La locura en la Argentina / 1919


VI. Concepto político de la locura



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VI. Concepto político de la locura

Una circunstancia personal, que suelen callar los historiadores, ( 109 ) influyó para que en la época de Rosas se formase una singular concepción política de la locura, cuyas proyecciones excedieron a la perspicaz malsindad de sus inventores.


Después del fusilamiento de Dorrego, el grupo de restauradores que preparó la tiranía al grito de "Orden y Religión", comenzó a crear una atmósfera de herejes y locos a todos los enemigos de Rosas; cuando Lavalle emprendió la campaña libertadora, no vacilaron los documentos oficiales en llamarle "el loco traidor asesino Juan Lavalle" y a sus compañeros "locos salvajes unitarios"; cuando se sospechó que Rivera tomaba partido en su favor, se escribió oficialmente "el loco pardejón Rivera"; al producirse la intervención francesa se habló de "locos inmundos franceses"; por fin, cuando el gobernador de Entre Ríos se pronunció contra la indefinida reelección del tirano, los papeles oficiales no vacilaron en llamarle "el loco traidor Urquiza".
Esta singular psiquiatría política tuvo su más acabada expresión en un decreto expedido el 31 de mayo de 1842 por el Fraile Aldao, siniestro delincuente que desempeñaba el gobierno de Mendoza. El curioso decreto establecía legalmente que todos los unitarios eran locos y debían ser considerados como tales; los más notables de entre ellos, residentes en Mendoza, debían ser llevados a un hospital, para recibir el tratamiento propio de su enfermedad. Los efectos jurídicos del decreto eran absolutos e implicaban la incapacidad civil de los unitarios; ninguno de ellos podía contratar, testar, ser testigo, ni disponer de una cantidad mayor de diez pesos. Si se presentara el caso de que fuese indispensable la declaración de un unitario ante la justicia, un médico debía reconocerle previamente y certificar acerca del estado de sus facultades mentales. ( 110 )
No conocemos ningún otro caso en que la pasión política de un gobierno haya pretextado la locura de los opositores como causa explícita de incapacidad civil.
V. Los estudios psiquiátricos en la Argentina

I. Período inicial. - II. Primeras publicaciones. - III. Enseñanza de la psiquiatría. - IV. Publicaciones modernas. - V. Casos célebres de psiquiatría judicial. - VI. Revistas y asociaciones.

I. Período inicial

El Hospital General de Hombres, desde su fundación, a principios del siglo XIX, fue, en parte, un depósito de alienados; su Patio de Dementes contenía más de la mitad de los enfermos hospitalizados. Es verosímil que esta circunstancia permitiese a los médicos de cierto ingenio, como el doctor Cosme Argerich, reflexionar sobre las ideas que comenzaban a romper las cadenas con que solía sujetarse a los infelices alienados; la obra clásica de Pinel, "Tratado médico-filosófico sobre la enajenación mental o de la manía" (1801), había aparecido casi simultáneamente con la de Cabanis, "Relaciones de lo físico y de lo moral" (1802). Argerich, desde 1808, enseñó en Buenos Aires las doctrinas sensacionistas a sus alumnos de medicina; y desde 1810 las cultivó en su cátedra de filosofía el Dr. Francisco Planes. ( 111 ) Los dos eran lectores de Cabanis, seguramente; de Pinel debió serlo el Dr. Argerich, pues alguno de sus discípulos da noticias de que sus doctrinas eran preferidas en el país.( 112 ) Acaso tuviera alguna información al respecto el profesor de ideología Juan Crisóstomo Lafinur.


Nociones bien definidas acerca de la locura y sus causas, tuvo el profesor Manuel Fernández de Agüero, cuyos "Principios de Ideología" constituyen el documento más expresivo de las ideas dominantes en Buenos Aires durante el liberal gobierno de Bernardino Rivadavia; ( 113 ) en cuanto se refiere a la fisiología y patología cerebral, Fernández de Agüero seguía las huellas de Cabanis, inspirándose en Destrutt de Tracy para las generalizaciones filosóficas. En todo vibraba el pensamiento de Condillac, maestro común de todas las escuelas sensacionalistas y fisiológicas.
Es seguro que los escritos de Pinel fueron bien conocidos por el Dr. Cosme Argerich (hijo), médico del Hospital General de Hombres, nombrado profesor del Departamento de Medicina en 1822, poco después de la muerte de su padre.
Era discípulo y amigo suyo el joven Diego Alcorta, que en 1827 se doctoró en medicina con una tesis sobre la Manía, que es la primera monografía psiquiátrica escrita en la Argentina; ( 114 ) se trata de una breve disertación, sencilla, bien inspirada, cuyo mérito principal consiste en una curiosidad histórica. Su autor tenía ya, ciertamente, noticia de Pinel; más tarde alcanzó a tenerla de Esquirol, eminente alienista francés cuya fama culminó en París mientras Alcorta era estudiante en Buenos Aires. Su "Curso de ideología", según las versiones exhumadas por Gutiérrez y Groussac, se inspiraba en Condillac y Cabanis; tenía más precisión médica que el de Fernández de Agüero, pero le es muy inferior en vuelo filosófico. Entre sus muchos discípulos, que algo alcanzarían de sus conocimientos psiquiátricos, ( 115 ) figuró el joven Guillermo Rawson, en cuyos brazos murió Alcorta el 7 de enero de 1842.
A simple título informativo merece recordarse que un condiscípulo de Alcorta, el doctor Martín García, presentó en 1827 su tesis universitaria sobre el tema "Epilepsia, su naturaleza y curación"; el texto no se conoce. El Dr. García tuvo a su cargo la asistencia del Cuadro de Dementes hasta la caída de la tiranía, haciéndose, al fin de su carrera, famoso por su incompetencia. ( 116 )
Justo es consignar que la Restauración creó un ambiente desfavorable para los estudios de patología mental, sospechosos de herejía. Nada escribió Alcorta después de su tesis, nada publicaron Cosme Argerich y Francisco Javier Muñiz, nombrados profesores de medicina legal en 1826, ( 117 ) no entrando siquiera en ejercicio de la cátedra.
Es importante recordar que entre 1815 y 1830, algunos de los primeros médicos argentinos se aficionaron a conversar sobre el "magnetismo animal", influidos por las ideas de Mesmer. Lo comentó expresamente Fernández de Agüero en su curso de Ideología, y eran común la venta de folletos magnetistas y mesmerianos, pues figuran en muchos anuncios de las librerías de la época.
Es muy probable que entre los 250 médicos que se graduaron de 1827 a 1852, hubiese muchos curiosos lectores, y aún partidarios, de la Frenología, que alcanzó gran boga, por entonces, en España. Recordemos que Esteban Echeverría, en 1843, declaró que era "frenologista"; en 1827 había sido "sensacionista", como la mayoría de sus coetáneos emancipados de la teología colonial.
Es curioso advertir que en esa época tuvo mucha difusión en toda América la escuela médica y terapéutica de Leroy, lindera con el curanderismo.
Tuvo sus partidarios en Buenos Aires desde temprano; ( 118 ) pero su auge fue decisivo durante el gobierno de Rosas, en que se propuso adoptar la famosa medicina universal en los hospitales públicos, originándose una controversia con el Tribunal de Medicina. ( 119 ) Después de brillar fugazmente en la época de Rivadavia, los estudios médicos decayeron, recobrando su prestigio todas las formas de la medicina popular y autocurativa. ( 120 ) Para que nada faltara, el Sr. Guillermo Darrouzin estableció, en 1845, el primer despacho de específicos homeopáticos, logrando clientes y adeptos. ( 121 )
Las únicas publicaciones de la época que pueden relacionarse con la patología nerviosa y mental, son 11 tesis del doctorado en medicina; las diez conservadas en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Médicas, hacen pensar que nada ha perdido la ciencia con la única que falta. ( 122 )
Al caer la tiranía se reorganizaron los estudios médicos, sin designar cátedra especial para los estudios psiquiátricos. Sin embargo -hecho importantísimo- casi todos los estudiantes adquirían cierta experiencia en el trato de alienados, pues, como practicantes del Hospital de Hombres, estaban obligados a vivir entre ellos y usaban a los tranquilos para el servicio doméstico. Así se explica que tantos médicos de la generación siguiente, graduados de 1860 a 1885, se aficionaron a estos estudios.
Justo es decir, sin embargo, que antes de la creación de la cátedra de psiquiatría, las 41 tesis relacionadas con esta disciplina, no se elevaron mucho sobre las escritas anteriormente, con excepción de las de Pedro Mallo, Carlos Costa, Luis Güemes, Norberto Maglioni, Enrique Arana, Juan E. Chilotegui, Pedro S. Alcácer, Manuel Vassallo, Nicolás Ramallo y Samuel Gache. Creemos útil, empero, consignar sus temas, pues algo indican sobre los asuntos que más llamaban la atención en esa época. ( 123 ) Merecen recordarse algunas tesis sobre biología, neurología y fisiología, muy interesantes para su tiempo: Juan J. Bernet (Trépano cefálico, 1856), Carlos María Querencio (La vida y la organización, 1860), Juan Angel Golfarini (La vida y la muerte, 1868), Eduardo Wilde (El hipo, 1868) Manuel T. Podestá (Tendencias de la medicina moderna, 1878), Isidro M. Bergeire (Afasia, 1879), Juan B. Señorans (Vivi-cauterización del cerebelo, 1882), Antonio F. Piñero (Localizaciones cerebrales, 1883), Andrés Llobet (Localizaciones cerebrales, 1885), W. Rodríguez de la Torre (Electrodiagnóstico, 1885), José López Rojas (Temperaturas del cerebro, 1886).

II. Primeras publicaciones

Los primeros estudios psiquiátricos publicados en el país -además de las tesis ya citadas- han sido informes periciales o artículos sobre hospitalización de alienados. Fueron muy apreciados los de Nicanor Albarellos, Pedro Mallo, Santiago Larrosa, Eduardo Wilde ( 124 ) y Manuel Aráoz. En 1879 los doctores Lucio Meléndez y Emilio R. Coni presentaron al Congreso Interamericano de Medicina reunido en Amsterdam una excelente memoria titulada: "Consideraciones sobre la estadística de la enajenación mental en la provincia de Buenos Aires". ( 125 ) Por sus datos retrospectivos y por sus importantes reflexiones estadísticas, esta monografía ocupa un lugar de preferencia en la historia de la psiquiatría argentina.


Poco tiempo antes, un joven estudiante de medicina, José M. Ramos Mejía, había dado a luz el primer tomo de una obra que es hoy clásica en nuestra ciencia: "Las neurosis de los hombres célebres en la historia argentina" (1878), precedida por una introducción de don Vicente Fidel López; el segundo tomo apareció en 1882.
Según el autor, padecieron de neurosis los siguientes hombres célebres: Juan Manuel de Rosas (locura moral); Guillermo Brown (delirio de persecuciones); el fraile Beltrán (demencia indefinida); el coronel Estomba (manía aguda); Monteagudo (histerismo); el fraile Aldao (delirio alcohólico alucinatorio); el cura Gaete (alcoholismo). El mismo autor atribuye accesos de hipocondría a Rivadavia, Manuel J. García, a Lafinur, al doctor Gregorio Tagle y a Echeverría; a D. Hipólito Vieytes, melancolía; a Olavarría, Alvarado y Lamadrid, fobias diversas. ( 126 )
Posteriormente publicó las siguientes obras: "Estudios de patología nerviosa y mental" (1893), "La locura en la historia" (1895), "Las multitudes argentinas" (1899), "Los simuladores del talento" (1904), "Rosas y su tiempo" (1907), además de otros escritos científicos y literarios. En 1887 fue nombrado profesor de Clínica Neurológica en la Facultad de Medicina, cátedra que desempeñó durante un cuarto de siglo, formando a su lado un excelente núcleo de discípulos. ( 127 )
En el penúltimo decenio del siglo XIX vieron la luz en Buenos Aires algunos trabajos de mérito.
De Samuel Gache: "La locura en Buenos Aires" (1879); "El estado mental de la sociedad de Buenos Aires" (1881); "Patogenia del suicidio en Buenos Aires" (1884) y "Estudio de psicopatología" (1886), de Wilfrido Rodríguez de la Torre: "Electro-diagnóstico" (1885), "El cráneo y la locura" (1887), "Termometría cefálica" (1887), "Espiritismo y locura. Sus relaciones recíprocas" (1889). En las revistas de medicina ( 128 ) fue abundante la colaboración sobre temas de psiquiatría, destacándose principalmente las notas clínicas del doctor Lucio Meléndez, que le hicieron merecer, en 1886, el nombramiento de profesor de Psiquiatría.

III. Enseñanza de la psiquiatría

El Dr. Cosme Argerich (hijo) fue nombrado, el 8 de febrero de 1822, primer catedrático de "Instituciones Quirúrgicas". No existiendo en el Hospital de Hombres aula o anfiteatro para las lecciones teóricas, dábanse éstas en las habitaciones de los internos, que estaban contiguas a los calabozos en el Patio de Dementes. Argerich, además de leer a Cabanis y Destrutt de Tracy, como todos los "ideólogos" de ese tiempo, conocía a Pinel y Esquirol; es verosímil suponer que esas circunstancias, coincidiendo con la de exponer sus lecciones en el patio de los orates, le indujesen a discurrir muchas veces sobre la miserable situación de los insanos que le rodeaban y sobre la naturaleza misma de las enfermedades mentales. Juan Antonio Fernández, Miguel Rivera, Martín García, Teodoro Álvarez, Francisco Rivero, Francisco Almeida, Claudio Mamerto Cuenta, y algún otro, impartieron nociones rudimentarias de patología mental antes de convertirse el Departamento de Medicina en Facultad de Medicina (1852).


En 1852 fue designado para ocupar la cátedra de "Nosografía Médica y Patología General" el doctor García, que la desempeñó hasta 1867; García acostumbraba ocuparse incidentalmente de los alienados y su tratamiento, con un criterio demasiado profano. Sabía mucho más el Dr. Manuel Arauz, que le sustituyó en 1867 y hasta 1891.
Se ocuparon de psiquiatría los profesores de Medicina Legal, Nicanor Albarellos (con Patología General e Historia de la Medicina), Francisco Javier Muñiz (con Partos), hasta crearse una cátedra autónoma que dictaron con brillo Eduardo Wilde (1875-1881), Manuel Blancas (1882-1885), Eduardo Pérez (1890-1900) y Francisco de Veyga (1900-1911).
La enseñanza de la Patología Mental fue establecida en 1886 y puesta en manos del director del Hospicio de las Mercedes, Lucio Meléndez. Además de su cargo, que le acreditaba como especialista, el designado tenía títulos docentes y científicos de primer orden. En 1875 había sido profesor suplente de clínica dermo-sifilográfica, pasando en 1876 a la suplencia de patología externa, en la que fue reemplazado en 1885 por el doctor Guillermo Udaondo. Como escritor científico se había distinguido desde su juventud, publicando numerosos estudios psiquiátricos en las revistas médicas del país.
Fue obra suya la modernización del Hospicio de las Mercedes, que si no pudo realizar completamente fue por la estrechez de los recursos que le asignaba el gobierno. En 1879 pidió que los futuros ensanches del Hospicio se hicieran en pabellones aislados, "de tal modo que queden separados del antiguo por medio de jardines espaciosos que sirvan de recreo a los insanos, permitiendo a la vez fácil entrada a la luz y el aire de que hoy carecen en alto grado". Los planos que presentó se consideraron impecables para su época; en ellos se sentaba el principio de la distribución clínica de los alienados, separando los agudos de los crónicos, los convalecientes de los agitados, los dementes, los epilépticos, los paralíticos, los semi-agitados, los crónicos tranquilos, los desaseados, etc.
En ese mismo año 1879 el Dr. Meléndez presentó a la Municipalidad el proyecto de fundar una Colonia de Alienados en Santa Catalina, a fin de que los enfermos no peligrosos fuesen ocupados en trabajos agrícolas; tan previsoras ideas fueron realizadas después de su muerte.
Insistió en varios de sus escritos sobre la necesidad de metodizar el trabajo de los alienados, encarándolo como un medio de reeducación mental más bien que como fuente de recursos; y en este punto su obra acompañó a su pensamiento.
En 1886, como fruto de su experiencia personal, propuso una "clasificación de las enfermedades mentales", que todavía se lee con interés, así como las numerosas monografías de observación clínica, publicadas durante diez años. ( 129 )
La obra docente y científica del creador de la enseñanza psiquiátrica fue más eficaz, formándose en torno suyo un núcleo distinguido de discípulos. El profesor Meléndez seguía las corrientes de la escuela francesa, completándolas eclécticamente con doctrinas inglesas e italianas. ( 130 )
Conservó la cátedra hasta 1892, siendo reemplazado por su discípulo y colaborador, Domingo Cabred, que siguió sus huellas y supo conservar la enseñanza en el nivel en que la planteara su fundador. En 1897 fue nombrado profesor suplente de psiquiatría, el Dr. Benjamín T. Solari y en 1903 el Dr. José T. Borda, que son en la actualidad, 1919, profesores extraordinarios.
En 1888 se creó la cátedra de enfermedades nerviosas, confiándose su desempeño al doctor José M. Ramos Mejía, ( 131 ) quien la tuvo a su cargo hasta 1914. Fueron suplentes de esta materia los doctores José R. Semprún y Antonio Estévez, desempeñando este último la cátedra desde 1914.

IV. Publicaciones modernas

En diversas épocas, desde la dirección del Departamento de Higiene o de la Asistencia Pública, se han ocupado de asistencia de los alienados, los doctores José M. Ramos Mejía, José Penna, Emilio R. Coni, Juan B. Señorans y Telémaco Susini; ( 132 ) en su calidad de directores de los Asilos, han tratado el mismo punto los doctores Eguía, Uriarte, Meléndez, Antonio F. Piñero, Cabred y Podestá, en "memorias" que permiten el estudio analítico de la locura en Buenos Aires. ( 133 ) Numerosos peritajes de psiquiatría legal, han publicado, además de los citados, los doctores M. Ferreyra, N. Maglioni, E. M. Pérez, M. Blancas, B. Larroque, T. Susini, E. Revilla, L. Ayarragaray, C. D. Benítez, Elíseo Cantón, Semprum, Gorostiaga, A. Bunge, Amable Jones, Lucio V. López, Fernando Álvarez, Enrique Zárate, etc.; ( 134 ) son de igual interés los firmados por los doctores Agustín F. Drago, Obdulio Hernández, Román Pacheco, Juan M. Acuña, J. Alba Carreras, Adolfo Puebla, Amador Lucero y Miguel Arana Zelis, médicos de los tribunales. ( 135 )


Una corriente de estudios vinculada a la psicopatología criminal, se inició en el país por la difusión de las doctrinas de Lombroso, Ferri, Garófalo, Marro, Sighele, Colaianni, Tarde, Prins, Dorado, Sommer, encaminadas a renovar el Derecho Penal. Publicaron interesantes trabajos, Osvaldo Magnasco: "Sistema del Derecho Penal actual" (1887); Luis M. Drago: "Los hombres de presa" (1888); Francisco Ramos Mejía: "Principios fundamentales de la Escuela Positiva de Derecho Penal" (1888); Rodolfo Rivarola: "Exposición y crítica del Código Penal" (tres tomos, 1890); Juan A. Martínez: "El Derecho Penal ante la ciencia" (1892); Antonio Dellepiane: "Las causas del delito" (1892). No faltaron ilustradas defensas de la escuela penal clásica, mereciendo recordarse la de Godofredo Lozano: "La escuela antropológica y sociológica criminal ante la sana filosofía", La Plata (1889).
En época posterior se han publicado obras de mérito. Sobre dactiloscopia los trabajos de Juan Vucetich: "Dactiloscopia comparada" (1904); Luis Reyna Almandos: "Dactiloscopia Argentina" (1909) y Ernesto Quesada: "Comprobación de la reincidencia" (1910). Sobre criminología, Víctor R. Pesenti: "Influencia de la civilización sobre el movimiento de la criminalidad" (1911); Rodolfo Moreno: "La ley penal argentina" (1903); José Luis Duffi: "Estudios de Derecho Penal" (1904); Cornelio Moyano Gacitúa: "Curso de Ciencia Criminal" (1899) y "La delincuencia argentina" (1905); Eusebio Gómez: "La mala vida en Buenos Aires" (1908) y "Criminología Argentina" (1912); Horacio P. Areco: "Enrique Ferri y el positivismo penal" (1919) y "Psicopatología legal" (1912); Rivarola: "Derecho Penal Argentino" (1910); C. 0. Bunge: "Casos de Derecho Penal" (1911); Julio Herrera: "La Reforma Penal" (1911); etc. Las publicaciones de José Ingenieros están sintetizadas en la obra "Criminología".
Merecen especial mención los estudios e iniciativas del profesor de medicina legal Francisco de Veyga, creador de la psicopatología forense en nuestro país. Inspirándose en las orientaciones más recientes de la psicología biológica y de la antropología criminal, introdujo en los programas oficiales el estudio de la psiquiatría legal y de la criminología. Sus publicaciones sobre esas materias son numerosísimas ( 136 ) y forman un digno corolario de sus "Estudios médico legales, sobre el Código Civil Argentino" (1890), obra de aliento que honra a la literatura médica nacional. ( 137 )
Fácil es advertir que la producción psiquiátrica abundante en las revistas, pocas veces ha alcanzado la forma perdurable del libro. Esta misma reflexión nos sugiere el importante estudio del Dr. Fermín Rodríguez, sobre "El suicidio", publicado fragmentariamente en revistas; ( 138 ) varios trabajos del Dr. Luis Agote, y, en particular, su "Método gráfico para fijar la herencia", ( 139 ) adoptado por algunos alienistas extranjeros; las publicaciones del Dr. Benjamín T. Solari, sobre clínica psiquiátrica, degeneración y crimen, estado mental de los leprosos, profilaxis de la locura y psiquiatría forense; ( 140 ) los discursos del doctor Domingo Cabred, en las ceremonias inaugurales de asilos para alienados; ( 141 ) los estudios del profesor Genaro Sisto, sobre niños deficientes y retardados; las investigaciones de Víctor Mercante y Rodolfo Senet, acerca de las anomalías mentales, desde el punto de vista pedagógico; por fin, muchas interesantes monografías clínicas de José T. Borda, Amable Jones, Antonio Agudo Ávila, Javier Brandam, Helvio Fernández, Fernando Gorriti, Nerio A. Rojas, Pedro J. Oro, Gonzalo Bosch, Enrique Mouchet, Gregorio Bermann, Hernán Mandolini, Joaquín J. Durquet, Raimundo Bosch; trabajos neuropatológicos de Mariano Alurralde, Rómulo H. Chiappori, Vicente Dimitri, C. F. Bondenari, A. Podestá, J. C. Montanaro; estudios médicos legales de Juan Bialet, Pedro J. Barbieri, Joaquín V. Gnecco, Alberto Stucchi; monografías anatomopatológicas de José T. Borda, Fernando Pérez, Dionisio Schóo, Leandro Valle, Enrique Corbellini y otros discípulos distinguidos del eminente profesor Cristofredo Jakob, vinculado desde 1899 a nuestra Escuela de Medicina, y autor de originales investigaciones neurológicas, que le han valido justo renombre en la ciencia, dentro y fuera del país. ( 142 )
Algunos fisiólogos han realizado investigaciones sobre el cerebro y las funciones psíquicas, especialmente Valentín de Grandis, Horacio G. Piero, Mariano Alurralde, Virgilio Ducceschi, Frank L. Soler y Pastor Anárgiros. Entre los profesores de clínica general, han escrito sobre patología nerviosa, los doctores Abel Ayerza, Julio Méndez, Gregorio Aráoz Alfaro, Ignacio Allende, David Speroni, Juan José Vitón y Mariano Castex. La cirugía del cerebro cuenta con varias publicaciones del profesor Diógenes Decoud; la cirugía de la médula con una, muy excelente, del profesor Carlos Robertson Lavalle.
Sería incompleta la presente información si no mencionáramos aquí los doscientos, o más, artículos sobre psiquiatría y ciencias afines que hemos publicado en revistas argentinas y europeas, desde 1899 a 1911, fecha en que dejamos la Dirección del Servicio de observación de alienados. ( 143 )
Desde la creación de las cátedras de psiquiatría (1886) y neuropatología (1887), se han publicado casi 200 tesis relacionadas con esas disciplinas. Nos limitaremos a mencionar las que tienen algún valor intrínseco o documental, ( 144 )
La simple enumeración de los temas escogidos para las tesis permite seguir, año por año, la influencia de los progresos de la ciencia europea. Con muy poco retraso han sido examinados en Buenos Aires todos los nuevos problemas clínicos, histológicos o bioquímicos que han dado nuevo impulso a la psiquiatría, a la vez que han desaparecido otras cuestiones, agotadas o excluidas por las investigaciones siguientes.
Es importante señalar que, en su casi totalidad, las tesis han sido redactadas teniendo a la vista material clínico y anatómico argentino, representando en conjunto la contribución más valiosa a la psiquiatría nacional.



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