La doctrina del tiempo en la literatura de jorge luis borges



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Tiempo y narración.

La poesía es una metafísica instantánea, capaz de recuperar la virtud mágica del lenguaje. Una metafísica del instante que lleva a la verdad del ser. Es restauradora de la virtud mágica de la palabra y el lenguaje. Borges menciona criaturas imaginarias como: el tiempo, el yo, el ser, Dios, el espacio, la naturaleza, el infinito, el libre albedrío; con ellas da forma a un discurso sobre la vida y sus sentidos.



¿Cómo narramos el tiempo? ¿Desde el mito a la literatura, pasando por la filosofía? .Para Borges el presente es una partícula fugaz del pasado, estamos hechos de olvido222; “El presente nunca parecerá tan pintoresco como el pasado”223

“Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca. Esa profundas reflexiones resultaron inútiles; tras de consagrar la tarde al estudio de Schopenhauer o de Royce…”224.

Cualquier intento de definir o hasta de caracterizar objetivamente el tiempo amenaza con envolvernos inmediatamente en antinomias insolubles. Una razón común de esas antinomias y aporías parece residir en que ni la metafísica ni la epistemología se han mantenido estrictamente dentro de los límites que Kant traza y precisa en su diferenciación entre “imagen” y “esquema”225. En lugar de referir las imágenes sensibles al monograma de la imaginación pura, una y otra vez caen en la tentación de querer explicar este último por medio de determinaciones puramente sensibles. Esta tentación es más fuerte en cuanto que es renovada y alimentada constantemente por una facultad básica del espíritu: el lenguaje. Cuando se trata de designar determinaciones y relaciones temporales, el lenguaje depende enteramente de la mediación del espacio, y de esta compenetración con el mundo espacial se desprende también su vinculación con el mundo de las cosas, el cual es pensado como existente en el espacio. Es así como la forma del tiempo sólo puede ser expresada apoyándose de algún modo en las determinaciones espaciales objetivas. Borges hablando de sus primeras producciones literarias, refiriéndose a este tema dijo: “Durante muchos años, en libros ahora felizmente olvidados, traté de redactar el sabor, la esencia de los barrios extremos de Buenos Aires: naturalmente abundé en palabras locales, no prescindí de palabras como cuchilleros, milonga, tapia y otras, y escribí así aquellos olvidables y olvidados libros”226 Esta alusión a ciertos ejercicios de excesivo color local, no deja duda acerca de cuáles y de qué época serán estos; tampoco del tiempo al que se refiere.

El mito parece poder penetrar más profundamente que el lenguaje, parece poder permanecer dentro de la forma originaria del tiempo, pues capta al mundo no como un ser inerte sino como un devenir continuo; no como forma determinada, sino como una metamorfosis que se renueva siempre. Partiendo de esta concepción básica se eleva ya hasta una individualidad temporal completamente universal.

Ni los dioses mismos son señores del tiempo y del destino sino que se encuentran sometidos a su ley primaria. Es así como el tiempo es experimentado como destino mucho antes de ser concebido en un sentido puramente teórico, como orden cósmico del acaecer. Lo que se presenta al pensamiento filosófico como “fundamento” permanente del ser constituye al mismo tiempo la forma de ser que tenemos que hallar si rastreamos retrospectivamente la serie del devenir. Cuando la filosofía pregunta no por el fundamento de la realidad, sino por el sentido y fundamento de la verdad, todo vínculo entre ser y tiempo parece cortado, rasgado de un solo golpe, dividido. El verdadero ser es descubierto como un ser intemporal. Lo que llamamos tiempo no es en adelante más que un mero nombre, un producto del lenguaje y de la opinión humana. El ser mismo no conoce antes ni después: no fue ni será, sino que es, totalmente ahora227. Con este concepto de ser intemporal, como relato de la verdad intemporal, como su correlato mismo, se efectúa la separación del logos respecto del mito, la declaración de emancipación del pensamiento puro respecto de las fuerzas mitológicas del destino228.

Como Parménides, postula Spinoza el ideal de un conocimiento intemporal, sub specie aeterni. También para él se convierte el tiempo en un producto de la imaginatio, de la imaginación empírica, la cual atribuye subrepticia y equivocadamente su propia forma al ser substancial y absoluto. Con todo, la metafísica no ha resuelto el enigma del tiempo. Si bien el ser como ser absoluto, parece así quedar libre de peso de la contradicción, una contradicción mucho más grave pesa ahora sobre el mundo de los fenómenos. “Alguien construye a Dios en la penumbra./Un hombre engendra a Dios. Es un judío/De tristes ojos y piel cetrina; / Lo lleva el tiempo como lleva el río/Una hoja en el agua que declina (…) Y labra a Dios con geometría delicada”229

Tomar esta relación tiempo-narración es hacer referencia a la duración, la sucesión, el orden de los acontecimientos. Coordenada abstracta en la que se configura el universo imaginario en el que se mueven los personajes de un relato. Es un tiempo creado y manipulado al arbitrio del narrador. Categoría abstracta que puede manipularse de varias formas. Los formalistas rusos, distinguen un tiempo de la fábula y un tiempo de la trama, el orden en el que el narrador los presenta al presentar la historia, que es el tiempo de la fábula. Gean Genette denomina a este tiempo de la fábula tiempo de la historia; mientras que el tiempo de la trama, es para él, el tiempo del discurso de la enunciación. Este tiempo adscribe el desarrollo de los acontecimientos a su línea de aparición en el texto del relato. “La teoría literaria ha hecho hincapié en las relaciones existentes entre este tiempo de la historia y el tiempo del discurso, intentando sistematizarlas. Tanto Genette, como Todorov, han realizado estudios en este campo a partir de relaciones que se establecen en el orden temporal, la duración o la frecuencia”230. Orden temporal, relaciones de duración, pausa, prolepsis, elipsis y escena.El ejercicio de las letras puede promover la ambición de construir un libro absoluto, un libro de los libros que incluya todos como un arquetipo platónico... Yeats buscó lo absoluto en el manejo de símbolos que despertaron la memoria genérica”231.

Se puede leer en las apreciaciones del ritmo y la rima el valor de la persuasión, esa invitación a dejarse llevar por la experiencia estética, que en este aspecto significa un desplazamiento del sentido exotérico hacia un sentido esotérico: la Idea. El ritmo y la rima, afirma, producen una “ciega conformidad”232 por la que la mente es conducida mediante estos elementos estrechamente vinculados al tiempo.

Ritmo y rima significan repeticiones regulares que hacen seguir solícitamente el discurso poético mientras se va formando una convicción ajena a todo fundamento mundano. Es el momento en que la mente se emancipa, gracias a una modulación inusual, cadenciosa, iterativa, del tiempo y con él el espacio, y la causalidad, mundano.

Si la poesía tiene como materia el tiempo, su red de conceptos, entonces podríamos arriesgarnos a decir que, de acuerdo con la exposición de Schopenhauer, en la poesía el pensamiento es conducido y modulado musicalmente233.

Así el tiempo en la historia queda catalogado como el orden que se da a los diversos hechos que se suceden en la historia. El tiempo del relato engarza la dimensión estética, temporalidad artística que es única del texto y organiza el tiempo interno del relato. El tiempo referencial histórico es el que corresponde a la realidad histórica misma, es el tiempo al que hacen alusión los acontecimientos narrados. En dicho estado el hombre contempla el continuo retorno del catálogo de las situaciones humanas, por ello puede expresar todo lo que los hombres han sentido y sentirán, en dicho estado el poeta contempla la Idea de eternidad.

En el Libro IV de la Física de Aristóteles, se dice que el tiempo, en cuanto número está ligado al movimiento kinesis. Empero, para Aristóteles sería absurdo decir que el tiempo mismo es algo movido; más bien como número, es algo movido. La ciencia se apoya precisamente en este punto al suponer que el tiempo es algo mensurable, debido a la contabilidad de la secuencia de ahoras. En el diálogo platónico Timeo se caracteriza el tiempo como imagen de la eternidad, todo lo contrario a Aristóteles, y a su vez, esta imagen de la eternidad como movida. Se dice además que el tiempo es el elemento fundamental del orden del mundo sensible producido por el Demiurgo, de cuyos sucesos, según la fórmula radical del Timeo, no se puede decir que son, sino sólo que devienen. Al tiempo como componente del mundo de los sentidos sólo cabe reconocer el carácter del devenir. El ser queda reservado para la eternidad. Aristóteles atribuyó un ser al tiempo. En la Física define al tiempo como algo que es. El tiempo es número del movimiento según el antes y el después. Devenir significa recorrer una multiplicidad de fases. La eternidad que ella persiste en lo uno, es decir en un singular que excluye la multiplicidad es la posición platónica del tiempo. La aristotélica del tiempo contiene la determinación “según el antes y el después”. La comprensión del tiempo como forma fija, como un número referido a la serie de ahoras, sigue a la definición aristotélica del tiempo. La concepción del tiempo como acontecer del campo de presencia, por el contrario, remite a la concepción platónica del mismo. La secuencia de ahoras contable en la secuencia de fases de un movimiento está ordenada porque cada ahora se halla en relación de antes o después respecto a ahoras ya sidos o venideros. Los ahoras forman “niveles temporales”234.

Sin presentir el nexo histórico con Platón, Husserl con su análisis de la retención y protención, ofrece un análisis de la manera cómo llegamos a ser originariamente conscientes del acontecer del tiempo, que se muestra en las dos vistas del arribar y del irse. Ambas son como la experiencia originaria de los aspectos del tiempo que Platón ha distinguido en el Timeo. Platón emplea en las frases que siguen a la definición del tiempo, “las vistas del tiempo” son el era y el será, distingue además entre vistas y las partes del tiempo. Vale decir los períodos del tiempo conlos que indicamos lugares contables en la serie de ahoras, por tanto niveles temporales. El era y el será designan los niveles temporales pasado y futuro, en estos niveles el “era” y el “será” se relacionan entre sí. Expresan estos niveles en su surgir y su devenir. El era significa el acontecer del tiempo como un deslizarse en el pasado y el será, el mismo acontecer como un arribar desde el futuro. Platón excluye que lo nombrado con el giro “es” pertenezca a los aspectos del tiempo. A diferencia de las vistas “era” y “será” el es designa la vista “presente”. Según Platón el “es” queda reservado para la eternidad, la cual no es más que el presente del “permanecer” en lo uno. Así también la eternidad nos ofrece una vista y este es el presente de lo eterno, de las ideas, expresado en el “es”. Para designar las ideas, Platón utiliza junto con la palabra idéa, la palabra histórico-lingüisticamente afín eîdos. La vista unitaria del presente de las ideas contrasta con el devenir del tiempo del mundo sensible, devenir que se muestra en dos vistas complementarias. En cambio Husserl, además de la experiencia originaria de los aspectos del tiempo en forma de protención y retención, admite un núcleo de presente235. ¿Cómo dice esto Borges?: El poeta observa en una situación concreta lo que pasa eternamente. “Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad”236. Y en Historia de la eternidad “El mejor documento de la primera eternidad es el quinto libro de las Enéadas, el de la segunda o cristiana, el onceno libro de las Confesiones de San Agustín. (…) quinientas páginas en folio no agotarían el tema: espero que estas dos o tres en octavo no parecerán excesivas”237

El círculo entre relato y temporalidad

La gramática moderna distingue entre niveles temporales y aspectos del tiempo. Los aspectos son vistas espirituales que el tiempo puede ofrecer, por tanto maneras como se nos muestra el “flujo del tiempo”. Como en un río distinguimos el confluir y el afluir del agua, el tiempo nos aparece en las dos “vistas” del arribar y del irse. Ambas vistas constituyen las maneras fundamentales del aparecer del tiempo, porque están presupuestos en todos sus otros aspectos posibles. La Metafísica que constituyó Aristóteles y que fue continuada por Santo Tomás, difiere esencialmente de la que a menudo se ha tomado como representante por antonomasia del pensamiento tradicional, la metafísica de orientación racionalista, que Kant denominó “dogmática”, porque sus fundamentos, objetos, métodos, así como su estructura y finalidad, son radicalmente distintos. Heidegger sostiene que en la posición dogmática de la metafísica, se ha dado el olvido del ser, por el uso excesivo del intuicionismo eidético238. Intuicionismo eidético moderno que tomó el camino de que el lugar privilegiado de un conocimiento intuitivo, en cuanto a su inmediatez y obviedad, es el yo pensante. En cambio en la concepción aristotélico-tomista de la metafísica se elabora la metafísica del ser239. Y en ella el lenguaje es fundamental. El desarrollo y designación de las representaciones temporales corre en forma paralela a las de las representaciones espaciales.

El lenguaje lleva a cabo una tarea esencialmente difícil y compleja en el desarrollo de las determinaciones y designaciones espaciales con el fin de designar y distinguir las relaciones temporales. La simple coordinación de la forma del espacio y del tiempo no encuentra confirmación alguna en el lenguaje. Tarea que tanto se intentó llevar a cabo en las investigaciones epistemológicas. El tiempo no figura al lado de las cosas como un ser o una fuerza físicos, careciendo de carácter propio de existencia o acción. Sin embargo, toda conexión, toda relación entre cosas se remonta en última instancia a determinaciones del acaecer temporal, a la diferenciación entre “antes” y “después”, “ahora” y “no ahora”. Recién cuando el pensamiento logra unificar la multiplicidad de los eventos en un sistema dentro del cual los diversos eventos quedan determinados en atención a su antes y después, unifícanse los fenómenos tomando la forma de una realidad intuitiva.

El desprecio racionalista del destino dominó toda la antigüedad posplatónica hasta el triunfo del cristianismo y de las religiones mistéricas; el gran y necesario sistema universal de los estoicos, con la equiparación de naturaleza y razón, sucumbió a ese desprecio lo mismo que el concepto metafísico. Culminan en un ideal ético de distanciamiento del ser humano respecto a su destino. El sabio es el imperturbable, supera el mundo exterior rechazando participar en él y mostrándose impasible frente a las emociones. Para ellos el ser de una determinación significa el no-ser de la otra y viceversa. De ahí que el contenido de la representación del tiempo no esté nunca contenida en la intuición inmediata del mismo. El tiempo, según expresión de Kant, constituye el correlato de la determinación de un objeto en cuanto tal. Los esquemas trascendentales que según Kant, garantizan el enlace entre sentimiento y sensibilidad, no son sino determinaciones temporales a priori de acuerdo con reglas. Mediante ellos es determinada la serie temporal, el contenido temporal, el orden temporal y el todo temporal en relación a todos los objetos posibles. Sin embargo hay una diferencia de principio entre “esquema” e “imagen”, pues la imagen es un producto de la facultad empírica de la imaginación productiva, mientras que el esquema de conceptos empíricos es un producto, un monograma de la imaginación pura a priori en y por el cual se hacen posibles las imágenes. Kant agrega que este esquematismo de nuestro entendimiento, en relación a los fenómenos y su mera forma, es “un arte oculto en las profundidades del alma humana cuyos verdaderos manejos difícilmente llegaremos a descubrir y arrancar a la naturaleza”240. Lo mismo da que abordemos este problema desde la metafísica, de la psicología o de la epistemología: verdaderamente parecemos encontrarnos ante un límite de la comprensión infranqueable.

Mucha de la fuerza estética de sus obras, Borges, la obtiene al insistir en extrañezas. La filosofía moderna nos dice que es imposible acceder a las cosas mismas, que las cosas se limitan a ser representaciones, esto es, eventos mentales en nosotros. Sin embargo en la vida cotidiana no tratamos a los otros, las cosas, nuestro propio cuerpo, como si fueran simples extensiones de nuestra psyche. Su existencia y sus cualidades no las dudamos. Tienen una consistencia que desborda y no se reduce a ser un simple dato mental complejo. Otra extrañeza que Borges explota se halla en el solipsismo241.

El ser, que nosotros designamos como el ser de la sucesión, como el ser del tiempo, aparece elevado a un nivel de idealidad completamente distinto al de la existencia determinada de modo meramente espacial242. Tomemos ahora consideraciones recientes sobre este apartado. Muesleau243 sostiene que Paul Ricoeur ya en un estudio anterior al estudio sobre la metáfora, se había posicionado frente al estructuralismo porque metodológicamente no quería ir más allá de la frase y en consecuencia no miraba a la realidad. Esta última quedaba depauperada en esta actitud. Aquí juega un papel mucho mayor que en la representación del espacio el aspecto decisivo del pensamiento analítico y sintético. En esta ocasión el punto de partida presenta algunas analogías. En La metáfora viva244 afirmaba que "metaforizar" es percibir lo semejante; en Tiempo y narración245 dirá que el relato, igual que la metáfora, refigura una acción en el tiempo. Diríamos que ahora es para el auto percibir lo semejante en el tiempo narrativo, que no cronológico, prefigurando y refigurando una acción impregnada de tiempo. Metáfora presupone acción en movimiento y tiempo, el de la refiguración de la realidad. El lenguaje no puede alcanzar este nivel inmediatamente, sino que aquí está sometido también a la misma ley interna que rige su formación interna y su progreso. Al respecto, refiriéndose a Dante, Borges dirá:“Toda la Comedia está llena de felicidades de este tipo. Pero lo que la mantiene en el tiempo es el hecho de ser narrativa. Cuando yo era joven se despreciaba lo narrativo, se lo llamaba anécdota y se olvidaba que la poesía empezó siendo narrativa, que en las raíces de la poesía está la épica y la épica es el género poético primordial, narrativo. En la épica está el tiempo, en la épica hay un antes, un mientras y un después; todo eso está en la poesía”246.

El lenguaje no crea nuevos medios de expresión para cada nueva esfera de significación que se le abre, sino que su fuerza reside justamente en configurar de modo diverso un determinado material dado de tal manera que pueda ponerlo al servicio de una nueva tarea e imprimirle una nueva forma espiritual sin necesidad de variar su contenido. El verbo es la condensación de un atributivo energético, no meramente cualitativo, a través del ser. En el atributivo yacen los estadios de la acción, mientras que en el ser yacen los del tiempo. Si bien no todas las lenguas traducen esta relación con la misma claridad. Continuando con Ricoeur, quien para su desarrollo acude a la teoría del tiempo en S. Agustín (libro XI de las Confesiones) y a la formulación de la intriga en Aristóteles (en la Poética) para, finalmente, exponer su teoría de la triple mímesis (p. 85-136), la que reproduce tres momentos temporales en todo relato. El tiempo, lo más cierto y conocido para la conciencia inmediata, se envuelve en la obscuridad en cuanto trasponemos su carácter de inmediatamente dado y tratamos de incorporarlo al ámbito de la reflexión. Los tres momentos temporales de todo relato son:

Primer momento o Mimesis I. Tanto en el autor como en el lector hay una pre- comprensión común del obrar humano. Define también los términos de esa pre- comprensión como la red conceptual de una acción (En este apartado depende de la filosofía del lenguaje de corte anglosajón —Anscombe, sobre todo— y de Husserl. Lo que en realidad hace Ricoeur es resumir un estudio anterior, la Sémantique de l'action, traducido en castellano como El discurso de la acción247. El tránsito de lo sensible a lo ideal se verifica siempre de modo tan gradual, que en principio apenas se advierte que se trata de un viraje decisivo en la actitud espiritual general.

Segundo momento o Mimesis II. Es la mediación entre la mimesis I (la pre-comprensión del mundo) y la mimesis III (la comprensión posterior en la lectura). Parte de que toda obra representa la imitación de una acción y eso lo hace a la manera de una configuración. Toda obra es una síntesis de lo heterogéneo. La obra además tiene un carácter de totalidad y, por tanto, la representación de la realidad se hace de manera semiótica; los elementos de la obra son "casi-cosas" en el sentido de que se refieren unos a otros y sólo en lo que son ellos con sus relaciones, en su totalidad, se refieren al mundo, a la realidad. La bibliografía más importante aquí es la de la Poética; desde Aristóteles a la poética estructural.

Tercer momento o Mimesis III. Corresponde a los que Gadamer (retomando a Aristóteles) llama hermenéutica de la aplicación. La lectura es, otra vez, una re-figuración en el tiempo, pero la lectura no es algo aséptico pues la obra me habla primeramente de mí mismo.

Las designaciones para la antítesis de lugar y dirección en el espacio se forman a partir de una materia sensible estrictamente limitada, a partir de la diferencia de matiz de las vocales y a partir de las cualidades fonéticas y afectivas de las palabras. El tiempo labora en la misma dirección. Es en esta dimensión en la que la reflexión sobre los tres mundos (autor, texto, receptor) o sobre las tres mimesis le sirve, entre otras cosas, como alegato para defender la referencia frente a «la teoría dominante en la poética contemporánea que rehúsa tener en cuenta la referencia ya que la tiene por extra-lingüística en nombre de la estricta inmanencia del lenguaje literario. Cuando los textos literarios contienen alegaciones concernientes a lo verdadero y lo falso al engaño y al secreto, que se refieren ineluctablemente a la dialéctica del ser y el parecer, esta poética se empeña en tener como un simple efecto de sentido aquello que ella decide, por decreto metodológico, llamar ilusión referencial»248 .

El mismo proceso en el desarrollo se manifiesta desde un nuevo ángulo cuando consideramos el modo en que llega a acuñar sus partículas temporales originarias. Así como el límite entre los sonidos naturales y afectivos y los términos espaciales más simples aparecía como un límite siempre fluido, el mismo tránsito continuo e inadvertido aparece también entre la esfera lingüística que comprende las determinaciones espaciales y aquella que comprende las determinaciones temporales.



La Historia y el relato. La intencionalidad histórica.

Historia y/o narración

Borges trata el tiempo como una imagen, vale decir, como una consciencia, no como un dato perceptivo meramente, ya que arrastra en sí misma una historicidad. Imagen-consciencia que da sentido y se integra en un discurrir histórico. La intencionalidad de esta imagen, que describe una ficción como síntesis, es la que transita la corriente de la consciencia. La historicidad señala el modo intencional de la imagen ficción –tiempo.

La historicidad es inherente al pensar mismo. Lo característico de la dialéctica hegeliana, es que su protagonista no es el hombre, sino lo que Hegel llama metafísicamente “espíritu absoluto” o idea. El primer “momento” lo expresó como momento de lo inmediato, del instante, el segundo como momento de la alineación o perturbación y el tercero como momento de la mediación dialéctica. La necesidad de este desarrollo proviene de la idea de que ésta debe convertirse en autoconsciente. La dialéctica, como método, consiste en descubrir y seguir racionalmente el movimiento de la idea, de manera que la razón y la realidad expresen su verdadera coincidencia. Esto fija el conocer al ser del hombre en lo indeterminado.

El ser del hombre es indeterminado y posee contrastes, tiende a establecer diferencias, a preferir, a transformar y proyectar su ser en nuevas potencias y características que enriquezcan su naturaleza inmediata con las creaciones culturales y con la adquisición de un carácter .

La filosofía de Hegel está enmarcada por los conceptos de las “astucias de la razón” y “la burla de la historia”; la historia conduce a los hombres que creen conducirse a sí mismos, como individuos y como sociedades, y castiga sus pretensiones de modo que la historia-mundo se burla de ellos produciendo resultados exactamente contrarios, crea también realidades y símbolos ocultos al mundo y accesibles sólo a los cognoscentes, es decir, aquellos que quieren conocer.

“Dios ve toda la carrera (…) Dios ve así la historia universal, lo que sucede a la historia universal; ve todo eso en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad (…) A cada hombre le es dado con el sueño, una pequeña eternidad personal que le permite ver su pasado cercano y su porvenir cercano”249

Los simples adverbios de lugar se emplean indistintamente también en sentido temporal, de tal modo que, por ejemplo, la palabra usada para “aquí” confluye con la palabra “ahora” y la palabra para “allá” con la palabra para “antes” o “después”. La cercanía o lejanía espacial y temporal se condicionan mutuamente de modo objetivo. La retórica de la metáfora considera la palabra como unidad de referencia. Por ese hecho, la metáfora se clasifica entre las figuras de discurso que consta de una sola palabra y se define como tropo por semejanza; en cuanto figura. Mientras subsista junto a ella un vínculo temporal, el carácter peculiar de la forma temporal en cuanto tal no puede manifestarse en el lenguaje con pureza. Adquirirá formas metafóricas. En el poema "El instante" Borges coincide con la filosofía existencialista al sugerir que el presente no existe, todo es un pasar inconmovible o futuro inseguro. Los espejos sólo reflejan, en consecuencia, el pasado de una persona, jamás atrapan el segundo en que uno se contempla: "El rostro que se mira en los gastados/ espejos de la noche no es el mismo".  La historia es un espejo de los hechos que a través del tiempo la memoria no ha podido borrar. A diferencia de otras imágenes de otros espejos, la imagen de la historia  es rígida y dura; perdura como una escultura. No comparte esa condición esencial de las imágenes de los espejos: ser efímera. En El reloj de arena Borges dice: "En los minutos de la arena creo/ sentir el tiempo cósmico: la historia/ que encierra en sus espejos la memoria". Todo el mundo significativo que Borges trama intrincadamente en torno de los espejos le permite construir su propio mundo literario. Los espejos son pues, para él, un pretexto para decir lo que más le importa de las cosas. Son una forma de patentizar sus juegos con el tiempo, lo infinito, la vida o la muerte, aunque también es pertinente aclarar que los espejos, de vez en cuando, también sirven para hacer esa humilde y anónima función: reflejar los días que llenan la vida. “Murió lleno de días, con su constelación de muertes en el recuerdo, ya borrosa sin duda”250.

En términos generales pueden distinguirse tres etapas distintas en el progreso que va del sentimiento temporal al concepto de tiempo, etapas que tienen una significación decisiva también para el reflejo lingüístico de la conciencia temporal.

Ricoeur advierte en La metáfora viva251 que esto es válido para la narración en general. Da dos formas fundamentales del discurso narrativo: la historia y el relato de ficción. Examina ahora el modo de explicar la historia y lo hace en los siguientes apartados:

En El eclipse del relato252. Examina en primer lugar el método de Braudel, Bloch y, en general, de los historiadores reunidos en torno a Annales seguidores de la "historia larga" (sea en su forma de historia económica o de historia de las mentalidades). A continuación pasa revista al modelo "nomológico" que busca leyes generales que se repiten y explican la historia.

Hace una defensa del relato siguiendo las tesis de la historiografía inglesa de este siglo, sobre todo, a autores ( Dray, von Wright, Danto) influenciados por la filosofía de la acción. Establece que el ahora, considerado como ahora físico comprende la totalidad de contenidos que pueden ser contemplados en conjunto, en una unidad temporal inmediata, que pueden ser condensados en el todo de un instante como una unidad vivencial elemental. El ahora no es el punto límite meramente pensado que separa lo anterior de lo posterior, sino que posee en sí mismo una cierta duración que llega hasta el recuerdo inmediato, hasta la memoria concreta. En el relato aparece esta forma de la intuición primaria del tiempo, la totalidad de la consciencia y de sus contenidos.

Examinando La intencionalidad histórica. La diferencia esencial captada y agudamente expresada es la que existe entre el ahora y el no- ahora, entre el presente inmediato y lo que se encuentra fuera del mismo. Este presente no aparece como un punto simplemente matemático, sino que posee una extensión determinada. Aquí expone Ricoeur sus tesis. En sus posiciones se acerca al modelo de la filosofía de la acción más que al de Annales; sin embargo lo que presenta es una aplicación de su teoría de la referencia expuesta en la primera parte de la obra; a saber, que la explicación histórica debe tomar de la teoría narrativa el modelo de configuración. A la luz de esta idea critica las dos teorías anteriores: la historia a larga distancia porque, al final, tiene que recurrir a actores que intervienen y determinan los acontecimientos; y a la historia analítica por su concepción un tanto ingenua de la narratividad y la imputación singular de las acciones. Involuntariamente las formas estructurales del tiempo en la narración, se transforman en las del espacio. El aquí y el allá en el espacio se encuentran sólo en una simple relación de distancia, se trata simplemente de la separación, de la distinción de dos puntos. Borges comenta “El tango está en el tiempo, en los desaires y contrariedades del tiempo; el chacaneo aparente de la milonga ya es de la eternidad. La milonga es una de las grandes conversaciones de Buenos Aires; el truco es la otra”253





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