La participación política y el 15m jaime Minguijón Pablo



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LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA Y EL 15M

Jaime Minguijón Pablo

Facultad de Educación

Universidad de Zaragoza

E-mail:jmingui@unizar.es
David Pac Salas

Facultad de Economía y Empresa (Campus Río Ebro)

Universidad de Zaragoza

E-mail: davidpac@unizar.es

Resumen

En el texto se analiza la participación política y el 15M en España desde una perspectiva sociológica. Para hacerlo, la mejor forma de aproximarse al fenómeno es partir del examen de la percepción ciudadana del sistema político institucional, a través de una metodología cualitativa fundamentada en la observación y análisis de discurso de los participantes. Se ha asistido a asambleas y se han analizado materiales de las redes sociales. Los resultados muestran que este movimiento no puede entenderse sin conocer la percepción previa que la ciudadanía otorgaba a las instituciones políticas y poniéndola en relación con las consecuencias de la crisis económica, el incremento del desempleo y la visión de los mercados financieros. En definitiva, se ha producido toda una etapa de ebullición social en España, que ha respondido casi literalmente a las características de los movimientos de carácter instituyente en los que la masa social, amorfa y sin líderes claros, ha puesto en tela de juicio todo el andamiaje político-institucional.


Palabras clave

Participación política, ciudadanía, percepción, instituciones políticas, Movimiento 15M, orden instituyente

Introducción


Ya nos aproximamos a los dos años desde el nacimiento del movimiento del 15M. Esta distancia temporal ha permitido que ya se hayan elaborado multitud de estudios y reflexiones científicas, especialmente en el ámbito político y sociológico (Calvo et al., 2011; Taibo, 2011; Arellano et al., 2012; Castells, 2012a; CIS, 2012a; INJUVE, 2012; Laraña y Díez, 2012; Likki, 2012; Mora, 2012; Pastor, 2012, entre otros). El momento de su aparición, en plena campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas, contribuyó a su construcción como un acontecimiento mediático, social y político de extraordinaria trascendencia, ya que el conjunto de las élites políticas lo utilizaron en sus estrategias electorales, alcanzando categoría de lugar común de referencia en los mítines.

La presente comunicación realiza un análisis de este movimiento, partiendo de un marco teórico previo, fruto de trabajos realizados con anterioridad por los autores sobre la percepción ciudadana de la participación sociopolítica (Pac y Minguijón, 2011); (Minguijón y Tomás, 2011); (Minguijón, 2009). La aproximación que proponemos es eminentemente sociológica, tratando de identificar las bases sociales sobre las que se asienta el movimiento del 15M. En este sentido, se propone analizar el hecho político desde una perspectiva sociológica para, a partir de los trabajos de Arendt y de la revisión de la bibliografía clásica en el ámbito de los movimientos sociales, abordar el proceso de institucionalización de la política. Todo ello nos permitirá entender la la percepción ciudadana sobre las mediaciones institucionales, en general y del movimiento 15M, en particular.



La política desde una perspectiva sociológica


Hannah Arendt nos ofrece una perspectiva filosófico-antropológica que sirve de base para abordar una aproximación sociológica al hecho político. Para esta autora el ser humano, como individuo, es un ser a-político, es decir, no hay nada en la esencia del ser humano que pertenezca a la política (Arendt, 1997, p. 46). Reinterpretando sus palabras, todo lo social (y no solo la política) nace de la relación “entre-los-hombres”, es decir, es a su vez social, no pudiendo encontrar en sus orígenes elementos trascendentes o naturales. Por lo tanto, la política es una dimensión de lo social que se deriva de la interrelación entre diferentes individuos. A imagen de lo que decía Hobbes, se establece a partir de una relación y es, desde el punto de vista del ser humano, una realidad construida en un espacio totalmente fuera-del-hombre. La misma opción defendía Marx en su VI Tesis sobre Feuerbach: “la esencia humana (deberíamos decir, “social”) no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es su realidad, el conjunto de las relaciones sociales” (Marx y Engels, 1968: 24). Son este tipo de consideraciones las que justifican una aproximación sociológica al hecho político.

Por otra parte, la Antropología nos ha enseñado que es necesaria una definición de lo político que no se vincule solamente a las sociedades llamadas históricas ni a la existencia de un aparato estatal. En este sentido, la política está formada por las instituciones sociales (más o menos complejas o desarrolladas) que permiten garantizar cierto orden social1, es decir, que permiten imponer una cierta regularidad y continuidad en las relaciones entre los seres humanos (Bergua, 2009, p. 32-35). En las sociedades primitivas la garantía de ese orden reside en el conjunto de la comunidad, mientras que en las desarrolladas tiende a alcanzar autonomía y ser administrada por una esfera distinguida (líder, rey, estado) (Clastres, 2010).

Queremos llamar la atención sobre la diferencia entre el papel que la política cumple en una sociedad concreta y los modos o medios a través de los que ésta se ejerce; éstos pueden ser coercitivos o no. Por lo tanto, partimos de la comprensión de la política como poder social (en la concepción de Max Weber, 2009), que emerge en este intersticio de las relaciones entre los hombres. Sobre esta base, que no niega la política como el ejercicio del poder, encontramos corrientes científicas que identifican a éste como “imposición” (por ejemplo, el marxismo), o más bien como fruto del consenso o como expresión de la libertad de los individuos (por ejemplo, el liberalismo).

Siguiendo con la argumentación teórica, podemos identificar una tensión eterna entre una de las cualidades del individuo a-político, la libertad, y la política como poder, que nace de la relación “entre-los-hombres”, que es una construcción social (Arentd)2. En el fondo, es esta tensión la que nos permitirá entender cómo el individuo se ha postulado desde siempre respecto a la política, a sus instituciones y a las personas que la ejercen (Bergua, 2007): lo político es considerado como algo ajeno, alejado, que posee poder social y que propende a limitar la libertad individual, lo que hace que se mantenga siempre bajo un manto de sospecha. Por lo tanto, desde la perspectiva del ciudadano, lo inherente a la política no son algunas de las dimensiones que tradicionalmente se encuentran vinculadas a ella (gestión del bien común, de la cosa pública, etc.) sino la posesión y capacidad de ejercer el poder. En consecuencia, todo lo que esté cercano a la política (en cuanto a poder) tenderá a ser considerado por la ciudadanía como perteneciendo al mismo mundo, atribuyéndole las mismas características y vicios, algo que podremos observar al analizar el 15M al hacer referencias a los partidos políticos, los sindicatos y los nuevos movimientos sociales.


En esta labor de identificación y disección de lo que entendemos por política desde una aproximación sociológica, es importante distinguir la política de otras instituciones sociales que igualmente aportan regularidades de comportamiento en las comunidades: lo esencial de la política es que no se preocupa del ser humano concreto, sino que conlleva una preocupación por el mundo. Este aserto es una derivada del hecho de que cada ser humano depende de otros para su existencia (tanto individual como colectiva), por lo que la existencia de cada uno se encuentra concernida en la de todos. Es en la garantía de ese espacio común (que a imagen de Luhmann podríamos denominar mundo, a diferencia del espacio individual, familiar, religioso, o incluso de clase, etc.) donde actúa la política3.

La gente y las instituciones políticas

En el proceso de construcción social de la realidad, que tan magistralmente desarrollaron Berger y Luckman (2011), la esfera de la política ha ido generando una serie de instituciones que, en Occidente, tienen su desarrollo más completo en el estado democrático o parlamentario y en el sistema de partidos. Incluso las más potentes fuerzas alzadas contra este estado (como los llamados “viejos movimientos sociales, con el movimiento obrero a la cabeza), han terminado por integrarse de forma no traumática en el conjunto de órganos de toma de decisión política que se han establecido, de manera que los sindicatos y los patronos han entrado a formar parte de la práctica totalidad de espacios de decisión política, más allá de los parlamentos.

La integración de los movimientos obreros en las instituciones parlamentarias podría llevar a pensar que significarían un instrumento de reducción o eliminación de la tensión histórica entre libertad y poder. Pero esto no es así. En un primero momento los nuevos movimientos sociales y actualmente, movimientos como el 15M (u otros, como la Plataforma contra los Desahucios, etc.) son un ejemplo de que siempre se reproduce el debate entre libertad (es decir, torno al grado de libertad que dejan al ser humano esas instituciones4) y poder (es decir, en torno al grado de influencia que el individuo tiene efectivamente en la toma de decisiones en el interior de esas instituciones5).

La búsqueda de soluciones a esta tensión es que la permite comprender el surgimiento de instituciones de medio alcance dentro del entramado político, que trataban de poner cotas y contrapesos al ejercicio del poder: la división de poderes, el nacimiento del parlamentarismo, la Declaración de los Derechos del Hombre, la extensión del sufragio universal, etc. En épocas más recientes, podemos encontrar en las propuestas en torno a la cuestión de la participación ciudadana6 una nueva estrategia para dar respuesta a esta tensión (Fishking, 1991).

Es en este escenario donde podemos encontrar una explicación coherente al surgimiento de los nuevos movimientos sociales en la segunda mitad del siglo pasado. Proponemos un análisis de los mismos como medio a través del cual comprender en mejor medida el 15M7. Segú Neveu (2002, p. 107 y ss.), los nuevos movimientos sociales tienen las siguientes características:


  • Recelan de la centralización y de la delegación de la autoridad en unos dirigentes.

  • Se resisten al control y buscan la autonomía. Por lo tanto, no se trata tanto del acceso al poder del estado, sino de la búsqueda de espacios de autonomía frente a él8.

  • Proponen una dimensión expresiva y no tanto materialista en cuanto a las metas a alcanzar.

  • Abordan cuestiones concretas (feminismo, ecologismo, etc.) y no proponen estrategias de transformación global de la sociedad.

Los nuevos movimientos sociales no persiguen la conquista del poder, pero sí que pretenden influir en él. En este sentido, como medio de alcanzar la legitimación suficiente ante la ciudadanía y ante los poderes públicos, se presentan a sí mismos como impulsores (de nuevos valores) o defensores (de viejos valores) que comparten con la mayoría de la población, por lo que se atribuyen el derecho a influir en la política bajo el argumento de que aportan a ese proceso unas perspectivas novedosas (ecologismo, feminismo, nacionalismo, multiculturalismo, etc.) que la estructura institucional es incapaz de tener en cuenta9, o unas perspectivas tradicionales (libertad individual, religión, familia, etc.) que están siendo vulneradas10.

Los nuevos movimientos sociales poseen unas características que los distinguen de los viejos (flexibilidad e informalidad, gusto por los espacios lúdico-conectivos, exigencia de una adscripción más débil, etc.). Pero desde el punto de vista sociológico, no es esto lo importante, sino precisamente las similitudes, en su génesis, tanto con los viejos movimientos como con el conjunto de la esfera política (Tilly y Wood, 2010). Por lo tanto, viejos y nuevos movimientos sociales pertenecen, desde nuestro punto de vista, al mismo entramado institucional, máxime cuando en las últimas reformas introducidas en el aparato administrativo estatal se han dado cabida, incluso de forma reglamentaria, a este tipo de organizaciones en el proceso de toma de decisiones11. Es decir, como tantas veces en el pasado, los aparatos institucionales preexistentes han ensanchando la estructura de oportunidades políticas (McAdam, McCarthy y Zald, 1999, p. 24) para permitir la incorporación y participación de estos nuevos movimientos.

Esta apertura ha llevado a los científicos que estudian el ámbito de la política a modificar, por ampliación, el propio concepto de participación ciudadana: “Los actos o actividades realizadas por cualquier ciudadano que tratan de influir, directa o indirectamente, en las decisiones adoptadas por las autoridades políticas y sociales (elegidas o no) y que afectan a los asuntos de la colectividad” (Montero y otros, 2006, p. 30).

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que la gente termine por identificar los partidos, sindicatos y nuevos movimientos sociales como pertenecientes a una misma realidad, achacando las mismas debilidades y vicios a unos y otros (Minguijón, 2009). El alejamiento de facto de los nuevos movimientos sociales respecto de la masa social que dicen representar, es puesto de manifiesto por sus mismos líderes, que encuentran grandes dificultades para encontrar un compromiso serio, decidido y estable con ellos por parte de la ciudadanía12. Todo parece indicar que si en un primer momento se observó un verdadero impulso de base en la génesis de estos movimientos, con el paso del tiempo, el distanciamiento entre la organización y las masas se ha consolidado como una de sus características esenciales. De ello dan muestra los múltiples estudios sobre la percepción que posee la ciudadanía respecto a las mediaciones e instituciones políticas (Vallespín, 2011). Igual que los datos de afiliación a partidos políticos13 y sindicatos14 indican que España es uno de los países que menos compromiso directo de la ciudadanía consigue entre estas mediaciones, del mismo modo los estudios sobre opinión en torno a los políticos y los partidos, reflejan un distanciamiento cada vez mayor entre éstos y la ciudadanía.

Estos datos ya nos indican que la gente (es decir, aquellas personas que no ostentan ningún cargo de responsabilidad ni milita en ningún partido, sindicato o movimiento social) no se siente inclinada al compromiso, algo que se encuentra sustentado, desde el punto de vista motivacional, en que posee una opinión más bien negativa sobre ellos, en particular sobre los partidos políticos. El barómetro del CIS de enero de 2013, ante la pregunta “¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? (multirespuesta)”, el 30,2% consideró que era “Los políticos en general, los partidos políticos y la política” y el 3,1% “el gobierno, los políticos y los partidos concretos” (CIS, 2013).

La participación en los llamados nuevos movimientos sociales tampoco arrastra muchas voluntades. La densidad asociativa (número de entidades por cada mil habitantes) en España es del 5,6. Por otra parte, sólo el 10,6% de los españoles pertenece a alguna de esas entidades (Consejo Económico y Social de Aragón, 2003). Y además la intensidad de la participación es escasa, ya que se dedican una media de siete horas y media a la semana.

El único elemento participativo que puede considerarse que contribuye a un apoyo al sistema político institucional es la participación en las citas electorales, aunque también cabría hacer algunos matices15.
Por otra parte, un estudio del CIS (2007), analizando otras formas de participación, desvela que el 21,7% de la población entrevistada ha participado alguna vez en una recogida de firmas en los últimos doce meses, un 19,9% ha dejado de comprar o ha boicoteado algún producto por razones políticas, un 12,8% ha asistido a alguna manifestación, un 7,4% ha contactado con algún político y un 4,7% ha participado en alguna huelga16.
El distanciamiento entre la ciudadanía y las instituciones políticas se encuentran en la base de la “desafección por la política” (Benedicto, 2006, p. 120) y no se da sólo en España. Dos ejemplos servirá: Finlandia ha visto descender espectacularmente las cifras de participación electoral, a la par que se abrían cauces de participación a través de procesos y aumentaba la desconfianza hacia los políticos (González 2008); por otra parte, en México, en el proceso electoral federal de 2009, surgió un potente movimiento a favor del voto nulo (Alonso, 2010).
El Movimiento 15M: identidad y discurso
En una primera aproximación se puede apreciar que el 15M cumple las características que definen a los nuevos movimientos sociales que han sido descritas con anterioridad. Sin embargo, en los mensajes que lanzan (tal y como se verá posteriormente) se detecta una crítica genera a lo político institucional, incluyendo a los propios nuevos movimientos sociales.

Para poder calificar correctamente el movimiento 15M es necesario realizar una distinción teórica propia de los estudiosos de los movimientos sociales. Hay que diferenciar entre la acción colectiva, y las manifestaciones concretas que ésta puede adquirir en un momento histórico determinado. Las acciones colectivas del pasado (muchas veces en forma de lucha y conflicto social) han dado lugar al aparato político-institucional que tenemos en la actualidad. No se puede entender ese aparato institucional sin la participación activa en el pasado de los nuevos movimientos sociales, que desde esta perspectiva, forman parte, de hecho, de lo institucional. En este sentido, el movimiento 15M debe entenderse como una acción colectiva de nuevo orden, que se presenta como respuesta a lo institucional, abarcando, en consecuencia, a los nuevos movimientos sociales y, por lo tanto, pretendiendo superarlos (aunque, en cierta medida, los imite).

Partiendo de la definición de acción colectiva que ofrecen della Porta y Diani (2011, 41): “individuos que comparten recursos en la persecución de unas metas colectivas”, y la ampliamos con la aportación de Enrique Laraña, en el sentido de que para él debe existir un sustrato relacional previo que haga posible la emergencia de la acción colectiva, enseguida caemos en la cuenta de que es necesaria la presencia de “redes sumergidas” (Laraña, 1999) como expresión de las relaciones interpersonales previas en las que se incuban en los movimientos sociales antes de salir a la luz. Estas redes no tienen visibilidad pública, ya que se encuentran ocultas en la vida cotidiana, pero suponen la existencia de un magma relacional que, cuando se produce un hecho desencadenante, se activa en una acción colectiva que no puede estar sustentada sino en (algunas de) esas relaciones preexistentes.

Lo que pretendemos demostrar es que previamente al desencadenamiento público del movimiento 15M existían esas redes preexistentes, no sólo a nivel virtual, sino también físico17. Y el desencadenante puede ser ubicado en los efectos de la crisis, especialmente en el desempleo, que en España alcanza cifras que no se pueden comparar con las de ningún otro país europeo18 y en las impopulares medidas del gobierno para atajarlas. Seguramente, la diferencia con movimientos que se hayan podido producir en otras latitudes se encontrará tanto en el contexto referido al desempleo como a las peculiaridades y características que presentaban esas redes19.

Aunque no es objeto de la presente comunicación, sí que conveniente dejar claro que aunque se observan diferencias entre el 15M y otros movimientos (por ejemplo, Occupy Wall Street -OWS), todos ellos tienen una característica en común: la creación y utilización de redes de comunicación autónomas apoyadas por Internet y la comunicación inalámbrica (Castells, 2012b).

Ahora bien: ¿quién participaba de esas redes? En la investigación llevada a cabo como sustento de esta comunicación, no se llegó a realizar un análisis de los participantes desde el punto de vista cuantitativo, aunque sí que es cierto que las observaciones realizadas coincidían en términos generales con los perfiles de los asistentes en otras ciudades españolas: Madrid, Bilbao y Salamanca20. Si nos atenemos, por ejemplo, a los datos de Madrid (Likki, 2012), en primer lugar, se podía observar que no había diferencias en relación al género, había una participación equilibrada entre hombres y mujeres. Con respecto a la edad, en estas ciudades predominaban los jóvenes (2 de cada 3 tenían edades comprendidas entre los 20 y 35 años), si bien había un 15 % de personas entre los 50 y 68 años. Respecto a su posición en el mercado de trabajo, más de la mitad de los participantes tenía un trabajo remunerado y había un grupo importante de estudiantes (45%). No obstante, existían en la gran mayoría una preocupación por el desempleo. En relación al nivel de estudios, la mayor parte estaban en la universidad o eran egresados universitarios (67%). Y por último, en ubicación ideológica se sitúan en una escala del 1 al 10 (siendo uno extrema izquierda y diez extrema derecha) en una media de 1,67.


Pasando al análisis de los discursos presentes en el movimiento 15M, es preciso advertir que el grueso de la investigación realizada se centró precisamente en estos análisis. En concreto, se pusieron en interacción dos estrategias investigativas21:

  • Por un lado, el análisis de los discursos de los miembros del 15M, tanto en lo relativo a la cartelería que estaba presente en las acampadas de diferentes ciudades españolas, como la recogida de información en algunas de sus asambleas más significativas. Para ello, el equipo de investigación utilizó una metodología cualitativa a través de la observación y análisis de discurso. En concreto, se llevaron a cabo dos actividades: a) se elaboró un cuaderno de campo a través de la observación de 5 asambleas en la Plaza del Pilar de la Ciudad de Zaragoza (se aprovecharon las diferentes jornadas en las que se asistió a las asambleas para hacer un seguimiento de las proclamas incluidas en multitud de pancartas, pintadas, serigrafías en vestimenta, etc.,), b) también se hizo un análisis de discurso sobre textos aparecidos en las páginas web de las acampadas de la Plaza del Sol de Madrid22 y la Plaza de Cataluña en Barcelona23.

  • Por otro lado, con el fin de analizar esos discursos y ofrecer una explicación del movimiento en clave sociológica, se han utilizado las conclusiones obtenidas en unas investigaciones realizadas en los últimos años por los autores, centradas específicamente en el estudio de la relación entre la “ciudadanía de base” y el sistema político institucional que se mueven en torno a los nuevos y viejos movimientos sociales (Minguijón y Tomás, 2011; Minguijón, 2009; Minguijón y Benedí, 2008).

A la hora de analizar los discursos que emanaban de las redes presentes en el 15M, se utilizó una metodología basada en los marcos interpretativos, que tienen ya una larga tradición en el análisis de los movimientos sociales y, en general, de las acciones colectivas (Oberschall, 1999; McAdam, McCarthy y Zald, 1999, p.30; Calle, 2007, p. 140; Laraña, 1999. p. 251; Casquette, 1998, p. 180). Los marcos interpretativos (frame), que tienen su origen en Goffman (2006), se definen como estructuras mentales que determinan el modo en que vemos el mundo, las metas que perseguimos, los planes que hacemos, la manera en que nos comportamos y el modo en el que evaluamos los resultados obtenidos (Lakoff, 2006). Es decir, se trata de guiones cognitivos mediante los cuales las personas logran diseccionar las sensaciones y las percepciones suscitadas en su interacción social, tanto internas como externas. Para su operativización, se han utilizado los conceptos de franjas, paquetes interpretativos, recursos simbólicos, etc. Lo que es importante resaltar es que, partiendo de este planteamiento metodológico, se ha procedido a identificar una serie de dimensiones discursivas (franjas) a través de las manifestaciones que ponían en juego los diferentes paquetes interpretativos enunciados por los actores a través de las técnicas de investigación. Posteriormente, ha sido reagrupadas, tal y como se presentará a continuación.

Del análisis de los diferentes productos comunicativos y mensajes que iban surgiendo en las acampadas, el equipo de investigación ha ido identificando una serie de temáticas y posicionamientos compartidos por una amplia mayoría de los presentes, resumidos en las siguientes franjas argumentativas:


  1. La defensa del sistema democrático, entendiendo que es el mejor de los sistemas conocidos, por lo que es un bien que hay que defender (“No estamos en contra del sistema, queremos cambiarlo” y “La democracia, una lucha diaria”).

  2. Sin embargo, se hace una llamada de atención en torno a las deficiencias que presenta la democracia parlamentaria de carácter representativo (“Lo llaman democracia y no lo es” y “Mis sueños no caben en tus urnas”).

  3. Lo que puede llegar a coartar los cauces de representación directa de la ciudadanía, lo que da pie a la entrada de otros intereses (normalmente económicos24) en el proceso de toma de decisiones políticas (“No hay democracia si gobiernan los mercados”). Como consecuencia, las decisiones políticas se toman al margen de los intereses del conjunto de la ciudadanía (de la colectividad o del bien común).

  4. El sistema parlamentario se ha pervertido por las prácticas adoptadas por los partidos políticos, que son los que al final dominan todos los resortes de acceso al poder político y de ejercicio del mismo (“Esto no es una cuestión de izquierda contra derechas, es de los de abajo contra los de arriba”).

  5. En consecuencia, el político puede ejercer sus funciones al margen del control democrático de la ciudadanía y, por lo tanto, puede desarrollar actitudes claramente deshonestas o corruptas “No hay pan para tanto chorizo”. Y ello, sin que las instituciones hagan nada significativo para poner freno a estas prácticas.

  6. Como corolario, se produce un discurso muy generalizado de crítica a los partidos políticos y a los políticos: “PSOE y PP, la misma mierda son”.

  7. Conforme fueron avanzando los días se pudo observar un proceso de ampliación de los destinatarios de las críticas hacia al conjunto de las élites, incorporando las sociales y culturales. Caso paradigmático fueron los comentarios vertidos en torno al movimiento sindical tradicional “CCOO y UGT no están aquí porque están reunidos con los empresarios” y sobre los medios de comunicación (“No apagues la televisión… Podrías pensar”).



El movimiento 15M: interpretación sociológica

El objetivo de la investigación consistió en encontrar una explicación del movimiento 15M desde una perspectiva sociológica, para lo que no había otra respuesta que escuchar cómo la ciudadanía se posiciona ante la política y ante el conjunto del entramado institucional en el que se sustenta. Estudios previos han tratado de ofrecer alguna orientación al respecto, fundamentalmente centrados en el análisis de la abstención electoral. Por resumir las principales conclusiones de estos estudios, podríamos decir que el alejamiento de la ciudadanía respecto de la política, cuya más extrema representación sería la abstención electoral, se explicaría por las dos dimensiones principales que la determinan (Font, 1995): el interés (por la política) y la identificación (con actores o instituciones políticas). En la configuración de esas dos dimensiones intervienen otras variables, como la edad, el estatus social, el nivel de estudios, el hábitat de residencia, etc., sin olvidar que la actividad de partidos e instituciones puede ayudar a movilizar o desmovilizar cierta parte del electorado (Lara, 2005). Con ello se dota de importancia como elemento explicativo al contexto global (político, económico, etc.) en el que se mueve el ciudadano a la hora de participar en las elecciones (Boix y Riba, 2000) o, incluso, a la propia confianza en las instituciones políticas (Mishler y Rose, 2001). En este caso, la insatisfacción en torno a la política que ha sido observada y descrita en multitud de estudios de opinión, estaría, en parte, en el origen de los comportamientos abstencionistas (Madrid, 2007; Salazar y Temkin, 2007).



Pero todo este conjunto de explicaciones no acaban de ofrecer una explicación clara y contundente de la relación que se ha ido fraguando en nuestro país entre la ciudadanía y la política y que sirve para rastrear las motivaciones y sensaciones de fondo que han terminado por alimentar un movimiento como el del 15M. En general, lo que se ha podido deducir analizando los discursos de la ciudadanía es que aplican la siguiente lógica:

  • Considera que el sistema democrático es un bien en sí mismo25.

  • Considera que todos los políticos son iguales, no hay diferencias significativas entre las distintas opciones partidarias.

  • Considera que los políticos son “un mal necesario”, ya que alguien se tiene que responsabilizar del gobierno de la cosa pública y que, en el fondo, sería peor que no existiese esa figura, por muy mal que lo puedan hacer26.

  • Considera, en consecuencia, que, en una situación de normalidad, no existe una preferencia por votar a unos u a otros, ya que todos son iguales27.

  • Considera que las elites políticas, sindicales, culturales, económicas y sociales forman parte de una misma clase social, comparten intereses, mantienen relaciones estables entre ellos y se distancian significativamente de las bases sociales que dicen representar.

  • En concreto, se achaca a los nuevos movimientos sociales un déficit democrático, ya que no responden a ningún proceso democrático interno y se erigen en portavoces de la ciudadanía.

  • Se considera que el voto es la máxima expresión de la democracia. Más allá de las citas electorales, la gente no desea participar en el discurrir normal de la gestión de lo público, sino que piensa que son los políticos los encargados de ello y no tienen por qué idear nuevas fórmulas de participación.

  • En este sentido, respecto a otras fórmulas de participación, recelan de todo aquello que suponga un compromiso a largo plazo y que implique una dedicación mayor de la que están dispuestos a asumir.

  • Ahora bien, cuando se rompen las situaciones de normalidad, cuando surge una situación crítica, el ciudadano sí que opta por expresarse de otra forma para hacer oír su voz, fundamentalmente a través de la manifestación.

  • Para la ciudadanía la manifestación es “la opinión del pueblo”. Opinión que, a su juicio, debe traducirse directamente en acción política.

Por lo tanto, el “voto” se convierte en el gran instrumento de participación democrática desde la perspectiva del ciudadano. Más allá de él, sólo la “manifestación” tiene tan alta consideración, como medio para que el ciudadano exprese su opinión en el periodo que va entre cita y cita electoral28. Para comprender el sentido que otorgamos a la manifestación hay que partir del paradigma de una sociología de carácter relacional (Donati, 1985), que nos permite comprobar que el magma social, entreverado de múltiples relaciones, es el que termina de otorgar sentido a la participación (o no) de las personas en las acciones colectivas. Este magma relacional es lo que da contenido a las redes sumergidas de las que nos habló Laraña y es, por lo tanto, donde se fraguan sentimientos, sensaciones y percepciones en torno a la política. Siguiendo a Melucci (1999) estas redes (o “sistemas de acción”, en su terminología), tienen una cara latente, que crea nuevos códigos y permite que los individuos los experimenten, y otra visible, cuando aparecen grupos entrelazados que deciden enfrentar una cierta lógica social. Y, lo característico del comportamiento colectivo así definido es lo que en la terminología moderna desde la ciencia política entendemos por manifestación, pero que puede rastrearse en las formas de obrar de la gente descritas por Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas, por Gustave Le Bon, en Psicología de las Multitudes o por Elias Canetti en Masa y Poder. En los trabajos cualitativos que sirven de base para este artículo, se ha podido comprobar que la manifestación aparece profusamente en el discurso, dando muestras de que en su seno, en el deambular codo con codo, uno tras otro, formando masa, es donde la gente se encuentra más a gusto a la hora de expresar su opinión sobre un asunto político candente que consideran importante desde un punto de vista vital. Allí, como en el voto, son ellos mismos y pueden expresar libremente lo que opinan con sus actos, con su sola presencia. Esa forma de actuar a través del “nosotros”, es decir a través de la acción callada e individual del voto o de la acción masificada y magmática de la manifestación, no les exige nada que no puedan aportar: ni conocimientos profundos, ni discurso, ni la obligación de ofrecer complejas alternativas, ni un protagonismo que no desean. Simplemente actuar.

Las reflexiones presentadas parecen indicar que el comportamiento del ciudadano se asemeja a la cultura política de “súbdito”: “Para Almond y Verba el ciudadano en la cultura cívica, el ciudadano democrático, posee una reserva de influencia: no es el que actúa y toma parte de los procesos políticos, sino el <>, que tiene interiorizado un sentimiento de competencia política y sólo actúa si hay necesidad de ello” (Benedicto y otros, 2009, p. 252). Ese “dejar hacer” mientras el pueblo considere que el aparato político lo está haciendo de forma tolerable, se torna en acción si en un momento determinado las cosas superan el umbral de lo que se considera tolerable.




Conclusiones

El movimiento 15M constituye una primera experiencia en España sobre la configuración de un nuevo movimiento social de alto espectro ideológico y con un fuerte apoyo social, sustentado en la interacción virtual de diferentes redes sociales preexistentes, que ha sido posible por la confluencia de dos factores: de un lado, las consecuencias negativas de la crisis económica a nivel de condiciones de vida de los ciudadanos; de otro lado, la existencia de un magma perceptivo que otorgaba a la política y a los políticos unas valoraciones claramente negativas, tal y como las que han sido descritas anteriormente.


Se ha podido demostrar que la opinión negativa generalizada acerca de la política y su correlato de que todo lo que ésta toca queda automáticamente “manchado” y cae en un manto de sospecha, impregna al movimiento de un sentimiento de rechazo respecto a todo lo que es sinónimo de política y de poder. Éste es el elemento clave de interpretación: la negación de las mediaciones (nuevos y viejos movimientos sociales) como herramientas clave en la articulación y expresión de la voluntad popular. Por lo tanto, amparados en la defensa de la democracia y en la negación de las formas concretas en que se han materializado las mediaciones en clave de poder, no se propone tanto un cambio de líderes ni de sistema, sino una profundización en una democracia que se percibe como traicionada.
En definitiva, los autores consideran que se ha producido toda una etapa de ebullición social en España, que ha respondido casi literalmente a las características de los movimientos de carácter instituyente en la que la masa social, amorfa y sin líderes claros, ha puesto en tela de juicio todo el andamiaje político-institucional. Ésta es la línea más prometedora para continuar con los estudios sobre estos movimientos sociales y otros que se puedan producir en el futuro.

Referencias bibliográficas

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1[] En este sentido, Radcliffe-Brown: “Al estudiar la organización política tenernos que tratar con el mantenimiento o establecimiento del orden social, dentro de un marco territorial,…” (Colson, 1979, p. 23).

2[] Bobbio (1995) defendía que el pensamiento político de todas las épocas ha estado dominado por dos grandes antítesis: opresión-libertad y anarquía-unidad.

3[] Tres son las características que deberían servir para diferenciar el universo de lo que es político y de lo que no lo es. ”El adjetivo “político” se aplicará a cada cosa que sea al mismo tiempo pública, orientada según metas definidas y que involucre un poder diferenciado (en el sentido del control) entre los individuos del grupo en cuestión” (Swartz y otros, 1966, p. 1-41)

4[] La pregunta a responder es: ¿hasta qué punto es asumible la cesión (voluntaria) de libertad individual para garantizar el orden social y hacer posible la existencia de todos los que forman la comunidad? Estas tesis se dejan entrever en las posturas de la llamada derecha parlamentaria en todos los países occidentales (especialmente, en el “Tea Party”).

5[] La pregunta a responder es: ¿hasta qué punto es asumible la independencia de acción de la esfera de la política, más allá del control de la base social que la ha generado de forma voluntaria a través del acuerdo constitucional?

6[] El paradigma de la “democracia deliberativa” puede definirse como “una nueva forma de gobernar en la cual ciudadanos libres e iguales (y sus representantes) se incorporan a un proceso de intercambio de razones y argumentos” (Brugué, 2009, p.132). Para que sea efectiva, la democracia deliberativa sólo puede darse en sistemas democráticos que respeten los derechos humanos y que se basen en la no-violencia y el respeto mutuo (Hoskins, 2006).

7[] La propuesta, a nuestro juicio equivocada, de considerar al movimiento 15M como uno más de entre los nuevos movimientos sociales, al estilo europeo, puede sustentarse en Romanos (2011, pp. 334 y ss.).

8[] Estas dos primeras características pueden contemplarse como una respuesta a lo que Alain Touraine denominó “sociedades programadas” (Touraine 1978, p. 17).

9[] Ésta sería la tesis, por ejemplo, de Touraine (1999, p. 53-80). Esta acepción es la que muchos autores reconocen únicamente como nuevos movimientos sociales.

10[] De esta forma se presentan, a nuestro juicio, los nuevos movimientos sociales nacidos al calor de reformas legislativas que invaden (en opinión de sus impulsores) las parcelas de decisión individual. Por ejemplo, los movimientos a favor de la familia tradicional y en contra de la Ley de los matrimonios homosexuales o los movimientos en contra de la asignatura de Educación para la Ciudadanía en España.

11[] Así lo establece, por ejemplo en España, la Ley de Bases del Régimen Local, “Las asociaciones constituidas para la defensa de los intereses generales o sectoriales de los vecinos tendrán la consideración de entidades de participación ciudadana, siempre que estén inscritas en el Registro municipal de asociaciones municipales” (artículo 72).

12[] Como alguno de ellos dijo expresivamente en la entrevista: “a la gente le importa un carajo lo que hacen los políticos y lo que hacen los líderes de las asociaciones. (…) No somos capaces de enganchar con ellos, de introducir en nuestra agenda los temas que realmente les interesan. Parece que estamos en dos mundos diferentes” (Minguijón y Benedí, 2008, p. 128).

13[] Según la Encuesta Mundial de Valores, de 1991, el 8% de los españoles pertenecía a algún partido, en contraposición al 69% de Suecia, el 39% de USA o el 16% de Francia. Los últimos datos disponibles, referidos al Barómetro Social de España (serie 2004-2008), establece una horquilla de afiliación en torno al 3%-4% en diferentes años.

14[] La afiliación sindical en España se sitúa en unos porcentajes que varían en torno al 13%-15%. Barómetro Social de España (serie 2006-2008), Instituto Nacional de Estadística.

15[] Si se toman como referencia las elecciones al Congreso, que son las que más altos niveles de participación presentan, desde la transición la abstención ha rondado siempre entre el 20% y el 32%, haciendo más de 20 años que la cifra de abstencionistas supera los ocho millones de personas. Este es un dato significativo, ya que en tres citas electorales que abarca ese periodo, el número de abstencionistas ha superado al de electores que votaron al partido ganador de las mismas (1979, 1989 y 2000); podría decirse que los abstencionistas ganaron esas elecciones.

16 - A este respecto, quizás es preciso introducir una referencia a la participación en huelgas en el nuevo escenario de crisis y recortes. En el barómetro de diciembre de 2012 (CIS, 2012b) se preguntaba a los trabajadores “En relación con la convocatoria de huelga general del pasado día 14 de noviembre, ¿cuál de las siguientes situaciones se ajusta mejor a su caso personal?”. Un 21,4% hizo huelga y otro 4,9% quiso hacer huelga, pero no pudo.

17 En los años previos, el descontento de grandes capas de población (jubilados, funcionarios, pequeños empresarios, autónomos, jóvenes y estudiantes) favoreció la creación y potenciación de pequeñas redes de afectados por la crisis económica que, además, mostraban una fuerte crítica a la forma en que se estaba gestionando: Juventud sin futuro, Malestar.org, Nolesvotes, Plataforma de afectados por las hipotecas, Anonymus, enojados con la gestión de los contenido digitales a beneficio de la SGAE, Attac, etc. (Mora, 2012, pp. 105-114). En ese momento, las redes sociales (especialmente, Twitter, Facebook) fueron un medio adecuado para su gestación y consolidación. Algunos de estos movimientos convergen en Democracia Real Ya (DRY) que tuvo un papel esencial en el nacimiento del 15M.

18[] Las tasas de desempleo en España, para el año 2011, eran las mayores de 27 los países de la Unión Europea, sólo seguida de cerca por Grecia, otro país con una fuerte movilización social contra los recortes de sus gobiernos. Fuente: EUROSTAT.

19[19] Un interesante trabajo, sobre representaciones políticas y 15M (CIS, 2012a), puede darnos algunas claves sobre la singularidad del 15M en España. De momento únicamente ha sido publicada la nota de investigación. Se ha realizado mediante una metodología cualitativa (grupos de discusión y entrevistas en profundidad). En la nota puede observarse el complejo contexto caracterizado por el sentimiento de frustración y descontento con la situación actual de crisis económica, con la democracia y con la clase política “este contexto es muy tenido en cuenta en los discursos y opera como un constante mantra, al tiempo que sugiere una pregunta: ¿hubiera sido posible el estallido del 15M en época de bonanza? La respuesta latente es “no”.

20[] Likki, T. (2012); Arellano, et al. (2012); Calvo, et al. (2011).

21[] El trabajo presentado se ha elaborado yendo directamente a las fuentes a través del trabajo de campo explicado. Para obtener información sobre otras reflexiones que se ha orientado en el mismo sentido, ver Kerman y otros (2011), Mora (2012), Pastor (2012) y Smaoui (2012).

22[] Un buen análisis de la acampada de Madrid puede encontrarse en Pastor (2012).

23[] Una buena descripción de los grupos y mensajes de la concentración de Barcelona puede encontrarse en Smaoui (2012).

24[] El riesgo de intromisión de los intereses económicos en la esfera de la decisión democrática es igualmente por algunos teóricos. Ver, por ejemplo, Castiglione y Warren (2006, p. 1-2) y Pettit (2011).

25[] En el sentido de que existe un consenso en que “alguien” se tiene que hacer cargo de la cosa pública, de lo que al principio de este artículo identificamos como la “garantía del espacio común”. Además, se considera que ese “alguien” debe ser elegido democráticamente, con todo lo que supone esta palabra de poderes y contrapoderes que se contrapesan.

26[] El que los políticos sean “un mal necesario” quiere decir que, de una parte, tienen que existir y, de otra, siempre lo harán mal. Ambas ideas se encuentran articuladas conjuntamente.

27[] Lo que ayudaría a explicar en cierta medida el comportamiento abstencionista, ya que el voto, por lo tanto, no es necesario, más bien al contrario, superfluo, en una situación de normalidad.

28[] La manifestación sería un fenómeno contemporáneo que permite expresar las demandas y las protestas de la ciudadanía, además de constituir casi la única forma de la ciudadanía que no tiene acceso a los espacios de poder para expresar sus demandas de reconocimiento (Morán, 2005). Para un análisis de los conflictos en los que se han producido manifestaciones en España, ver: Jiménez (2011).

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