¿La intervención psicosocial en la modalidad comunitaria… verdaderas garantías en tiempos de postconflicto?



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Lo inenarrable y lo indecible
Lo inenarrable
En contextos de sufrimiento el ejercicio de narrativa por parte de quien sufre, tiene dificultades debido a las situaciones de ruptura con su identidad y con su propia existencia, producto de las violaciones a sus derechos, que en contextos de violencia puede estar representando en crímenes de Estado, crímenes de guerra o delitos de lesa humanidad. En estos contextos la enunciabilidad tiene sus límites puesto que las narraciones estará marcada por silencios y temas inconclusos, el profesor Castillejo lo define como “siempre habrán cosas que nunca se dicen y conversaciones que no se acaban25”.
Es por ello que ante contextos de sufrimiento y dolor se tienen impedimentos para que las víctimas den testimonio de su experiencia, existiendo así factores que interviene en la enunciabilidad, el texto aquí abordado citando a Pollak, sostiene que las diferentes formas de testimonio, en las que se encuentran las entrevistas diseñadas para una investigación cualitativa, son diversos los factores para que la víctima esté en disposición de hablar y las posibilidades que tenga para ser escuchado, es por ello que las narraciones en estos contextos de violencia armada están creados por las condiciones subjetivas.
Entonces, sí de condiciones subjetivas se trata, habrá que cuestionar la manera en como la sociedad ha narrado el pasado, para ello, es bien sabido que durante el siglo XIX la relación que se tenía con el pasado es aquella que única y exclusivamente daban las fuentes oficiales, aquellas con una verdad absoluta, blanqueada y homogenizante. Se podría decir que en lo corrido del siglo XXI ya hay acercamiento para construir narrativas del pasado con intentos de evidenciar la pluralidad de las experiencias que construyen el pasado, lo que permitirá definir una realidad más compleja pero que conserva los esquemas de valoración que pretende definir verdades incólumes, a lo cual el autor refiere que:
Esta lógica de valoración queda en evidencia en el largo trayecto de discusiones en torno a los usos de los testimonios de víctimas de violencia política en América Latina en la investigación en ciencias sociales. No se trataría ya más de seguir sosteniendo la diferencia entre lo verídico y lo verdadero, sino justamente de la ruptura de este esquema de juzgamiento y de la supuesta autoridad que dispondría de los criterios para calificar el grado de verdad que entraña cada testimonio. La mirada crítica a este esquema del juez supremo puede permitir que el acercamiento al testimonio de las víctimas sea considerado no por ser la versión más fiel al pasado, sino por la relevancia ética que plantea su escucha. 26

Lo que permite entender que es la postura ética y política en la que se construye la narración la que resulta importante a la hora de definir el contenido de la narración, White, sostiene que la mirada tradicional hace que el escritor primero con su mirada objetiva y estructurada observe una realidad y la representa en su escrito, pero refiere que hay un escrito que se escribe así mismo, y es este que al escribir de manera alterna está mirando y comprendiendo, entonces el escrito no funciona como algo autónomo sino como un ejercicio de compromiso.


Otro abordaje a desarrollar en cuanto a lo inenarrable es la capacidad de “saber” expresar lo que el otro calla, entendiendo que el silencio es un elemento presencial en las narraciones de personas en situaciones límite. Se entiende aquí que el silencio no es necesariamente un ejercicio de olvido, también significa el impacto de lo traumático que impide la representación por medio de palabras, otro significado puede ser como mecanismo de intimidación instaurado por los victimarios que hace que la población en situaciones límite no exprese los hechos y actores de los hechos violentos, por último, el silencio es también en estos contextos un ejercicio de supervivencia y protección. Por ello, es oportuno entender que los testimonios de las víctimas del conflicto armado tendrán contenidos de silencio, el cual no es un silencio vacío, sino aquel que en esa pausa narrativa tiene significantes para aquel que decide callar, y que ese momento de silencio resulta en algunas momentos inenarrables pero no por ello motivo de no consideración.
Lo indecible
En cuanto a lo indecible el autor no solo se acerca a las implicaciones que tiene a la hora de traducir el silencio en el texto, sino en lo que implica el silencio en lo que no se quiere ni se puede decir. Como ya se ha dicho, es un silencio que está marcado por el terror y la sevicia que tiene la guerra haciendo que se instauren unos límites de lo decible, pero este silencio también testimonia, por ello dice el profesor Aranguren “de ahí que el silencio no sea el sobrante del testimonio, el vacío incómodo de la entrevista por llenar, sino contenido de las condiciones de producción del relato.” 27El autor citando a Blanchot, refiere que en contextos de narraciones que le anteceden contextos de dolor y sufrimiento por la guerra, lo que entra en el marco de narrabilidad es el orden de lo incomprensible y por ende las narración solo puede ser captada en la indecibilidad.

Y es que precisamente esa indecibilidad refiere que las palabras no podrán representar el silencio, pero seguramente si permiten dar cuenta del límite que tiene la narración, da cuenta de la frontera que puede ser abordada pero no traspasada por lo narrable, es en palabras del autor:


Una frontera que puede ser transitada pero no traspasada por lo narrable, que bordea las costas de ese inaprehensible mar de horrores y de lugares imposibles. Tendrán que ser dicientes de esa imposibilidad, porque no hay una inteligibilidad capaz de dar sentido al horror, no hay palabras con tal virulencia expresiva, hasta las palabras más duras no alcanzan esos límites, expresan una realidad a la medida del hombre, en los confines de su entendimiento. 28
Todo lo anterior no significa un fatalismo frente a la imposibilidad del testimonio en situaciones límite de narrar o decir los hechos violentos, antes bien, es el interés de dar cuenta que el testimonio tiene su utilidad política, jurídica y social, al reflejar que las rupturas que deja la violencia sobre las víctimas implican en algunos momentos la no expresividad verbal, y es en este argumento en que se justifica una ética de la escucha, que entiende que hay unos límites en lo que se puede decir y que por ello encontrará en ese testimonio otros motivos de representación donde la inconmensurabilidad será la puerta de entrada de su análisis, en donde se resignifica la manera de preguntar, donde hay apertura para un silencio que puede ser la invitación para generar un vínculo comunicativo, de hacer una pausa, de asomarse por un momento a la indecibilidad, para así generar un enunciado que según el autor : “nace del silencio interior del individuo, de su diálogo permanente consigo mismo”, completado por los ritmos del intercambio conversacional, “la voz, las miradas, los gestos y la distancia que se mantiene con el otro también contribuyen al fluir de los significados.”29

El valor del testimonio
La presente investigación considera el testimonio como el lugar de enunciación de este texto académico, por ello la manera de abordar el testimonio tuvo como eje central la ética de la escucha, planteada por el profesor Aranguren en su artículo “El Investigador ante lo indecible y lo inenarrable: Una ética de la escucha”, posicionarse desde este planteamiento ético permitió a la investigación considerar el cómo se acerca al testimonio de las víctimas, en donde reconocer lo indecible y lo inenarrable sea una tarea impostergable, donde el silencio tiene un lugar de interpretación y los propósitos del testimonio trasciendan los intereses académicos y asuman una posición política. Pero al mismo tiempo, esta investigación abordó el concepto de testimonio desde el trabajo de Veena Das sobre este tema, para ella las narrativas de las víctimas son los relatos de los hechos producidos por las víctimas, donde si bien el testimonio no funciona solo como herramienta metodológica sino como un ejercicio de visibilizar las experiencias de las víctimas desde su cotidianidad y todos los significados que emergen allí, según ella “una lectura atenta al testimonio debe abrirnos simultáneamente a la cotidianidad del acontecimiento y al testimonio en tanto acontecimiento.”30 Por ello, los relatos de las víctimas son entramados de significados tanto subjetivos como colectivos. Para Das, el testimonio tiene tres funciones importantes cuando se refiere a hechos de violencia social, según ella, el testimonio le da nombre a los hechos ocurridos, es decir, sitúa en el lenguaje las experiencias de las víctimas, segundo, permite hacer y acompañar el duelo, y por último, establece una relación con otros, donde le permite al investigador no solo recibir información sino hacer presencia en la realidad social que se quiere interpretar. 31
Para los fines de esta investigación, se procura que el testimonio de las víctimas interpelara el discurso oficial que se tiene en materia de intervención psicosocial, la cual está concentrada en el PAPSIVI. Haciendo que por medio del testimonio las víctimas relataran sus experiencias, su cotidianidad, sus reflexiones sobre el PAPSIVI e incluso sus demandas al Estado, ya que es por medio de las narrativas de las víctimas, desde lo que su voz y su cuerpo expresan que se encuentran otras concepciones de lo que ha sido la guerra y la manera particular y personal que ha golpeado la vida de las víctimas, puesto que aquí se considera que el testimonio de las víctimas es una manera de subvertir ese discurso homogéneo y tradicional de la guerra y sus impactos, puesto que en cada testimonio se encuentran múltiples verdades de experiencias y significados que develan la complejidad de la guerra y de lo que implica volver a resignificarse después de ella.
Por último, esta investigación encuentra oportuno acercarse a experiencias testimoniales que se han llevado a cabo con víctimas de los campos de concentración de Auschwitz y con víctimas del Apartheid, a partir de las posturas críticas de autores como Michael Pollak y Rebecca Saunders, quienes dan cuenta desde estas experiencias históricas como el testimonio puede convertirse en un ejercicio que reconoce y reivindica la voz de las víctimas o por lo contrario resulta ser una práctica que violenta el testimonio reduciéndolo a los intereses oficiales. Hacer este tipo de lecturas permite a la investigadora ampliar el panorama de análisis sobre cómo presentarse ante el testimonio del otro y al mismo tiempo cómo interpretarlo en el texto académico.
El lugar del investigador

Si bien, en todo lo anteriormente escrito se pueden encontrar elementos para debatir sobre el lugar del investigador, tanto porque el acercarse a la ética de la escucha, reconocer los límites de la escritura y tener disidencia con hacer narrativas-de-otra-manera, son posicionamientos frente al lugar en el que se asumirá el investigador a la hora de acercarse a la población de la investigación. Pero en este caso, se quiere precisar en la subjetividad del investigador. Frente a ello, el profesor Aranguren rescata el proyecto de investigación llamado: “Memorias de la represión”, realizado por Elizabeth Jelin y Susana Kaufman, quienes sostienen que ante violencia política y experiencias dolorosas la subjetividad del investigador no puede omitirse, ya que, según ellas: “El sujeto ante la escucha, también queda expuesto en ese encuentro con el otro, algo de sí se ofrece para entablar ese diálogo y, en la palabra o en el silencio de quien testimonia, su propio ser resuena para intentar hacer enunciables los límites de lo decible”32.

En este trabajo investigativo, las autoras sostienen que para todos los investigadores fue motivo de cuestionamiento la manera en cómo iban a describir el sufrimiento del otro, como hacerlo visible, cómo hacer que la única voz que quede impregnada no sea la del investigador, para ello, proponen que todo lo que se registre, producto del trabajo de campo sea escrito en primera persona, como una manera de ubicar la subjetividad del investigador.
Si bien, se entiende que el investigador ya de por si tiene una subjetividad, lo que se pretende acá citar es que dicha subjetividad no puede ni debe desprenderse de la carga de significados del testimonio del otro, además es comprender que esa subjetividad del investigador será determinante para la perspectiva con la que se escriba el texto académico y la reflexión que se haga con el contenido de los testimonios. Ahora bien, en ese lugar del investigador se ha construido desde el marco cientificista un lugar de “poder”, por ser el “traductor” de eso que se escucha. La posibilidad que el investigador se cuestione críticamente ese lugar de “poder” le implica: “(…) que el investigador, ante la escucha, descubra que no es posible decirlo todo de sí mismo, ni saber todo del otro, que hay una intimidad que se reclama siempre. Secretos, dignidades y memorias que no son “comunicadas” por la necesidad de ofrecer la posibilidad de un mundo distinto al que vemos.”33

Entonces, es en ese lugar del investigador donde emergen la resonancia de sus sentidos, donde podrá dar cuenta que hay límites para lo intraducible, ya que el investigador está situado en un lugar de investigación donde bifurcan el sufrimiento, el dolor, el silencio y las contradicciones de la guerra. Es allí, en ese lugar donde el investigador deberá cuestionarse si la metodología empleada en algunos momentos o de manera tácita, ejerce con las voces y los testimonios de las víctimas prácticas extractivas que reducen la subjetividad del testimonio y por ende los significados que allí emergen y con los cuales también hay construcción de saber.



Diseño del trabajo de campo
La presente investigación se realizará por medio de un análisis a los últimos balances anuales que ha presentado el Ministerio de Salud y Protección Social, acerca del desarrollo e impacto del PAPSIVI a nivel nacional, en cuanto a la modalidad comunitaria. Se pretende hacer un análisis a profundidad sobre los indicadores de medición, las categorías de impacto, además profundizar la viabilidad de éste programa para las víctimas del conflicto armado. Se pretende hacer entrevistas a funcionarios de este Ministerio que se han encargado de hacer seguimiento a la implementación de este programa.
Así mismo, se propone entrevistar a víctimas del conflicto armado sobre su percepción y experiencia con la intervención psicosocial comunitaria dada por el Estado en sus regiones. Así mismo, se espera alimentar dicho ejercicio investigativo con entrevistas a organizaciones de base y ONG´S que hacen veeduría a la intervención del Estado en cuanto a éste derecho, como lo es la Mesa nacional de atención psicosocial a víctimas del conflicto armado.

Instrumentos

Entrevistas: Entendidas como fuentes primarias, las cuales se construirán en un formato semiestructurado y de profundidad, aplicadas a funcionarios del Ministerio de Salud y Protección Social, víctimas del conflicto armado y ONG´S, quienes han realizado seguimiento a la implementación del PAPSIVI a nivel nacional.

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1 Diálogo informal en las oficinas del Cinep sobre los acuerdos de paz. Octubre 2016.

2 Ministerio de Salud y Protección Social. Fecha de corte acumulado: Noviembre 30 de 2014

3 Viviana Gutiérrez, Los dolores del alma y la vida cotidiana. Intervención psicosocial y desplazamiento forzado, Montes de María, Sucre. 2015.

4 Maritza Villareal, entrevista a funcionarios PAPSIVI, Bogotá, 6 de marzo del 2015.

5Villareal, op. cit.

6 Unidad para las Víctimas: http://www.unidadvictimas.gov.co/ Consultado el 10 de febrero de 2017.

7 Centro Nacional de Memoria Histórica. Informe General Grupo de Memoria Histórica. Basta Ya. Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad, Bogotá, 2013, p 15.

8 Elizabeth Lira, “Trauma, duelo, reparación y memoria”, Revista de Estudios Sociales, 2010, N°. 36, p. 2.

9 Alejandro Rosillo, Fundamentación de derechos humanos dese América Latina, Itaca, San Luis de Potosí, 2013, p 83.

10Loc. Cit. Revista Semana, p 107.

11 Id, p 104.

12 Olga Rebolledo y Lina Rondón, “Reflexiones y aproximaciones al trabajo psicosocial con víctimas individuales y colectivas en el marco del proceso de reparación”, Revista de Estudios Sociales, 2010, N° 36, p 40.


13 Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, Bogotá, Ministerio de Justicia y el Derecho, 2011.

14 Decreto 4800/2012, artículo 164.

15 Liz Arévalo, “Atención y reparación psicosocial en contextos de violencia sociopolítica: una mirada reflexiva” Revista de Estudios Sociales, N° 36, 2010, p 30.

16 Olga Rebolledo y Rondón, “Reflexiones y aproximaciones al trabajo psicosocial con víctimas individuales y colectivas en el marco del proceso de reparación” Revista de Estudios Sociales, N° 36. Bogotá, 2010.

17Ángela Estrada et al, “Intervención psicosocial con fines de reparación con víctimas y sus familias afectadas por el conflicto armado interno en Colombia” Revista de Estudios Sociales, N° 36, 2010, p 106.

18 Martha Bello et al, Bojayá, memoria y río de Bojayá, Violencia política, daño y reparación, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2005, p 16.

19 Bello, op cit, pp 36-27.

20 Margarita Vela et al, Acción sin daño como aporte a la construcción de paz, propuesta para la práctica, Colombia, Synergia, 2011, p 15.

21 Castillejo, Poética de lo otro: Hacia una Antropología de la Guerra, la Soledad y el Exilio Interno en Colombia op cit, pp 204-205.

22 Ibid, pp 205- 206.

23 El profesor Juan Pablo Aranguren, refiere el concepto de situaciones límite, a todas aquellas experiencias en las que se ven inmersas la población víctima de hechos de violencia, situaciones de degradación humana perpetuadas con la sevicia de los victimarios.

24 Juan Pablo Aranguren, “El Investigador ante lo indecible y lo inenarrable: Una ética de la escucha”, Revista Nómadas, N° 29, 2008, pp 2 y 10.

25 Ibid, p 22.

26 Ibid, p 5.

27 Ibid, p 7.

28 Ibid, p 9.

29 Ibid, p 9.

30 Ortega, op cit, p 40.

31 Loc. cit.

32 Juan Pablo Aranguren, “El Investigador ante lo indecible y lo inenarrable: Una ética de la escucha”, Revista Nómadas, op cit, p 10.

33 Ibid, p 11.



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