La educación en valores a través de la música



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En la misma línea del ejemplo anterior, se suman nuevos y valiosos recuerdos referidos a la calle donde se ubicaba la escuela, la bandera, los bancos alineados por parejas, la vieja estufa, las pizarras, la cruz y foto conmemorativa en la pared, el bidón de leche en polvo, las múltiples historias contadas por el profesor….y el repaso a todos aquellos compañeros que hoy estarán ejerciendo diferentes funciones en la sociedad, todo gracias a “mi escuela”.

4.2- Mi escuela




En una calle estrecha y olvidada,

Balsea con el viento una bandera.

No es profesión, un cortejo lo que espera


sólo está allí para decir a su manera

que detrás del balcón, está mi escuela.

Son quince bancos alineados por parejas,

con mil historias que sólo sabe el profesor

y aquella estufa vieja.

Son tres pizarras y allá arriba en la pared,

la foto aquella del señor condecorado,

cerca una cruz y en un rincón

aquel bidón de leche en polvo abandonado.

Aquí aprendieron a aprender de un sacristán hasta un letrado,

caballero, un gran poeta y aquel flaco chaval que luego fue torero.

De aquí tomo mi cedilla todavía y la siento en mi alma

y abono con mi vida y de lo que hacen por mí,

por mí se queda, si lo queréis saber, id a mi escuela.

(Víctor y Diego. Mi escuela)
Insertamos aquí también las memorias percibidas por un niño que, aunque no pudo asistir a la escuela, sigue cada uno de los pasos de sus compañeros como si tal caso ocurriera, pero que no deja de cuestionarse porqué le ha tocado precisamente a él. Se presenta una buena oportunidad para reflexionar sobre el derecho a la educación.

La vieja escuela

Los ve llegar, los ve jugar y sus ojos brillan más,

ellos van corriendo, ellos van riendo y él piensa que no pudo ser.

Ellos se acercan, él cuenta historias que nadie cree, nadie cree

y él se pregunta porqué, porqué.

En la vieja escuela, él no pudo estar en ella (bis).

Un día más al anochecer, suena el timbre y ellos se van

él se despide sonriendo sin dejar de pensar que mañana ellos volverán

para hacerle recordar y él se preguntará porqué, porqué.

(Ducan Dhu)


Las experiencias registradas por este alumno sobre su paso por la escuela, se reducen a los continuos borrones en su cuaderno provocados por la tinta y sobretodo sus sabrosas evasiones y fantasías que se ven interrumpidas por el sonido de la campana y el rezo del Padre nuestro, mientras el maestro explica la geografía. Sobre estos aconteceres, abundan destacados testimonios en el mundo de la literatura. (Cuadernos de Pedagogía, 1990; Sopeña, 1995; Esteve, 1998: 23-26; Cremades, 1999).



Recuerdo escolar (nostalgias escolares)



Una voz gritando siempre


siempre gritando silencio.

Mis manos llenas de tinta

emborronan un cuaderno.

Lejos, muy lejos, muy lejos

se oye la voz del maestro

que habla de montes y ríos.

Me escapo por la ventana,

corro, corro por el cielo

y voy jinete celeste

sobre un nubarrón muy negro.

Persiguiendo nubes blancas

paso la tarde de invierno,

me despierta una campana:

“Padre nuestro…”.

(Lole y Manuel. Una voz y una guitarra. Virgin. 1995).
La posterior nostalgia escolar, fechada en la década de los sesenta, adjunta de novedoso a las anteriores los recuerdos sobre los himnos, los bocadillos de queso americano del recreo, el juego al tacón, los intercambios de cromos, los deberes y castigos y algo imprescindible, enseñar desde la esperanza y la libertad, no desde la opresión y el castigo. Será una ocasión para refrescar aquellos recuerdos significativos para quienes se acerquen a estas páginas.


Días de escuela




Bien abrigado llegaba al colegio, 1960, hace poco tiempo


formados frente a una cruz y a ciertos retratos

entre bostezo y bostezo, gloriosos himnos pesados.

Despertamos en pupitres de dos en dos

Aún recuerdo el estrecho bigote de D. Ramón

y la estufa de carbón frente al profesor

la dichosa estufa que no calienta ni a Dios.

Suena el timbre al fin

bocadillos, recreo de evasión

una tortura más antes del juego,

la leche en polvo y el queso americano

Dale tú, y el corazón después

Te cambio los cromos y el juego al tacón

Dale tú, la ligo yo

Apresuremos el tiempo que ya nos detendremos.

Dos horas de catecismo y en mayo la comunión

la letra con sangre entra, otro cajón

tarea para mañana, pues con la Frigo otra copla

los del cuadro y hasta mañana D. Ramón.

Y ahora tú qué pensarás

si cuanto más te oprimían, más amé la libertad.

Y es a ti a quien canto hoy

enseña a tu hijo, enseña a tu hijo la libertad.

(Asfalto)
En el mes de septiembre de 1999, el País Semanal publicó un reportaje acerca de la infancia de varios famosos nacionales, para tal evento, se les pidió que escribieran un texto sobre aquel período de sus vidas. Joaquín Sabina fue uno de ellos y creó el siguiente soneto donde plasma aquella lejana etapa. Dos años más tarde, el cantautor reconoce que él no puede ejercer de poeta sino que se considera tan solo un juntaversos (Manrique, 2001: 18). A pesar de ello, no deja de plasmarnos en muchas de sus composiciones musicales situaciones similares a los párrafos anteriores. Como muestra, adjuntamos nuevos componentes de su recordatorio escolar: un colegio religioso, los continuos rezos del rosario, la percepción fisiológica y psicológica de sí mismo, el cine del domingo, la primera novia, los desengaños de los adultos y la vigilancia ejercida desde la guardia civil. No obstante, es preciso también reconsiderar las creaciones musicales extraídas del cuaderno escolar de su infancia, en el disco titulado “Yo, mi, me, contigo”, en junio de 1996 (Menéndez, 2001: 187).
Soneto

Mi infancia es una iglesia con campanas

Y el patio de un colegio salesiano

Y el rosario seis veces por semana

Y una charca con ranas en verano.

Mi infancia la marcó D. Evaristo

Con sangre para que la letra entrara;

Yo era un niño con granos, flaco y listo,

Los profesores…sádicos con vara.

Y el cine del domingo por la tarde


Y la primera novia y las primeras

Pajas y los primeros desengaños.
Y los adultos mansos y cobardes

Y los tricornios por la carretera
Y huir cuando se cumplen veinte años”

(Joaquín Sabina)
Por último, un victorioso y patriótico cántico dedicado por unos estudiantes a un inolvidable Instituto donde se ensalzaban los valores como el respeto, el honor, la disciplina y la alegría.

Himno del heroico Instituto Vidal
Con respeto y honor saludamos

a nuestro heroico Instituto Vidal

para que con orgullo en el futuro

nuestra frente podamos en alto llevar.

Entreguemos nuestras vidas al estudio

con firmeza, rigor y perfección





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