios: El Papel del Recuerdo

y la Esperanza……………………………………………………. 45

II.2. Placeres Verdaderos y Falsos: La Relación entre

y…………………………………………………….57

II.3. Placeres Reposo y Placeres Máximos………………………... 69

II.4. Placeres Mezclados o Impuros y Placeres

Inmezclados o Puros……………………………………………. 82

III. DE LA VIDA PLACENTERA A LA VIDA BUENA Y

LA ELECCIÓN DE LA ACCIÓN…………………………………….. 96

III.1. Placer, Inteligencia y Bien……………………………………... 96

III.2. Platón: ¿Hedonista o Anti-hedonista?.................................... 109

III.3. La Vida Mixta o Conjunta……………………………………… 116

III.4. La Relación Alma – Placer como Posible Fundamento

de una Psicología de la Acción……………………………….. 128

CONCLUSIONES…………………………………………………………….... 144

BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………. 150



INTRODUCCIÓN

El tema del placer (), ha sido objeto de estudio en parte importante de los diálogos platónicos, aunque el tratamiento y la valoración que el filósofo le ha prestado al mismo, presenta, desde el Protágoras, donde lo trata por primera vez, y pasando por el Gorgias, el Fedón y el República, notables cambios de perspectiva que se hacen evidentes cuando enfrentamos y comparamos diferentes pasajes de estos escritos.

Pero, no es sino hasta el Filebo, diálogo que hemos escogido para la presente investigación, donde Platón formula su doctrina del placer de manera más diáfana y concreta. Allí, en el marco del problema ético central, a saber, la determinación de la constitución de la vida buena, el autor confirma las conclusiones alcanzadas en el República acerca de la naturaleza psicológica de , en la medida en que, estableciendo el lugar del deseo () en el alma (), radica, en ella, la única condición de posibilidad del sentimiento placentero.

En este sentido, el principal objetivo en nuestra aproximación al Filebo, consistirá en señalar los fundamentos que, en dicho diálogo, hacen posible la construcción de lo que contemporáneamente se conoce como psicología del placer, y que, a su vez, permiten determinar, en el contexto ético, la estructura formal de lo que el autor considera como la mejor y más elegible vida para el hombre.

Lo que, nos proponemos, además, es dar un paso más allá, al intentar explicar cómo el hecho de que Platón establezca, en el alma, el lugar de origen del deseo de placer, permite sentar las bases que nos conducen a considerar este tema desde la perspectiva de la psicología de la acción. Efectivamente, y remitiéndonos al República, veremos que, dependiendo de la parte del alma predominante, ya sea la racional, la irascible o la concupiscible, prevalecerá, entonces, un tipo deseo y una tendencia hacia una cierta clase de placer, y, justamente, en virtud de ello, se definirá nuestro carácter, nuestra elección de acción y nuestra escogencia de modo de vida.

La vía por la que nos proponemos alcanzar tales objetivos, será, principalmente, a través del análisis de los argumentos fundamentales expuestos en el Filebo acerca de la naturaleza psicológica del placer, y el papel que, junto a la inteligencia, cumple en la constitución de la vida buena. Para ello, nos remitiremos, en ciertos puntos de nuestro desarrollo, a otros diálogos platónicos como Protágoras, Gorgias, Fedón, República y Timeo, donde también ha sido tratado el tema de , y, también, a las tesis que han propuesto algunos autores contemporáneos especializados en la materia de la doctrina platónica del placer, como Francisco Bravo, T. M. Robinson, A. E. Taylor, T. Irwin y I. M. Crombie, entre otros.

Dividiremos la temática en tres partes, y, cada una de ellas, en cuatro secciones, con la finalidad de cubrir todos los tópicos relacionados a la naturaleza psicológica del placer, la relación - y sus repercusiones tanto en el ámbito de la vida buena como en el de la elección de la acción.

Así, en la primera parte de nuestra investigación, dedicada a la naturaleza y psicología de , atenderemos, en primer lugar, a la noción de placer, y de su contraparte, el dolor, entendidos como procesos fisiológicos de repleción y depleción, respectivamente, los cuales están vinculados, al restablecimiento, en el primer caso, y, a la destrucción, en el segundo, del estado natural armónico de los seres vivientes.

En segundo lugar, y en el marco del ya conocido problema de lo Uno y lo Múltiple, trataremos de determinar, con Platón, el status ontológico del placer: si es uno o muchos, a qué género pertenece, y si es génesis o esencia, de donde, pensamos, podrán extraerse las primeras conclusiones que apuntarán a una refutación de la afirmación del hedonismo ético, según la cual, existe una identificación entre placer y Bien. Se intentará determinar, también, el género al que pertenece la inteligencia, lo que, creemos, será otro elemento fundamental en lo que al problema de la determinación de la constitución de la vida buena se refiere.

En tercer lugar, examinaremos los fundamentos a partir de los cuales, según nuestro autor, es posible afirmar que no hay deseos del cuerpo sino del alma, lo que permite radicar en ella la única condición de posibilidad del placer y confirmar el carácter exclusivamente psicológico o anímico del proceso de repleción, lo cual nos servirá de base para presentar, en cuarto lugar, las primeras consideraciones acerca de la relación entre la división tripartita del alma del República y la división de los placeres del Filebo, con miras a la fundamentación de una psicología de la acción.

En lo que respecta a la segunda parte de nuestro trabajo, dedicada, precisamente, a la división de los placeres mediante el método de la diaíresis en el Filebo, nos ocuparemos de examinar los criterios que están a la base de clasificación presentada por el autor, caracterizando a las diferentes, e incluso, opuestas, especies que es posible encontrar dentro del género de .

Así, analizaremos a los placeres anticipatorios y su relación con el recuerdo y esperanza. A los placeres verdaderos y falsos, y la conexión que existe, justamente, entre su verdad y falsedad y nuestra creencia u opinión acerca del objeto sobre el que el placer versa. A los placeres reposo y los placeres máximos, explicando cómo el error, que es intrínseco a ellos, está ligado a una concepción inadecuada de la noción misma de placer. Y, por último, a los placeres mezclados e inmezclados, donde, con la presentación del último criterio que permite diferenciar al placer genuino del aparente, se llegará al punto culminante de la psicología platónica del placer.

Mientras tanto, en la tercera y última parte, examinaremos, como primer punto, si es posible o no identificar a Placer o a Inteligencia con el género de lo Bueno, dependiendo de si cumplen o no con los criterios de perfección y autosuficiencia, con la finalidad de comprobar si la presencia de alguno de ellos, por si sólo, o si, por el contrario, una mezcla entre ambos, es lo que se constituye en el elemento característico del mejor eidos de vida.

En segundo lugar, haremos un recorrido por varios diálogos platónicos, intentando determinar cuál ha sido la posición de Platón, a lo largo de su obra, respecto al tema del placer. Veremos como el filósofo parece oscilar entre la postura hedonista y la anti-hedonista, y, además, señalaremos cómo eso influye y se refleja en la tesis última del Filebo.

Como tercer punto, daremos respuesta a la pregunta por el mejor y más elegible eidos de vida para el hombre, explicando cuál es el papel que el placer y la inteligencia juegan en su constitución, y cuál es la causa responsable de la bondad y perfección de tal vida.

Todo lo precedente nos permitirá abocarnos, finalmente, al intento de cumplir con nuestro objetivo final, a saber, intentar fundamentar una psicología de la acción humana a partir de la relación entre la división del alma del República y la psicología platónica del placer del Filebo. Con ello pretendemos mostrar cómo, el predominio de una parte del alma y su respectivo deseo y placer, se constituye en factor determinante del carácter, de la elección de acción y de la escogencia del modo de vida del individuo.



CAPÍTULO I

DE LA NATURALEZA Y PSICOLOGÍA DE 

I.1. Repleción y Depleción

La reflexión acerca del placer (), su naturaleza y su lugar en la vida del hombre, ha ocupado gran parte de la obra platónica, aunque el tratamiento y la valoración que el filósofo le ha prestado a dicha problemática ha presentado notables cambios de perspectiva que han ido de la mano de la evolución de su pensamiento en general, los cuales se hacen patentes cuando enfrentamos y comparamos diferentes pasajes de sus escritos.

En el diálogo socrático Protágoras, cuyo tema central consiste en la tesis de la unidad de las virtudes, fundamentada, a su vez, en la tesis de la identificación entre virtud y conocimiento, el vocero del autor, Sócrates, comienza ya a tomar parte en el tema del placer. Allí, aunque no hace mayores consideraciones acerca de la naturaleza del mismo, problema que se inscribe dentro de la cuestión científica1, sí se dedica a un primer análisis acerca de la cuestión evaluativa2, esto es, su papel en la vida humana, llegando, incluso, a identificarlo con el Bien, punto que ha sido objeto de gran debate por parte de los exégetas de la obra platónica.

Es en el Gorgias, en el marco de la discusión sobre la retórica y la felicidad del hombre, donde se plantea, de manera explícita, la cuestión científica, en tanto se presentan las primeras precisiones acerca de la naturaleza del placer, aunque aquí, a diferencia del Protágoras, Sócrates, en lugar de identificar lo placentero con lo bueno, le otorga un carácter meramente instrumental en lo referente al logro del Bien.

Un tratamiento más despectivo del placer se observa en el Fedón, diálogo que trata sobre el tema de la inmortalidad del alma, la vida del filósofo y en el que se exponen las primeras consideraciones acerca de la teoría de la reminiscencia, en tanto es visto, a causa de su naturaleza corporal, como gran obstáculo en lo que se refiere al ejercicio de la actividad filosófica.

Pero, en el República, en el marco de la discusión sobre el Estado Ideal y la Justicia, el autor comienza a ver a todos los placeres, incluso a los que eran rechazados en el Fedón, como procesos anímicos, con la diferencia de que estos últimos, en tanto utilizan al cuerpo como receptáculo, carecen de la verdad y la realidad que caracteriza a los que son exclusivos del alma, a saber, los intelectuales.

En este sentido, es posible dar cuenta de un notable avance respecto a la concepción de placer en este tránsito entre Fedón y República, ya que, mientras en el primero  es visto con recelo e incluso con desprecio a causa de su naturaleza corpórea, en el segundo, Platón reconoce, entre otras cosas, la existencia de placeres propios de alma y del conocimiento, con lo cual el status de los mismos en el pensamiento del autor parece alcanzar un valor y una importancia de la que antes carecía. T. M. Robinson lo explica de la siguiente manera: “Una diferencia notable entre el Fedón y el República yace en sus doctrinas sobre el placer y el deseo. En el Fedón ambos son considerados de proveniencia corporal (bodily provenance), y por lo tanto sospechosos (suspect); en el República alcanzan un status de más reputación, y son vistos como características del alma. El cuerpo no es más una fuente (source), sino un canal (channel), de los placeres y deseos3.

Pero ese valor e importancia alcanzan su punto más álgido en el Filebo, donde Platón, confirma y amplia las conclusiones presentadas en República, en tanto llega a afirmar que todos los placeres son procesos del alma () y que los reales y verdaderos tienen un lugar necesario y fundamental en la constitución de lo que se perfilará como la mejor y más deseable de las vidas, aunque no por ello abandona la idea de un dualismo cuerpo – alma, ya que, como veremos, y citando de nuevo a T. M. Robinson, en el Filebo “Los placeres son psicológicos (psychic) en vez de corporales (bodily), aunque en algunos casos el cuerpo jugará un papel más importante en su producción que en otros”4 .

De tal manera que, puede observarse la evolución del pensamiento platónico respecto al tema del placer, en tanto pasa de la exclusión y rechazo del Fedón a la inclusión y aceptación del República, lo cual también esta presente internamente en el Filebo, en la medida en que el filósofo va de la negación de la identificación del placer con el Bien, al reconocimiento de la necesidad del elemento placentero en la constitución de la vida buena, lo que, sin embargo, no significa la posterior afirmación de tal identificación.

Así, es en el Filebo, aunque su tema central no consiste, propiamente, en el placer, sino en la constitución de la vida buena, donde tanto la cuestión científica como la evaluativa son desarrolladas más extensa y detalladamente por nuestro autor, sentando las bases de lo que algunos autores contemporáneos consideran una psicología del placer.

Al comienzo de este diálogo, dos posturas diferentes son adoptadas respecto a la interrogante acerca de cuál es el verdadero bien para el hombre: Filebo, el interlocutor de Sócrates, y que, desde el principio de la discusión, es sustituido en la discusión por un tercero, Protarco, quien comparte su punto de vista, piensa que “para todos los vivientes, goce, placer, jocundidad y cosas por el estilo, son un bien”5, mientras que, el vocero de Platón, sostiene que “sapiencia, entendimiento, memoria y lo a esto emparentado: opinión correcta y razonamientos verdaderos, son bienes mejores y más volibles que el placer”6.

El objetivo del diálogo consistirá, entonces, en determinar cuál de estos dos candidatos, a saber, placer o sapiencia, se identifica con lo bueno, o, en las palabras de Sócrates, “cuál es el hábito o disposición del alma capaz de proporcionar una vida bienaventurada a todos los hombres”7. A este respecto, afirma A. E. Taylor: “En el Filebo estamos lidiando una vez más con la “practica” y más especialmente con la moral “individual”. El diálogo es una discusión directa acerca de la pregunta sobre si el “bien del hombre” puede ser identificado con el placer o con la vida de pensamiento (life of thought)”8.

El examen de en el Filebo, el cual constituye parte esencial de esta investigación sobre el bien supremo, supone un tránsito desde su consideración desde el punto de vista fisiológico a su consideración desde el punto de vista psicológico, arrojando, también, conclusiones de carácter epistemológico, permitiendo, así, responder a la pregunta por su naturaleza y su lugar en la vida del hombre.

Dicho examen comienza con una consideración metodológica por parte del autor, a saber, que con vistas a una comprensión satisfactoria del placer, este debe ser considerado en el contexto de su relación con el dolor9, además de atender a, tal como señala A. E. Taylor, “… “Aquello en lo que surgen” (su sujeto), y el , o el estado de las cosas, que les da origen, en otras palabras, las condiciones reales de su acaecimiento (occurence)”10, esto es, dónde y cómo tienen lugar.

Una primera caracterización del placer y del dolor se haya en Rep. 583e10, donde Platón los define como un “cierto movimiento” (). Pero se trata, no de un movimiento físico, sino de un movimiento psíquico, un movimiento del alma. En el Filebo, el filósofo ofrece una definición más específica: el placer consiste en un proceso de repleción (), esto es, un proceso de llenado, el cual está vinculado al restablecimiento de la armonía () que es característica del estado natural de los seres vivientes, esta es, la armonía entre lo ilimitado y lo límite, de la cual surge, naturalmente, lo animado11. Este proceso está, siempre y necesariamente, precedido por un estado de depleción o vacío (), el cual, en tanto se traduce en la destrucción o disolución de ese estado natural armónico, es (aunque, como veremos más adelante12, esto no ocurre ni siempre ni necesariamente) el origen del dolor (). Dice Platón: “…cuando se destruye el género animado nacido de lo ilimitado y el límite, conforme a la naturaleza (…) la destrucción es dolor y el regreso al ser propio de cada cual, ese regreso es para todos los seres el placer”13.

Bravo señala que esta concepción del placer y del dolor tiene su fundamento en “una ley fisiológica, inspirada en la medicina de la época”14, y para darle apoyo a esta afirmación, hace referencia a un pasaje del Fedón, en el cual, Platón escribe que, tanto el cuerpo como la lira, requieren, con miras al mantenimiento de su armonía, de un buen ajuste, cuya falta representa la destrucción de aquella: “…la armonía es invisible, incorpórea y algo muy hermoso y divino que está en la lira bien ajustada, mientras que la misma lira y las cuerdas son cuerpos, y corporales, compuestos y terrestres, y congénitos a lo mortal”15.

Citando de nuevo a Taylor, como respuesta a la pregunta por las condiciones en las que tienen lugar placer y dolor, tenemos que “…“Aquello en lo que el placer (o el dolor) surge” es siempre una criatura viviente, la criatura que siente el placer (o el dolor), y como tal, ésta pertenece a la “clase de la mezcla” (“class of the mixture”), ya que, su organismo es un complejo de una pluralidad de ingredientes (31c). La forma en la que surgen, el  que los ocasiona, es que “cuando la armonía (attunement) (esto es, el balance adecuado entre los ingredientes del organismo) en un animal es perturbada, el dolor es sentido, y cuando es restablecida después de la perturbación, el placer es sentido16.

Así, considerando las definiciones presentadas por el autor tanto en República como en el Filebo, Bravo afirma que “El movimiento pertenece, pues, a la esencia misma del placer y del dolor: en todos los casos, éstos se incluyen en el género movimiento. En otras palabras, el movimiento es, no sólo conditio sine qua non del dolor y del placer, sino el elemento esencial de los dos”17. Este autor considera que, entonces, la caracterización de tipo fisiológico del placer como repleción y la del dolor como depleción, viene a constituirse en la diferencia específica que los distingue a ambos, esta vez físicamente considerados, dentro del género del movimiento, y que, en la medida en que se trata, no de un movimiento del cuerpo, sino del alma, es un aspecto que puede verse ya, también, desde la perspectiva psicológica.

Esta tesis del placer y del dolor entendidos como repleción y depleción, respectivamente, comienza a formularse desde el Gorgias, y Platón la mantiene desde entonces. Para Calicles, interlocutor de Sócrates en dicho diálogo, “…el vivir agradablemente consiste en derramar todo lo posible”18, por lo que, podemos decir, con Bravo, que, para este hedonista desenfrenado, el placer consiste “en un constante proceso de repleción (plêrôsis) de unos apetitos insaciados e insaciables. Sin este proceso de repleción, de llenarse una y otra vez, no puede haber placer ni vida de placer”19, que, en ultima instancia es, para él, la vida feliz. En este sentido, dice T. Irwin: “En la visión de Calicles, la felicidad requiere apetitos grandes y exigentes y la satisfacción de los mismos (491e5 – 492c8) (…) La persona feliz es libre para satisfacer sus deseos, tiene los recursos para satisfacerlos, y aprovecha su libertad y sus recursos para satisfacer sus deseos”20.

Pero la diferencia que existe entre la concepción del placer-repleción21 del Gorgias, y la de diálogos como República y Filebo, es que, mientras en el primero era considerado como un proceso exclusivo del cuerpo (), en el segundo y, más aun, en el tercero, el alcance del mismo se extiende del terreno físico al del alma; en República al reconocer la existencia de placeres que le son propios a la misma22, y, en Filebo, al ser definido, el placer-repleción, como un proceso puramente psicológico23.

Para ver con más claridad la relación depleción – repleción, Platón remite, en Filebo 31e1 – 32b2, a lo que llama “casos vulgares y patentes”, estos son, los casos referentes a las afecciones corporales, poniendo como ejemplos de vacío, dolor y disolución de la armonía, al hambre, la sed y necesidades semejantes, y al comer y al beber como sus respectivas contrapartes.

Pero así mismo, tal como señala el filósofo en el República, existen, también, los vacíos del alma. La ignorancia y la insensatez se cuentan entre estos vacíos de tipo anímico y la repleción de los mismos se obtiene “tomando alimento y adquiriendo inteligencia”24. En este sentido, los placeres de la inteligencia serán aquellos que tienen por objeto “…el eidos de la opinión verdadera, ciencia e inteligencia y, en compendio, toda virtud…”25.

Estas primeras consideraciones acerca del placer y el dolor vistos como plêrôsis y kénôsis, respectivamente, constituyen los postulados fisiológicos de la doctrina de hêdonê que, a su vez, permitirán fundamentar los postulados ontológicos que examinaremos a continuación. Por su parte, la fisiología y la ontología del placer, permitirán construir una tesis psicológica sobre el mismo, que es lo que, efectivamente, hace Platón en el marco de su doctrina ética, con miras a responder a la pregunta inicial por el Bien supremo para el hombre. Y es, justamente, en base a la psicología platónica del placer, que nos propondremos, como objetivo final, establecer la relación entre la división del alma y la división de los placeres como posible fundamento de una psicología de la acción, punto que será tratado en la última sección del tercer capítulo.

I.2. El Ser del Placer

Ya se ha definido al placer y a su contraparte, el dolor, desde un punto de vista fisiológico. Pero también vimos, con Francisco Bravo, como es posible desprender, a partir de allí, tanto un enfoque físico como uno psicológico para el estudio de ambos procesos.

Ahora corresponde analizar las características que hacen del placer tal, esto es, su status ontológico, o, utilizando las palabras de Bravo, su lugar en el conjunto de la realidad26. Las tres maneras en las que se aborda este punto en el Filebo, son, en primer lugar, la paradoja de lo Uno y lo Múltiple, con lo que se busca responder a la pregunta de si el placer es uno o muchos; en segundo lugar y derivado de lo anterior, el examen de los cuatro géneros en los que se clasifica la realidad, con lo que se busca determinar a cuál de ellos corresponde el placer, y, por último, la tesis del placer visto como movimiento, a partir de la cual se busca establecer si el mismo es esencia o génesis.

Así, cuando Sócrates y Protarco se embarcan en esta parte de la reflexión, el primero considera necesario comenzar aludiendo al problema de lo Uno y lo Múltiple, con la intención de mostrar a su interlocutor, en vista de su negativa, que sí es posible afirmar que, dentro del género del placer, aún siendo uno, es posible distinguir diferentes, e incluso opuestas, especies de placer.

Al comienzo del próximo capítulo, analizaremos con más detalle el argumento que está a la base de la tesis de Sócrates acerca del carácter multívoco del placer, pero, para los efectos de lo que queremos exponer en la presente sección, remitiremos directamente a la paradoja de lo Uno y lo Múltiple, la cual está a la base de la reflexión acerca del género del placer.

De acuerdo con Sócrates, “los siempre llamados “entes” se componen de Uno y Muchos, y poseen, innatos, límite e ilimitación”27, lo que significa que, en cada uno de ellos, puede captarse, a su vez, una multitud o pluralidad de ideas. Esta multitud puede llevarse hasta el infinito, pero no antes de “ver su número total entre lo ilimitado y la unidad”28. Así, como señala Irwin, “… cuando reconocemos lo múltiple (the many), no debemos de una vez considerarlo como ilimitado (unlimited). Entre lo uno (the one) y lo múltiple, debemos reconocer un número definido, y sólo cuando hemos encontrado el número apropiado debemos hacer que lo uno se pierda en lo ilimitado (16d3-e2)”29. Esto lleva a Sócrates, en Fil. 17a-5, a señalar el error en el que incurren algunos hombres al hacer que la unidad se haga infinita inmediatamente, saltándose, entonces, los intermedios.

La intención de Platón al traer esta paradoja a la discusión, es tratar de mostrar como es posible encontrar placeres diversos, e incluso, contrarios, lo que, en última instancia, sentará las bases para su crítica hacia el hedonismo ético, según el cual, el placer se constituye en el supremo Bien.

Para Irwin, el explicar la variedad inherente al género del placer con ayuda de la paradoja de lo Uno y lo Múltiple, representa un paso importante en el intento de determinar la naturaleza de , y por ello escribe: “El Filebo agrega un punto importante a este contraste entre la F y las F’s. Platón insiste en que no hemos comprendido la naturaleza de F si simplemente ofrecemos una descripción de F y la contrastamos con las F’s (…) Una adecuada comprensión de F y una adecuada comprensión de las especies de F van juntas”30.

Y es, justamente, en el marco de este problema sobre lo limitado – ilimitado, y en ese intento de determinar cuál de los dos candidatos, a saber, placer e inteligencia, se constituye como el mayor de los bienes para el hombre en tanto se erige en el elemento constitutivo de la mejor de las vidas, que Sócrates invita a su interlocutor a embarcarse en la siguiente parte de la reflexión, con el objetivo de determinar el género al que pertenecen los aludidos. La razón de esto es que, habiendo ya encontrando un primer indicio de que ni placer ni inteligencia por sí solos, sino, por el contrario, una especie de mezcla entre ambos, y, por lo tanto, una vida conjunta, es lo que, en realidad, se identifica con lo Bueno y se lleva el premio de la victoria31, es necesario, aun, determinar cuál de ellos se constituye en causa de tal vida, ya que, el que resulte ser causa, pasaría a ocupar, por ello, el segundo lugar en la lista de los mejores bienes humanos, lugar que Sócrates, quien sigue defendiendo a la inteligencia ante Protarco, cree que está destinado, precisamente, para ella, y no para el placer32.

Así, en lo que respecta a la segunda manera de abordar el tema del ser del placer, y con miras a la determinación de la causa de la vida buena33, Platón, a través de Sócrates, introduce un nuevo sistema de conceptos, y se dispone a dividir en clases () todas las cosas de universo. Dice nuestro autor: “Dividamos en dos todos los seres que existen en el universo, o mejor, si no te importa, en tres”34, aunque un poco más adelante, admite la necesidad de distinguir un cuarto género35. I.M. Crombie lo resume de la siguiente manera: “Necesitaremos cuatro conceptos para discutir cualquier cosa. El primero, lo ilimitado, es decir, el material actual o potencialmente desordenado; en segundo lugar el límite, o principio de organización; en tercer lugar la mezcla de esos dos elementos en cosas concretas actuales; en cuarto lugar la inteligencia, divina o humana, como responsable de la mezcla”36.

El primero de estos géneros, el de lo infinito o ilimitado (), abarca, tal como se lee en Fil. 24e9-11, “Todo lo que nos parezca que llega a ser más y menos y que acepta lo fuerte o suave y lo demasiado, y todo lo semejante”, como, por ejemplo, lo caliente y lo frío37. Taylor señala que “Lo llamamos “infinito” o “ilimitado” (“boundless”) porque cualquier cosa puede, siempre, ser más caliente o más fría de lo que es; no hay una temperatura que sea la máxima o la mínima concebible, y de nuevo, si tenemos dos grados diferentes de temperatura, podemos insertar entre ellos un número interminable de temperaturas intermedias diferentes de ambos”38 .

Por su parte, según Fil. 25a6 – 25b, “…lo que no acepte estas calificaciones sino todas las opuestas a ellas, en primer lugar lo igual y la igualdad y después de lo igual, lo doble y todo lo que con relación a un número sea un número o una medida con relación a una medida…” recaerá en el eidos de lo limitado ().

Respecto a la relación entre estos dos géneros, Crombie apunta que “Todos los buenos estados de algo, como la salud, la música, el buen tiempo o la virtud humana, se deben a la mezcla correcta de estos dos elementos. Esta es una doctrina muy parecida a la teoría del Justo Medio de Aristóteles (…) El bien depende de la correcta organización de los componentes”39. Este señalamiento se hace patente en lo que al tercer género se refiere, ya que, el mismo está compuesto por “todo engendro de los otros dos que venga a esencia, creado por cooperación de las medidas con el límite”40, lo que significa que en él se unen o mezclan los dos primeros géneros, en tanto, se introduce un límite en lo infinito o ilimitado, ya que, el límite viene a ser lo que, eliminando lo excesivo, “produce a la vez moderación y proporción”41. Así, decimos con Taylor que, la “…“mezcla de los dos” (“mixture of the two”) supone una magnitud o intensidad precisa, y, por supuesto, determinada, de cualquier cualidad”42, ya que, el ser limitado consiste en poseer un límite en relación con una determinada norma o regla43.

El cuarto y último género, corresponde, tal como señala Sócrates en Fil. 27b9, a “la causa de la mezcla y la generación”, que, como ya nos ha adelantado Crombie, se identifica con la inteligencia, ya que, ella se constituye en principio del orden cósmico y universal. Respecto a este punto, dice Taylor, “Estamos de acuerdo en rechazar la teoría de que el curso del universo es azaroso (, 28d), y de acuerdo con la creencia tradicional de que es dirigido por una sabiduría () e inteligencia () suprema en todos los aspectos”44, y, T. M. Robinson comenta: “Una característica notable del Filebo es la creencia continuada de Platón en una inteligencia cósmica (cosmic intelligence) y un alma cósmica (cosmic soul), aunque ahora son vistas como la fuente de la cual nuestra propia alma e inteligencia se derivan, así como se dice que nuestro cuerpo debe su origen al mundo físico (…) El dualismo de cuerpo y alma es visto como una característica del cosmos mismo; el hombre es al mundo como el microcosmos es al macrocosmos”45. Así, tenemos que, la inteligencia divina, además de ser productora de la inteligencia y alma humanas, gobierna e impone orden, belleza y pureza a todos los elementos que constituyen la naturaleza de todo cuanto existe, y “…regula años, estaciones y meses…”46.

Ahora bien, ya establecidos los cuatro géneros en los cuales se clasifica la realidad, y habiendo determinado la pertenencia de la inteligencia al cuarto, lo que la convierte en causa47, queda por preguntarnos a cuál de ellos corresponde el placer.

Justo en 28a3, incluso antes de comenzar el análisis acerca del género de la Causa, Sócrates concede a Filebo, que, el placer, y, también, el dolor, pertenecen al género de lo infinito48. La razón de Filebo para hacer tal afirmación, es que el placer no podría ser el máximo bien “si no se diera el caso de que es por naturaleza ilimitado tanto en número como en intensidad”49, a lo que Sócrates responde que, siendo así, el dolor no podría ser, tampoco, el máximo mal50, quedando, entonces ambos incluidos en la clase de lo ilimitado. En este sentido, citando de nuevo a Taylor, tenemos que “El placer, y de nuevo el dolor, pertenecen, claramente, a la clase de lo “infinito” (“infinite”), ya que, ninguno de los dos, en su propia naturaleza, tiene un mínimo o un máximo (27e) (…) Por lo tanto, es claro que el mero rango indefinido (indefinite) del placer no es prueba de su bondad”51, ya que, como ha sido señalado por Crombie, el bien dependerá de la correcta combinación de lo ilimitado con el límite, y no de la pura ilimitación y desmesura.

La pertenencia del placer al primer género es reafirmada en Fil. 31a9-11, donde Sócrates señala que, a diferencia de la inteligencia, la cual coincide con el género de la Causa, “…el placer es por sí mismo, ilimitado y pertenece al género que, en sí y por sí, no tiene ni ha de tener nunca principio ni medio ni fin”52.

La tercera manera de abordar el tema del ser del placer tiene que ver con el hecho de que éste sea, físicamente considerado, un movimiento, tal como se encuentra expresado en Rep. 583e10. Sin embargo, en necesario recordar que se trata de un movimiento, no del cuerpo, sino del alma, ya que, tiene su fuente originaria en , lo cual le otorga un carácter psicológico53.

El ser caracterizado como , hace del placer un estado de actividad, y, por ende, algo que se encuentra “siempre en génesis”54. Esta es la tesis que Sócrates toma de aquellos que denomina, en Fil. 53c6, “gente sutil” (), según la cual, hay dos maneras de ser, a saber, la esencia y la génesis; la segunda, inferior y siempre en favor de la primera, lo que significa que el placer, siendo génesis (), es decir, no poseyendo un ser estable y determinado55, tiene lugar en favor de otra cosa y no posee, en él mismo, “nada de esencial”56. Necesariamente, la esencia se haya en la clase de lo bueno, mientras que, la génesis, debe ser ubicada en una clase distinta; una nueva razón que encuentra Platón para negar la identificación entre placer y Bien, la cual se sumará a las que examinaremos posteriormente57.

Así, hemos rastreado algunos de los aspectos fundamentales del ser del placer, estos son, su carácter multívoco, su pertenencia al género de lo ilimitado y su condición de génesis, con lo cual complementamos el análisis de los postulados fisiológicos y psicológicos desarrollado en la primera sección. Pero, a continuación, atenderemos a una interrogante que sigue sin respuesta en nuestro análisis de la naturaleza del placer, a saber: ¿Dónde se origina?





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