La homosexualidad femenina ¿una categoria lacaniana? Carmen Lafuente Resumen



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LA HOMOSEXUALIDAD FEMENINA ¿UNA CATEGORIA LACANIANA?

Carmen Lafuente

Resumen

Sabemos que no es infrecuente encontrar la asociación de perversión y de homosexualidad, sin embargo, la elección homosexual de objeto en ningún modo define la perversión. En nuestro recorrido por los textos de Freud y Lacan que tratan el tema veremos como la homosexualidad femenina no responde a una estructura clínica concreta si no que la podemos encontrar en diferentes tipos clínicos. Veremos cómo no se puede afirmar de ningún modo que la Homosexualidad femenina responda a nuestro concepto de perversión. Siguiendo a Lacan en sus diferentes aportaciones sobre el tema, y particularmente en el Seminario “ou pire” nos detendremos en la particular relacion de la homosexualidad femenina con el falo, el amor, y el goce femenino.

Sabemos que no es infrecuente encontrar la asociación de perversión y de homosexualidad, sin embargo, la elección homosexual de objeto en ningún modo define la perversión.

Siguiendo a Freud

Si seguimos al Freud de “Tres ensayos para una teoría sexual” la homosexualidad como elección de objeto no es más que un avatar del proceso de decisión del comportamiento sexual. La homosexualidad debe ser considerada un fenómeno transclínico que puede tomar diferentes modalidades. Más adelante, ya en los años 20, Freud introduce la asimetría entre el varón y la hembra en función del Complejo de Edipo y la castración. Entonces la homosexualidad femenina puede ser considerada como una solución a priori ya que para Freud el verdadero problema en las mujeres es la heterosexualidad y la manera en que se separan las niñas de su objeto primordial, la madre, es decir por qué misterio la pulsión emigra del seno al pene en la mujer.

Si nos referimos al caso de la joven homosexual de 1920 Freud no considera la homosexualidad femenina como un paradigma, sino: “un amor soportado por un discurso, el discurso del amor cortés”. Freud interpreta el estilo caballeresco del amor de la joven homosexual en función de la presencia de un tercero, el padre. Su actuación muestra la revancha contra el desprecio, la humillación que su padre le ha hecho sufrir, lo que desencadena el comportamiento galante de la chica identificada al falo heroico, con un estilo masculino pero sin necesidad de satisfacción.

Por fin en los años 30, Freud destacará la importancia de la fase pre-edípica en la mujer, como una especificidad de la posición femenina.



Siguiendo a Lacan

Una cuestión que Lacan nos aclara es que la elección de un objeto del mismo sexo, no define la homosexualidad: “llamamos heterosexual por definición, a aquel que ama a las mujeres, sea cual sea su sexo propio”. No es el sexo del sujeto el que decide. La mujer no es nunca lo mismo y amar a una mujer es ponerla en posición de Otro absoluto.

La homosexualidad femenina no es simétrica a la masculina, no tiene la misma estructura. No dice Lacan, como Jones, que la joven homosexual es idéntica a su padre y por eso ama a las mujeres, sino que aclara que el concepto de identificación no es lo suficientemente amplio para explicar la homosexualidad femenina. Para ello habrá que remitirse a la estructura, lo que encontramos en el Seminario XIX “...ou pire”. En él, la homosexual es definida como l’ homoinzune: la al menos una que sostiene el error de hacer que lo natural sea consistente. Solo la homosexual femenina sostiene el discurso sexual con toda seguridad. Es por ello que Lacan invoca el testimonio de Las Preciosas, movimiento cultural y literario del siglo XVII que se caracterizó entre otras cosas por un exagerado refinamiento en el lenguaje que evitaba cualquier palabra malsonante sustituyéndola por complicadas metáforas. Según Lacan, Las Preciosas definen admirablemente el Ecce Homo, el exceso en la palabra de amor. Ellas no se arriesgan a tomar el falo por un significante. Degradan el falo a su significación, cuestionando su valor de significante del deseo. Rompiendo el falo a la letra, buscan un goce que no tenga el falo como barrera.


La homosexual femenina quiere acceder al goce femenino, su pasión, rehusando pasar por el falo, rehusando ser no-toda, desmenuzando el significante a la letra. Esto les impide el discurso analítico que supone que uno se encuentre a cada paso con el falo. El discurso analítico implica que uno se someta a la ley de la castración. El análisis pondría pues a la homosexual en un intento permanente de romper el falo a la letra cada vez que se lo encuentra. Además esto las hace ciegas respecto al goce femenino, debido a su rechazo del falo.

Este rechazo es muy particular, no es el rechazo forclusivo del transexual, ni una represión que se descifra en un síntoma, como el asco histérico del sexo masculino, sino que es el rechazo del falo en su literalidad, y además ahí donde es rechazado, vuelve con toda su fuerza: FI pues. La homosexual femenina fracasa en ser no-toda dado su intento de negar el significante fálico. Le queda la posibilidad de un amor sin deseo o un goce todo centrado en el falo del que no cesa de querer desembarazarse, o bien un discurso sobre el amor. Pero no tendrá acceso al goce femenino suplementario, a la aceptación de la debilidad de ser no-toda para un hombre, ya que éste solo puede desear un mujer parcial, a. La tesis de Lacan consiste en hacer depender el Otro goce, paradójicamente de la contingencia de una presencia fálica. Esta condición sitúa a una mujer no-toda bajo el régimen aleatorio del encuentro del deseo de un hombre.


La homosexual puede pensar en hacer existir a La Mujer en la medida en que el falo no hace barrera al goce. Tiene un gran interés por el goce del partenaire, intentando hacer coincidir el amor y el goce triunfando allí donde el hombre ha fracasado. Esta postura podría hacernos creer que la relación sexual existe, que el falo no hace barrera al goce, que existe un goce Otro al cual la heterosexualidad no tiene acceso.

Homosexualidad e histeria

A menudo se encuentra en la clínica la asociación entre histeria y elección homosexual de objeto. El carácter de homosexualidad que encierra la histeria es compatible con su identificación viril; “hace el hombre” y busca en su partenaire femenino el objeto codiciado por el hombre. Recordemos el caso Dora, paradigmático de la fascinación de la histérica por la otra mujer, la Sra. K que encarna para ella la respuesta a su pregunta por la feminidad. La histérica enarbola con frecuencia la bandera de la reivindicación, de la existencia de La mujer, más allá de la reducción al objeto que le impone el fantasma sexual masculino. Es así que ella denuncia lo insoportable de no ser amada sino al precio de la castración, que coincide con la posición subjetiva de la homosexual.


Es por ello que las diferencias entre ambas no son siempre fáciles de establecer. Lacan en el Seminario XI, enuncia la diferencia entre el desafío de la homosexual y el sostén del deseo del padre de la histérica, Dora, aunque en definitiva solo son dos modalidades del discurso histérico. Otra diferencia es que la homosexual busca en la mujer lo que le falta, mientras que la histérica hace objeto de su falta, pero los límites entre ambas posiciones se superponen con mucha frecuencia.
Las cosas se complican aún más con la paradoja que formula Lacan diciendo que las verdaderas heterosexuales son las homosexuales pues hacen existir a La mujer dando un amor que no pide reciprocidad. Esta posición es bien diferente de la pasión amorosa en el hombre que por más heterosexual que parezca en lo que concierne al sexo del objeto, en numerosos casos está mediatizada por la imagen narcisistica y por ello Lacan si puede considerar la homosexualidad en el caso del varón.
La perversión en la mujer

¿Qué relación hay entre la perversión y la mujer? Freud a partir de sus observaciones sobre el fetichismo, dedujo que en realidad la perversión es una posición subjetiva que concierne al varón al que le corresponde una modalidad del deseo que puede ser considerada perversa. Remarca como un carácter específico de la sexualidad masculina, la conjunción de la degradación del objeto sexual con la sobrestimación de algunos de sus rasgos como condición erótica. Así el “Hombre de los Lobos” y su debilidad por las nalgas de las sirvientas es un claro ejemplo.


En relación a la joven homosexual, si bien es cierto que Freud dijo que nunca había sido neurótica y que no había manifestado síntomas histéricos durante el análisis, es cierto también que nunca dijo que se tratase de una perversa. El explicaba el caso en términos de orientación de la libido y entendía la inversión de la chica como el prolongamiento de su fuerte fijación pre-edípica a su madre. Freud no concede a la mujer esta disposición a la sobrestimación sexual característica de la perversión, sin embargo en una nota a “Tres ensayos para una teoría sexual” en 1920, considera que las mujeres pueden hacer de sus hijos un objeto de sobrevaloración sexual. En la equivalencia del falo al niño, las mujeres encuentran la posibilidad de hacer del niño ese objeto postizo que desmiente la castración Æ a/-ϕ. Lacan en su nota a Jenny Aubry en 1969 dice que el niño puede encarnar un primordial rechazo, hacerse testigo de la culpa edípica y servir de fetiche. El niño en su relación dual con su madre le da de manera accesible, sin mediación, el objeto mismo de su existencia apareciendo en lo real. Pero ¿se trata de un fetiche en el verdadero sentido de la palabra?

Lacan pone en duda la perversión de la mujer o bien le da una explicación diferente de la perversión masculina. Veamos este extracto de “Ideas directivas para un Congreso sobre la sexualidad femenina”: “El estudio del marco de la perversión en la mujer abre otro sesgo. Habiéndose llevado muy lejos, para la mayoría de perversiones masculinas, la demostración de que su motivo imaginario es preservar el falo que es el que interesó al sujeto en la madre, la ausencia en la mujer del fetichismo que representa el caso casi manifiesto de ese deseo, deja sospechar un destino diferente de ese deseo en las perversiones que ella representa”


En el Seminario “Aún” el falo se define como una función lo que va a permitir utilizar argumentos estrictamente lógicos para situar la perversión del lado masculino. Los hombres y las mujeres son significantes. Una mujer busca un hombre como significante y un hombre busca a una mujer como objeto que solo se encuentra por el discurso que la hace no-toda. El hecho de que una mujer sea no-toda definible en el significante la hace apta para encarnar el objeto por el cual la relación sexual del varón desemboca en el fantasma. Es a partir de eso que muchos casos de perversión femenina descritos en la literatura analítica están en función del fantasma masculino, como dice Lacan respecto al masoquismo femenino.

Veamos las consecuencias que las fórmulas de la sexuación tienen sobre el fantasma:

1- Al situar a la mujer como no-toda, está excluida de la posibilidad de estructurar su deseo de manera perversa ya que el objeto está de su lado. Le queda la posibilidad de vivir una relación al Otro en la cual ella se sitúa como fetiche o tomar a su hijo como obturador de su goce suplementario.

2- Del lado masculino, Lacan habla de la división del sujeto, del lado femenino de L/a Mujer. Una hipótesis posible podría ser que la mujer, al ser no-toda, se ahorra a través de la escisión de su goce la necesidad de la Verleugnung.

3- Si la estructura perversa se define en función de la posición instrumental del saber no encontramos en la mujer una contrapartida de ese saber, privada como está de un saber sobre el goce que la constituye como no-toda.

4- Recordemos que Lacan dice de Sade que no es engañado por su fantasma. Sabe de lo que se trata en lo que concierne al goce. La mujer, sin embargo no puede decir nada de su goce, Nuestras colegas, las damas analistas ¿qué nos dicen de la sexualidad femenina? No todo. Es sorprendente. No han hecho avanzar ni un ápice la cuestión de la sexualidad femenina. Debe haber en ello una razón interna, ligada a la estructura del aparato de goce.



Bibliografía

Freud, S. Tres ensayos para una teoría sexual.

Freud, S.: Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina

Lacan, J.: Seminario XXI. ou pire (no publicado)

Lacan,J.: Seminario XX. Aún. Paidós

Lacan,J.: Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina. Escritos. Siglo XXI.

Lacan.J.: L’ Etourdit. Scilicet nº 4

Lacan,J.: “Kant con Sade”. Escritos






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