La profecía de las setenta semanas


un estricto literalismo al manejar el lenguaje de las Escrituras



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un estricto literalismo al manejar el lenguaje de las Escrituras. En su libro “Dispensacionalismo hoy”, Charles Ryrie menciona esto como una de las características sine qua non del dispensacionalismo; una característica sine qua non es eso y no es lo otro. Ahora, quiero aclarar, porque voy a estar citando de vez en cuando a Ryrie, que éste no es Juan Carlos Ryle, son dos personas diferentes; el último es un gran siervo de Dios, inglés, del siglo antepasado; Ryrie es un teólogo dispensacionalista moderno, actual.

Ryrie dice: “La interpretación que es consistentemente literal o llana, pone de manifiesto el método dispensacional de interpretar las Escrituras”. Nosotros creemos que la Biblia debe interpretarse literalmente, que estemos claros en eso, no nos adherimos al método de interpretación alegórico; hay algunas personas que leen la Biblia y, por ejemplo, leen que Daniel fue arrojado en un foso de leones, y dice: -Daniel representa aquí…-, pero, para nosotros Daniel no representa nada, Daniel es Daniel y fue un hombre que se llamó Daniel y que lo arrojaron en un foso de leones, de animales de cuatro patas que rugen y muerden; nosotros creemos en el método literal de interpretación, pero, noten que hablamos de un estricto literalismo. Al manejar el lenguaje de las Escrituras debemos determinar su significado por la Escritura misma, en otras palabras, la Biblia se interpreta a sí misma.

El problema del dispensacionalismo es que parte de una presuposición, le asigna un significado a la palabra y para él ese es el único sentido normal que podemos darle. Aquí vamos a entrar en uno de los grandes problemas del dispensacionalismo. Por ejemplo, según ellos, cuando la Biblia habla de Israel, siempre significa el pueblo que desciende de Abraham, el pueblo físico de Israel; por lo tanto, cuando ellos leen una profecía que dice: Israel, de inmediato arguyen que donde dice: Israel, debemos leer ese pueblo y no ninguna otra cosa. A eso nosotros respondemos que ciertamente donde dice Israel debemos leer Israel, pero, ¿Cuál es el alcance de ese nombre? ¿Se refiere únicamente y siempre a los descendientes físicos de Abraham y nada más? Yo creo que no. Debemos darle a esa palabra el mimo significado que el Nuevo Testamento le atribuye.

2. La segunda característica fundamental del dispensacionalismo es un rígido verticalismo al distinguir entre las distintas épocas de la Biblia. Nosotros ciertamente podemos distinguir varias épocas en las que Dios ha tratado con el hombre: La caída, el diluvio, el llamado de Abraham, e éxodo, la promulgación de la Ley en el Sinaí, el establecimiento de Israel en Palestina, el surgimiento de la línea davídica en el trono de Israel, la llegada del Mesías, su precursor Juan el Bautista, el Calvario, Pentecostés, cada uno de estos eventos marca una época especial en la revelación bíblica. No tenemos ningún problema en aceptar tal cosa; pero el dispensacionalista se distingue por la forma como separa una época de otra, su presentación es rígidamente vertical.

Scofield define dispensación como: “Un período de tiempo en el cual el hombre es puesto a prueba, en referencia a cierta revelación específica de la voluntad de Dios. Cada una de esas dispensaciones contiene los siguientes elementos: Una nueva revelación de parte de Dios, una nueva prueba para el hombre incluida en esa revelación, e fracaso del hombre a esa prueba y el consecuente juicio de Dios ante el fracaso del hombre”, y allí termina una dispensación y comienza otra dispensación, una nueva revelación, otra prueba, el hombre fracasa, Dios lo castiga y viene otra dispensación, entonces viene otra nueva revelación, otra prueba y así. Y en cada una de estas dispensaciones, y esto es crucial, se anula la responsabilidad del hombre con respecto a la revelación anterior, a menos que esto sea ratificado en la nueva dispensación.

De este modo, el dispensacionalista destruye en la práctica la unidad orgánica de las Escrituras. Nosotros sabemos que la revelación bíblica ha ido progresando de época en época, pero siempre guardando su unidad orgánica. Cuando nosotros sembramos una semilla en la tierra y esa semilla comienza a germinar hasta convertirse en un árbol, lo que tenemos al final es el desarrollo de la semilla que nosotros sembramos. Hay una unidad orgánica entre la pequeña semilla y el gran árbol que surgió de ella. Lo mismo podemos decir de un niño, que crece hasta llegar a ser un adulto, pero es el mismo ser humano y maduro, es la misma persona pero en su pleno desarrollo. Eso es lo que nosotros encontramos en la Biblia.

Por ejemplo, en Génesis 3:15 Dios promete a nuestros primeros padres, que acaban de caer en pecado, un redentor que habría de redimir al hombre de todas las consecuencias de la caída: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”, esa promesa evangélica, si podemos llamarle así, es la semilla que fue creciendo y creciendo hasta llegar a su plena madurez en el evangelio revelado en su plenitud en la persona y la obra de Cristo. Vamos a Romanos 1:1 al 3: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios -¿Es este evangelio algo nuevo, Pablo estaba trayendo un mensaje novedoso? No-, que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne”, ese evangelio que habla de la redención que fue prometida a Adán y Eva en el paraíso, encuentra luego una expresión progresiva en los distintos pactos que Dios ha hecho con su pueblo a través de la historia de la redención.

De paso debo decir que hace 14 años atrás yo me enfrenté por primera vez con el problema del dispensacionalismo y comencé a estudiar este tema, y fue un buen tiempo, porque una de las cosas que hace el sistema dispensacional es que atrapa tanto la mente y el corazón, que es difícil quitarse ese lente. Efesios 2:11 fue uno de los pasajes que más luz arrojó en mi para entender estas cosas: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”, Pablo dice: Dios hizo varios pactos a lo largo de la historia, y ustedes los gentiles en cuanto a la carne, estaban lejos de eso, ustedes no tenían nada que ver con eso, porque ustedes no pertenecían a la nación del pacto. Como vamos a ver más adelante, una de las cosas que dice Pablo en el capítulo 2 es que Dios derribó la pared intermedia de separación, ya no hay separación entre judíos y gentiles, porque tanto uno como el otro forman el pueblo del pacto en el Nuevo Testamento.

Lo que quiero que noten es que Pablo habla allí de pactos, en plural, pero girando todos alrededor de una promesa, en singular: “Los pactos de la promesa”, ¿Y cuál es esa promesa? Ver Génesis 17:4 al 8; Éxodo 6:6 al 7; 2 Samuel 7:14; Jeremías 31:31 al 33 y Apocalipsis 21:3, y verán allí diferentes pactos, el abrahámico, el mosáico, el davídico, el nuevo pacto, y en todos ellos la promesa es: “Yo seré u Dio y ellos serán mi pueblo”. Continuamente Dios dice: “Voy a hacer un pacto con ustedes”, y recuerden que un pacto es una promesa a la que Dios interpone un juramento, un pacto sin juramento no es pacto, un pacto es una promesa jurada, como dice Hebreos 6:12 en adelante, cuando habla del pacto que Dios hace con Abraham, Dios le promete algo pero encima de la promesa jura: “Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros”, versículos 17 y 18. Dio promete y jura, pero ¿Qué es lo que promete en cada uno de estos pactos? “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

Por eso en Apocalipsis 21:3, cuando llegamos al clímax de la historia redentora, ¿Qué tenemos allí? “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”, lo que el Señor le prometió a Abraham en Génesis 17 va a seguir corriendo como una línea a través de toda la Escritura, para tener su cumplimiento final en el momento en que el tabernáculo de Dios descienda y Dios venga a habitar con nosotros y nosotros con él. Son varios pactos, pero todos girando alrededor de la misma promesa esencial. El verticalismo rígido de los dispensacionalistas no les permite ver ese principio unificador, porque en cada dispensación se anula lo anterior, a menos que sea reconfirmado en la nueva, según ellos.

¿Qué decimos nosotros? Que es al revés, que la Biblia enseña lo contrario, que en cada época lo anterior sigue vigente, a menos que Dios lo anule. Si no ven esto, ustedes van a ser dispensacionalistas, ¿Ven la diferencia? Viene una nueva época y una nueva revelación nueva de Dios, lo anterior sigue vigente porque Dios no ha cambiado, a menos que Dios mismo lo anule, que es diferente. Por eso es que ustedes ven que al día de hoy no guardan el día del Señor, ¿Por qué? –Ah, porque eso es del Antiguo Testamento, eso no pertenece a la Iglesia, eso es de otra dispensación-, y ya con eso resuelven el problema, pero Dios sigue siendo el mismo y sigue considerando al adulterio como pecado, al robo como pecado, el homicidio como pecado; Dios no ha cambiado en su carácter moral, Él sigue siendo el mismo.
3.La tercera característica fundamental de este sistema es una separación radical en la comunidad de los redimidos revelada en las Escrituras. Una lectura rápida de la Biblia permite ver que a través de la historia de la redención Dios ha tratado con dos comunidades de redimidos, en el Antiguo Testamento, Israel, en el Nuevo Testamento, la Iglesia; y ciertamente la Iglesia e Israel no son idénticos, Israel es Israel, y la Iglesia tiene características que son peculiares a la Iglesia. ¿Cuál es la relación que existe entre ambas comunidades? ¿Existe alguna conexión orgánica entre Israel y la Iglesia o son dos cosas completamente distintas y separadas? Los dispensacionalistas responden que son dos líneas paralelas que nunca se juntan, que permanecerán eternamente separadas la una de la otra. Como alguien ha dicho: “La premisa básica del dispensacionalismo es que hay dos propósitos de Dios expresados en la formación de dos pueblos que mantienen sus distinciones a través de la eternidad”.

Ánimo de ser irreverente o burlón, sino más bien ilustrativo, lo que estos hermanos están diciendo es que los judíos vivirán en su barrio y nosotros en el nuestro, son dos cosas completamente diferentes. De hecho algunos dispensacionalistas enseñan que en el reino de mil años, que ellos creen porque nosotros no creemos en tal cosa, Israel va a estar viviendo en la tierra, y la nueva Jerusalén, según ellos, es una ciudad en forma de cubo que va a estar suspendida en el cielo donde vivirá la Iglesia, la Iglesia en un lado e Israel en el otro. Aclaro que muchos dispensacionalistas no creen eso, pero muchos si lo creen.

Lo que todos si creen es que estas dos comunidades son distintas, completamente distintas, y esta es una de las características más singulares del dispensacionalismo. Nunca antes la Iglesia de Cristo dudó que muchas de las profecías del Antiguo Testamento, concernientes a Israel, se estuviesen cumpliendo hoy en la Iglesia, que es el Israel del nuevo pacto, eso nunca lo dudó la Iglesia, hasta que llegó Darby. Lewis Sperry Chafer, que es uno de los más renombrados teólogos dispensacionalistas, dice lo siguiente en su obra “El reino en su obra y en la profecía”: “La teología protestante ha enseñado generalmente que todas las promesas del reino, y aún el gran pacto davídico, se han cumplido en y a través de la Iglesia”, él reconoce que eso siempre fue así, por eso ellos se consideran a sí mismos como aquellos que han descubierto una nueva verdad que la Iglesia de Cristo no vio en siglos. Pero, eso es lo que la Iglesia de Cristo ha creído a través de las edades, que el pacto davídico y muchas de las promesas de Dios para Israel en el Antiguo testamento se están cumpliendo hoy en la Iglesia, que es el Israel espiritual de Dios.

Pero, a pesar de eso los dispensacionalistas insisten en que las promesas del Antiguo Testamento son única y exclusivamente para los descendientes físicos de Abraham, es decir, los judíos; más aún, nuestros hermanos dispensacionalistas dicen que la Iglesia no aparece en ninguna profecía del Antiguo Testamento, en ninguna. La Iglesia, según los dispensacionalistas, es un paréntesis que Dios introdujo en el programa del reino judío profetizado en el Antiguo Testamento, o sea, Dios está lidiando con Israel, llega el Mesías, es rechazado, entonces ¿Qué ocurre? Dios entra ahí un paréntesis que es la Iglesia, el plan de Dios para con los judíos queda suspendido, cuando llega la gran tribulación Dios saca a la Iglesia de aquí y el tic tac del reloj de Israel, como ellos mismos dicen, comienza a funcionar otra vez. Mientras tanto, en esta era de la Iglesia el reloj profético de Dios está suspendido, la Iglesia es un paréntesis y ninguna de las profecías del Antiguo Testamento, dicen ellos, se está cumpliendo en la Iglesia.

¿Qué dice el Nuevo Testamento al respecto? Como decía hace un momento, debemos interpretar las Escrituras literalmente, donde dice Israel no debemos leer Filistea, debemos leer Israel, ahora, ¿Cómo interpreta la Biblia ese nombre de Israel? Bueno, veamos lo que dice el Nuevo testamento, Romanos 2:26 a 29, ¿Es Israel únicamente ese pueblo físico, esa nación que desciende de Abraham?: “Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”.

¿Hermanos, cuál es el ritual que marcaba a un judío y lo separaba de las otras naciones de la tierra? ¿Y qué dice Pablo en Colocenses 2? Que Cristo circuncidó nuestro corazón; por eso en Filipenses 3:3 el Apóstol Pablo dice: “Porque nosotros somos la circuncisión”, la que se hace no en la carne sino en el corazón. Aquella circuncisión carnal y física era un símbolo de lo que sería la verdadera circuncisión que Cristo hace en los cristianos. Entonces, ¿Quiénes son los judíos? Nosotros somos los judíos, porque nosotros fuimos circuncidados en el corazón, Romanos 4:9 al 12, y este es para mí uno de mis textos favoritos en este libro al ver cómo Pablo aplicaba la teología del Antiguo Testamento; y alguien dirá: -Bueno, pero Pablo era inspirado por el Espíritu de Dios-, si, por supuesto que sí, pero todo lo que él escribió fue inspirado por el Espíritu de Dios, pero eso no elimina el estudio que Pablo mismo hizo de los textos bíblicos, la inspiración no hacía vagos a los autores inspirados, tenían que estudiar la Biblia, dice Pablo hablando de aquel a quien la bienaventuranza no inculpa de pecado: “¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión –Es decir, sólo para los judíos-, o también para los de la incircuncisión –Es decir, sólo para nosotros los gentiles-? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

Vayan al Génesis, no ahora, y busquen en la historia de Abraham para ver en qué momento Dios le dice a Abraham que su fe le es contada por justicia, se van a dar cuenta que cuando Dios le dice eso a Abraham, él todavía no estaba circuncidado, él era un incircunciso, y luego le dice que le dice que se circuncide, versículo 10: “¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado”.

¿De quién es padre Abraham? De todos los gentiles que han creído en Cristo, aunque sean incircuncisos, y de todos los judíos, que también han creído; él es el padre de ellos, y por lo tanto, nosotros somos hijos de Abraham, y por lo tanto, nosotros somos herederos de todas las promesas grandiosas que Dios le dio a los descendientes de Abraham en el Antiguo Testamento, nosotros somos el Israel de Dios. Romanos 9, allí Pablo dice entre los versículos 2 y 4: “…tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas”, y en el versículo 6: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos”, dice Pablo: -No piensen que por el simple hecho de pertenecer a esa nación ya son israelitas-.

Y para probar ese punto, otra vez, Pablo usa la historia del Antiguo Testamento. Dice que Abraham tuvo dos hijos: Isaac e Ismael, sin embargo, los dos no son herederos de la promesa en el mismo sentido, a pesar de que fueron hijos de Abraham, entonces dice, versículos 7 a 8: “…ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”. Los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.

Y el último texto para probar este punto; esto es importante porque la mayoría del pueblo evangelio a nuestro alrededor cree exactamente lo contrario de lo que estamos predicando hoy aquí; el impacto del dispensacionalismo ha sido tan grande que la mayoría del pueblo evangélico cree lo contrario a lo que nosotros creemos aquí. Muchos no saben, tristemente, que esa teoría dispensacional es algo relativamente nuevo, eso no es lo que la Iglesia de Jesucristo ha creído a través de los siglos. Ahora, debo aclarar que una doctrina no es veraz por ser antigua, como tampoco podemos decir que una doctrina es errónea por ser novedosa, una doctrina es correcta si es bíblica, sea antigua o nueva. Ahora, cuando ustedes escuchen que alguien descubrió algo que nadie vio en 19 siglos de cristianismo, pónganse en guardia porque probablemente sea incorrecta. Porque el Espíritu Santo está obrando en la Iglesia. Gálatas 3:13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu –Ahora Pablo va a explicar cómo es eso-...Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”.

Dios le dio a Abraham varias promesas: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:2 y 3, varias promesas, pero no solamente a él sino a su simiente; ahora Pablo se pregunta ¿Y quién es esa simiente? Dice él: Cristo, no los hijos físicos de Abraham, no, la simiente es Cristo.

Vamos a seguir leyendo el versículo 25 de Gálatas 3: “Pero venida la fe –Dice que la Ley fue un ayo que nos llevó a Cristo-, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje -descendencia- de Abraham sois, y herederos según la promesa”. ¿A quién fue dada la promesa? A Abraham y a su simiente, ¿Quién es su simiente? Cristo, ¿Y dónde estamos nosotros, Hermanos, por la fe? En Cristo, y por lo tanto somos esa simiente espiritual y herederos de Dios, según las promesas.

Por eso en el Nuevo Testamento se enseña, con toda claridad, que muchas de las promesas del Antiguo Testamento que prometían cosas a Israel, se están cumpliendo ahora en la Iglesia. Recuerden que antes decíamos que, según los dispensacionalistas, la Iglesia no aparece en las páginas del Antiguo Testamento, que ninguna profecía del Antiguo Testamento tiene que ver con la Iglesia, porque allí dice Israel y tienen que ser los descendientes físicos de Abraham.

¿Pero qué dice el Nuevo Testamento? Hechos 3: 24: “Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días”, y él está hablando aquí después de Pentecostés, cuando ya la Iglesia estaba funcionando y predicando, dice: “Y todos los profetas…han anunciado estos días”; ustedes todos aquí conocen lo que pasó cuando se inaugura la Iglesia en el día de Pentecostés, que el Espíritu Santo descendió, los Apóstoles y los discípulos comenzaron a hablar en otras lenguas, algunas personas que estaban allí dijeron en Hechos 2:14: -Estos están borrachos-, ¿Y qué dice el Apóstol Pedro? “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día –Los judíos comienzan a contar el tiempo a partir de las seis de la mañana, la tercera hora eran las 9:00 de la mañana, y dice ¿Cómo van a estar tomando todavía, si son las 9:00 de la mañana? Hoy eso es posible, en aquella época es era inconcebible. ¿Cómo lo explica Pedro?-. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas…”, y todavía los dispensacionalistas insisten en que esas profecías no se han cumplido, que ese texto dice que lo que pasó en Pentecostés es una ilustración de lo que profetizó Joel; pero eso no es lo que dice ahí, lo que dice es: -Esto es lo que profetizó Joel, esto que ustedes están viendo es un cumplimiento de lo que Joel profetizó-; y se está cumpliendo ahora en la Iglesia.

Hechos 15:2 al 18, aquí tenemos el concilio de Jerusalén, algunos estaban inquietos porque se predicara el evangelio a los gentiles, no entendían todavía lo que estaba pasando, y dice desde el versículo 12 al 18: “Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos”. Si Pablo hubiera vivido en esta época hubiera dicho: -Esto no es un paréntesis en el programa de Dios-, esto es lo que Dios viene anunciando desde tiempos antiguos, que vendrá un momento en que las ramas silvestres serán injertadas en el buen olivo y las ramas naturales incrédulas serán desgajadas. ¿Qué es lo que ha pasado? Que en el pueblo de Dios los judíos, los descendientes físicos de Abraham que no creyeron, fueron cortados y ya no pertenecen al pueblo de Dios, y nosotros, que hemos nacido en San Juan de la Maguana, en Baní, en que-sé-yo-dónde y hemos creído en Cristo, hemos sido injertados en ese buen olivo y ahora nosotros somos el pueblo de Dios, eso es lo que ha pasado. Pueden leer en sus casas Jeremías 31:31 al 33 y compararlo con Hebreos 8:6 al 8 y 13, y van a ver que allí Jeremías profetiza un nuevo pacto para la casa de Israel. Por eso Cristo dice que: “…esa es la sangre del nuevo pacto que por vosotros es derramada”.




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