La doctrina del tiempo en la literatura de jorge luis borges



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Razón poética

Borges articula tres maneras de metaforizar, mítica, filosófica y literaria; construyendo una razón poética que da cuenta tanto del poeta como del filósofo.

El mágico mundo creado por Jorge Luis Borges, que nos abisma por su riqueza, variedad y actualidad, gira en torno a ejes conceptuales en los que podemos visualizar diferentes corrientes de pensamiento: las concepciones panteístas occidentales de Spinoza, el panteísmo nihilista oriental de Marco Aurelio, el pesimismo de Schopenhauer, las especulaciones de Berkeley, Hume, Leibniz. “La novedad si la hay, consiste en aplicar a ese fin el clásico instrumento de Berkeley. Éste y su continuador David Hume abundan en párrafos que contradicen o que excluyen mi tesis; creo haber deducido, no obstante, la consecuencia inevitable de su doctrina”107 . De su cosmos narrativo, se puede afirmar que "los temas de sus cuentos están inspirados en esas hipótesis metafísicas acumuladas a lo largo de muchos siglos de historia de la filosofía y en sistemas teológicos que son el andamiaje de muchas religiones. Borges, escéptico de la veracidad de las unas y de las revelaciones de las otras, las despoja del prurito de verdad absoluta y de la pretendida divinidad y hace de ellas materia prima para sus invenciones."108. Y dice al respecto: “Berkeley afirmó la existencia continua de los objetos, ya que cuando algún individuo no los percibe, Dios los percibe; Hume, con más lógica la niega”109

El campo de la percepción está estructurado y organizado por varios principios, uno de los cuales, tal vez el más fundamental interior e íntimo sea el sentido de la duración: “lo que se ofrece directamente a nuestro conocimiento por medio del percatarse, es la duración”110. Kant interpretó críticamente este hecho diciendo que el tiempo es una forma a priori, un marco o estructura imaginaria de la percepción. Las constancias perceptivas y el funcionamiento de los llamados relojes biológicos indican en efecto que el organismo ya viene provisto de un modo de sentir la duración que puede ordenar la supuesta experiencia virgen según un esquema típico. Antes que Kant, Hume había reflexionado agudamente sobre el hecho de que el tiempo por sí sólo, no puede manifestarse ante la mente ni ser conocido por ella. Nuestra experiencia percibe siempre el tiempo unido a una sucesión de objetos mudables. “Cinco notas tocadas en una flauta nos dan la impresión e idea de tiempo, aunque el tiempo no sea una sexta impresión manifiesta al oído o a otro de los sentidos. Tampoco es una sexta impresión que encuentre la mente en sí misma por reflexión”111. Kant llevó la intuición aristotélica a una vinculación aún más estrecha con las matemáticas, al suponer que toda la serie aritmética nacía del orden de la sucesión, orden implícito en la forma universal de la intuición humana, esto es, de la imaginación pura, vacía de contenido empírico.

Alrededor de los años 1840 varios filósofos112 de la escuela neokantiana de Margburg citan con frecuencia en una vuelta a los estudios kantianos, a poetas que ayudan a perfilar el pensamiento social y político del maestro. Es frecuente citar como uno de los más claros en este apoyo a Schiller, por el cual la filosofía intenta reinventar y tornar la página de los grandes sistemas especulativos. Lange, propone una relectura de Kant marcada por el empirismo de la época, desde la poesía de Schiller y algunos escritos estético. Este autor al tratar la relación poesía filosofía desde la perspectiva de la escuela de Marbourg propone una nueva lectura del a priori kantiano de manera psico-empírica, rehabilitando la cuestión trascendental. Lange considera que una dimensión poética de la consciencia puede ponerse en movimiento a partir de un estado estético, neutralizando los diversos determinismos a los cuales está sometida. Inaccesible a la moral y a la razón teórica, el ideal que el hombre estético, que es libre de inventarse a sí mismo, obra la posibilidad de denunciar la realidad política y los determinismos económicos. Una nueva metafísica ha entrado como el pensamiento del ideal, es decir, de un mundo más bello y más perfecto que las construcciones racionales de la economía política. Ella encuentra así refugio en la estética113. Los teóricos económicos postulan un determinismo naturalista criticado por esta tendencia estético filosófico. Por un retorno a Schiller y a la idea de una fundación de la autodeterminación de la humanidad en un estado estético, al menos de la movilización de una facultad de forzar las ideas a partir de las cuales lo real presente podría ser evaluado es muestra de esta fecunda y compleja relación entre filosofía y poesía. Esta aptitud a crear un mundo ideal pudiendo devenir una norma ética para la acción es la poesía. Sin embargo ella no designa un arte como otros por su disposición al pensamiento, por el hecho de su potencia creadora, un acto en el cual la esencia esta siempre dirigida hacia la creación de la unidad, de la armonía, de la forma perfecta. Todo el pensamiento humano no sería entonces fundamento de nuestra existencia espiritual, que el filósofo legitima, más allá de los fenómenos un acceso a lo suprasensible. Si la libertad no releva de una legalidad práctica, gracias a una dimensión poética de la consciencia irreductible a los condicionamientos psico-empíricos, enteramente vueltos y disueltos, en el campo de la investigación empírica de esto ¿qué es?.

Por un retorno a Schiller, trata el filósofo de traspasar el pensamiento a una posibilidad de sobrepasar de manera legítima, las condiciones de la experiencia. Más allá de la producción empírica del conocimiento y del pensamiento, trata de fundar en una poética de la razón escapando a las condiciones que afectan el entendimiento y la sensibilidad. En el siglo XIX, con la vuelta del énfasis del pensamiento kantiano, sin embargo el que vuelve es Schiller en su lugar y fundando toda la dimensión práctica de la existencia humana, en la investigación de una inteligible motivación como la potencia emancipadora de la poesía. Los neokantianos de Marbourg han sobrepasado la puerta crítica del pensamiento de Kant y Lange, en la comprensión del “a priori” y los fundamentos del “hecho de conocer”, como las formas trascendentales, dando la posibilidad de construir un objeto de saber, estimando en la poesía la producción de un fenómeno que satisface las exigencias de objetividad. Tal vez , podríamos remarcar con esto un uso oportunista del poeta en Marbourg.

En las Cartas sobre la educación estética del hombre, Schiller defiende al contrario la idea según la cual la estética tiene la vocación de preparar al hombre para que sea digno de libertad política. Desde esta óptica, el progreso político no viene en nombre de la naturaleza moral del hombre, pero él es, al contrario, posible a través de la educación moral que constituye la experiencia estética de la belleza. Para Schiller la transformación de la naturaleza moral del hombre es exigida para sobrepasar el Estado de necesidad y fundar un Estado de la razón. Pero hay también en estos filósofos neokantianos de Marbourg una utilización metodológica de la figura del poeta. Lejos del uso del establishment literario que tiende a oponerse al prestigio de las ciencias de la naturaleza, la referencia a Schiller aparece como una herramienta útil, que jalona la fundación de un sistema de la filosofía. Serán Goethe, Natorp, Schiller, los fundadores de una filosofía de la cultura.

Borges siempre declaró que no comprendía a Kant, especialmente en los diálogos que mantiene con Antonio Carrizo y con María Esther Vázquez, no obstante, lo cita en sus ensayos. Incluso recuerda que inició su conocimiento del alemán con Kant y eso lo desalentó, y no fue sino al encontrar a Heine que acometió con fervor la empresa. Borges se mostraba entusiasmado con aquellos aspectos del pensamiento en que el racionalismo mostraba sus deficiencias, como sus paradojas. Así lo hace en Avatares de la tortuga114, donde propone: “Admitamos lo que todos los idealistas admiten: el carácter alucinatorio del mundo. Hagamos lo que ningún idealista ha hecho: busquemos irrealidades que confirmen ese carácter. Las hallaremos, creo, en las antinomias de Kant y en la dialéctica de Zenón”. Si bien Kant establece que la percepción depende de la definición previa de las categorías de tiempo y espacio, y aunque Borges se mostró especialmente interesado por estos temas-en carta a Abramowicz115 de 1920 anota: “Las cosas no existen: solo existe nuestra idea de las cosas. En esto como ves soy kantiano”-, las especulaciones kantianas no le resultan útiles para el tipo de abordaje de tales categorías que se propone. En La penúltima versión de la realidad anota que “el espacio es un incidente en el tiempo, y no una forma universal de intuición, como impuso Kant”116.



Tres maneras de metaforizar: Construyendo una razón poética.

En Otras inquisiciones, nos dice nuestro poeta: “…Notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple; no sabemos qué cosa es el universo”117

Borges era un ávido “consumidor” de filosofía y de biografías de filósofos, de las cuales y de los cuales se vale en más de un poema para exponer sus ideas.  La figura del filósofo, el filósofo como persona y personaje literario, es determinante en mucho de la obra de Borges y en mucho de la obra literaria en general.  Pues ¿no son ellos (los filósofos) quienes de alguna manera a partir de la razón están imaginando más, están yendo mucho más allá en los caminos de la imaginación que son los mismos caminos de la literatura?  Filósofo y literario (el buen literato), no se excluyen, ambos actores comparten el hecho de que la razón no es tan solo un instrumento utilitario o pragmático, sino que esta funciona por sí misma generando lecturas y escrituras del mundo118.  En 1914, Borges viaja a Europa con su familia, aprende el alemán por medio de lecturas personales y descubre a Schopenhauer, el filósofo que tanta huella ha dejado en él y a quien tanto venera “Aún hoy considero que si hay un libro que puede ser un plano del universo, si el mundo es expresable en palabras, ese libro es El mundo como voluntad y representación”119,

Basta con mirar a nuestro alrededor, a nosotros mismos, para darnos cuenta que necesitamos respondernos constantemente, que nos movemos por preguntas.  La mayoría de ellas venidas de nuestro “comercio” con la realidad.    La gracia de la filosofía, y quizás su relativa transitividad, es que en lugar de preguntarse ¿qué hora es?, se pregunta ¿qué es el tiempo?  Salta a la vista la diferencia de fondo entre estas dos preguntas, no solamente porque contestar la primera resulta fácil si tenemos un reloj y que la segunda resulta muy difícil aún después de haber leído a Heidegger o a San Agustín. Borges dirá en Martín Fierro “Diálogo de muerte y de vida es nuestro cotidiano vivir, tan hecho de recuerdos, de tiempo, formas de haber sido y no ser ya, o si no, de proyectos; meras apetencias del ser. Mucha no vida hay en nosotros y el ajedrez, reuniones, conferencias, tareas, a veces son figuras de vida, maneras de no estar muerto”120

   Buscar respuestas a qué es el tiempo, no alterará en nada nuestra vida cotidiana.  Esa búsqueda tan solo nos hará entendernos a nosotros mismos. Preguntamos y preguntamos pero no podemos acabar con el tiempo, no podemos aprehenderlo ni extirparlo de nuestra realidad, no es algo que esté vagando por ahí a su suerte.  Somos el tiempo.  Borges resume esta idea maravillosamente cuando escribe “Negar la suspensión temporal, negar el yo, negar el orden astronómico, son desesperaciones aparentes, y consuelos secretos.  Nuestro destino es espantoso porque es irreversible y de hierro. “Por el río del tiempo fue Proteo”121

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.  El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río.  Es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre.  Es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.  El mundo desgraciadamente es real.  Yo desgraciadamente soy Borges”122.

El tiempo real y metafísico que nos devora, el tempus edax rerum del clásico, fascina y asusta a Borges. En Evaristo Carriego (p.20) señala dramáticamente en una nota al pie “Yo afirmo (…) que solamente los países nuevos tienen pasado; es decir, recuerdos autobiográficos de él; es decir, tienen historia viva. Si el tiempo es sucesión, debemos reconocer que donde densidad mayor hay de hechos, más tiempo corre y que el más caudaloso es el de este inconsecuente lado del mundo (…). El tiempo (…) es de más imprudente circulación en estas repúblicas. Los jóvenes, a su pesar lo sienten. Aquí somos del mismo tiempo que el tiempo, somos hermanos de él”.

La figura del poeta es un término ausente que se manifiesta a través de las formas exclamativas y valorativas de sus palabras para dirigirse a un alocutario tan genérico como indeterminado. La figura del poeta es un término presente, que despliega un discurso algo solipsista donde desiste de los otros como posibilidad de instituir vínculos explícitos de interlocución123. La razón poética, concepto acuñado por María Zambrano, que Borges despliega en su obra poética es capaz de figurar el mundo. Mundo en el que habita el autor y a su vez nos permite habitar. Una razón que aún siendo universal se singulariza hasta hacerse individual .Ella se transforma en pensamiento de lo sensible, que penetra los objetos, que se subjetiviza en la existencia del poeta. La poesía es una atenuación, un retoque, un eco de la cruda experiencia.  Es por sí misma, una visión de las cosas “teórica” a una prudente distancia”.

Está claro que, ese prejuicio que padecen algunas personas referente a que todo lo que sea argumentado, racional, estructurado no es poético es tan solo una vacía pretensión.  Todas las imágenes y emociones que sacuden nuestras mentes, están llenas de poesía, pero nos emocionamos siempre desde algún tipo de teoría.  Nuestras emociones no son tan inocentes y espontáneas como creemos.  Nos enamoramos, nos apasionamos porque de alguna manera tenemos una teoría que nos apoya, nos bendice, nos estimula, nos propugna.  Hay en la poesía también una teoría de las emociones.  No lo será en el sentido más lento, laboriosos, detallista y gravoso de la filosofía, pero está allí.  En el fondo hay siempre un pensamiento tratando de dar forma a lo que sentimos, y ese pensamiento está de cierta manera respaldado por un conjunto de concepciones  y presupuestos que tenemos de las cosas, es decir, una teoría.  No hace falta buscar “poetas filósofos”, pues toda verdadera poesía tiene una dimensión filosófica y todo verdadero poeta está conscientemente o no, vinculado a los procesos constructivos de la razón.

   La imaginación no es algo totalmente desligado de la razón, sino algo que la presupone.  Imaginamos a partir de que tenemos razones y sobre las estructuras de estas, el poeta abrevia, condensa extraordinariamente, lo que en cambio el filósofo tiene que describir de una manera más detalla, paso a paso.  No hay contraposición entre teoría (razón) e imaginación.  Las teorías pueden ser emocionantes y no serlo solo aquellos “pálpitos viscerales” que nos arrastran a pesar de nosotros mismos.  No podemos limitar el campo de la emoción, porque ésta también es racional.  Comprender, es una emoción importante para nosotros.  El momento en que creemos comprender algo es sumamente emocionante.  Pero no es la emoción un proceso ciego.  Y más, si hemos sido conscientes de ello y hemos estado atentos a cada una de nuestras experiencias.  Despertamos por ejemplo, a la autocomplacencia cuando recibimos un reconocimiento por nuestro esfuerzo y despertamos a la vida cuando somos conscientes de que vamos a morir.  La emoción podrá ser bondadosa o terrible, pero nunca dejará de ser racional.

Borges solía declararse poco conocedor de la obra de Girondo, pero también de la de Roberto Arlt, si bien hay evidencias de su frecuentación contemporánea, en el ensayo El tamaño de mi esperanza 124de 1926 en el que declara que: “Arlt, José Tallón y Girondo son el descaro del arrabal, su bravura, mucho más los dos primeros” y en un reportaje de 1929 afirma que entre los escritores de prosa “es notable Roberto Arlt. También Eduardo Mallea. No veo otros”. Borges solía contar la anécdota de que Arlt alguna vez le echaron en cara su desconocimiento del lunfardo y la réplica ante la acusación: “Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas”125. En esta línea de utilización del lunfardo o arrabalero es que se inscribe uno de sus elogios a Arlt¸ en Invectiva contra el arrabalero anota: “Algunos lo hace bien, como el montevideano Last Reason y Roberto Arlt; casi todos peor”. Entre los inolvidables nombres que recuerda al responder una encuesta sobre la novela figura el de Arlt: “Pienso que El Juguete rabioso de Roberto Arlt: libro que me hace perdonar a su autor el haber publicado Los lanzallamas. Años más tarde Borges compone su cuento El indigno inspirado por el primer libro de Arlt: “Yo sólo conozco un libro de Arlt, yo conozco El juguete rabioso, no conozco los otros. Y yo escribí un cuento basado en esa novela de Arlt; el cuento mío se llama El indigno, pero yo creo que la raíz de mi cuento está en el texto de Arlt, por eso hay un personaje que se llama Alt, en el cuento, para sugerir esa raíz sin duda genuina”126. En una entrevista realizada en 1929 por La Literatura Argentina,127 la misma publicación en que Borges había elogiado poco antes a Roberto Arlt, este declara: “Entendería como escritores desorientados, a aquellos que tienen una herramienta para trabajar, pero a quienes les falta material sobre el que desarrollar sus habilidades. Estos son Bernárdez, Borges, Mariani, Córdoba Iturburu, Raúl Gonzáles Tuñon, Girondo y Pondal Ríos. Esta desorientación yo la atribuiría a la falta de dos elementos importantes. La falta de un problema religioso y social coordinado en estos hombres”. “Borges ha perdido tanto el tino que ahora está escribiendo un sainete. ¡Imagínese como saldrá eso!”. “Si se me preguntara por qué ocurre esto, yo contestaría que lo atribuyo a que estos hombres tienen inquietudes intelectuales y estéticas y no espirituales e instintivas. Esta gente, a excepción de Mariani, no cree que el arte tenga que ver con el problema social, ni tampoco con el problema religioso. Y entonces trabaja con pocos elementos, fríos y derivados de otras literaturas de decadencia.”128

Cortázar reconocía una deuda con Borges en lo que se refiere a la economía verbal del relato y aspectos formales basados en la geometría del texto; sin embargo, discrepaba profundamente con él por sus convicciones políticas. Mantuvieron una relación sólo de estima literaria. Borges le dedicó no pocos comentarios desdeñosos pero hacia el final de su vida decidió incluir un volumen de cuentos de Cortázar en su Biblioteca Personal y recordaba con frecuencia que había propiciado la publicación del primer cuento de Cortázar Casa tomada. En el prólogo de sus cuentos anota: “El estilo no parece cuidado, pero cada palabra ha sido elegida. Nadie puede contar el argumento de un texto de Cortázar; cada texto consta de determinadas palabras en un determinado orden. Si tratamos de resumirlo verificamos que algo precioso se ha perdido”129.

Tomaremos en el análisis a Girondo, para hacer un corte abrupto en la continuidad discursiva, para subrayar, marcar en lo otro. Impactar en la continuidad conceptual. Señalando a través de un caso como vivenciar la razón poética de lo que se habla. Señalamos con el análisis de este autor la dimensión poética de la consciencia que se pone en movimiento a partir de un estado estético y que neutraliza los determinismos a los que está sometida. A diferencia de Girondo, Borges dijo que en vida estuvo consagrado a la perplejidad metafísica. Comenzaremos diciendo que el caso de Girondo con Borges es bien otro. Ambos tratan paisajes urbanos articulando una honda consustanciación que vincula a la ciudad con el poeta. Las calles de la ciudad son el alma misma del poeta, su entraña. En el poema de Borges Fervor de Buenos Aires se realza que las calles de Buenos Aires ya son la entraña del alma del poeta. Estas calles son las del arrabal porteño, las dulces calles del arrabal. El arrabal, los márgenes por encima del axial del Centro de la ciudad. Esta poesía dibuja la escena primordial sobre la que se desplegará su canto de lo urbano. Borges ha escrito un panegírico a Lugones para enaltecer la obra del poeta de Córdoba. De paso empobrece y condena la suya propia sin demasiada justificación130. Es difícil encontrar en la primera poesía borgiana esa creencia o ese tipo de metáforas como en Lunario sentimental. Sí en cambio, Borges cita a Girondo y sus Veinte poemas, pero de versificación prosaica y superficial, de la imaginería fácil de este autor. Por contra cita la versificación en las lenguas germánicas: “De las literaturas de Occidente la de Inglaterra es una de las dos más importantes. (Dejemos al juicioso lector la elección de la otra), (…) Tenían el hábito de la singular versificación de todas las gentes germánicas. Esta se basa en la aliteración, o sucesión de palabras que empiezan por la misma letra y el ritual manejo de ciertas metáforas funcionales: encuentro de espadas, camino de la ballena por mar, agua de la espada por sangre, potro del mar por nave, tejedora de paz por reina”131

El poema de Girondo Veinte poemas para ser leídos en el tranvía trata de una poesía cosmopolita que homogeneíza la representación de Buenos Aires respecto a las ciudades europeas e incluso africanas. Sus textos repiten un modo de mirar que exalta los objetos en la misma medida que cierra la manifestación de la subjetividad que la sostiene. La metáfora intimista, rica y sugestiva, junto a la prosaica y ligera de este último, constituyen un buen ejemplo de razón poética, con cierto exceso de color local. Lugones, Girondo y Borges tres maneras de metaforizar, construyendo una razón poética.

La cita de Girondo representa una mirada distinta respecto de la visión borgeana de la ciudad. Recurrencia de una escena típicamente vanguardista, consistente en la emergencia de una palabra y una figura poéticas que instituyen como objeto al espacio urbano contemporáneo.

Los dos casos pueden atribuirse a lo que genéricamente se denomina poesía de vanguardia y comparten el rasgo de pertenecer, cronológicamente a una etapa primitiva de dichas obras: así en el caso de Borges el conjunto del texto referirá no sólo a Fervor de Buenos Aires, también a Luna de enfrente y Cuadernos san Martín, en el caso de Girondo además de referir al arriba mencionado, referirá a sí mismo a Calcomanías.

Este es otro ejemplo importante en la relación poesía filosofía y a la que se ajusta este concepto de razón poética, esta vez en la literatura hispanoamericana, en Oliverio Girondo, contemporáneo de Borges.

Girondo, Poeta argentino miembro del grupo Martín Fierro, cuyo manifiesto redactó. Fue autor de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, Calcomanías, Espantapájaros, Plenilunio, Persuasión de los días, Campo nuestro y en La masmédula. Se diferenció de sus contemporáneos a causa de su irreverencia y nihilismo absolutos. Difundió la poesía argentina en Hispanoamérica y fue una de las voces más personales y en constante renovación del ámbito nacional. En la reseña de Calcomanías Borges se confiesa abrumado por el despliegue vanguardista de Girondo en relación a su mirada opuesta sobre Buenos Aires: “Es innegable que la eficacia de Girondo me asusta. (…) Lo he mirado tan hábil, tan apto para desgajarse de un tranvía en plena largada y para renacer sano y salvo entre una amenaza de klaxon y un apartarse de transeúntes, que me he sentido provinciano junto a él”132. En 1972, dialogando con Fernando Sorrentino, observa que: “Oliverio como escritor, nunca contó mucho. Oliverio Girondo financió la revista Martín Fierro, pero la obra personal de él…Yo no creo que él le haya dado ninguna importancia tampoco. Creo que a él le interesaba más la tipografía, la imprenta. Lo que él escribía, ¿qué era? Más o menos greguerías, en fin…”

Decíamos más arriba que: la razón poética, que Borges y Girondo despliegan en su obra poética, es capaz de figurar el mundo. Mundo en el que habita y nos permite habitar. Una razón que aún siendo universal se singulariza hasta hacerse individual .Ella es pensamiento de lo sensible, ideas de la sensación, que penetra los objetos, que se subjetiviza en la existencia del poeta. Rastreando en la obra filosófica de Zambrano, vemos que dicha razón es capaz de dar cuenta y hacer verosímiles los mundos de la sensibilidad. Es otro pensamiento, el de las emociones, el de la afectividad, el de las sensaciones. Esta razón es capaz de integrar la escisión inaugural entre ser y vida, entre sujeto y objeto. Una razón que se despliega sin el secuestro de la conciencia, inventando otras lógicas de la contradicción, penetrando las cosas desde las cosas mismas, desde lo más sensible de ellas. Una razón que partiendo de lo irracional del sujeto pensante, de sus emociones, llega a lo más sensible del objeto y de las cosas; para crear un mundo que es el resultado del conocimiento, en el que el hombre puede establecer su morada. Una razón capaz de nombrar lo inefable y en esa palabra establecer la morada del ser. Una razón que es capaz de bordear el Ser mismo y dar cuenta de la “presencia” y de “lo presente”.

En las letras, con las palabras de la poesía y la literatura en general, entra en nosotros un mundo, que sin su compañía jamás hubiéramos llegado a descubrir. Un mundo enunciado y representado por una clase de razón vivencial, que es capaz de simbolizar las emociones y los perfiles sensibles de lo real generando nuevos orbes. Uno de los prodigios más asombrosos de la vida humana y de la cultura lo constituye esa posibilidad de vivir otros mundos, de sentir otros sentimientos, de pensar otros pensares .Otros, que los reiterados esquemas que nuestra mente se ha ido haciendo en la inmediata compañía de la experiencia social y sus, tantas veces, pobres y desrazonados saberes. En la poesía habita una razón que no es sólo principio de libertad intelectual, sino que ella misma es universo de idealidad libre, un territorio de infinita posibilidad. Lo que no se puede decir, lo indecible, lo inefable no es concepto y un conocimiento que consista en visión inefable del objeto no es lo que se intenta con la razón socrática, pero si puede serlo con la razón poética. Una razón que da cuenta de la vida, de los inefables de la vida; de lo que es capaz de suceder sin palabra que lo enuncie. Sólo una censura sería realmente peligrosa, aquella que inconscientemente, nos impusiéramos a nosotros mismos porque hubiéramos perdido, la pasión por entender, la felicidad hacia el saber. “Yo no sé nada/Tú no sabes nada/Ud. No sabe nada...”133.¿Se puede tener una vida poética, seguida por los designios de una razón singular pero dentro de lo universal? Tal vez sea la única manera de conjurar la vivencia fundante: “la vida está siempre por debajo de sí misma”. María Zambrano propugna la simbiosis de filosofía y poesía, de pensamiento y sentir, como única forma de superar la escisión entre ser, vida y realidad. Es en la escritura poética y literaria donde se abona esta integración134 .Como filosofa de la vida establece que la razón y el pensar, se disuelven en la vida misma; pero no de forma conceptual sino actuada. La vida es un río inagotable al que vuelve la vida misma y la muerte. Río en el que se disuelve la vida individual, el vacío. Ella queda representada en la vida misma de la subjetividad, pero deja siempre un resto indecible.

El poeta y el filósofo son hacedores de este tipo de razón ya que es materia de la Estética. El primero configurando mundos, el segundo señalando el pensamiento propio del arte. Es razón, es poética, es filosófica a la vez.

La razón considerada como facultad de cierta forma lógica de conocimiento, es la facultad de inferir, de juzgar directamente. La razón es la facultad de los principios. Todo interés de la razón, especulativo o pragmático se concentra en un discurso sobre la realidad, sobre su conocimiento y su formulación. La razón siempre define que puedo saber, que debo hacer, que puedo esperar y que es el hombre. El hombre es sujeto del conocimiento, del sujeto de la vida y de la acción. En ese trazado que define la razón el mundo se presenta como proyecto del hombre. “Las notas del pistón describen trayectorias de cohete, dibujando el mundo que habitamos”135

La razón poética puede rescatarnos del mundo insuficiente y poco conocido que ha pergeñado la razón científica. De la elisión del enigma de la vida y la felicidad. “Gratitud: Gracias aroma/...Gracias pelo/..Gracias pudor../Gracias a los racimos/..Gracias al humo.../Gracias por la ebriedad/..por la locura..136. Tal como sostendrá para nosotros María Zambrano: “En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia”137.

La razón filosófica quiere lo Uno, porque lo quiere todo; el poeta o escritor quiere una cosa, cada una de las cosas sin restricción, sin abstracción ni renuncia alguna. Quiere un Todo desde el cual se posea cada cosa. No es solo pensamiento, sino que es la cosa complejísima y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que hubo y la que no habrá jamás. Quiere la realidad, pero la cosa del poeta no es jamás la cosa conceptual de la realidad poética. No es solo la cosa que hay, la que es: sino también la que no es; abarca el “ser” y el “no- ser” en admirable conjunción. Dentro de ella todo tiene derecho a ser hasta lo que no ha podido ser jamás. El poeta saca de la nada a la nada misma y le da nombre y rostro. Trabaja para que todo lo que hay y lo que no hay, llegue a ser. El poeta no teme a la nada. Aparición, presencia que tiene su trasmundo en que apoyarse. El logos poético es más amplio que el filosófico; abarca el “ser” y “no-ser”, lo inefable, colma el deseo de saber de ello. “Todos los hombres tienen por naturaleza deseo de saber”138 dice Aristóteles en su Metafísica, justificando así este saber que se busca.

“Y eso es lo que persigue el poeta: compartir el sueño, hacer la inocencia primera comunicable; compartir la soledad, deshaciendo la vida, recorriendo el tiempo en sentido inverso, deshaciendo los pasos; desviándose. El filósofo vive hacia adelante, alejándose del origen, buscándose a “sí mismo” en la soledad, aislándose y alejándose de los hombres. El poeta se desvive, alejándose de su posible “sí mismo”, por amor al origen”139.El poeta es el hijo perdido entre las cosas, el que no ha olvidado nunca su filialidad para despertar al saber. Perdido entre las cosas, pegado a la carne, en sueños y en olvido de sí. Más olvidándose de sí, se sumerge cada vez más en las cosas. La poesía, dice Zambrano es respuesta, mientras que la filosofía es pregunta. Borges: “En la Memoria de los tiempos venideros/ También nosotros seremos/ Los tauras y los primeros”140




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