La paradoja del trabajo analizante: hacia una ética del incauto



Descargar 47.23 Kb.
Fecha de conversión19.12.2017
Tamaño47.23 Kb.

La paradoja del trabajo analizante: hacia una ética del incauto
Autores:

Mariano Alejandro López: Licenciado en Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Psicoanalista miembro del FARP, miembro de Escuela y enseñante del Colegio Clínico del río de la plata.

Se desempeña desde el año 2001 como docente en la Facultad de Psicología de la UBA en las asignaturas Psicopatología, Clínica de adultos y Usos del síntoma.


Domicilio: 33 orientales 223. CP: 1182. CABA. Argentina.

Tel: 54 11 61 94 74 67

licmalop@gmail.com

Cecilia Tercic: Licenciada en Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Psicoanalista miembro del FARP.

Se desempeña desde el año 2002 como docente en la Facultad de Psicología de la UBA en las asignaturas Psicopatología y Clínica de adultos. Actualmente es docente colaboradora en la Maestría en Psicoanálisis en la UBA.


Domicilio: Lavalle 3643 4to D. CP: 1195 CABA. Argentina.

Tel: 54 11 58 73 60 59

ceciliatercic@gmail.com

Resumen:

El artículo aborda el trabajo analizante a partir de la paradojal relación del hablante ser con el deseo. Nos serviremos del trabajo del enseñante y del trabajo de creación en tanto ambos revelan el lugar marginal que ocupa en ellos el yo como agente. De este modo la regla fundamental del psicoanálisis se revela como puerta de entrada a una ética que se sostiene en lo que Lacan llama ser un incauto del inconsciente.


Palabras clave:

Trabajo- Analizante-Enseñante-Artista-Deseo


The paradox of the analysand work: towards an ethics of unwary
Abstract:

The article discusses the analysand's work from the speaker's paradoxical relationship be with desire. We will use the work of the teacher and the work of creation as both reveal the marginal place in them the self as agent. Thus the fundamental rule of psychoanalysis reveals itself as a gateway to an ethic that is held in what Lacan called being a dupe of the unconscious.


Key words:

Work, analyzand, teacher, artist, desire




Cuerpo del trabajo:

La paradoja del trabajo analizante: hacia una ética del incauto

Introducción

Sabemos que la neurosis se caracteriza por cierta dificultad para amar y trabajar. La teoría de la libido permite explicar esta circunstancia en términos de “introversión” en la fantasía. Introversión que conlleva la renuncia a emprender las acciones motrices que permitirían alcanzar la satisfacción en objetos reales y no ya fantaseados.

Si “amar y trabajar” se plantean como finalidades de la cura, habría que ver qué entendemos por estos términos. Porque no creemos, siguiendo una ironía de Lacan, que el

“ideal de un final de cura psicoanalítica es que un señor gane un poco más de plata que antes, y que, en el orden de su vida sexual, se agregue a la asistencia moderada que demanda a su compañera conyugal la de su secretaria”. (Lacan, 1967, p. 33)

Entonces ¿de qué se trata?

Lacan opone trabajo y deseo, dejando al primero del lado de la tradición del poder; así puede poner en boca del amo el imperativo “Continúen trabajando, y en cuanto al deseo, esperen sentados” (Lacan, 1959-60, p. 378). En este mismo sentido, Jean Allouch se encargó de destacar y criticar lo que ha dado en llamar “la ideología del trabajo”, tildando de “imbécil” el proverbio “el trabajo es salud”, y recordando, que la palabra Arbeit (trabajo) figuraba en la entrada de los campos de exterminio del nazismo: “Arbeit macht frei”, “El trabajo libera”, ilustrando así la solidaridad del poder con el imperativo: ¡A trabajar! (Allouch, 2006, p. 20)

En cualquier caso, y sin negar esta dimensión, se puede sostener que no todo trabajo responde a las órdenes del amo y al servicio de los bienes, no al menos aquellos que se sostienen en algún deseo.

Es a partir de esta hipótesis que abordaremos la paradoja del trabajo analizante (trabajo que excede la conclusión del análisis) en tanto testimonio de la particular relación del hablante-ser con el deseo.

Para introducirnos en esta paradoja, partiremos del trabajo del enseñante y del trabajo de creación.
El trabajo del enseñante

El trabajo enseñante se acerca mucho al trabajo analizante. De hecho Lacan afirma que como enseñante está en el lugar del analizante, que no es otro que el lugar del trabajo.

¿Qué quiere significar Lacan con el término “enseñante”? No podemos descuidar que ese término se esclarece por oponerse a otros.

Es usual en Freud la comparación del analista con el educador. En general la utiliza para señalar que la ambición pedagógica es una tentación en la que conviene que el analista no caiga. Sin embargo tanto la educación como el análisis comparten un mismo fin: el vencimiento del principio del placer. Pero allí donde el analista podría obtener algún éxito, el educador fracasa. Y Freud da las razones de este fracaso: el educador se sirve para sus fines de los premios del amor, y fracasa ante la seguridad del niño mimado de poseer incondicionalmente tal amor. Si algo enseña este fracaso son las limitaciones de un trabajo sostenido en gratificaciones narcisistas. Si fueran estas gratificaciones el sostén del trabajo analizante, éste probablemente no llegaría muy lejos.

Habría entonces más de un modo de llamar al trabajo, es distinto hacerlo desde la demanda de amor, que hacerlo desde el deseo, es decir desde la falta.

El enseñante tampoco se superpone con la figura del profesor quien enseña sobre las enseñanzas, es decir, hace un recorte en las enseñanzas, por eso Lacan apela a la figura del collage donde se trata esencialmente de cortar y pegar. El problema es que la preocupación que anima el trabajo del profesor es que todo encaje, que todo cierre, privándose así de alcanzar el genuino resultado al que se apunta en el collage, o sea, evocar la falta. (Lacan, 1962-1963)

Ahora bien, qué quiere decir Lacan cuando afirma que su lugar como enseñante es el mismo lugar del analizante. En principio que como el analizante, su trabajo avanza no sin su no querer saber nada de eso, es decir, no sin su división, no sin sus represiones. Lo dice así en su seminario: “Yo no puedo estar aquí sino en la posición de analizante de mi no quiero saber nada de eso”. (Lacan, 1972-1973, p. 9)

Que avance allí como analizante quiere decir también que así como este último podría decir acerca de las palabras que suelta en su trabajo de asociación libre: “no soy yo quien habla”, el enseñante podría afirmar: “no soy yo quien enseña”. En ambos casos, no es el yo quien gobierna allí. Lacan está advertido de esto, “…en lo que hizo época de lo que yo enseño —tal vez no es tanto en el yo donde deba ponerse el acento, es decir en lo que yo pueda proferir, sino en el de, o sea, de donde viene eso, esa enseñanza cuyo efecto soy”. (Lacan, 1972-1973, p. 38)

Pero entonces ¿de dónde viene eso? Por supuesto, allí donde esperamos su respuesta, no dice nada. Pero hay en sus seminarios algunos indicios, por ejemplo cuando afirma que el Edipo es un sueño de Freud. Que el Edipo sea un sueño de Freud remite, en la lectura de Lacan, a un Freud adormecido en la concepción de un padre que enmascara y disimula la castración. Aquí nuevamente se juega la relación del enseñante, en este caso Freud, con su no querer saber nada de eso. Sólo que al mismo tiempo, no podemos olvidar las agallas de Freud en relación a su no querer saber, aquellas que se mencionan a propósito de su posición de soñante en el sueño inaugural de la inyección de Irma. Se trata allí de un Freud en plena tarea analizante, y de un sueño que lo condujo “a descubrir las claves del campo del deseo inconsciente y a inventar el dispositivo psicoanalítico…” (Mazzuca, 2011, p. 111)

Podemos plantear entonces que en algunas ocasiones esa enseñanza surge del propio trabajo analizante -no del de cualquiera, claro está- y en otras se recoge de los analizantes o de los enfermos.

Finalmente hay que decir que así como el silencio del analista causa el parloteo del analizante, el deseo del enseñante anima una enseñanza que a su vez causa a otros al trabajo. Tal los casos de Freud y de Lacan. “…para mi –dice el segundo-, no hay nada más penoso que darles trabajo... Pero al fin de cuentas, ¡tal es mi papel!” (Lacan, 1973-1974). Si bien la referencia a lo penoso que le resulta darnos trabajo, perece una humorada, quizá comporte alguna verdad. Lacan evoca en más de una ocasión lo forzado de ese trabajo, al punto que en la clase del 19 de Marzo de 1969, agradece a unos 39 grados de fiebre por el parate al que lo obligaron. Esta anécdota muestra a las claras que no es el placer lo que rige a este trabajo. Lo mismo cabe para el trabajo analizante, ese trabajo “vale la pena” -dice Lacan-, y esto hay que entenderlo literalmente porque a lo que conduce la regla fundamental es a lo más penoso, “es el síntoma lo que está en el corazón de esta regla”. (Lacan, 1975) Ya volveremos sobre esto.
El trabajo del artista

En la creación está en juego la dimensión del trabajo, del esfuerzo. Se hace más evidente en la creación científica, pero también está presente en la creación artística aunque en este último caso suele quedar eclipsada por la idea de inspiración. Sin embargo, los artistas no se engañan al respecto: “La inspiración existe, sentenció Picasso, pero tiene que encontrarte trabajando”.

El término trabajo deriva del latin tripalium que es un instrumento de tortura. Basta escuchar el testimonio de algunos artistas para captar lo tortuoso del trabajo creador. Así, Jed Martin, el célebre artista que protagoniza la última novela de Michel Houellebecq, al ser interrogado sobre lo que en su opinión significaba ser artista, declaró que ser artista,

“era ante todo ser alguien sometido. Sometido a mensajes misteriosos, imprevisibles (…) mensajes que no por ello ordenaban de manera menos imperiosa, categórica, sin dejarte la menor posibilidad de escabullirte (…) En este sentido, y sólo en este sentido, la condición de artista podía calificarse de difícil”. (Houellebecq, 2011 p.139)

Proponemos hacer extensible esta condición de “difícil” al analizante y al enseñante. También ellos sometidos y a merced de esos misteriosos e imprevisibles mensajes.

Estos últimos planteos hacen suponer que el trabajo, tal como lo venimos pensando, articula una satisfacción que no es placentera, es decir articula goce, que es siempre del orden de la tensión y del esfuerzo.

El artista es una figura a la que Freud recurre en numerosas ocasiones a lo largo de su obra, y en general se sirve de ella para dar cuenta de una posición ante el deseo y el goce diferente de la del neurótico. El párrafo que citamos a continuación es sóla o una pequeña muestra:

“El artista se había refugiado, como el neurótico, en este mundo fantástico, huyendo de la realidad poco satisfactoria; pero, a diferencia del neurótico, supo hallar el camino del retorno desde dicho mundo de la fantasía hasta la realidad. Sus creaciones, las obras de arte, eran satisfacciones fantásticas de deseos inconscientes, análogamente a los sueños (…). Pero a diferencia de los productos oníricos, asociales y narcisistas, están destinadas a provocar la participación de otros hombres y pueden reanimar y satisfacer en estos últimos los mismos impulsos (…) inconscientes” (Freud, 1924, p. 2794).

Remarcamos entonces el contrapunto entre las satisfacciones asociales y narcisistas, y aquellas que habitan lo social.
El trabajo analizante

Hemos arribado por fin al trabajo analizante y el modo particular que Freud inventa para este trabajo implica el cumplimiento de una única regla que subvierte, trastoca, da vuelta la relación usual que el ser hablante tiene con su palabra. Para realizar una experiencia del inconsciente lo único que se le pide al paciente es que diferencie su relato de una conversación ordinaria, en ésta él es el jinete, lleva las riendas de su palabra y la dirige hacia algún destino corriendo del camino aquellas que lo desvían de su recorrido.

La asociación libre en tanto modo de tomar la palabra busca sacar al yo del lugar de localización del saber y abre el camino al encuentro con un saber que se produce sólo.

Freud inventa un tratamiento del síntoma por el inconsciente y con ello un dispositivo que promueve una relación del ser con el inconsciente mucho más amplia que una mera terapéutica. Una nueva ética nace con su acto de fundación, una ética que llamamos por ahora: la orientación por lo inconsciente.

La asociación libre, entonces, es un modo novedoso de tomar la palabra en el que no se trata solamente de palabras, es el modo por el cual se busca la articulación del síntoma y el inconsciente.

Para Freud de lo que se trata en el inicio es del cambio de la política del avestruz, frente a lo que el sujeto sólo quiere hacer desaparecer, el deseo del analista busca producir otra posición, la de hacer del síntoma una brújula.

Si antes decíamos: orientación por el inconsciente, ahora le agregamos orientación por el síntoma.

Y es que es justamente la articulación de esas dos cosas lo que produce un estado del ser novedoso: el sujeto-analizante. Un ser que en el inicio pierde la consistencia que antes encontraba en el yo y que queda a merced de lo que se articula en la sesión (o por fuera). Un ser representado por el significante, un sujeto que se supone al saber inconsciente y que genera ese efecto de significación personal propio de la transferencia en el cual supone que sus producciones dicen de él aunque no sepa qué dicen.

La forma de abordaje que el psicoanálisis propone implica así un doble movimiento: añadirle al síntoma palabra y a la palabra síntoma.

Por un lado el síntoma se abre al sentido a la espera de un saber que venga a decir sobre él pero bajo esa modalidad de trabajo particular que no es la de la razón sino la de aplicarle al síntoma la regla fundamental, no se promueve pensar el síntoma o reflexionar sobre sus causas, sino más bien una apertura a un saber que él porta.

Por el otro, la palabra queda orientada por el síntoma, la asociación libre se distingue del bla-bla en el punto en que el cuerpo ancla la palabra.

Claro está que el ser analizante no es siempre igual, basta con pensar en la diacronía de un análisis, en sus diferentes momentos, en los comienzos y en la proximidad del final para notar que, si bien llamamos analizante a una posición, el estado del ser que ella implica no es siempre homogéneo a lo largo de un análisis. No es igual el estado de puede-ser, de irresolución del ser propio de la división subjetiva esperada en un análisis, que la apertura al acto con la ganancia de ser que ella implica y sin embargo, usamos el término analizante para nombrar cierta posición que se adopta aún cuando el análisis ha concluido.

Por lo tanto, si el estado analizante del ser puede pensarse con las diferencias que el transcurso de un análisis implica o una vez que este ha concluido y hasta cuando está en posición de enseñante dice estar en sus seminarios como analizante, ¿a qué llamamos analizante?
Lo que da trabajo

La sustitución del término analizado por analizante da cuenta justamente del lugar del trabajo que Lacan quiso destacar de esta posición, hacer para el analizante, acto para el analista.

Sin embargo, estas dos posiciones no necesariamente recaen en la distribución paciente- analista, en la partición necesaria del analista como al menos dos, el del acto y el que teoriza sus efectos se mantiene esta distinción.

Ahora bien, lo que quisieramos destacar es que lo que llamamos posición analizante no es equivalente a teorizador o a un ser que piensa lo que hizo él u otro. Muchas veces se equipara la posición analizante con la del clínico pero no creemos que haya que hacerlas equivalentes, se puede ser clínico en el sentido de pensar los efectos del acto y sin embargo no analizante.

¿Cuál es la gran diferencia? La relación al inconsciente. Lo que llamamos analizante, si entendemos que esta posición la desprendemos del trabajo que realiza un sujeto causado por el acto analítico, implica lo que la asociación libre busca, que el sujeto se abra a lo inconsciente y haga un trabajo de acomodarse a él. A este ajustarse al inconsciente Lacan lo llama ser incauto del inconsciente.

Bien distinta es la posición del clínico no atravesado por la experiencia del inconsciente, que mediante el corpus teórico que él posee piensa los fenómenos como objetos exteriores a él mismo. Hay allí corpus sin cuerpo y ser un incauto del inconsciente es ser un incauto del cuerpo.

La ética que funda Freud, Lacan la reformula en el Seminario Los no incautos yerran o los Nombres del Padre como “una ética que se fundaría en la negativa a ser no incauto, en la manera de ser cada vez más fuertemente incauto de ese saber, de ese inconsciente, que al fin de cuentas es nuestro único patrimonio de saber” (Lacan 1973-1974).

Del mártir al incauto del inconsciente, del no querer saber del neurótico que se separa de las afectaciones de su cuerpo por lalengua, al incauto del cuerpo.

Creemos que un análisis tiene esa direccionalidad, la de ser cada vez menos mártir y más incauto de lo inconsciente, de captar sus manifestaciones, de darles a ellas el lugar de orientación que tienen para el deseo del ser hablante.

Lo que el lenguaje no puede revelar encuentra su manifestación en los afectos del cuerpo y si bien los efectos de lalengua sobrepasan al sujeto y permanecen no sabidos, los afectos enigmáticos brindan la posibilidad de ajustarse a ellos.


La paradoja del trabajo analizante

Hemos realizado un recorrido por el trabajo del enseñante, por el trabajo de creación artística y por el trabajo analizante. En todos estos casos nos encontramos con una constante que da cuenta de lo paradojal de dichos trabajos: en todos ellos no es el dominio yoico lo que se presenta en el lugar de lo que los causa.

El trabajo analizante, regido por su regla fundamental, busca la apertura hacia una ética del incauto del inconsciente. Una ética que no se sostiene en el principio del placer sino en orientarse por esos “mensajes misteriosos e imprevisibles”, carentes de sentido, que el cuerpo produce de los cuales no hay “la menor posibilidad de escabullirse”

No estamos pensando en el final a un ser acomodado del todo a su inconsciente, sino que la producción del incauto a lo largo de un análisis tiene como consecuencia generar un saber asegurado sobre la existencia de lo inconsciente pero al mismo tiempo el encuentro con la imposibilidad de saber sobre él.

Paradojal relación entonces, la del hablante-ser con el deseo en el punto en que lo que lo orienta queda por fuera del campo de su saber y sin embargo puede encontrar allí apoyo para el acto.

Bibliografía:

FREUD, S (1924) Autobiografía, en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva (1973). 3: 2761-2800.

LACAN, J (1959 – 1960). Libro 7: La ética del psicoanálisis. El seminario de Jacques Lacan. Buenos Aires, Paidós (1988)

LACAN, J (1962 – 1963). Libro 10: La angustia. El seminario de Jacques Lacan. Buenos Aires, Paidós (2006)

LACAN, J (1968 – 1969) Libro 16: De un Otro al otro. El seminario de Jacques Lacan. Buenos Aires, Paidós (2008)

Lacan, J. (1972-1973). Libro 20: Aún. El seminario de Jacques Lacan. Buenos Aires, Paidós (1981)

LACAN, J. (1973-1974) Libro 21: Los incautos yerran o los Nombres del padre”. . El seminario de Jacques Lacan. Inédito.

LACAN, J. (1967) Mi enseñanza. Buenos Aires, Paidós. (2006)

LACAN, J. (1975) Intervención luego de la exposición de André Albert sobre El placer y la regla fundamental, inédito.

MAZZUCA, M. (2011) Ecos del pase. Buenos Aires, Letra viva. (2011)

SOLER, C. (2009) Lacan, lo inconsciente reinventado. Buenos Aires, Amorrortu/editores (2013).








Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad