La pedagogía de la educación popular



Descargar 277.97 Kb.
Página2/4
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño277.97 Kb.
Vistas138
Descargas0
1   2   3   4

1) Dimensión Afectiva

  1. Se trata de lograr la madurez, la responsabilidad del sentimiento, para ser capaces de amarse y de amar, de darse sin esperar nada a cambio y sin generar dependencias. La madurez afectiva supone la superación del egoísmo, el egocentrismo, la soberbia, la envidia, los miedos que imposibilitan alcanzar las metas de las posibilidades y responsabilizarse por completo de la propia libertad. Libre es la persona que vive comprometida en la conquista de sí misma, sabe que el ser humano es tarea y aventura, y por ello es capaz de vivir toda experiencia de un modo pleno. Pero también se trata de formar personas capaces de ponerse en el dolor del otro, de sentir la indignación y la inconformidad ante la injusticia, y de reaccionar en forma creativa y atrevida para participar en la transformación de la sociedad.

  2. Para educar la dimensión afectiva, se requiere de una pedagogía del amor, la alegría y el éxito, que busque establecer, en todos los ámbitos, tiempos y actividades educativas, un clima de comprensión, simpatía, cordialidad, acogida, amistad, que combata todo autoritarismo, ofensa, humillación, clasificación, desprecio y rutina. El principio pedagógico esencial, base y condición de todos los demás, es el amor a los educandos. El educando es amado y enseñado a la vez; y el educando hace crecer y humaniza, a través del amor, al educador.

  3. En educación es imposible ser efectivos, si no somos afectivos. De poco sirven las calificaciones profesionales, si el educador no entiende y asume su profesión como un acto de amor. Amar a todos los educandos, en especial a los que tienen mayores carencias y problemas. El amor es inclusivo, no excluye a nadie, ayuda sobre todo a los que más lo necesitan. El verdadero educador busca el éxito de todos, y considera que el fracaso de uno solo de sus educandos es también su propio fracaso. Es capaz de verles con los ojos del corazón para descubrir sus talentos, posibilidades y valores, más que sus carencias, y afincado sobre ellos, guiarles hasta el límite de las posibilidades de cada uno.

  4. Amar a los educandos significa actuar de tal modo que la clase se sienta feliz. Esto implica partir de las cosas que conocen e interesan a los educandos, evitando así la sensación de estar sumergidos en un mundo lejano y absurdo. Las clases, las actividades especiales, las celebraciones, los viajes pedagógicos, deben ser preparados con dedicación y esmero, evitando que se conviertan en meros rituales fastidiosos y sin sentido. Hay que devolverle a la “escuela” (entendido en nuestro caso en sentido amplio, como el espacio educativo) su sentido etimológico: scholé, lugar del disfrute en la creación y el diálogo.

  5. La pedagogía del amor y la alegría busca por todos los medios que los espacios físicos y ambientes donde tiene lugar la actividad educativa, sean lugares de vida, atractivos en lo físico y en la dinámica, donde los educandos, sobre todo los afectados por las consecuencias de un sistema excluyente, se sientan importantes, tomados en cuenta, respetados, queridos; lugares en los que se cultivan amistades fuertes que, en palabras del P. Vélaz, “pueden curar muchas heridas del desamor”. Por ello, no podemos olvidar que tanto los espacios físicos como los reglamentos y normas de disciplina tienen que estar siempre al servicio del alumno, de su crecimiento y formación, y no al revés.

  6. A crear ese ambiente contribuirá una sana y necesaria disciplina que no impone, humilla y cercena, sino que surge de la convicción personal y de las exigencias de la vida grupal. Disciplina que convierta al educando en copartícipe de la programación, desarrollo y evaluación del proceso y que le estimula a construir su personalidad. Disciplina consensuada, orientada a crear un ambiente de trabajo, respeto, y comunicación, donde los educandos pueden expresarse con toda libertad, y los conflictos se resuelvan mediante la negociación para convertirlos en fuente de avance y desarrollo personal; un contexto estimulante y respetuoso, en el que se establezca una verdadera comunicación. Comunicarse más y mejor es educar y educarse más auténticamente.

2) Dimensión Ético-Social y Cultural

  1. Para la Educación Popular uno se hace persona con los demás. Por tanto, se postula una educación que busca la calidad total no sólo para uno, sino para los demás. Educación para la convivencia, que no sólo tolera lo diferente, sino que considera la diversidad como riqueza. Educación que enseñe a vivir y a trabajar juntos a los que son diferentes. Educación que enseña a valorar y a vivir en contextos interculturales, a respetar la diversidad de costumbres. Educación, en definitiva, para el pluralismo, la tolerancia, el servicio y la solidaridad, capaz de oponerse y combatir todo lo que amenaza e impide la vida: injusticia, desigualdad, discriminación, manipulación, conformismo, violencia, opresión.

  2. Para educar la dimensión ético-social y cultural se requiere de una pedagogía del diálogo, la participación y la cooperación.

  3. El diálogo, sin dudas, incide en la transformación didáctica y de las formas pedagógicas. Ya en sus primeras obras, Paulo Freire (1979) consideró al diálogo como el método educativo por excelencia: el ser humano se hace persona en diálogo con su mundo y con los otros. El diálogo implica búsqueda permanente, creación colectiva. Dialogar supone aceptar que toda persona sabe, que no todos saben lo mismo, y que estos saberes necesitan relacionarse y confrontarse para que de ellos nazca un nuevo saber, diferente a lo que se pensaba al comienzo. Implica reconocer al educando como dialogante, que acude al acto educativo con saberes y puntos de vista diferentes que el educador debe tomar en cuenta. Toda pedagogía dialógica y participativa tiene que alentar, incitar a la búsqueda y la exploración, incitar a la curiosidad, ya que supone, como actitud científica, el rechazo al dogmatismo en cualquiera de sus formas. El diálogo en los espacios educativos sólo es posible en un ambiente de respeto, confianza, escucha y humildad, para reconocer que la verdad se va haciendo y construyendo en el compartir de ideas, reflexiones, investigaciones y experiencias.

  4. Pero la pedagogía del diálogo supone asumir la pedagogía de la negociación y también el conflicto (Mejía 2001, 223) “como un hecho propio en la relación de las comunidades humanas y necesario en la afirmación de identidad y de opinión…. El conflicto habla de la diversidad y de la diferencia, y también de la posibilidad de construir desde allí los acuerdos básicos para la acción colectiva”. Debemos formar a las personas para actuar en una sociedad en la que imperan relaciones asimétricas y condiciones de injusticia, buscando su transformación. En este contexto, una pedagogía de la Educación Popular tiene la gran responsabilidad de promover el desarrollo de capacidades y habilidades, para la articulación de propuestas de cambio y para ganar espacios de participación.

  5. En los centros educativos se habla mucho pero se dialoga muy poco. Por lo general, habla y habla el educador y el educando escucha para repetir su palabra, o la palabra del libro. El educador le oye sin escucharle y después habla lo que pensaba, sin dejarse cambiar por lo que ha oído. El escuchar supone prestar atención al otro, a sus palabras, gestos, silencios, miedos. Implica estar dispuesto a la sorpresa, esforzarse por comprender la lógica emocional y racional con la que el otro diferente se expresa, preguntarse por qué piensa así, sin enjuiciar ni diagnosticar, tratando de comprender.

  6. El verdadero diálogo implica la participación y la cooperación. El hecho educativo debe convertirse en un hecho comunicativo y comunitario. Se educa en comunidad y para la comunidad. El equipo, y no el individuo aislado, debe ser la unidad educativa básica y principal medio educativo para el desarrollo de la dimensión ético-social y cultural. En nuestros centros debemos promover: (a) equipos directivos, que se responsabilicen por los resultados y la marcha del centro, motivados y motivadores, que fomenten la reflexión, la participación y el compromiso de todos en la planificación, coordinación y ejecución de las tareas; (b) equipos de educadores unidos en la misión y en el horizonte, con una propuesta pedagógica común centrada en el alumno y en su cultura, orientada a promover el crecimiento y desarrollo de cada uno según sus potencialidades; (c) equipos de padres y representantes que asumen su papel de primeros educadores en la familia y se involucran en la formación de todos los educandos y no sólo de sus hijos; (d) equipos de educandos organizados para asumir creativamente y promover la participación de todos, y no sólo la de los más aventajados, que se respetan, cooperan y ayudan, tanto en las actividades organizadas en las aulas, talleres y demás espacios físicos, como en las extracurriculares.

  7. El diálogo, la participación y la cooperación son imprescindibles en el trabajo educativo que se realiza en comunidades integradas por grupos con contextos culturales mixtos y diferentes costumbres, para que puedan llegar a comprender y asumir que no pueden vivir aislados unos de otros, que el trabajo en y con la comunidad proporcionará beneficios y autodeterminación, que deben valorar y respetar las costumbres de cada uno y que todos pueden ganar al aprender entre sí de sus culturas, creatividad, manera de pensar y de resolver problemas.

  8. El diálogo, la participación y la cooperación son imprescindibles también en el trabajo con los jóvenes. Necesitamos profundizar en la cultura juvenil: ¿cuáles son los imaginarios de los jóvenes y cómo comprenderlos a la luz del proyecto de Fe y Alegría? ¿cuáles son las herramientas que debe conocer el educador para comprender los sentimientos, intereses y la violencia que sacude a los jóvenes de los sectores populares? ¿cómo hacer para que los educadores comprendan este mundo juvenil de hoy? Solamente en diálogo con ellos, promoviendo grupos de variada naturaleza y su participación activa en la vida del centro y la comunidad, se logrará la base de cercanía necesaria para trabajar con los jóvenes afectiva y efectivamente.

  9. Pero para que el diálogo, la participación y la cooperación sean fructíferos, hay que romper las barreras mentales y conductuales de los educadores. No hay posibilidad de diálogo desde la rigidez de las maneras de pensar. Es necesario fomentar cambios de actitudes en los educadores y muy especialmente en los directivos. Con mucha frecuencia los educadores no inician nuevos caminos en las prácticas y modalidades pedagógicas, debido a factores inherentes a la personalidad o al entorno: o porque se sienten cómodos en la forma de hacer las cosas (instalados en la rutina, apatía) y no ven la necesidad de cambiar; o porque en el centro o comunidad educativa se los bloquea para iniciar nuevos caminos. Además, para que el diálogo sea posible, los educadores tienen que asumir primero y enseñar a asumir, la complejidad implícita en el escuchar al otro. Posturas de pensamiento reductor, unidimensional, disyuntivo, hacen muy difícil la comprensión de matices y otras dimensiones de análisis en las posturas del otro, lo que impide el encuentro y la complementación.

  10. Y el diálogo, la participación y la cooperación, como prácticas pedagógicas, requieren de formas organizativas y operativas con posibilidades de autodeterminación. Entonces, el fundamento no puede ser otro que la práctica integral de una pedagogía autogestionaria (Ander-Egg, 1999) que contemple tanto la forma de trabajar los procesos de enseñanza y aprendizaje, como la esfera de lo organizacional y funcional del centro o programa educativo. Uno y otro plano se refuerzan mutuamente para potenciar la capacidad de renovación. No solo el educador debe practicar los valores y conductas que predica; el ambiente todo debe ser ejemplo visible de la intencionalidad de la Educación Popular de Fe y Alegría.

3) Dimensión Intelectual

  1. Es inteligente (Frabboni 2001) quien es capaz de pensar con la propia cabeza, de dar una opinión razonada, de asumir una postura crítica, de superar la seudo cultura del rumor, el chisme, la fragmentación informativa, la repetición de “la verdad publicitada”. La inteligencia supone capacidad de comprenderse, de comprender a los demás y comprender el mundo, para contribuir a su permanente mejora y humanización. Es, en consecuencia, capacidad crítica, analítica, creativa, de resolución de problemas y proposición de nuevas cosas e ideas. Esto implica la capacidad de aprender a aprender, que supone contar con cimientos sólidos en matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales y el manejo fluido de los lenguajes orales, escritos, visuales y digitalizados Para ello, hay que asumir muy en serio la multialfabetización, de modo que los educandos se vayan haciendo lectores autónomos y eficientes de textos escritos, visuales y digitales, con capacidad también para leer, interpretar y transformar la realidad. Y esto debe hacerse de una manera planificada y eficiente.

  2. Para formar la inteligencia se requiere de una pedagogía problematizadora, concientizadora y de la investigación. Se trata de rescatar la curiosidad del educando, hacerles dueños de su proceso de aprendizaje y colocarle en una actitud de reflexión, búsqueda, cuestionamiento e investigación en la solución de problemas; de ayudarles a interpretar la realidad y ser propositivos; de promover que sean capaces de preguntarse y responderse preguntas como: ¿qué sé? ¿cómo sé que lo sé? ¿qué quiero saber? ¿qué estrategias voy a usar? ¿logré lo que me proponía? ¿cómo aprendí? ¿cómo puedo aprender mejor? ¿para qué me sirve este aprendizaje?

  3. Toda investigación supone una búsqueda consciente, lo que no significa una simple toma de conciencia de los problemas, sino un acercamiento crítico al mundo y a la propia cotidianeidad. Significa, además de una aproximación intelectiva, poder reconocer que cada persona vive un proceso de desarrollo personal – social, que le permite ir develando su realidad; que debe estar alerta para reconocerlo y aceptarlo, decir su palabra, comprender su mundo y comprometerse con su transformación. Para la formación de la inteligencia se requiere entonces una pedagogía que también debe ser concientizadora.

  4. El hombre es por naturaleza un investigador: aprender es descubrir. Con frecuencia es la misma educación la que se encarga de adormecer esta capacidad. Tendremos educandos investigadores sólo si sumergimos la práctica educativa en un ambiente que fomente la curiosidad, la pregunta, la observación, la duda, la búsqueda y la experimentación, que son modos naturales de aprender. Por ello, la práctica educativa se debe orientar a desarrollar el pensamiento lógico, creativo y crítico de los educandos, a estimular su capacidad de razonar, argumentar y ver la realidad desde diversos ángulos, a trabajar la lectura comprensiva y la escritura creativa como actividades cotidianas; en suma, una práctica educativa orientada a promover aprendizajes significativos, fundamentados en la comprensión y el hacer, en todas las áreas del currículo.

  5. Pero la investigación, como práctica educativa, sólo puede producirse en un ambiente en el que se le proporciona al educando tiempo y espacios para experimentar, manipular, preguntar; materiales con información adecuada, datos pertinentes, y la oportunidad de fabricar cosas y resolver problemas. También supone que el propio educador (Tonucci 1977, 1993) es un curioso de la vida, está lleno de inquietudes y preguntas, le apasiona la búsqueda, el descubrimiento que, a su vez, le llevan a nuevas preguntas y descubrimientos; que el educador es, en breve, “un investigador”. Sólo el educador capaz de vivir él mismo la experiencia de investigación auténtica, podrá promocionar y garantizar una verdadera práctica educativa de investigación.

4) Dimensión Estética

  1. Se trata (Frabboni 2001) de la formación del gusto, de modo que la persona sea capaz de percibir, disfrutar y producir lo bello, lo original que nace del libre juego de la sensibilidad, imaginación, fantasía e intuición. Se trata también de la capacidad para analizar y superar las propuestas que se siembran desde unos medios de comunicación y una cultura que masifican los gustos e imponen la superficialidad. La formación estética supone, además, explorar y desarrollar las posibilidades de expresión creativas de cada persona, sentir la necesidad de ejercitar uno o más canales expresivos (literarios, musicales, teatrales, plásticos, gráficos...) que impliquen al individuo en la composición y ejecución y no meramente en la observación.

  2. Para la formación de la dimensión estética se requiere de una pedagogía de la expresión y la creatividad artística, capaz de hacer surgir y cultivar los talentos de cada persona. El educador debe estar muy atento para descubrir las inclinaciones expresivas y creativas propias de cada alumno para ayudarle a desarrollarlas. También debe estar muy atento al cultivo del disfrute del sentimiento estético, de todo lo bello que hay y es creado por el hombre, de la belleza de la naturaleza que le rodea y del universo, de la maravilla de la Creación.

  3. Sin expresión, no hay educación. La pedagogía de la expresión le devuelve la “palabra” al educando e involucra todas las formas de expresión: desarrolla las habilidades comunicativas orales, gestuales, corporales, mímicas, escritas, en imágenes, etc., de cada uno. Una pedagogía de la expresión promueve por todos los medios, y en todos los momentos y espacios educativos, la comunicación entre el educador y los educandos y entre ellos. Para eso, reorganiza los ambientes, evitando una distribución que pueda favorecer la palabra del educador y la recepción pasiva de los educandos, o impedir la comunicación entre los educadores.

  4. La pedagogía de la creatividad artística espolea la imaginación y la fantasía, cultiva la literatura, la música, la pintura, las artes, el contacto con la naturaleza…; convierte los espacios educativos en lugares de colores y de sueños, de creación y de exposición de las creaciones. Se promueven los grupos de música, teatro, títeres, danza, cuentacuentos, periódico escolar, creación literaria... La biblioteca es el lugar de la fantasía, de la imaginación, del disfrute, de la creación. Todo el espacio físico y alrededores son un gran taller, un museo, un enorme mural.

  5. Un educador creativo capitaliza la curiosidad propia del educando, partiendo de sus habilidades, su cultura y del mundo que le rodea. Estimula su imaginación y permite que vaya evolucionando según sus propios intereses. Nunca rechaza ni caricaturiza las creaciones de los educandos, pero les va guiando con paciencia para que no se conformen con la primera versión, en busca siempre de una mayor calidad, pues el desarrollo de la creatividad artística supone aprender a rehacer, exige esfuerzo, experimentación, búsqueda, exigencia. Pero además, un educador creativo utiliza todas las oportunidades que se le presentan, en las distintas áreas del currículo, para desarrollar la creatividad estética y cultivar el sentimiento de todo lo bello de la Creación.

5) Dimensión Física

  1. La salud física es elemento importante para la adecuada maduración de la afectividad, de la inteligencia, de la creatividad estética y para favorecer una buena salud mental e integral. Es necesaria una educación que enseñe a proteger la salud, a aceptar y a cuidar el cuerpo. Además de conocimientos y actitudes, la educación debe promover la ejercitación física y la práctica de deportes, para favorecer el desarrollo físico en general, explorar y desarrollar las capacidades y habilidades físicas latentes.

  2. Para la formación física, necesitamos una pedagogía del esfuerzo y de la superación, que forje el carácter y la voluntad. Una pedagogía que eduque en el respeto del cuerpo de uno y el de los demás, en la valoración del cuerpo como vehículo de los sentimientos y de las interrelaciones humanas y que tome en cuenta las características de género.

  3. La pedagogía del esfuerzo y del vencimiento cultiva el entrenamiento físico, el deporte, las excursiones, los campamentos, las convivencias, el montañismo, los intercambios deportivos, los juegos en general. En estas actividades no sólo se fortalece la salud, sino que se aprende a compartir, a salir del egoísmo, a triunfar sin humillar y a perder sin desmoronarse. Se aprende sobre todo a vencerse a sí mismo. Son verdaderos espacios de crecimiento integral y liderazgo.

  4. Se destaca el valor del juego en las primeras edades. La educación física tiene que ser variada, dirigida y muy planificada en estas edades, buscando la mayor integración posible con otras áreas y ejes curriculares. Como ejemplos se pueden mencionar los recreos integrados, los cuales además de la ejercitación física, son muy útiles para aumentar la autoestima, desarrollar el liderazgo positivo, conocer y practicar reglas y autoeducarse. Un elemento que no se debe olvidar es la necesidad de rescatar los juegos tradicionales; estos ayudan a la socialización, al tiempo que promueven el respeto por la propia cultura. Otro elemento importante es la integración de la danza y la expresión corporal dentro del concepto de educación física.

  5. Es fundamental tener presente que, en las poblaciones en donde se desarrollan las acciones de Fe y Alegría, por las condiciones de pobreza, existen necesidades de atención más urgente para el cuido de la salud. Con mala alimentación y altos niveles de desnutrición, puede resultar hasta contraproducente promover una pedagogía del esfuerzo físico como práctica para el desarrollo del cuerpo. La atención principal debe estar dirigida a buscar medios para crear condiciones de educabilidad. Además, entre adolescentes y jóvenes, en esta dimensión es importante encarar, con prioridad, otros problemas que ponen en riesgo la salud física e integral: la drogradicción en todas sus formas, violencia y agresiones físicas, embarazos no deseados y maternidades prematuras, deterioros precoces del estado de salud, etc.

6) Dimensión Creadora

  1. La educación que ofrecemos debe ser capaz de formar las competencias que le permitan a la persona las oportunidades de tener vida digna con la práctica laboral de una actividad productiva, aprovechando lo que el medio donde vive le brinda, con conciencia ecológica. Es fundamental educar para entender que el problema de la pobreza no es de los pobres sino de todos, que debemos desarrollar al máximo la capacidad creadora para producir soluciones que contribuyan a generar empleos y a impulsar procesos de desarrollo humano, sustentable y equitativo. La posibilidad del cambio y de la dignificación de todos está en el mismo pueblo, en la participación activa de los diferentes actores sociales, y para ello es necesario educar para producir.

  2. Para promover esta dimensión creadora de la persona, se requiere de una pedagogía del trabajo, de la productividad y del desarrollo sustentable, que vincule la propuesta educativa humanista e integral de Fe y alegría, a los desafíos tecnológicos y a las demandas del mundo del trabajo y de las culturas de la sociedad global.

  3. Una educación de calidad supone educar para la vida y formar para el trabajo, ya que es este uno de los medios de que dispone el hombre para dignificar su modo de vivir. Es a través del trabajo digno, responsable y eficiente, como puede ser posible que el hombre encuentre una base de sustentabilidad para un desarrollo integral y pleno. Los avances tecnológicos exigen cada vez más de gente cualificada profesionalmente para los diversos sectores productivos.

  4. Se hace necesario y urgente ofrecer a los alumnos una educación que se corresponda con la realidad de los avances científicos y tecnológicos, de modo que puedan contar con las competencias y con las herramientas necesarias para poder participar en la transformación de la sociedad y promover procesos de desarrollo sustentable. Se requiere una pedagogía que propicie la productividad, que promueva propuestas solidarias de vinculación centro educativo-comunidad y la metodología de proyectos, a partir de situaciones problemáticas. Una pedagogía que estimule el esfuerzo intelectual, habilidades de planificación, capacidad de autonomía y responsabilidad en el desempeño de las tareas.

      1. Dimensión Histórica

  1. Se plantea tomar en cuenta la necesidad de ser libre a partir del cuestionamiento de lo establecido, lo que implica la construcción de la esperanza de “un hombre nuevo” que, desde la práctica, debe ir “haciéndose”, “siéndose”, “realizándose”. Esto no lo logrará desde cualquier praxis, sino desde aquella que denuncia todas las estructuras y relaciones que deshumanizan y que anuncia la posibilidad de cambio hacia un mundo más humano.

  2. El desarrollo de esta dimensión implica una pedagogía de la identidad y del sentido de la existencia.

  3. Al ser la historia del hombre, la historia de esta forma de vivir las rupturas, las crisis, las denuncias, de caminar hacia un “horizonte utópico” que es la motivación de la praxis, existe una evolución personal y una evolución de la humanidad que deben ser analizadas y reflexionadas, para poder ser cambiadas a través de la acción humana. En esta dimensión no se trata de trabajar la visión de la Historia como una forma de mejorar las condiciones de vida, o de lograr cambiar las estructuras solamente, sino de la creación continua de una nueva manera de ser Hombre, es decir como una revolución cultural permanente.

  4. Desde esta óptica, las prácticas sociales, nacionales, personales, pueden ser analizadas y cuestionadas buscando como horizonte utópico la desalienación y la concientización, por la creación de una nueva manera de ser persona y de ser educador. Por lo tanto, todos estos conceptos socio –analíticos pueden y deben ser vistos como una: (a) reflexión sobre la praxis, (b) motivación sobre la praxis y (c) horizonte de la praxis.

  5. Vivimos hoy en un mundo globalizado, con enormes desigualdades sociales y una gran concentración del poder para la toma de decisiones que afectan el rumbo de la humanidad. Las sociedades latinoamericanas no son capaces de pensar y negociar un proyecto visto a partir de sus reales intereses. Tenemos que pensar nuestro proyecto pedagógico con visión de mundo y sociedad. Tenemos que preguntarnos sobre: ¿cómo preparar a la gente de forma que puedan contribuir y participar en la construcción de un proyecto de mundo y sociedad nueva? ¿cómo empoderar para la negociación de forma globalizada, con una propuesta de proyecto de mercado y sociedad que no esté centrado en el mercado o al servicio de una élite? ¿cómo preparar para concebir un proyecto de sociedad centrado en la vida, que construya solidaridad y valore los recursos naturales con conciencia ecológica?

  6. Hoy no basta con sensibilizar los alumnos y formarlos para que sean solidarios, sepan colaborar, o tengan una visión de mundo y sociedad local, regional o nacional. Se necesita también una pedagogía del inconformismo y la indignación ética, que desarrolle una visión crítica y forme las personas a partir de las grandes cuestiones del mundo, tales como el medio ambiente, el mundo tecnológico moderno; que prepare y capacite a los educandos para que interaccionen con los demás en el mundo político; una pedagogía que les forme para que sepan dimensionar los significados y consecuencias de lo que está en juego, para que aprendan a liderar la concepción, negociación y gestión de proyectos en función de la vida de todas las personas en un mundo globalizado, y no solamente en función de un mercado.

  7. Una pedagogía del empoderamiento implica formar, calificar, capacitar los involucrados y beneficiarios del trabajo de Fe y Alegría con una visión y perfil de capacidades para interaccionar en un mundo complejo y globalizado. Supone también que se desarrolle una pedagogía del atrevimiento que, a partir del Magis ignaciano, busque la excelencia y el mayor bien de forma permanente.

8) Dimensión Espiritual

  1. En Fe y Alegría asumimos la educación como una propuesta evangelizadora-liberadora, para que los educandos puedan desarrollar todas sus potencialidades y realizar a plenitud su misión en la vida. Esto incluye la dimensión espiritual, para que puedan abrirse a la vivencia de una fe que se expresa en el servicio solidario a los demás y en el empeño por colaborar en la construcción del Reino de Dios en la tierra.

  2. La espiritualidad consiste en ser fieles hoy al proyecto de Jesús, en la lucha por la vida, la dignidad y el derecho de las personas. La causa de Jesús no fue la religión, sino la vida. Jesús hizo presente el Reino de Dios dignificando la vida de los seres humanos, siendo solidario con los afectados por condiciones de exclusión y los pobres de este mundo. Seguir a Jesús implica proseguir su misión, practicar el poder que empodera, que ayuda, que hace crecer, el poder de servicio.

  3. En la dimensión espiritual se requiere de una pedagogía de la solidaridad y del testimonio, pedagogía magistralmente descrita en la Parábola del Buen Samaritano.

  4. La pedagogía de la solidaridad nace de un contacto vital con los afectados por la miseria, por las carencias, por el desamor. Donde los demás pasan de largo, el educador de Fe y Alegría se detiene, ve al alumno necesitado de ayuda porque lo ve con ojos misericordiosos. Es capaz de escuchar e interpretar sus gritos de rebeldía, su supuesto desinterés, sus profundos silencios. Y se acerca a ayudarle. La opción por los más pobres y necesitados no es en Fe y Alegría una opción ideológica, sino don del Espíritu de Jesús para anunciar la Buena Nueva.

  5. La solidaridad no es sólo compasión, sino acción. Es servicio, ayuda eficaz. La pedagogía de la solidaridad recurre a todos los medios a su alcance para sanar las heridas de los educandos más golpeados y se esfuerza por convertir los centros educativos en verdaderos espacios de solidaridad, de ayuda mutua, de coherencia entre lo que se proclama y se vive. Por eso, promueve también la pedagogía del testimonio. El currículo explícito coincide con el currículo oculto. Toda la comunidad educativa testimonia y vive los valores que propone. Los enunciados teóricos y las proclamas se hacen vida en la práctica. La espiritualidad es la base, el eje transversal de todo.

  6. La vivencia de la fe debe plasmarse en el servicio, el testimonio y el compromiso. En cierto modo, es ya anticipo de la nueva sociedad que se busca. Esa vivencia es algo que se debe sentir, aprender a necesitar y que solo se logra ejerciéndola, asumiéndola. El educador, discípulo de Jesús, debe descubrir su misión profética de anunciar un Reino de justicia y de trabajar por su construcción. Esto nos exige encarnarnos en la realidad, conocerla en lo político, ideológico, económico, conocer la comunidad, iluminarla con la palabra de Dios.

  7. A Jesús se le sigue cuando uno comienza a tomarse en serio el compromiso que supone vivir como Él. Jesús siempre vivió lo que decía y proclamaba. Predicó la solidaridad y pasó toda su vida haciendo el bien. Su palabra fue siempre acción y compromiso. La solidaridad y el testimonio son elementos constitutivos de la Identidad de Fe y Alegría y nuestro horizonte utópico está en la Buena Nueva. La pedagogía de Fe y Alegría es, en definitiva, una pedagogía según Jesús.

  8. Todas las dimensiones y elementos pedagógicos descritos, se desprenden del Ideario de la Institución, en el cual se declara que la pedagogía en Fe y Alegría es “una pedagogía evangelizadora y liberadora”. Dan pautas de cuáles son los procesos y medios a ser tomados en cuenta para alcanzar la Educación Integral Popular que queremos, en sintonía con nuestra intencionalidad transformadora.

IV LOS AGENTES (O ACTORES) DEL PROCESO EDUCATIVO

  1. Fe y Alegría entiende y hace de los agentes del proceso educativo, protagonistas del proceso mismo de enseñanza-aprendizaje. Promueve que los educandos, los educadores (incluyendo los equipos directivos) y la comunidad educativa en pleno, se conviertan a la vez en enseñantes y aprendices, en elementos activos y conscientes de su rol de constructores de una nueva cultura y de una sociedad más justa y fraterna. Los hace constructores de sus aprendizajes y corresponsables de los resultados. Vela, además, para que dicha cultura se exprese y comience a hacerse realidad en las actividades y relaciones cotidianas, al mismo tiempo que propicia la extensión de la labor educativa a la comunidad del entorno.

  2. Una pedagogía de la Educación Popular necesariamente debe tener como uno de sus fundamentos, las características de los agentes del proceso educativo, en especial de sus educandos y educadores. A continuación se presenta una síntesis de los rasgos señalados en los aportes para este documento, en referencia a estos dos actores.

1) Los Educandos

  1. Fe y Alegría desarrolla una diversidad de programas de educación formal y no formal o alternativa, para una amplia gama de audiencias que abarca prácticamente todas las edades, sin discriminación de sexo, raza, credo religioso o de otro tipo. Trabaja tanto en zonas urbanas populares, marginales – urbanas (zonas de invasión y de difícil acceso) y rurales de campo, montaña y selva. Trabaja también con una diversidad de etnias a lo largo de América Latina. Todos ellos tienen una característica en común: son grupos afectados en su condición humana y su falta de oportunidades por un sistema excluyente e inequitativo, que ha sido causa de su discriminación.

  2. ¿Quiénes son nuestros educandos desde las diferentes dimensiones de su desarrollo, género, situación económica y contexto? En el caso de los estudiantes niños y jóvenes que ingresan a nuestros programas se aprecia, con una caracterización general, lo siguiente:

  3. Son sujetos con habilidades y potencialidades cognitivas normales según las diferentes visiones que nos ofrece la psicología evolutiva, pero afectadas en su desarrollo por entornos poco estimulantes y con carencias de variada naturaleza. Por lo general han vivido y expresan explícita o tácitamente, la violencia del medio donde habitan, con un acumulado de experiencias personales causa de tensiones y muchas veces de conducta por impulsos. Les agrada ir al centro educativo como vía de evasión de la cotidianidad que les acosa.

  4. La mayoría proviene de familias con una única cabeza de hogar (el padre o la madre o un abuelo); y en casos han sido acogidos por parientes u otras familias, por abandono o por maltrato familiar. Viven en espacios físicos compartidos, por lo general cohabitando con personas que no son de la familia, y con frecuencia pasan el día sin guarda de un adulto. En sus entornos hay altos índices de desempleo y subempleo, trabajo infantil, malnutrición, maltrato familiar, cultura del machismo, promiscuidad y embarazos precoces, pandillaje y delincuencia, alcoholismo, drogadicción y tráfico de drogas. También se aprecia: bajo nivel educativo y de calificaciones laborales, con frecuencia situaciones de explotación laboral, poca cultura de participación, clientelismo político, sincretismo mágico y manifestaciones pseudo-religiosas. Como consecuencia, los niños y jóvenes tienden a tener una historia escolar irregular: abandono temprano, bajo rendimiento, carencia de motivación para aprender, repitencia…

  5. Estas pinceladas ya revelan que no toda pedagogía es apropiada para la educación de niños y jóvenes que viven en esos entornos. Por ejemplo: frente a la desconfianza que tienen en el mundo de los adultos, se requiere establecer patrones de intercambio donde se sientan seguros, respetados, valorados, rescatando su autoestima y venciendo resistencias. El bajo rendimiento académico, por causa del desinterés y poca formación del grupo familiar en el que vive, demanda de nuestros centros que promuevan la formación de padres y representantes, para facilitar un acercamiento y mayor interés por la educación del niño o del joven. Ante la ausencia de valores deseables, individualmente y socialmente, el eje transversal fundamental de la educación debe ser la formación de valores. Si presentan confusión en el manejo de las normas y de la autoridad, el centro educativo y los educadores en las aulas deben facilitar condiciones para desarrollar referentes de necesidad y el sentido de respeto a principios y normas. Y frente a la carencia de fuertes estímulos para salir adelante, agravados por la falta de una vida saludable y el maltrato familiar, debemos tener un profundo conocimiento de la realidad e imaginarios del grupo y las formas de intervención en los mismos, para desarrollar acciones que promuevan una visión de vida diferente y actitudes que posibiliten los cambios deseados, en el margen de lo posible. En particular necesitamos profundizar en la cultural juvenil, sus imaginarios, sus sentimientos e intereses. Debemos saber que no tenemos la verdad, que hay que dialogar con los jóvenes.

  6. Una pedagogía de Educación Popular enraizada en realidades como las descritas, demanda que nuestros centros educativos desarrollen:

    1. Un currículo que haga énfasis en el despliegue de las diferentes inteligencias y en la adquisición de competencias y habilidades básicas; que refleje valores en cada una de las acciones educativas; que destaque la responsabilidad por sí mismo y por los demás; y que contemple el enfoque de género y contenidos en educación para la salud (temas de educación sexual, drogodependencia, maltrato, etc.)

    2. Métodos educativos basados en la contextualización de los aprendizajes, la democratización de los procesos, la participación activa, la investigación, la producción, el diálogo intercultural y la negociación.

    3. Prácticas educativas que potencien las diferentes capacidades y dimensiones personales de los educandos, considerando el acumulado de su entorno vital; que despierten el interés por soñar y la esperanza, de forma que se logren canalizar sus energías y potencialidades; que reaviven el sentido de una participación consciente en las actividades que contribuyen a su desarrollo personal.

    4. Estructuras organizativas y de funcionamiento que permitan a los educandos ser participantes activos en la toma de decisiones, con espacios de participación graduada y retroalimentada según sus niveles de desarrollo; que hagan posible el ejercicio del poder dentro del entramado de relaciones; que promuevan su participación y trabajo activo por el bienestar del centro y de su entorno comunitario..

        1. Los Educadores

  1. Nuestros educadores son profesionales titulados en su mayoría, con su propia historia y sus cargas culturales; con necesidades de avance personal-social y de tipo laboral-económico, que se comportan creativamente al ser motivados; son activos y dinámicos con deseos de superación; en su mayoría están dispuestos a recibir los apoyos formativos necesarios para trabajar en contextos populares. Muchos están identificados plenamente con la Identidad y misión del Movimiento.

  2. Los educadores de Fe y Alegría son elemento clave para el logro de la intencionalidad de la Educación Popular. En sus manos está la tarea de incluir a los excluidos, de promover su empoderamiento para que puedan integrarse activamente a las tareas de su transformación y la transformación de la cultura que le rodea. El educador popular necesita ser: (a) un diseñador y animador de ambientes y procesos de aprendizaje; (b) conocedor de las asignaturas, ciencias o disciplinas del currículo, de la realidad de sus educandos, del entorno local, nacional y mundial; (c) ejemplo de los valores y actitudes deseables para los educandos; y (d) investigador de los contenidos, de la cultura de su entorno y del hecho educativo, que toma el aula como laboratorio-taller de aprendizaje para sus educandos y para él mismo seguir aprendiendo.

  3. La formación profesional recibida por nuestros educadores en las universidades y normales es insuficiente para afrontar las tareas de la Educación Popular. De allí la existencia de fallas y debilidades que deben ser atendidas por Fe y Alegría, aparte de las que se presentan usualmente por la necesidad de incorporar personal no titulado. Una pedagogía de la Educación Popular exige de nuestros educadores, al menos:

    1. Trabajar el nivel de los valores, las actitudes y el compromiso para que puedan acercarse a los sectores populares sin prejuicios y con fe y confianza en sus capacidades; para que se sientan dispuestos a abrirse a los intereses y necesidades de sus educandos, y para que puedan reflejarlos tanto en la selección de contenidos como el diseño de estrategias de aprendizaje significativo; para romper sus resistencias al cambio, a la búsqueda de mejores prácticas educativas, a la reflexión sobre la acción, al trabajo en equipo, al diálogo y la negociación.

    2. Trabajar el nivel del desarrollo del pensamiento crítico y las habilidades de planificación, investigación, sistematización y comunicativas; el manejo de las diferentes teorías y formas de aprendizaje; el conocimiento de métodos y procesos de enseñanza en diferentes áreas del saber; los modos de tratar la integración de contenidos de distintas áreas, el tratamiento pedagógico de las distintas dimensiones formativas y la evaluación.

    3. Trabajar el nivel de lectura crítica de la realidad del centro educativo y del entorno social, económico y político, en perspectiva histórica y de desarrollo humano sustentable. En especial la lectura crítica de sus prácticas y las de su centro para identificar y cambiar las que niegan o contradicen la intencionalidad transformadora.

  4. En conclusión, necesitamos profundizar acciones en el diseño y en la ejecución de procesos formativos y de apoyo a nuestros educadores, para promover su desarrollo personal y profesional en sintonía con la Identidad y la Propuesta Educativa del Movimiento, de modo que puedan asumir y contribuir a desarrollar una pedagogía de la Educación Popular que sea verdaderamente transformadora.

          1. LOS CONTENIDOS EDUCATIVOS Y SU PLANIFICACIÓN

  1. Fe y Alegría pretende lograr en los educandos la apropiación de saberes que les permitan actuar en la realidad de manera eficiente, para lograr su desarrollo personal y el de su comunidad. Por tanto promueve la selección de contenidos que serán útiles para conocer, interpretar, actuar y transformar su contexto con sentido crítico, pero en coherencia con los valores de justicia, participación y solidaridad.

  2. El proceso de enseñanza aprendizaje debe ser significativo, concreto y vivencial, contextuado en la realidad. No puede centrarse en la reproducción acrítica de informaciones; se debe centrar en el estudio de problemas, objeto de indagación y reflexión, buscando la comprensión y explicación de los mismos, para que el educando aprenda cómo se conoce y cómo se puede aproximar al objeto del conocimiento. Al educador, en su condición de diseñador y animador de ambientes y procesos de aprendizaje, le corresponde la tarea de la selección de contenidos curriculares (conocimientos, habilidades, valores, etc.). Esta tarea no es de simple fundamentación epistemólogica. Juegan partes importantes: (a) su visión de mundo, de hombre, de sociedad y de cultura; (b) el conocimiento que tenga de las características psicológicas y culturales de los educandos; y (c) su comprensión de la incidencia que los contenidos puedan tener en la formación/transformación de actitudes, valores, comportamientos y acciones.

  3. Pero quien aprende nunca parte de nada. Todo aprendizaje supone un saber previo que se transforma en saber nuevo. Estos saberes previos se generan y se sustentan en diferentes ámbitos más allá del centro educativo, como la familia y las instituciones sociales. La primera tarea de un educador es, entonces, valorar los saberes previos de sus estudiantes como punto de partida; luego, su trabajo educativo consiste en transitar desde estos saberes hacia los seleccionados como contenidos educativos del currículo. El aprendizaje ocurre cuando el estudiante reestructura de una manera más comprensiva y coherente los datos, hechos, percepciones y conceptos de sus saberes previos, con los ofrecidos como contenidos curriculares.

  4. Es necesario enseñar a aprender, de modo que el educando vaya adquiriendo la capacidad de acceder a un pensamiento cada vez más autónomo e independiente, que le permita seguir aprendiendo siempre. Esto supone un énfasis en el desarrollo de las competencias básicas, en especial: la expresión oral, lectura, escritura, estimación, cálculo, pensamiento lógico, resolución de problemas. Por otra parte, es importante abrir los currículos a las transformaciones científicas y tecnológicas, buscando proporcionar a nuestros educandos las competencias necesarias, para que no queden al margen del trabajo productivo.

  5. La contextualización de los contenidos obliga a mirar la realidad de nuestros países y de América Latina en su conjunto, caracterizada por las relaciones de poder desequilibradas y autoritarias, por estructuras políticas, económicas y sociales inequitativas, por corrupción institucionalizada, por relaciones interculturales y humanas intolerantes y violentas, por la ausencia de participación ciudadana responsable, por un frágil sentido de identidad y unidad nacional y regional, y por la escasa producción y uso de tecnologías para emprender proyectos de desarrollo sostenible. En este contexto, los temas relacionados con: Derechos Humanos, Democracia y Ciudadanía; Identidad Personal, Social y Nacional; Cultura Científica, Innovadora y Productiva, no sólo son insoslayables sino que debieran ser ejes trasversales de los currículos.

  6. Nuestros centros educativos deben ser espacios intencionalmente planificados para producir conocimientos, competencias, soluciones, habilidades y valores, según el modelo de persona y de sociedad que queremos hacer posible. Entendemos la planificación como un proceso participativo en el que intervienen todos los agentes del hecho educativo, para detectar la situación específica en que se encuentran, definir los propósitos orientados a mejorar la situación, y organizar los procedimientos adecuados para alcanzar tales propósitos. La planificación es una propuesta de acción que permite tener claridad sobre qué y cómo poner en marcha la propuesta educativa, atendiendo a la realidad específica en que se ubican los destinatarios. En Fe y Alegría hemos optado por los proyectos pedagógicos como la principal estrategia de planificación para los centros y las aulas o clases.

  7. El proyecto educativo institucional es la estrategia de planificación del centro en su conjunto. En el proceso, se busca detectar los problemas fundamentales a los que el centro debe dar respuesta, a partir de un diagnóstico amplio de la situación del mismo centro, la comunidad y el país, en función del ideal educativo compartido por todos. Para ello se propone un plan de acción y una organización que deben ser evaluados permanentemente para reajustar lo necesario. La dinámica de construcción es eminentemente participativa, pues la comunidad, el personal y los educandos intervienen en su elaboración, e Implica un ejercicio de autonomía, de hacer propio el compromiso de educar para transformar.

  8. Para poder lograr una estrecha relación entre el mundo del aula y el proyecto educativo del centro, es necesario que al elaborarlo se reflexione sobre el perfil del alumno, real y deseado, las competencias básicas que se consideran relevantes y pertinentes a nuestros fines, el contexto comunitario y sus expectativas, entre otros aspectos. En función de ello, se deben definir todos los elementos que forman parte del funcionamiento del centro, buscando que coincida con la propuesta global de formación integral, liberadora y evangelizadora por la que optamos.

  9. La intención de este nivel de planificación es garantizar que los alumnos y educadores saquen el mejor provecho del tiempo que pasan en el centro educativo; que las normas respondan a la intención de convertir al centro en un lugar donde se convive valorando la democracia, el respeto a la diversidad, la atención personalizada que estimula y apoya; que los educadores y el personal en general trabajen en equipo en un ambiente de cooperación; que realmente se promuevan ambientes para desarrollar el gusto por la lectura, la expresión, la escritura, el pensamiento lógico, la solidaridad, la resolución de problemas, la alegría, la fe, la participación de la comunidad.

  10. El otro nivel de planificación es el proyecto de aula, donde deben aterrizar los planeamientos e intenciones del proyecto de centro. Aquí el educador, a partir de un diagnóstico de la realidad de aprendizaje de los educandos, de sus intereses y necesidades, y de las competencias que se consideran esenciales, debe, en acuerdo con ellos y los representantes, definir los objetivos, contenidos, estrategias y evaluación que va a poner en práctica, desde una metodología globalizadora.

  11. Ciertamente, un marco de referencia fundamental para la selección de contenidos son los programas educativos oficiales. Sin embargo, nunca deben ser camisas de fuerza y más si están desconectados de la realidad de los educandos y del entorno comunitario. En el proceso de formulación de los proyectos de centro y de aula es preciso revisar y adaptar los programas, redefinir tiempos, alcances y secuencias, suprimir lo irrelevante y añadir lo que enriquezca o diversifique. Recordemos siempre las palabras del P. José María Vélaz: “Fe y alegría con un sentido realista de lo factible, se ha situado dentro de la educación académica del sistema vigente, aprovechando sus valores positivos y tratando de modificar los múltiples elementos negativos que lleva consigo… Nosotros siempre hemos creído que dentro de los límites a veces relativamente estrechos de la autonomía de que participan los planteles escolares es posible conformar la educación de un Hombre Nuevo” También es necesario concebir e impulsar mejoras e innovaciones en nuestros centros, buscando poder incidir en la formulación de políticas y programas para la educación pública.

          1. LOS MÉTODOS Y MEDIOS PEDAGÓGICOS

  1. Para la Pedagogía de la Educación Popular en Fe y Alegría, los métodos y medios (recursos) pedagógicos son fundamentales, ya que se aprende no sólo a través de ellos sino de ellos mismos. Son la forma de “aprender haciendo”. La realidad y su problemática, los actores y las relaciones entre ellos, los eventos, su génesis y sus proyecciones a futuro, se convierten en el principal material educativo para leer, interpretar, estudiar, resolver, proponer e intervenir.

  2. Por ello los métodos pedagógicos se basan en los siguientes principios: (a) la contextualización de los aprendizajes: partir de la realidad para poder volver a ella aplicando lo aprendido, (b) la democratización de los procesos: posibilidad de participación real y efectiva para todos, (c) la participación activa: asunción de responsabilidades, (e) la innovación e investigación, flexibilidad y apertura al cambio para seguir aprendiendo, (f) la producción: capacidad propositiva, y (d) la interculturalidad y sus estrategias: reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad.

  3. Fe y Alegría no se parcializa o mitifica ni cierra a determinadas metodologías de trabajo: Promueve el uso de metodologías diversas, siempre que resulten coherentes con la intencionalidad, dimensiones formativas y principios enunciados, y contribuyan a la adquisición de aprendizajes significativos. Del mismo modo, asume la amplia gama de recursos y espacios comunitarios como medios y ambientes educativos. Cualquier método y ambiente puede ser válido si el educador lo ajusta apropiadamente a los fines y principios de la Educación Popular Integral.

  4. A continuación se presenta una descripción de los principios que caracterizan los métodos de la Educación Popular en Fe y Alegría y de los rasgos que deben tener nuestras prácticas.

    1. Contextualización de los Aprendizajes

  1. Contextualizar los aprendizajes implica responder a las necesidades educativas particulares de cada comunidad. Exige partir de un diagnóstico y análisis de la problemática local y de grupo en que están inmersos los educandos (y sus causas), así como conocer la realidad personal de cada uno. Consiste en responder a los intereses y necesidades de aprendizaje de los educandos, sus inquietudes y cuestionamientos; poner atención a sus deficiencias y dificultades educativas para resolverlas, haciendo de ellas el objeto de aprendizaje, priorizándolas por encima de cumplir con el tratamiento del listado de temas de los programas oficiales. Implica definir y diseñar “contenidos transversales” que orienten la finalidad de la educación a la atención y resolución de los principales problemas que afectan al país. Es educar “para la vida”, formar la persona y el ciudadano que la sociedad necesita, pensando en la realidad concreta y particular del tiempo histórico que se vive, con visión y proyección de futuro.

  2. Cada educador, desde su especialidad, puede abordar en el trabajo de aula los problemas extraídos de la realidad, seleccionando de su curso los temas afines o complementarios que ayuden a conocerlos o interpretarlos mejor, desde diversos enfoques y/o perspectivas. Aún cuando los contenidos de un área no estén directamente ligados, siempre se podrá desarrollar actividades propias que apoyen o complementen, a través de: lecturas, debates, producción de textos, resolución de problemas, investigación, estadísticas, análisis de casos, analogías…

2) Democratización de los Procesos

  1. El contexto donde ocurre el hecho educativo es parte del mismo proceso educativo. Las relaciones humanas, el clima institucional, la cultura organizacional, la cultura de relaciones intergrupales al interior de la escuela, encierran en sí mismas contenidos educativos que son absorbidos por los educando como parte de su aprendizaje. De allí que la democratización de los procesos sea un método importante en la Educación Popular. ¿Cómo formar en los alumnos espíritu democrático y participativo, conciencia de bien común, compromiso social, capacidad de intervención y empoderamiento, si nuestras propias estructuras organizacionales y de relaciones no lo fueran?

  2. En la educación, la fuerza de la experiencia y de la práctica es mucho más impactante y formadora que todos los discursos y conocimientos teóricos. En la pedagogía de la Educación Popular el método es el mensaje. Es un permanente reto hacer de nuestros centros educativos espacios que, no sólo permitan, sino que propicien la organización de grupos con posibilidades reales de participación efectiva, que se sientan auténticamente escuchados y sepan que sus propuestas han de ser tomadas en cuenta. Tanto a nivel de la gestión del centro como en la dinámica del aula, debe existir una estructura de organización, un clima dialógico y espacios de libertad que permitan a todos participar en la toma de decisiones y manifestar sus opiniones.

  3. Esto supone una modificación en el tradicional concepto de autoridad, disminuir la verticalidad y autoritarismo de directivos y educadores, estar dispuestos a ser interpelados, a dejarse interrogar, construir relaciones horizontales, perder el temor a los grupos organizados y exigentes, crear canales de diálogo y participación y, sobre todo, introyectar nuevos conceptos y valores para asumir en todo momento actitudes coherentes.

3) Participación Activa

  1. Todo derecho trae consigo una responsabilidad. Así como debemos ser exigentes para ofrecer posibilidades de participación, debemos ser exigentes también con la respuesta que esperamos de los que participan. La participación activa implica la asunción de responsabilidades. Como objeto de aprendizaje significa crear una cultura de rendición de cuentas; como método de Educación Popular implica tener un sistema de seguimiento, acompañamiento y evaluación permanente de procesos y resultados.

  2. Desde nuestra labor de formadores, la participación activa no sólo supone brindar la oportunidad de expresarse y tomar decisiones. Exige estar pendientes de las actitudes de los participantes y del cumplimiento de los compromisos acordados, fomentar la autoevaluación y la coevaluación personal y del grupo, tener indicadores claros para el seguimiento y monitoreo, pedirles cuentas a los involucrados y que se responsabilicen por los resultados y sus consecuencias.

  3. La participación activa y responsable, como método, debe considerar también un sistema de estímulos, reconocimiento y/o promoción de los participantes, basado principalmente en la satisfacción personal del cumplimiento del deber y del reconocimiento de la comunidad por los efectos producidos en el bienestar común.

4) Innovación e Investigación

  1. El empoderamiento que pretende la Educación Popular tiene como base una concepción dinámica de la persona, que consiste en: descubrir y conocer, crear y recrear, identificar y potenciar, generar, adoptar y adaptar las propias posibilidades, recursos y estrategias para enfrentar la vida y resolver problemas. Esto no es posible sin una actitud abierta y disponible al cambio.

  2. El desafío, en este sentido, es crear una cultura, una manera de pensar y actuar que demuestre flexibilidad y apertura al cambio, a asumirlos pero también a promoverlos. Este es un reto a la persona de educadores y alumnos para reconocerse inacabados, positivamente insatisfechos y mantenerse en permanente búsqueda de nuevos conocimientos y mejores caminos. El método para lograrlo es ponerse en contacto con lo nuevo, desarrollar la curiosidad científica, el interés por lo desconocido: investigar.

  3. Por ello, el educador popular no es un simple transmisor del conocimiento, más bien alienta a que los alumnos pregunten, a que busquen y construyan sus propias respuestas y que persistan, sin cansarse, hasta encontrarlas. Enseña a buscar y procesar información, a manejar diversas fuentes y lenguajes, a recrear conceptos, principios, teorías y leyes. Desarrolla el espíritu crítico, la capacidad de opinar, de interpretar y analizar.

  4. Pero la investigación no sólo permite el seguir aprendiendo, sino que, además, fomenta la innovación, porque pone en ejercicio las estrategias aprendidas y reta a sistematizar y desarrollar estrategias propias, lo cual permite la creatividad y la producción.

          1. Producción

  1. Producir es crear y/o transformar haciendo uso de los recursos disponibles. La propuesta de Educación Popular es crear una nueva cultura para transformar la sociedad, potenciando y repotenciando lo que tenemos: la propia capacidad del pueblo (empoderamiento). Por ello, no hay método más coherente y eficaz para lograrlo que estimular la capacidad de producir.

  2. El espíritu crítico es el primer paso para el cambio, pero es sólo una condición para que se dé. Es la capacidad de proponer y emprender de donde nacen las transformaciones. La realidad nos exige pasar de la crítica a la propuesta, de la reflexión a la acción, y eso es hacer producción. Producir es proponer y emprender.

  3. La producción, como método de Educación Popular, consiste en motivar y ejercitar a los educandos en la producción original de pensamiento e ideas, de alternativas de solución a los problemas, el aprovechamiento creativo y adaptación de tecnologías, creación y sistematización de experiencias y de estrategias, creación de técnicas y materiales, generación de proyectos, producción de textos, mensajes, objetos, herramientas, y todo aquello que, con espíritu innovador, aporte algo nuevo al conocimiento, al proceso de aprendizaje o a la solución de problemas específicos.

  4. La producción implica una práctica educativa que no dé las cosas hechas al educando; al contrario, significa problematizar, plantear retos y conflictos con la finalidad de que cada quien despliegue todas sus potencialidades y sea capaz de producir una respuesta creativa. En el proceso de resolver, el alumno se hace consciente de sus repertorios y carencias, busca lo que le falta (conocimientos y procedimientos), incorpora saberes nuevos, se sirve de los recursos aprendidos y elabora los que necesita y no tiene a mano.

          1. Interculturalidad

  1. En pocas palabras, interculturalidad significa reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad. Desde la Educación Popular, y en especial en el escenario de los países latinoamericanos, hay mucho que reflexionar y qué decir sobre este tema. La interculturalidad, con sus estrategias metodológicas, es un modo de proceder, fundamental en la vida de los centros educativos populares.

  2. Muchas veces el tratamiento del tema de la interculturalidad se ha llevado a un reduccionismo que se limita a pensar en la apertura de programas educativos bilingües en aquellas comunidades en que se hablan lenguas diferentes al castellano, pero su sentido último va más allá de la discusión de la necesidad de enseñar a leer y escribir en la lengua materna.

  3. El proceso de globalización que vivimos hoy nos ha enfrentado, más que nunca, a una realidad que siempre existió: la diversidad. Ante la amenaza de la homogeneización resurge el gran problema del individuo que es “resolver cómo puede vincularse creativamente con los otros, y al mismo tiempo, mantener un contacto suficiente consigo mismo y su propia integridad”. El afán de crear artificialmente la unidad e imponer un único modelo válido, ha generado todo tipo de discriminación, exclusión, autoritarismo, agresión, subordinación y violencia.

  4. Fe y Alegría propugna el respeto a la diversidad y la búsqueda de equidad sin ningún tipo de exclusión ni discriminación. Por ello asume el diálogo intercultural como el camino para el reconocimiento mutuo y para una verdadera democracia, coloca a las culturas en un lugar central y con ello está reconociendo su importancia vital para la acción y la transformación social, para crear nuevas formas de solidaridad.

  5. La educación intercultural se nos presenta como una modalidad estratégica que busca tender puentes entre diferentes y favorece la formación en valores de alto contenido democrático, como: el respeto mutuo, la tolerancia, la justicia, la paz. Esta educación afronta el reto de hacernos pasar a la construcción de un “nosotros diverso”, reivindicando el derecho de unos y otros a la igualdad y a la diferencia. Se trata de recorrer el camino de la unidad en la diversidad, lo que para nuestros países, pluriculturales, significa recorrer el camino de la identidad nacional.

  6. Es importante insistir que la educación intercultural no es solamente para los miembros de algunas culturas, como por ejemplo las indígenas, sino que es necesaria para todos, indígenas y no-indígenas; ya que no se trata de una tolerancia como la mera ausencia de conflictos, sino de una predisposición mutua al respeto, al diálogo, a la colaboración y a la búsqueda en común.

  7. La educación intercultural exige una profunda reflexión dentro de la comunidad educativa, para arribar a nuevas definiciones y precisar estrategias y prácticas pedagógicas eficaces, de tal manera que la interculturalidad no sea sólo un nuevo tópico entre los múltiples temas de currículo, sino un modo de proceder e interrelacionarnos unos con otros, en la tarea de construir una nueva cultura de ciudadanía y democracia.

  8. Entre los procesos metodológicos que todos los actores del hecho educativo tenemos que aprender a usar están: la lectura de la realidad, la revaloración cultural, el diálogo intercultural o de saberes, y la negociación cultural.



    1. Compartir con tus amigos:
1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos