La depresión y su abordaje desde un encuadre psicoanalítico


La autoestima y la depresión



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La autoestima y la depresión

Rado orienta su investigación hacia la autoestima por la fuerte demanda de gratificación narcisista del depresivo, comparándolo con el niño pequeño cuya autoestima depende directamente del amor y aprobación de los padres y no de sus logros personales. Bibring parte de la premisa de que en la depresión se da una pérdida de la autoestima debido a frustraciones de aspiraciones de tipo narcisistas y no sólo afectivas, provocando sentimientos de indefensión. Considera los estados depresivos como consecuencia de la tensión entre los ideales y la realidad. Ser valioso en el amor, ser fuerte o superior y ser bueno y amante son, todos ellos, estándares de conducta de la persona deprimida, que considera que no está a su altura. Los individuos deprimidos a menudo se ven desvalidos e impotentes. Establece que en la discrepancia entre lo que creen que deberían ser y lo que son, puede radicar la clave para entender la experiencia depresiva de estos pacientes.

Jacobson realiza una reformulación del sí mismo diferenciándolo del yo mediante la adopción de nuevos conceptos como; autorrepresentación (representación del sí mismo), autoimagen (imagen del sí mismo o representación endopsíquica) y representación objetal (representación endopsíquica de los "objetos" personas o cosas). Establece que si la autoimagen recibe una catexia libidinal se obtendrá una autoestima elevada, pero si recibe una carga de energías agresivas determinará una disminución de la autoestima conllevando a la depresión. En el desarrollo del niño habría una oscilación de libido y agresión dirigida al mismo objeto. Este proceso se prolonga hasta que el sujeto tolera la ambivalencia y la autoimagen puede recibir catexias de amor y odio, constituyéndose una representación endopsíquica estable. Si de este periodo de aprendizaje se constituye una autoimagen mal integrada, revestida de agresividad, disminuirá la autoestima y se predispondrá a la depresión. Plantea como puntos vulnerables a las; autorrepresentaciones, cuando por ejemplo se tiene una imagen corporal desvalorizada, el superyó, cuando es un mero reflejo de percepciones rígidas sobre las expectativas paternas, que le conducirá al fracaso ante la realidad. El yo ideal, cuanto más irreal sea la meta según las capacidades del individuo, y las funciones críticas del yo, cuando no tienen la madurez suficiente para discernir lo razonable de lo que no es.

Winograd plantea como núcleos que dirigen el discurso del paciente depresivo, la herida de la autoestima y las variaciones del estado de ánimo. Se enfatizan aquellas experiencias que provocaron sensaciones de desvalorización, aparición constante de personajes ofensores, descalificadores.



Estudios sobre los mecanismos desencadenantes de la depresión

Bemporad haciendo referencia al proceso psicodinámico que lleva a la depresión plantea como aspectos predisponentes a la misma; una limitación de las fuentes de autoestima afirmando que el sujeto tiene una necesidad patológica de dependencia. Niega todo tipo de gratificación autónoma a cambio de recibir sustento del otro, debido a que el enfermo no encuentra placer o motivos de autoestima en sus propios esfuerzos. Al carecer de estas funciones de autogratificación se siente incapaz de modificar su entorno. Por último afirma que se presenta una “incompatibilidad cognitiva de las expresiones de agresión y enfado con la primacía del afecto depresivo (Bemporad, 1978)” (Avila, 1990, p. 53)

Arieti describe el proceso por medio del cual el hecho, (sea una pérdida, fracaso del vínculo o de la meta, éxito, situación ambigua), desencadene la depresión. De acuerdo a la apreciación cognitiva que el sujeto realice del hecho, va a advertir que va a ejercer efectos desorganizantes en su vida y en su autoimagen. La configuración cognitiva dominante en el sujeto y sus correspondientes normas de vida ya no le van a ser útiles para hacer frente a la situación. “El reconocimiento de este hecho reactiva un eco lejano pero resonante del dolor padecido en la primera infancia, cuando el paciente sintió haber perdido el amor de su madre o del sustituto materno. La pérdida actual tiene así el mismo valor que tuvo la pérdida del amor de la madre (Arieti, 1978)” (Avila, 1990, pp. 52-53). Advierte que han fracasado todos los métodos que empleaba para impedir la catástrofe. Cree que los métodos que ensaya son los únicos que puede o sabe usar. Se encuentra en una situación de impotencia que le impide elaborar el dolor. La tristeza se transforma entonces en una depresión que continúa haciéndose cada vez más intensa.

Bleichmar por su parte, establece distintas vías de acceso a esta enfermedad como; depresión por acción de la agresividad, por la culpa, por trastornos narcisistas, por angustias persecutorias, por identificación, por déficit yoicos y por el efecto de la realidad externa.

Depresión por acción de la agresividad. Las distintas formas de agresividad son capaces de provocar sentimientos de desesperanza e impotencia para la realización del deseo. Indaga los efectos de la agresividad en dos áreas, cuando recae sobre el otro, ya sea en la representación que el sujeto tiene de ese otro o sobre el objeto real, y cuando la agresividad recae sobre el sujeto mismo. La agresividad sobre el otro conduce a un mundo vacío de objetos valiosos y estimulantes que mantengan el narcisismo del sujeto. La agresividad hacia la propia persona se manifiesta en una actitud de constante odio para sí mismo. En cualquier momento de frustración el sujeto se castiga y se ataca permanentemente con gran hostilidad. Se establece una inhibición del yo, conduciendo a déficit yoicos que imposibilitan la realización de sus deseos.

Depresión por acción de la culpa, los sentimientos de culpa se sostienen en una doble identidad que el sujeto atribuye a sí mismo y al otro, una representación del sujeto como infractor de mandatos superyoicos y una identificación por parte del individuo con el sufrimiento del otro. La culpa produce depresión no sólo porque haga sentir indigno al sujeto o no satisfaga una imagen ideal con la que el sujeto desea identificarse, sino también porque puede activar conductas masoquistas de sometimiento a objetos patológicos que hacen al sujeto impotente para la consecución de sus deseos.

Depresión por trastornos narcisistas. Esta depresión se debe a los sentimientos de frustración tras no lograr ciertas aspiraciones narcisistas. Predomina un sentimiento de vergüenza que el autor considera como angustia narcisista en la intersubjetividad. Distingue dos tipos de trastornos narcisistas; uno caracterizado por baja autoestima o incapacidad para sostener una imagen valorizada del self, en el que la depresión surge porque se siente incapaz e impotente de alcanzar el objeto de deseo o gracias a las defensas puestas en juego, como; no exposición a situaciones a las que tema o sienta vergüenza, a relacionarse con otros, etc. Y otro caracterizado por sentimientos de omnipotencia, grandiosidad y denigración hacia el objeto. En este caso la depresión sobreviene cuando se desploma tal grandiosidad que usa para negar la realidad y sus propias limitaciones.

Depresión por angustias persecutorias, estas angustias tienen como consecuencia un deterioro del funcionamiento mental como perturbación de la capacidad cognitiva, de las sublimaciones, la capacidad de expresarse y de relacionarse, que desencadena la depresión. Plantea que ésta enfermedad también ocurre por las defensas que se utilicen hacia estas angustias. Se ponen en marcha la agresividad, la evitación fóbica, los rituales obsesivos, entre otras cosas que perturban la capacidad del sujeto. Esto trae un deterioro a la representación del self y termina en la depresión.

Depresión por identificación con la impotencia de figuras significativas para el sujeto para la consecución del deseo. Se identifica con padres depresivos u otros familiares o personas que tome como referentes en su vida, lo que lleva a la organización de un carácter depresivo y una consiguiente representación del sujeto como impotente en la realización del deseo. Parafraseando el concepto de culpa prestada de Freud, habla de sentimiento de impotencia y desesperanza prestada por identificación con padres que así se sienten.

Depresión por déficit yoicos. Con frecuencia el sentimiento de impotencia para el logro de deseos se debe a un déficit de recursos yoico real. Bleichmar explica esta insuficiencia por una identificación del sujeto con los otros significativos, más precisamente con las insuficiencias reales de los padres. Nadie puede incorporar de los otros los que éstos no poseen. También lo explica por una relación simbiótica con esos otros que obturan e imposibilitan el desarrollo de recursos yoicos ya que estos no son potenciados por esa figura referente.

Depresión por efecto de la realidad externa. Refiere a aquellas situaciones en que la realidad resulta apabullante, lo que tiene un papel decisivo en los sentimientos de impotencia y desesperanza propios de la depresión. Una realidad vivida como abrumadora y que el sujeto no es capaz de soportar y elaborar.

Estas vías de acceso a la depresión que conllevan a diferentes subtipos, se articulan de dos maneras; como serie complementaria donde es provocada por varios factores simultáneamente, y como serie secuencial en donde una modalidad produce efectos en las otras activándolas o desactivándolas, puede tener efectos con la anterior o con la que le sigue.



La depresión y la clínica psicoanalítica actual.

En esta última sección se presentarán algunos autores contemporáneos como Blatt, S. Bleichmar, H. Winograd, B. y Hornstein, L., haciendo mención de algunos de sus aportes pertinentes al tema trabajado.



Configuraciones psicopatológicas de Blatt

Distingue dos tipos de configuraciones psicopatológicas de la depresión. Una configuración anaclítica si la perturbación está vinculada a lo interpersonal, a problemas en las relaciones con los demás, y una configuración introyectiva si la perturbación es a nivel de la autodefinición, autocontrol y autovaloración. La primera enfocada primariamente en cuestiones interpersonales como la dependencia, la indefensión y sentimientos de pérdida y abandono, vinculada a la fase oral, y el segundo tipo, derivada de un superyó severo y punitivo, una depresión enfocada en la autocrítica, preocupación sobre la valoración personal, y sentimientos de fracaso y culpa.



  • Depresión anaclítica o dependiente:

Se caracteriza por sentimientos de soledad, indefensión y debilidad. Las personas que pasan por esta situación tienen intensos miedos de ser abandonadas y dejadas sin protección y cuidado y anhelan ser amadas y protegidas. El individuo no pudo internalizar experiencias gratificantes de quienes le brindaran cuidados y satisfacción y de esta manera valora primariamente cualquier tipo de relación por el confort inmediato, el cuidado y la satisfacción dada.

La separación de otros y la pérdida de objeto genera un miedo y aprensión considerable y son a menudo enfrentadas de forma primitiva como la negación y/o la búsqueda desesperada de sustitutos. Expresan su depresión mediante quejas somáticas, frecuentemente buscando el cuidado y la preocupación de los otros, incluyendo los médicos.



  • Depresión introyectiva o autocrítica:

Se caracteriza por sentimientos de falta de valía, inferioridad, fracaso y culpa. Se someten a una autoevaluación constante y temen profundamente ser criticados o desaprobados por los otros significativos. Hay una lucha constante por una perfección excesiva y una búsqueda incesante de logros, por lo que pueden ser muy competitivos. Cuando obtienen sus logros la gratificación no perdura. Mediante la sobrecompensación, tratan de lograr y mantener la aprobación y el reconocimiento.

Esta depresión enfocada en problemas de autovaloración, autoestima, fracaso y culpa, es particularmente insidiosa y hay grandes riesgos de que presenten intentos suicidas.

Este superyó, severo, punitivo puede ser una fuerza conductora para el logro, pero también puede derivar en que los logros sean seguidos por una satisfacción escasa e implicar una marcada vulnerabilidad a experiencias de fracaso y crítica, poseyendo una susceptibilidad incrementada a la depresión y suicidio. Debido a la necesidad de mantener una imagen personal y pública de fuerza y perfección, estos individuos están constantemente tratando de ponerse a prueba, están siempre en evaluación, se sienten vulnerables a cualquier implicación de fracaso o crítica y a menudo son incapaces de recurrir a otros, incluso al más cercano de sus confidentes, por ayuda o para compartir su angustia. (Freud, 1914, 1923) (Blatt, 1996, pp. 16-17).

Mientras que la depresión anaclítica sobreviene por temor a la pérdida de objeto, por rechazo o desaprobación de los demás, la depresión introyectiva, se produce por el temor al fracaso o por no lograr ciertos objetivos, en donde la culpa y los autorreproches tienen un lugar importante.

Desde éstas concepciones no se describen tanto los síntomas como puede ser desde los diferentes manuales de Psiquiatría, sino que se manifiestan los conflictos inconscientes inmersos en esta problemática, los mecanismos de defensa que intervienen, la estructura del carácter. Resalta el valor de considerar las diferentes formas de psicopatología no como series de síntomas manifiestos, sino como perturbaciones derivadas de trastornos de la interacción dialéctica normal de dos líneas de desarrollo, el desarrollo de relaciones vinculares mutuamente satisfactorias y recíprocas y el desarrollo de un sentido de sí mismo realista, esencialmente positivo, diferenciado e integrado.

En cuanto al tratamiento los individuos excesivamente preocupados por cuestiones de autodefinición y autovaloración (pacientes introyectivos), tienen usualmente los recursos intelectuales y las capacidades de autorreflexión necesarias para involucrarse constructivamente en un tratamiento psicoanalítico intensivo a largo plazo, para permitirles establecer una relación terapéutica y comenzar a cambiar las enraizadas representaciones mentales negativas de sí mismo y otros.



Enfoque Modular-Transformacional de Hugo Bleichmar

Además de las vías de acceso a la depresión que se presentaron anteriormente, se hará a continuación una presentación de este enfoque trabajado por el autor, con el fin de vislumbrar la génesis de esta enfermedad, el modo de comprenderla y su abordaje.

Influido por Fodor, y siguiendo el principio de modularidad cerebral, Bleichmar elabora un modelo clínico que concibe al psiquismo funcionando por diferentes módulos, genéticamente independientes, cada uno con sus propiedades y diversos procesamientos. Cada módulo es concebido como una base de datos específica que procesa ciertos estímulos y deja de lado otros.

El beneficio de concebir al psiquismo en términos de modularidad es que concibe un funcionamiento que no depende de principios uniformes que trascenderían a todas las partes, sino a la articulación compleja de sistemas de componentes, cada uno de ellos con su propia estructura, sus contenidos, sus leyes de funcionamiento.

El proceso transformacional se va dando por diferentes encadenamientos entre los módulos, influyendo los unos sobre otros. Describe un aparato psíquico complejo con múltiples modalidades operatorias y tipos de articulación.

Este modelo permite abrir nuevas perspectivas en el estudio de los procesos que intervienen en la génesis de los trastornos psíquicos y al modo de considerarlos en la clínica.

Desde Morin, Bleichmar aplica a la psicopatología el pensamiento complejo, buscando la génesis de los trastornos mentales pensando en múltiples componentes en permanente proceso de articulación. Se trata de tomar los diferentes módulos o sistemas motivacionales en su interjuego permanente entre ellos mismos, con el resto de las dimensiones del psiquismo, con los niveles neurofisiológicos del sujeto y con los diferentes tipos de vínculo que el sujeto va estableciendo.

Lo fundamental para establecer la verdadera importancia de este modelo es que permite un desarrollo armónico entre la teoría del trastorno, es decir, cómo se produce el trastorno; la teoría la cura, es decir, cómo se produce el cambio psíquico; y una teoría de la técnica, es decir, cuáles son los instrumentos técnicos específicos a utilizar en cada caso para conseguir el cambio que se pretende. (Méndez, s.f. p.5)

Este modelo psicopatológico tiene como objetivo llegar a conocer los componentes y las dimensiones de análisis que definen y dan lugar a cada estructura psicopatológica. Trata de responder a la pregunta de; ¿Qué tipo de intervención terapéutica específica para qué tipo de configuración diagnóstica?

Los trastornos depresivos entendidos desde este enfoque, tienen en cuenta la articulación y las múltiples combinaciones que pueden darse desde los diferentes componentes del psiquismo lo que constituye la psicopatología y la personalidad del sujeto.

Para llevar a cabo un tratamiento se tratará de que sea específico para la combinatoria de dimensiones que presente el paciente. Deberá adecuarse a la particularidad del individuo. Se hará un diagnóstico dimensional.

Frente a un cuadro psicopatológico Bleichmar, busca la articulación de los componentes, su historia generativa y las transformaciones de éstos componentes en el proceso de articulación, lo que él llama deconstrucción. Se delimitarán cada uno de los eslabones psíquicos del proceso, ya que la depresión es el resultado final de un proceso en el sujeto.

De ésta forma se presentarán en la clínica diferentes subtipos de trastornos depresivos según los factores psicológicos intervinientes, para los que se necesitarán tratamientos también específicos.

Transferencia, contratransferencia y objetivos terapéuticos desde Benzión Winograd

En cuanto la transferencia existen zonas de indiscriminación sujeto-objeto en los pacientes depresivos. Las repeticiones dramáticas con el terapeuta se relacionan con la autoestima en diferentes variantes, como la secuencia idealización-desidealización, valoración-desvaloración, ausencia-presencia, descalificación-calificación y exigencia-permisividad. Configuraciones que han marcado la historia del sujeto y pueden activarse en distintos momentos del proceso.

Considera a la constratransferencia un importante indicador de sentimientos, afectos o situaciones que no pueden acceder a los canales discursivos lingüísticos debido a interferencias, inhibiciones, represiones o falta de registro. Para trabajar su decodificación el analista debe tener en cuenta que los pacientes depresivos tienen una especial sensibilidad a los tonos y a cualquier sistema que pueda ser entendido en términos de calificación-descalificacion. Hay una acentuada atención a las expresiones extra verbales más que al contenido conceptual de las interpretaciones.

Establece como objetivos terapéuticos restituir o buscar la generación de una autoestima saludable, productiva y creativa. Conlleva en primer lugar a examinar, trabajar y procesar aquellos factores que actuaron en la representación insuficiente de sí. También considera de relevancia para la estimulación de la autoestima los desempeños cotidianos del sujeto, su vida afectiva, sus expresiones vinculares, la relación con su cuerpo y con los otros significativos. Se adhiere a la propuesta kohutiana de encontrar en el clima relacional una valoración del sujeto que pueda desembocar en el cambio de la relación interna con su self nuclear. Se desidentificarán los códigos enfermantes que se han ido construyendo en la historia relacional.



Contribuciones de Luis Hornstein para la comprensión y tratamiento de la depresión

“Las aspiraciones acerca de lo que se debe ser y tener (ideal del yo) y acerca de lo que no se debe hacer (conciencia moral) superyó, están conformadas por las aspiraciones parentales y sus sustitutos”. (Hornstein, 2003, p.205)

Establece que para entender esta patología se debe indagar la relación entre el yo y dichas aspiraciones (superyó-ideal del yo). El ideal del yo se presenta como el depositario de la omnipotencia narcisista original y en la medida en la que el yo se acerque a ese ideal se investirá narcisisticamente. Cuando existe una distancia entre el yo y las aspiraciones narcisistas, éste se verá empobrecido por la puesta en marcha excesiva de las defensas y no podrá lograr transacciones satisfactorias viéndose alterado el sentimiento de estima de sí, característico de la depresión. Como mecanismo compensatorio el depresivo se alimenta por el objeto, perderlo es transformar al yo, desvalorizarlo, desestructurarlo. La presencia de este objeto completa funciones y compensa déficit, aminorando la angustia que provoca la pérdida de amor del superyó.

Mientras en el duelo el mundo es sentido pobre y vacío, en la depresión es el mismo yo el que se percibe así. Tras la pérdida del objeto, el sujeto revive la indefensión infantil, el objeto amenaza al yo, ya no está a su disposición.

Propone como meta en el proceso terapéutico que “el analizando logre conjugar de otra manera los verbos ser (registro identificatorio), y tener, (registro objetal). (Hornstein, 2006, p. 186). Se trata de posibilitar simbolizaciones estructurantes.

Siguiendo los postulados freudianos plantea como objetivos terapéuticos;



  • Aportar auxilio al yo neurótico que no puede cumplir lo que la sociedad le impone.

  • Lograr que se le transfiera la autoridad del superyó que inhibe su actividad con sus rigurosas prohibiciones.

  • Alentarlo a aceptar la lucha de cada exigencia del ello, el que consume la energía del analizando en sus inútiles intentos por defenderse. Sus continuas invasiones daña la organización del individuo.

  • Ayudarlo a vencer las resistencias.

  • Restablecer el orden del yo pesquisando contenidos y aspiraciones del inconsciente.

  • Servir en diferentes funciones: autoridad y sustituto de los progenitores, maestro y educador.

  • Mudar en preconsciente lo reprimido, reintegrando al yo lo que le es propio. Perdiendo sentido las inhibiciones, las defensas, las angustias, los síntomas y todo aquello a lo que el analizando se veía obligado a recurrir.

  • Hacer consciente lo inconsciente

  • Resolver fijaciones desplazando afectos desde objetos y situaciones del pasado hacia la vida actual.

  • Rellenar lagunas mnémicas

  • Cambiar repetición por el recuerdo y la reelaboración, elaborar el duelo por el mundo infantil e investir el presente y el futuro.

  • Pasar de la introversión a la fantasía, la retracción narcisista y la fijación al interés sobre los otros reales.

  • Del duelo patológico a las nuevas relaciones

  • De Tánatos a Eros

  • “Donde ello era, yo debo devenir”

Será esencial para el autor crear un ambiente de sostén en la clínica de las depresiones, donde se edifiquen nuevas estructuras retomando el curso psíquico interrumpido por traumas tempranos. La carencia de cuidados básicos en estos primeros momentos es paliada al reproducirse en la terapia estados y sensaciones infantiles. Pero establece que no se trata solo de un desarrollo detenido sino de la producción de una historia. Se exige del analista una interpretación del pasado al tiempo que un descubrimiento y producción de otros modos de relacionamiento. El “desarrollo supone el despliegue de lo ya presente. Historia apunta a permanencia y cambio (sólo pensable desde la aceptación de lo nuevo)”. (Hornstein, 2006, p.189)

Sostiene que los pacientes depresivos requieren innovación, junto con el analista se deben lograr experiencias que le faltaron en sus primeros vínculos, plenos de temor y desilusión. “El depresivo reactiva necesidades para las que no encontró respuesta en las interacciones primordiales (Kohut)” (Hornstein, 2006, p. 206)

“El proceso analítico aspira a que el analizando acepte la singularidad de su historia y descubra que sus encuentros actuales están influidos por los privilegios que se conceden a tal o cual rasgo del objeto, referencia identificatoria o compensación narcisista”. (Hornstein, 2006, p. 203)

Conclusiones

El propósito de las líneas previas ha sido vislumbrar de manera sucinta y sin pretensiones de ser exhaustiva, los acercamientos que ha tenido el Psicoanálisis hacia la depresión. Se han encontrado en los diferentes desarrollos teóricos, acuerdos y desacuerdos, aspectos inconclusos, lo que ha dado a un enriquecimiento hacia la comprensión de esta patología. Acuerdos que refuerzan teorías y desacuerdos y aspectos inconclusos que inspiran a profundizar, a seguir investigando, abriendo a nuevas interrogantes.

En esta construcción de la depresión desde un encuadre psicoanalítico y tras la lectura de los diferentes aportes teóricos, se puede observar lo trascendental de una mirada diferente, una mirada desde procesos. La depresión como una configuración psicopatológica que se va construyendo desde los tiempos más arcaicos del desarrollo. Allí en los primeros vínculos, en las primeras introyecciones de los otros, en las imagos internas de esos otros, se encuentran los cimientos sobre los que se erguirían un desarrollo normal o una condición patológica.

Del cómo se transite esas experiencias tempranas dependerá las fortalezas o vulnerabilidades hacia los avatares de la vida. Cuando se introyectan figuras que fueron gratificantes, que dieron seguridad y brindaron catexias libidinales, se estaría en una situación de fortaleza, en cambio, cuando se introyectan experiencias frustrantes, predominando los objetos perseguidores tan temidos e invade la angustia, se carece de sostén, quedan huecos, puntos vulnerables. Se tendría un disposición enfermiza (véase p. 4) y ante las pérdidas que se transcurren en la vida se entraría en un estado melancólico. Un estado de castigo hacia sí mismo, tratándose como se trataría a ese objeto malvado que abandonó al sujeto. Un estado de desvitalización, donde nada lo gratifica, ningún deseo se satisface ya que todos los anhelos y motivaciones estaban puestos en ese objeto que se perdió y al que se está fijado. Sólo ese objeto podría gratificar, saciar, pero este ya no existe más, habría un deseo irrealizable. El sí mismo comienza a ser percibido como vacío, muerto, muy lejos de lo que se querría ser, y en este vivir sin vida transcurre el penar depresivo, la tristeza que invade, que paraliza.

Tras estos procesamientos, estos módulos (véase p.19) que fueron complementándose, encadenándose, se estaría ahora ante una determinada configuración psicopatológica, un subtipo de depresión, en la que el terapeuta debe hacer una deconstrucción con la que pueda dilucidar el camino que el paciente atravesó para llegar a tal.

Llegando a esta comprensión de la situación, se buscará en la clínica revivir en los procesos trasnferenciales-contratrasnferenciales (y todo lo que pueda acontecer en un encuadre clínico) aquellas experiencias tempranas en las que no se lograron experiencias gratificantes. Con el propósito de encontrar ahora en la figura del analista el sostén y apoyo necesario para la consecución de experiencias inéditas del sujeto hasta ese momento. Construir una historia diferente, aspirando a llenar esos espacios vacíos que hacen vulnerables, recorrer un nuevo camino reelaborando la historia previa del paciente.



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