La epistemología tiene la clave



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Una vez hecho el repaso a los fundamentos históricos de esté disciplina, es el momento de plantearse si realmente la psicología sirve para algo. 0, dicho con otras palabras, si nos podemos fiar de la psicología. Éste es un tema que suele aparecer en el debate creado acerca de si la psicología es una ciencia o no,­ si los descubrimientos que se le atribuyen son avances de verdad que nos permitan beneficiarnos de nuevos conocimientos sobre nosotros mismos y las sociedades en las que vivimos. Asimismo, en muchas ocasiones este debate puede convertirse en una cuestión personal: resulta razonable entender que a los profesionales del mundo de la psicología les reconforta pensar que trabajan en el ámbito científico, mientras que las personas relacionadas con las ciencias puras pueden llegar a pensar que el prestigio de que gozan puede quedar en entredicho si otras disciplinas con descubrimientos más inexactos se incorporan a sus círculos. Éste es uno de los motivos que ha dado paso al llamado problema de demarcación, que es el debate filosófico que se plantea cuáles son los límites de la ciencia y del conocimiento bien sustentado. En este capítulo exploraremos esta cuestión.

LA EPISTEMOLOGÍA TIENE LA CLAVE

Como ya comentamos anteriormente, la adopción del método científico por buena parte de la psicología no ha conseguido consolidar una visión unificada de lo que debe ser esta disciplina. Sin embargo, hay algo en lo que probablemente todas las personas que se han dedicado a la psicología están de acuerdo, aunque partan desde enfoques irreconciliables: generar conocimiento sobre aquello que estudian, ya sea algo objetivo o subjetivo, no es nada fácil. Y esto es así, entre otras cosas, porque a la hora de investigar temas relacionados con la psicología es extremadamente complicado saber por dónde empezar. La psicología tiene que preocuparse en fundamentar sus explicaciones acerca de los temas que estudia, y esto no es tarea sencilla, por supuesto. No es un trabajo previsible y maquinal porque no existe manual de instrucciones. Es más, tenemos que redactarlo nosotros y decidir qué criterios utilizar para organizarlo y darle contenido para saber si una disciplina en concreto va por el buen camino a la hora de utilizar ciertos enfoques y metodologías y también para determinar qué es lo que esta disciplina tiene que estudiar y con qué tipo de conceptos tiene que trabajar.

Ésta es la razón por la que la psicología no sólo se relaciona con la filosofía por el hecho de heredar de ella ciertas preguntas fundamentales sobre nuestra mente, nuestra naturaleza y el modo en el que construimos nuestro conocimiento sobre lo que nos rodea. La psicología también se relaciona con la filosofía porque como cualquier ciencia natural o social, necesita constantemente un fundamento para justificar la validez del conocimiento que genera. Y ese fundamento no se encuentra en el propio método que se usa ni en el contenido de lo que se estudia, sino que surge de un posicionamiento filosófico. Dicho de otro modo, la psicología puede aportar datos sobre ciertas cosas, pero para poder interpretarlos deben ser sometidos a un debate acerca de cuál es su naturaleza, qué significan y hasta qué punto los métodos que hemos usado para obtenerlos responden a las preguntas planteadas. Los psicólogos necesitan que sus planteamientos y sus modos de orientar las investigaciones estén justificados



DATO CURIOSO

Hoy en día abundan las teorías y las terapias que, aunque se asocian con la psicología, ni son fruto de investigaciones sistemáticas sobre un tema ni pueden ser contrastadas empíricamente. Es el caso, por ejemplo, de las constelaciones familiares, cuyo sustento teórico es una mezcla de religión y opiniones personales que no guardan relación con nada que se pueda demostrar empíricamente. Por ejemplo, una de las ideas en las que se basan las constelaciones familiares es que nuestros problemas pueden ser consecuencia de enfermedades y traumas sufridos por nuestros ancestros, aunque no sepamos nada de ellos. La idea de estas propuestas pseudocientíficas no es tanto que no funcionen sino que ni siquiera se puede establecer para qué sirven, ya que su eficacia no puede demostrarse de manera objetiva. Su problema es, por lo tanto, de tipo epistemológico.

filosóficamente, les hace falta una búsqueda de los fundamentos para que el conocimiento que generan esté bien sustentado. Y de eso se ocupa la epistemología, que es la rama de la filosofía que se encarga de estudiar la validez de los fundamentos y métodos del conocimiento científico. Esto implica que a través de la epistemología justificamos las distintas explicaciones sobre la realidad y diferenciamos entre el conocimiento bien asentado y las ideas absurdas o las simples opiniones. Por mucho que se encumbre «la ciencia» como una autoridad absoluta sobre casi todos los temas, lo cierto es que tanto la interpretación de los datos que proporciona como las presuposiciones sobre las que se llevan a cabo las líneas de investigación son temas que no se fundamentan en la ciencia en sí, sino en la filosofía epistemológica. En el caso de la psicología ocurre lo mismo; tiene que estar sujeta a un constante debate de tipo filosófico para conocer el alcance y la validez de las conclusiones a las que llegan sus estudios. Este debate continuo es de naturaleza epistemológica. En definitiva, la filosofía es, además de la madre de todas las ciencias, un conjunto de estudios que podría seguir existiendo aunque desapareciese la ciencia tal y como la conocemos hoy en día. Sin embargo, más allá de esta aparente brecha que separa entre sí ciencia y filosofía, esta última es y siempre será la encargada de definir cómo tiene que ser la ciencia, a qué objetivos debe apuntar y bajo qué premisas son válidos sus descubrimientos. Y esta «guía» para la ciencia la proporciona la epistemología.

ENTENDIENDO LA PSICOLOGÍA COMO UNA CIENCIA: POSITIVISMO y POSPOSITIVISMO

Aunque en el segundo capítulo ya vimos las preguntas desde las que parte la psicología, queda por contestar una más, esta vez relacionada con ella misma: ¿qué tipo de ciencia es la psicología? O, incluso, podemos ir más allá y preguntarnos: ¿es la psicología una ciencia? Para responder a esta pregunta debemos tener en cuenta que la definición actual de ciencia está muy influenciada por dos paradigmas epistemológicos llamados positivismo y pospositivismo.

El positivismo es una teoría filosófica desarrollada a principios del siglo XIX por los pensadores John Stuart Mill, Saint-Simon y, especialmente, por el sociólogo francés Auguste Comte. Según el positivismo, el conocimiento verdadero es el que puede ser extraído científicamente. Esto, para Comte, significaba que para conocer la realidad debemos limitarnos a analizar las conexiones entre hechos observables y sus efectos igualmente observables y medibles para, a partir de estos datos, descubrir leyes universales que sirvan para explicar y predecir las cosas que ocurren. El positivismo pretende desechar las ideas oscurantistas, el misticismo y la metafísica, y subraya la importancia de que la ciencia descomponga todo aquello que quiere estudiar en partes muy concretas para, a partir de sucesivas comprobaciones basadas en lo que ocurre materialmente en la realidad, poder ir creando teorías y leyes científicas que nos hablen sobre cómo funciona el mundo y que, además, nos permita predecir cómo seguirá funcionando en el futuro. Entre las cosas que se podrían llegar a predecir si nos mantenemos fieles a los principios del positivismo se encuentra, según Comte, el funcionamiento de nuestra sociedad en cada momento de la historia.

Siguiendo las premisas del positivismo, a la hora de estudiar si una persona es tímida o no, por ejemplo, nos centraremos en tomar nota del tiempo que dedica a mirar a los ojos a otras personas durante una conversación y las veces que inicia una interacción con alguien desconocido y mediremos el volumen de su voz cuando hable con alguien, en vez de simplemente observar a esa persona y reflexionar sobre la impresión general que nos ha dado. De esta manera contamos con criterios objetivos para extraer datos sobre esa persona y compararlos con los datos que tenemos de los demás para, a partir de ahí, saber en qué medida ese individuo es más tímido de lo normal. La psicología heredera del positivismo de Comte, pues, tiende a ser reduccionista, es decir, se centra en el estudio de hechos simples para construir teorías más complejas a partir de los datos que obtiene de esta forma, y, con tal de crear conocimiento a partir de comprobaciones minuciosas avanza lentamente acumulando piezas de información que pueden parecer poco importantes o incluso banales, especialmente si se cree que la psicología debería aspirar a buscar verdades trascendentales en cada una de sus líneas de investigación. Por supuesto, las corrientes psicológicas más fieles al positivismo parten de una filosofía materialista, al hacer que sus análisis traten más sobre elementos y procesos objetivos y observables que sobre ideas relativamente abstractas y difíciles de plasmar en varias comprobaciones.

EL FALSACIONISMO DE POPPER

En el siglo XX, sin embargo, llegó Karl Popper, un filósofo de origen vienés que, si bien defendía, al igual que Comte, la existencia de una realidad material y objetiva, no era tan optimista acerca de nuestras posibilidades de llegar a conocerla. Este epistemólogo creía que una serie de observaciones no sirven para obtener una teoría fiable, ya que no hay nada en la información que obtenemos que nos garantice que la conclusión a la que hemos llegado vaya a ser válida siempre. Por ejemplo, podemos comprobar muchas veces que las personas diagnosticadas con depresión severa obtienen una baja puntuación en un test de autoestima, pero eso no nos garantiza que nunca nos vayamos a encontrar a alguien que no cumpla esta regla. Por eso, para Karl Popper crear conocimiento con aval empírico no consiste en comprobar que queda validado muchas veces por la propia experiencia, sino en ponerlo a prueba intentando encontrar casos en los que no se cumpla; por eso sostuvo que la diferencia entre las teorías científicas y las no científicas es que las segundas no pueden ser refutadas a través de la experiencia porque son demasiado generales y ambiguas y, pase lo que pase, parecen confirmarse siempre, mientras que las primeras se pueden falsar. Así pues. la ciencia debe abrazar el principio epistemológico de la falsabilidad para generar conocimiento fundamentado, y este sólo será válido de manera relativa, mientras no se demuestre lo contrario.

De este modo, Karl Popper defendió la corriente filosófica del falsacionismo, que defiende el principio de la falsabilidad. El falsacionismo fue además una herramienta que Popper utilizó para cuestionar la validez de las teorías y enunciados en los que se apoyan las religiones y el psicoanálisis, ya que para este filósofo no pueden ser desmentidas no porque no sean verdaderas, sino por sus planteamientos y el modo en el que se fundamentan en conceptos ambiguos (y, en el caso de las religiones, incluso hay normas que previenen contra el cuestionamiento de ciertos dogmas).

De hecho, la mayor de las críticas al psicoanálisis en su globalidad viene de la filosofía de la ciencia de Karl Popper, que en los años treinta cargó contra la ambigüedad de las explicaciones propias de la corriente iniciada por Freud. Popper sostenía que el psicoanálisis está planteado de tal forma que todos los hechos que ocurren confirman siempre la teoría, ya que ésta es tan flexible que es capaz de explicarlo todo. El hecho de que fuese prácticamente imposible que la experiencia contradijera las teorías del psicoanálisis significaba para este filósofo que ésta no podía considerarse una ciencia, porque se encontraba en una vía muerta del desarrollo intelectual. Ésta es una crítica que sigue teniéndose muy presente hoy en día en los círculos científicos, y es por eso por lo que el psicoanálisis es duramente criticado; no exactamente porque sus propuestas de intervención psicológica no sean eficaces, sino porque no se puede demostrar si funcionan o no, ni si en los casos en los que muestra cierto tipo de eficacia ésta se debe a que la teoría es correcta.

Los sacerdotes y los psicoanalistas, decía Popper, hacen que su empeño por explicarlo todo dé paso a un conjunto de teorías que en la práctica no explican nada. Los casos en los que una

DATO CURIOSO

El falsacionismo de Popper se trató de un esfuerzo intelectual por combatir el «efecto gurú» de los oradores que formulan explicaciones tan abstractas sobre los hechos que no se pueden refutar. Sin embargo, el fenómeno psicológico llamado efecto Forer constata hasta qué punto somos capaces de dar por válido este tipo de palabrería. En 1948, el psicólogo estadounidense Bertram R. Forer reunió a un grupo de estudiantes para que cada uno completase un test de personalidad y luego puntuase del O al 5 la exactitud con la que esta herramienta describía su manera de ser. El promedio de la puntuación que se le dio al test de personalidad fue de un 4,2 sobre 5, una cifra nada desdeñable. La cuestión es que los estudiantes no sabían que a todos ellos se les había dado la misma descripción de su personalidad formada por la combinación de varios textos extraídos de diferentes horóscopos. Desde entonces, el efecto Forer se usa para indicar cierta propensión a dar por válidas descripciones de la personalidad que parecen hechas a medida pero que son tan poco precisas que podrían ser aplicadas a cualquiera.

comunidad de personas dedica su vida a sacrificarse por los demás son ejemplos en los que la creación de Dios revela su perfección, mientras que las conductas aberrantes son interpretadas como consecuencia de la libertad que Dios nos deja para pecar. Del mismo modo, un discípulo de Freud puede achacar cualquier tipo de comportamiento a las fuerzas psíquicas que operan en el inconsciente de una persona sin que exista el riesgo de que lo que observa sirva para desmentir las teorías en las que se basa la terapia que ofrece. Pero las ideas de Popper no sólo comprometieron seriamente el psicoanálisis y las religiones, también supusieron un ataque a los cimientos del positivismo lógico heredero del paradigma positivista de Comte, ya que según el modelo epistemológico popperiano el método inductivo construido a partir de la repetición de observaciones no forma parte de la lógica: aquello que ayer era verdad, mañana puede ser refutado. Popper entiende el conocimiento científico como algo en constante desarrollo, no exacto y que debe ser reformulado para adaptarse a los nuevos hallazgos que desafían ideas anteriores. Tanto el positivismo lógico como el pospositivismo, en la práctica, hacen hincapié en la idea de que la ciencia debe descomponer teorías en hipótesis muy concretas que pueden servir para predecir hechos concretos, aunque mientras que los herederos directos del paradigma positivista creían que era posible explicar la realidad en su totalidad, el pospositivismo señala que sólo podemos llegar a explicar y predecir ésta de una manera aproximada. Por eso, según Popper, el conocimiento es generado de manera científica mientras sea razonablemente útil y se base en premisas que puedan ser refutadas a través de la observación de los hechos.

DISTINTOS MÉTODOS UTILIZADOS EN PSICOLOGÍA

Gran parte de la psicología actual toma el relevo de estas dos teorías filosóficas, lo cual significa que para extraer conclusiones acerca de nuestros actos y nuestros procesos mentales se intenta que las teorías estén basadas en mediciones. Las teorías sirven para formular hipótesis que pueden ser confirmadas o falsadas mediante mediciones, y aunque el conocimiento generado de este modo no tiene por qué ser totalmente verdadero, sí resulta razonablemente consistente y útil. Esto significa que las teorías psicológicas nunca se pueden demostrar lo suficientemente como para convertirse en verdades absolutas y universales, sino que expresan un grado de probabilidad de que algo ocurra. Por esta razón, la estadística es tan importante en psicología. En tanto que disciplina que se sirve del método científico, la psicología trata de poner a prueba hipótesis que sirvan para predecir aspectos de nuestra conducta y nuestros procesos mentales, y lo hace usando el lenguaje de los números. De este modo se mide la frecuencia con la que las personas rellenan ciertas opciones de los test de personalidad, las veces que ocurre cierta conducta en el grupo de personas a las que se les hace creer una idea, etc. Ésta es la base del método cuantitativo, que permite establecer gradaciones, porcentajes y umbrales gracias a los cuales se puede ver si los valores obtenidos para cada opción se corresponden con lo que sería esperable si una hipótesis fuese cierta. Los números no mienten, y ofrecen una base para refutar o reforzar ciertas ideas acerca de cómo actuamos, pensamos y sentimos.

También se utilizan técnicas de investigación cualitativas, como las entrevistas que carecen de un guión rígido y que le dan libertad a la persona estudiada para que se exprese como quiera, sin tener que ceñir sus opiniones y las ideas que quiere transmitir a opciones de respuesta que ha decidido previamente un equipo de investigadores. Sin embargo, en muchos casos la información recogida a través de métodos cualitativos es transformada en números (mediante el uso de tablas de frecuencia en las que constan las veces que se dan diferentes tipos de comportamientos o de frases), lo cual permite que se trabaje estadísticamente con los datos obtenidos. Pero, más allá de la distinción entre métodos cuantitativos y cualitativos, también podemos distinguir entre el método experimental, el correlacional y el descriptivo. El método correlacional consiste en analizar el modo en el que dos o más variables (es decir, características o hechos que queremos estudiar) se relacionan entre sí. Por ejemplo, se puede estudiar si hay una correlación positiva entre el nivel de agresividad de los miembros de una población y su nivel de ingresos, lo cual significaría que las personas con mayor nivel de ingresos son más agresivas, o si hay una correlación negativa entre el grado de introversión y el número de interacciones sociales que se tienen a lo largo de un día, lo cual significaría que las personas más introvertidas suelen tener un menor promedio de interacciones diarias que el resto de las personas. Por supuesto, también cabe la posibilidad de que las variables no se relacionen entre ellas siguiendo un patrón claro, en cuyo caso hablamos de correlaciones nulas. Los estudios basados en el método correlacional son muy útiles, pero no nos dicen nada acerca de la relación causa-efecto entre dos variables. Por ejemplo, gracias a ellos podemos saber que las personas que votan a cierto partido tienden a ser más religiosas que el resto, pero no sabemos si votan a ese partido porque éste responde a los intereses de sus organizaciones religiosas o si se han ido haciendo más conservadoras a medida que consumían medios de comunicación afines a ese partido.

El método descriptivo se basa en realizar informes en los que siguiendo ciertos criterios se realiza una descripción de características o hechos que interesa estudiar, sin pretender necesariamente explorar las correlaciones entre variables. Ejemplos de métodos descriptivos pueden ser un estudio de caso en el que personal médico informe detalladamente de las alteraciones cognitivas de un paciente con una lesión cerebral o una observación realizada sobre el mismo terreno en el que ocurre una dinámica de interacciones que se quiere estudiar, tal y como hace el investigador que entra en un aula de colegio para ver cómo se desarrolla la dinámica educativa de una clase. Este método sirve para obtener información sobre detalles que nos interesan acerca de una persona o grupos de personas, pero no permiten ni llegar a conclusiones sobre otros sujetos que no han sido estudiados.

Por su parte, el método experimental consiste en realizar observaciones controladas para estudiar relaciones de causa-efecto entre variables. Para conseguirlo, se manipula una variable que recibe el nombre de variable independiente para ver el efecto que esto tiene sobre otra variable, la llamada variable dependiente. Si el experimento está bien diseñado y se desarrolla correctamente, los resultados obtenidos pueden servir para hacer predicciones; por ejemplo, nos permitiría decir que cierto tipo de terapia psicológica resultará eficaz a la hora de tratar casos de depresión, porque las personas sobre las que se interviene con esa terapia mejoran más que aquellas que siguen otras formas de tratamiento y que aquellas que no son tratadas.

A la hora de seguir estos métodos pueden utilizarse distintas herramientas para recopilar datos: desde encuestas hasta test de personalidad, pasando por programas informáticos especialmente diseñados para recopilar datos en tiempo real sobre lo que sucede en los experimentos. A su vez, las tres metodologías tienen su utilidad, pero el método experimental es especialmente interesante para aquellos casos en los que el objetivo sea detectar tendencias más o menos universales y relativamente independientes de los contextos culturales o históricos. Los métodos descriptivos, por su parte, están más indicados para los casos en los que se quiera estudiar únicamente a una persona o a un colectivo de personas concretas e insustituibles, como por ejemplo una pequeña tribu que vive aislada o la población de un municipio. Por supuesto, y dejando al margen que el coste económico sea mucho mayor, todas las metodologías se pueden combinar para conocer mejor aquello que se está estudiando.

LA PSICOLOGÍA: ¿CIENCIA O PSEUDOCIENCIA?

Aunque se sirva del método científico, el objeto de estudio de la psicología no se parece a aquello que investigan, por ejemplo, la física, la biología o la química. Dentro de estas disciplinas pueden establecerse leyes científicas que permiten predecir con una altísima probabilidad de acierto lo que va a ocurrir con cuerpos en movimiento, átomos y moléculas, y, por lo tanto, un solo descubrimiento en ellas puede hacer que todo un sistema de ideas cambie. Esto es así porque, en estas ciencias, saber el valor de unos pocos factores permite que se reduzca una gran parte de la incertidumbre acerca de lo que va a ocurrir, mientras que en el comportamiento y los procesos mentales de las personas están interviniendo una cantidad prácticamente infinita de variables. La psicología, pues, puede aspirar a encontrar ciertas tendencias que sirvan para predecir aspectos sobre nosotros, pero incluso estos patrones generales que se observan dependen de las circunstancias concretas que están presentes en el momento de recopilar los datos para la investigación, porque las condiciones en las que se encuentran las personas cambian con el tiempo y nunca llegan a ser exactamente iguales que cuando éstas son puestas bajo observación. Por todo ello, la psicología puede ser considerada, pues, como una ciencia inexacta basada en el uso de estimaciones probabilísticas, y con una vertiente que se adentra en el terreno de las ciencias sociales.



Aquello que nos define como humanos es responsable, también, de que el modo en el que nos comportamos no pueda ser enteramente comprendido a través de las ciencias naturales. Un átomo de helio siempre es un átomo de helio, pero los seres humanos estamos cambiando constantemente, al igual que cambia el entorno en el que vivimos y las ideas y sensaciones que pasan por nuestra mente. Los estados en los que nos encontramos nunca son reversibles; todo lo que vivimos nos afecta y nos modifica, y por eso nunca podremos ser hoy la misma persona que ayer. Eso explica que ciertas tendencias en nuestro comportamiento puedan existir en el momento actual, pero quizá desaparezcan dentro de unos años. La psicología llega a conclusiones que, aunque en muchos casos se basan en el estudio de temas abordables desde la biología, están relacionadas con nuestra historia vital, mientras que las ciencias puramente naturales tienen objetos de estudio que no varían (o que lo hacen de manera controlada, como el paso del estado líquido al gaseoso). Entender que la psicología forma parte del mundo científico significa asumir que dentro de la definición de ciencia pueden darse estas limitaciones.

En definitiva, si bien hay ciertas escuelas de psicología que tienen que ver más con la filosofía que con el uso del método científico para generar conocimiento, existe una importante vertiente de la psicología que se preocupa por ceñirse a los principios que guían la ciencia tal y como la entendemos hoy, y que utiliza la estadística para buscar regularidades en nuestra manera de actuar, pensar y sentir. Muchas personas utilizan el término "psicología científica» para referirse a estas comunidades de psicólogos, pero otras prefieren hablar simplemente de psicología, lo cual implica que esta disciplina únicamente puede existir como ciencia, y que aquellas corrientes o escuelas que no pretendan contrastar empíricamente sus teorías sólo pueden ser calificadas como pseudociencia. Este tipo de controversias quizá no ayuden a encontrar la definición exacta de la psicología, pero al fin y al cabo es un debate que merece la pena tener. ¡De eso depende el rol de los psicólogos!


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