La Doctrina Secreta 1



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3. CUANDO EL UNO SE CONVIERTE EN DOS, APARECE EL TRIPLE (a), Y LOS TRES

(30) SON UNO; Y ÉSTE ES NUESTRO HILO, ¡OH, LANÚ!, EL CORAZÓN DEL HOMBRE

PLANTA, LLAMADO SAPTAPARNA (b).
(a) “Cuando el Uno se convierte en Dos, el Triple aparece”; o sea cuando el Uno eterno lanza su reflejo en la región de la Manifestación, aquel reflejo, el Rayo, diferencia al agua del espacio, o según las palabras del Libro de los Muertos: “El Caos cesa gracias al fulgor del Rayo de Luz Primordial disipando la total oscuridad, con el auxilio del gran poder mágico de la Palabra del Sol (Central)”. El Caos se convierte en andrógino; el Agua es incubada por la Luz, y el Ser Triple brota como su “Primogénito”. “Ra (Osiris-Ptah) crea sus propios miembros (como Brahmâ), creando los Dioses destinados a personificar sus fases” durante el Ciclo (31). El Ra egipcio, saliendo del Abismo, es el Alma Divina Universal en su aspecto manifestado, y lo mismo es Nârâyana, el Purusha “oculto en el Âkâsha, y presente en el Éter”.

Ésta es la explicación metafísica, y se refiere al principio mismo de la Evolución, o como diríamos más bien, de la Teogonía. el significado de la Estancia, cuando se explica desde otro punto de vista, en su referencia al misterio del hombre y su origen, es todavía más difícil de comprender. Con objeto de formar un concepto claro de lo que significa el Uno convirtiéndose en Dos y transformándose después en el Triple, tiene el estudiante que enterarse primero perfectamente de lo que nosotros llamamos Rondas. Si se dirige al Esoteric Buddhism (primera tentativa para trazar un bosquejo aproximado de la Cosmogonía arcaica), verá que se entiende por Ronda la evolución en serie de la Naturaleza material naciente, de los siete Globos de nuestra Cadena (32) con sus reinos mineral, vegetal y animal, estando el hombre incluido en el último y a la cabeza del mismo, durante el período entero de un Ciclo de Vida, al que más tarde llamarían los brahmanes un “Día de Brahmâ”. Es, en resumen, una revolución de la “Rueda” (nuestra Cadena Planetaria), la cual está compuesta de siete Globos o siete “Ruedas” separadas, esta vez en otro sentido. Cuando la evolución ha descendido en la materia desde el Globo A al Globo G o Z, esto es una Ronda. O la mitad de la Cuarta revolución, en la cual nuestra Ronda presente “la evolución ha alcanzado el colmo de su desenvolvimiento físico, ha coronado su obra con el hombre físico perfecto y, desde este punto, comienza su vuelta hacia el espíritu”. Todo esto casi no necesita repetirse; pues se halla bien explicado en el Esoteric Buddhism. De lo que en él apenas se trataba, y lo poco que en en él se dice ha conducido a muchos al error, es del origen del hombre, y respecto de este punto puede hacerse ahora un poco más de luz, lo suficiente para hacer más comprensible la Estancia; pues el asunto no será explicado de un modo completo más que en su lugar debido, en los volúmenes III y IV.

Ahora bien; cada Ronda en el arco descendente, es tan sólo una repetición en forma más concreta de la precedente; así como cada Globo hasta nuestra Cuarta Esfera, la Tierra actual, es una copia más corpórea y densa de la Esfera menos material que la precede, en su orden sucesivo en los tres planos superiores (33). En su camino hacia arriba por el arco ascendente, la Evolución espiritualiza y etereiza, por decirlo así, la naturaleza general de todo, llevándolo a un nivel con el plano en que se halla colocado en el arco opuesto el Globo gemelo; siendo el resultado que cuando se llega al séptimo Globo en cualquier Ronda, la naturaleza de todo lo que evoluciona, vuelve a la condición en que se hallaba en su punto de partida, con la adición, cada vez, de un grado nuevo y superior en los estados de conciencia. Así resulta claro que el llamado “origen del hombre” en esta nuestra Ronda presente, o Ciclo de Vida en este Planeta, debe ocupar el mismo lugar en el mismo orden -salvo detalles fundados en condiciones locales y de tiempo- que en la Ronda precedente. Además, debe explicarse y recordarse que, así como la obra de cada Ronda se dice que corresponde a un Grupo diferente de los llamados Creadores, o Arquitectos, lo mismo sucede con cada Globo, o sea que se halla bajo la vigilancia y dirección de Constructores y Vigilantes especiales: los diferentes Dhyân Chohans.

“Creadores” es una palabra incorrecta; pues ninguna religión, ni siquiera la secta de los Visishthadvaitis en la India (que antropomorfiza a Parabrahman mismo), cree en la creación y ex-nihilo, como los cristianos y judíos, sino en la evolución de materiales preexistentes.

El Grupo de la Jerarquía a cuyo cargo se halla la “creación” de los hombres es, pues, un Grupo especial; y desenvolvió el hombre-tipo en este Ciclo; precisamente como un Grupo todavía más elevado y espiritual, lo desenvolvió en la Tercera Ronda. Pero como es el sexto, en la escala descendente de Espiritualidad (siendo el último y séptimo el de los Espíritus terrestres (Elementales), que forman, construyen y condensan gradualmente su cuerpo físico), este Sexto Grupo no desenvuelve más que la forma-sombra del hombre futuro, una copia de sí mismo, sutil, transparente, apenas visible. A la Quinta Jerarquía (los seres misteriosos que presiden sobre la constelación de Capricornio, Makara o “el Cocodrilo”, en la India y en Egipto) corresponde la obra de animar a la forma animal, vacía y etérea, y hacer de ella el Hombre Racional. Éste es uno de los asuntos de que muy poco puede decirse al público en general. Es un misterio verdaderamente; pero tan sólo para quien se halla preparado a desechar la existencia de Seres Espirituales, conscientes e intelectuales en el Universo, limitando la Conciencia plena sólo al hombre, y esto únicamente como una “función del cerebro”. Muchas son aquellas de las Entidades Espirituales que se han encarnado corporalmente en el hombre, desde el principio de su aparición, y que, sin embargo, existen tan independientes como antes en lo infinito del Espacio.

Para decirlo con mayor claridad, una Entidad invisible semejante, puede estar corporalmente presente en la tierra sin abandonar, sin embargo, su estado y funciones en las regiones suprasensibles. Si esto necesita explicación, nada mejor podemos hacer que recordar al lector casos análogos en lo llamado “Espiritismo”, si bien son muy raros, al menos en lo referente a la naturaleza de la Entidad que se encarna o toma posesión temporalmente de un médium. Pues los llamados “espíritus” que pueden en ocasiones apoderarse de los cuerpos de los médiums, no son las Mónadas o Principios Superiores de personalidades desencarnadas. Semejantes “espíritus” pueden ser tan sólo Elementarios, o Nirmânakâyas. Precisamente, así como ciertas personas, sea en virtud de una organización peculiar, o gracias al poder del saber místico adquirido, pueden ser vistas en su “doble” en un sitio, mientras su cuerpo se halla a muchas millas de distancia; del mismo modo puede suceder un hecho análogo, tratándose de Seres superiores.

El hombre, filosóficamente considerado, es, en su forma exterior, sencillamente un animal, apenas más perfecto que su antecesor, parecido al pitecoide, de la Tercera Ronda. Es un Cuerpo vivo, no un Ser viviente, puesto que para darse cuenta de la existencia, el “Ego Sum” necesita conciencia de sí mismo; y un animal puede poseer tan sólo conciencia directa, o instinto. Tan bien comprendido era esto por los antiguos, que hasta el kabalista ha considerado al alma y al cuerpo como dos vidas, independientes una de otra. En New Aspects of Life, el autor expone esta enseñanza kabalísica:
Sostienen ellos que, funcionalmente, Espíritu y Materia, de correspondiente opacidad, tendieron a unirse; y que los Espíritus creados resultantes estaban constituidos, en el estado desencarnado, por una gama en que se hallaban reproducidas las diferentes opacidades y transparencias del Espíritu elemental o increado. Y que estos Espíritus, en estado desencarnado, atrajeron, se apropiaron, dirigieron y asimilaron el Espíritu elemental y la Materia elemental, cuya condición se hallaba en conformidad con la suya propia... Ellos enseñan, por tanto, que existía una gran diferencia en la condición de los Espíritus creados; y que en la íntima asociación entre el mundo del Espíritu y el mundo de la Materia, los Espíritus más opacos, en el estado desencarnado, eran arrastrados hacia las partes más densas del mundo material, y tendían por lo tanto, hacia el centro de la Tierra, en donde encontraban condiciones más apropiadas a su estado; al paso que los Espíritus más transparentes pasaban al aura que rodea al planeta, encontrando los más enrarecidos su residencia en el satélite de aquél (34).
Esto se refiere exclusivamente a nuestros Espíritus Elementales, y nada tiene que ver con las Fuerzas Inteligentes Planetarias, Siderales, Cósmicas o interetéricas, o “Ángeles”, como les llama la Iglesia Romana. Los kabalistas judíos, en especial los ocultistas prácticos que se ocupan de magia ceremonial, tan sólo han tenido en cuenta los Espíritus de los Planetas y los llamados “Elementales”. Por lo tanto, lo expuesto abarca sólo una parte de las enseñanzas esotéricas.

El Alma, cuyo vehículo corpóreo es la envoltura astral, etéreo-substancial, puede morir, y sin embargo, continuar el hombre viviendo en la tierra. Eso es, puede el alma libertarse del tabernáculo y abandonarlo por varias razones, tales como la locura, la depravación espiritual y física, etc. La posibilidad de que el Alma (es decir, el Ego Espiritual eterno) resida en los mundos invisibles, mientras su cuerpo vive en la Tierra, es una doctrina eminentemente oculta, en especial en la filosofía buddhista y china. Muchos son los hombres sin alma entre nosotros; pues este caso se sabe que tiene lugar entre los extremadamente materializados y perversos, así como entre personas “que adelantan en santidad y no vuelven más”.

Por tanto, lo que los hombres vivientes (Iniciados) pueden hacer, más fácilmente lo pueden verificar los Dhyânis, quienes se hallan libres de todo cuerpo físico que les estorbe. Ésta era la creencia de los antediluvianos, y hoy gana rápidamente terreno también en la moderna sociedad inteligente, entre los “espiritistas”, así como en las Iglesias griega y romana, las cuales enseñan la ubicuidad de sus Ángeles. Los zoroastrianos consideraban a sus Amshaspends como entidades dobles (Ferouers), aplicando este dualismo -en filosofía esotérica por lo menos- a todos los habitantes espirituales e invisibles de los mundos, innumerables en el espacio, visibles para nuestros ojos. En una nota de Damascio (siglo VI) acerca de los oráculos caldeos, tenemos una amplia evidencia de la universalidad de esta doctrina, pues dice: “En estos oráculos, los siete Cosmocratores del Mundo (“Las Columnas del Mundo”), mencionados igualmente por San Pablo, son dobles; una serie estaba designada para regir los mundos superiores, espirituales y siderales, y la otra para vigilar y guiar los mundos materiales”. Tal es también la opinión de Jámblico, quien establece una distinción evidente entre los Arcángeles y los Archontes (35).

Lo que antecede puede aplicarse, por supuesto, a la distinción hecha entre los grados u órdenes de los Seres Espirituales, y en este sentido, la Iglesia Católica Romana trata de interpretar y de enseñar la diferencia, porque, al paso que los Arcángeles son, según sus enseñanzas, divinos y santos, sus “Dobles” son denunciados por ella como Demonios. Pero la palabra Ferouer no ha de comprenderse en este sentido, pues significa sencillamente el reverso o el lado opuesto de algún atributo o cualidad. Así es que, cuando el ocultista dice que el “Demonio es lo inverso de Dios” -el mal, el reverso de la medalla-, no pretende significar dos realidades separadas, sino los dos aspectos o facetas de la misma Unidad. Ahora bien: el mejor de los hombres vivientes, puesto al lado de un Arcángel (tal como los describe la Teología), aparecería como este infernal. De aquí que haya cierta razón para rebajar a un “doble” inferior, que se halla mucho más profundamente sumido en la materia que su original. Pero, sin embargo, existe bien poco motivo para considerarles como demonios, y esto es precisamente lo que los católicos romanos hacen contra toda razón y lógica.

Esta identidad entre el Espíritu y su “Doble” material -en el hombre es el reverso- explica todavía mejor la confusión, a que ya se ha aludido en esta obra, en los nombres e individualidades, así como en los números, de los Rishis y los Prajâpatis, especialmente entre los del Período del Satya Yuga y el período Mahâbhâratiano. También arroja más luz sobre lo que enseña la Doctrina Secreta con respecto a los Manus-Raíz y los Manus-Semila. Se nos enseña que no solamente estos Progenitores de nuestra humanidad poseen su prototipo en las Esferas Espirituales, sino también cada ser humano, cuyo prototipo es la esencia más elevada de su Séptimo Principio. Así los siete Manus se convierten en catorce, el “Manu-Raíz” siendo la Causa Primera y el Manu-Semilla su efecto; y desde el Satya Yuga (el primer período) hasta el Período Heroico, estos Manus o Rishis se convierten en veintiuno en número.

(b) La sentencia final de esta Sloka demuestra cuán antiguas son la creencia y la doctrina de que el hombre es séptuple en su constitución. El “Hilo” del Ser que anima al hombre y que pasa al través de todas sus personalidades o renacimientos en esta Tierra -alusión a Sûtrâtmâ-, el Hilo, además, en el cual todos sus “Espíritus” se hallan engarzados, ha sido hilado de la esencia del Triple, del Cuádruple y del Quíntuple, que contienen todo lo precedente. Panchâshikha, según el Padma Purâna (36), es uno de los siete Kumâras que van a Shveta-Dvipa a adorar a Vishnu. Veremos más adelante qué conexión existe entre los “célibes” y castos Hijos de Brahmâ, que se niegan a “multiplicar”, y los mortales terrestres. entretanto, es evidente que “el Hombre-Planta, Saptaparna”, se refiere de este modo a los siete principios, y que el hombre es comparado a esta planta de siete hojas, tan sagrada para los buddhistas.

La alegoría egipcia en el Libro e los Muertos, que se refiere al “premio del Alma”, es tan significativa respecto de nuestra Doctrina Septenaria, como poética. Concédese al Difunto un lote de tierra en el campo de Aanroo, donde los Manes, las sombras divinizadas de los muertos, recogen, como cosecha de las acciones que han sembrado en vida, el trigo de siete codos de alto, que crece en un territorio dividido en catorce y siete porciones. Este trigo es el alimento con que vivirán y prosperarán, o que les matará en el Amenti, un reino del cual el campo de Aanroo es sólo un dominio. Porque, como se dice en el himno (37), el Difunto allí, o bien es destruido, o se convierte en un espíritu puro para la Eternidad, a consecuencia de las “siete veces setenta y siete vidas” pasadas o por pasar en la Tierra. La idea del trigo, cosechado como “fruto de nuestras acciones”, es muy gráfica.

4. ÉL ES LA RAÍZ QUE JAMÁS PERECE; LA LLAMA DE TRES LENGUAS Y DE CUATRO

PABILOS (a). LOS PABILOS SON LAS CHISPAS QUE PARTEN DE LA LLAMA DE TRES

LENGUAS (38) PROYECTADA POR LOS SIETE -DE QUIENES ES LA LLAMA- RAYOS DE

LUZ Y CHISPAS DE UNA LUNA QUE SE REFLEJA EN LAS MOVIENTES ONDAS DE

TODOS LOS RÍOS DE LA TIERRA (b) (39).


(a) La “Llama de Tres lenguas que jamás muere” es la Tríada espiritual inmortal: el Âtmâ-Buddhi y Manas, o más bien el fruto del último asimilado por los dos primeros, después de cada vida terrestre. Los “Cuatro Pabilos” que salen y se extinguen, son el Cuaternario, los cuatro principios inferiores, incluyendo al cuerpo.

“Yo soy la Llama de Tres Pabilos y mis Pabilos son inmortales” dice el Difunto. “Yo entro en el dominio de Sekhem (el Dios cuya mano siembra la semilla de la acción producida por el alma desencarnada), y entro en la región de las Llamas que han destruido a sus adversarios (o sea que se han desembarazado de los Cuatro Pabilos creadores de pecado)” (40).

“La Llama Trilingüe de los Cuatro Pabilos” corresponde a las cuatro Unidades y los tres binarios del árbol sephirothal.

(b) Así como millares de destellos resplandecientes cabrillean en las aguas de un océano en cuya superficie resplandece una misma luna, del mismo modo nuestras efímeras personalidades -las envolturas ilusorias del inmortal Ego-Mónada- danzan y chispean en las ondas de Mâyâ. Aparecen y duran, a manera de los millares de centelleos producidos por los rayos de la luna, tan sólo mientras la Reina de la Noche radia su resplandor sobre las “Aguas Corrientes” de la Vida, el período de un Manvántara; y después desaparecen, sobreviviendo sólo los “Rayos” -símbolos de nuestros Egos eternos espirituales- que han vuelto a la Fuente-Madre y tornan a ser, como antes eran, unos con ella.


5. LA CHISPA PENDE DE LA LLAMA POR EL MÁS TENUE HILO DE FOHAT. ELLA VIAJA

A TRAVÉS DE LOS SIETE MUNDOS DE MÂYÂ (a). SE DETIENE EN EL PRIMERO (41),

Y ES UN METAL Y UNA PIEDRA; PASA AL SEGUNDO (42), Y HELA HECHA UNA

PLANTA; LA PLANTA GIRA A TRAVÉS DE SIETE CAMBIOS, Y VIENE A SER UN ANI-

MAL SAGRADO (b). DE LOS ATRIBUTOS COMBINADOS DE TODOS ELLOS, SE FORMA

MANU (44), EL PENSADOR ¿QUIÉN LO FORMA? LAS SIETE VIDAS Y LA VIDA UNA (c).

¿QUIÉN LO COMPLETA? EL QUÍNTUPLE LHA. ¿Y QUIÉN PERFECCIONA EL ÚLTIMO

CUERPO? PEZ, PECADO Y SOMA... (d) (45).


(a) La frase “a través de los siete Mundos de Mâyâ” se refiere aquí a los siete Globos de la Cadena planetaria y a las siete Rondas, o las cuarenta y nueve estaciones de existencia activa que se encuentran ante la “Chispa” o Mónada al principio de cada Gran Ciclo de Vida o Manvántara. El “Hilo de Fohat” es el Hilo de Vida de que se ha hecho mención anteriormente.

Esto se refiere al más grande de los problemas filosóficos; a la naturaleza física y sustancial de la Vida, cuya naturaleza independiente es negada por la ciencia moderna por ser incapaz de comprenderla. Los reencarnacionistas y los creyentes en el Karma son los únicos que perciben vagamente que todo el secreto de la vida yace en la serie ininterrumpida de sus manifestaciones, sea en el cuerpo físico o aparte de él. Porque aun si:


La vida, a manera de cúpula de cristales de múltiples colores,

colora la blanca radiación de la Eternidad.

Shelley - (Adonais).
es, sin embargo, ella misma parte y partícula de aquella Eternidad; pues únicamente la Vida puede comprender a la Vida.

¿Qué es aquella “Chispa” que “pende de la Llama”? Es Jiva, la Mónada en conjunción con Manas, o más bien su aroma, aquello que queda de cada Personalidad cuando es meritoria, y que pende de Âtmâ Buddhi, la Llama, por el Hilo de Vida. De cualquier manera que se interprete, y sea cual fuere el número de principios en que se divida al ser humano, fácilmente puede demostrarse que esta doctrina es sostenida por todas las antiguas religiones, desde la védica hasta la egipcia, desde la de Zoroastro hasta la judía. En el caso de esta última, las obras kabalísticas nos ofrecen pruebas abundantes de tal afirmación. Todo el sistema de los números kabalísticos está fundado en el Septenario divino, pendiente de la Tríada, formando así la Década, y sus permutaciones 7, 5, 4 y 3, que, finalmente, se sumen todos en el Uno mismo; un Círculo interminable y sin límites.

El Zohar dice:
La Deidad (la Presencia siempre invisible) se manifiesta por medio de los diez Sephiroths, que son testigos radiantes. Es la Deidad a manera del Mar, del cual rebosa una corriente llamada Sabiduría, cuyas aguas caen en un lago que se llama Inteligencia. De este recipiente salen, a manera de siete canales los Siete Sephiroths... Porque diez es igual a siete; la Década contiene cuatro Unidades y tres Binarios.
Los Diez Sephiroths corresponden a los miembros del Hombre.
Cuando yo (los Elohim) formé a Adam Kadmon, el Espíritu del Eterno salió lanzado de su cuerpo, a manera de relámpago, y radió a un mismo tiempo sobre las ondulaciones de los Siete millones de cielos, y mis diez Esplendores fueron sus Miembros.
Pero ni la Cabeza ni los Hombros de Adam Kadmon pueden ser vistos; por lo tanto, leemos en el Siphra Dzenioutha, el “Libro del Misterio Oculto”:
En el principio del Tiempo, después que los Elohim (los “Hijos de Luz y de Vida”, o los Constructores), hubieron formado de la Esencia eterna los Cielos y la Tierra, formaron los mundos de seis en seis.
Siendo el séptimo Malkuth, el cual es nuestra Tierra (46) en su plano, el más inferior de todos los estados de existencia consciente. El Libro de los Números caldeo contiene una explicación muy detallada de todo esto.

La primera tríada del Cuerpo de Adam Kadmon (los tres planos superiores de los siete) (47) no puede ser vista antes que el alma se encuentre en la presencia del Anciano de los Días.


Los Sephiroths de esta Tríada superior son: 1º, “Kether (la Corona), representada por la frente del Macroprosopus; 2º, Chokmah (la Sabiduría, Principio masculino), representado por su hombro derecho; y 3º, Binah (la Inteligencia, Principio femenino), por el hombro izquierdo”. Vienen luego los siete Miembros, o Sephiroths, en los planos de la manifestación, estando representada la totalidad de estos cuatro planos por Microprosopus, la Faz Menor o Tetragrammaton, el Misterio de “cuatro letras”. “Los siete Miembros manifestados los tres ocultos constituyen el Cuerpo de la Deidad”.

Así nuestra Tierra, Malkuth, es a la par el Mundo séptimo y el cuarto. Es lo primero cuando se cuenta desde el primer Globo de arriba, y lo segundo si se cuenta por los planos. Es generado por el sexto Globo o Sephira, llamado Yezud, “Fundación”, o como se dice en el Libro de los Números, “por medio de Yezud, Él (Adam Kadmon) fecunda a la Heva primitiva (Eva o nuestra Tierra)”. Expresada en lenguaje místico, es ésta la explicación de por qué Malkuth, llamado la Madre Inferior, Matrona, Reina, y el Reino de la Fundación, es presentado como la desposada del Tetragrammaton o Microprosopus (el Segundo Logos), el Hombre Celestial. Cuando se libre de toda impureza, se unirá con el Logos Espiritual, o sea en la Séptima Raza de la Séptima Ronda, después de la regeneración, el día del “Sábado”. Pues el “Día Séptimo” posee además una significación oculta en que no sueñan nuestros

teólogos.
Cuando Matronitha, la Madre, es separada y traída cara a cara con el Rey en la excelencia del Sábado, todas las cosas se convierten en un cuerpo (48).
Convertirse en un cuerpo, significa que todo es reabsorbido una vez más en el Elemento Uno, convirtiéndose los espíritus de los hombres en Nirvânis, y volviendo otra vez los elementos de todas las cosas a lo que eran antes: al Protilo o Sustancia no diferenciada. “Sábado” significa Reposo, o Nirvâna. No es el “séptimo día” después de seis días, sino un período cuya duración iguala al de los siete “días”, o a cualquier período constituido de siete porciones. Así, un Pralaya es de duración igual a un Manvántara, o bien una Noche de Brahmâ es igual a su Día. Si los cristianos quieren seguir las costumbres judías, deben adoptar el espíritu y no la letra muerta de las mismas. Deberían trabajar durante una semana de siete días, y descansar siete días. Que la palabra “Sábado” ha poseído una significación mística, lo demuestra el desprecio de Jesús hacia el día de Sábado, y por lo que se dice en Lucas (49), el Sábado se entiende allí por la semana entera. Véase el texto griego en que a la semana se la llama “Sábado”. Literalmente: “Yo ayuno dos veces en el Sábado”. Pablo, un Iniciado, lo sabía bien cuando se refería como al Sábado, al reposo y felicidad eterna en los cielos (50); “y su felicidad será eterna, pues ellos serán siempre (uno) con el Señor, y gozarán un Sábado eterno” (51).

La diferencia entre la Kabalah y la Vidyâ Esotérica arcaica -tomando la Kabalah tal como se halla contenida en el Libro de los Números caldeo, y no falsificada según está en su copia desfigurada, la Kabalah de los místicos cristianos- es muy pequeña a la verdad, estando limitada a divergencias de forma y de expresión poco importantes. Así el Ocultismo oriental se refiere a nuestra Tierra como al Cuarto Mundo, el inferior de los de la Cadena, encima del cual se lanzan hacia arriba en ambas curvas los seis Globos, tres en cada lado. El Zohar, por otra parte, llama a la Tierra el inferior o el séptimo; añadiendo que de los seis dependen todas las cosas que se hallan en él (el Microprosopus). La “Faz Menor (menor por ser manifestada y finita), está formada de seis Sephiroths” -dice la misma obra-. “Siete Reyes vienen y mueren en el Mundo tres veces destruido (Malkuth, nuestra Tierra, destruida después de cada una de las Tres Rondas por las que ha pasado); y su reino (el de los Siete Reyes) será quebrantado” (52). Esto se refiere a las Siete Razas, cinco de las cuales han aparecido ya, y dos más que tienen todavía que aparecer en esta Ronda.

Las narraciones alegóricas Shinto, acerca de la cosmogonía y el origen del hombre, en el Japón, aluden a la misma creencia.

El capitán C. Pfoundes, que estudió cerca de nueve años, en los monasterios del Japón, la religión que existe bajo las distintas sectas del país, dice:


La idea Shinto de creación, es como sigue: Saliendo del Caos (Kon-ton) la Tiera (In) era el sedimento precipitado, y los Cielos (Yo), las esencias etéreas que han ascendido; el Hombre (Jim) apareció entre los dos. El primer hombre fue llamado Kuni -to tatchino-mikoto, y se le dieron otros cinco nombres, y entonces la raza humana apareció, varón y hembra. Isangi e Isanami engendraron a Tenshoko doijin, el primero de los cinco Dioses de la Tierra.
Estos “Dioses” son sencillamente nuestras Cinco razas, siendo Isanagi e Isanami las dos clases de “Antecesores”, las dos Razas precedentes que dieron nacimiento al hombre animal y al racional.

En los volúmenes III y IV se demostrará que el número siete, lo mismo que la doctrina de la constitución septenaria del hombre, ha sido preeminente en todos los sistemas secretos, y desempeña un papel tan importante en la Kabalah occidental, como en el Ocultismo oriental. Eliphas Lévi llama al número siete “la clave de la creación mosaica y de los símbolos de toda religión”. Presenta a la Kabalah siguiendo fielmente la misma división septenaria del hombre; pues el diagrama que él da en su Clef des Grands Mystères (53), es septenario. Puede verse esto con sólo una ojeada, por muy hábilmente que se halle velada la idea exacta. Es preciso también mirar el diagrama, “la formación del Alma”, en la Kabbalah Unveiled de Mathers (54), de la mencionada obra de Lévi, para encontrar lo mismo, si bien con interpretación diferente.



He aquí cómo aparece con los nombres kabalísticos y con los ocultos:
DIAGRAMA IV

1. Imagen de los Creadores. Cuerpo Físico. Sthûla Sharira.




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