La evolución de la pintura gótica: giotto y van eyck



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LA EVOLUCIÓN DE LA PINTURA GÓTICA: GIOTTO Y VAN EYCK

Las características de la pintura son similares a las de la escultura, si bien se observa una mayor diversidad y variedad de estilos. En cuanto a las modalidades de pintura, la arquitectura gótica, con su afán de reducir al máximo la superficie de muro, que sustituyó por vidrieras, hizo que la pintura mural, la modalidad pictórica que había tenido una mayor difusión durante el románico, quedara relegada a la decoración de palacios o de edificios de las órdenes religiosas más austeras. Sobre todo en los siglos XIV y XV, la pintura, al igual que la escultura, se independizó del marco arquitectónico, abriéndose el camino al triunfo de la pintura sobre tabla, al óleo o al temple.



Los clientes eran casi siempre particulares, razón por la que entraron en juego el gusto o las preferencias estéticas particulares, así como referencias a las condiciones de la vida social de quienes encargaban las obras. Las obras pictóricas más importantes eran encargadas por la realeza, la aristocracia, los altos eclesiásticos, y también la alta burguesía, que, igualmente, se convirtió en patrona de las artes sólo cuando pretendía ascender socialmente. Por último, las corporaciones profesionales urbanas o gremios.

Los pintores, por tanto, agrupados a su vez en gremios artesanales, disfrutaban de escasa libertad a la hora de producir sus obras.

La pintura, se produce para una clientela dominada por los valores cortesanos y caballerescos que se habían difundido por medio de la literatura desde el siglo XII. Esto provocó una laicización muy notable, que se aplicó también a las escenas religiosas, transformadas en ceremonias sociales en las que tomaban parte personajes lujosamente vestidos, de enorme elegancia en las actitudes.

- Como rasgos generales, la pintura va a carecer de perspectiva. En ocasiones los fondos son dorados por lo que cobran un aspecto de inmaterialidad.

- El dibujo tiene una gran importancia: delimita formas, marca modelados.

-         La composición tiene muy en cuenta el eje de simetría, con los elementos orientados hacia el centro teórico del cuadro.

-         Las formas de expresión reflejan un nuevo ideal estético hacia un naturalismo, al igual que en la escultura.

- A diferencia de la pintura románica, las formas van ganando en naturalismo, en realismo, y desaparece la pintura plana ya que el volumen se va representando por medio del modelado (utilización de las luces y sombras de los objetos para lograr un efecto tridimensional, o de relieve). La luz contribuye a destacar el volumen, pero en general no es una luz real y puede tener contenido simbólico.

- Este interés por la naturaleza se observan en los detalles naturales. Las naturalezas muertas,( se multiplican (culminando en la pintura flamenca). La pintura de paisaje empezó a abrirse paso en obras como la huida a Egipto; las figuras humanas se fueron haciendo más pequeñas en relación al paisaje (en el XV ya puede hablarse de paisaje con santos en lugar de al revés).

La pintura gótica suele dividirse en cuatro estilos diferentes a lo largo de los cuales se experimenta un gran avance técnico y formal.

Gótico lineal, surge en Francia y luego se extiende por toda Europa. Se desarrolla sobre todo en el siglo XIII y XIV. En este estilo hay un dominio de la línea que delimita los contornos. El color se aplica en tintas planas, brillantes, sin gradación tonal. No se representa la luz natural, (ausencia de sombras) ni hay referencia al espacio. Los fondos son dorados y las escenas se desarrollan en un espacio trascendente y sagrado, alejado de lo real. En esto todavía hay mucho del románico y un influjo de la vidriera, donde también está muy marcado el contorno. Sin embargo, los temas son tratados con un naturalismo gótico. Los temas más representados serán escenas de la vida y pasión de Cristo, vidas de santos, temas marianos…

Se utilizará sobre todo en la miniatura y las vidrieras. La miniatura vive un momento de esplendor. El centro de producción de los manuscritos pasa de los scriptoria de los monasterios a los talleres de las ciudades ya que la mayor demanda viene de las escuelas catedralicias y universidades. Otro cliente será la realeza que encarga libros de devoción lujosamente ilustrados. Predominan las miniaturas, entre las que destacan los libros de las horas (manuscrito iluminado con oraciones, salmos, para cada hora litúrgica.)

En España el arte de la miniatura vivió un episodio importantísimo en la corte de Alfonso X “el Sabio”, que reunió a traductores, copistas y pintores para producir una serie de manuscritos excepcionales tanto por su contenido, de talante cosmopolita y culto, como por su forma. En el scriptorium patrocinado por este rey en la segunda mitad del siglo XIII, se componen, entre otros, las Cantigas de Santa María.

Gótico italiano, ( Trecento, s. XIII). Dos escuelas, sienesa y florentina que comienzan en el s. XIII y se configuran en el XIV.

La escuela sienesa todavía tiene influjo bizantino: predominio de la línea, rico colorido aplicado en tintas planas, empleo de fondos dorados que dota de carácter simbólico y sobrenatural a las figuras, dulzura en la expresión… Esta tendencia continuará en el gótico internacional. Representantes: Martini y los hermanos Lorenzetti.

La escuela florentina, más innovadora, dota a las figuras de un intenso dramatismo y se muestra interés por el volumen y por una incipiente perspectiva.

Giotto será su máximo representante, representado un gran cambio en la pintura pues es el precursor del Renacimiento: la pintura se vuelve hacia la realidad y el naturalismo.

En Florencia, Giotto  acudió a la tradición clásica para crear un estilo pictórico en el que la investigación sobre la tridimensionalidad fue el rasgo dominante. Las figuras humanas tratan de ser verdaderas, abandonando esa especia de aura divina que tenían en Siena, representándose personajes reales, de rostros individualizados, que se relacionan entre sí y expresan sus sentimientos .



Introdujo el paisaje y elementos arquitectónicos, aspectos que ayudan a sugerir un espacio. Con la figura humana sucede lo mismo y también en ella se trata de sugerir su tridimensionalidad con la insinuación del volumen a través del modelado, de sombras y gradaciones, por lo que se abandona el color plano. El tratamiento de los ropajes que empiezan a traslucir el cuerpo que llevan debajo y su movimiento. Su propósito era pues la inserción de las figuras en un espacio real, que intenta ser tridimensional, y en el que los objetos se disponen con normalidad. Se quería implicar al creyente en la temática sagrada integrando la realidad religiosa con el espacio real cotidiano.

Frente al carácter meramente narrativo y simbólico del románico, hay un interés por la representación de los sentimientos, de los estados de ánimo, de la psicología del personaje a través de su rostro y las escenas están dotadas de dramatismo. Muestra interés por el volumen y por una incipiente perspectiva.

Sus obras más importantes serán los frescos de la Capilla Scrovegni en Padua que representan escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, así como una representación del Juicio Final. Igualmente importante es la decoración de la basílica de S. Francisco de Asís con escenas de la vida del santo.

Gótico internacional, (finales del XIV, primera mitad del XV ).Durante esta etapa existe una cierta uniformidad en la pintura gótica europea. La época se corresponde con el auge de la cultura cortesana , dominada por unos ideales literarios comunes, perfectamente conocidos en cada rincón de Europa, y por unos comportamientos sociales adaptados al modelo caballeresco. Nos encontramos ante una pintura de carácter cortesano herencia de la pintura sienesa, muy descriptiva y de extraordinario colorido que concede importancia a la representación del paisaje. Las figuras son alargadas y de un brillante colorido, vestidas con ricos vestidos. La producción se realizará bajo el mecenazgo de las cortes reales y de la nobleza. La propia pintura religiosa, aun mayoritaria, va a recoger estas influencias cortesanas y de la nobleza, representado temas como las cortes celestiales, o la “adoración de los magos” , muy demandada al permitir mostrar los vestidos de gala y las ricas telas en sus personajes).

La pintura flamenca , a lo largo del s. XV, prolongándose incluso al s. XVI. Su punto de partida lo encontramos en los hermanos Van Eyck. Comienza a pintarse en óleo sobre tabla. En el siglo XV algunas ciudades de Flandes se convierten en sede de una importante escuela al calor de las fábricas de tejidos de la zona y el consiguiente comercio que generó una potente burguesía.

Según algunos autores, no debe ser considerada como arte renacentista , que ya en esos momentos se está desarrollando en Italia, pero tampoco dentro del estilo internacional.

La pintura flamenca trató de acercar lo divino a lo humano. Sus santos e imágenes tienen el aspecto de seres vivos. Los flamencos trataron pues de humanizar lo divino mientras que los italianos divinizaron lo humano.

Sus antecedentes más inmediatos estarían en los miniaturistas y artistas franceses del “estilo internacional”, y caracterizados por su detallismo y minuciosidad.

Esta nueva forma de rechazaba la elegancia y los elementos exageradamente decorativos del estilo gótico internacional, y mientras que con anterioridad, en las pinturas religiosas del siglo XIV, existía la sensación de que se le ofrecía al observador la posibilidad de vislumbrar el cielo, los pintores flamencos bajaron lo sagrado a nuestro mundo real. Los artistas prefirieron plasmar interiores domésticos de la vida cotidiana: salones y dormitorios que revelaban las pertenencias comunes de la existencia humana diaria. 

Una de las aportaciones decisivas de esta pintura será la utilización, del óleo (técnica consistente en disolver los colores en un aglutinante oleoso que se obtiene a partir del aceite de linaza, de nuez o de aceites de origen animal), pues hasta entonces se pintaba con temple, técnica que se continuará usando. El soporte es, en ambos casos, la tabla. Esta nueva técnica permitirá realizar una pintura más detallista que permite una mejor captación de las calidades de los objetos (efectos que provocan en el espectador la sensación de que está contemplando la materia representa). A la vez, permitirá la obtención de colores de una brillantes, dotando al cuadro de gran luminosidad. Finalmente posibilitará la obtención de veladuras (tintas transparentes que suavizan el tono de los pintado. La superposición de estas capas transparentes dejan ver las anteriores, mejorando la captación de esas calidades).

 

La pintura religiosa se vio ensombrecida por la cada vez mayor importancia de los temas profanos. Entre ellos destacó el retrato, nuevo género que irrumpió con fuerza ante los deseos de la burguesía flamenca (Matrimonio Arnolfini). Ello no significó la desaparición de la pintura religiosa



La principal característica de la pintura flamenca es su deseo de representar lo más fielmente posible la realidad. Esta predilección por los objetos acabará dotando a cada uno de ellos de un marcado simbolismo y valor metafórico (matrimonio Arnolfini). La minuciosidad se convierte en una auténtica obsesión: los cabellos de una cabeza o de una piel, las flores en un rosal, los más pequeños brillos de una tela…

Junto a ello se desarrollará la representación del paisaje, tema casi ignorado en la pintura medieval. Se conseguirá, de forma intuitiva o empírica, un ilusionismo paisajístico en el que se insertan las figuras.



Carácter todavía demasiado estático de las representaciones, la escasa relación de las figuras (que a veces parecen como petrificadas) y el predominio de los detalles y las partes sobre el conjunto. Todo ello recuerdos de los estilos anteriores que hacen aproximar este estilo al gótico.

A pesar de ello se asiste al desarrollo de un nuevo método perspectivo. El espacio, los objetos, las figuras, la luz, están representados desde un punto: el lugar desde el cual el pintor ve la realidad. Se conseguirá así, como señalamos antes, un ilusionismo espacial que sirve para localizar a las figuras y objetos.

Los precursores: los hermanos Van Eyck y Roger van der Weyden

 

Jan van Eyck.

Es el precursor y principal miembro de esta escuela. En él se encuentran las principales características de la escuela aunque Jean desarrolló una técnica superior a la de sus compañeros sobre todo en perspectiva. Su mejor obra es El Retablo de San Bavónpolíptico de doce tablas, donde se resume la pintura flamenca: la perspectiva empírica, la obsesión por el realismo se transforma en un detallismo extremo (la misma perfección tiene una figura del primer plano que la hoja de un árbol del fondo), el dominio del dibujo que ayuda a hacer un estudio de calidades táctiles, sobre todo en el tejido, la sencilla composición simétrica, el colorido brillante, el misticismo de la obra…

Otra obra destacada es la Virgen del Canciller Rolindonde Jan convierte un tema religioso en unos estudiados retratos, con un protagonismo de paisaje y todo ello dentro de una escena cotidiana y en un escenario cotidiano y real. El canciller está arrodillado ante la Virgen y sobre ésta hay un ángel. Al fondo una ventana por donde se sale a un espacio exterior: un jardín y un fondo dividido en dos por un río. El detalle es el mismo para el rostro que para la torre campanario del fondo.

El detalle en los vestidos es extremo. La Virgen responde al canon de belleza de la mujer flamenca y el donante al canon de hombre de negocios, aunque el retrato es real e individual. Detrás del donante está la ciudad terrena y detrás de la Virgen la Jerusalén celeste, las dos unidas por un puente con siete arcos que simbolizan los siete sacramentos. 

Rogier Van der Weyden.

Influenciado por Jean Van Eyck, trabajó en Bruselas y destacó por su habilidad compositiva: las actitudes y los sentimientos. Su mejor obra es El Descendimiento donde vemos sus principales características: el elemento protagonista es esa expresividad de sus figuras tendente hacia el dramatismo patético. Es esta expresividad donde Van der Weyden supera a Van Eyck. Los fondos son planos pero las figuras son escultóricas, con relieve y volumen. Usa el color para representar las calidades táctiles dándole al conjunto un carácter preciosista y brillante. Los rostros son humanos, individuales, patéticos y con posturas muy expresivas.



Prendimiento de la capilla Scravegni de Padua. Giotto

Giotto rompe con la manera tradicional impregnada de influencia bizantina: parte de la imagen óptica que poseemos de la realidad. Trata de conceder existencia real a las cosas que pueden ser captadas por nuestra mirada y representar los estados de ánimo que conocemos por nuestra experiencia psicológica.

Judas da a Cristo el beso traidor que lo delata ante sus captores. Una gran agitación se produce, con un enfrentamiento entre sus discípulos y los que, armados, vienen a prenderle.

Se trata de una pintura mural al fresco en la que el artista empieza sus innovaciones por la técnica, ya que para ligar los colores introduce un batido hecho con yemas de arbustos, higos y otras sustancias que le permiten una pintura con tintes más claros y vivos.

Introduce, por primera vez, las relaciones psicológicas que existen entre los distintos personajes representados por medio de gestos que algo tienen de teatral. Judas cubre con su manto a Cristo y todas las miradas confluyen en este acontecimiento que marca el pasaje mientras el personaje de la derecha señala con el dedo la consecuencia de la traición: el reconocimiento.

Tres personajes (San Pedro cortando la oreja, la figura con capa del primer término y Judas que envuelve con su manto a Jesús mientras le da el beso) casi de espaldas, acentúan la tridimensionalidad. Un conjunto de cabezas apenas asomadas en varios planos crean la sensación de una muchedumbre que se proyecta en profundidad.

El vivo color de la capa de Judas atrae la atención hacia el hecho principal (la traición) aumentando la tensión dramática focalizada en los rostros enfrentados de Jesús y su apóstol que parecen abstraerse de la escena violenta que está produciéndose.

Un segundo elemento es la representación del volumen. El sombreado rompe con la tradición de la pintura plana del arte bizantino. El volumen se consigue con el modelado de los ropajes a través de efectos de luz y de sombra.



Giotto introduce paisajes rurales o urbanos esquematizados pero que propician un marco real donde se mueven las figuras. Los propios personajes recuperan las proporciones humanas. A Cristo no lo reconocemos por su mayor tamaño sino por su nimbo y su serenidad.


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