La profecía de las setenta semanas



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La profecía de las setenta semanas

en el libro de Daniel
-Respuesta al Dispensacionalismo-
Pastor Sugel Michelén

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo


¿Qué pensaría usted de un médico que luego de examinarlo no sólo le da un diagnóstico de la enfermedad que padece, sino que también le predice con precisión y exactitud cuál será el desarrollo de esa enfermedad en el tiempo: -Dentro de un mes va a sentir esto y aquello, y en dos meses y medio va a tener estos síntomas, y un mes después esto otro, y a las cinco semanas de comenzar el tratamiento el medicamento le va a producir esta y esta reacción-? Y en el tiempo exacto que el médico ha predicho, cada una de esas cosas comienza a suceder. ¿Qué pensaría usted de ese médico? Que el individuo tiene un conocimiento inusual de su profesión, quedaría profundamente sorprendido ante la precisión con que este hombre puede prever el desarrollo de su enfermedad. Ahora bien, ningún médico puede predecir con tanta precisión las reacciones del cuerpo humano; pero el punto aquí es que si eso fuera posible y un médico adquiriera tal pericia en el manejo de sus pacientes, dejaría “boquiabierto” a todo el mundo.

En las Escrituras nos topamos con una serie de profecías que no solo predicen algunos eventos, sino que también establecen el tiempo en que tales sucesos habrán de ocurrir. Y eso no nos sorprende porque Dios es Dios y Él conoce el fin desde el principio; Él conoce las cosas que habrán de ocurrir en el mundo y dónde encaja cada una de ellas en el calendario de los hombres. Por ejemplo en Génesis 40 José recibe iluminación de parte de Dios para predecir al jefe de los coperos del rey, que estaba con él en la cárcel, que sería restablecido en su puesto, y al jefe de los panaderos le predice que en tres días sería ejecutado, y tal como José lo predijo, en ese mismo lapso de tiempo, ambas cosas ocurrieron.

En el capítulo siguiente, Génesis 41, mandan a buscar a José para que interprete el suelo del faraón, las siete vacas flacas, las siete vacas gordas, las siete espigas llenas y las siete espigas menudas y abatidas por el viento. Y José predice al faraón que vendrán siete años de abundancia y siete años de hambruna extrema; y una vez más, en ese lapso de tiempo ocurren esas cosas. No fueron cinco años de abundancia y nueve de hambre, no fueron seis y ocho, fueron siete y siete, tal como Dios lo había revelado.

Otro ejemplo impresionante de esa precisión profética es el que encontramos en 2 Reyes 7, Samaria está sitiada por los sirios y el hambre se hizo tan insoportable que la cabeza de un asno se vendía por 80 piezas de plata; y en medio de ese caos, Eliseo le profetiza al rey de Israel que en 24 horas habría tal abundancia en Samaria que unos 9 litros de harina se iban a vender por centavos, y el doble de esa cantidad de cebada por el mismo precio. Dice la historia sagrada que uno de los príncipes sobre los cuales se apoyaba el rey, cuando oyó la profecía dijo en tono de burla que ni que Dios abriera la ventana de los cielos podría ser eso posible, y Eliseo le responde: “He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”, versículo 2. No vamos a entrar ahora en los detalles de la historia, pero al día siguiente, en el tiempo señalado por Eliseo, los sirios abandonan apresuradamente en el campamento, y tal como dijo Eliseo el pueblo atropelló al príncipe aquel que estaba custodiando la puerta, él vio la abundancia pero no comió de ello, y los alimentos se vendieron al precio que él había predicho 24 horas antes.

Un ejemplo más que quiero mencionar, antes de tratar el texto en el que desarrollaremos el tema de hoy es el de la cautividad de Israel, en tiempo del profeta Daniel; Dios había profetizado que Israel sería llevado en cautiverio por la nación de Babilonia, y el Profeta Jeremías predice que dicho cautiverio duraría 70 años, 25:8 al 11. Y anuncia que al final de esos 70 años los judíos regresarían a su tierra, 29:10, y una vez más la profecía se cumplió en el tiempo establecido.

Es precisamente en el contexto del cumplimiento de esta profecía que Daniel clama a Dios por el retorno de Israel, cuando el cautiverio llevaba ya unos 68 años; esta oración quedó registrad en el capítulo 9 del libro de Daniel. Como resultado de esta oración el Señor revela a su siervo una de las predicciones más sorprendentes, no sólo con respecto al retorno de la cautividad, sino con respecto al tiempo de la aparición del Mesías y lo que habría de ocurrir en Israel en ese contexto, 9:24 a 27: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”.

Es pertinente que veamos algunas con respecto a los detalles de este pasaje. Daniel está preocupado por el futuro inmediato de su pueblo y Dios le envía al ángel Gabriel para darle a conocer lo que habría de ocurrir con Israel en los años venideros: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad”, la palabra “semanas” significa literalmente “siete”, por lo que el texto señala “setenta períodos de siete”, y el texto no especifica si son siete días, o meses o años, simplemente dice “setenta períodos de siete”, y una serie de cosas habrán de ocurrir en ese tiempo. Tenemos razones para pensar que estos períodos de siete se refieren a “siete años”, por lo que estamos hablando de un período total de 490 años, setenta por siete son 490, que el ángel Gabriel divide a su vez en tres períodos, uno de siete semanas, otro de 62 semanas y otro de una semana; en otras palabras, 49 años, 434 años y 7 años.

¿Qué predice el texto que habría de ocurrir en ese lapso de tiempo? Cuatro cosas: la restauración de Jerusalén, la aparición del Mesías, el rechazo y muerte del Mesías y la destrucción de Jerusalén; eso es, básicamente, lo que el texto profetiza, aparte de todo lo del versículo 24. Pero, en el desglose del tiempo, como lo da luego el ángel, eso es lo que habría de ocurrir.


LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN Y LA APARICIÓN DEL MESÍAS
Versículo 25: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”; el ángel revela a Daniel que estos 490 años comenzarían a correr en el momento en que fuera emitida una orden para restaurar y edificar a Israel. Y aquí nos topamos de inmediato con una dificultad, este pasaje es muy difícil; en la historia bíblica nos encontramos con cuatro edictos, órdenes, promulgadas por distintos monarcas persas, y que de un modo u otro tiene que ver con el regreso de los exiliados y con la reconstrucción de Jerusalén.

El primer edicto, cuando Ciro el grande permitió el regreso de los judíos a su tierra para reedificar el templo, eso ocurrió en el año 539 antes de Cristo, edicto que encontramos en 2 Crónicas 36:22 y 23, y en el libro de Esdras 1:1 al 4. En esa ocasión los exiliados son conducidos por Zorobabel, y bajo su dirección levantan un altar para el holocausto, reinauguran el ritual de los sacrificios y colocan los cimientos del nuevo templo, recuerden que el templo había sido destruido por Nabucodonosor en el año 586. Muy pronto ese pequeño remanente de judíos encontró muchas dificultades y problemas, por lo que no pudieron adelantar gran cosa la reconstrucción del templo, mayormente por culpa de los samaritanos, quienes pusieron tantos obstáculos que, finalmente, la obra se detuvo. Así permaneció por 15 años durante los cuales este grupo de judíos se establecieron en las proximidades de Jerusalén, y se dedicaron a cultivar sus tierras.

Mientras tanto muere el rey Ciro, en el año 530, le sucede su hijo Candices, que más tarde fue sucedido por su hijo Darío I, que era miembro de una rama colateral de la casa real. Y al principio del reinado de este último monarca, los repatriados reciben un nuevo impulso para continuar la obra, a través del ministerio profético de Hageo y Zacarías. Tanto el uno como el otro, alentaron al pueblo a proseguir con la reconstrucción del templo, por lo que Zorobabel vuelve a la carga. Pero una vez más los samaritanos se enteran y tratan de parar la obra de nuevo, remitiendo este asunto a la corte real.

Darío recibe el caso, investiga y encuentra el edicto que había sido emitido por el rey Ciro, por lo que ordena, a través de otro edicto, que los judíos no fueran estorbados sino que, más bien, se les facilitase toda la ayuda que el decreto original de Ciro decía. Este es el segundo decreto que fue promulgado entre los años 519 y 518 antes de Cristo, aunque debemos recalcar que este fue una confirmación de la validez del decreto anterior de Ciro el grande, Esdras capítulos 5 y 6. Animados con esta nueva prueba del amor de Dios, los judíos finalmente reconstruyen el templo, por segunda vez, en el 515 a. de C., aunque en ese momento no fue totalmente completado ni adornado como debía ser.

El tercer decreto es el de Artajerjes, alrededor del 458 a. de C., sobre el cual leemos en Esdras 7:11 al 26, en el cual el rey le da a Esdras autoridad para reorganizar la comunidad judía de Jerusalén, sobre la base de la ley de Moisés, a la vez que le ofrece todos los recursos que necesita para concluir la reconstrucción del templo, que recordemos que no fue totalmente terminado en el tiempo de Darío, y también para que ellos puedan celebrar allí los cultos de adoración. En esa ocasión regresan con Esdras unas 2.000 personas, que no sólo comienzan a trabajar en el templo, sino que también inician la reedificación de la muralla de la ciudad. Los samaritanos vuelven a la carga, y aunque esta vez no pueden impedir los trabajos del templo, porque el rey lo había autorizado, si retienen la reconstrucción del muro, y muy probablemente destruyen y queman lo que los judíos habían hecho hasta ese momento.

Estas son las noticias que recibe Nehemías y de las que leemos en su libro, 1:3: “Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”. Esto aflige grandemente a Nehemías; el rey Artajerjes, quien todavía reinaba y el que había dado el decreto para que Esdras regresara, se da cuenta de la tristeza de Nehemías y ahí es que este le pide al rey que le permita regresar a su tierra para reedificar la ciudad y para fortificar sus muros. Artajerjes accede emitiendo otro decreto, en el año 444 a. de C. y acerca del cual leemos en Nehemías 2:1 al 8.

Así que tenemos el decreto del rey Ciro en el año 539 a. de C.; el de Darío I ratificando el de Ciro entre los años 519 y 518; el primero edicto de Artajerjes alrededor del 458 y el segundo decreto de este mismo rey en el 444, en los días de Nehemías.

Pregunta: ¿A cuál de estos decretos es que se refiere el ángel en Daniel 9:25? En cuanto al decreto de Ciro, el primero de todos, debemos notar que la orden que se menciona en Daniel 9:25 tenía que ver con la restauración y edificación de Jerusalén, y se nos dice que en ese contexto se volvería a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos, versículo 25: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”. Nada de eso ocurrió en el momento en que el primer grupo de exiliados llegó a Jerusalén, aparte de que si comenzamos a contar los 490 años de las 70 semanas, a partir del 539 a. de C., eso nos llevará al 49 a. de C., o sea que Cristo ni siquiera ha nacido todavía. Así que el decreto de Ciro tenemos que descartarlo.

Lo mismo podemos decir del decreto de Darío I, que no es más que una confirmación del anterior. Eso nos deja con dos opciones, o el primer decreto de Artajerjes, en el 458, o el segundo decreto de Artajerjes en el 444. Personalmente me inclino por el primer decreto de Artajerjes en el 458. Como estamos interpretando una profecía que ya se cumplió, podemos calcular en retrospectiva para saber la fecha que encaja. Según el versículo 25, entre la salida de la orden para restaurar a Jerusalén, hasta la aparición del Mesías Príncipe, habrían 69 semanas de años, es decir, 483 años. Si la salida de la orden fue alrededor del 458 a. de C., 483 años después nos llevan alrededor del año 27, que es el tiempo en el que se presume que el Señor fue bautizado por Juan el Bautista para iniciar su ministerio mesiánico. Recuerden que nuestro calendario tiene un error, el Señor no nació en el año 0.

Aunque este primer edicto de Artajerjes tenía que ver explícitamente con la restauración del templo, el regreso de todos esos judíos que volvieron con Esdras indudablemente dio un nuevo impulso a la reconstrucción de la ciudad. Si Artaerjes les había dado permiso para volver, eso implicaba también un permiso para reconstruir su casa. Por otro lado, es con el retorno de Esdras que se inicia la verdadera reconstrucción de la nación como el pueblo del pacto; Esdras regresó con la Ley de Moisés para que Jerusalén volviera a ser lo que fue antes del cautiverio. Por otro lado, es en el tiempo de Esdras que los judíos comienzan la reconstrucción de sus murallas, obra que luego fue estorbada por los samaritanos, y el texto en Daniel dice claramente que fue en ese tiempo en que “…se volvieron a edificar los muros en tiempos angustiosos”.

Yo no quisiera que perdieran de vista que en medio de todos estos datos y fechas qué es lo que se nos revela en este pasaje de Daniel. Para nosotros es difícil hacer cálculos exactos porque los registros históricos de la antigüedad no tenían la precisión en cuanto a fecha que tienen los registros hoy, ellos no usaban ni siquiera nuestro calendario; pero, es obvio que esta profecía se cumplió tal como fue predicha, el Mesías apareció en el escenario de Israel como Mesías, no que nació en esa época, es que él apareció como Mesías en el momento de su bautismo 483 años después de que se hubiera promulgado el decreto del que se habla en el versículo 25 de Daniel 9.

De hecho, cuando Jesucristo nació algunos judíos piadosos sabían que el Mesías estaba a punto de nacer, Lucas 2:25 y 26: “He aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor“; en el caso particular de Simeón, este había recibido una revelación particular de parte de Dios; noten ahora el versículo 36: “Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén”.

Y aquí debemos incluir también a los magos que vinieron de oriente, que muy probablemente eran persas, y que muy seguramente leyeron el libro de Daniel y pudieron calcular que para esa fecha tenía que estar naciendo el Mesías, aunque admito que esa es una especulación. Si ellos leyeron el libro de Daniel o no, no lo sabemos, pero no podemos olvidar que Daniel fue un ministro persa, y muy factiblemente el libro de Daniel se guardó en los anales de los persas, por eso cuando estos magos de oriente vieron la estrella en el firmamento pensaron que podría estar anunciando la venida de ese rey.

Pero, volviendo a nuestro texto, allí vemos que el ángel divide los años en que habrían de ocurrir estos eventos en dos períodos de tiempo, uno de siete semanas, es decir 49 años, y otro de 62 semanas, es decir 434 años. Durante el primer período se reconstruiría la ciudad, versículo 25: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”, que la última parte de este versículo se cumplió, tal como fue profetizada, tenemos testimonios abundantes en el libro de Nehemías, especialmente en los capítulos 3, 4, 6 y 9; como los judíos encontraron tanta oposición cuando trataron de hacer la obra de reconstrucción; ellos realmente reconstruyeron el muro y la plaza en tiempos angustiosos.

El segundo período de 434 años es el que vino inmediatamente después de la reconstrucción de la ciudad y en el cual, según esta profecía, nada se predice en particular, excepto de que al final de ese tiempo el Mesías haría su aparición en la vida de Israel. Este segundo período corresponde al tiempo intertestamentario, que se inició después del ministerio de Malaquías, y concluyó con el inicio del ministerio del Señor. Durante todo este tiempo Israel no recibió palabra de Dios.
EL RECHAZO Y MUERTE DEL MESÍAS Y LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN
Pero aún nos resta una semana en la profecía, es decir, un período de siete años en los cuales muere el Mesías, habiendo sido rechazado por su pueblo, lo que trae como consecuencia la destrucción de Jerusalén unos años más tarde, versículo 26: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; -ese “por otra semana” se debe traducir más bien como “una semana”- a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador“.

Lo primero que encontramos en el versículo 26 es el anuncio de la muerte del Mesías, y no olviden que Daniel escribió su libro en el año 538 a. de C., es decir, 570 años antes de que eso ocurrió. El ángel le revela que eso ocurrirá después de las 62 semanas; y aunque el texto no especifica qué tanto tiempo después, en el versículo 27 provee la clave para entender que esto ocurre en la mitad de la semana 70, es decir, 3 años y medio después que Cristo inició su ministerio.

La expresión que la Reina Valera traduce como: “…se quitará la vida al Mesías”, en el versículo 26, dice literalmente que el Mesías será cortado. Y esta palabra se usaba para referirse a una muerte violenta, por ejemplo, en Levíticos 7:20 aparece como referencia a la pena capital: “…pero la persona que comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, estando inmunda, aquella persona será cortada de entre su pueblo”; en el Salmo 37:9 se usa esa misma expresión para referirse a la destrucción de los impíos: “Porque los malignos serán destruidos”. El Mesías habría de sufrir una muerte violenta, profetiza Daniel, algo que también estaba profetizado en algunos textos del Nuevo Testamento, por ejemplo, en Isaías 53:7 dice: “…como cordero fue llevado al matadero”, y todos nosotros sabemos como es que se matan los corderos en el matadero.

Y en el Salmo 22:16 escrito mil años antes del nacimiento de Cristo dice, específicamente, que horadarían sus manos y sus pies, en una clara referencia a la muerte por crucifixión, que de paso, no se usaba en esos días; pero el texto dice más, Daniel 9: 26: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías –será costado-, mas no por sí”, ¿Y eso qué significa? La palabra que se usa en el original hebreo, al final de la frase, es un nombre que significa nada, vacío, por esos muchos comentaristas traducen esta frase así: “Y después de las 62 semanas el Mesías será cortado y no tendrá nada”, eso es lo que el texto dice literalmente. Comentando con respecto a estas palabras alguien escribió: “Un posible significado de esta extraña frase podría ser que Cristo murió aparentemente sin amigos ni honor, fue rechazado por los hombres, tratado como un criminal y aún abandonado por el Padre; en el área de cosas atractivas y deseables, su porción equivalía a nada, el Mesías Príncipe fue cortado sin tener aquello que era propio de Él, y el Mes?as murió como un criminal cualquiera, siendo el Hijo de Dios, siendo santo e inocente”.

Lo que sigue diciendo el texto tiene que ver con las terribles consecuencias que vendrían sobre Israel luego de la muerte de Cristo, versículo 26: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí –Y no tendrá nada-; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones”; y aquí no hay duda, prácticamente todos los comentaristas ortodoxos, no importa la escuela escatológica a que pertenezca, están de acuerdo con esta profecía se refiere a la destrucción de Jerusalén por los romanos, en el año 70 d. de C., bajo el mando de Tito, aunque eso no ocurrió inmediatamente después de la crucifixión, y por lo tanto, no puede ser colocado dentro de la semana 70 propiamente dicha, ambos eventos, la muerte de Cristo y la destrucción de Jerusalén, se encuentran íntimamente conectados entre sí, porque fue parte del castigo de Dios sobre Israel por haber rechazado al Mesías; de hecho, el mismo Cristo reveló que una cosa sería consecuencia de la otra, Mateo 23:37 a 39 y 24:1 a 2: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor. Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo”. Muy probablemente cuando el Señor dice: “vuestra casa os es dejada desierta, ellos dicen: ¿Esto qué significará? Jerusalén va a ser destruida, ¿Y qué va a pasar con el templo? Esta era una joya arquitectónica que los judíos creían que era indestructible; “Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”.

Si alguien escucha sobre este tema por primera vez, debo decirle que no siempre la Biblia contiene pasajes tan complicados, pero, como alguien dijo una vez, en la Biblia hay aguas tan bajitas donde puede nadar un niño, y hay aguas tan profundas donde se puede ahogar un experto; estamos tratando de explicar esto lo más sencillo que podemos.

El hecho de que ellos rechazaran a su Mesías y a todos los profetas que fueron enviados antes que Él, iba a traer como consecuencia la destrucción de Jerusalén. Tal como fue profetizado, Tito atacó a Jerusalén en abril del año 70, pero la ciudad resistió el sitio por un tiempo, y llegaron a tener un hambre tan grande allá adentro que las madres se comieron a sus hijos, lo mismo ocurrió en la época de Nabucodonosor; finalmente el 24 de julio lo romanos capturaron la fortaleza Antonia, el 24 de agosto quemaron las puertas del templo y dos días después le prendieron fuego al santuario, destruyéndolo; ya para el 26 de septiembre toda la ciudad estaba en manos de Tito, y este la hizo arrasar por completo, dejando únicamente en pie las tres torres del palacio de Herodes en el muro occidental, y parte de la muralla misma, eso fue lo único que quedó en pie en la ciudad de Jerusalén. Se dice que del templo no quedó ninguna piedra sobre otra piedra, tal como Cristo lo profetizó.

Este General romano, Tito, que a su vez era príncipe porque era el hijo mayor del emperador Vespasiano, tal como lo dice Daniel 9: “…y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario”, no le dio tregua a los judíos hasta que la ciudad fue totalmente destruida. Es a esto, probablemente, a lo que se refiere el final del versículo 26, cuando dice que su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Hasta que el termine de hacer lo que él iba a ser, él iba a seguir devastando.

Luego en el versículo 27 se nos dan más detalles acerca de los eventos que se profetizan en el versículo 26. De hecho, ustedes pueden notar la estructura de este pasaje, que no va en orden cronológico, el versículo 24 primero, luego en el tiempo lo del versículo 25, no; en el versículo 24 se nos da un resumen de todo lo que va a pasar, luego en el 25 se nos dan algunos detalles, después en el 26 se nos dan otros detalles, y en el 27 se nos dan más detalles; no es cronológico: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”. La idea que transmite la primera frase de este versículo es que alguien, en este caso el Mesías del versículo 26, hará prevalecer un pacto con muchos, subrayando que los ahora términos y condiciones de ese pacto serían hechos efectivos, que Cristo cumplió este aspecto de la profecía, por medio de su obra redentora, está claramente establecido en el Nuevo Testamento, Mateo 26, y de manera particular en el libro de Hebreos, donde esta enseñanza se enfatiza una y otra vez; en el texto de Mateo 26:27, en el contexto de la celebración de la Pascua y cuando se instituye la Santa Cena, dice: “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

Por otra parte, en Daniel 9, cuando Cristo muere en la cruz, Él hace cesar, de una vez por todas, el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento que apuntaban hacia Él. Por eso es que en Daniel 9:27 se nos dice que a la mitad de la semana, es decir, tres años y medio de haber iniciado su ministerio, “…hará cesar el sacrificio y la ofrenda”, Hebreos 7:26 y 27, para ver el cumplimiento de esta profecía: “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo”; Hebreos 10:11: “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”, a la mitad de la semana muere Cristo y hace cesar los sacrificios y la ofrenda.

Finalmente en Daniel 9:27, el texto menciona una vez más las terribles consecuencias que vendrían sobre Israel por su responsabilidad en la muerte del Mesías: “Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”, este texto puede leerse también en el hebreo: “Después con las alas de abominación vendrá la desolación”, y puede interpretarse de dos maneras, puede interpretarse como una referencia a las cosas abominables que Tito habría de hacer contra los judíos en Jerusalén, y de manera particular en el templo, o puede referirse también a que los judíos continuarían haciéndose abominables ellos mismos delante de Dios, al atacar ferozmente la fe cristiana luego de haber rechazado al Mesías, y que por eso acarrearían sobre sí la desolación determinada por Dios, 1 Tesalonicenses 2:14 a 16: “Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo”; algunos entienden que cuando Daniel habla de alguna abominación se está refiriendo a todas estas obras abominables de los judíos que trajo sobre ellos la destrucción total de Jerusalén. Lo que si está claro en el texto es que esa desolación, de la que se habla en el versículo 27, no puede ser otra que la mencionada en el versículo 26 cuando el General Tito devastó a Jerusalén.

Hasta aquí la interpretación de esta fascinante profecía del Antiguo Testamento, y aunque ciertamente hay cosas difíciles en el texto, los cuatro eventos aquí profetizados y que hemos visto se cumplieron al pie de la letra, ¿Y cuáles fueron? El retorno de los judíos y la reconstrucción de Jerusalén, el tiempo de la aparición del Mesías, su muerte violenta en la cruz del calvario y la subsiguiente destrucción de Jerusalén por haber rechazado al Mesías. Esta profecía es una prueba contundente de que nuestro Dios es veraz y que la Biblia es su Palabra. Podemos poner toda nuestra confianza en este libro sagrado, porque Dios, quien lo inspiró, no miente, sus profecías son verdaderas, lo mismo que sus promesas, lo mismo que sus advertencias.


CONFIANZA EN LA BIBLIA
Queridos Hermanos, este libro, la Biblia, es plenamente confiable porque es la Palabra de Dios; esa es una de las razones por la que los incrédulos no tendrán excusa el día del juicio; Dios se ha revelado al hombre a través de su creación, a través de su Palabra, y tanto la una como la otra llevan impresas las marcas indelebles de su autor, la creación es perfecta, la creación es maravillosa, es obvio que la creación no se hizo sola. La Biblia es perfecta, la Biblia es un libro extraordinario, y es obvio que aunque fue escrita por hombres, estos hombres fueron inspirados por el Espíritu de Dios. Por eso Pedro dice en 2 Pedro 1:17 al 19: “Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”, Pedro dice: -Mi experiencia fue real, yo vi la gloria del Mesías, pero ustedes tienen la palabra profética más segura-. La Biblia, la palabra escrita de Dios está por encima de cualquier experiencia humana, incluyendo la experiencia de los Apóstoles con Cristo. Y Pedro dice: “…entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación –Y esta palabra “interpretación” significa del griego “decisión”- privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”, 2 Pedro 1:20 a 21, no fue que Daniel se sentó a especular, a comenzar a decir cosas: -Que en 70 semanas-, no, él fue inspirado por el Espíritu de Dios y el ángel Gabriel le dio esa revelación, y tal como Dios se lo reveló, así mismo esas cosas fueron cumplidas.

Los judíos rechazaron a Cristo y cosecharon como nación las terribles consecuencias de su osadía, Jerusalén fue devastada completamente, pero ¿Sabe una cosa, amigo? La Biblia advierte que lo mismo ocurrirá con aquellos que responden al evangelio como ellos respondieron. Por eso es que Cristo dice: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras”, Mateo 11:21 a 22. Y hay que ver como eran Tiro y Sidón, ¿Su acuerdan ustedes de Jezabel? Jezabel provenía de Sidón, era un pueblo idólatra, y Cristo está diciendo que era un pueblo con una idolatría horrible, eran hombres que sacrificaban a sus hijos a los dioses, y Cristo dijo que en el día del juicio el castigo será más duro para Corazín y Betsaida, porque tuvieron un privilegio que los de Tiro y Sidón no tuvieron; ellas lo vieron a Él y aún así, no se arrepintieron; versículo 23: “Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma –los sodomitas, los homosexuales y las lesbianas, que de paso serán castigados por Dios, aunque los psicólogos digan lo que digan-, que para ti”; en el día del juicio los habitantes de Capernaum serán castigados más severamente por haber rechazado al Mesías.


A QUIEN RECIBA ESTA ENSEÑANZA
Amigo que recibe esta enseñanza, si usted está en el día del juicio y muere sin el Señor, si muere en sus pecados, tendrá que darle cuenta a Dios porque no le creyó, habiendo Él dejado un libro tan perfecto. Pero no quiero concluir sin traer otra palabra de advertencia, a todos aquellos que están sin Cristo, no existe un pecado más horrible, ni que conlleve un castigo más severo de parte de Dios, que rechazar al Salvador que Él envió al mundo para salvar a los pecadores. En el mundo hay alcohólicos, hay drogadictos, hay asesinos, pero déjeme decirle amigo que el pecado más grande que un hombre puede cometer contra Dios no es ser un criminal, no es ser un ladrón, no es ser un homosexual; el pecado más grande que un hombre puede cometer contra Dios es rechazar a Cristo.

Amigo, no cometa semejante locura. Algún día se presentará delante del tribunal de Dios para dar cuentas por su vida; y en ese día sólo saldrán absueltos aquellos que hayan aceptado por fe la obra redentora de Cristo. No demore en venir a Él, porque hoy tiene la oportunidad de hacerlo.

A menudo pienso en aquellos que tienen el privilegio de escuchar la Palabra de Dios predicada domingo tras domingo; niños, jóvenes, adultos, personas que no ignoran el mensaje del evangelio; que saben lo que Dios espera de ellos; que han oído invitaciones como esta una y otra vez, y aún así continúan endurecidos en sus corazones. Créanme, se los digo de corazón, yo tiemblo al pensar en el día en que esos niños, esos jóvenes y esos adultos tengan que dar cuentas en el tribunal de Dios, si llegan allí en la condición en que se encuentran hoy, tiemblo al pensarlo, ¡Qué privilegio en recibirlo! Amigo, créamelo, así será su condenación. Así como se cumplió esta profecía de Daniel, y Dios se lo está diciendo para que entienda que Él no miente, créame amigo, así será su condenación. ¡Que Dios tenga misericordia de usted, porque todavía está a tiempo de huir de la ira venidera! Amigo, venga a Cristo hoy y no mañana, no, es esta noche, es hoy, pídale que lo salve.

Pídale que le perdone sus pecados, pídale que le conceda su gracia, pídale que le de el don de la vida eterna. Amigo, la puerta estrecha que lleva a la salvación sigue abierta hoy para usted, pero tiene que entrar por ella arrepentido de sus pecados y confiando únicamente en Cristo para la salvación de su alma. Si así lo hace, usted no tendrá que temblar cuando escuche profecías como estas, sino que se gozará en su corazón, porque dirá: -Así como Dios cumplió estas profecías, así cumplirá también todas aquellas promesas que hace a sus hijos de que nosotros gozaremos con Él en gozo perpetuo, por los siglos de los siglos-. Venga a Cristo, amigo, y que Dios tenga misericordia de usted.

Padre que estás en los cielos, gracias por tu Palabra Señor. En ella hay cosas que nosotros no entendemos, hay cosas difíciles para nuestra mente finita; pero hay cosas que si entendemos, Oh Señor, que este libro sagrado lleva consigo, en una forma indeleble la marca de su autor, y nosotros tus hijos aquí reunidos, de todo corazón y con gozo, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Gracias Señor porque podemos confiar en ti, porque tu no mientes, pero, Padre, mira a aquellos que están aquí sin Cristo, ten misericordia de ellos, Oh Señor, que ellos no tengan que recordar por los siglos de los siglos los innumerables llamados que escucharon desde este púlpito, donde tu los llamabas por tu palabra a venir a Cristo en arrepentimiento y fe.

Oh Señor, que ninguno traspase el umbral de la eternidad en sus pecados y tengan que sufrir las consecuencias de su iniquidad por los siglos de los siglos. Oh Señor, en esta misma hora y en este mismo instante en que te oramos, que descienda tu Espíritu Santo con poder y haga una obra de salvación en muchos que están aquí sin Cristo, para que encuentren hoy, en esta misma noche, la salvación de sus almas inmortales, porque te lo pedimos en el nombre de Cristo para su gloria, Amén.


DISPENSACIONALISMO Y LA PROFECÍA DE LAS 70 SEMANAS
Abramos la Biblia en Daniel 9:24 al 27: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador”.

Estudiando esta fascinante profecía del Antiguo Testamento, y ya que no todos los estudiosos de las Escrituras están de acuerdo con el significado de esta porción del libro de Daniel, lo Pastores no queríamos concluir el estudio del pasaje sin traer una evaluación crítica de una de las interpretaciones más populares al día de hoy en las Iglesias evangélicas. Me refiero a la del dispensacionalismo. Este sistema de interpretación se originó a principios del 1800, bajo la influencia de un ex ministro anglicano llamado Juan Nelson Darby.

En el 1827 Darby comenzó a desarrollar la “novedosa” teoría de que Dios tiene dos pueblos completamente distintos, con los que ha tratado a través de la historia de la redención, de dos maneras totalmente diferentes; Israel y la Iglesia. Israel posee bendiciones y destino terrenal y la Iglesia promesas, bendiciones y destino celestial. En cierto modo podemos situar los orígenes del dispensacionalismo a partir del momento histórico cuando surge esta novedosa doctrina.

A pesar de que este sistema de interpretación no se circunscribe únicamente al estudio de la escatología, es decir, al estudio de las últimas cosas, una de las características predominantes del dispensacionalismo es su marcado interés por esta área de la teología sistemática. En 1831 Darby asistió al Primer Simposio Profético de Powerscorth, el cual ejerció una fuerte influencia sobre él, en ese mismo año publicó algunos escritos sobre temas proféticos. Fue para esa misma fecha en que Darby comenzó a desarrollar más a fondo otra teoría novedosa que comenzó a incorporar a su sistema, la de que nuestro Señor Jesucristo ha de regresar a la tierra e dos etapas, una venida secreta inmediatamente antes de un tiempo de tribulación, que según lo dispensacionalistas durará siete años, que de paso es otra teoría novedosa de ese sistema, y antes de la cual la Iglesia será arrebatada; y la segunda etapa, una venida visible después de esa tribulación de siete años. Ahora hermanos, quiero dejar en claro que la Biblia enseña, en 1 Tesalonicenses 4:13 en adelante, que la Iglesia será arrebatada; si un creyente no cree que la Iglesia será arrebatada está cometiendo un serio error doctrinal, porque la Biblia ciertamente enseña que la Iglesia ciertamente será arrebatada.

La Biblia también enseña que ese evento ocurrirá en el momento en que el Señor vuelva por segunda vez a la tierra, en su única segunda venida, para salvar a los suyos y castigar a los malos, y pueden ver esto en Mateo 24:29 al 31.

Así que esta enseñanza de una venida de Cristo en dos partes, y un arrebatamiento previo a de la tribulación, fue en su tiempo una verdadera novedad. No obstante, esta doctrina y todo el andamiaje del sistema dispensacionalista se hicieron tremendamente populares en el siglo XX, gracias a la publicación de la Biblia anotada de Scofield en 1909.


CIRO INGERSOLD SCOFIELD
Ahora, ¿Quién fue Ciro Ingersold Scofield? Un bogado y político que fue convertido por el Señor en 1879, a los 36 años de edad, luego de una vida muy desordenada, y luego, tres años después, fue ordenado para s ministerio. Después en algún punto de su vida, Scofield conoce a Juan Nelson Darby y se hace uno de sus más devotos seguidores. Aunque este hombre no tenía entrenamiento teológico formal, porque él era abogado y político, decidió publicar una versión de la Biblia anotada con sus propios comentarios, que muchos tomaron como “la” interpretación correcta de la Palabra de Dios porque lo leían en sus Biblias. De haber publicado Scofield sus notas en un libro aparte, muy probablemente no hubiese tenido el impacto tan grande que tuvo esta Biblia anotada en el pueblo evangélico en general.
ENSEÑANZA DEL DISPENSACIONALISMO
¿Cuál es la enseñanza esencial del dispensacionalismo?, y ¿Cómo interpretan ellos la profecía de las 70 semanas de Daniel? Antes de pasar a responder estas dos preguntas quisiera traer aquí una nota de cautela, y sólo el Señor sabe como he suplicado, y aún he pedido a otros que oren, para presentar esto con gracia. Hay muchos hombres de Dios que aman su Palabra, que aman su obra y que son disensacionalistas. Personalmente conozco, amo y respeto a Pastores y Maestros de esta escuela de interpretación, a algunos de ellos les debo mucho, de hecho, inicié mi entrenamiento formal para el ministerio en un seminario fundado por Scofield, aunque debo decir que yo no soy tan viejo, yo estoy diciendo que él lo fundó hace muchísimos años, y yo estudié después ahí. O sea que, realmente le debo mucho a Maestros y Pastores dispensacionalistas, y de paso, nosotros mismos en nuestros inicios éramos dispensacionalistas, por lo que no quisiera ofender a ninguno de mis hermanos ni con mi enseñanza ni con mi actitud. Atacaremos con celo santo lo que entendemos que es un error doctrinal, pero no atacaremos sus personas; las doctrinas sí, pero no sus personas, porque si así lo hiciéramos pecaríamos contra Dios. Habiendo traído esta nota de cautela, veamos en primer lugar las características esenciales del dispensacionalismos y luego veremos cómo interpretan ellos la profecía de las 70 semanas.

El dispensacionalismo es básicamente un sistema de interpretación bíblico, que divide el programa de Dios en la historia de la redención en siete dispensaciones. Ellos definen “dispensación” como un período de tiempo durante el cual Dios obra de una manera distinta con la humanidad. Según ellos, cinco dispensaciones han pasado ya y estamos viviendo la sexta, y aún falta la séptima dispensación, que será un reino terrenal de mil años, inmediatamente después de la gran tribulación, tal como ellos la interpretan.

Este sistema de interpretación posee tres características fundamentales; todo aquel que se adhiera a estas tres características, puede ser considerado con toda justicia un dispensacionalista, ¿Cuáles son?
1. En primer lugar,




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