¿La intervención psicosocial en la modalidad comunitaria… verdaderas garantías en tiempos de postconflicto?



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OBJETIVOS

Objetivo general

  • Conocer las dinámicas de la intervención psicosocial comunitaria como garantía de derechos de la población víctima del conflicto armado

Objetivos específicos

  • Hacer un análisis sobre el componente teórico y metodológico de la intervención psicosocial dada por el Estado, la cual está contenida en el documento PAPSIVI y otros documentos que ha generado el MPS como apoyo a dicho Programa de atención psicosocial.



  • Conocer las percepciones de las víctimas sobre la intervención psicosocial comunitaria que han recibido por parte del Estado como garantía a su derecho a la reparación.



  • Explicar sí la intervención psicosocial comunitaria dada por el Estado es pertinente con las fracturas al tejido social que ha dejado la guerra en las comunidades.



  1. REFERENTES TEÓRICOS

Marco jurídico para la intervención psicosocial

Según La ley de Victimas y Restitución de Tierras 1448/2011 concibe “la rehabilitación como medida de reparación consiste en el conjunto de estrategias, planes, programas y acciones de carácter jurídico, médico, psicológico y social, dirigidos al restablecimiento de las condiciones físicas y psicosociales de las víctimas en los términos de la presente ley.”13 La atención psicosocial estará enmarcada en: El Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a las Víctimas y Plan Nacional para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, PAPSIVI.

El artículo 88 del Decreto 4800 sostiene la reparación integral a víctimas, la cual está compuesta por medidas de satisfacción, medidas de indemnización, medidas de restitución, garantías de no repetición y rehabilitación. En la medida de rehabilitación se suscribe el artículo 136 y 137 de la Ley 1448/2011, afirma que:


  • Art 136. El acompañamiento psicosocial deberá ser transversal al proceso de reparación y prolongarse en el tiempo de acuerdo con las necesidades de las víctimas, sus familiares y la comunidad, teniendo en cuenta la perspectiva de género y las especificidades culturales, religiosas y étnicas.

  • Art 137. Atención individual, familiar y comunitaria.

  • Art 137. Interdisciplinariedad.

El artículo 163 del Decreto 4800 de 2012, establece que la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV), debe diseñar las directrices del enfoque psicosocial. Según el informe, para el 2012 esta Unidad reportó haber hecho una socialización para el primer borrador de los criterios y documentos sobre este tema, lo que evidenció que para ese entonces no había directrices claras sobre la atención a las víctimas. Además no había una unificación de criterios sobre el Ministerio de Salud y Protección Social, la Unidad Administrativa Especial de Atención y Reparación Integral a Victimas y los entes territoriales, los cuales tienen la responsabilidad de generar este tipo de atención a la población víctima del conflicto armado.

De igual forma el artículo 164 del Decreto 4800/2012 “establece que el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas, definirá las actividades, procedimientos e intervenciones interdisciplinarias a realizar; estas acciones serán diseñadas por el Ministerio de Salud y Protección Social, en el área relacionada con rehabilitación, atención psicosocial y atención integral en salud.14 Durante el 2012 y 2013 se diseña el documento PAPSIVI y su implementación se da en el segundo semestre del 2014.



Lo psicosocial: Una mirada medicalizada o un abordaje integral

En cuanto a la intervención psicosocial para víctimas del conflicto armado interno, autoras como Liz Arévalo, Olga Rebolledo, Ángela María Estrada entre otras, consideran que hay sustanciales retrocesos en cuanto a garantizar la atención psicosocial en las víctimas del conflicto, ya que en algunos momentos se asume en la práctica la intervención psicosocial como dar medicamentos ante manifestación física y emocional de un hecho traumático. El artículo de la autora Liz Arévalo propone que:

Desde nuestra mirada, lo psicosocial es irreverente frente a procesos de atención puramente psicológicos y focalizados en los individuos, e invita a adelantar acciones tendientes a integrar lo emocional y lo relacional con una comprensión desde el contexto. La perspectiva psicosocial permite comprender, así, la particularidad de la población víctima de la violencia sociopolítica, re-conocer sus múltiples contextos sociales, culturales y políticos como ámbitos en los que se construye y se decostruye la identidad, el mundo emocional y relacional, los cuales son constituyentes de la realidad que se vive.15

Pensar que se garantiza la rehabilitación de la víctima solo por la vía de recetar un medicamento, significa un mecanismo paliativo que busca calmar la afectación, más no subsanar las causas estructurales de la misma, lo cual estandariza las afectaciones y segmenta los diagnósticos de las dificultades que expresan las personas. La medicalización descontextualiza los hechos de la guerra, por ende las vivencias, las emociones y las expresiones de las víctimas, por ello no pueden ser abordados desde criterios eminentemente médicos, puesto que dichos argumentos se basan en que toda secuela psicológica se expresa con un síntoma clínico. Reconocer las afectaciones psicosociales por esta vía es en palabras de la psicóloga Olga Rebolledo significa que “desconocería el sufrimiento humano, la destrucción de los proyectos de vida, los duelos no resueltos; en general, todas aquellas manifestaciones y respuestas humanas que nos son identificables con un diagnóstico de síntomas claros.”16 Entonces, es perentorio reconocer la multiplicidad de los impactos de la guerra en las víctimas y por ende acercarse a otras miradas sobre los procesos de reparar desde lo psicosocial, puesto que de la manera en que se aborde la realidad se visibiliza o invisibiliza los procesos, causas e implicaciones de los hechos victimizantes.

Ahora bien, los estudios en el tema dan cuenta de otro tipo de afectación que genera el abordaje exclusivo de lo médico o lo psicológico a situaciones de orden psicosocial es “[…] que, si bien pueden aliviar en algo el sufrimiento, dejan de fondo acciones más abarcadoras para movilizar el malestar inscrito procesal y contextualmente. Conocer familias y redes sociales permite impactar los espacios en lo que se inscriben la vida cotidiana y las instituciones que la dinamizan.”17

Por ello, remitirse al plano simplemente individual resulta desconocer el contexto, la experiencia vivida, además, limita a las personas la posibilidad de reconstruir los lazos sociales que fueron fragmentados. Aclarando, que la idea no es sesgar la intervención al plano único de lo individual o posiblemente de lo colectivo, antes bien, es producir una dialéctica entre lo colectivo y lo individual, ya que en el reconocimiento de estas dos esferas se asume al individuo y su contexto, y por ende se proporciona una sinergia a la hora de abordar las afectaciones que generaran los hechos violentos.

En esta misma línea investigativa se encuentra la profesora Martha Nubia Bello, quien desde su amplia experiencia en intervención psicosocial en el país, considera que la intervención psicosocial no puede ser asumida como un trabajo con el sujeto individual, considerando que sus afectaciones de la guerra no tienen un contexto, ya que según ella, factores culturales, políticos, religiosos y económicos tienen una incidencia sobre las afectaciones que genera la guerra, es decir, resignificar la vida después de contextos de violencia tiene unas implicaciones diferentes cuando la pobreza, la desigualdad y la discriminación permean a las víctimas, por ello, lo psicosocial no puede abordarse desde los hechos victimizantes solamente sino desde todos los entramados que configuran este tipo de violencias. Asumir una atención psicosocial meramente individual reduce el análisis, deshistoriza la guerra, y limita la atención a una cuestión medicalizada de salud mental.

Así mismo, Bello sustenta que la intervención psicosocial no puede ser asumida desde estándares universales y con fórmulas homogéneas que pretenden clasificar en categorías el dolor de las víctimas, ella considera que la manera como se vive y se siente la experiencia del dolor es totalmente subjetivo, por ello los abordajes en la materia no pueden estar dados desde un check list de afectaciones y un modelo de intervención general para las víctimas, según ella:

En consecuencia, para identificar, comprender y ayudar a mitigar los impactos que genera la violencia política, es necesario reconocer que las interpretaciones, los significados y las acciones individuales y colectivas, generadas por y para enfrentar la violencia, se construyen en densas y complejas tramas y redes que dan lugar a particulares maneras de estar y percibir el mundo, por lo que se asume que el daño (por qué se sufre y cómo se sufre, qué se pierde) y la manera de afrontarlo (qué se hace, para qué, cómo y con quién se hace) no se pueden establecer a priori, medir según estándares universales o deducir por referencia a otro acontecimiento en otro lugar, o a otras personas. Las consecuencias de un evento de violencia no dan lugar automáticamente a procesos de traumatización o a enfermedades mentales, como en ocasiones se supone. Las respuestas, así como los daños y transformaciones en las vidas de las personas y de las comunidades, no tienen sólo que ver con las características del hecho violento, sino con las de quien(es) lo experimenta(n), con su historia e incluso con el trámite personal y colectivo, interno y externo, que se desencadena frente al hecho violento.18

Es así como se puede recoger dos reflexiones importantes que hace Bello, por un lado, las afectaciones psicosociales de la guerra deben abordarse desde una mirada de contexto en las que emergen dichas afectaciones, es decir generarse una mirada estructural pero al mismo tiempo compleja de la realidad, y por otro lado, los daños y las pérdidas que deja la guerra no son homogéneos por lo tanto no se pueden estandarizar, porque cada sujeto que los vive los asume y significa de manera diferente, el reconocimiento de esta subjetividad también es algo perentorio en el abordaje psicosocial. Bello, en su trabajo Bojayá, memoria y rio. Violencia política, daño y reparación, concentra conclusiones importantes sobre el trabajo psicosocial entre los que esta: a) la violencia afecta la salud mental imposibilitando la cotidianidad y el sentido de estabilidad de quien la sufre, b) los daños que genera la guerra son una construcción social por ende cultural, y que la magnitud de dichos daños dependen no solo de los hechos victimizantes sino del valor que individual y colectivamente las personas le dan a los daños, c) que la violencia política irrumpe con las relaciones históricamente construidas, haciendo que las personas modifiquen roles, status, lenguajes, haciendo que el sentido de vida este marcado en la protección y la sobrevivencia. 19

Entonces, desde esta perspectiva la intervención psicosocial tiene un amplio debate sobre los factores que debe considerar a la hora de hacer este tipo de abordaje, ya que en todo lo dicho anteriormente se constata que lo psicosocial va más allá de la salud mental, puesto que la intervención psicosocial en contextos de guerra debe tener la capacidad de un análisis de contexto donde se hace dicha intervención, y al mismo tiempo tener un interés por indagar de fondo sobre el significado que en lo individual y colectivo los sujetos le dan al dolor y a la manera en que lo afrontan.

La acción sin daño en lo psicosocial

El concepto de acción sin daño ha tenido escenarios de debate y reflexión en Colombia, cuando se trata de hablar de las garantías de los derechos de las víctimas, pues si bien lo que refiere el concepto es que todas las medidas de goce de derechos concentrados desde un marco jurídico hasta que aterrizan a un programa, deben tener como eje transversal la acción sin daño, es decir que desde lo jurídico hasta lo práctico las acciones hacia las víctimas deben propender por dignificar su condición de víctima y no por revictimizarla. El documento Acción sin daño como aporte a la construcción de paz. Propuesta para la práctica, presenta el proyecto Do No Harm (DNH), en español no hacer daño, el cual refiere que:


El Do No Harm afirma que en muchas oportunidades, a través de los proyectos y las acciones, se transmiten algunos mensajes éticos referidos a cómo entienden los conflictos, cómo se maneja la ayuda, cómo se transfieren los recursos (físicos, humanos, económicos, etcétera.) Y cómo por medio de las acciones institucionales se pueden fortalecer relaciones de poder y dinámicas que no contribuyen a disminuir el conflicto sino a exacerbarlo.20

Es decir, la acción sin daño remite a comprender que durante la planeación y ejecución de proyectos se considere principios éticos como la dignidad, al referir que nadie puede ser instrumento para intereses ajenos, la autonomía, en el reconocimiento que cada quien define su proyecto de vida y sus mecanismos para lograrlo, y la libertad, al considerar que las personas son libres en sus decisiones que inciden en sus proyectos de vida.

Así mismo, la propuesta de acción sin daño permite en el abordaje metodológico de los proyectos, considerar que se debe hacer un análisis del contexto de las regiones, donde se reconozca las dinámicas del conflicto, es decir, los actores y estructuras, al mismo tiempo reconocer las capacidades instaladas en la región, lo que significa el construir acciones con y para la gente, es decir validando la participación de las comunidades con sus recursos propios, sus prácticas de auto organización, entre otros. También, la acción sin daño se concentra en la necesidad que toda acción tenga una evaluación y reconocimiento del impacto que generó.

Desde la intervención psicosocial este concepto es de total pertinencia puesto que al mismo tiempo que se generan elementos de afrontamiento y acompañamiento para las afectaciones de la guerra, se pueden estar generando otros daños en las poblaciones, es decir, causando otras formas de violencia aun en el marco de programas para garantizar derechos a las víctimas. Es más, las acciones con daño pueden tener mayores posibilidades en programas estatales ya que aquellos están mediados en muchos momentos por intereses políticos y económicos y no en un interés mayor sobre las víctimas. Por eso acciones como el homogenizar realidades, invisibilizar experiencias, asumir la realidad desde miradas panópticas, reducirse al asistencialismo o paternalismo, entre otras prácticas, son las que pretende prevenir este concepto de acción sin daño.



El discurso monológico sobre las afectaciones psicosociales de la población desplazada

La presente investigación encontró en la obra Poética de lo otro: Hacia una Antropología de la Guerra, la Soledad y el Exilio Interno en Colombia, un interesante argumento en la manera en como el investigador “traduce” la experiencia y el dolor del otro, y si bien todo lo dicho hasta el momento es una apropiación a éste texto de Castillejo para sostener que el trabajo investigativo debe distanciarse de miradas institucionalizadas sobre el tema, al igual que alejarse de esa simplista manera de abordar la problemática desde la “magnitud” de la misma. En esa línea el autor propone que existe un discurso monológico sobre el desplazado en función que las descripciones que se hacen sobre las afectaciones de la población desplazada son hechas desde la mirada del investigador. Una manera de entrar argumentar este discurso monológico, es la tipificación de las afectaciones de las personas que son sometidas en contextos de guerra ya que se generan alteraciones psíquicas que por su nivel de padecimiento no pueden clasificarse en los desórdenes psiquiátricos vigentes y frente a ello el autor Castillejo citando a Bertha Castaño en su libro Violencia sociopolítica en Colombia. Repercu­sión en la salud mental de sus víctimas, sostiene que se han creado una categoría para situar las afectaciones de la migración interna llamada el síndrome del desplazado.

Al pretender categorizar las afectaciones de esta población en el marco de un síndrome es según el autor:
Hacer aprehensible lo inaprehensible para el universo de pertinencia conceptual del ‘investigador’. En consecuencia, lo primero que podríamos notar, es que el síndrome como tal nace de la percepción que el investigador configura del otro. Donde ese otro no requiere de voz para ser tipologizado bajo el síndrome. En parte se debe a la naturaleza “científica” de la investigación misma que bus­ca limpiar los aspectos puramente “subjetivos” para adentrarse en generalizaciones posibles en la configuración de síntomas observa­bles e incluso, en muchos casos, estadísticamente cuantificables.21
El profesor Castillejo, quien en Colombia es una de los investigadores sociales que más ha escrito sobre desplazamiento forzado expresa que a la hora de explicar las afectaciones que recaen sobre la población desplazada hay una ausencia de la voz de las víctimas puesto que la voz que se impone es la del experto pero no la narración de quien sufre el desplazamiento, por lo que se entiende que no hay una interacción entre ese que investiga y la población desplazada para que por lo menos en el marco de una interacción se pueda construir una categoría de las afectaciones emocionales desde una perspectiva dialógica. Por ello, esa tipificación del síndrome del desplazado es una manera de ver como se estandariza la realidad de las víctimas y sus afectaciones, para que así el desorden y lo caótico de lo vivido tenga un nombre homogéneo, explicativo y ordenado.
Entre tanto que los marcos explicativos sobre el sufrimiento de los desplazados sigan dándose desde cuadros estadísticos con información sectorizada inquietará acerca de la manera en cómo se está generando el abordaje sobre este tema, por ello, el autor se pronuncia en la siguiente pregunta:
¿Hasta qué punto la no­ción de síndrome del desplazado no es un proceso de separación, ya que parte de la base de la mudez intrínseca del desplazado? (…) Dentro de este contexto, el desplazado es un sujeto mudo, o cuya voz sencillamente es sospechosa. De esta manera, el desplaza­do sufre, como lo hemos dicho, una transformación en las formas de representarlo. Se convierte en un ‘ser humano’ que no habla y por tanto indiferenciable salvo en los síntomas de su enfermedad.22

Este pronunciamiento sobre el discurso monológico que se hace a la hora de interpretar las afectaciones emocionales que genera el desplazamiento tiene disidencia con la manera en que se está abordando la presente investigación, puesto que si bien se sostiene que la intervención psicosocial que se ha construido hasta el momento en el país, ha sido un ejercicio que no interlocuta con las víctimas para conocer lo que tienen que decir sobre los significados que ha tenido la guerra en sus vidas. Todo lo contrario, la institucionalidad ha querido intervenir los efectos de la guerra sin la participación de las víctimas, asumiendo que son depositarios de beneficios psicosociales, negándose la posibilidad que la reparación que se dé a esta población tenga la injerencia de la misma, y para ello el primer paso es: reconocerles su voz puesto que de lo contrario seguirán siendo una población cuyo rostro según Emanuel Lévinas, ha sido borrado al igual que su historia oscurecida.



  1. APARTADO METODOLÓGICO

Una ética de la escucha
El profesor e investigador Juan Pablo Aranguren ha investigado sobre la manera en que el investigador se acerca y escribe sobre ese otro que es su sujeto de investigación, exactamente en las narraciones de quienes sufren en contextos de conflicto armado. En su artículo: “El Investigador ante lo indecible y lo inenarrable: Una ética de la escucha,” en este trabajo, el autor entra al debate sobre la enunciabilidad de los testimonios, haciendo un ejercicio de reflexión sobre la relación entre las maneras de “acceder” al pasado y los estatutos de verdad, abordando uno de los factores que emerge en dicha relación: los silencios y silenciamientos que emergen en situaciones límite23, todo ello lo llamará lo inenarrable. En un segundo momento, aborda el concepto de lo indecible, es decir, de aquello que debido a las fracturas del lenguaje y a diferentes factores que serán expuestos a continuación hace que en la narración se tenga entendido que habrán cosas que nunca se dicen en dichos espacios narrativos, finalmente el autor propone una ética de la escucha que se relacione con la experiencia corporal.
Por ello, las narraciones que surgen por parte de las víctimas del conflicto armado son relatos que están marcados por la experiencia de hechos cargados de dolor y sufrimiento, lo que permite pensar en cual debe ser el “distanciamiento” por parte del investigador, lo cual es aclaración del modelo cientificista, al mencionar la necesidad de tomar distancia de los hechos relatados, y es en este planteamiento que se propone una ética de la escucha, que reconozca la subjetividad del otro, pero no solo para interpelarla sino para reconocer que en medio de dichos testimonios existen los afectos y la cercanía por las palabras y los silencios. Es desde esta manera que esta ética considera que se puede resignificar los hechos de violencia, aun con los intentos no favorables que tenga a la hora de interpretar todo lo incomunicable que deja la guerra en quién la sufre y la llora. Aun, cuando el investigador tenga que hacer su trabajo de campo con su metodología y su necesidad de generar un documento investigativo, con todo y ello debe saber que ello estará supeditado por la posible imposibilidad de comprender los impactos de la guerra, por encontrar que hay otro que posiblemente quiere hablar y ser escuchado, al mismo tiempo que deseará callar y allí guardarse para sí algunos significados.

En la ética de la escucha se sostiene que:


La pregunta, por lo tanto, no puede abrirse camino en el trasegar de una investigación en ciencias sociales sin antes haberse considerado la necesidad de que el investigador re-sitúe su perspectiva ética y re-descubra su lugar político, es decir, cuando el investigador ha sido sacudido por la indecibilidad de lo siniestro. Confrontado con el silencio del “testimoniante”, enfrentado a las rupturas de las disposiciones mismas de lo narrable, el investigador también empieza a ser invadido por el dolor de los demás. Tendrá que pensar en cómo describir con pudor y dignidad los actos que han degradado y humillado a miles de personas, porque habrá podido entrever que las narraciones del otro, con sus silencios, sus huecos y sus vacíos, irrumpen también en la conciencia ética de quien los escucha” (…) La necesidad de una ética de la escucha no es pues un punto menor en este escenario. Es realmente el punto de partida de una propuesta de investigación que persigue reflexionar sobre las experiencias subjetivas en torno a situaciones límite. Esta ética resitúa los lugares comunes de las entrevistas y abre la reflexión sobre la necesidad de decolonizar epistémica y metodológicamente el “trabajo de campo.24

Es por ello que esta ética de la escucha se propone situarse en el momento inicial de la investigación, ya que, según el profesor Aranguren, los cuestionamientos sobre cómo escuchar al otro y poner en la escritura lo que me dice, en algunos casos surge cuando ya se está en trabajo de campo o cuando se finaliza el trabajo académico, dejando sinsabores sobre si finalmente se escuchó al otro, si se hizo un ejercicio ético sobre su relato, o simplemente fue una práctica extractivista sobre la experiencia dolorosa de la población abordada.




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