La experiencia de satisfacción como antecedente del concepto fundamental de inconciente



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Escuela de ayudantes 2012

Psicoanálisis Freud I. Prof. Titular Osvaldo Delgado

La experiencia de satisfacción como antecedente del concepto fundamental de inconciente”



Autor: David Irigoyen

Responsables de la Escuela: María de los Ángeles Córdoba y Susi Epsztein

A partir de estos cuatro puntos vamos a abordar la vivencia de satisfacción, para luego apuntalarlos en algunas conclusiones para lo que sigue y antecede del programa de la materia: a) el lugar del obstáculo en este momento de la obra freudiana; b) la concepción del trauma; c) el principio de constancia y el principio de placer, y, en particular, y como punto organizador, d) la anticipación del concepto fundamental de inconsciente. Presento, en principio, la vivencia de satisfacción desde una perspectiva que llamo descriptiva, por un lado, y una referida al mecanismo que ella implica, por el otro. Freud no lo presenta ni discrimina de este modo, pero hacerlo así nos guía de manera concisa en la lectura, hacia las puntualizaciones a las que vamos a arribar, referidas a los puntos mencionados anteriormente. El texto freudiano que se trabaja es el apartado del “Proyecto de psicología” (Freud, 1896), y a la luz de “La interpretación de los sueños” (Freud, 1900). Los lineamientos de este trabajo están guiados específicamente por los trabajos “Apuntes para una concepción del trauma en la obra de Sigmund Freud” (Delgado 2005a) y “La transferencia como motor” (Delgado 2005b) de Osvaldo Delgado.



Perspectiva descriptiva. Freud lo presenta del siguiente modo: el niño al nacer llora; llora a partir de lo cual es necesaria una acción que se ejerza desde el exterior que, en principio lo decimos así, lo calme. Esa acción, es una acción específica que la realiza un auxiliador ajeno. Freud lo explica en relación a una necesidad vital, como es la del hambre, así lo encontramos en el texto. Da una referencia importante a lo que llama el “inicial desvalimiento humano” (FREUD 1895, 363), que nos indica que el niño no dispone de las capacidades motoras, ni de ningún tipo, para autoabastecerse o “autocalmarse”. Entonces (puede ser la madre o quien sea) se le provee el alimento necesario; este es el punto que se refiere a la acción específica: es alimento, y no otra cosa. El alimento se ingiere por la boca, como sabemos, puede ser el pecho, una mamadera o lo que venga en su lugar.

Perspectiva del mecanismo implicado. Esta perspectiva nos brinda las herramientas para abordar el apartado del Proyecto, que es en sí mismo de difícil lectura. En él hay una carga conceptual de carga orgánica y mecánica, de raigambre médica, y consonante con su época, pero de la cual sólo tomaremos ciertos términos que nos ayuden a comprender cómo lo explica Freud.

Referencia económica: El niño llora, ya dijimos, porque tiene hambre. Ahora bien, el hambre indica un estado de tensión que debe ser disminuido. Aquí retomamos una concepción freudiana importante, que es la que se refiere a la tensión: los aumentos y disminuciones de cantidad, que producen efectos (es lo que Freud llama concepción económica). La disminución se produce, nos dice Freud, al modo de una descarga que se ejerce por vía motriz, a partir del auxilio ajeno. Placer-Displacer: El aumento de tensión nos indica que hay un displacer que se pone en juego a partir del cual su disminución implica un estado de placer. El placer y el displacer serían los efectos de la disminución y el aumento de la tensión. El estado de tensión, articulado al hambre, es disminuido a partir de la acción específica que ejerce el auxiliador. Haremos una relectura en referencia a este punto en el que aparecen anudados la tensión-descarga y el placer-displacer. Alteraciones: Al estado de tensión que sufre el lactante Freud lo denomina alteración interior. Se produce una alteración interior, a la cual responde una alteración exterior, que es la del auxilio ajeno. A la primera corresponde un aumento de tensión (displacer), y a la segunda una disminución (placer). La vivencia de satisfacción se va a dar en el punto en el que hay una disminución. Facilitación: Freud nos indica que en la vivencia de satisfacción se produce lo que él llama una “facilitación neuronal por simultaneidad”. Esto implica, tal como nos lo dice en el texto, que a partir de la descarga sucedida gracias a la acción específica producida por el auxilio ajeno, una neurona es investida (acá podemos leer que se ha producido o inscripto una huella mnémica), quedando como percepción de dicha disminución. En este punto hay que tener en cuenta que la investidura neuronal que se efectúa, se relaciona directamente con la alteración exterior, la cual es permitida por el encuentro con el objeto; en referencia a las consecuencias que se producen a partir de la vivencia de satisfacción Freud afirma que “se genera en el manto la investidura de una neurona (o de varias), que corresponden a la percepción de un objeto” (FREUD 1895, 363; el subrayado es mío). Por efecto, dicha neurona investida se relaciona a través de una facilitación de investidura con la neurona primera referida al estado de tensión anterior (y que anudaríamos aquí con el estado de displacer concomitante). Así, Freud explica que cada vez que se produzca el estado de tensión habrá una conexión entre ambas huellas mnémicas que ligará la tensión displacentera a la huella mnémica del placer obtenido. Lo importante a subrayar es que hay una ligadura entre huellas mnémicas, a partir de lo cual podremos pensar una memoria psíquica, que tal como lo puntualiza Delgado, la distinguimos de una memoria neuronal.

La experiencia de satisfacción

Freud nos dice que “Si el individuo auxiliador ha operado el trabajo de la acción específica en el mundo exterior en lugar del individuo desvalido, este es capaz de consumar sin más en el interior de su cuerpo la operación requerida para cancelar el estímulo endógeno. El todo constituye entonces una vivencia de satisfacción, que tiene las más hondas consecuencias para el desarrollo de las funciones del individuo” (FREUD 1895, 363) Esto nos indica dos cuestiones: por un lado, en referencia al mecanismo, a partir de que hay una facilitación de investidura entre dos neuronas o huellas mnémicas, hay un recorrido de investidura en el cual se produce una conexión (a esta conexión Freud la llama “barrera-contacto”), y que implica cierta “independencia” del sujeto respecto de la acción específica de un auxiliador ajeno; por otro lado, el desarrollo de las funciones del individuo depende de esta “vivencia”. En cuanto a lo primero, destacamos que su consecuencia será la así llamada por Freud “identidad de percepción” (lo que ya citamos del Proyecto: “percepción de un objeto”). ¿Qué indica esto? Esta construcción que realiza Freud en el texto es posible en tanto pensamos que hay un primer objeto presente; este objeto puede ser el pecho, por ejemplo. Ante la ausencia del objeto, ya que en algún momento se pierde, la madre se va, no hay una presencia absoluta, el lactante tiene la posibilidad de alucinar el objeto perdido. Este alucinar es la identidad de percepción; se percibe una identidad que no es tal, ya que el objeto no está. Esta “independencia” respecto del mundo exterior es posible a partir de que alguna vez el objeto se presentificó. Es atinente recordar en este punto el fenómeno del hospitalismo, en el que ante la falta de cuidados, de presencia, de amor, los bebés mueren, aunque tengan todas las funciones fisiológicas, todas sus necesidades orgánicas cubiertas, atendidas.

La consecuencia de toda esta construcción es el advenimiento del concepto de deseo en psicoanálisis: el deseo inconciente, indestructible. El deseo es el intento de reproducción de la satisfacción primera de esta vivencia, vía la investidura de la huella mnémica que quedó como su resto. La facilitación neuronal, como la llama Freud en el texto, es un nombre de aquel entonces para pensar una articulación de huellas mnémicas. Hay una diferencia radical en entender todo esto en relación a la necesidad, como sería el hambre, cuya disminución aparejaría una disminución de la tensión, que de entenderlo en relación al intento constante-esforzante del deseo de reproducción de una satisfacción ya perdida. Entramos así en la lógica freudiana, en el punto en el que hay un quiebre entre lo que sería para nosotros en términos orgánicos y en términos psicoanalíticos. Una forma de expresar esa disyunción es la distinción memoria psíquica-memoria neuronal.

En referencia al programa de la materia, este texto se ubica en el inicio del módulo B, el cual para prácticos lleva el nombre de “Los obstáculos en la producción del inconciente”, y como subtítulo “Anticipo de la producción conceptual del inconciente”.


La formulación de la experiencia de satisfacción la ubicamos en relación a una anticipación del concepto de inconciente. ¿Porqué? ¿De qué modo? El deseo que se inaugura a partir de “La vivencia…” será el que le permitirá a Freud pensar en el inconsciente en cuanto tal, y más aún, en el inconsciente que llamamos dinámico. El advenimiento de una cadena de huellas mnémicas pasibles de ser investidas es el sostenimiento conceptual de lo que será llamado proceso primario. Delgado puntualiza: “Sabemos que Freud concibe el proceso primario como la búsqueda de una identidad de percepción, de lo idénticamente idéntico: el mismo objeto, en el mismo momento, de la misma experiencia de satisfacción. Esto en sí mismo define lo imposible del encuentro y la consecuente pérdida del objeto, que es igual a sí mismo en el instante del posible encuentro fallido”. Que haya un encuentro fallido sujeto-objeto, indica la ruptura principio de constancia-principio de placer, por un lado, y el estatuto del objeto en psicoanálisis por otro. El esforzar deseante es una tensión referida a la pérdida de un objeto. La adecuación al objeto, el encuentro, es la adecuación al objeto de la necesidad (esto es lo que separamos al comienzo como “perspectiva descriptiva”); la acción específica apunta a este objeto. La satisfacción de este objeto, que permite una descarga, también permite una regulación homeostática, la cual la entendemos soportada por el principio de constancia. El placer y el displacer ya son una disyunción respecto del principio de constancia, si bien en la explicación de Freud esto parece entenderse como asociado, tal como lo relativizamos párrafos atrás. Delgado (DELGADO 2005a, 29) encuentra la clave sobre esta cuestión en el apartado 6 del Cap. VII de “La Interpretación de los sueños”, en el cual Freud separa por primera vez principio de constancia de principio de placer y es por ello que afirma que “… el punto de ruptura entre principio de constancia y principio de placer, aunque hallemos en este último términos propios de la psicofisiología y el energetismo, sitúan la experiencia de satisfacción como el lugar propio del psicoanálisis, que sostiene una tensión en el aparato, que concibe el deseo como lo indestructible” (DELGADO 2005a, 31). En dicho apartado de 1900 Freud nos habla del principio de placer como “una segunda hipótesis” respecto de la que sostenía al principio de constancia.

El recuerdo-reproductor de escenas que habían obtenido valor traumático implica ya la discontinuidad (articulación) de representaciones, huellas mnémicas, a partir de las cuales hay un esforzar. De este modo cae la teoría de la abreacción, la cual implicaba una regulación en línea con la homeostasis orgánica, ya que en la clínica la sexualidad se presentifica con valor traumático, y el concepto de deseo inconsciente se realiza en una tensión en el “placer de la repetición” (este es el antecedente de la transferencia como motor, transferencia-repetición). Entonces: el obstáculo, en este momento, como obstáculo a la producción conceptual del inconsciente, se presenta como un resto, un plus, inasimilable a las funciones del organismo, las cuales podían sostenerse en la descarga directa del aparato reflejo. Cabe aclarar que separamos por un lado al deseo como indestructible, como saldo de esta experiencia de satisfacción, del deseo sexual infantil y la realización de deseos de los sueños por otro. Estos últimos, tal como Delgado lo señala, se relacionan con la dimensión de la prohibición, y es por eso que los ubica en relación a las fantasías preconcientes. El deseo indestructible, en cambio, se articula con la dimensión de lo imposible, y que en tanto imposible implica una causa, una movilidad.

La construcción que realiza Freud en lo que llama “La vivencia de satisfacción” puede pensarse como un trauma fundante y fundamental, tal como lo esclarece la siguiente afirmación de Delgado: “Freud descubre en la experiencia que la reducción a cero no se produce, de tal manera que queda siempre una cierta cantidad mayor que cero; se articula de entrada con lo que denomina trauma psíquico. A su vez, esta cantidad es la causa de un trabajo para este aparato. Formulando la existencia de esa cantidad, el sistema es un aparato que trabaja”. El trabajo es el desplazamiento mismo del aparato psíquico regulado por el principio de placer, cuyo mecanismo es el del proceso primario.

Bibliografía:



  1. Delgado, O. “Apuntes para una concepción del trauma en la obra de Freud”. En La subversión freudiana y sus consecuencias, Buenos Aires, JVE, 2005a, 25-45.

  2. Delgado, O. “La transferencia como motor”. En La subversión freudiana y sus consecuencias, Buenos Aires, JVE, 2005b, 141-153.

  3. Delgado, O. “Teórico 5, año 2006”. Material de cátedra Psicoanálisis Freud 1 (UBA), Inédito.

  4. Delgado, O. “Teórico 6, año 2007”. Material de cátedra Psicoanálisis Freud 1 (UBA), Inédito.

  5. Freud, S. (1896) “Proyecto de psicología”. En Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2006, I, 362-364.

  6. Freud, S. (1900) “La interpretación de los sueños”. En Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2006, V.




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