La investigación sobre la salud de la población gltb: enfrentar los desafíos para beneficiarse de tener datos propios. María Luisa Peralta



Descargar 65.32 Kb.
Fecha de conversión26.04.2019
Tamaño65.32 Kb.
Vistas40
Descargas0

La investigación sobre la salud de la población gltb: enfrentar los desafíos para beneficiarse de tener datos propios.
María Luisa Peralta

Introducción

En Argentina, carecemos de una masa sustancial de estudios sobre la salud de la población gltb. Diversas causas han contribuido a esta situación. Inicialmente, las personas gltb hemos tenido que enfrentar fuertes cargas de estigma y patologización. Así, gays, lesbianas y bisexuales fuimos consideradxs enfermxs hasta hace relativamente poco tiempo. La Asociación Norteamericana de Psiquiatría (American Psychiatric Association, APA) retiró a la homosexualidad de su listado de enfermedades en 1973, seguida por la Asociación Norteamericana de Psicología en 1975. Recién en 1990 la Organización Mundial de la Salud dejó de considerar a la homosexualidad como enfermedad al retirarla de la décima versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades, la CIE. Las personas trans, en cambio, todavía están luchando para que sus vidas dejen de ser patologizadas: una de las grandes luchas que en este tiempo lleva adelante el movimiento trans a nivel mundial es la incidencia en el proceso de reforma de la CIE, que producirá su versión número 11 y la incidencia en el proceso de elaboración de la quinta versión del DSM, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, de la APA) El desafío es que la transgeneridad, en toda su vasta riqueza, deje de ser considerada como trastorno y sea retirada de los capítulos de enfermedades mentales pero sin que las personas trans pierdan el acceso a los servicios de salud para prestaciones específicas.

Entonces, primero tuvimos que lidiar con el desprecio de quienes consideraban que las personas gltb no merecíamos investigaciones en las que se indagaran nuestras necesidades como sujetos del derecho a la salud y ahora, por el contrario, tenemos que convencer a nuestrxs aliadxs de que es necesario desarrollar investigaciones específicas en relación a nuestra salud. En efecto, como resultado paradojal del estigma y la persecución, algunxs aliadxs profesionales médicxs y científicxs, temen que hacer estudios focalizados en la población gltb sea equivalente a considerar que nuestros cuerpos tienen intrínsecamente alguna diferencia con los cuerpos de las personas heterosexuales, rayando en algún tipo de esencialismo o determinismo biológico. El discurso de la igualdad produce entonces un efecto secundario negativo: quienes efectivamente creen que somos iguales en derechos y que nuestras existencias no son patológicas, quedan incapacitadxs para preguntarse si nuestras condiciones de vida y nuestras necesidades de salud son las mismas que las de la población heterosexual.

Afortunadamente, la situación está cambiando. Existe una creciente producción en salud mental y física relacionada con las personas gltb. Si se hace una búsqueda en PubMed, la base de bibliografía biomédica del NCBI (National Center for Biotechnology Information, de Estados Unidos), poniendo en el buscador interno los términos “lesbian health”, se obtienen 5352 documentos (al 10 de julio de 2016). Utilizando “gay men health”, devuelve 5447 hallazgos. Con “bisexual health” se obtienen 3880 y con “transgender health” 1565 publicaciones. Por supuesto, hay resultados redundantes porque muchos de los trabajos publicados hablan de más de uno de estos grupos, pero así y todo son cifras altas para una búsqueda que no es exhaustiva, sino sólo un sondeo muy rápido. Entre los trabajos publicados aparecen grandes informes de institutos nacionales, estudios de pequeña escala, de caso, referidos a grupos específicos como jóvenes, migrantes, adultxs mayores, grupos racializadxs, etc. y también enfocados a temas específicos como cánceres, hiv/sida, hormonas, hpv, depresión, intentos de suicidio, tabaquismo, gordura, actividad física, etc. La gran mayoría son de Estados Unidos pero hay también una cantidad importante de investigaciones de Inglaterra y un número menor de o sobre Canadá, Australia, Sudáfrica, India, Brasil, otros países africanos, latinoamericanos y europeos. De manera que en otros lugares se está considerando relevante y útil investigar específicamente sobre distintos aspectos de la salud de las personas gltb.

Esta tendencia creciente a reconocer la necesidad y el valor de realizar investigaciones específicas sobre la salud de la población gltb también produjo la aparición de un nuevo journal. Desde 2014 se publica LGBT Health, que se presenta como un journal cuyo objetivo es promover una mayor conciencia de las preocupaciones de salud propias de la población de cada minoría sexual, y mejorar la disponibilidad de servicios de salud culturalmente adecuados (no heterosexistas, no cisexistas). Esta revista también “alienta mayor investigación y mayor financiación para esta área crítica pero actualmente subatendida” y “proporciona un muy necesario foro internacional en todas las áreas pertinentes a la salud de la población gltb y su uso de los servicios de salud.”
El informe pionero del Instituto de Medicina de Estados Unidos

En 2011, el Instituto de Medicina, de las Academias Nacionales de Estados Unidos, publicó un informe titulado “The Health of Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender People: Building a Foundation for Better Understanding.” Da cuenta de un trabajo de investigación iniciado en 2010 y llevado adelante por un comité de expertxs. En su prefacio dice: “Al considerar la salud de las minorías sexuales y de género, el comité reconoció que lesbianas, gays, hombres y mujeres bisexuales y las personas transgénero no sólo constituyen grupos separados, sino que cada uno de estos grupos abarca subpoblaciones con sus propias y singulares necesidades de salud.” Reunieron información a través de revisión de bibliografía, su propia experticia, materiales que les llegaron de varias fuentes, consultorías, y sesiones abiertas donde expositorxs invitadxs pero también el público general y las organizaciones de activismo hicieron aportes desde su conocimiento y respondieron a preguntas del comité.

Este informe es de gran interés porque fue encomendado por una institución de nivel nacional, jerarquizando la problemática, que además es una institución de prestigio internacional y de fuerte participación en el financiamiento de la investigación en su propio país y en otros. Fue tomado como referencia y fundamento por investigaciones posteriores.

El enfoque de la investigación y del informe está estructurado según un marco de trayectoria vital, reconociendo que lo sucedido en cada etapa tiene influencia sobre las etapas posteriores y que las experiencias están configuradas por la edad y el contexto histórico. La periodización que hacen es niñez y adolescencia, adultos (jóvenes y de mediana edad) y adultos mayores. Además, asumen el marco conceptual del modelo de stress de minorías, que plantea que las minorías sexuales y de género experimentan stress crónico como resultado de la estigmatización. Adoptan una perspectiva de ecología social, que remarca que los individuos están rodeados por esferas de influencia, incluyendo a las familias, comunidades y la sociedad. Por último, toman una perspectiva interseccional, asumiendo que todo individuo tiene múltiples identidades y que estas se interrelacionan. Es notable que el informe abre con todo un capítulo dedicado a la historia social y política de las comunidades y el movimiento gltb. Además de discusiones metodológicas, contiene extensas consideraciones terminológicas.

Los principales hallazgos de esta investigación en relación a niñxs y jóvenes gltb es que la carga del hiv cae desproporcionadamente sobre los varones que tienen sexo con varones, sobre todo los negros; lxs jóvenes gltb están en mayor riesgo de depresión e intentos de suicidio; el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias parece ser mayor entre lxs jóvenes gays, lesbianas y bisexuales que entre lxs heterosexuales y casi no había, para ese momento, investigaciones sobre uso de sustancias por parte de jóvenes trans. Lxs jóvenes gltb reportaban haber sufrido elevados niveles de violencia, victimización y acoso en comparación con jóvenes cisgénero y heterosexuales. Además, una alta proporción de estxs jóvenes estaban en situación de calle.

En cuanto a los adultos, las personas gltb parecen experimentar más desórdenes anímicos y de ansiedad, más depresión y un riesgo elevado de intentos de suicidio, comparado con lxs heterosexuales. Las lesbianas y mujeres bisexuales utilizan los servicios de prevención con menor frecuencia que las heterosexuales. Este mismo grupo parece tener mayor riesgo de obesidad y de cáncer de mama que las heterosexuales. El hiv sigue teniendo mayor incidencia sobre los hombres que tienen sexo con hombres en esta etapa de la vida, afectando de manera desproporcionada a negros y latinos. Los adultos gltb siguen siendo blanco de estigma, discriminación y violencia y parecen tener mayor uso de tabaco, alcohol y sustancias que lxs adultxs heterosexuales. Es menos probable que los gays y las lesbianas sean padres y madres, pero sus hijxs están bien adaptadxs y su desarrollo es semejante de lxs hijxs de heterosexuales. Como se ve, no hay datos sobre maternidad y paternidad de las personas bisexuales y transgénero.

Para los adultos mayores gltb, el hiv sigue teniendo alto impacto, pero el comité señala que en Estados Unidos hay muy pocos programas sobre hiv enfocados en esta población. La escasa evidencia disponible sugiere que lxs ancianxs trans podrían tener efectos de salud negativos debido al uso prolongado de hormonas. Lxs adultxs mayores gltb padecen estigma, discriminación y violencia y es menos probable que tengan hijxs y si lxs tienen es menos probable que reciban cuidado por parte de sus hijxs.

Por último este informe identifica áreas que requieren mayor investigación. Entre ellas mencionan las relaciones interpersonales y la violencia doméstica (en este contexto no es adecuado usar el término violencia de género); el uso problemático de sustancias; los efectos de largo plazo de los tratamientos hormonales; el uso de tecnologías reproductivas; la incidencia y riesgos de enfermedad cardiovascular; la incidencia y riesgos de diversos cánceres y la discapacidad, especialmente los procesos discapacitantes asociados al envejecimiento. Y además, como no podía ser de otra manera tratándose de un estudio norteamericano, la gordura, que ellxs llaman siempre obesidad porque la consideran indefectiblemente patológica y a la que tratan como una epidemia.

Queda claro que hay varios temas de salud mental que tienen mucha importancia para la población gltb, que en este informe son listados como prioritarios para todos los períodos vitales y para todas las subpoblaciones. Sin embargo, en es el plano de la salud mental donde quizás resulte más evidente para muchxs que puede haber necesidades específicas para las personas gltb. Por eso, en este artículo es de mayor interés enfocar en temas de salud física, algunos de las cuales están vinculadas con las afecciones mentales mencionadas y otros no. Hay trabajos publicados que informan divergencias entre la población heterosexual y las poblaciones gltb para asma, obesidad, artritis, diversas enfermedades transmisibles y diversos tipos de cánceres. Otros hacen énfasis en las enfermedades cardiovasculares y el stress crónico de las poblaciones gltb. Se tomará como caso de análisis el cáncer porque, al ser un tema prioritario para la investigación en salud estadounidense, es donde se encuentran mayor cantidad de trabajos publicados.
El cáncer cómo ejemplo de afección física con especificidades para la población gltb

A partir de los resultados y recomendaciones del informe de 2011 sobre salud de la población gltb en Estados Unidos donde se concluía que los datos sobre personas gltb y cáncer eran insuficientes y que era necesaria más investigación en ese tema, un grupo de ese país publicó en 2016 un trabajo sobre una gran cohorte nacional de personas jóvenes para documentar disparidades debidas a la orientación sexual en la frecuencia de conductas de riesgo relacionadas con el cáncer, que es todavía la segunda causa de muerte en su país. Las que tipifican como conductas de riesgo relacionadas con el cáncer son: el consumo de alcohol y tabaco, la dieta, la actividad física, la exposición a radiación ultravioleta natural o artificial y las infecciones sexualmente transmisibles como el hpv y la hepatitis B. Entre los resultados, quizás los más destacables sean los relativos a hombres gays jóvenes comparados con sus contrapartes heterosexuales: los gays recurrían con mayor frecuencia a la inducción de vómitos como forma de control de peso, tenían menor actividad física y usaban camas solares cuatro veces más que los heterosexuales. En contraste, las mujeres heterosexuales eran las que más usaban las camas solares, comparado con lesbianas y mujeres bisexuales. Lxs investigadorxs interpretan estos datos como que los grupos de los jóvenes gays y de las jóvenes heterosexuales son los más preocupados por su imagen personal y su atractivo. En cambio, encontraron que lesbianas y mujeres bisexuales tenían más uso frecuente de alcohol y tabaco que las heterosexuales.

En 2015 se publicó una revisión bibliográfica sobre cáncer y personas gltb. Dedica sus dos primeros párrafos a introducir y definir términos ligados a la orientación sexual, la identidad de género y la intersexualidad. También discuten sobre las diferentes comunidades que se identifican con uno u otro de esos términos pero dicen: “Lo que cada grupo comparte dentro de la comunidad es una estigmatización común como parte de una minoría sexual o de género para la cual se ha hecho poca investigación en salud, especialmente en relación al cáncer”. Luego dan una caracterización socioeconómica de la comunidad gltb y hablan de las barreras de acceso a los controles de salud y a tratamiento médico debido a pobreza, falta de seguro de salud o prejuicios, estigma y trato inadecuado por parte de lxs profesionales. En este estudio, se enfocan en siete sitios específicos donde el cáncer podría afectar desproporcionadamente a las poblaciones gltb: anal, de mamas, cervical, colorrectal, endometrial, de pulmón y de próstata.

En primer lugar, el trabajo llama la atención sobre la relativamente alta prevalencia del cáncer anal entre hombres que tienen sexo con hombres. Se trata de un tipo de cáncer poco frecuente, que representa sólo el 0.4% de nuevos casos en Estados Unidos. Sin embargo, citan un meta-análisis donde se estudió la infección anal por hpv y lesiones neoplásicas asociadas en hombres que tienen sexo con hombres. Se encontró que entre los que son hiv-positivos la incidencia de cáncer anal era 9 veces mayor que entre los hiv-negativos, pero incluso entre estos últimos era más alta que la observada en la población general de hombres.

A pesar de no contar con datos nacionales, uno de los resultados más llamativos es la prevalencia del cáncer cervical que encuentran analizando datos de la Encuesta de Salud de California: 14% para mujeres heterosexuales, 16.5% para lesbianas y 41.2% para mujeres bisexuales. Cuando se consulta el trabajo original sobre California, llamado “Cancer Survivorship and Sexual Orientation”, se ve que no proponen ninguna hipótesis que pudiera explicar esa diferencia, aunque señalan que ese estado tiene mayor incidencia de cáncer cervical que otros del país y que los grupos más afectadxs son las mujeres de origen latino y las mujeres pobres. Sería interesante contar con un análisis interseccional para ver si los grupos de mujeres bisexuales, mujeres pobres y latinas tienen superposición entre sí. Por otro lado, en la revisión bibliográfica hacen una muy fuerte recomendación de mejorar el lenguaje, las consideraciones específicas y el trato en relación al test de Papanicolau de manera que las lesbianas y mujeres bisexuales tomen conciencia de su pertinencia y se sientan cómodas en el servicio de salud. Remarcan que la idea de que lesbianas y bisexuales no necesitan este control está presente no sólo en las pacientes sino también en muchxs profesionales. Es decir, hacen una clara referencia a las barreras de acceso a los controles periódicos. Este tema es conocido por el activismo lésbico en Argentina. En 1998, Lesbianas a la vista realizó una campaña de concientización en salud entre lesbianas, haciendo talleres y repartiendo folletos en sitios de reunión. El hpv y la importancia de los controles periódicos fueron uno de los temas trabajados. En 2006, el Espacio de Articulación Lésbica también hizo énfasis en las barreras de acceso a la salud ginecológica en una campaña y en un documento llamado “Cambiemos las preguntas” que mostraba cómo los supuestos heterosexistas subyacentes en el vocabulario y la estructura de las preguntas que hacen lxs ginecólogxs constituyen barreras de acceso y microagresiones expulsivas.

Volviendo a la revisión bibliográfica, dice en relación al cáncer de próstata sin dudas la situación más crítica es la que enfrentan las mujeres trans. En los procedimientos quirúrgicos de afirmación del género, no es habitual la remoción de la próstata. Si bien la deprivación de andrógenos reduce el tamaño de la glándula, esta sigue teniendo la potencialidad de desarrollar cáncer. Las barreras de acceso a los controles periódicos para las mujeres trans son inmensos, al punto que en algunos lugares ni siquiera está codificado en la cobertura de salud que esas prácticas puedan ser utilizadas por alguien que consta como mujer en el mismo formulario. Aunque en este informe no se lo menciona, se sabe por relatos individuales que situaciones semejantes aparecen cuando hombres trans que optaron por no recurrir a la cirugía genital necesitan hacerse controles ginecológicos.

El cáncer de mamas recibe mucha atención en este trabajo, ya que es el segundo en número de mujeres diagnosticadas en Estados Unidos, luego de los de piel. Por eso deploran la falta de estudios sólidos metodológicamente y con muestras grandes que evalúen la incidencia y prevalencia entre lesbianas y mujeres bisexuales. Sin embargo, toman las suposiciones del Instituto de Medicina y otros acerca de que las lesbianas tendrían mayor riesgo de cáncer de mamas debido a una mayor prevalencia de algunos factores de riesgo para el cáncer de mamas, entre los que incluyen la nuliparidad y la consiguiente falta de amamantamiento, el uso de alcohol y cigarrillos y la alta masa corporal. Algo que en 2016 es necesario tener claro es que las poblaciones de lesbianas ya no son tan homogéneas como lo eran hace 20 o 30 años. En particular, en lo que hace a gestar o no y amamantar o no, esos patrones se han reconfigurado: el número de lesbianas que gesta y amamanta ha crecido de manera notable (aunque no está determinado de manera fiable) y sería necesario segmentar las consideraciones cuando se habla de lesbianas y factores de riesgo.

La preocupación por este tema condujo a que expertxs y activistas realizaran un foro nacional estadounidense en 2014 con la intención de identificar y responder a las preocupaciones y necesidades de las comunidades gltb en relación al cáncer. Reunió a expertxs en investigación de cáncer, en clínica, en políticas de salud así como sobrevivientes y activistas. A partir del trabajo en ese foro elaboraron un Plan Nacional de Acción sobre Poblaciones GLTB y Cáncer. Mencionan distintas fuentes que muestran que las personas gltb están en mayor riesgo de pobreza que la población general, que sus experiencias de vida pueden diferir mucho según la cohorte etaria, por la evolución de la epidemia de sida desde inicios de los '80 y por los avances en la aceptación social y los derechos de las personas gltb en Estados Unidos (esos cambios legales han sido más tardíos que en Argentina y más incompletos en lo que hace a tecnologías reproductivas y filiación y derecho a la identidad de género). Por estas razones abogan por reconocer que la comunidad gltb es heterogénea y que es necesario un abordaje interseccional dado que la diversidad se da en varios niveles en todas las categorías de orientación sexual e identidad de género y puede influir en los factores de riesgo, las conductas de prevención y detección, las opciones de tratamiento y las experiencias de sobrevida.


Salud de las personas trans

La salud de las personas trans es una de las áreas más desatendidas, reflejo de la marginación que han padecido y todavía padecen. En junio de este año, The Lancet publicó un número monográfico dedicado enteramente a la salud trans, con aportes de investigadores, médicxs y activistas trans de diversas partes del mundo.

En el artículo que abre la revista, se plantean algunas de las preocupaciones generales. Dos de las que enuncian son descriptivas de la situación nacional: la incapacidad de dar cuenta de los riesgos de salud y la incidencia de enfermedades entre las personas trans debido a la falta de enfoques poblacionales adecuados y el estigma que hace que las personas trans eviten recurrir a los servicios de salud.

En un artículo que analiza las cuestiones de salud desde la óptica de los derechos humanos, lxs autorxs dicen: “Las personas transgénero en todo el mundo informan tener dificultades para acceder a atención de la salud adecuada y equitativa, ya sea relativa a la afirmación de género, a salud sexual o reproductiva o a la salud general.” Más adelante afirman que la atención primaria es el punto de contacto que la mayoría de la gente trans tiene con el sistema de salud. Y que por lo tanto “Lxs profesionales de atención primaria deben ser capaces y estar dispuestxs a dar apoyo de salud mental para las personas trans y tratamientos hormonales de afirmación del género que permitan aliviar la disforia de género o facilitar la expresión de género. Cuando menos, deberían ser conscientes de estas necesidades y consultar con otrxs profesionales especilizadxs si lo necesitan.” La cita introduce puntos muy importantes. El primero, es que a pesar de que se tiende a poner demasiado énfasis en la salud transicional cuando se habla de personas trans, es muy importante conocer que éstas enfrentan grandes barreras de estigma y prejuicio para acceder a la salud general. Es esto mismo lo que hace indispensable que las cuestiones vinculadas a la identidad y expresión de género se incorporen en la formación de todxs lxs profesionales de salud. Además, se pone de manifiesto el limitado alcance de iniciativas como los llamados consultorios inclusivos. Por supuesto, estos consultorios tienen un rol positivo porque permiten darle visibilidad a las dificultades de acceso a la salud para las personas trans. Pero su utilidad es más como estrategia de visibilidad y para instalar una discusión, de ningún modo se puede suponer que esa sea la respuesta definitiva al problema de acceso. El horizonte no debe ser que haya un consultorio inclusivo en cada hospital, sino que cada espacio de salud sea un lugar donde las personas trans sean tratadas dignamente para atender cualquier problema de salud.

Importa destacar la terminología introducida desde el movimiento trans: se solía decir “cirugías de modificación genital” o “cirugías de reasignación sexual”; el activismo, en cambio, pone el énfasis en la capacidad de agencia de los sujetos y en el respeto a sus decisiones y habla de “procedimientos de afirmación de género”, es decir aquellos que cada individuo solicite para sí de manera de poder expresar y vivir más plenamente su género. La ley de identidad de género de Argentina se encuentra en la misma línea al conceptualizar las intervenciones corporales como derechos de las personas y no como requisitos obligatorios para acceder a otros derechos como por ejemplo el cambio registral (en este sentido, la ley argentina se aparta de legislaciones anteriores de otros países).

The Lancet publica también una revisión biliográfica exhaustiva sobre salud de las personas trans, analizando datos cuantitativos de la literatura científica para caracterizar la carga y distribución de la enfermedad en las poblaciones transgénero globalmente. Utilizaron términos como transgénero, MTF, FTM, trans, hijra y otros, más términos de salud (hiv, salud mental, enfermedad, etc.) y de factores sociales (como estigma y discriminación) para sondear 6 bases de publicaciones. Obtuvieron 116 estudios de 30 países, de los cuales 4 son de Argentina. Agrupan los datos en seis categorías: salud mental, salud sexual y reproductiva, uso de sustancias, violencia y victimización, estigma y discriminación y salud general. El área más estudiada es la de la salud mental y la segunda la de salud sexual y reproductiva, particularmente en relación a hiv y otras ITS (tres de los trabajos argentinos son sobre este tema). La tercera categoría estudiada con mayor frecuencia fue la uso de sustancias, y la mayoría de los datos eran sobre alcohol, marihuana y tabaco. Lxs autorxs remarcan que hallaron que sólo el 5% de los datos sobre uso de sustancias eran generados en investigaciones sobre abuso o dependencia. A continuación aparece la categoría de violencia y victimización, que si bien presenta grandes complicaciones metodológicas de todos modos muestra que las personas trans mundialmente enfrentan una gran carga de violencia y victimización. La quinta categoría es la de estigma y discriminación: sólo 14 artículos los incluían como un resultado de salud, afectando el acceso y el momento de la consulta. De estos, uno de ellos es de Argentina. La última categoría es la salud general, caracterizada por los autores como el área menos investigada de la salud de las personas trans. Resulta llamativo, porque en esa categoría incluyeron la mortalidad, diabetes, cáncer, síndrome metabólico y uso de hormonas. Las hormonas son esenciales para la afirmación de género y las personas trans se las procuran de una u otra forma. En un trabajo de Winter y colaboradores, se menciona que no es inusual que las personas trans recurran a unx médicx clínicx local y no a médicxs especializadxs para que se las recete, o que las compren de fuentes no médicas o directamente por internet. Esto sucede en Argentina, sobre todo entre las personas trans más jóvenes y más empobrecidas. Es habitual la utilización de hormonas feminizantes o masculinizantes sin control médico, variando las dosis y vías de administración (en base a información de boca a boca o vía internet) o suspendiendo el uso cuando lxs usuarixs no pueden pagarlas para luego retomarlas. Es decir, en nuestro país, donde se supone que la ley de identidad de género garantiza un acceso de calidad a los tratamientos hormonales no sólo no se está cumpliendo con las previsiones de la ley sino que tampoco se están estudiando los efectos sobre la salud en el mediano y largo plazo de este uso irregular de las hormonas.


Desafíos metodológicos

Aparecen algunos desafíos que, por supuesto, no pueden ser zanjados en este trabajo pero sí deben ser mencionados.

- La cuestión de los términos

Cómo nombrar a los sujetos de investigación se hace en este caso un asunto clave. A lo largo de este trabajo han aparecido conjuntos terminológicos inconsistentes entre sí que se encuadran en conceptualizaciones muy diversas, pero fueron usados para respetar la terminología original de cada uno de los trabajos.

Un trabajo publicado este año se propone resolver la dificultad planteada por esa vasta terminología. Identifican un conjunto de términos empleados en la literatura médica relacionada con las personas gltb de tal modo que usándolo en las bases de datos de bibliografía sea posible realzar búsquedas exhaustivas y se logre capturar todas las publicaciones con meta-análisis y revisiones sistemáticas dedicadas a la salud de las personas gtlb. Realizan un procedimiento iterativo recopilando términos en las publicaciones recuperadas de las bases de datos y además revisaron manualmente los trabajos publicados en el journal LGTB Health. Finalmente, confeccionan una lista de 82 términos que deberían ser usados en toda búsqueda sobre salud gltb que pretenda ser exhaustiva.

Esta cantidad puede parecer abrumadora, pero lo interesante es que da cuenta de la diversidad de maneras con las que las personas se nombran, los matices que hay dentro de las comunidades, las formas en que agencias nacionales o internacionales han nombrado a las poblaciones a quienes dirigían sus programas y demuestra que es necesario darle importancia a este tema en la planificación de cualquier estudio. La colaboración con activistas locales para hallar la terminología más adecuada a usar con las distintas subpoblaciones puede resultar clave para el éxito de un proyecto de investigación o de prevención, ya que en ocasiones se han visto efectos contraproducentes del uso de terminología inadecuada que la gente siente como ofensiva o por la cual no se siente interpelada. Hay variaciones regionales, de clase, mayor uso de términos y categorías tomados del inglés norteamericano en ámbitos urbanos del activismo y su periferia, variaciones por edad, etc. En Argentina, a fines de los noventa se produjo una muy fuerte discusión en torno a los programas de Onusida que hablaban de hombres que tienen sexo con hombres y mujeres que tienen sexo con mujeres. La razón detrás de estas fórmulas, aducían lxs expertxs, era llegar a personas que no se identificaban como gltb pero podían estar teniendo relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, por ejemplo, presxs. Lxs activistas decíamos que comprendíamos eso pero que la inclusión de estas personas no podía hacerse al costo de invisibilizarnos como gays, lesbianas y bisexuales y para colmo las travestis eran incluidas por Onusida dentro de la categoría de hombres que tienen sexo con hombres. Huelga decir que el material impreso era totalmente rechazado por ellas, tornándose inútil como elemento de información y prevención. Más cerca en el tiempo, el año pasado una tesista de trabajo social de Buenos Aires hizo circular por Internet una encuesta que recibió un fuerte rechazo por parte de las lesbianas ya que para nombrarnos decía “mujeres homosexuales”. Una gran cantidad de lesbianas impugnó la encuesta diciendo que no se identificaban de esa manera y que era un retroceso.

- El trabajo con muestras de pequeño tamaño

Varios de los trabajos citados remarcan que siempre se trabajará con muestras reducidas al estudiar poblaciones gltb, incluso teniendo en cuenta que el tamaño de esas poblaciones variará en función de cómo se operacionalicen los términos identitarios. Por eso llaman la atención sobre este punto y remarcan la necesidad de desarrollar técnicas estadísticas y de análisis que sean capaces de dar resultados confiables a partir de muestras pequeñas.

En parte por la dificultad terminológica y en parte debido al tamaño muestral, en algunos trabajos se tiende a agrupar categorías identitarias. Así, por ejemplo, hablar de “mujeres de las minorías sexuales” podría sumar a lesbianas, bisexuales y otras, dando un mayor tamaño muestral. Sin embargo, como se vio para el ejemplo del hpv en California, los datos eran muy distintos entre lesbianas y bisexuales, de tal modo que habría sido incorrecto reunirlas en una sola muestra. Las barreras de acceso y los prejuicios que operan sobre cada una de las identidades sexuales y genéricas son diferentes, como difieren también la pautas culturales dentro de cada grupo, los estilos de vida, los modos de la sexualidad y la definición de los atributos de atracción.

- La recolección de datos

Los trabajos citados y otros remarcan la importancia de colectar datos sobre orientación sexual e identidad de género en los estudios de salud, ya sea de pequeña escala o las encuestas nacionales. Sin este paso, parece muy difícil poder reunir una masa de datos que permita hacer generalizaciones y predicciones.

Por supuesto, el escollo fundamental es la desconfianza y el temor. Si las personas gltb no se sienten seguras en el ambiente sanitario, si temen que revelar su identidad sexual o de género afectará la calidad de la atención que recibirán, o lxs expondrá a agresiones de algún tipo, es altamente probable que prefieran no revelar esa información. Pero, además de la confianza en la persona con quien se interactúa en el momento, para las personas gltb es de vital importancia tener absoluta certeza de la confidencialidad de la información que den en cualquier parte del proceso de registro de datos médicos, porque muchas personas permanecen en el closet en sus trabajos, frente a sus familias o en sus espacios sociales.

A raíz del informe de 2011 del Institute of Medicine de USA sobre salud de la población gltb, el mismo instituto produjo un documento en 2013 que recoge discusiones entre expertxs y activistas en relación a la posibilidad y el modo de colectar información sobre la orientación sexual y la identidad de género de lxs pacientes. Refuerzan la utilidad que tendría contar con ese tipo de información y luego se discuten las experiencias que ya estaban en curso en cuatro instituciones, tanto grandes clínicas (Clínica Mayo) como centros comunitarios de salud. Mencionan distintas estrategias y las dificultades que cada institución encontró. En varias oportunidades se menciona que, en términos generales, gays, lesbianas y bisexuales son más renuentes a revelar datos sobre su sexualidad mientras que las personas trans están más dispuestas a revelar su identidad de género. En cuanto a las personas trans, Reisner y colaboradores y Winter y colaboradores, insisten en que es crítico contar con datos específicos y recomiendan un método de dos pasos para capturar los datos de salud en función de la identidad transgénero.

De manera que hay experiencias y propuestas para recoger este tipo de información y buenas razones para hacerlo. Si bien puede ser difícil lograr un clima de confianza adecuado para obtenerla durante la atención en consultorios, la situación puede ser mucho más fácil para hacer investigación, donde la relación de lxs entrevistadxs con lxs investigadorxs es muy distinta que la relación entre lxs pacientes y lxs médicxs.


No sólo carencias: la importancia de valorar los recursos de las comunidades lésbicas, gays, bisexuales, travestis y trans

Varios de los trabajos citados afirman que es crucial para mejorar los niveles de salud de la población gltb tomar en cuenta las características propias de nuestras comunidades, tanto para la elaboración de las campañas de prevención (lenguaje, estética, etc.), para planear intervenciones eficaces como para proponer opciones de tratamiento relevantes y factibles. Pero además es clave valorar y potenciar los recursos que las propias comunidades tienen. Una aproximación que no tome en cuenta los valores y recursos de cada una de las comunidades gltb, probablemente tenga mayor tendencia a fracasar.

Este punto se puede ilustrar con dos situaciones vinculadas a las lesbianas, no porque sean mejores o más importantes que otras situaciones vinculadas a otros grupos, sino porque la situación en el medio local es semejante a la que describen los trabajos que se discutirán, centrados en lesbianas de Estados Unidos.

Uno de los temas que aparece como preocupación recurrente de varios estudios es el bajo nivel de actividad física de las poblaciones gltb. Entre las lesbianas, sin embargo, hay una tradición de la práctica amateur de deportes por el disfrute de la actividad física y también como valioso espacio de socialización. En Estados Unidos, son tradicionales desde hace décadas los equipos de softball formados por lesbianas. En Argentina, ese lugar lo ocupa el fútbol. A veces son equipos integrados sólo por lesbianas y bisexuales, otras veces son equipos mixtos con mujeres heterosexuales. El trabajo pionero y sostenido de Mónica Santino en el fútbol de mujeres es sin dudas el más destacable en el tema, y se pueden mencionar también otras iniciativas más recientes como Fútbol Militante en Buenos Aires y otros agrupamientos más informales o esporádicos en distintos lugares del país. Por otro lado, la práctica de artes marciales viene ganando adeptas, en parte motivadas por la posibilidad de adquirir habilidades de autodefensa. Estos espacios e intereses ya existen y mejoran no sólo la salud física sino también mental, porque son ámbitos donde el encuentro con otras y la libertad de expresión del género alivian las presiones lesbofóbicas y el aislamiento. Este tipo de prácticas y de espacios pueden ser apoyados, estimulados, valorados y ampliados.

Otro tema recurrente es el de la gordura, que en los trabajos de grupos norteamericanos siempre es presentada como obesidad y como patología, debido al clima gordofóbico impuesto desde el gobierno federal con la llamada “Guerra contra la obesidad”. En su libro Cuerpos sin patrones, Nicolás Cuello y Laura Contrera discuten en extenso este tema y plantean los efectos nocivos sobre la salud mental y física que supone la permanente agresión contra las personas gordas. Los trabajos de investigación que se discutieron aquí indefectiblemente consideran a la gordura como un problema de salud en sí misma y como un factor de riesgo para varios tipos de cáncer y para afecciones cardiovasculares. En varios de estos trabajos se ha cuantificado la masa corporal en grupos de lesbianas, bisexuales y heterosexuales y se las ha comparado estadísticamente, afirmando que las lesbianas presentan un mayor promedio de masa corporal. Luego se dice que esta condición en sí misma representa un factor de riesgo para diversas enfermedades. Además de que es válido poner en cuestión ese razonamiento y remarcar la falta de demostración de algunos vínculos causales, es importante recordar que entre la población general hay afecciones de salud mental muy profundas causadas por la persecución a la gordura y el ataque a las personas gordas. Sería interesante comparar la incidencia de trastornos asociados a la presión por la imagen corporal entre las heterosexuales y las lesbianas (que viven como lesbianas y con vínculos comunitarios lésbicos, porque la situación de salud mental es muy distinta para quienes viven en el closet o en aislamiento). Quizás podría encontrarse que en vez de considerar a la gordura entre las lesbianas como un riesgo de salud física, se puede considerar a la aceptación de la gordura entre las lesbianas como un indicador de menor riesgo de salud mental.

Las respuestas frente a las secuelas del cáncer de mamas también difieren cuando se trata de lesbianas. No son muchos los estudios realizados, pero sugieren que las decisiones sobre el tratamiento y sobre recurrir o no a la reconstrucción mamaria se toman en base a un sistema de valores y a una imagen corporal que son delineados por la identidad sexual. Se ha encontrado mayor rechazo a la reconstrucción mamaria entre las lesbianas que entre las heterosexuales. Uno de los trabajos reporta que eso está relacionado, entre otros factores, con un rechazo a ser definidas por la imagen corporal y con percibir que su entorno social las apoyará en su decisión de no reconstrucción. Entre las lesbianas, hay una larga tradición en este sentido, cuya expresión más notable ha sido el trabajo de Audre Lorde, una de las poetas lesbianas más reconocidas, afrodescendiente norteamericana. Lorde fue afectada por el cáncer de mamas, debió someterse a cirugía, pero rechazó la reconstrucción. En su libro Los diarios del cáncer, un clásico de la literatura lésbica, discute todas estas vivencias y decisiones. Como se ve, aparecen pautas culturales que son propias y que tienen un valor intrínseco, al habilitar más opciones y al asegurar más apoyo para cada decisión individual. En uno de los trabajos de investigación se sugiere a lxs médicxs que, antes de ofrecer opciones de tratamiento, revisen el sesgo heterosexista implicado en la presunción de que la reconstrucción mamaria debe ser parte necesaria de todo proceso de recuperación.

Por último, como se recomienda en varios artículos, el activismo y las organizaciones políticas y comunitarias gltb deben ser valorados positivamente y como un recurso para potenciar la salud de las personas gltb. El activismo puede ayudar a médicxs e investigadorxs a acercarse de un modo aceptable a las poblaciones gltb, validándolxs y evitando que cometan errores ofensivos que alejen a lxs potenciales participantes de una investigación. Incluso, consultar a lxs activistas gltb puede ser un primer paso para orientar las investigaciones en salud de manera que sean relevantes para las comunidades locales, cuyas necesidades pueden diferir de las que se reportan en trabajos realizados en otros países. De un modo informal, entre lxs activistas hay cierto acuerdo en que actualmente los temas importantes para las comunidades gltb son los vinculados a adicciones, que incluyen tabaco y alcohol pero con especial preocupación el uso de marihuana, cocaína y pastillas; los temas de salud mental; el hiv entre las generaciones jóvenes; la violencia en las relaciones sexoafectivas; el acceso y uso de hormonas por parte de las personas trans; el acceso a la salud ginecológica para lesbianas, bisexuales y hombres trans.

En los peores años de la crisis del sida, la interacción y el trabajo conjunto de médicxs, investigadorxs y activistas fue la clave que hizo que las comunidades gltb y BDSM (conocidas como sadomasoquistas) fueran las que mejor pudieron contener la transmisión del vih y atender a las necesidades de lxs afectadxs. Probablemente sea el momento de reeditar esa alianza para lograr un avance significativo en el conocimiento, el acceso y la atención de las necesidades de salud de las personas gltb.


Bibliografía principal

1. IOM (Institute of Medicine). The Health of Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender People: Building a Foundation for Better Understanding. Washington, DC: The National Academies Press. 2011.

2. Rosario M, Li F, Wypij D, Roberts AL, Corliss HL, Charlton BM, Lindsay Frazier A, Bryn Austin S. “Disparities by Sexual Orientation in Frequent Engagement in Cancer-Related Risk Behaviors: A 12-Year Follow-Up.” Am J Public Health. 2016 April; 106(4): 698–706.

3. Quinn GP, Sanchez JA, Sutton SK, Vadaparampil ST, Nguyen GT, Lee Green B, Kanetsky PA, Schabath MB. “Cancer and Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender/Transsexual, and Queer/Questioning Populations (LGBTQ)”. CA Cancer J Clin. 2015; 65(5): 384–400.

4. Boehmer U, Miao X and Ozonoff A. “Cancer Survivorship and Sexual Orientation.” Cancer. 2011 Aug 15;117(16):3796-804.

5. Burkhalter JE, Margolies L, Oli Sigurdsson H, Walland J, Radix A, Rice D, RN, Buchting FO, Sanchez NF, Bare MG, Boehmer U, Cahill S, Griebling TL, Bruessow D, Maingi S. “The National LGBT Cancer Action Plan: A White Paper of the 2014 National Summit on Cancer in the LGBT Communities”. LGBT Health. Volume 3, Number 1, 2016.

6. Lee JGL, Ylioja T, Lackey M. Identifying Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender

Search Terminology: A Systematic Review of Health Systematic Reviews. PLoS ONE 11(5): e0156210. 2016.

7. Winter S, Settle E, Wylie K, Reisner S, Cabral M, Knudsn G y Baral S. Synergies in health and human rights: a call to action to improve transgender health. The Lancet Series. Transgender Health. June, 2016.

8. Winter S, Diamond M, Green J, Karasic D, Reed T, Whittle S and Wylie K. Transgender people: health at the margins of society. The Lancet Series. Transgender Health. June, 2016.

9. Reisner SL, Poteat T, Keatly JA, Cabral M, Mothopeng T, Dunham E, Holland CE, Max R and Baral SD. Global health burden and needs of transgender populations: a review. The Lancet Series. Transgender Health. June, 2016.

10. Lo S and Horton R. Transgender health: an opportunity for global equity. The Lancet Series. Transgender Health. June, 2016.

11. IOM (Institute of Medicine). Collecting sexual orientation and

gender identity data in electronic health records: Workshop summary. Washington, DC:

The National Academies Press. 2013.

12. Eliason MJ, Ingraham N, Fogel SC, McElroy JA, Lorvick J, Mauery DR, Haynes S. A systematic review of the literature on weight in sexual minority women. Womens Health Issues. 2015 Mar-Apr;25(2):162-75

13. Wandrey RL, Qualls WD, and Mosack KE. Rejection of Breast Reconstruction Among Lesbian Breast Cancer Patients. LGBT Health. January 2016, 3(1): 74-78.

14. Simoni JM, Smith L, Oost KM, Lehavot K, Fredriksen-Goldsen K. Disparities in Physical Health Conditions Among Lesbian and Bisexual Women: A Systematic Review of Population-Based Studies. J Homosex. 2016 Apr 13:1-13.

15. Lorde A. The Cancer Journals. San Francisco: Aunt Lute Books, 1980. Hay traducción castellana: Los Diarios del Cáncer. Rosario: Hipólita Ediciones, 2007.

16. Lesbianas a la Vista. Esto Te Interesa. Campaña de prevención en salud para lesbianas. 1998. http://potenciatortillera.blogspot.com.ar/1998/06/lesbianas-la-vista.html

17. Espacio de Articulacion Lésbica. “Cambiemos las preguntas”, Campaña Nacional por una atención digna de las lesbianas y mujeres bisexuales en los sistemas de salud. 2006. http://potenciatortillera.blogspot.com.ar/2011/07/campana-cambiemos-las-preguntas.html

18. Contrera L y Cuello N. Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne. Buenos Aires: Editorial Madreselva, 2016.



19. Caceres BA, Brody A, Chyun D. Recommendations for cardiovascular disease research with lesbian, gay, and bisexual adults. J Clin Nurs. 2016 May 30. doi: 10.1111/jocn.13415. [Epub ahead of print]


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos