La Pedagogía Ignaciana: su origen espiritual y su configuración personalizada



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La Pedagogía Ignaciana:

su origen espiritual y su configuración personalizada

2º. Encuentro de Directores Académicos de los Colegios Jesuitas de América Latina

Quito (Cumbayá): 08 al 12 de septiembre de 2014
Luiz Fernando Klein, S.J.

luiz.klein@fealegria.org.br




  1. ¿Qué es la Pedagogía Ignaciana?

La Pedagogía Ignaciana es un extenso acervo de orientaciones del gobierno central de la Orden de los Jesuitas, de publicaciones e investigaciones de muchos autores, sobre un enfoque pedagógico característico, procedente de la Ratio Studiorum 1. Es un concepto amplio que ofrece una visión cristiana del mundo y del ser humano, una dirección humanista para el proceso educativo y un método personalizado, crítico y participativo 2.

La base de este acervo pedagógico está conformada por los documentos Características de la Educación de la Compañía de Jesús 3 y Pedagogía Ignaciana. Un planteamiento práctico (PPI), 4 promulgados por el P. General de los Jesuitas en los años 1986 y 1993. En 2005 los Provinciales Jesuitas de América Latina presentaron el documento Proyecto Educativo Común (PEC) 5 a los educadores de las tres redes administradas por la Compañía de Jesús en el continente (AUSJAL, FLACSI y Fe y Alegría).

La Pedagogía Ignaciana no es propiamente un método en el sentido riguroso del término, sino un enfoque pedagógico cuyos elementos principales provienen de los Ejercicios Espirituales y de la espiritualidad inspirada en San Ignacio de Loyola, como, por ejemplo, los conceptos de persona, sociedad, mundo, Dios, el ideal de vida, misión, procesos de enseñanza/aprendizaje, el cambio, la colaboración con otros y el trabajo en red.

Frecuentemente se restringe la Pedagogía Ignaciana al Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI), pero en realidad ella va más allá. El texto del PPI sugiere la didáctica para la pedagogía ignaciana, la cual se encuentra en el documento Características.

Desde hace 30 años se suele distinguir la Pedagogía Ignaciana de la Pedagogía Jesuita, para resaltar que aquella se refiere a una visión de Ignacio de Loyola y puede ser asumida e implementada por personas y grupos sin vinculación con la Orden de los Jesuitas. Por otro lado, la Pedagogía Jesuita se refiere a la misión que la Compañía de Jesús asume en el campo de la educación, de acuerdo con la orientación, el acompañamiento y la evaluación que les ofrece. Implica, también, la formación de los miembros de la Orden 6.

El adjetivo ignaciano añadió una nueva comprensión a la pedagogía jesuita. Parece provenir de la alocución Nuestros colegios hoy y mañana, del Superior General, P. Pedro Arrupe, el 13/09/1980, cuando hablaba a un grupo de jesuitas expertos en Educación Fundamental:



El centro de segunda enseñanza de la Compañía debe ser fácilmente identificable como tal. Muchas cosas le asimilarán a otros centros no confesionales o confesionales e incluso de religiosos. Pero si es verdaderamente de la Compañía, es decir, si en él actuamos movidos por las líneas de fuerza propias de nuestro carisma, con el acento propio de nuestros rasgos esenciales, con nuestras opciones, la educación que reciban nuestros alumnos les dotará de cierta ´ignacianidad´, si me permitís el término. No se trata de actitudes esnobistas o arrogantes, ni es complejo de superioridad. Es la lógica consecuencia del hecho que nosotros vivimos y actuamos en virtud de ese carisma y de que en nuestros centros hemos de prestar el servicio que Dios y la Iglesia quieren que prestemos ´nosotros´ 7.

En los inicios de su misión educativa, la Compañía de Jesús no consideró necesario mostrar explícitamente que sus cimientos estaban construidos sobre los Ejercicios Espirituales ignacianos, ya que estos eran conocidos y usados por los jesuitas. El Concilio Vaticano II, al animar a las Congregaciones Religiosas a volver a sus raíces, provocó la explicitación de los Ejercicios como savia del apostolado educativo jesuita. Esa transparencia conceptual pasó, a partir de entonces, a recalcar como ´ignaciana´ la producción intelectual de los estudiosos e investigadores.

La meta de la Pedagogía Ignaciana es ayudar a formar el ser humano a través del proceso educativo - formal y no formal - a reconocer su dignidad, su filiación divina, su vocación a ser. Se empeña en estimular a las personas a desarrollar al máximo sus potencialidades y dimensiones, a ejercer su libertad, a actuar con autonomía y personalidad en la transformación de la sociedad, a solidarizarse con los demás y con el medioambiente. Esta Pedagogía se esfuerza por formar personas lúcidas que sepan aplicar los contenidos, competencias y habilidades desarrollados durante la escuela. Personas hábiles para interpretar el mundo de hoy, para saber discernir y ofrecer soluciones a los problemas, para moverse en un mundo cambiante, para asegurar su educación vitalicia. Esta educación no pretende adiestrar o instrumentalizar a las personas para vencer o subir la grada de la vida, sino al contrario, para bajar sus eslabones, a ejemplo de Jesucristo, a fin de servir al prójimo, a la sociedad y al medioambiente en lo que estos más necesiten.

Veamos en qué sentido la Pedagogía Ignaciana procede de los Ejercicios Espirituales.



  1. Origen de la Pedagogía Ignaciana en los EE.8

Ejercicios Espirituales es el título de un pequeño libro que San Ignacio de Loyola publicó en 1548. Al concederle su aprobación, el Papa Pablo III lo legitimaba como un mapa de ruta que podría beneficiar a muchos interesados, no sólo a los seguidores de Ignacio de Loyola.

A partir de su convalecencia en Loyola, en 1521, después de haber sido herido en la batalla de Pamplona, Ignacio empezó a sorprenderse con la diversidad de mociones interiores que experimentaba al alternar la lectura de la vida de Cristo y la de los santos, y sus devaneos sobre los encantos de la joven princesa Catalina, hermana del Emperador Carlos V. A partir de entonces, Ignacio fue discerniendo sus mociones y registrándolas en un pequeño cuaderno, el embrión del libro de los Ejercicios.

Ignacio prosiguió e intensificó la lectura e interpretación de su interioridad después de romper con su vida anterior, formalizada en la ´vigilia de armas´, el 25 de marzo de 1522, delante de la Virgen, en el Monasterio de Montserrat, en Cataluña. Dicho trabajo tuvo un momento importante en el retiro de once meses que Ignacio hizo en una gruta, en Manresa, a unos 60 km. de Barcelona. Durante los estudios universitarios que realizó en Alcalá, en Salamanca y en París, Ignacio dio secuencia al registro de sus movimientos interiores. De la Universidad de París, especialmente, Ignacio tomó el método estructurado con diversos elementos que él y sus primeros compañeros habían experimentado con gusto, el llamado Modus Parisiensis. Con estos materiales Ignacio elaboró una ruta de revisión y de crecimiento espiritual hasta la conclusión y edición final del libro, en Roma.

En ese itinerario de la redacción de los Ejercicios llaman la atención algunos elementos. Primero, la experiencia autodidacta de Ignacio quien, al no tener un tutor para orientarlo en el discernimiento de las mociones, aprendió a reconocer y a acatar la inspiración de Dios. En su Autobiografía Ignacio se refirió a Dios como un maestro de escuela 9. En segundo lugar, el empeño perseverante en investigar el origen, el transcurso y el final de esos movimientos interiores y a no contentarse con una interpretación inmediata y superficial. Otro rasgo es la búsqueda de una como brújula orientadora del caminante, siempre apuntada hacia el ´magis´. Y, por fin, el cuidado de Ignacio de ir dejando constancia de sus sentimientos y pensamientos, pues él intuía que así como estos le hacían bien a él mismo, podrían hacer lo mismo a otros.

Los Ejercicios, muchas veces identificados solo como ´retiros´, no son un libro de lectura, ni un tratado de teología, o tampoco un manual de devoción. Son, más bien, una guía metodológica para que el orientador puede ayudar al ejercitante a ´vencerse a sí mismo y a ordenar su vida´, a partir de una experiencia personal, directa y profunda del amor, de la misericordia y de los llamamientos de Dios. Es una ruta para la liberación y el desarrollo integral que cualquiera, aun no cristiano, puede realizar 10.

Al considerar los Ejercicios Espirituales, la Pedagogía Ignaciana reconoce la convergencia de ambos en una misma finalidad. Así como no es la finalidad de los Ejercicios formar al hombre devoto, tampoco trata la Pedagogía Ignaciana de formar a hombres académicos. Las dos vertientes buscan formar personas de convicciones y decisiones. Para eso, divergen las mediaciones empleadas, pues en los Ejercicios tiene primacía la búsqueda de la verdad, a través de varios modos de oración, mientras la Pedagogía Ignaciana persigue la misma verdad mediante diversos modos de estudio y de investigación.

Al sumergirse en los Ejercicios Espirituales, la Pedagogía Ignaciana encuentra cuatro aprendizajes: 1) La práctica de un método y de un proceso personalizador, 2) La experiencia de roles y relaciones, 3) Una visión integradora y 4) La certeza de una misión.


  1. La práctica de un método y de un proceso personalizador

El P. Maurizio Costa nos previne del peligro del ´concordismo´, que sería elaborar un listado de elementos semejantes, pero desarticulados, provenientes de los Ejercicios y de la Pedagogía Ignaciana. Por eso, más que la práctica de los Ejercicios, hay que buscar en ellos el espíritu que pueda animar a la Pedagogía Ignaciana 11.

El método de los Ejercicios proviene de la experiencia y de los estudios de San Ignacio, sobre todo del Modus Parisiensis, que se aplicaba en el siglo XVI en la Universidad de Paris. Este, a su vez, tampoco era original, pues provino de otras fuentes de su tiempo, como las Escuelas de la Vida Común, de la Congregación de los Hermanos del mismo nombre, fundadas por Geert Groote, en el siglo XIV. Estos serían los rasgos más significativos del Modus Parisiensis: 1) Prevalencia de la formación sobre la instrucción; 2) Dominio de la gramática; 3) Ritmo progresivo y adaptado a las condiciones del estudiante; 4) Insistencia en la actividad, con muchas ejercitaciones, repeticiones y disputas públicas; 5) Ubicación de los alumnos por niveles; 6) Paso de un nivel a otro a través de evaluaciones; 7) Proximidad y cuidado personal de los profesores a los alumnos 12.

Los Ejercicios constituyen una pedagogía con objetivos claros y bien definidos, cuya eficacia depende de la gracia de Dios pero también del trabajo consciente y generoso del ejercitante. Al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con gran ánimo y liberalidad con su Creador y Señor, recomienda San Ignacio en la 5ª Anotación. El ejercitante, antes de cada tiempo de oración, busca concentrarse en su tarea, dándose cuente del ejercicio que va a hacer. Como se trata de sacar fruto de los ejercicios, la motivación y la determinación de la persona son los requisitos indispensables para el aprendizaje, como lógica consecuencia de que la persona es la protagonista de su marcha 13.

Cada etapa de los Ejercicios tiene una meta e indicadores de logro. ´Modo y orden´ es la expresión que caracteriza la fórmula que San Ignacio, después de haberla experimentado en sí mismo, menciona 40 y 12 veces, respectivamente, en el texto 14. Orden sería el conjunto de elementos, como contenidos, actitudes, ambiente, postura, etc., organizados en un proceso dinámico hacia el fin pretendido. Sería la dimensión técnica, objetivadora de la experiencia.

A su vez, Modo sería lo fundamental de la pedagogía de los Ejercicios: la adaptación de los elementos a las circunstancias propias del ejercitante, de tiempo y lugar. Al mismo tiempo, el modo es flexible y progresivo, pues al contextualizar la situación existencial de la persona y su disposición, adapta a su realidad los varios ejercicios (de oración, reflexión, revisión, etc.) 15. La actitud del orientador sería la de no dejar al ejercitante avanzar a la etapa siguiente sin haber logrado los frutos de la anterior, de no permitirle que pase adelante sin haber profundizado la oración en la cual sintió consolación o desolación. El principio personalizador ´non multa, sed multum´ lleva a la persona a repetir determinado ejercicio para sacar su mayor provecho, dejando de lado cualquier temor de retrasarse. Sería esta la dimensión de discernimiento, dinamizadora de parte del orientador y del ejercitante. Afirma Ignacio Iglesias, gran conocedor de la Espiritualidad Ignaciana, que de la falta de un orden objetivo elemental puede derivar una degeneración personalista y subjetiva en la que el que da los Ejercicios se convierta en principio personal. De la falta de un modo puede derivar un rigor literalista y tecnificador...16. El propio Ignacio había experimentado ´modo y orden´ en su proceso de conversión, iluminación y decisión por el seguimiento de Jesucristo.

Los Ejercicios son, por lo tanto, un modo pedagógico personalizado, que considera a cada ejercitante como el primer interesado en su propio desarrollo, el protagonista y constructor del camino. La persona recibe las sugerencias del orientador, pero cabe sólo a ella esforzarse para lograr los frutos pretendidos.

El desarrollar de los Ejercicios demuestra un orden, una ruta didáctica, constituida de siete momentos didácticos:


  1. Presentación de los ´puntos´ o materia para la oración, por el orientador al ejercitante.

  2. Oración preparatoria del ejercitante, al iniciar el período formal de oración.

  3. Composición de lugar, con la imaginación, sobre el asunto sobre el que va a orar.

  4. Petición a Dios de la gracia para alcanzar el fruto en ese periodo de oración.

  5. Oración central, de acuerdo al desarrollo de los ´puntos´ sugeridos antes.

  6. Coloquio del ejercitante con Dios, con el que la oración.

  7. Revisión del período de oración.

A lo largo de cada jornada de los Ejercicios, el ejercitante se mantiene en una constante actividad, a través de acciones variadas: meditación, contemplación, examen de conciencia, repetición, aplicación de sentidos, reflexión, revisión, celebración.

La Ratio Studiorum también presenta un ´modo y orden´ con siete etapas: 1) Pre lección del profesor; 2) Estudio personal del alumno a través de trabajos escritos y de investigación; 3) Ejercicios de memorización; 4) Ejercicios de repetición; 5) Trabajos grupales: desafíos, debates, hetero correcciones, academias; 6) Declamaciones, lecciones públicas, representaciones y exposiciones de trabajos; 7) Evaluaciones y exámenes 17.



  1. La experiencia de roles y relaciones:

En los Ejercicios Espirituales la persona comienza el camino por reconocerse creatura querida y sostenida por Dios, con un amor insuperable y, a la vez, por haber utilizado mal su libertad, al eventualmente rechazar dicha predilección. Las 1ª y 2ª secciones de Características de la Educación se inspiran en esta concepción para describir la grandeza y la dignidad de la persona, como el lugar donde Dios especialmente se revela, y enfatiza su potencial para reconocer y superar prejuicios, temores y marcas negativas de su vida, y de esta forma volverse realmente libre para ayudar a la liberación de los demás.

Una vez consciente de su dignidad, de sus fortalezas y debilidades, la persona puede darse cuenta de que en la Pedagogía Ignaciana el lugar central no lo ocupan el profesor ni los contenidos ni los métodos, sino ella misma, con su historia y circunstancias. Ella es la protagonista, la ejercitante, la autora, la constructora de su desarrollo integral. Por eso, cabe la persona buscar o rechazar su capacitación.

El orientador juega un rol imprescindible, preciso, pero discreto. Es un estimulador, un entrenador. Mientras el alumno trae una visión sincrética del conocimiento, él aporta su visión sintética. Su rol se asemeja más al de Sócrates, porque ayuda a provocar una desestabilización epistemológica en la persona, a fin de sacar a flote las ideas, sueños, proyectos y perspectivas que ya existían en su interior, pero que no siempre estaban reconocidos y elaborados. El rol del orientador es determinante y exigente: hablar menos y ponderar mucho para decidir qué, cómo y cuándo estimular a los ejercitantes, cuándo avanzar o a detenerse en determinada etapa de los Ejercicios hasta que ellos logren los frutos deseados. La frase insistente de San Ignacio es ´non multa, sed multum´, o sea, la abundancia no sacia el espíritu, sino la profundidad: ¡No mucho saber, sino mucho saborear! 18

La relación interpersonal del orientador con el ejercitante se traduce en la ´cura personalis´, característica del modo de proceder de todos los que en la Compañía de Jesús deben ejercer alguna autoridad. El orientador y el ejercitante podrán asegurar eléxito de su relación de autonomía y respeto, confianza y colaboración, a partir del ´Presupuesto Ignaciano´, o la ´Regla de Oro´ donde San Ignacio recomienda a cada uno estar más dispuesto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla 19. Las Características de la Educación (n.158) toman esta recomendación como modelo para las relaciones entre los integrantes de la Comunidad Educativa.

La experiencia de roles es, pues, uno de los frutos más importantes de los Ejercicios. El ejercitante siente las sugerencias del orientador como una ayuda que no sustituye su labor y conclusiones personales. El orientador es tutor y acompañante que, con pocas palabras, sugiere el itinerario para el ejercitante. Este debe seguir trabajando con ´gran ánimo y generosidad´, ejercer el rol de verificador de sus propias mociones y gestor de su discernimiento. Al orientador no le cabe adoctrinar ni imponer nada, aunque la persona dirigida rehúse a volverse libre y a crecer.

Habiendo comprobado la sobriedad y discreción del orientador - y que éste no le va a sustituir ni consentir - el ejercitante se da cuenta que tiene que contar consigo mismo, que recurrir a su riqueza personal, experimentando el reto de usar al máximo sus potencialidades en la tarea pretendida.



  1. Una visión integradora

El tercer aprendizaje importante que la Pedagogía Ignaciana extrae de los Ejercicios es la visión integradora de las cuatro relaciones de la persona: la relación consigo misma, con Dios, con los demás y con el medioambiente.

A través de los ejercicios de la 1ª Semana, al meditar de diversos modos tanto sobre el pecado en su vida y en la vida del mundo, cuanto en la misericordia de Dios, la persona tiene una experiencia fuerte del amor incalculable e incondicional de Dios por ella, sin que haya existido mérito o esfuerzo alguno de su parte. Se da cuenta de que Dios la ama con absoluta gratuidad, ‘a fondo perdido´, sin exigencias de ningún tipo. La persona se conmueve al comprobar que Dios nunca la abandonó a lo largo de su vida, aun en los momentos más críticos, amándola con un amor de ternura, de compasión, de amistad, tan distinto al amor formal o protocolario. La persona se sorprende cómo Dios conservó su vida aun cuando la respuesta, en diversas ocasiones y manifestaciones, fue negativa por el pecado. A partir de entonces, el ser humano será siempre pecador, pero un pecador perdonado, resultado de la ´escandalosa´ misericordia divina.

Esa experiencia de un amor desproporcionado lleva a la persona a enfrentar una lucha sin tregua, mediante un discernimiento constante, para identificar y rechazar todo lo que en el mundo amenaza o coarta su libertad, impidiéndole expresar sus potencialidades y su riqueza para los demás. Por eso, es importante asegurar la libertad. Es la libertad de imágenes negativas de uno mismo, de sombras del pasado, de resentimientos, de antivalores, de imposiciones culturales, de actitudes y respuestas superficiales no auténticas. Es la libertad para comprometer su vida con los valores de Jesucristo para el bien de los demás.

La persona reconciliada tratará, también, de desempañar sus ojos y su corazón de visiones distorsionadas e inadecuadas de Dios y de relacionarse con él como hijo, como amigo y como socio en la construcción de este mundo. La persona pasa a considerar a Dios no como alejado de este mundo, sino metido en él, comprometido con él, trabajando en él.

Las demás criaturas - humanas, animales, minerales y vegetales -, atrayentes, simpáticas, confiables o no, son fruto de un amor operante de Dios que las sigue creando, sosteniendo, para que visibilicen su poder y ofrezcan todo el soporte a la vida humana. Todas las personas, independientemente de su valor moral, tienen su dignidad, que no es otorgada ni mucho menos sustraída por persona alguna, sino que la dignidad proviene únicamente de Dios.

Sin embargo, la experiencia integradora de los Ejercicios lleva a la persona a considerar cómo hay tantas criaturas que, como debería suceder, no manifiestan los rasgos de Dios, pues fueron violentadas de varios modos por el ser humano y desviadas de su finalidad última. Son estas personas los empobrecidos, los migrantes, los esclavizados y tantas otras. Muchos documentos de la Pedagogía Ignaciana enfatizan que los pobres conforman el contexto de su trabajo, que la justicia es la orientación central de la labor educativa. Por eso, al concluir su educación en los colegios jesuitas, los alumnos son desafiados a no concebir ningún proyecto, a no tomar ninguna iniciativa que no tenga en mente la situación de los empobrecidos. Se trata de un tema de tal urgencia que llevó al P. Kolvenbach a decir que en ningún salón de clase jesuita deje de resonar el clamor de los pobres.

Quien hace los Ejercicios experimenta la visión integradora de un modelo más amplio y profundo en en el último de los ejercicos: la ´Contemplación para alcanzar el amor´ 20. En ella San Ignacio propone que el ejercitante considere cuatro puntos: 1) El inmenso amor de Dios en todas las dimensiones y etapas de la vida del mundo y de persona; 2) La presencia de Dios en los dones que nos concede; 3) El trabajo de Dios para sostener la vida de todos los seres, y 4) La procedencia divina de todo el bien que experimentamos.

Se puede atribuir a la ´Contemplación para alcanzar amor´ la visión positiva que el documento Características de la Educación tiene del mundo. Considerando que el mundo es bueno, está ´embarazado´ de Dios, y puede transformarse; el mundo merece ser estudiado con amor, con cuidado, con asombro 21.

La persona se da cuenta de que la gloria de Dios no es el culto ni los sacrificios, sino la persona misma cuanto más esté integrada, ordenada, planificada, cuanto más ejerza la filiación divina y la solidaridad con sus semejantes. La visión integradora de los Ejercicios ayuda a sacar a la persona del individualismo y del indiferentismo frente a los demás.

Con toda razón esta visión integradora de los Ejercicios sirve de base para dar respuesta al llamado insistente que nos hace Edgar Morin para dejar de lado la insistencia en la sectorialización del conocimiento y los compartimentos estancos, en busca de un pensamiento complejo, trasversal e integral.

Consciente de su grandeza y de su bajeza, la persona sale de una experiencia liberadora y fundamental, para seguir su vida con determinación y seguridad, perseverante en la búsqueda de los medios para desarrollar todas sus potencialidades.


  1. La conciencia de una misión

Un cuarto aprendizaje que la persona obtiene de la experiencia de los Ejercicios es la conciencia de descubrir una misión. Cuando reconoce, admirada, el amor misericordioso e infatigable de Dios, la persona es tentada a ´competir´ con él, de acuerdo con la nota introductoria de San Ignacio en la ´Contemplación para alcanzar el amor´ 22: el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante, de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

La ´competencia´ con Dios lleva a la persona a seguir trabajando en el desprendimiento de sí misma, de su propio amor, querer e interés, a fin de establecer una alianza con él. La persona ofrece todo su amor a Jesucristo para trabajar con él, asumiendo su modo de vida y aceptando su destino en la obra que es de él, o sea, la redención del ser humano de todo lo que lo despersonaliza. Así se compromete el ejercitante en las llamadas ´Meditaciones Ignacianas´ sobre el Reino, Dos Banderas, Tres Binarios y Tres Modos de Humildad. La persona no encuentra otra alternativa que aceptar la convocatoria para realizar una misión integradora, que dé sentido a toda su existencia, dejando de ser una sucesión de tareas, desconectadas y provisionales.

La persona así remozada por los Ejercicios se da cuenta de que no puede disfrutar de modo individual la experiencia de la presencia misericordiosa de Dios en su vida. Ella se siente impulsada a divulgar dicha novedad a muchos otros para que se dejen tocar y atraer por el mismo amor de Dios, pasando a cambiar sus vidas. Ese es un trabajo de difusión y de servicio a los demás, dando preferencia, a ejemplo de Jesucristo, a los empobrecidos y a los descartados de los bienes materiales y espirituales de este mundo, para integrarlos en la rueda de la vida.

El horizonte de la reconciliación del ejercitante con sus dimensiones relacionales es el ´magis´. Este es un concepto muy apreciado por San Ignacio, quien quería destacarse por su amor generoso en el servicio de Jesucristo, respondiéndole y ofreciéndosele siempre en el patrón de la calidad, de la excelencia. El ´magis´ no es un comparativo con los demás, sino con uno mismo. Es el afán de la persona para superar la mediocridad porque el Señor merece lo mejor, como deuda de reconocimiento y gratitud 23. El ´magis´ es el desarrollo máximo de todas las capacidades de la persona, que no admite término de comparación, pues cada uno da lo que puede, todo lo que puede. A la actitud de ´emulación´, que fue bastante recalcada en la Ratio Studiorum para formar líderes y protagonistas, hoy día se la baja de tono debido a la competitividad del mundo contemporáneo.

De todo lo expuesto se ve como la Pedagogía Ignaciana es una concepción educativa que encuentra su nutriente en la Espiritualidad Ignaciana, principalmente en los Ejercicios Espirituales. Las concepciones antropológica, teológica, cosmológica y pedagógica de la extensa colección de la Pedagogía Ignaciana establecen un estilo propio en el mundo educativo, sin arrogarse la exclusividad u originalidad. El PPI no es un método, sino un patrón que el educador tiene presente para impregnar de valores cualquier acción educativa, dentro o fuera del salón de clase 24.

Sin embargo, para ser efectivo y duradero, el PPI necesita también de modo y orden donde encarnar su espíritu. Los Ejercicios presentan una ´ruta didáctica´, que sería como un recuadro, un andamiaje de siete elementos, como vimos, que aseguran sus resultados, permitiéndole una amplia variedad de configuraciones. Gracias a esa estructura, se pueden organizar Ejercicios de acuerdo al tema, al tipo de ejercitantes, a la duración e intensidad, al ambiente de retiro o en la vida ordinaria, etc. 25.

A fin de no perder paulatinamente su cometido personalizador, por falta de una estructura que le dé cuerpo a su espíritu, la Pedagogía Ignaciana encuentra la ruta didáctica en el enfoque educativo personalizado y comunitario inspirado por el jesuita pedagogo francés Pierre Faure, que varios colegios jesuitas y no jesuitas lo aplican desde hace casi cincuenta años.




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