La espiritualidad popular: un tesoro para contemplar (3)



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La espiritualidad popular: un tesoro para contemplar (3)

Nuestras actitudes ante este tesoro


Volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!» (Lc 10,23-24)
Continuando en la línea de lo que venimos reflexionando, vamos ahora a contemplar nuestro modo de acercarnos a este tesoro de la RP. ¿Cómo nos paramos habitualmente frente a esta acción del Espíritu? ¿Qué respuesta damos hacia esta manifestación de Dios en su pueblo? ¿Qué espera Dios de nosotros como agentes pastorales?
1. Con un oído en el Evangelio

Algunos pasajes del Evangelio reflejan con evidencia nuestras habituales reacciones ante las cosas de Dios. Citaremos solamente tres episodios, que esconden algunas coincidencias entre sí, en las reacciones de Jesús y en las de los discípulos. El primero relata lo siguiente: Juan le dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros.» Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.» (Mc 9,38-40) Jesús purifica la miopía de Juan que le impide disfrutar del bien realizado, a pesar de pertenecer a otro grupo. Juan busca impedir, Jesús resuelve soltar, dejar, permitir, porque todo lo que es bueno es de Dios y viene de Él.

El segundo episodio relata el gesto heroico de María en Betania, seis días antes de la Pascua de Jesús, al ungir a Jesús con un valioso perfume (Jn 12,1-11). La reacción de Judas es mezquina, calculadora, mundana: ¿por qué no usar ese dinero para los pobres? Jesús le dice con firmeza: déjala. Y en el texto paralelo de Marcos 14, Jesús agrega: ella hizo lo que podía. Y termina diciendo que este humilde gesto gratuito será predicado a lo largo de los siglos.

Por último, nos encontramos con una parábola narrada por Jesús: el trigo y la cizaña (Mt 13,24 ss). Jesús toma una actitud permisiva ante la “amenaza” de la cizaña. Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?” No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. La novedad que este texto introduce es que aquí no se trata de permitir el desarrollo de una acción buena, sino más bien, de algo que puede ser nocivo para el crecimiento de lo bueno. Sin embargo, Jesús permite que crezcan juntas, para cuidar la vida del trigo. Su mirada no queda encerrada en el escandaloso instante. Su mirada va más allá, posándose en la cosecha final. Lo que hoy puede parecer una amenaza y un peligro, con el tiempo y mucha paciencia, se puede transformar en algo no tan nocivo o amenazante. Se trata, pues, de ampliar la mirada y no ahogarse en el pequeño instante, confiando más bien en la gradualidad de todo proceso y en la fuerza del trigo, más que en la amenaza de la cizaña.

En estos tres textos vemos un contraste claro entre el modo de Jesús y el nuestro. Impedir, detener, juzgar, controlar, intervenir, cortar: no parece ser el camino transitado por Jesús. Por el contrario, Dios prefiere dejar, valorar, aprovechar, promocionar lo que hay de bueno, valioso y bello.
2. Tentaciones más comunes:

Enumeremos ahora algunas de nuestras reacciones más habituales ante las manifestaciones de religiosidad popular.








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