La pedagogía de la educación popular



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Lectura de la realidad


  • Necesitamos formar personas que sean capaces de conocer, ubicarse, comprender e interpretar la realidad en su complejidad multidimensional e intercultural. Por ello el currículo debe estar plagado de contenidos y situaciones sacadas del contexto en que se vive, para analizarlo, interpretarlo y juzgarlo a la luz de los valores que construyen democracia y solidaridad.

  • La lectura de la realidad exige que estén presentes en el espacio educativo las noticias locales, nacionales e internacionales; las decisiones más importantes de la política nacional en temas fundamentales como economía, educación, salud, participación ciudadana; los acontecimientos más relevantes, los problemas más álgidos y la actuación de los personajes que nos representan.

  • Con la lectura de la realidad, se desarrolla en los educandos, educadores y comunidad: interés por el entorno; habilidad para investigar, buscar y encontrar información de diversas fuentes; capacidad de análisis, de interpretación, de conceptualización, de opinión personal; capacidad para debatir, capacidad de escucha, actitud dialógica; habilidad para tomar decisiones y disposición para el compromiso.

    b) Revaloración cultural

    1. Si bien la lectura de la realidad nos pone en contacto con ella, nos hace “abrir los ojos a la realidad”; es la revaloración cultural la que nos ayudará a reconocer en esa realidad lo que nos es propio y a apreciarlo. Tanto en la interculturalidad interna, es decir a nivel nacional (las diferentes culturas que coexisten en nuestra sociedad), como frente a la interculturalidad externa (culturas foráneas), a que todos estamos sometidos hoy por el proceso de globalización, la revaloración cultural es un aspecto fundamental a trabajar en las escuelas. Reforzar la autoestima individual y grupal es lo único que hará posible una relación horizontal- democrática y no de verticalidad dominante, con la cultura de la sociedad envolvente.

    2. Revalorar la cultura implica que el educador ayude a los educandos a conocer sus raíces, sus orígenes, la historia de sus padres, de su familia, de su comunidad, de su país, de su región. Buscar los elementos más significativos y representativos de su modo de ser comunitario, ayudar a descubrir y definir su identidad colectiva y los rasgos particulares de cada cultura; a identificar lo permanente en las expresiones populares y lo que ha cambiado a través del tiempo, a encontrar de dónde y por qué se dan las variaciones, analizar las motivaciones que las generaron. Significa también enseñar a captar las formas de expresión emergentes y los procesos de inculturación que se están viviendo, de tal manera que los alumnos puedan identificar la realidad cultural que se analiza, desde lo que “es” y no desde el “debe ser”. Es importante que comprendan que lo “propio” es una realidad heterogénea, con diversidad de orígenes y expresiones.

    3. En la revalorización el énfasis no está en salvar o rescatar, sino en impulsar. No es una actitud de repliegue al pasado, sino de impulso al despliegue de las potencialidades de un grupo cultural en el presente y en el futuro. La memoria colectiva es importante como elemento de unificación y cohesión del grupo cultural, pero no ha de ser identificada con lo permanentemente “propio” del grupo. Impulsar es contribuir a la afirmación del yo colectivo en su tendencia al cambio y a la reinvención constante de sus formas de expresión.

    4. Con la revalorización cultural, se desarrollan las habilidades y actitudes de: autoestima e identidad personal y de grupo, sentido de pertenencia a sus grupos sociales, valoración de lo propio, capacidad de retrospección y prospección, ubicación temporal y espacial, sentido crítico y autocrítico, capacidad de análisis y de síntesis, sensibilidad cívica y patriótica. Los temas, sin duda, abarcarán la historia y geografía local y nacional; las costumbres, tradiciones, mitos y leyendas; el pueblo, sus formas de organización y su actuación en la historia del país; el estado, las leyes, el país y sus recursos y limitaciones; la sociedad, con su pasado, presente y futuro, con sus expectativa y sus necesidades.

    c) Diálogo de saberes o diálogo intercultural


    1. Con una visión clara y una sensibilidad equilibrada respecto de la cultura propia, se hace posible descubrir y entrar en relación positiva con las demás. El Diálogo Intercultural o Diálogo de Saberes es el tipo de relación positiva a que nos referimos.

    2. Nos toca, desde los centros educativos, reflexionar con toda la comunidad educativa y del entorno acerca de lo que es cultura. Muchas personas creen que es el conjunto de manifestaciones externas que produce un pueblo (como la música, los bailes y la artesanía), sin embargo, el concepto alude a una realidad mucho más profunda. Una cultura es un conjunto de formas y modos adquiridos de concebir el mundo, de pensar, de hablar, de expresarse, percibir, comportarse, organizarse socialmente, comunicarse, sentirse y valorarse uno mismo en cuanto individuo y en cuanto grupo.

    3. En nuestros centros y programas encontramos alumnos y participantes que provienen de hogares y orígenes culturales diversos y esto no puede ser ignorado en el proceso educativo. En las aulas se dan todos los días procesos de aculturación, es decir todo tipo de fenómenos de interacción que resultan del contacto entre culturas. Consciente o inconscientemente se subestiman, se sobrestiman y se imponen determinados elementos culturales. Una sana interacción solo puede establecerse a partir de la apertura para acoger las diferencias.

    4. Diálogo Intercultural, o Diálogo de Saberes, es establecer relaciones comunicativas horizontales entre culturas. El punto de partida es reconocer el carácter de la heterogeneidad como un valor y no como un defecto; reconocer que lo que nos identifica como nación no es la síntesis de lo diverso, sino precisamente la diversidad. Ello permitirá, en primer lugar, desarrollar una dosis madura de tolerancia que nos llevará, luego, a aceptar que las personas actúen según sus propias motivaciones y costumbres y no según nuestras expectativas, aceptar que las otras personas no sean como se desea, sino como realmente son; para finalmente ponerse en disposición de aprender e incorporar en uno mismo lo valioso que se descubre en el otro.

    5. Este proceso exige al educador, una vez más, salir de los esquemas tradicionales de enseñanza y de los patrones conocidos. No es suficiente conocer a grandes rasgos las características de cada región desde un curso de geografía, por ejemplo, sino llegar a detalles mucho más profundos y significativos, preguntando ¿cómo es la idiosincrasia de cada pueblo y por qué? ¿qué compartimos todos por encima de las diferencias? Por los centros educativos deben pasar, para su estudio y reflexión, las culturas etáreas, de género, regionales, étnicas, religiosas, de los discapacitados; y de ser posible buscar entrar en relación con ellas, para escuchar su propia voz, su sentir, su pensar.

    6. El Diálogo de Saberes exige desarrollar habilidades de apertura, flexibilidad, adaptación, de resiliencia, asertividad, autoestima y estima por el otro, respeto y tolerancia, transferencia, actitud dialógica, capacidades de comunicación, de socialización, entre muchas otras.

    d) Negociación cultural y pluralidad de racionalidades

    1. Todas las culturas poseen una racionalidad propia, es decir, una manera de representar y codificar, según un orden lógico, los elementos que simbolizan la vivencia de la realidad que tiene un grupo para hacerlo comprensible. Es absurdo pensar que existe una sola racionalidad, o que haya una superior, y más el pretender erigir la racionalidad occidental como la razón universal. Necesitamos establecer puentes, vasos comunicantes, entre las diversas racionalidades en actitud de apertura, desde la escucha y el diálogo, y tomando conciencia del carácter contextual y limitado de nuestra racionalidad.

    2. Las actitudes autoritarias se encuentran siempre avaladas o justificadas por la creencia de que el punto de vista particular tiene un valor absoluto e incuestionable. Dichas actitudes autoritarias engendran el hecho de que las relaciones interpersonales e intergrupales se transformen en relaciones de poder y de avasallamiento. Por el contrario, reconocer el carácter relativo de nuestros puntos de referencia, nos conduce a adoptar una actitud de diálogo horizontal y de enriquecimiento recíproco.

    3. Se suele contraponer, por ejemplo, el pensamiento mítico al pensamiento científico, considerando al primero típico de las sociedades tradicionales y como inferior al otro. En lugar de oponer mito y ciencia, sería mejor colocarlos paralelamente como dos modos de conocimiento, diferentes en cuanto a los resultados, y subrayar que cada uno tiene su lógica. No se trata de racionalidades excluyentes, son diferentes sistemas de percibir el mundo. Nuestra forma de pensar puede ser eminentemente conceptual, pero en otras culturas es eminentemente simbólica, lo que de ninguna manera significa que no sea lógica. Ambas formas de percibir y procesar información son válidas desde la respectiva cosmovisión, valiosas y útiles para llegar al conocimiento y resolución de problemas, si bien usan estrategias diferentes.

    4. La Negociación Cultural puede entenderse como el proceso por el cual, además de ponerse en el lugar del otro y tratar de comprenderlo, se es capaz de pensar como él y ver la realidad desde otras perspectivas, diferentes de las que nos son familiares. Es la capacidad de despojarse y dejar de lado algunas formas personales o propias, para integrar lo diferente al propio modo de ser y pensar.

    5. La interculturalidad es un proceso de negociación cultural en la medida en que produce modificaciones en nuestras propias formas de ser, por la voluntad de integrarnos en una realidad que nos haga “uno” sin dejar de ser diferentes. Para ello, todos tenemos que estar dispuestos a ceder y renunciar, a incorporar y deponer, a dialogar buscando consensos; movidos no sólo por un buen deseo sino por el convencimiento de la riqueza que cada cual aporta y que de ello depende el bien común. Es asumir el “ser-con-los-otros”.

    6. La Negociación Cultural como método pedagógico, requiere y propicia el desarrollo de habilidades y actitudes en dos dimensiones: la del pensamiento lógico-científico y la de la noción del yo (psico-social y trascendente) Exige capacidad de abstracción, simbolización, inferencia, deducción, proposición, teorización; al mismo tiempo que descentramiento de sí, sentido de trascendencia, de superación y perfeccionamiento personal, espíritu comunitario, solidaridad, generosidad, capacidad de renuncia.

    7. A modo de conclusión, podríamos decir que la interculturalidad es un desafío ineludible para la educación de hoy en cualquier contexto y de manera particular en el ámbito de la propuesta de Educación Popular de Fe y Alegría. Nos plantea el reto de diseñar una nueva característica de nuestra pedagogía, la pedagogía del encuentro.

    8. Los métodos pedagógicos de la Educación Popular suponen un trabajo en el aula muy activo y a la vez reflexivo; el uso de técnicas activas de participación y de trabajo de grupos, la investigación permanente, la observación reflexiva, la experimentación activa, la discusión y reflexión personal y comunitaria, en un ambiente de amplia libertad y confianza para expresarse y de horizontalidad democrática para aceptar las diferencias.

    9. El educador popular está llamado a planificar su propia programación o proyecto de aula en el marco del proyecto educativo del centro, sintiéndose “socio” corresponsable de las decisiones, éxitos y fracasos de la comunidad educativa; a trabajar en equipo con los otros educadores en un proyecto común, sin individualismo; a plantear e involucrarse en proyectos de aprendizaje que respondan al contexto de los educandos y que propicie y permita la participación de la comunidad del entorno.

    10. En Fe y Alegría, en sentido general, hablamos de una pedagogía transformadora, que busca ser evangelizadora y liberadora, con una práctica educativa cuyas cualidades, citadas en diversas partes de este documento, son el amor, la alegría, el éxito, el diálogo, la negociación, la participación, la cooperación, el encuentro, la problematización, la investigación, el trabajo, la expresión, la creatividad, el esfuerzo, la superación, la productividad, la conservación, la fecundidad, el desarrollo sustentable, la identidad, el sentido de existencia, la inconformidad, la solidaridad, el testimonio… Esta pedagogía se caracteriza fundamentalmente por:

      1. Convertir al educando y su cultura en el centro de todo el proceso educativo. Esto implica que los aprendizajes parten de su experiencia, necesidades, lógicas, saberes, percepciones… que se conoce y valora su cultura y su lenguaje, que se le acompaña en su crecimiento y realización personal, que la labor educativa se lleva en consonancia con la familia y la comunidad.

      2. Atender la diversidad de caracteres, ritmos, necesidades, formas de aprender...., favoreciendo a los que tienen menos posibilidades y oportunidades de salir adelante. Por ello, se toma en consideración la opinión y características de cada alumno, no se acepta la expulsión ni el fracaso de la repetición, sino que se promueven caminos alternativos a favor de la inclusión y permanencia de quienes tienen mayores dificultades.

      3. Tener como base el conocimiento de la realidad. En consecuencia, los contenidos que se abordan están en estrecha relación con lo que ocurre en el entorno desde lo más cercano a lo más lejano, para que el educando, desde el conocimiento de su realidad, pueda proponer y comprometerse con los cambios.

      4. Orientar al alumno en su crecimiento, acompañarlo en sus dudas, preocupaciones, intereses..., brindándole la ayuda necesaria para que pueda clarificar sus valores y opciones personales. El educador es mediador, animador del aprendizaje y no transmisor de saberes.

      5. Brindar atención y calor humano a los educandos, de modo que la valoración, el respeto y el amor se ponen de manifiesto en las relaciones que se establecen.

      6. Promover la investigación y el trabajo creativo y cooperativo, que parte de la vida y se dirige a ella para potenciarla, como medio para la búsqueda del conocimiento y la verdad, generando mediante ella el deseo de conocer y aprender: Donde el educando asume un papel activo y participativo, de modo que los contenidos aparecen como medios para resolver situaciones problemáticas, donde también recibe una educación en y para el trabajo social y productivo.

      7. Sustentar el aprendizaje y las relaciones entre los diferentes sujetos del proceso en el diálogo y la negociación intercultural, para comprender y aprender del otro desde la aceptación de la diversidad. Los contenidos que se abordan y los valores que se proponen van en estrecha relación con los elementos propios de la cultura de la comunidad, para lograr así que los sujetos descubran su identidad y su papel como agentes de cambio y desarrollo.

      8. Ser creativa, innovadora, en la producción y uso de estrategias y recursos didácticos que motiven al alumno a aprender, abriéndose al uso de las posibilidades que ofrece el medio y las nuevas tecnologías.

      9. Promover una dinámica de reflexión permanente sobre lo que ocurre en el centro educativo, sobre cómo se aprende, para analizar, comprender y definir acciones concretas de transformación.

    11. Toda la labor de Fe y Alegría debe estar atravesada por una gran fe y esperanza, que se traduzcan en servicio solidario, aprendizaje e innovación permanente.

    VII. LA EVALUACIÓN

    1. En Fe y Alegría la evaluación es una herramienta para optimizar la calidad del proceso educativo y sus resultados. Los resultados se miden por las transformaciones ocurridas en las personas, en sus relaciones y en los efectos de la intervención educativa.

    2. La evaluación es el análisis objetivo y concreto y una reflexión crítica sobre el quehacer educativo y sobre los sujetos que participan en él, detectando sus vacíos, debilidades y fortalezas para, con esta información, tomar las decisiones apropiadas para revisar los procesos, mejorar los resultados y ayudar a cada uno según sus necesidades. La evaluación no es un acto punitivo, sino formativo, constructivo, en cuanto supone aprendizaje para todos los que participan en él.

    3. La evaluación implica acompañamiento, “ir de la mano con” los educandos, para detectar su proceso de crecimiento y orientarlo de manera adecuada. Implica concebir el error como oportunidad de aprendizaje y no como fracaso. Se debe hacer seguimiento permanente de los aprendizajes y de la calidad de los procesos y resultados, porque interesa que todos logren las metas propuestas. La responsabilidad de los educadores no se agota en diseñar y animar procesos de aprendizaje; también son responsables por los logros de cada uno de sus educandos.

    4. El educador popular debe ser un defensor aguerrido de la pedagogía del éxito y, por ello, rechazar toda clasificación de los educandos en buenos, regulares y malos: no los compara nunca, cree que todos los educandos son capaces (cada uno a su manera), y no acepta ni tolera cualquier palabra o juicio peyorativo, ofensivo o humillante. Su pregunta no será quién o qué merece una valoración positiva o quién no, sino qué ayuda precisa cada cual para seguir avanzando y alcanzar los logros deseados.

    5. La evaluación es escenario de formación y crecimiento de los diferentes actores involucrados en el proceso educativo. Por eso se promueve la autoevaluación como un medio extraordinario para revisarse cada uno y conocer sus fortalezas y debilidades; se promueve la evaluación del educador por los educandos y él mismo se siente evaluado a la luz de los resultados de las evaluaciones que propone.

    VIII. LA GESTIÓN DE CENTROS Y PROGRAMAS EDUCATIVOS

    1. La estructura organizativa de los centros educativos de Fe y Alegría es un factor básico en la definición de un proyecto pedagógico en la Educación Popular. Si bien todos los miembros de la organización son responsables en el logro de los objetivos, son los equipos directivos los que deben asumir el liderazgo en la construcción del proyecto de cada centro, en la animación y el acompañamiento de los procesos educativos, promoviendo estructuras de decisión participativas.

    2. En breve, la organización y la gestión deben orientarse al empoderamiento y realización plena de todas las personas que intervienen en el proceso educativo. Para ello necesitamos: (a) direcciones colegiadas centradas en lo pedagógico, (b) direcciones participativas, (c) direcciones constructoras de organización, y (d) direcciones con liderazgo. Esta concepción se fundamenta en la concepción de la sociedad deseada y en la coherencia, que tiene que darse, entre esa concepción y la manera como se organiza una institución educativa, para que sus estructuras sean también educadoras.

    3. La dirección colegiada centrada en lo pedagógico conlleva un cambio de cultura. En primer término, por la estructura de trabajo en “equipo directivo”, del que deben forman parte el director, los coordinadores pedagógicos, los orientadores y, considerando la inspiración cristiana del Movimiento, el coordinador de pastoral. Segundo por la reorientación de sus funciones hacia la operación pedagógica del centro educativo, superando las funciones meramente administrativas.

    4. La dirección colegiada concibe su trabajo como una tarea de equipo(s) con el consiguiente reparto de responsabilidades y funciones entre instancias de la organización y las personas. Se basa en la participación y el desarrollo coordinado de la acción y se asume como una forma compartida de tomar decisiones. La colegialidad conlleva el pensar el centro como tarea colectiva y así convertirlo en el lugar donde se analiza, discute y reflexiona, conjuntamente, sobre lo que pasa y lo que se quiere lograr. Busca romper la fragmentación de las intervenciones de los agentes educativos y convoca a todos a la construcción de un proyecto educativo, concibiendo el centro como unidad funcional de acción, planificación, evaluación, cambio y formación. Es el camino para saltar de la cultura de la sub-ordinación a la cultura de la co-ordinación.

    5. La participación es una manera de entender las relaciones humanas, para convertir el centro educativo en un lugar donde se viven situaciones de vida democrática y se desarrollan las convicciones democráticas. En Fe y Alegría la participación se fundamenta en el derecho inalienable de todo ser humano a ser sujeto de su propia historia en relación a los demás; en el derecho, frecuentemente negado u obstaculizado a las diversas clases sociales marginadas y empobrecidas, de defender y luchar por sus intereses; en el compromiso de superar la actual sociedad de estructuras impuestas que excluyen y prescinden de la verdadera participación popular; en la necesidad de construir una realidad comunitaria que implica el compartir responsabilidades y el promover la mutua colaboración, y en la opción explícita de luchar por construir una sociedad igualitaria y participativa.

    6. La participación en las estructuras de dirección de los centros educativos busca promover valores en tres ámbitos. En lo personal, la participación promueve el desarrollo integral de la actores del proceso educativo: criticidad, creatividad, solidaridad y compromiso. En lo social, favorece el pluralismo, las instancias de organización social, la capacidad de convocatoria y los vínculos comunitarios. Y en lo institucional, ofrece un testimonio coherente que asegura la permanencia de la identidad y unidad de la institución con flexibilidad histórica.

    7. Más allá de la concepción del directivo como “administrador y gerente”, que significa mantener lo que se tiene y se posee, debe darse el salto cualitativo hacia una concepción de la dirección como constructora de organización. Una organización construida desde la imaginación (creativa) y desde la coherencia, una organización versátil y permeable. La finalidad de la organización es la concreción de la organización, la construcción de los equipos de trabajo y el empoderamiento de los actores: educandos, padres, madres, educadores.

    8. Pero además, es preciso convertir a la dirección en un liderazgo educativo compartido. El ejercicio de este tipo de liderazgo supone una incardinación en la organización pedagógica y una posibilidad de una mayor dinamización de los educadores en los proyectos curriculares y de centro. La misión principal de la dirección es articular y dinamizar pedagógicamente la vida del centro. Sus actuaciones deben centrarse en actividades pedagógicamente ricas, como coordinar el proyecto educativo del centro, estimular al cuerpo de educadores, cohesionar equipos, propiciar el perfeccionamiento docente, investigar sobre la práctica, favorecer un clima positivo, desarrollar valores, impulsar el entusiasmo por la innovación, ayudar a quienes lo necesiten...

    9. Por otra parte, el elemento de liderazgo es fundamental para el diseño, implantación y difusión de las prácticas educativas. Es el líder del centro educativo el que marca el ritmo de las acciones y el horizonte a donde se encaminan todos los compañeros del equipo de trabajo. En las experiencias significativas de educación, podemos encontrar que este elemento es común. Un liderazgo con claridad de horizonte, que mira el servicio a la comunidad local como un reto cargado de compromiso. Un liderazgo que entiende la exigencia que conlleva servir en comunidades populares y por ello se autodisciplina y exige al equipo de trabajo para la consecución de las metas.

    10. Las tres grandes funciones del ejercicio del liderazgo son: (a) definir, apoyar y sostener unos fines y metas educativas, (b) desarrollar y mantener un sentido de comunidad en el centro: el trabajo conjunto y colegiado de los educadores; y (c) promover innovaciones sobre bases sólidas y el desarrollo profesional y organizativo del centro educativo.

    11. El equipo directivo también necesita formular su propio proyecto pedagógico de cara al ejercicio de sus funciones y las características arriba enunciadas. Los ámbitos mínimos del “proyecto de dirección” son los siguientes: (a) pedagógico: atender específicamente el aprendizaje de todos los alumnos; (b) convivencialidad: implementar un sistema de regulación que permita llevar a cabo los procesos educativos y resolver los conflictos derivados de la coexistencia de intereses diversos; (c) dirección democrática: permitir a todos implicarse en la toma de decisiones, enfocando las reuniones sobre las tareas y haciendo visibles los circuitos de responsabilidad; y (d) apertura al entorno: trabajo en, para y con la comunidad.

    12. Debemos asumir la pedagogía de la Educación Popular desde la dirección superior de Fe y Alegría, en las instancias internacionales, nacionales, regionales o departamentales, de programas y centros educativos, hasta las bases. Los directivos tienen que dar el ejemplo en el trabajo diario para que todos los actores comprendan que no es sólo discurso, sino una manera de actuar. Por ello, promovemos y deseamos profundizar una verdadera participación, que supone una descentralización y distribución de poder, reconociendo el derecho de todos los miembros del Movimiento (educadores, trabajadores, estudiantes, participantes, padres y madres, miembros de la comunidad, colaboradores…) a involucrarse activamente en la marcha de los programas educativos. En consecuencia las estructuras que postulamos son ligeras, abiertas al cambio, estructuras que favorezcan y promuevan la reflexión y el compromiso, estructuras que se abran al trabajo de construcción comunitaria con otras organizaciones y centros educativos.

    13. En síntesis, por ser Fe y Alegría un “Movimiento”, la organización y gestión adquieren características concretas que llevan implícitas las opciones fundamentales. En consecuencia, sus estructuras deben responder a los siguientes principios o claves:

      1. Dinamismo: La organización debe estar en permanente revisión y cambio para responder mejor a las demandas del entorno sociocultural.

      2. Creatividad: Los responsables de la organización y gestión no le temen a la innovación y el cambio, sino que promueven la capacidad de proponer, crear, inventar, soñar…

      3. Autonomía: Cada instancia de la institución asume sus responsabilidades en interrelación con las otras y dentro de una comunión de objetivos.

      4. Comunión: Los responsables de la organización y gestión velan por la vivencia de la unidad, de modo que todos los miembros y actores se sientan parte de un solo cuerpo, comprometidos en un proyecto común que es compromiso de vida.

      5. Popular: La organización y gestión se construyen desde la opción y fe en los pobres, proponiendo caminos junto con ellos.

      6. Democracia: Se impulsa la toma de decisiones colegiadas, la creación y el acompañamiento de grupos diversos (círculos de reflexión, comisiones de trabajo, grupos de teatro, música, montañismo, deporte, danza, etc.), que se organizan autónomamente en el marco de un proyecto educativo unificador y asumido por todos.

      7. Humanidad: La organización y gestión están al servicio de las personas, por ello promueve la fecundidad (el crecimiento integral), más que la mera eficacia.

      8. Efectividad: La organización y gestión da respuestas efectivas a las exigencias y necesidades de la comunidad, y se responsabiliza por los procesos y por los resultados.

      9. Coherencia: Los propósitos, las teorías, las propuestas, el deber ser proclamado por el Movimiento, están en concordancia con las acciones, actitudes y prácticas.

    IX. LA COMUNIDAD

    1. Entendemos “lo comunitario” como la relación con el otro, en el horizonte de ir logrando una “común unidad” en las metas y en los procesos. En Fe y Alegría concebimos este componente como el conjunto de diversos procesos educativos de organización popular, que se construyen desde las relaciones interpersonales en el centro educativo y las relaciones del centro educativo con las personas, instituciones y organizaciones del entorno.

    2. “Lo comunitario” es encuentro, experiencia de vida, un fluir juntos, soñar juntos, crecer y reflexionar, ser familia... Nos construimos como personas en la medida en que fragüemos relaciones solidarias, en la medida en que construyamos nuestro proyecto de vida de cara a los otros, especialmente de cara a los más afectados por la pobreza y condiciones de marginación.

    3. De allí que no podemos reducir lo comunitario a la mera relación con la comunidad, que se limita, en algunos casos, a reuniones eventuales y grupos donde participan miembros del entorno comunitario y del centro educativo. Lo comunitario tiene que ver con la intencionalidad de la Educación Popular. Por ello, todos los procesos que se generan, interna y externamente, desde los contenidos escolares, la formación de los padres y representantes y sus canales de participación, las organizaciones de exalumnos, la vinculación de la vida escolar con el entorno..., hasta la vinculación con las fuerzas vivas de la comunidad o la creación de organizaciones populares, forman parte de lo comunitario.

    4. No hay educación popular sin organización popular. Cuando hablamos de “organización popular” nos referimos a todo espacio que congregue a diversas personas para fines comunitarios que humanizan, generan y defienden la vida y los derechos esenciales de las personas. Son espacios de encuentro frescos, críticos, formativos, creativos, creadores, de crecimiento, lucha, festejo, solidaridad, en un ambiente de responsabilidad y crecimiento. Estos espacios se constituyen en la propia dinámica del centro educativo, creando organización popular en lo que hacemos y tenemos. Buscamos caminar hacia una verdadera organización comunitaria en todos nuestros espacios, respondiendo a lo que valoramos como “bien común”

    5. Escuchamos muchos discursos y propuestas de organización y participación, que son desmentidos por las prácticas. Si queremos vivir en coherencia con nuestros sueños-ideales, tenemos que hacer posible, desde los espacios concretos de nuestra familia, centro educativo, vecinos y comunidad, los encuentros solidarios y fraternos que faciliten la vivencia de los valores que buscamos. En este sentido, lograr la toma de decisiones colegiada y la participación, teniendo claridad hacia dónde queremos caminar en todos los niveles, deben ser muestra de la propuesta que queremos construir.

    6. Del mismo modo, estamos convencidos de que, frente a la dinámica del autoritarismo y el poder ejercido como dominación, debe nacer un liderazgo comunitario en donde el poder se ejerza como verdadero servicio humanizante. En este sentido, el poder no es sólo representativo, sino ejecutivo de los equipos, grupos, fundaciones y asociaciones organizadas del centro educativo, la familia, la comunidad.

    7. Todo proceso de Educación Popular se da en la medida que se concreten expresiones diversas de organización popular. Desde ellas, se pueden prefigurar y concretar formas alternativas y cooperativas de producción de alimentos mediante la agricultura ecológica, desarrollo productivo de la artesanía, motivación a la creatividad cultural y deportiva, desarrollo de tecnologías alternativas, creación de patrones de consumo que no agredan a la naturaleza..., entre otras acciones posibles.

    8. Desde nuestra especificidad educativa, debemos participar en propuestas o proyectos de mejora de la comunidad. Las instalaciones del centro educativo deben estar abiertas a las actividades deportivas, sociales, culturales, de la comunidad. Invitemos a miembros de la comunidad para que aporten sus conocimientos y habilidades en actividades formativas y celebrativas. Motivemos a nuestros educadores para que visiten a las familias de sus alumnos y establezcan una comunicación fluida y un contacto apropiado con ellos. Organicemos periódicamente encuentros formativos y recreativos de padres, representantes y exalumnos. Tengamos programas permanentes de formación de los padres y representantes, “las escuelas de padres”. Hagamos seguimiento a nuestros egresados.

    9. Intercambiemos experiencias con otros centros educativos en la comunidad, invitándoles a nuestros programas de formación y celebraciones, promoviendo actividades en conjunto. Ofrezcamos a los estudiantes oportunidades de participar en experiencias de labor social en la comunidad, o de participar en algún tipo de grupo o actividad extraescolar. Impulsemos la creación, formación y acompañamiento de cooperativas. Orientemos la producción de los talleres para resolver problemas o carencias de la comunidad. Trabajemos con la comunidad para garantizar a los educandos la alimentación y medios para que puedan cumplir apropiadamente con las exigencias de su aprendizaje.

    10. Con actividades como estas, estaremos contribuyendo, desde nuestros espacios comunitarios, en la construcción de la Vida Nueva.

                1. LA PASTORAL

    1. Fe y Alegría asume la educación como una propuesta de evangelización, pues pretende transmitir a todos los que forman parte del Movimiento, la buena noticia de un Dios Padre que se nos reveló en Jesús como camino de realización personal plena.

    2. Seguir a Jesús es comprometerse en proseguir su misión en la construcción del Reino, una sociedad justa y fraternal donde todos podamos vivir como hermanos y realizarnos a plenitud. El seguimiento a Jesús se traduce en servicio eficaz a los más necesitados para que tengan vida, calidad de vida. La pastoral se asume como el medio para que todos se sientan invitados a seguir a Jesús, descubran la voluntad de Dios en su vida y se comprometan en el servicio a los demás, en especial a los más pobres y necesitados.

    3. En este propósito de la pastoral subyace un modo de entender la persona, la sociedad y la iglesia que se define en el Ideario y en nuestra propuesta educativa como parte de nuestras opciones fundamentales. La persona nueva se entiende como aquella que, consciente de sí misma y de su proceso de liberación personal, camina hacia el logro de todas sus capacidades, hacia la vitalidad de todas sus dimensiones, vive los valores cristianos, desarrolla actitudes de autonomía y crítica responsable, solidaridad, compromiso de servicio y transformación social.

    4. La nueva sociedad que pretendemos la concebimos como aquella en la que se vive la justicia, participación y fraternidad, como valores esenciales para la producción y el disfrute de los bienes necesarios para una vida digna, respetuosa de la diversidad cultural, la realización humana de los ciudadanos, la participación como ejercicio de democracia...

    5. La Iglesia es entendida como el Pueblo convocado por Dios para la misión de extender su Reino; es comunión de comunidades, con una sola misión, pero en pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.

    6. La pastoral pretende acompañar a todos para ir alcanzando estos perfiles de persona, sociedad e iglesia en concordancia con la realidad y su entorno sociocultural. Por ello, se opta por una pastoral orientada hacia la construcción integral de la persona, centrada en el seguimiento de Jesús; pastoral de línea y no de meros puntos, vocacional, sistemática, extendida a lo extraescolar e inserta en la iglesia local y universal.

    7. La pastoral es una dimensión que arropa el quehacer educativo del Movimiento en toda su diversidad. Es una invitación, una propuesta a vivir a la manera de Jesús, desde la experiencia de encuentro personal con su vida y su mensaje, optando por los empobrecidos, apostando por un mundo de justicia y fraternidad, haciéndose solidario y comprometiéndose a construir una nueva sociedad en comunión con los demás.

    8. La pastoral es una invitación a descubrir y vivir el amor de Dios a cada uno de nosotros. Es una invitación porque la fe no se impone, no se obliga, va creciendo como semilla pequeña que germina de la mano de Dios. Esto exige el desarrollo de las condiciones adecuadas para que los diferentes sujetos de los centros educativos y demás instancias que forman parte de la estructura organizativa, puedan descubrir la persona de Jesús y los valores cristianos.

    9. Estas condiciones exigen asumir la formación en la dimensión religiosa y espiritual de las personas, abriendo espacios para el conocimiento del evangelio, de la palabra de Dios, del Jesús histórico y los diferentes elementos que forman parte de la fe cristiana; brindando posibilidades de vivir comunitariamente la fe y la fraternidad; haciendo posible el encuentro personal con Dios Padre, que ayuda a conocernos y a crecer como personas; acompañando la vivencia de los valores cristianos en los procesos personales y comunitarios; abriendo posibilidades para encausar y explicitar el compromiso cristiano por la transformación del mundo en que vivimos.

    10. La pastoral lleva implícita la formación en valores humanos brindando la posibilidad de conocer y hacer propios los principios universales que hacen posible la vida en común; su identidad es cristiana, pero va de la mano con la ética universal. Mientras que la vivencia de la fe cristiana es una invitación, un anuncio y propuesta que no necesariamente todos aceptan; la vivencia de los valores humanos, el desarrollo de la autonomía moral es el mínimo que debe asumirse como parte de la tarea educadora.

    11. La pastoral es una dimensión que debe impregnar toda la acción educativa de Fe y Alegría. Es un clima, un aire que penetra y vivifica todo el quehacer del Movimiento. Por ello, la acción pastoral es diversa, atiende los distintos sujetos y ámbitos educativos. A su vez, todos los sujetos educativos se conforman como agentes de pastoral.

    XI. EL EDUCADOR POPULAR: Una última palabra sobre su perfil y autoformación.

    1. El educador se asume como sujeto que opta y se identifica con la propuesta de Educación Popular y testimonia, con su propia vida, los valores que pretende promover en los alumnos, comprometiéndose en su propia transformación.

    2. En este sentido, no es un repetidor teórico de la propuesta educativa de Fe y Alegría o de la filosofía de la Educación Popular, es más bien un constructor en su propia vida y práctica educativa de los principios fundamentales y los valores humanos y cristianos que profesamos en el Movimiento. La opción por los pobres conduce a que el educador conozca, valore y se sensibilice con sus alumnos y las comunidades en las que están insertos los centros, con sus problemas, cultura, logros y posibilidades..., para que desde una actitud de respeto, diálogo y cercanía, promueva el conocimiento de la realidad y la acción transformadora.

    3. El educador es un diseñador y animador de procesos educativos, es el que va a promover espacios y experiencias significativas de aprendizaje que permitan al alumno ampliar sus conocimientos, un animador que genera vida en el aula a través de la organización creativa de tales espacios y experiencias. Es orientador, porque aunque parte del saber del alumno, de sus necesidades y expectativas, marca el hacia dónde del proceso y ayuda a cada alumno a hacer conscientes sus talentos y posibilidades.

    4. El educador se asume a sí como educando, está en permanente búsqueda y reflexión de su ser y de su hacer, para hacerse mejor persona y mejor educador. Vive, en consecuencia, en permanente actualización y formación, desarrollando su rol de investigador que propone, evalúa y sistematiza. En consecuencia, mantiene una actitud de apertura al cambio, a las nuevas propuestas y experiencias que, sin embargo, es capaz de analizar críticamente. Desarrolla en sí mismo las competencias que espera alcancen sus alumnos. En consecuencia, se construye como un lector autónomo y un escritor capaz de comunicar su pensamiento, como una persona con habilidades para resolver problemas, abierto al encuentro con los demás y a la experiencia de realización personal.

    5. El educador popular no es un ser perfecto, con todas las capacidades y habilidades desarrolladas, sino una persona en construcción, deseoso de aprender, de irse haciendo cada vez mejor persona, mejor docente, mejor ciudadano. Es consciente de sus valores y también de sus carencias a las que asume siempre como propuestas de superación.



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