La locura en la Argentina / 1919



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178. Se había graduado en 1851, presentando una tesis sobre La Tisis Pulmonar, encabezada con los lemas de uso: "¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los Salvajes Asquerosos Unitarios! ¡Muera el loco traidor salvaje unitario Urquiza!"
179. El doctor Ventura Bosch había fallecido en 1871, víctima del cumplimiento de su deber durante la epidemia de fiebre amarilla.
180. Sobre el movimiento de alienados en el Hospicio, ver: J. M. Uriarte: "Hospicio de dementes de San Buenaventura", Revista Médico-Quirúrgica, 1870, VII, 266.
Ídem: "Hospital de San Buenaventura", ídem 1870, IX, 287, 304.
R. Echenique: "Estadística del Hospital de las Mercedes durante los meses de Enero y Septiembre de 1876", ídem 1876, XIII, 341.
181. Ver datos de 1880: "Hospicio de las Mercedes", en Rev. Médico-Quirúrgica, 1880, XVIII, 471.
182. " Es seguro que la Sección de Higiene Municipal, con fecha 18 de febrero de 1880 autorizó al director del Hospicio para trasladar 50 alienados al Hospital San Roque; esta traslación no llegó a efectuarse porque sobrevino una epidemia de viruela y el San Roque se habilitó para los variolosos.
183. Penna: Ob. cit., II, 122 y sigs.
184. En 1887, la comisión nombrada para informar sobre el estado de los hospitales municipales, decía del Hospicio de las Mercedes: "La Comisión ha visitado detenidamente también este Hospicio y estudiado con empeño el tratamiento que reciben los insanos que aloja. Es un establecimiento que hará honor a la administración municipal cuando queden concluidas las obras complementarias que se están haciendo.
"Su administración es satisfactoria, sus libros son llevados con bastante corrección y a pesar de que actualmente tiene 500 enfermos (insanos), su personal es más reducido que el del Hospital de San Roque, lo que hace el mejor encomio de su dirección.
"Verdad es que en este establecimiento la dirección y la administración refundidas en un solo jefe superior, único responsable que imprime unidad a todo el mecanismo de la organización de un establecimiento semejante, es una gran ventaja, y estos resultados debieran tenerse en cuenta, muy justamente, para ponerlos en práctica en la reglamentación de los demás establecimientos".En esa época constituían el Hospicio los siguientes departamentos: pensionistas, tranquilos, semiagitados y destructores, furiosos, alienados delincuentes, convalecientes, epilépticos y paralíticos, tres barracas para crónicos.
185. Ver la sentida necrología de su discípulo el profesor Benjamín T. Solari: "Doctor Lucio Meléndez", en Semana Médica, diciembre 12 de 1901.
186. "Esa población (del Hospicio) se aloja en construcciones de aspectos diversos según el tiempo en que fueron levantadas.
"La parte más antigua reducida ahora a muy pequeñas proporciones, es incómoda, escasa de luz, de aire, de higiene; quedan sus últimos restos como vestigios de la triste época en que la coerción violenta servía para doblegar a los enfermos agitados, usando del garrote, del cáustico, de la ducha, del encierro celular, del chaleco de fuerza, entre espesos muros ornados por el terrible mosaico de rejas que con trágica uniformidad limitaba, como entre redes de hierro, el horizonte de los enfermos.
"La segunda construcción tiene ya grandes ventajas sobre la anterior. Consta de espaciosos dormitorios, comedores, enfermerías, salones de visita, talleres, etc. Aunque dista del ideal de hospitalización que hoy reclaman todos los alienados responde directamente a las necesidades prácticas del tratamiento.
"Los pabellones recientes responden, en absoluto, a las más escrupulosas exigencias de la clínica psiquiátrica. Todo está reunido en ellos: vigilancia y tratamiento, estética y comodidad, disciplina y libertad".
En estos términos lo caracterizamos en una página publicada en 1899, siendo aún estudiante.
187. Sobre "Nacionalización del Hospicio" ver Semana Médica, 1905, página 1002.
188. Ver Meléndez y Coni: Ob. cit.; Lucio Meléndez: "Un proyecto de Hospicio de Alienados", en Rev. Médico-Quirúrgica, 1880, XVIII, 494; Lucio Meléndez: "Colonia de Alienadas", en Revista Médico-Quirúrgica, 1882, XIX, 207.
189. Ver Eliseo Cantón: "Discurso sobre creación del Open Door", en Semana Médica, agosto 5 de 1897.
190. Domingo Cabred: "Discurso inaugural de la Colonia Nacional de Alienados", folleto, 1899. - "Damos cumplidamente a la Ley Nacional de 2 de octubre de 1897, que ordena la creación de un asilo de alienados, según el sistema escocés llamado "de puertas abiertas" (Open Door), destinado a modificar fundamentalmente la asistencia de estos enfermos.
"La benéfica ley se debe a la iniciativa parlamentaria del doctor Eliseo Cantón, quien ha convencido de la necesidad de proceder a la reforma de esa asistencia, levantó su voz elocuente en el seno de la cámara de diputados, pidiendo se implantara en nuestro país este nuevo sistema de tratamiento.
"Su discurso, uno de los más brillantes que se haya pronunciado en el parlamento argentino, llevó el convencimiento a todos cuantos le escucharon y un mes más tarde de presentado su proyecto, era convertido en ley.
"Gratitud, pública gratitud merece esa noble iniciativa, no sólo de parte de aquellos que tienen la razón alterada -pero que no obstante aprecian y recuerdan el bien que reciben-, sino también de todos los que valoran las obras destinadas al alivio de la mayor de las desgracias humanas. El nombre del doctor Cantón, figurará, pues, en lo sucesivo, entre los de los grandes benefactores del insano.
"Cumplo igualmente con el grato deber de recordar los constantes esfuerzos del doctor Meléndez por establecer el sistema colonial de asistencia, manifestados en frecuentes pedidos y en un proyecto que sometiera a la Municipalidad de Buenos Aires, en 1879. Aquellas iniciativas no atendidas, son hoy hermosa realidad y el espíritu del filántropo alienista debe llenarse de legítima satisfacción".
191. Ver "Asilo de puertas abiertas", en Argentina Médica, mayo 21 de 1904.
192. "El país tenía entonces una población de mujeres alienadas, cuya cifra aproximada podía calcularse en 3.000 sin contar cierta forma de degeneración como el cretinismo- que es endémica en ciertas regiones.
"De las 3.000 alienadas eran atendidas en el establecimiento mencionado alrededor de 2.000, con los inconvenientes graves del hacinamiento de mil cien dementes en un hospital de tratamiento. Es cierto que esas malas condiciones de hospitalización, han sido siempre atenuadas por la buena alimentación, por la higiene personal y los cuidados individuales y colectivos que se les prodiga a las enfermas. Pero no basta, y era indudable que aquella situación precaria y difícil se agravaría rápidamente, desde que el número de alienadas aumentaba de día en día y la falta de medios indispensables para su tratamiento subsistía.
"La única solución que tenía ese problema, era la construcción de asilos especiales en la campaña, sencillos y económicos, empezando por un asilo de refugio anexo al hospital, para trasladar a él a las 1.000 dementes incurables hacinadas en éste con un costo de sostenimiento muy superior al que costaría en el local solicitado". - Memorias de la Sociedad de Beneficencia, cit., página 423.
193. Más amplia información y reglamento del servicio, en la obra de J. Penna: La administración sanitaria, etc., vol. II, págs. 617 a 621. - Ver también Pedro Barbieri: "La clínica criminológica", en Archivo de Psiquiatría y Criminología, Buenos Aires, 1906, (Vol. V, pág. 296).
194. Para ambos casos ver Archivos de Psiquiatría y Criminología, Vol. I, págs. 670 y 740.
195. Ver Joaquín J. Durquet: "Memoria del Hospital Melchor Romero", La Plata, marzo 1919.
196. Garzón Maceda: Ob. cit., III, 670.
197. Memorias de Relaciones Exteriores.
198. "La fundación de este asilo colonia regional se efectúa en cumplimiento de la ley 4953, promulgada el 23 de julio de 1906, cuya trascendental importancia se hace evidente con sólo enunciar su objeto: la creación de asilos y hospitales regionales para la asistencia y tratamiento de toda clase de enfermedades.
"Con sumo placer cumplo un deber de estricta justicia recordando en esta ocasión el nombre del doctor Manuel Augusto Montes de Oca, ex Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, quien, con la visión clara de la necesidad de proveer a la hospitalización de los millares de enfermos indigentes, que de todos los puntos del país acuden a la Capital Federal, formuló el proyecto de ley mencionado y lo sostuvo elocuentemente en el Congreso.
"Esta hermosa ley de beneficencia, ha venido así a dar la solución completa, que ya no admitía espera, al importante problema de asistencia pública nacional". - Domingo Cabred, "Discurso", en Archivos de Psiquiatría y Criminología.
199. Penna: Ob. cit., II, 58.
200. En 1877, antes de inaugurarse la Penitenciaria Nacional, había en la Cárcel del Cabildo unos 700 presos. No pocos de ellos eran alienados y fueron trasladados a la Penitenciaría, junto con los demás.
201. Por el año 1890 habíanse refugiado en los terrenos ganados sobre el río para la construcción del puerto, cuyas manzanas se conocían por "cuadrados del Paseo de Julio". La tolerancia de la policía y el escaso tráfico del pasaje, habían reducido a los atorrantes a la vida sedentaria; sólo salían de los "cuadrados" por las mañanas para recoger los restos de alimentos en las cajas de basuras de la vecindad, regresando en seguida a su barrio. En 1901, a pedido del profesor De Veyga, la policía recogió un centenar de atorrantes, resultando que el 95 por ciento de ellos eran alienados tranquilos; la mayoría alcoholistas crónicos en estado demencial; muchos tenían delirio de persecuciones; algunos delirio de grandeza.
202. Sobre estos siete personajes callejeros encontramos los siguientes datos en Manuel Bilbao: Buenos Aires, pág. 589 y sigs.
"Manghi fue el más famoso de esta clase de tipos. Su parada favorita era la puerta del teatro Argentino, frente a la Merced, produciendo con la boca ruidos extraños cuando salía gente de misa. En uno de los carnavales pasados, Manghi se disfrazó de Conde, en unión de Uriarte y Salaberry, formando ese triunvirato famoso el Concilio Ecuménico, como ellos decían. Uriarte murió en la epidemia de fiebre amarilla, y Salaberry después de Manghi.
"Minutti lucía una condecoración de Caballero de Malta.
"La juventud alegre de esos tiempos reunió en el Argentino, allá por el año 1868, a todos estos tipos en un concierto magno que se conoce por el Concierto Manghi, y que ha sido hasta el presente el único espectáculo de ese género que ha presenciado esta Capital.
"Manghi declamó la 'Flor de un día', y a lo mejor de su peroración, un poroto pasó zumbando por sus oídos; con toda calma dijo: '¡no tiren!', continuando impertérrito en su papel. Comenzó en seguida una lluvia de maíz, papas, repollos, zanahorias, etc., que dieron al traste con el artista improvisado. Minutti cantó 'El Trovador' y los demás hicieron diversos papeles, concluyendo la fiesta en una batahola infernal.
"Bayoneta Calada era un masitero que solía cantar milongas vestido de romano. Era un tipo alto, delgado e infaltable a cualquier reunión de esa época.
"El Negro Clemente era un campanero de Santo Domingo que cuando no tenía que tocar las campanas salía a la calle reuniendo los perros a una señal que les hacía con su palo, y cuando el número pasaba de cinco o seis por el mismo medio los ahuyentaba. Fue el antecesor de Gragera.
"Don Pepe el de la Cazuela, el prestigioso acomodador de la Cazuela del Colón, era un tipo afeminado y el que ponía orden entre sus turbulentas pupilas.
"Petronita era un negro afeminado amigo de vestirse de mujer. A intermitencias era acomodador en los teatros, siendo su ocupación favorita la de mucamo de personas conocidas.
"Doña Dolores Guisao era una mujer callejera, cuyo placer era insultar a los muchachos, y cuando éstos no le decían nada, ella los buscaba diciéndoles: '¿Muchachos, no me dicen nada?', y los muchachos entonces le gritaban: 'Doña Dolores Guisao, Puchero y Asao', a lo que doña Dolores prorrumpía en insultos contra ellos hasta que huían.
"Gragera fue un comerciante que tuvo varios buques y los perdió, y cuando se encontró arruinado se volvió loco dándole la manía de los perros, de los que se declaró protector. Gragera (a) San Roque, recorría las calles centrales de la ciudad, vestido de saco o levita negra, armado de un descomunal garrote y seguido de una multitud de perros a los que protegía, sulfurándose cuando los muchachos le llamaban por su alias".
203. Meléndez y Coni: "Consideraciones", etc., cit.
204. Meléndez y Coni: Ob. cit.
205. Para la población de alienados y retardados, en diversas épocas, ver las Memorias del Hospital Nacional de Alienadas, Hospicio de las Mercedes, Hospital Melchor Romero, Sociedad de Beneficencia y Comisión Nacional de Asilos Regionales.


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