La escena institucional



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LA ESCENA INSTITUCIONAL

O.SAIDON - G. BAREMBLITT - F. ULLOA



A partir del libro "La Escena Institucional", de próxima edición,

hemos pedido a algunos de sus autores que recreasen sus ejes

temáticos.
OSVALDO SAIDON
AYER: La escena Institucional

La historia y el desarrollo del análisis institucional en nuestro país

quedaron interrumpidos por el largo período en que la reflexión sobre

la práctica se vio obturada por una especie de ideología de la

obediencia, donde ridículos tiranos, contaban en nuestras

instituciones asistenciales y educativas, con funcionarios que

administraban reverencias y arcaísmos o se transformaban en

“servidores del pasado en copas nueva”.

En ese sentido la discusión antiinstitucional, las propuestas

autogestivas, el nuevo espíritu científico con sus nuevos y

sorprendentes paradigmas, que estuvieron en debate y discusión en

los finales de los 70 y comienzos de los 80, pasaron por alto las

playas rioplatenses.

Situación paradojal, la de este pensamiento, que tuvo sus

antecedentes entre otros en procesos desencadenados con especial

fuerza en la Argentina como por ejemplo: el desarrollo de las

corrientes grupalistas y de psicología social, los trabajos

institucionales de inspiración psicoanalítica, la ruptura de la

asociación psicoanalítica, y la formación de una organización de

Trabajo en Salud Mental. Esta historia y las coyunturas vividas por

nuestras instituciones dan al movimiento institucionalista algunas

características particulares. En comparación con las preocupaciones

desarrolladas en Francia o en Brasil por el pensamiento

institucionalista existe entre nosotros una atención mayor a la



articulación con el pensamiento psicoanalítico y al problema

de la metodología de intervención.

El análisis institucional tal como lo concebimos, si bien reconoce

antecedentes y preocupaciones comunes tanto en la psicología

institucional como en la llamada psicoterapia institucional y

comunitaria, va más allá del intento de articular los saberes

reconocidos y se plantea un pensar de otro modo -que al decir de

Rene Lourau en su manifiesto de lanzamiento- inaugura un “nuevo

espíritu científico”.

Finalmente, el análisis institucional se conforma como una

disciplina y una actividad de intervención. Esto se da a partir de una

conceptualización del término institución. La institución ya no es

vista como una técnica o un establecimiento y sí como una

forma general que produce y reproduce las relaciones sociales

y que se instrumenta en diferentes establecimientos y dispositivos,

en diferentes lugares y diferentes técnicas. Lapassade, uno de los

precursores de esta corriente, lo explica así : ... “si en estas

condiciones el término institución es conservado a pesar de todas las

dificultades que provoca, es porque conserva en el propio use y

sentido que le da la etimología, su sentido activo de mantener de pie

la máquina social y hasta de producirla, vertiente de lo instituido, no

para significar el establecimiento y sí porque la noción instituido

remite a formas universales de relaciones sociales, que nacieron

originariamente en una sociedad instituyente, que nunca son

definitivas; sino por el contrario, este instituido se transforma y hasta

puede entrar en el tiempo de su ocaso.”

Así, la institución es concebida como la relación activa entre lo

instituido y lo instituyente, y la tarea del análisis institucional es el

surgimiento de los analizadores que darán cuenta de la actividad y

producción institucional.

Más allá de una a otra técnica psicosociológica, el movimiento se

inscribe en un horizonte cultural a ideológico que plantea una acción

micropolítica tendiente a clarificar e intervenir en el proceso de

institucionalización y desinstitucionalización que recorre nuestra

sociedad.

HOY: Nuestro trabajo apunta específicamente a una reflexión

basada en vivenciar y resignificar el lugar del terapeuta, del

coordinador y del técnico en la institución. Esto nos lleva a la creación

de un espacio lúdico que posibilite la aparición de redes y

articulaciones fantasmáticas diversas, tanto en lo vertical, lo

horizontal y lo transversal que se juegan en la institución, sus grupos

y sus miembros.

Se intenta un trabajo que analice a intervenga a partir de la

implicación conciente a inconsciente de los actores institucionales,

que impone una reflexión acerca de los vínculos grupales que se

ponen en juego entre los grupos, sus miembros y con el imaginario

institucional.

Esto incluye un análisis de la dimensión corporal en sus diferentes

perspectivas, como cuerpo portador de afectos, generador de goce,

de padecimiento o de enfermedad y como cuerpo afectado por la

maquinaria institucional.

Sería propio de una retórica tecnicista quedarnos al margen de cuál

es el motor que hoy en nuestra realidad organiza nuestra propuesta

de trabajo.

Ella se inscribe en un modo de ser analistas que debería interrogar

tanto el campo de la clínica grupal, individual, como el trabajo con

instituciones y organizaciones. Los establecimientos y los diversos

instituidos (hospital, consultorios privados, instituciones

psicoanalíticas) son producidos y atravesados por procesos que dejan

la marca de la historia productivo deseante. Marcas soportadas por

los agentes institucionales, las tecnologías en uso, los espacios, la

arquitectura dominante y los modos de transmisión y comunicación.

Está todavía por explicarse, por ejemplo, la adhesión y la fascinación

que produce en cientos de agentes de salud mental el discurso

sofisticado, rebuscado a incomprensible, a veces, de cierto lacanismo

psicoanalítico.

Se precisa de investigaciones a intervenciones que den cuenta de

cómo en este final de milenio se viene organizando un consenso y

una subjetividad cómplice con estas políticas del despojo económico y

cultural. Los anuncios postmodemos sobre el fin del inconsciente, el

fin de la historia o el fin de lo social, procuran darle una racionalidad

y preparan la aceptación intelectual de esta “Realidad neoliberal”.

Por otra parte, la velocidad de los cambios registrados en el

panorama ideológico en el mundo, la caída de las utopías, la

preponderancia omnímoda del mercado, ataca núcleos de

constitución psíquica de maneras que todavía desconocemos, al

tiempo que estamos presenciando el surgimiento de formas

imprevisibles de subjetivización.

El porvenir es imprevisible y sabemos, que toda recreación de la

vida psíquica a institucional, exige un investimiento anticipado del

tiempo futuro.

El desafío que hoy se presenta es mantener en suspensión las

certezas, pero incorporar la consistencia de una práctica, que

revolucione lo cotidiano y encuentre en la permanente

experimentación, las posibilidades de pensar de otro modo.



MAÑANA: Especialización y espacialización en las

instituciones.

Gilles Deleuze nos habla de dos modos de agenciamiento del

deseo: uno molar-sedentario y otro nómade-molecular. Estas formas

recorren de diferentes modos la historia social e individual y se van

transformando en los diferentes modos de producción dominantes.

El trabajo en y con instituciones nos plantea una serie de desafíos

que apuntan a un trabajo transdisciplinario. No se trata de un intento

ecléctico de armonizar diferentes pensamientos y saberes ya

reconocidos. Hacemos use de terapias y técnicas parciales pero no

con referencia a una totalidad que en realidad no está en ninguna

parte, sino en cuanto a estrategias de paso, dentro de saberes

constituidos y diagramados.

Consideramos a los saberes como instituciones sin establecimiento,

sin espacio aparente y manifiesto. Esta característica es la que le

permite a estos saberes, todo el tiempo, diagramatizar el mundo,

organizar los espacios, fijar los límites, así como por ejemplo la

geometría euclidiana participa en el trazado de la segmentación de

las ciudades a partir de su concepción del espacio. Entonces, hacer



análisis institucional es cuestionar el lugar, el espacio del

especialista, y atravesarlo por otras prácticas que la

especialización y las disciplinas intentan recortar o dejar fuera

de su campo.

Analizar, transversalizar, es pasar una línea que no se segmentariza

o que por lo menos produce una segmentarización que no

está prefijada. Vemos el espacio urbano y cómo los saberes y las

instituciones van marcando los territorios.

Varios autores (Foucault, Deleuze, Senett) nos han mostrado cómo

modernamente la planificación urbana tiene como objetivo simplificar

y reducir a lo previsible y a lo visto, el movimiento y la sociabilidad en

las grandes ciudades.

La ciudad en la actualidad es percibida como un contexto de caos y

desorden, por lo tanto, es necesaria la organización institucional y la

construcción de una personalidad conservadora en el use del espacio

que permita evitar y reducir el imprevisto. Así vemos por todas partes

la aparición de territorialidades, segmentaciones duras,

centralizaciones, que organizan nuestros trayectos de ocio y de

trabajo, en un afán de capturar la expansión del deseo más allá de lo

previsible y controlable.

Pero hay también una geometría operatoria, una geometría

nómade, primitiva, en que las figuras no son separables de sus

efectos, las líneas de su devenir; hay curvaturas en lugar de círculos.

Digamos entonces, que en los márgenes del espacio instituido,

se debate un espacio instituyente, no previsible, recorrido por

líneas flexibles que entran en permanente contacto con las

segmentarizaciones que impone lo instituido.

Volvamos al análisis institucional: ¿cómo se debaten estas

diferentes concepciones del espacio?. Por un lado, el espacio

institucional nos remite a la idea de establecimiento como el lugar

que organiza las diferentes acciones a intercambios de los miembros

de una institución. En especial el establecimiento hospitalario y el

escolar, han sido objeto de estudio de diversas corrientes en

psicología social y análisis institucional.

Esta concepción ha sido criticada por la corriente socioanalítica que

mostró la confusión que se produce cuando se trata analógicamente

al establecimiento y la institución; se impide así captar el sentido de

las fuerzas instituyentes. La institución no se define más como



un lugar, sino como una relación entre lo instituyente y lo

instituido que da lugar a la institución como un espacio

inacabado y en gestación permanente.

Así, la noción de espacio institucional comienza a ensanchar su

sentido. La institución es captada como un espacio contradictorio,

atravesado por fuerzas que escapan a los límites que le fija la física

del establecimiento. No podremos investigar el quehacer institucional

si no es en sus relaciones con otras instituciones. Comienza a

definirse una física del espacio constituida por líneas de fuerza que se

ejercen en un sentido centrífugo o centrípeto a la institución.

Ante una demanda institucional debemos definir nuestro campo

de trabajo: precisar la constitución de un campo de análisis por un

lado y del campo posible de intervención por el otro. La propuesta

del análisis institucional es extender el campo de intervención

lo más próximo posible al campo de análisis.

Así entendemos la liberación de la palabra en la institución. Otro

concepto que nos obliga a cuestionar y mantener viva la reflexión

sobre los límites o la extensión de nuestro trabajo institucional es la

idea de transversalidad. Esta se refiere a la necesidad de evaluar

permanentemente hasta qué -punto el índice de apertura que

estamos usando en un grupo tanto para el análisis como para la

intervención, es extremadamente conservador de sus formas

instituidas de funcionamiento o por el contrario excesivamente

dispersante hasta el riesgo de su demolición.

El análisis institucional realiza su trabajo a través de los

analizadores y no solamente a través de los analistas o especialistas.

Los analizadores construidos o espontáneos son acontecimientos,

situaciones, crisis, que producen espacios contradictorios y

transversalizados donde los grupos van realizando el diagnóstico de

situación y su práctica de intervención en un mismo acto.



Analizar es recuperar un espacio, desterritorializarlo,

conjurar los efectos de sobreedificación o rotulación, posibilitando

así, la creatividad o el surgimiento de otros efectos

de sentido.
GREGORIO F. BAREMBLITT
CUERPOS, GRUPOS E INSTITUCIONES

Dentro de la corriente institucionalista se ha consagrado como un

lema la sentencia de la Ética de Spinoza: “Nadie sabe lo que puede

un cuerpo”. La sentencia resalta la imposibilidad de determinar a

priori la capacidad de afectar y ser afectado que un cuerpo posee,

siendo la misma pensable como infinita. Todo depende de los modos

y atributos que un cuerpo actualice en sí, lo cual, a su vez, remite a

las acciones y pasiones con las que incide sobre otros y es incidido

por ellos. Spinoza se refiere a cualquier cuerpo, y eso incluye el

cuerpo llamado humano (...).

Meandros físico químicos fabulosos del microcuerpo, cuya

complejidad y potencia parece desafiar la imaginación más afiebrada;

macro y microcuerpos tecnológicos articulados a las máquinas

modernas, cuerpos jurídicos que se conforman y funcionan en base a

los patrones institucionales de las leyes y normas, o según su

trasgresión, o en su ignorancia; cuerpos semióticos o corpus

lingüísticos que no son sino universos de signos y señales de

proporciones y alcances inmensos, de magnitudes coextensivas a las

alcanzadas por los medios actuales de comunicación.

Micro y macrocuerpos económicos y políticos cuyas vicisitudes

están regidas por el sentido históricamente pregnante de la

producción y el consumo o del ejercicio del poder.

Cuerpo individual, de grupo, de masa. En fin, cuerpos y cuerpos

cuya naturaleza, peculiaridad a influencia nada tienen que envidiar en

complejidad, novedad y exotismo a las tan mentadas propiedades del

cuerpo erógeno o el fantasmático descubiertos por el Psicoanálisis.

Hallazgos que permiten comparar los cuerpos de un modo de

producción con los de otros, y hasta posibilitan reconstruir la

corporeidad de las civilizaciones hoy extintas.

Constataciones que se diversifican y enriquecen críticamente aún

más, cuando se asume que las disciplinas que nos han donado estas

maravillosas visiones del “cuerpo” son eso mismo que su nombre

indica: disciplinas, o sea, que han nacido y existen para definir a

intervenir sobre los cuerpos con la finalidad tanto de liberarlos de las

determinaciones que los constriñen cuanto de someterlos y

conformarlos a otros.

Medio de actualización de potencias corporales y, al mismo tiempo,

recursos para controlarlas, clasificarlas, ordenarlas y domesticarlas,

poniéndolas al servicio de la organización histórica-hegemónica de la

producción, la reproducción y la antiproducción (...). Ya no hay lugar

para el narcisismo ingenuo de una disciplina, ni para la megalomanía

de la poli-disciplina, ni para la petulancia modernista de la

inter-disciplina, aunque sólo reconocer y propiciar ese pluralismo ya

sería bueno para prevenir religiosidades vulgares o técnicas fanáticas.

Porque cuando se trata de curar cuerpos, de educarlos, de

socializarlos, de analizarlos... o de someterlos a cualquier práctica

moderna de prestación de servicios, la pregunta esencial a formularse

es: ¿cuánto estamos fabricando cuerpos y cuánto los estamos

facultando para inventarse a sí mismos? 0, partiendo de la base que

siempre hacemos las dos cosas: ¿cuánto reproducimos y gerenciamos

corporalidades normativizadas (aun mediante fórmulas tales como

"cuerpo simbolizado") y cuánto catalizamos la autogestión de cuerpos

singulares, instituyentes y revolucionarios?.

Nuestra civilización está “enferma”, entre tantas otras cosas, de la

división técnica, social y libidinal del trabajo. El lema de nuestra

cultura reproductiva de sí misma parece ser: “La repetición ciega o la

reiteración lúcida para los ciudadanos comunes, la inspiración

extraordinaria para los inventores y los demiurgos”. Se hace

indispensable reivindicar el campo de la clínica no ya como el de la

juiciosa interpretación de una partitura despótica pre-digerida, sino

como el espacio de la audacia, del arte, del juego, de la lucha, de la

vida. Pero, esas potencias no equivalen a las que prometen por el

ejercicio de la intrascendencia profesional y específico de

procedimientos asépticos destinados a promover la “sublimación”, la

“creatividad”, o el “pensamiento positivo” en tres, trescientas o tres

mil sesiones.

El campo de la clínica no puede ser exclusivamente el de los

consultorios privados o el de las organizaciones ad hoc. Se trata de

construirlo en las redes a intersticios de la trama social misma, donde

los cuerpos se fraguan y se intercalan como piezas de una

maquinaria, donde objetiva y subjetivamente sufren y gozan o donde,

la mayor parte de las veces, gozan con el propio sufrimiento.

En contextos muy sofisticados la palabra, incluso la ciencia de la

palabra, se ha tornado en una especie de paraíso artificial en los que

las fuerzas circulan reverberantemente y sirven a una sofisticada

negación de la realidad social, del cuerpo, de la política, etc.,

entonces ¿en qué consiste una intervención institucional? Apenas en

la posibilidad de que lo cuerpos se muevan, demuestren su poder,

vehiculicen las fuerzas... ya no hay más que hablar, porque el hablar

promete sus efectos salvadores para un infinito interminable y los

cuerpos permanecen quietos en los divanes o en otras posiciones más

o menos ortopédicas...

Es el tema de la hegemonía de lo que se llama el logos como

phoné, es decir, la hegemonía de la palabra, de lo dicho, de lo no

dicho, de lo discursivo, de lo retórico, etc.

Creo que lo que hay que revertir no es cierto psicoanálisis, sino la

hegemonía del verbalismo.

En ese sentido, todas las técnicas grupales, corporales, verbales y

expresivas son valiosas si la política, la logística, la estrategia y las

tácticas están claras, si el valor es lo nuevo y no lo útil.

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Nosotros agregaríamos:

“Nadie sabe lo que puede la conexión productiva de muchos cuerpos,

incluidos los de los agentes sociales-técnicos cuando están unidos por

el deseo de libertad.”


F.ULLOA
ENTREVISTA

¿Cuáles son los aspectos fundamentales que se ponen en

juego en una intervención institucional?
Ulloa: Mis primeras conceptualizaciones en psicología institucional

procuraron organizar la posibilidad de una lectura semiológica de una

institución desde la clínica, digamos, desde una situación un poco

atípica de la clínica. Giraban en torno a lo que por entonces, yo llamé

“la teoría de las fracturas”. En esta teoría yo mostraba cómo una

institución puede definirse desde la distribución del espacio, del

tiempo y de los roles, lo cual supone articulaciones reales y virtuales

de lo distribuido. En una patología institucional, en la tensión,

digamos, conflictiva institucional estas articulaciones aparecen

fracturadas y constituyen puntos semiológicos importantes donde

convergen el conflicto institucional facilitando el abordaje clínico de la

institución.

Eso fue en una época inicial, ingenua de mi práctica, pero que en

realidad sigo validando actualmente. Posteriormente, me fui

insertando más en las instituciones en que vivo, las asistenciales, de

enseñanza, profesionales, políticas, y también en la institución

psicoanalítica. Pero fundamentalmente la institución hospitalaria.

Entonces, fui poniendo a punto otro aspecto metodológico, más que

metodológico otra conceptualización del conflicto institucional dentro

de lo que llamo: "Síndrome de violentación institucional" (S.V.I.).

En una intervención institucional se ponen en juego distinto;

grados de violencia, legítima o ilegítima, para ir estableciendo el

necesario consenso con que se enfrenta o se desarrolla la c las tareas

principales de esta institución para alcanzar los objetivos que se

propone. Esto implica operar y violentar los intereses personales,

singulares, los intereses deseantes de los sujetos. Quiere decir, que

en una institución la organización con. sensual de una tarea principal

va haciendo cultura institucional en la medida, en que se violentan,

insisto, legítima o ilegítimamente los intereses personales o

vocacionales, éticos, las expectativas de capacitación, de

remuneración de aquellos que son movidos desde los mismos a

integrarse en esa institución. Esto produce un cierto malestar que

podría ser definido como el malestar en la cultura, en términos

freudianos, donde entra , jugar la ley y a operar los procesos de

castración como elemento de culturalización. Pero, cuando me refiero

al Síndrome de violentación institucional, quiero señalar cómo opera

arbitrariamente la violentación para alcanzar esa situación

consensual. Entonces, los sujetos transforman sus funciones en

síntomas, con lo cual se instaura toda una situación sintomática que

suele ser el punto de partida que demanda la intervención de un

análisis institucional.
-¿En qué consiste específicamente este modelo?

Esta situación del S.V.I. remeda muchísimo una vieja figura de

psicoanálisis que Freud describía en los comienzos de su práctica

como neurosis actuales. Situaciones que si bien no descartan la

incidencia histórica del sujeto en el conflicto privilegian las

motivaciones actuales como disparadores de éste conflicto.

Las neurosis actuales constituyen un modelo interesante par, el

abordaje institucional, en primer término porque a las neurosis

actuales no se las analiza sino que requieren medidas higiénicas. Esto

es un punto importante dentro de una institución, el no psicologizar el

conflicto, el darse cuenta que en esta intervención se requiere

alcanzar políticas normativas que modifiquen precisamente las causas

actuales de este conflicto.

Las neurosis actuales se refieren a la circulación de la líbido tal

como Freud la describió. Acontece que un sujeto que ha de gradado

sus funciones a síntomas, termina teniendo dificulta des severas en

cuanto al investimiento libidinal de su trabajo ya puede caer en una

situación de descarga masiva, de trabaja a destajo, como en una

inhibición para hacerlo, tal como ocurre precisamente en el modelo

de Freud, específicamente en la descarga sexual. Por otra parte, las

neurosis actuales configuran situaciones tóxicas tanto en el nivel

mental donde se provoca una verdadera pérdida de pensamiento, de

imaginación, como en el nivel corporal que sume al sujeto en

distintos grados de mortificación física, sobre todo de modalidad

asténica.

Un cuadro típico que destacaba Freud era precisamente la

neurastenia, tal vez un modelo psicopatológico que valdría la pena

revisar actualmente sobre todo en el ámbito laboral de las

instituciones.

Mi trabajo consiste fundamentalmente en tratar de revertir esta

situación tóxica, situación de disminución de la producción intelectual

y de mortificación física en función de lo que llamo el dispositivo de la

Comunidad Clínica para la conceptualización de la práctica cotidiana.
- ¿Cómo podrían conceptualizarse los distintos niveles que

abarcan dicho dispositivo?
La Comunidad Clínica, que no hay que confundir con comunidad

terapéutica, trata de conceptualizar la práctica clínica cotidiana a

partir de tres ejes fundamentales: un eje clínico abarcativo, que

permite englobar en el grupo a distintas procedencias curriculares,

distintos roles, distintos niveles. Se trata de conceptualizar

clínicamente esta práctica cotidiana no sólo desde el conflicto

institucional sino específicamente desde la tarea con los pacientes. Es

una actividad de transmisión y capacitación en procura de destreza

clínica.

También se trabaja sobre un eje psicoanalítico; yo pretendo operar

desde mi formación psicoanalítica en estos trabajos institucionales, y

si bien no siempre puedo "estar psicoanalista", no dejo de procurar

asumirme como psicoanalista, pertinentemente a la naturaleza del

campo. En este sentido resulta importante constatar cómo las causas

teóricas psicoanalíticas o de otro diseño teórico promueven efectos

clínicos que habrán de convalidar o invalidar esas causas teóricas. No

se trata de practicar teorías sino de conceptualizar prácticas en lo

posible apoyados en la excelencia teórica. El eje de la

conceptualización de la práctica cotidiana también se refiere a lo

institucional viendo cómo la problemática de la institución se va

desarrollando a la par que se instituye el ámbito de la comunidad

clínica como ámbito de producción de inteligencia. En este sentido yo

insistiría en algo que con frecuencia destaco: desde el punto de vista

psicoanalítico la producción de inteligencia no se refiere tanto a dos o

muchos que "se entienden" sino dos o muchos que "entienden"

singular y deseantemente. Dos o muchos que "entienden" terminarán

creando un campo de inteligencia que haga posible llegar a acuerdos

para la tarea, para el placer, es decir para recuperar la inteligencia y

el buen humor.
- ¿Cómo piensa la resistencia institucional?

- Yo en general no tiendo a hacer una "importación" literal de la

experiencia psicoanalítica y entonces no tomaría la palabra

resistencia en el contexto institucional de la misma forma que lo tomo

en un dispositivo típico psicoanalítico, pero en realidad la resistencia

institucional la advierto más en término de los grados de

permeabilidad o impermeabilidad de una institución frente a una

intervención. Uno podría pensar que las instituciones a veces son

semejantes, solamente semejantes, a los cuadros de las prepsicosis y

un analista tiene una cierta cautela cuando está frente a una

presicosis de no disparar arbitrariamente una psicosis. También en

una institución cuando uno advierte los grados posibles de

permeabilidad a impermeabilidad esta tratando de no crear una

situación de disgregación institucional. A veces, en una situación

institucional particularmente conflictiva, yo prefiero

"desinstitucionalizar" al sector con el que voy a trabajar,

reuniéndome con ellos fuera de la institución y crear condiciones de

capacitación, condiciones epistemológicas de forma tal que estas

personas vuelvan a la institución y que su accionar más

conceptualizado, más reflexionado, configure de por sí una

intervención institucional sin que yo haya intervenido en la geografía

de la institución.


- ¿Cómo entiende la posición del que lleva a cabo la

intervención institucional?

- El grado mayor del síndrome de violentación institucional asume

ciertas características de la tragedia, en la forma con que yo suelo

definir la tragedia como una situación de dos lugares, un

enfrentamiento de amo-esclavo. A veces este enfrentamiento es

entre dos grupos, a veces entre dos personas. Estos enfrentamientos

muchas veces toman formas conceptuales pero en realidad lo que se

advierte es que cada uno de los sectores enfrentados desde su

subjetividad "inventan" al otro, a la otra fracción. Se instaura así, una

situación trágica donde no hay ninguna posibilidad de espacio lúdico

ni espacio para la inteligencia, y aquí en esta situación trágica de dos

lugares es importante la intervención de un tercero que mediatice, un

tercero de apelación asumiendo los riesgos metodológicos que en la

clínica tiene esta actitud.


Realización Karen F: Eliscovich

Documento extraído de www.educ.ar


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