La defunción de Satanás y sus secuaces Isaías A. Rodríguez



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La defunción de
Satanás y sus
secuaces

Isaías A. Rodríguez

Estamos tan atrapados en nuestras pieles culturales que realmente no podemos entender y apreciar otra cultura”. Ernst Troeltsch.


El despertar de la humanidad de un letargo de siglos sumergidos en lo mítico y supersticioso a un mundo científico, ha sido muy lento y tardío. Todavía el mito, el cuento y la leyenda en lo religioso se aceptan hoy, por buena parte de la gente, incluso instruida, como verdades llovidas de lo alto.

Es necesario un esfuerzo común para superar todo lo que, debido a la ignorancia y al obscurantismo, caiga en el campo de la superchería y la falsedad. El no hacerlo puede seguir acarreando mucho sufrimiento a innumerables personas, como sucedió en tiempos ya idos. Tal ha sucedido con el tema que queremos dilucidar en este ensayo sobre Satanás y su entorno.

Por desgracia muchos hemos sido víctimas de encendidos sermones y discursos con los que se intentó aterrorizarnos, aunque sin malas intenciones, debido a la firme creencia de los mismos oradores. No puedo olvidar las coloridas, pero terroríficas, descripciones que en mi adolescencia, en el seminario, se nos hacían del infierno y de los demonios, estos con la horca por el mango para remover a los pobres condenados. Y todo se ilustraba con multitud de ejemplos tomados de la vida y dados por acaecidos. Y se confirmaba con la palabra segura e inspirada de la Biblia. Si la Biblia no puede errar todo ello debía ser cierto, seguro y materia de asentimiento.

Pero a medida que hemos ido reflexionando y meditando en la bondad de Dios y su misericordia, la aceptación de un tormento eterno resultaba sospechoso y, todavía peor, indigno de un Dios generoso que ha creado la maravilla del universo y a la humanidad para que participe, en tiempo sin fin, de algo tan bello que superará a todo lo creado.

Por ello, hemos considerado que todo esfuerzo sería pequeño si pudiéramos desentrañar y desenmascarar la patraña que de alguna manera se nos ha inculcado y hemos aceptado hasta el presente. Los estudios sobre el tema son abundantes, por ello, es doloroso que no se divulguen sus investigaciones, y peor todavía que se sigan enseñando las ideas sobre espíritus malignos creados por Dios –según enseñanza- para tentar y atormentar a los seres humanos, que Dios ha creado por la abundancia de su amor.

En el antiguo judaísmo la idea de la existencia de espíritus malos ni estaba bien desarrollada ni era de particular importancia. La noción de un espíritu maligno apareció tardíamente y debido al contacto e influencia de religiones paganas del Medio Oriente. Del judaísmo entraría en el cristianismo y adquiría un crescendo exagerado en la Edad Media.

En tiempo de Jesucristo, era comúnmente aceptada la posesión diabólica y los exorcismos habían adquirido lugar prominente en la práctica religiosa judía. En los Hechos de los Apóstoles se nos dice que “unos exorcistas ambulantes judíos intentaron invocar sobre los poseídos de espíritus malignos el nombre de Jesús” (Hch 19,13). Vemos aquí a judíos con dicho oficio, que pensaban que para ser más efectivos debían utilizar el poder de Jesús. Los exorcismos hoy día son raros, ya que la creencia en el demonio va disminuyendo, con todo, hasta mediados del siglo XX se observaron en el rito sacramental del bautismo. Se trataba en este caso de una “posesión” externa y colectiva debida a la doctrina del pecado original, sin embargo, cuando leemos en latín dichos exorcismos nos quedamos un tanto horrorizados de que la Iglesia incluyera tales increpaciones al diablo en el bautismo de una criatura angelical.

Como veremos más adelante, lo que en un tiempo se consideraba un obstáculo, un impedimento, o un adversario externo y humano, con el correr de los tiempos a ese adversario se le supernaturalizó e internalizó manifestándose, a veces, en reacciones físicas de ataques epilépticos y otras expresiones psicológicas no diagnosticadas como tales en aquel entonces.

Aunque el Nuevo Testamento contiene bastantes referencias a demonios, no abundan tanto como en los escritos judíos y cristianos apócrifos del mismo período. Hoy podríamos considerarlo todo ello como algo metafórico e hiperbólico, aunque en aquella coyuntura, debido a la ignorancia, lo tomaban muy seriamente, incluidos los escritores del Nuevo Testamento. Veamos todo esto con más detención.
La influencia de los vecinos de Israel en el desarrollo de Satanás

    Hacia el año 3000 antes de Cristo, mucho antes del surgimiento de las naciones semíticas entre las cuales los babilonios, asirios, israelitas y más tarde los árabes, fueron las más prominentes, vivía en Mesopotamia una nación de gran poder e importancia, que se conoce por el nombre de Acad. Los acadios no eran una raza blanca, sino más bien pieles rojas.


     Muchas instituciones religiosas, leyendas y costumbres entre los semitas fueron de origen acadio. Así, sabemos con certeza que en su modo de determinar el tiempo ya poseían la institución de una semana de siete días, y que el sábado era su día santo de descanso. Además, las leyendas de la creación, del árbol de la vida y del diluvio, que se mencionan en el Génesis, fueron tomadas de los acadios.

También los babilonios poseían varias leyendas que han entrado en el Antiguo Testamento, las más llamativas son la del diluvio, la de la torre de Babel, la de la destrucción de las ciudades corruptas por la lluvia de fuego que nos recuerda a Sodoma y Gomorra, las aventuras de la niñez del rey Sargón I que nos recuerdan a Moisés, y la creación del mundo.


     Sin embargo, la creencia caldea en la inmortalidad del alma no encontró eco en la literatura de los judíos. La civilización de Asiria y Babilonia fue más brillante, potente y cosmopolita que la de Israel. Había ya himnos monoteístas de gran fuerza y ​​belleza religiosa, tanto en Egipto como en Babilonia, mucho antes de la existencia del pueblo de Israel.
     Por otra parte, las religiones de Mesopotamia, Canaán, Egipto, Persia y Grecia, pueblos vecinos de Israel, influyeron en el desarrollo de la idea de Satanás en la religión judía y agregaron elementos al personaje. Estas naciones tenían sus propias explicaciones del mal corroboradas con deidades maléficas.
Influencia de Mesopotamia

    Con fecha del segundo milenio o más temprano, se escribió la epopeya del Gilgamesh en la lengua de Babilonia, el acadio, en doce tablillas de arcilla. Hay múltiples ocasiones en las que el pueblo hebreo pudo haber entrado en contacto con esta obra clásica mesopotámica. Un fragmento de Gilgamesh con fecha de 1550 a 1150 a. C. se ha encontrado en las excavaciones en Megido, ubicado en el norte de Israel. Los exiliados judíos, casi seguro, entraron en contacto con esa obra durante su estancia en el siglo VI a. de C. en Babilonia.


     La epopeya describe las aventuras de un héroe, Gilgamesh, rey legendario de la ciudad estado de Uruk, y su compañero Enkidu. Ambos se encuentran con diosas, escorpiones con figura de hombres, astutas jóvenes de salón mundano, prostitutas con corazones de oro, y varias especies de monstruos. Estos motivos, primero vistos en la epopeya del Gilgamesh, más tarde aparecen en la Biblia, en Homero, en las mil y una noches, y, de hecho, en casi todos los cuentos de las más grandes aventuras jamás contadas, escritas o filmadas.

     Uno de los ejemplos más antiguos de un adversario sobrenatural en la literatura, Humbaba, es un punto de partida apropiado en el estudio de la influencia de los vecinos de Israel en el surgimiento de Satanás. Al igual que Satanás, Humbaba es el guardián de un lugar oscuro y amenazante que induce el miedo a los seres humanos. Ambos tienen un aspecto físicamente terrorífico y asociaciones con el fuego y la muerte.

 Otra contribución del Gilgamesh es la similitud subyacente entre él y los escritos apocalípticos judíos y cristianos. Los libros de Daniel y el Apocalipsis, así como varios textos apocalípticos judíos no canónicos, como 1 Enoc y Jubileos, del período inter testamentario, se refieren a una batalla cósmica entre Dios y el mal. Estas batallas se suelen describir en un lenguaje altamente simbólico, incluyendo el uso de bestias, monstruos y seres malignos.
     
Influencia cananea

     Pasando de las tierras altas de Mesopotamia a la antigua Siria y Líbano, en la cultura cananea, emergen conexiones incluso más sorprendentes con Satanás. Los descubrimientos en Ras Shamra, el sitio de la antigua ciudad de Ugarit, ubicada a lo largo de la costa norte de la actual Siria, han proporcionado buena información acerca de la religión cananea. La parte del mito ugarítico más relevante incluye una batalla entre Baal y Mot. Al parecer, Mot ha estado aterrorizando a la tierra, así Baal desciende al inframundo con el fin de someterlo. Estalla una batalla y Baal es asesinado durante la lucha. Anat, hermana de Baal, va en busca de su cuerpo, lo encuentra, entierra y luego cobra venganza. Anat furiosa desciende al inframundo y mata a Mot, triturando su cuerpo como polvo y esparciendo sus restos en un campo.

      Los textos de Anat-Baal son importantes para el estudio de Satanás por varias razones. En primer lugar, los temas del bien triunfando sobre el mal y de la vida sobre la muerte, que resuenan en todo el poema, son temas asociados a leyendas sobre Satanás. En segundo lugar, el oscuro, terrorífico mundo subterráneo habitado por el malvado personaje Mot es altamente sugestivo de la morada de Satanás. En tercer lugar, Mot es hijo del dios supremo El. Esto nos recuerda el origen de Satanás, en forma de hassatan, como uno de los “hijos de Dios” según Job 1, 6. En cuarto lugar, y quizás el más importante, Mot es el adversario que debe ser conquistado por el “dios bueno”, Baal. Este conflicto anticipa la batalla de Jesús contra Satanás en el Nuevo Testamento. (En adelante utilizaremos el término satan, en lugar del hebreo hassatan, para facilitar la lectura).

     Los textos ugaríticos producen otra figura, Habayu, que también puede haber contribuido al desarrollo del Satanás bíblico. Habayu es un demonio terrible con cuernos, estos a menudo son un símbolo de poder en el mundo antiguo, y una cola, características físicas que posteriormente se asociarán a Satanás. Algunos eruditos sospechan que los orígenes de la representación tradicional de Satanás, con cuernos y cola, en última instancia, se remontan a la fisonomía de Habayu.


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Influencia egipcia

    La historia de Isis y Osiris es una de las leyendas más populares de la mitología egipcia. Isis, a menudo representado con cuernos, puede asumir muchas formas y se considera que es tanto un hechicero como un protector de los muertos. Osiris, es el símbolo de la resurrección, de la vida eterna, la fertilidad y la prosperidad, y es muy seguido por los humanos.

El lugar del juicio final es un sombrío inframundo conocido en la mitología egipcia como Tuat; en el Antiguo Testamento, el sheol, es el lugar oscuro subterráneo de los muertos. Más tarde, en la religión judía del segundo templo, este oscuro lugar adquiere una dimensión moral. El Sheol se transforma en gehenna, palabra griega derivada de la hebrea gehinnon.

   Las artísticas representaciones del malvado dios egipcio, Set, como las de Satanás, son aterradoras. El dios del desierto es generalmente pintado de rojo, un color egipcio asociado con el mal; con largas y erguidas orejas y una probóscide en forma de hocico, que se dice representaba la cabeza de un animal fabuloso llamado Oryx. El rojo también se convertiría en el color favorito para pintar a Satanás.


Influencia persa

Según los expertos, la transición de la adoración al diablo a la adoración a Dios marca el origen de la civilización; y entre las naciones de la antigüedad, los persas parece ser que fueron los primeros en dar este paso de una manera deliberada, pues insistieron con todo fervor en el contraste que se obtiene entre el bien y el mal, hasta el punto de que su religión es aún hoy día considerada como la forma más coherente de dualismo.

     En ninguna parte fue la designación de un principio separado del mal más claro que en el sistema religioso dualista de la antigua Persia. Una nueva comprensión radical sobre el origen del bien y el mal surgió en el dualismo persa alrededor del año 600 a. C. con las enseñanzas de Zoroastro. Según él, el mal no emana de Dios, Ahura Mazda, sino más bien proviene de un ser separado, maligno, llamado Arimán, espíritu diabólico. La información de esta enseñanza nos llega de las Gathas, o himnos, sagradas escrituras del zoroastrismo, que se cree proceden de Zoroastro.

De acuerdo con el zoroastrismo, la época actual es un momento de gran crisis, pero “Vendrán salvadores de la semilla de Zoroastro, y al final, el gran salvador” restaurará toda bondad. Uno de estos salvadores nacerá de una virgen, logrará la resurrección de los muertos, y hará inmortal a la humanidad.

    En opinión de Lewis M. Hopfe y Mark R. Woodward, autores de las Religiones del Mundo, las enseñanzas de Zoroastro sin duda alguna influyeron en el desarrollo de Satanás, y afirman que: “En la literatura inter testamentaria, a Satanás y a sus demonios se les menciona con frecuencia; en el Nuevo Testamento son aceptados como parte regular de la vida. Los libros bíblicos pre exílicos –anteriores al 587- no mencionan la resurrección de la carne, tienen poca preocupación por la vida después de la muerte, ya sea en el cielo o en el infierno, no hay referencia a un plan divino para poner fin a la tierra, solo mención ocasional de ángeles, y no hay palabra sobre el día del juicio. Cada uno de estos temas, que formaban parte de las enseñanzas de Zoroastro, se desarrollan en el judaísmo después del exilio (587), y se habían convertido en una parte vital de la religión judía en la época de Jesús”. No se puede dudar de la influencia del zoroastrismo en el judaísmo y el cristianismo primitivo.
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Influencia griega

    Bajo la influencia de Pitágoras, se desarrolló una comprensión dualista llamada orfismo,


que sostenía que el alma es inmortal, pero está encerrada en un cuerpo mortal. En el dualismo persa, el conflicto se desarrolla externamente entre las fuerzas del bien y el mal, pero en el orfismo es dentro de nosotros mismos, entre el alma, considerada divina e inmortal y el cuerpo, que es malo.

El dios Hermes, conocido como el mensajero alado de la corte celestial, es el dios que escolta a las almas muertas al inframundo. Pan, el hijo de Hermes, es una criatura como una cabra, peludo, con pezuñas y cuernos, que, como su padre, es un dios del deseo sexual. Tanto Pan como Hermes contribuyeron a redondear más la figura de Satanás en la tradición medieval al presentarlo con alas. Sin embargo, es el dios griego Hades del inframundo, el que más contribuyó a la representación popular de Satanás. Hades es de corazón frio y tiene la capacidad de hacerse invisible con la ayuda de un casco especial. Hades es una deidad enigmática, solitaria, y muy temida por los griegos, y, como Satanás, Hades vive en un lugar de miedo y tormento donde van las almas de los fallecidos después de la muerte.

Todas las ideas vistas hasta ahora estaban en el aire y los escritores bíblicos y apocalípticos cristianos las respiraban. Por caminos curiosos, a través de medios directos o indirectos, durante períodos largos de contacto, estas y otras imágenes extranjeras contribuyeron al desarrollo del mito del Satanás judío.

Revisemos las imágenes de los personajes míticos vistos hasta este momento: la asociación con el fuego de Humbaba; los cuernos y la cola del Habayu; las largas orejas y el color rojo de Set; y la frialdad y el casco de Hades; los cuernos y la vellosidad de Pan; las alas de Hermes; la encarnación del mal en Ariman, y el tridente de Poseidón, que pasaría a ser la horca de Satanás, contribuyeron a configurar la maligna figura del cristianismo.




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Satanás en la Biblia
Sobre el nombre

La figura mítica del maligno ha sido conocida con muchos nombres. En el Nuevo Testamento recibe los siguientes: Satanás, diablo, Belcebú, Maligno, Príncipe de este mundo, Belial, Abadón y Apolión. La mayoría de los lectores también estarán familiarizados con el Príncipe de las Tinieblas, Lucifer y Mefistófeles.

     El término diablo proviene del griego, diabolos, y es una traducción de la palabra hebrea satan, que a su vez es el origen de Satanás. Los términos diabolos y satan significan lo mismo. Se refieren a un obstáculo, impedimento, personaje en la oposición, el adversario, el enemigo o el calumniador.

El autor Russel ofrece una explicación convincente de cómo el diablo ha llegado a tener tantos nombres, al señalar como un axioma básico en diabología que el nombre de los que en otra era fueron deidades se convierten en los demonios de la siguiente. Históricamente, cuando una cultura sustituye a un conjunto de dioses con otro, tiende a relegar al conjunto perdedor en estatuas de los malos espíritus. Los cristianos hicieron demonios de las deidades del Olimpo de Grecia y de Roma, al igual que la religión olímpica había anteriormente transformado a los titanes terrestres en espíritus malos.


Los ángeles

     Sabemos por la lectura de los textos del antiguo Egipto, Babilonia, Sumeria, Asiria, Fenicia, Siria y Anatolia, por citar solo las culturas que lindaban con el antiguo Israel, que la mayoría de los pueblos del cercano Oriente y el Mediterráneo oriental se imaginaban un gobierno divino de administradores de alto nivel, deidades rivales que competían por influencia, y sus funcionarios subalternos, que servían como guardaespaldas, mensajeros, recaderos, lacayos y sicarios.

Una variante de esta imagen parece estar en la mente de los autores bíblicos. La Biblia se refiere a un consejo divino, que se reúne en una sala del trono celestial (Gn. 1, 26; 3, 22; 11, 7; 1 Re 22, 19-22; Job 1, 5; 15, 8; Sal 82, 1-7; 89, 8; Is 6, 1-11; Jr 23, 18-22; Ap 4-5). Así vemos que la idea de la multitud celestial comienza justo en el primer capítulo de Génesis: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”. Esta corte celestial, es el lugar del que se enviarán mensajeros cósmicos, ángeles, a gestionar recados. Algunos de estos funcionarios, revelan mensajes a parejas estériles (Jue 13) o a profetas (2 Re 1,3), entregan alimentos a personas perdidas en los desiertos (1 Re 19, 4-9) o publican buenas nuevas, de que la ayuda está en camino y que Dios ya no está enojado.

    La Biblia también menciona mensajeros del mal, no en el sentido de que sean malos, pues están simplemente cumpliendo órdenes, sino en el sentido de que tienen tareas desagradables. Estos mensajeros susurran malos consejos en los oídos de falsos profetas y reyes vanidosos, solo para meterse con ellos (1 Re 22, 19-23; 2 Re 19, 7).

La Biblia a veces se refiere a las filas de este ejército celestial como “hijos de Dios”, es decir “seres divinos [menores]” (Gn 6, 2, 4; Job 1, 6, 2, 1; 38, 7. Sal 25, 1; 82, 6: 89, 7). La mayoría son anónimos, pero se nombra a unos pocos, como Miguel (Dn 10, 13, 21; 21, 1) y Gabriel (Dn 8, 16; 9, 21). La mayoría de estos lacayos celestiales y recaderos cumplen cualquier tarea que se les asigne. Hay unos pocos, como los querubines, que custodian las fronteras cósmicas, como las puertas del paraíso (Gn 3,24; Ez 28,14) y el santuario interior del Templo de Salomón en Jerusalén (1 Re 6,23).
El destructor

Hay dos seres celestiales, con tareas muy especializadas, que merecen especial atención: Mashit, el destructor, y satan, el adversario. Mashit es un agente amenazante desatado por Dios para matar a un gran número de personas, por lo general mediante el envío de una plaga. En este contexto, el destructor aparece claramente en tres pasajes: (Éx 11, 1-10, 2 Sm 24, 16 y 1 Cr 21, 15).

La Biblia es característicamente vaga en la descripción de estos seres celestiales. A menudo no está claro si el agente cósmico es un ser independiente, un aspecto de Yahvé, o algo intermedio. Mientras que otras religiones antiguas del cercano Oriente describen a los funcionarios divinos en términos inequívocos, los escritores bíblicos, más a menudo que no, presentan un retrato ambiguo de ellos. Estos seres cósmicos menores estaban tan arraigados en la tradición popular que no podían ser extirpados de las narraciones escritas por los escritores bíblicos.
Aspectos repelentes de Yahvé

La lectura de la Biblia nos asombra con las barbaridades que los autores asignan al mandato divino: las guerras santas llevadas a cabo bajo la directiva divina en los libros de Josué y Jueces. Nos preguntamos si todo el mundo en tiempos de Noé merecía morir en el diluvio (Gn 6,5-13), o si Dios no podría haber encontrado diez justos en Sodoma y Gomorra. (Gn 18, 22-32). Nos asombramos de la compra y venta de gente (Éx 22, 2). Vender a la hija (Éx 21, 7). Matar a alguien por trabajar en sábado. “El Señor dijo a Moisés: ese hombre debe ser castigado con la muerte. Que toda la comunidad lo apedree fuera del campamento” (Nm 15, 35). Matar a una mujer a pedradas si se descubre que tuvo sexo antes del matrimonio (Dt 22,21). Genocidio. Matar a miles de personas por venganza y por orden de Dios (Nm, 31,1-18). Hay leyes que toleran la esclavitud y subyugan a las mujeres; actitudes religiosas que sugieren que los extranjeros son infrahumanos y sus prácticas culturales contaminadas. Podríamos seguir mencionando las barbaridades subéticas encargadas por el Dios bíblico en las páginas de la Sagrada Escritura, valgan las mencionadas.     

En los libros más antiguos de la literatura hebrea, especialmente en el Pentateuco, no se menciona en absoluto a Satanás. Todos los actos de castigo, venganza y tentación son realizados por su ángel bajo el mandato directo de Yahvé.

     El triunfo del monoteísmo profético fue un proceso lento y evolutivo. Está claro que el paso de muchos dioses a un Señor singular del universo da lugar a una frustración existencial del pueblo escogido de Dios, que tiene que lidiar con la realidad de un Dios que crea al mismo tiempo penas y alegrías. Con el tiempo se eliminan todos los aspectos negativos de Yahvé y se asignan a otros seres alternativos, como el destructor Mashit, y, por supuesto, satan, el adversario, que se convertirá en la encarnación del mal, pero esto, también, es un proceso lento y evolutivo. Así pues, en los escritos bíblicos posteriores al exilio, comenzó a surgir una serie de figuras mediadoras, como los arcángeles Miguel y Gabriel y, por supuesto, el Adversario, satan.

Como ya se ha indicado, lo que contribuyó de forma decisiva en la creación de Satanás fue la selva enmarañada y prolífica de lacayos cósmicos, espíritus asesinos y obscuras personificaciones que poblaban las márgenes del mundo de la Biblia. Todas estas leyendas de mitos y folklore, con el tiempo pudieron ser combinadas en encarnaciones aterradoras individuales de malevolencia, y sus filas organizadas en legiones demoníacas.

Revisemos una vez más, los atavíos acumulados hasta este momento paras Satanás: cuernos, cola, color rojo, aspecto horroroso, horca, casco, fuego, y morada infernal, en otras palabras, una amalgama de accesorios prestados de una legión de adversarios de otras culturas que no se materializaría durante siglos. ¿Quién hubiera adivinado que el poco menos que inocuo Satanás, que comienza como uno de la pandilla de lacayos que adoran a Yahvé, se convertiría algún día en el conserje de una cámara medieval de tortura? Aunque el Satanás imaginado posteriormente está generalmente ausente del Antiguo Testamento, hay pistas que ya hacen alusión a esta futura metamorfosis.


Un adversario terrestre

     Cuatro veces aparece el término satan, referido a un adversario terrestre en pasajes bíblicos relacionados con el rey David o su hijo Salomón.

      La primera aparición de satan es en el primer libro de Samuel (29). David ha estado luchando con los filisteos contra enemigos mutuos, pero los filisteos desconfían de que el mercenario David se vuelva contra ellos cuando se enfrenten en guerra contra los israelitas, así que despiden a David, no sea que “se convierta en nuestro adversario –satan- en la batalla” (1 Sam 29,4). Utilizada de esta manera, la palabra satan es simplemente un sustantivo que significa “adversario” en un contexto militar.

   En el segundo libro de Samuel (19, 17-24), de nuevo, el término satan se utiliza para indicar un adversario humano. Lo mismo sucede en el libro de los Reyes, donde se utiliza como una manera de referirse a enemigos de uno y también como un medio para designar adversarios enviados por Dios para acosar al rey Salomón (1 Re 5, 18). Igualmente aparece dos veces en el primer libro de los Reyes (11,23 y 25).

Curiosamente, durante el período comprendido entre los últimos escritos del A. Testamento y los primeros escritos del Nuevo, Satanás está descrito como el líder de una legión de desalmados que causan estragos y provocan problemas a individuos y a grupos de personas.

     El papel de satan en el Salmo 109 parece desarrollarse en el contexto de un procedimiento judicial en el que el salmista revisa a sus enemigos que ejercen cargos de difamación. De esta manera, el satan del Salmo 109 es similar al del contexto de los pasajes anteriores. Todos estos pasajes se refieren a seres en el reino terrestre. Estos demonios terrenales apenas se parecen a nuestra comprensión moderna de Satanás. Pero, hay otro Satanás que aparece en el reino celestial.




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